Hola!
Esta vez he tardado muy poquito, no podéis quejaros jeje Aquí entra en escena un nuevo personaje, y podréis comprobar con vuestros propios ojos que Sakura es tonta, que no aprende y que no tiene el más mínimo aprecio por su vida, por si aun no os habíais dado cuenta… XD
Espero que os guste ^_^
*ByE*
VIII. Arriesgada locura
Revisó con la mirada los estantes otra vez, pero no había nada que pudiera ayudarla. Ya era de noche, probablemente cerca de las doce. Sin duda era una ventaja, pero no podía perder el tiempo. Sus piernas ya estaban parcialmente recuperadas, dolían, pero al menos podía moverlas con relativa facilidad, así que se decidió a salir; pero no podía hacerlo como Sakura Uzumaki, tendría que disfrazarse.
A los pocos minutos salía una mujer alta, de ojos verdes y pelo rosado; con aspecto débil. Una marca de dolor imborrable con cada paso que daba, y un temblor que recorría todo su cuerpo. Pero no era una paciente, una bata blanca que la envolvía decía su posición en el hospital como médico.
La chica avanzó insegura por los desolados pasillos saludando a las pocas personas que se cruzaban en su camino y que la miraban curiosos, a lo que ella respondía con una nerviosa sonrisa. Pero algo hizo que se detuviera en seco, enfrente estaba el médico que la había atendido hablando con una enfermera. Sin pensarlo, se metió en la primera habitación y respiró profundamente.
Un vaso se estampó contra la puerta a escasos milímetros de su cara, seguido de un plato de plástico duro y algo que supuso fue comida. Se giró y vio a una mujer joven, encolerizada lanzando todo lo que tenía a mano.
- ¡Ya era hora de que llegaras! ¡Llevo llamando más de una hora para que me atendieran!
- Lo siento… es que había… una emergencia…
Esa chica hacía demasiado ruido, y si había estado llamando a alguna enfermera, no tardaría en aparecer alguna, debía salir de allí cuanto antes.
- Y… ¿Qué es lo que quería?
- ¡Esto! ¿¡Qué se supone que es esto!
La chica señalaba una bandeja en la que minutos antes estaría la comida que ahora decoraba alegremente el suelo.
- Creo que era su comida señorita.
- ¿¡MI COMIDA! Usted… tiene la menor idea de quién soy yo… pago mucho dinero para ayudar a este hospital, ¿¡y así me lo agradecen! ¿¡Dándome esa mezcla de comida de perro! Exijo que me traigan algo digno de mi categoría, ¡ahora!
- ¡Genial! Me ha tocado una niña rica, egoísta y egocéntrica… ahora entiendo por qué el profesor nos advertía tanto de lo peligroso de estos… seres. No se preocupe señorita, ahora mismo avisaré a alguien…
- ¡NO! Quiero hablar con el director del hospital, no voy a permitir que esto quede impune, rodarán cabezas, se lo aseguro.
Un par de segundos y ya estaba lanzando la bandeja por los aires, estampándose en la cara de un hombre que acaba de entrar. Simulando una calma que no tenía, se acercó a la joven para saber que ocurría, oportunidad que vio Sakura para salir.
- Espere, por favor. – La nombrada se detuvo con frustración – Ayúdeme a ponerle un sedante.
- ¿¡Cómo que un sedante! ¡Será posible! ¡Sedarme! ¡Como si fuera un sucio animal!
- Cálmese señorita, es por su propio bien, para que se relaje…
Con bastante dificultad consiguieron su cometido.
- Por favor, llame a alguien para que arregle este estropicio.
- En seguida.
El hombre se fue con cara de pocos amigos y algunas marcas y arañazos en la cara, ocasionados por la dulce chica que descansaba plácidamente.
Sakura respiró profundamente descargando parte de su estrés cuando vio su salvación, una peluca descansaba sobre la repisa del armario, seguramente de la chica. No dudo en cogerla y ponérsela, tapando cualquier mínimo mechón de pelo rosa. Ahora era una médico, morena, con el pelo largo y ojos verdes. Al menos ya no sería tan evidente.
Se encaminó a recepción, y allí lo vio, con una expresión de aburrimiento, sentado, mirando hacia el techo y jugueteando con sus dedos, estaba ese tal Suigetsu. Rápidamente se giró, y como una iluminación divina vio una tarjeta de identificación: doctora Takeru. Afortunadamente para ella se trataba de una mujer joven, con ojos verdes y… ¡maldición! Rubia.
Con la identificación en mano se acercó a una enfermera y preguntó por dicha doctora, al parecer estaba enferma y hoy no iría al hospital, en teoría…
Bien, se haría pasar por esa doctora, pero antes había varias cosas que arreglar, primero: el pelo. Cogió un bote de lejía y en el baño blanqueó la peluca. ¡Perfecta! Era un rubio más blanquecino que el de la chica, pero serviría. Otro problema eran los ojos, tenía los ojos verdes, pero un verde más oscuro, tenía que disimularlo de alguna forma, y otra de las pacientes fue su siguiente paso. La chica dormía, con unas gafas en la mesilla, bueno… estaba durmiendo, no iba a necesitarlas… ¿no? Se puso las gafas y se miró en el espejo analizando su creación. Es cierto que no era una copia idéntica de esa mujer, pero se parecía más a la doctora Takeru que a Sakura Uzumaki, y eso es más que suficiente.
Con su nueva personalidad volvió hacía recepción dispuesta a salir de allí, y volvió a verlo, pero esta vez sus miradas se cruzaron. Ninguno se movía, tampoco decía nada, se miraban fijamente. Él la miraba con cierta curiosidad y desconfianza, hasta que decidió levantarse y acercarse a ella mientras una sonrisa se ensanchaba en su rostro.
Sakura estaba aterrada, ¡tanto esfuerzo para nada! Una mujer la sacó de su hipnosis, una mujer que la empujaba hacía algún lugar. Y antes de darse cuenta estaba en una sala de operaciones rodeada de médicos que la miraban mientras una mujer le daba todo lo necesario para realizar una operación. Espera… ¡una operación! Revisó el gráfico que le acercaron y un escalofrío recorrió todo su cuerpo, era una operación de corazón.
Apenas había acabado la carrera, es cierto que había acabado en la mitad de tiempo por recibir las enseñanzas directamente de Tsunade, y su inteligencia y potencial le habían ahorrado un par de años de estudio, pero en sus prácticas aun no había realizado algo semejante, no con una persona real…
- ¿Se encuentra bien? Doctora… doctora… ¿Está usted bien?
La chica reaccionó, y como si fuera un acto reflejo empezó a dar órdenes a los allí presentes, puede que no fuera una médico con experiencia, pero su trayectoria había sido impecable, y sus notas irreprochables, siempre se consideró una buena doctora; paciente, inteligente, con suficiente calma como para tratar situaciones como esas, y ahora iba a demostrarlo, aunque nunca se imaginó que su primera operación de corazón se daría así, con peluca incluida...
Tras un arduo trabajo, Sakura realizó una operación impecable, sin fallos, con destreza y profesionalidad. No pudo reprimir una sonrisa de satisfacción al dejar los utensilios ensangrentados sobre una bandeja bajo la ola de felicitaciones de los demás presentes.
- ¡Increíble! Es un honor poder trabajar con una profesional como usted.
- Ha sido una operación perfecta, simplemente perfecta, mi enhorabuena doctora Takeru.
Su sonrisa se ensombreció, todas esas felicitaciones, todo el mérito era de la doctora Takeru, había actuado como la profesional que es, una operación de corazón perfecta, había demostrado estar preparada para ejercer medicina; pero nadie lo sabría nunca, su proeza sería sellada en sus recuerdos.
Mientras estaba perdida en su desgracia, había salido hacia recepción, y ahora se encontraba de nuevo frente a Suigetsu, que esta vez estaba de pie, observándola detenidamente. Tres personas se acercaron a la joven volviendo a felicitarla, y Suigetsu volvió a sentarse.
- Desde luego – formó una sonrisa amarga - ¿quién creería que una recién graduada en medicina pudiera realizar este tipo de operación con tanta exactitud…? Pero en fin, no hay mal que por bien no venga.
Salió del hospital disculpándose de sus "compañeros" con la escusa de que aun no estaba totalmente recuperada. Se dirigió al parking mientras pensaba su próxima jugada; sí, robaría un coche. Sabía cómo hacerlo, Sasori le había enseñado a abrir y a poner un coche en marcha sin las llaves; por supuesto solo para emplearlo en casos de emergencia. Y que mejor emergencia que cuando dos organizaciones de asesinos quieren acabar con tu penosa existencia… estaba claro. Aunque eso sí, ninguno de sus novios había sido una buna influencia, ni las mejores personas que pudo haber encontrado, pero desde luego, resultaron útiles:
Sasori le enseñó todo lo que se puede saber de los coches, Gaara, se centró en las motos; Neji la llevó a un mundo de aristocracia donde aprendió a camuflarse entre las personas más snob de la alta nobleza; Sai quiso adentrarla en el bello mundo del arte; Sasuke la ayudó a ser fuerte, a potenciar sus capacidades y aptitudes, a ganar confianza en ella misma, a pensar rápido y… a desarrollar agresivos y eficaces planes contra tus enemigos. Y como olvidar a Naruto, su querido hermano fue el más útil de todos, le enseñó a mentir, a fingir ante todos, a mostrar una máscara sonriente infranqueable, posiblemente él sea el causante de su magistral actuación en el hospital. Finalmente la Verdad, lo poco que sabía de su vida le enseñó a crear un muro, un muro macizo que la aislaría del dolor y el sufrimiento para conseguir su objetivo: saber la verdad e irse, sí, irse lo más lejos posible, empezar una nueva vida desde cero, si es que sobrevivía.
Eligió un coche sencillo pero elegante, algo que no llamara mucho la atención, pero puestos a elegir no iba a escoger el que la dejara tirada en la primera calle. Con sorprendente facilidad abrió y arrancó el coche. Aun recordaba la calle de Kiba. No pretendía recordar momentos mejores con él, pero estaba con un coche robado que no tardarían en reclamar, si alquilaba uno Taka o Akatsuki la localizarían, sin contar con el insignificante hecho de que no tenía dinero. La única solución era recuperar su coche.
Tras veinte minutos llegó a la siniestra calle de Kiba; enfrente: su coche. Ya había anochecido, y las casas proyectaban sombras nada tranquilizadoras. Con el cuerpo en una tensión constante, salió del vehículo robado y fue con paso inseguro hacia el suyo. No podía evitarlo, sentía el helado aliento de la muerte soplar en su nuca con cada paso que daba. Con torpe rapidez se metió en su coche, cerrando inmediatamente todos los accesos a este y mirando hacía todos lados asegurándose de que nadie la acechaba. Comprobado el perímetro se relajó en el asiento y dejó que su mirada se perdiera en el desvencijado portal de Kiba.
Apenas se había fijado en su primera visita, la metálica puerta había estado pintada en dorado, como demostraban algunos retazos de dicho color, pero ahora era negra. Con cristales detrás de los barrotes, le pareció curioso que no estuvieran rotos o arañados. La luz de una farola muy cercana le permitió entrever una parte de los buzones, y recordó los extraños ruidos que escuchó desde la casa de Kiba.
Volvió a mirar a su alrededor buscando el coche donde la llevaron, pero solo había dos automóviles, y ambos los había traído ella misma. Suspiró con frustración.
- Sakura… estas completamente loca.
Sin creerse aun lo que estaba a punto de hacer salió del coche y se acercó al dichoso portal, sin perder detalle de lo que ocurría a su alrededor. Miró a través del cristal, parecía una casa abandonada. Por segunda vez atravesó la metálica puerta mientras agudizaba el sentido del oído y el de la vista, cuyo único apoyo era las débiles farolas de la calle, pero no se oía nada.
Con cautela empezó a subir las escaleras, forzando la vista en un inútil intento de percibir algo entre las sombras. Fue directa hacia el piso de Kiba, y para su sorpresa, la puerta estaba abierta. Pero por otro lado… ¿Quién iba a entrar en la casa de un asesino? Estaría firmando su sentencia de muerte.
La casa estaba igual que la recordaba, solo cambiaba la posición de algunas prendas. Había dos puertas, una era el baño, al que prefirió no entrar por lo que podía encontrarse; supuso que la otra era la habitación. Su aspecto armonizaba a la perfección con la sala de estar, el orden y la pulcritud brillaban por su ausencia.
Cerca del escritorio otra puerta, al entrar vio que era una especie de despacho, donde las carpetas se amontonaban en los rincones. Las analizó, eran "encargos" de varias organizaciones de las que había oído hablar, incluyendo, por supuesto, Taka y Akatsuki, después de todo eran mensajeros del miedo ¿no? Observó las fechas, si las ordenaba cronológicamente, se veía un descenso de pedidos por parte de las organizaciones, solo aumentaron los de una, Akatsuki. De hecho, las recientes pertenecían exclusivamente a esta organización.
Salió del despacho y un tablón le llamó la atención, había recortes de periódico, todos con la misma noticia: un accidente de coche se cobra la vida de dos personas; al parecer el coche derrapó debido a la lluvia y colisionaron con un muro a una velocidad excesiva, afortunadamente no había ningún otro coche afectado por esto. Sin saber por qué cogió uno de los recortes, uno que tenía palabras subrayadas y algunas anotaciones, seguramente de Kiba.
Salió precipitadamente, tenía un mal presentimiento, pero debía averiguar todo lo que pudiera, jamás tendría una oportunidad como esta. Bajó las escaleras intentado abrir las puertas de cada piso, pero todas estaban bien cerradas. Llegó al tercer piso e intentó abrir la puerta de la derecha, cerrada. Se acercó a la otra, y para su sorpresa, se abrió ligeramente. Apenas una rendija dejaba ver una sala más oscura, con las ventanas tapadas con tablones de madera. Escuchó expectante, pero nada, ni un solo sonido salía de allí. Terminó de abrir la puerta mientras escuchaba el odioso chirrido de las bisagras y se adentró guiándose a tientas por la pared en busca de algún interruptor. Avanzó unos cuantos pasos y se cortó, no podía ver la herida, pero sentía un fuerte escozor en el brazo acompañado de algún líquido resbalando desde la zona. Desespera buscó el interruptor, y consiguió, finalmente, que la habitación quedara iluminada por una fría luz.
Respiró profundamente intentando recuperar la calma perdida y se giró, quedándose completamente paralizada. Unas pequeñas cuchillas estaban a centímetros de ella apuntando a su pecho, sin duda con lo que se había cortado. No había habitaciones, era una sola sala, de grandes dimensiones en la que se encontraban numerosos utensilios que supuso eran de tortura, pero ya no le quedó ninguna duda cuando vio tres cuerpos humanos completamente ensangrentados, dos hombres y una mujer, jóvenes todos. Uno de los hombres estaba tumbado en una mesa con varias armas incrustadas en su cuerpo, pero ninguna tocaba órganos vitales, sin duda con la intención de darle una muerte lenta y dolorosa, por pérdida de sangre. Esposado a la pared el otro hombre, sin armas en el cuerpo, pero lleno de cicatrices, al igual que su compañera, con la diferencia de que la chica estaba colgando del techo por una cuerda que rodeaba sus muñecas.
Instintivamente se acercó al hombre de la mesa, estaba muerto. Comprobó los signos vitales del otro hombre; el mismo resultado. Con lágrimas a punto de salir de sus ojos rodeó a la chica varias veces, observándola aterrada, suponiendo la clase de aberraciones a las que estuvo expuesta. Tenía infinidad de moratones por todo el cuerpo, sin duda la habían golpeado como si de un saco se tratara, algunas cicatrices poco profundas demostrando que no intentaron matarla del mismo modo que a sus acompañantes, regueros de sangre reseca terminaban la macabra obra que apenas era cubierta por su ropa rasgada. Cerró los ojos con frustración, sin duda la imagen de esa chica de más o menos su edad, la atormentaría por el resto de su vida. Volvió a abrirlos con pesadez advirtiendo un reguero de sangre en la parte interna de sus muslos, y sintió una fuerte presión en el pecho que la impedía respirar; no tenía ni idea del motivo para torturar a los dos hombres, pero tenía muy claro que a ella no la querían muerta, la violaron, de una forma cruel y sádica, la violaron y torturaron sin ninguna compasión. Entonces recordó los sonidos que escuchó de la casa de Kiba con mucha más nitidez, era ella, Shino estaba con ella, y probablemente Kiba iba a reunirse con él cuando se encontraron en la puerta del chico. "¿otra de tus protegidas? Sí, pero no de la forma que tú crees" Ahí estaba, a eso se refería Shikamaru con "protegidas" esta chica no era la primera ni la última en estar en esa situación. Unas ganas de vomitar le obligaron a apartar la vista. Respiró hondo aguantando sus nauseas y lágrimas y se dispuso a confirmar sus sospechas: que estaba muerta.
En su cara se mostraban muestras de haber llorado, pero sobretodo podía ver miedo, frustración, y… resignación ¿Cuánto tiempo habrá estado aquí? Acercó su temblorosa mano al cuello de la joven, estaba fría. Iba a retirar la mano cuando sintió algo extraño ¿podía ser un latido? ¿O solo fruto de los nervios? Se concentró más intentando volver a sentirlo cuando el inerte cuerpo abrió los ojos y respiró violentamente haciendo a la pelirrosa caer al suelo.
La chica miraba a la joven tirada, con los ojos enrojecidos, y respirando de manera agitada. Sakura pudo sentir un pequeño brillo de esperanza en sus ojos marrones que la miraban expectantes mientras intentaba decir algo, pero solo conseguía lastimeros sonidos ahogados. Sakura buscó con la mirada y divisó un grifo, cogió un recipiente metálico manchado de sangre reseca y lo llenó de agua dando de beber a la mujer.
- A… ayuda… por favor… ayuda.
Sakura no sabía qué hacer, miraba los ojos marrones que denotaban todo el terror y sufrimiento que había tenido que soportar, mezclado por una pequeña mota de esperanza que se aferraba a ella. La pelirrosa se sentía desvalida, indefensa ante tanto sufrimiento, pero no podía quedarse ahí mirando. Frunciendo el ceño, en señal de decisión, revisó con la mirada la sala de nuevo; necesitaba algo para cortar las cuerdas. Todo el material cortante era demasiado grande o estaba encajado en alguna máquina, por lo que no le servían. Sintió la herida de su brazo escocer y se acordó de las cuchillas que la cortaron. Estaban encajadas en una superficie de metal, pero podría sacarlas haciendo un poco de fuerza, el único problema es que no había mango, estaban afiladas por ambos filos. Volvió a mirar a la chica que la observaba intensamente mientras las lágrimas corrían libremente por su rostro, ennegreciéndose al chocar con la sangre reseca.
Tragó saliva y con decisión sujetó la cuchilla, apretó el arma para que se incrustara en su piel y no se deslizara por su mano, cortándola. El dolor era intenso, pero consiguió sacarla a la primera. Se reunió con la chica, pero ella no apoyaba los pies en el suelo por lo que la cuerda estaba demasiado alta. Acercó uno de los vomitivos artefactos que parecía una mesa y se subió, sin perder más tiempo cortó las cuerdas provocando que la mujer cayera contra el suelo, seguramente el dolor fue inimaginable, pero en su rostro solo se mostraba una sonrisa de esperanza y alivio.
- Tenemos que salir de aquí lo antes posible. ¿Puedes andar?
- Yo… creo que con ayuda… creo… creo que podré.
- Muy bien, apóyate en mí.
Su voz era débil y algo ronca, se notaba que hasta el simple hecho de hablar era una tortura. La chica rodeó los hombros de Sakura con su brazo y paró bruscamente.
- Tengo miedo.
- Tranquila, te prometo que te sacaré de aquí.
Le dirigió una mirada tierna que le dio la confianza que hace tiempo le habían arrancado. Torpemente llegaron a la puerta que seguía abierta cuando el sonido de un motor alertó a la pelirrosa que cerró la puerta de golpe.
- ¿Qué ocurre? ¿Qué haces?
- Tranquila – Sakura sintió el miedo de la chica a que la traicionara, a que solo fuera una más de sus torturas y que su salvadora estuviera conpinchada con los monstruos que la mantenían presa. – Creo que… creo que viene alguien.
- ¡NO! – El miedo volvió a ensombrecer sus ojos – Por favor… por favor… no quiero… no puedo… ayúdame, por favor, por favor.
La desesperación surgía en cada ruego que se clavaba en el corazón de Sakura, oprimiéndolo.
- Monstruos. He dicho que te sacaría de aquí, te lo he prometido y yo nunca falto a mis promesas. Te sacaré de aquí aunque sea lo último que haga.
La chica la miró impresionada y sorprendida, sus palabras eran decididas y confiadas, estaba dispuesta a dar su vida por ella, una desconocida que solo le traería problemas. Sakura se dirigió a la ventana taponada, y con la cuchilla que aun llevaba consiguió abrir una abertura en la gastada madera. Ante sus ojos lo que más temía, de un coche bajaron tres hombres que ya conocía: Shikamaru, Shino y Kiba, que hablaban serios. Debido a la soledad de la calle y al silencio de la noche podía oír perfectamente la conversación.
- Creo que iré a ver a Tenten. - Sakura se tensó.
- Espera Shino, tenemos cosas que tratar antes.
- Shikamaru tiene razón, luego ya tendremos tiempo de divertirnos, aunque reconozco que tus métodos son algo exagerados.
- ¿Exagerados?
- No te enfades, es solo que… una cosa es aprovecharte de una desvalida chiquilla, y otra muy distinta es torturarla hasta dejarla al borde de la muerte… Encuentras la diversión en la sangre.
- En el sufrimiento mezclado con placer, al igual que tú, no en la sangre. Pero precisamente por eso este encargo me lo han hecho a mí y no a ti, eres demasiado blando.
- Ya basta los dos, ambos sois unos sádicos. – Suspiró cansado Shikamaru - Acabemos con esto cuanto antes.
Sakura miraba la escena reteniendo sus ganas de vomitar y controlando su rabia. Pero al menos tenía una oportunidad de escapar, aunque cargando con esa tal Tenten… la cosa se complicaba.
Volvió hacia ella para tranquilizarla; subirían por las escaleras y si hacían el más mínimo ruido, se acabó. Pero, para su suerte, la chica lloraba en total silencio; escucharon los pasos subir sin detenerse hasta el último piso, y en cuanto cerraron la puerta Sakura se puso en acción. Con una fuerza que desconocía que tuviera, ayudó a Tenten a bajar las escaleras en completo silencio y salir del portal. La sentó en el asiento del copiloto y rápidamente se posicionó en la puerta del conductor mirando por última vez la casa de Kiba, o al menos eso esperaba, que fuera la última.
Entonces le vio, la cara furiosa de dicho propietario que la taladraba desde la ventana, sin creerse aun lo que estaba viendo. Sakura mantuvo el contacto visual, aterrada, hasta que él se apartó del cristal. Abrió la puerta del coche y se metió sin apenas respirar. Intentó torpemente meter las llaves, pero se le cayeron. Tanteó nerviosamente el suelo con la mano buscando las malditas llaves mientras escuchaba sonidos provenientes del portal, venían a por ellas, y si no se daba prisa acabaría en la misma situación que Tenten en menos de una hora. Levantó triunfal las llaves y esta vez, consiguió arrancar el coche, que salió violentamente disparado hacia la primera salida que vio mientras observaba como tres personas, muy… muy, pero que muy cabreadas fulminaban a la conductora con la mirada mientras se alejaba de ellos.
Sakura surcó las calles a alta velocidad, sin duda la seguirían, y tenía que perderlos o esconderse rápido. ¿Pero acaso le salían las cosas alguna vez bien? No, y hoy no iba a ser una excepción, la gasolina era escasa, y si seguía forzando el motor se le acabaría en menos de un minuto. Encontró unas callejuelas bastante oscuras y camufladas, apenas visibles si no te fijabas. No dudó en meterse allí, rezando por que la rabia de esos tres provocara que no prestaran atención a la calle, al fin y al cabo, las callejuelas ya le habían librado de Kiba y Shikamaru en una ocasión…
Vio el coche pasar rápidamente sin siquiera detenerse por la zona, ahora podía respirar tranquila. Aunque el hecho de tener a una asustada mujer, casi hiperventilando, en el asiento del copiloto, llena de sangre, golpes y cortes… sin duda opacaba esa tranquilidad.
- Aunque… ahora que pienso con la cabeza fría… ¿Quién demonios es esta mujer? No es una simple víctima, Shino dijo que era otro de sus "encargos"…
¿Qué os ha parecido? Si ya lo digo yo, una loca suicida... XD En fin, el próximo capítulo: Haciendo amigos, cobrando deudas.
También entra en escena un nuevo personaje, a la vez que veremos un mini flash back de SasoSaku en el que se ven las... "inclinaciones" poco sanas de Deidara que más adelante darán que hablar, y dale, mira que no se callarme ¬_¬
Bueno, aparte de eso, veréis como Sakura empieza a cambiar y deja de ser la niña buena que todos pueden manipular y de la que se burlaron tanto tiempo, para coger al toro por los cuernos y ser ella la que mueve las fichas.
*ByE*
