Hola!
Esta vez no he tardado prácticamente nada. Muchas gracias a los que seguís aquí n_n
Mizuki Hime Neko-Chan: Gracias, me alegra que te esté gustando, y espero que te siga gustando más y más ;) Muchísimas gracias por el review
Vivs-chan: Jaja ¿te quedaste picada? Te aseguro que si algo tiene esta historia es misterio, pero ya lo irás viendo tú misma, y ya me contarás si tus teorías se cumplen ;) Muchas gracias por el review.
*ByE*
V. Una dosis de verdad
- ¿Y bien?
- Tú lo de pillar indirectas no lo llevas muy bien ¿verdad? Estoy aquí, no he salido corriendo ni nada por el estilo, así que creo que mi decisión es bastante evidente.
- ¿Siempre tienes ese humor?
Le miré furiosa, pero él ya estaba entrando, ni siquiera me había dado cuenta de cuando había abierto la puerta. Me condujo por unos amplios pasillos elegantemente decorados.
A medida que avanzábamos, podía sentir varias miradas clavarse en mí. Odiaba esa sensación, y últimamente la sentía muy a menudo. En una de las estancias había dos personas sentadas observándonos… perdón, observándome fijamente. Uno tenía el pelo anaranjado y un tamaño descomunal, pero su mirada calmada y serena me transmitía ligera confianza. El otro tenía el pelo blanco, pero estaba lejos de ser viejo; aunque ahí no acababan las extrañezas, sus ojos eran de color violeta.
- Suigetsu, ¿no deberías estar cumpliendo una misión de Akatsuki?
- Tranquilo Lee, tenía que pasar por aquí un momento, pero ya me voy. - Lentamente se acercó a mí, aunque no me había perdido de vista desde que entramos – Tu color de pelo es un tanto extraño ¿no te parece?
El nerviosismo desapareció y mi mal genio exigió intervenir.
- Y me lo dice el de pelo blanco y ojos violetas… - respondí, lo más descortés que pude dada mi extraña y, aunque no quiera pensarlo, peligrosa situación.
- Vaya… es cierto que tiene carácter, habrá que tener vigilada a esta gatita.
- ¿Gatita?
El chico se fue del lugar entre risas sin decir nada más. Fue el otro desconocido el que se levantó y habló, sin quitarme la vista de encima.
- Él está aquí.
- Así que al final ha podido venir…
- Está esperándola, llévala ya.
- Sí, sí… vamos preciosa gatita.
Tranquila Sakura… cuenta hasta diez y todo pasará, no te ha llamado preciosa gatita, te ha llamado… te ha llamado… ¡preciosa gatita! Malditos hijos de… ¿¡quienes se creen que soy! Los mataré, o al menos los torturaré ¿¡Tan difícil es llamarme por mi nombre!
- Es aquí.
- ¿Eh?
- ¿Es común en ti quedarte como tonta, perdida en tus pensamientos?
-¡PERO QUÉ…!
- Ahora Gaara te explicará más cosas. – Me interrumpió.
No me moví, tampoco terminé la frase, simplemente me quedé ahí, mirando al moreno con los ojos completamente abiertos, unos ojos que empezaban a mostrar el pánico que tenía a entrar en esa habitación.
Ante mi reacción nula, Lee abrió la puerta y de un suave empujón me obligó a entrar, cerrando la puerta inmediatamente después. Y ahí me quedé yo, mirando la puerta, imaginando que se abría y aparecía el cejotas ese diciéndome que era una broma: le partiría la cara, pero sería feliz. Sin embargo la puerta no se abría, y aun no había desarrollado poderes psíquicos que me permitieran abrirla con la mente o teletransportarse a otro lugar, a otra época, si era posible. Nada, la puerta no se movió ni un milímetro; aun así, no cesé en mi intento, pues era incapaz de darme la vuelta y afrontar a quien seguro me miraba con desconcierto ante mi actitud.
- Sakura.
Esa voz… esa voz. No había duda alguna, aquella era su voz, de Gaara, de ese maldito pelirrojo. Lentamente, como si me dirigiera a mi propio fin, me giré, chocando con aquellos ojos que me observaban impasibles desde el otro extremo de la estancia, tras una elegante mesa. Intenté apartar la mirada y evitar el contacto visual, pero me resultó imposible.
- Siéntate – me ordenó, señalando una silla frente a la mesa.
Ni una sola palabra osó salir de mi boca. Por supuesto di la orden inmediata a mis piernas de que no se movieran, pero al parecer había una avería en mi sistema nervioso porque ambas fueron derechitas al lugar indicado. Me sentía como un mosquito que no podía evitar ir hacía la brillante luz. Aunque supiera que acabaría muriendo al tocarla, merecía la pena si llegaba hasta ella. Rápidamente llegué, y dejé que mi cuerpo se descansara sobre la silla, aunque podía sentir cada fibra de mi cuerpo en completa tensión. Estaba aterrada.
El chico rodeó la mesa y se acercó a mí. Intentó coger mi mano, pero la aparté en un acto reflejo y me pegué todo lo que pudo al fuerte respaldo de la silla de forma instintiva, con la misma mirada de miedo en reflejada en mis ojos. No había rechazado tan firmemente su gesto de forma voluntaria, ya he dicho que debe haber una avería en mi sistema nervioso, porque mi cuerpo actúa por instinto, y si extrapolamos la situación al reino animal, no hay que ser muy inteligente para saber quién es el astuto cazador y quien la desvalida presa… Él pareció molestarse, pero en seguida se relajó volviendo a fijar su mirada en mí con esa frialdad que seguía intimidándome.
- Así que ahora me tienes miedo ¿eh? ¿Qué ha cambiado?
- Tú…
- No Sakura, yo no he cambiado, sigo siendo el mismo.
- Entonces yo. – respondí, no muy convencida. El chico guardó silencio. - He cambiado yo, porque ahora veo la verdad, tú… tú eres un…
- ¡Dilo! ¡Vamos, dilo! ¡Un asesino! Sí, Sakura, soy un asesino, uno de los mejores, por cierto. Pero en algo te equivocas, tú no ves la verdad, apenas estás empezando a ver el pico del iceber.
- Pues ¿por qué no me dices la verdad? Ábreme los ojos de una maldita vez. – Inconscientemente mi cuerpo se iba relajando a medida que la rabia y la desesperación ganaban terreno.
- No puedo… nunca debería haber pasado esto, tú… tú no deberías haber llegado hasta aquí…
- ¿Qué quieres decir? ¿Debería haber ignorado que habían secuestrado a mi hermano?
- No me refiero a eso.
- Entonces… que ya debería estar muerta. – deduje.
El pelirrojo se levantó bruscamente intentando huir de esas palabras, se acercó a la ventana y observó las oscuras calles. Le conocía lo suficiente como para saber que no quería seguir hablando.
Ese pequeño atisbo de debilidad me dio algo de confianza en mí misma y me atreví a clavar mis ojos en él. Le conocía perfectamente, esa mirada… cualquier persona diría que es de indiferencia, pero no; para mí era evidente un brillo de dolor en sus ojos, lo cual volvía la situación aun más confusa. Sabía que no conseguiría más información sí seguía por ahí, lo mejor era cambiar la estrategia.
- Taka ¿eh?
Gaara me miró con el rostro serio, volviendo a mostrar su típica máscara de frialdad, pero sin perder ese brillo que para mí era tan revelador.
- Así es. ¿Qué sabes de todo esto? Taka, Akatsuki…
- Poco, - suspiré - sois asesinos que os peleáis por algo, y Naruto está metido en esta guerra, aunque aun no sepa por qué…
- ¿Algo más?
- Me temo que mis contactos han sido bastante escuetos a la hora de darme información.
- No sabes cuales son los objetivos de ambas organizaciones.
- No, ¿Debería?
- …
- ¿Gaara?
El chico no contestó, se sentó en su silla y miró su mesa, pensativo.
- Gaara – pronuncié con cansancio, y obtuve su atención - por favor… podrías contarme que está pasando ¿algo? Aunque sea el papel que juega mi hermano en todo esto, o qué demonios tiene que ver mi familia, por qué mi apellido es tan… conocido.
Seguí sin respuestas. El pelirrojo solo se dedicaba a mirarme fijamente, apreciando cada detalle de mis expresiones. Yo siempre fue un libro abierto para él. Y ahora estaba cansada, agobiada en un mundo en el que no debería estar metida, dolida por sentirme traicionada y engañada por las personas que quiero, pero firme en mis convicciones de seguir adelante, así era yo, testaruda y valiente, poco dada a seguir mi instinto más básico… supervivencia. Todo eso ya lo sabía yo, pero el hecho de que Gaara fuera capaz de deducirlo con una simple mirada a mi rostro, me ponía nerviosa, me hace sentir débil y totalmente desarmada.
Al no obtener respuesta, bajé la mirada al suelo, derrotada, podía sentir como a mis ojos llegaban gotas de agua que no iba a dejar salir, y menos que Gaara las viera; no podía olvidar que estaba en territorio enemigo.
- ¿Recuerdas el día que nos conocimos? – Me preguntó.
- Claro… - una breve sonrisa se formó en mis labios – te acababas de mudar y estabas buscando el supermercado, te acompañé pero ya estaba cerrado así que me invitaste a comer algo en una cafetería cercana.
- ¿Recuerdas lo que te dije?
Lo pensé brevemente, había jurado que borraría esos recuerdos para siempre, pero solo pude guardarlos en algún rincón de mi mente. Al parecer esta vez no tenía opción, debía volver a desenterrar viejas heridas llamadas recuerdos.
- Entonces te llamas Sakura ¿no?
- Si, Sakura Uzumaki ¿Y tú?
- Gaara. Gaara a secas, nunca me ha gustado dar más información de la necesaria a desconocidos.
- ¿Y qué has venido a hacer a Konoha, Gaara a secas? – le dijo mostrando una amplia sonrisa y siguiéndole el juego.
- ¿Me guardarás el secreto?
- Seré una tumba.
- Bien… vengo en una misión secreta. Debo investigar a una princesa, para después raptarla y llevarla lejos, muy lejos, para siempre.
- Vaya, como han cambiado los príncipes… creo que me gustan más los cuentos tradicionales.
- ¿Los tradicionales?
- Sí, ya sabes… dónde los príncipes azules no destiñen.
Ambos rieron, pero que lejos estaba Sakura de adivinar que el pelirrojo no estaba bromeando exactamente.
- La princesa… -dije casi son voz - era… te referías….
- Sí, me refería a ti, Sakura. Akatsuki me mandó para investigarte, acercarme todo lo posible a ti para, llegado el momento, poder atraerte a nosotros con facilidad.
- Neji, Sasori, Sai… Sasuke…
- También eran de Akatsuki. Cuando yo…- suspiró - digamos que creyeron que ellos eran más adecuados para esta misión, por lo que no tenía sentido que siguiera jugando a ser tu novio.
- ¿Na… Naruto?– estaba haciendo lo imposible para que las lágrimas no salieran, cada palabra iba cargada de veneno. - ¿Naruto es… - tenía la vista fija en el suelo con los ojos desorbitados, forma parte…?apretaba las uñas contra mis manos sin importar el dolor, mientras hablaba en un susurro apenas audible para el oído humano –
- Sí, él tenía el papel principal en todo esto.
Podía jurarque en aquel momento mis pulmones se negaron a coger aire, mi corazón se retorcía y se comprimía salvajemente, y mis músculos se desgarraban por todo mi cuerpo en una terrible agonía. Todo… todo era una mentira, todos me habían estado utilizando.
- Por eso saliste conmigo – razoné yo misma – tú, y los demás.
- Así es.
- Yo era la presa.
- Eres la presa. – Aclaró - Akatsuki no parará hasta tenerte en su poder.
En otras circunstancias le hubiera acribillado a preguntas, pero aun asimilaba que mi vida era un burdo teatro, que los chico a los que una vez quise y a los que ofrecí mi corazón sin reservas, solo jugaban conmigo, me utilizaban y de paso se divertían. Todo este tiempo y no lo vi. Incluso Sasuke… si no hubiera pasado aquello… tal vez Akatsuki ya tendría lo que busca con tanto ahínco.
- ¿Cuáles son los objetivos de Taka?
- Impedir que Akatsuki consiga lo que quiere, sería desastroso para el mundo entero.
Aunque eso signifique tener que matarme…
- Muy bien.
- ¿Qué? – el chico parecía desconcertado, apenas habían salido un par de lágrimas de sus ojos, pero ahora tenía una mirada decidida, incluso fría, algo había cambiado, algo iba mal.
Pero no pudo pensar mucho más tiempo, pues la puerta se abrió dejando pasar a dos hombres, Sai y Neji que miraban la escena con desconfianza.
- ¿Ya lo sabe? – se adelantó Sai, desconfiado.
- Sí.
- ¿Todo?
- Solo la parte que nos concierne.
- ¿Y la parte que le concierne a ella?
- Sabes que no estamos autorizados a decírselo, podría ser desastroso - esta vez fue Neji quien tomó la palabra en el diálogo de sus compañeros.
- No, sobre eso no sabe nada.
No me moví, tampoco dije nada, no pregunté absolutamente nada, tenía una cosa clara, iba a salir de allí, no confiaría en nada ni en nadie, llegaría a la verdad, pero por mi cuenta, no volvería a ser el juguete de nadie. Después de todo, el centro del misterio, la llave para resolver todo, era yo misma. Pero debía ser lista, no será tarea fácil salir de aquí así como así.
- ¿Me tendré que quedar aquí?
Mi voz era aun más fría e indiferente que mi mirada, lo que provocó que me convirtiera en el centro de atención de los presentes. Nunca me habían visto así, realmente yo tampoco, pero no podía ser bueno, al menos no para ellos.
- Sí Lee te llevará a tu habitación. No podrás salir de ella a menos que alguno de nosotros tres te saque ¿entendido?
- Claro.
El nombrado apareció inesperadamente y me sacó de allí bajo la desconcertada pero vigilante mirada de mis… "amigos".
- Algo trama…
- Es sorprendente, apenas le he tenido que decir nada, ha atado cabos ella solita. Me temo que la subestimamos bastante, le dimos más información de la debida, y ahora sabe como descifrar nuestras palabras.
- En parte era eso lo que queríamos ¿no? – Ambos miraron a Sai - ¿O vais a decirme que os "rebelasteis" secretamente de Akatsuki por el bien de la humanidad? Todos sabíamos el fin de esa organización, y no nos importaba, el único motivo fue…
- Suficiente Sai, eso ya no importa.
Sakura se encontraba en su nueva y confortable habitación, debía aceptarlo, la conocían más de lo que quisiera, pues la estancia tenía todo lo que ella pudiera desear. Se tumbó en la cama y cerró los ojos, tenía muchas cosas en qué pensar, pero antes de abrir la caja de recuerdos y averiguar cuanta información le dieron sus queridos novios sutilmente, tenía algo más urgente: salir de allí. Estaba claro que si la cosa se torcía ella debía morir, y estaba segura de que no les temblaría la mano a la hora de matarla.
Solo debía reunir información suficiente antes de meterse de lleno en Akatsuki, quizá volviera a recurrir a su primer contacto, Kiba, o a otros "mensajeros"… y sabía cómo hacerlo. Mecánicamente su mente trazó un elaborado plan que tenía todas las papeletas para triunfar. Sí, ellos la conocían, pero ese sería precisamente su error, que no iba a actuar como Sakura Uzumaki, esa mujer ya estaba muerta, la verdad fue un eficaz verdugo, y jamás volvería aquella dulce e inocente chica. Y esa carta nadie la conocía, esa era su ventaja, su as en la manga.
Espero que os haya gustado, poco a poco se irá poniendo más interesante.
Gracias a todos por seguir aquí y más aún a los que comentáis.
Próximo capítulo: Salida de emergencia.
Digamos que el título… lo dice todo XD
Recordar mi campaña: "Por una autora feliz" porque "review en la pantalla sonrisa en la cara", así que no lo olvidéis, hacerme feliz no tiene precio... XD
*ByE*
