Hola!
Ya estoy aquí con la conti, muchísimas gracias a todos los que os dejais caer por aquí y sobre todo a los que me dejais vuestras opiniones y apoyos n_n
Por cierto, esta puesto en las advertencias, pero este fic tiene lemon. En este capi se hace una vaga referencia, pero más adelante, bastante más adelante, sí habrá lemon en condiciones, creo...
Os dejo con el capi.
X. Heridas
Llevaba un cuarto de hora esperando al dichoso policía. La llamada fue breve, una simple presentación y organizar un encuentro. Allí estaba ella, con la taza de café medio vacía sobre la mesa, abrigada en su totalidad por las manos de la joven que golpeaba insistentemente la porcelana con una de sus uñas. Su humor, al principio inquieto y nervioso, se había tornado agrio y agresivo.
Entonces vio al hombre aparecer por la puerta, con ademán despreocupado, sin ninguna prisa. Observó todo el local hasta visualizar a la chica y se acercó a su mesa con su ojo sonriente.
Tentada estuvo la joven de levantarse, golpearle e irse, pero necesitaba la ayuda de ese hombre, por lo que contuvo su furia desviando la mirada y apretando más la taza. Cuando sintió que recuperaba el control elevó la vista, topándose con su mirada, esta vez seria y formal. No dijo nada, solo la miraba con mucha intensidad. Sakura le devolvió la mirada, sin romper ese cómodo silencio.
- ¿Y bien? ¿Ha recordado algo que yo deba saber?
- No le he llamado por eso.
El hombre la miró con extrañeza, sin ocultar su sorpresa, ¿qué podría querer esa chiquilla de él? Cuándo recibió su corta llamada, no pudo reprimir que el gusanillo de la curiosidad le atacara con fuerza, por lo que fue a la cita concertada sin dudarlo. Y ahora estaba frente a una mujer que juraría jamás había visto: fuerte, segura de sí misma, con una clara determinación en sus ojos, dispuesta a desafiar a quien se le opusiera. Tan encandilado estaba en esos ojos que apenas conseguía atender a sus palabras.
- Doy por hecho que esta conversación es…
- Queda en la más estricta confidencialidad.
- Verá… - suspiró - me gustaría conocer todo lo que sabe del asesinato de mis padres.
Kakashi volvió en sí cuando ella desvió la mirada hacia el cristal de la ventana mientras bebía del humeante café que la camarera había dejado sobre la mesa sustituyendo al anterior. No sabía los motivos de esa pregunta, pero sí que no ganaba nada si se andaba por las ramas, así que fue claro.
- Murieron desangrados tras numerosas puñaladas. – Sakura recordó la casa de Kiba pero no dijo nada - No había huellas, ninguna pista que condujera a un culpable; el asesino o asesinos eran sin duda profesionales. Me encargaron el caso a mí, iba a iniciar una investigación cuando recibí la orden de abandonarlo. Pensé que se lo darían a otro, así que lo olvidé. Pero al pasar las semanas volví a interesarme por el caso, quise saber si había algún avance, y mi sorpresa fue que nadie lo investigaba. Había sido cerrado, ignorado, ocultado, alguien con mucho poder no quería que se supiese qué había pasado allí.
- Entonces, lo que me dijo en el hospital era mentira… ¿Por qué fue a verme? ¿Por qué me hizo esas preguntas?
- No te adelantes, sólo es el principio. Por supuesto, no pensaba dejar las cosas así, no me hice policía para ver esa clase de comportamiento, pero si me rebelaba, si daba un paso en falso… estoy seguro de que me aniquilarían en cuestión de segundos. Así que decidí realizar la investigación por mi cuenta. Dispongo de un par de amigos leales a los que confiaría mi vida y, junto con ellos, reabrí el caso.
Sakura permanecía callada, atenta a cada palabra que pronunciaba, y con la mirada todavía perdida en las abarrotadas calles, por lo que él se limitó a seguir su relato.
- No conseguimos nada; como he dicho antes son asesinos profesionales y no dejaron ninguna pista. Intentamos buscar el motivo para matarles, pero sus hijos eran demasiado pequeños como para saber algo, y las empresas Uzumaki se hundieron en la miseria tras la muerte de Minato. – Los ojos de la joven se ensombrecieron – No teníamos nada con qué trabajar, así que decidimos esperar en las sombras. Pensamos que tu hermano y tú seríais la clave que buscábamos, por eso nunca os perdimos de vista. – Hizo una pausa para recostarse en su asiento - Eso es todo lo que sé.
El silenció volvió a hacerse presente. Él la miraba esperando una reacción, mientras ella recordaba lo vivido aquella fatídica noche.
- ¿Cómo podría investigar a ciertas personas? Tengo varios nombres, y quisiera saber todo lo posible sobre ellos.
El repentino cambio de tema no alteró a su acompañante, o al menos no lo demostró.
- Si me das esos nombres, podría meterlos en la base de datos de la policía.
- Prefiero no revelarlos por ahora…
Analizó a la joven durante unos segundos.
-No te fías de mí, ¿verdad?
- No es nada personal, no confío en nadie. Y además, quiero hacer esto sola.
- Veamos… - suspiró – si tuvieras la clave podrías meterte tú misma en la base de datos.
- ¿Y tú podrías facilitarme dicha clave?
- Podría… pero aún hay más, no puedes entrar desde cualquier ordenador.
- ¿Tendría que entrar en el cuartel de policía?
- No necesariamente…
- Explícate.
Mantenía su posición tranquila, pero ese hombre empezaba a desesperarla.
- Bueno… cuando iniciamos esta investigación, hacerlo dentro del cuartel policial era peligroso, por lo que nos las ingeniamos para habilitar un ordenador en la biblioteca que está enfrente. Desde allí podrías entrar sin problemas durantemedia hora, si sigues en la base de datos pasado ese tiempo, será detectado, y nos fastidiarás el invento…
- De acuerdo. ¿Qué tengo que hacer?
Kakashi le explicó con detalles los pasos a seguir, pasándole una servilleta con la clave de trece dígitos que debía introducir. Sin añadir mucho más, se despidió cortésmente y se levantó dispuesto a irse, cuando una desconcertada voz femenina le paró.
- ¿Por qué me ayuda?
- Porque sospecho que perseguimos un mismo objetivo. Y tengo la esperanza de que cuando hayas saciado tu curiosidad, me darás la información que necesito para limpiar la noble institución a la que pertenezco de asquerosas ratas. Además, quizá confíes en mí lo suficiente como para permitir que te ayude y esto no acabe en el desastre que imagino.
No obtuvo respuesta, así que siguió su camino. Sakura le siguió con la mirada hasta que se perdió entre el gentío que empezaba a disminuir a medida que el sol caía. Entre sus manos la segunda taza de café, la tercera del día. Nunca había sido una adicta a esta bebida, pero ahora la encontraba indispensable, le hacía sentirse alerta, algo fundamental en esos momentos.
Decidió que iría a la biblioteca en unos días, pues antes tenía algo que hacer, descubrir donde se escondían los Akatsuki. Recurriría a esos esbirros de cuestionable lealtad, a los que haría hablar, pero para ello debía escoger las armas adecuadas, armas que se encontraban en su lujosa casa.
Con suma precaución, y con una negra peluca recién comprada se encaminó hacia su ciudad natal. Había adquirido un arsenal de pelucas y lentillas que le permitirían cambiar su aspecto, claro que, a los habitantes de su ciudad no sería tan fácil engañarlos, por lo que la precaución debía ser extrema.
Rápidamente llegó a su casa, aparcó suficientemente lejos y se aseguró de que nadie veía como se acercaba a la parte trasera de la mansión. Unos pequeños salientes le ayudarían a subir, entonces recordó la primera y última vez que usó ese camino.
Cuando empezó a salir con Sai, tuvo algunos problemas en casa, a Naruto no le agradaba su noviazgo, aunque curiosamente no lo demostraba a menos que estuviera solo con ella. La vigilaba constantemente y le impedía salir a verle llegada la noche. Desde Sasori ya se mostraba reacio a los novios de su hermana, pero en el orfanato no podía controlarla tanto. Ahora que estaban fuera… A ella siempre le había sorprendido ese tono celoso que usaba cuando se trataba de sus parejas, aunque lo achacó a su afán de protegerla de todo para no perderla.
- ¿A dónde crees que vas?
La joven cerró los ojos en un inútil intento por desaparecer mientras se refugiaba en el marco de la puerta, la había descubierto y ahora debía hacerle frente.
- Yo… he quedado.
Apenas se escuchaba un hilo de voz, pero no suavizó la mirada del chico que tenía enfrente.
- Creía que había sido suficientemente claro… Tú no irás a esa fiesta.
- Pero si estaré con Sai.
Inmediatamente se tapó la boca con las manos ante el error que acababa de cometer, si había alguna posibilidad de convencer a su hermano para ir a la fiesta acababa de enterrarla. Temblorosa vio como los azules y normalmente alegres ojos del chico se ensombrecían mostrando una mirada fría y alterada; sus labios se fruncieron ligeramente, y sospechaba que pronto cerraría los puños con fuerza. Esos eran los pasos que siempre seguía cuando se enfadaba, llegados a ese punto Sakura sabía que tenía que actuar rápido para salir bien parada.
- Lo siento… sé que no debo desobedecerte… pero…
- ¿¡Pero qué!
- Yo… Naruto, por favor, es mi novio, y le quiero. Deberías intentar aceptarlo.
Podía ver con total claridad como el enfado crecía considerablemente, sus palabras encendieron los ojos del joven y vio con preocupación cómo se tensaban sus músculos, estaba mucho más que enfadado. La última vez que le vio así fue cuando descubrieron que no investigarían el asesinato de sus padres.
-Nunca, y óyeme bien, Sakura, nunca aceptaré a un tipo como Sai como tu novio, tú te mereces mucho más. No necesito conocerlo, ya lo conozco lo suficiente para saber que debes alejarte de él. No te conviene.
- ¿¡Y quién me conviene! Por favor Naruto, ¡es tu amigo! Dudo mucho que haya un hombre sobre la tierra al que tú aceptes como mi novio.
- Pues mira, en eso tienes razón, deberías quedarte soltera para toda la vida. Es mejor que verte convertida en una zorra que sale con cualquiera, porque déjame recordarte que este es tu cuarto novio. Novio oficial, claro, a saber cuántos no oficiales hay…
La chica le miró incrédula, ¿cómo se atrevía a hablarle así? Él, que era quien mejor la conocía, la persona a la que más quería, por eso le dolió cada palabra dicha. No importaba lo enfadado que estuviera, se había pasado de la raya, por lo que no pudo reprimir que su mano golpeara con todas sus fuerzas su mejilla.
- No me lo puedo creer… tú, ¿¡tú me llamas zorra! Al menos yo no me acuesto con el primer tipo que se me aparezca, no como otros… - Naruto la miró sorprendido -, esta es una ciudad pequeña, Naruto, todo se sabe. Y aunque no hubiera chismosas dispuestas a hablar, ¡sería imposible no escuchar por las noches a la conquista del día gemir tu maldito nombre!
Sin esperar una respuesta volvió a su habitación, se le habían quitado las ganas de fiesta. Naruto permaneció en el comedor, con la cara ladeada y un diminuto reguero de sangre enrojeciendo sus labios. No se atrevió a mirarla ni a reprocharle nada, sabía que se lo merecía. No podía seguir tratándola así, pero no podía evitar que la sangre le hirviera cada vez que Sakura le recordaba lo mucho que quería a Sai, sabiendo que tarde o temprano le rompería el corazón, como los otros tres.
La quería, había sido su hermana, y por mucho que intentara odiarla al saber la verdad, no podía, y sabía que se derrumbaría al verla sufrir. Pero lo peor era que la chica crecía, y ya había dejado de mirarla como a su pequeña hermana, asustándose él mismo por el curso que seguían sus pensamientos cuando la observaba comiendo, durmiendo, hablando, sonriéndole… estaba empezando a obsesionarse, si se llevaba a sus conquistas a casa era porque podía imaginarse que era Sakura la que tenía entre sus brazos. Y eso le estaba consumiendo, asustándose por lo que sentía y pensaba, que era totalmente enfermizo. Aunque se repitiera la verdad sobre ellos dos una y otra vez, no podía evitar sentirse culpable cada vez que la miraba, por lo que decidió pararlo antes de que se le fuera de las manos.
No volvieron a hablar de lo ocurrido, pero tras esa noche Naruto se mostró mucho más flexible, no le prohibía verse con Sai, e incluso notó que se distanciaba notablemente de ella, buscando cualquier escusa. Apenas le veía en casa, no comían juntos, ni siquiera iba a dormir a casa, aunque las pocas veces que iba era sin la compañía femenina acostumbrada, lo cual le daba a Sakura una idea clara de qué hacía las demás noches. Cuando intentaba abrazarle o bromear con él como antes, él se alejaba violentamente evitando cualquier roce entre ambos, y ella no podía evitar sentirse culpable y mal consigo misma. Tenía que arreglar las cosas, más ahora que iba a irse a Konoha a estudiar medicina.
Siempre que le buscaba estaba trabajando en resurgir las empresas u organizando las reparaciones de la antigua mansión a la que pensaba mudarse, de hecho ya dormía allí cuando tenía "compañía"… Esa era una de esas noches.
Conocía la fama que tenían Naruto y sus amigos, entre los que se encontraban Gaara, Neji y Sai, entre la población femenina. Y aunque se negaba a creer todo lo que oía, hoy iba a descubrirlo. No hacía falta que nadie le dijera que traía a… "sus chicas" a esa casa, pero de ahí, a montar las orgías que las malas lenguas afirmaban…
De cualquier forma no era asunto suyo, solo iba a hablar con Naruto, y sabía que si entraba por la puerta, él buscaría alguna escusa para no dejarla entrar, así que prefirió buscar su propia puerta. Fue directa a la parte de atrás, y vio que había varios salientes que le ayudarían a subir.
Con más facilidad de la que se esperaba, consiguió traspasar la ventana y llegar a un pasillo. Podía escuchar sin ningún problema gemidos femeninos procedentes de varias habitaciones. Puede que no hubiera grandes orgías, pero sin duda Naruto no era el único con compañía esa noche.
Sintió como su cara enrojecía a cada paso que daba, con cada suspiro, gemido y palabra atrevida que salía de las distintas habitaciones, ya había oído el nombre de su hermano y el de otros chicos de la ciudad, pero no pudo soportar escuchar el de Neji y Gaara, no podía evitar que la rabia surcara todo su cuerpo al imaginarse las escenas detrás de las puertas, así que prefirió ignorarlas todo lo posible y bajar. Quería salir de allí cuanto antes, ya hablaría con Naruto en otro momento. Y desde luego tocaría el tema de las "fiestas" de dudosa moral. ¡Por el amor de Dios! ¡Era la casa de sus padres! ¡A escasos metros aún podía ver las figuras muertas de sus progenitores con total nitidez! Se le revolvía el estómago sólo de pensar en que su acogedor hogar se estaba convirtiendo en un prostíbulo. Sí, sin duda hablarían de eso también.
En el piso de abajo todo parecía más tranquilo. Se dirigió a la cocina para refrescarse un poco antes de irse, pero su acción se vio frustrada al ver a una exuberante morena sentada en la mesa de la cocina, completamente abierta de piernas y gritando como loca despaldas a ella, ¿Cómo no la había oído? mientras una cabellera negra mordía su cuello y la penetraba sin descanso.
El amante levantó la mirada y se topo con unos ojos verdes que le miraron horrorizados, sin creer realmente lo que veía. Era Sai, el mismo que horas antes le estaba recordando cuanto la quería… Él no dijo nada, tampoco se separó de la morena, siguió embistiéndola mientras la besaba frenéticamente, sin dejar de mirar a Sakura, con esa mirada fría e indiferente que ella tanto odiaba.
La expresión de la pelirrosa no terminaba de definirse, no sabía si sentir rabia o dolor, ira o angustia. Sus labios susurraron su nombre, pero ni ella misma consiguió escucharlo, podía sentir como las lágrimas se dirigían a sus ojos, pero no iba a permitirlo, otra vez no. Sin definir ninguna expresión en su rostro, con la mirada ausente y perdida se dio media vuelta y salió de la casa lentamente, como si una fuerza ajena arrastrara su patética y frágil alma para sacarla de allí.
Cuando llegó a su casa permitió que las lágrimas corrieran libres por su rostro, pero ni un sollozo, ni un suspiro, lloró amargamente en silencio, quería ser invisible, no soportaría la pena de nadie, ni siquiera permitiría que la luna, que apenas alumbraba su desgracia, se enterara de que otra vez tenía un corazón roto entre las manos; dudaba seriamente que pudiera volver a pegarlo, los trozos ya eran demasiado pequeños.
Al día siguiente mostró una radiante sonrisa a todos, pudo mantenerla incluso cuando Sai apareció con la exuberante morena de la noche anterior, mostrándola como su novia oficial. Lo curioso es que ninguno se sorprendió de que cambiara de novia de la noche a la mañana, literalmente hablando; solo se limitaron a mirar disimuladamente con pena, cada vez que podían, a la pobre chica traicionada, la cual mantenía su sonrisa. ¿Es que todo el mundo lo sabía? ¿Por qué siempre acabo siendo yo la idiota completamente ciega?
No arregló las cosas con su hermano, en ese momento le odiaba demasiado, después de todo, él ya lo sabía… no por nada era su casa, ¡la maldita casa de sus padres! A las pocas semanas se fue a Konoha, no se despidió de nadie, se fugó como una sombra en una noche de luna nueva, tan oscura y vacía como estaba su alma, dejando una simple nota para Naruto: "Me he ido a Konoha, te llamaré cuando esté instalada" Ni besos, ni hasta pronto... Una parte de ella estaba muerta, una parte que tardaría en recuperar.
Era la primera vez que ese recuerdo no provocaba la invasión de lágrimas en sus ojos luchando por salir. Si eso hubiera pasado, juraba que se extirparía los jodidos conductos lacrimales. Ni una lágrima, se había jurado no soltar una sola lágrima, y ya era hora de cumplirlo.
Rápidamente entró en la casa, volviendo a ese endiablado pasillo. Con paso seguro fue a su habitación ¿Habría estado alguien allí esa noche? Con un movimiento de cabeza intentó alejar esos pensamientos y se centró en su objetivo. Abrió el armario, y divisó, en un rincón, el sugerente regalo de Ino y Karin. Tenía una idea clara del contenido de la caja, pero la abrió para asegurarse. Sí, montones de ropa de colores llamativos, escotes escalofriantes y dimensiones microscópicas, esa sería el arma adecuada para esos esbirros.
Cogió la maleta más grande que tenía y metió todo el contenido del armario en él. Con grandes esfuerzos, cerró la colosal maleta y se dispuso a salir de allí, aunque no tenía muy claro cómo sacar a su gorda amiga.
Al abrir la puerta, escuchó un murmullo, apenas imperceptible, pero no iba a arriesgarse, agudizó el oído y pudo escuchar más. Cerró la puerta y se apoyó en ella mientras el pánico invadía sus pensamientos. ¿Estaban allí? ¿Pero quiénes? Solo había una cosa segura, fuera quien fuera, no debían verla.
Respiró profundamente una, y otra, y otra vez hasta que consiguió relajarse y que su pulso se normalizara, debía pensar con la cabeza fría. Volvió a abrir la puerta y sigilosamente bajó las escaleras. Una pequeña abertura en la puerta del comedor desprendía una fuerte luz, por lo que dedujo que estaban allí. Se acercó a la puerta sin atreverse a mirar, intentando percibir el número de personas por las voces y las sombras. Sai, Neji, Gaara, Sasuke y Naruto, al parecer su hermano ya no estaba tan secuestrado…
Escuchó ruidos en el baño y se refugió en el hueco que formaba las escaleras, la oscuridad era suficientemente densa para que no la vieran, así que esperó pacientemente. Con paso lento, sintió como los peldaños crujían levemente bajo el peso, y entones la puerta del comedor se abrió ampliamente callando a los allí presentes.
La luz iluminó la cara del último invitado, ese tal Suigetsu. Pero desgraciadamente la luz también iluminaba parte de la entrada y las escaleras, por lo que un simple giro de cabeza por parte del extraño hombre y se acabaría el juego para ella. Instintivamente se pegó a la pared, intentando camuflarse y evitando cualquier movimiento brusco que alertara al chico. Cerró los ojos temiendo que sintiera su mirada y rogó en todos los idiomas que conocía que entrara y cerrara la puerta.
Sus ruegos sirvieron, pues el hombre entró en el comedor sin percatarse de la intrusa, pero para su mala, persistentemente mala suerte, dejó la puerta abierta de par en par; si uno salía, era imposible que no la viera, y la única salida eran las escaleras, cuyo inicio quedaba perfectamente expuesto a sus invitados. Estaba acorralada, tenía que pensar algo, y tenía que ser rápido.
Recordar, torturar a Sai si, matarle no ¿ok? jeje Como os dije veremos una a una las rupturas, primero desde el punto de vista de Sakura, pero quizá, más adelante desde el punto de vista de ellos, ¿os parece bien? ¿O preferís que eso me lo ahorre?
El próximo capi: Caramelo
Veremos si Saku sale de esta, se darán muchos datos fundamentales y Sakura dará un pasito más en su "transformación"
Otro tema que también tengo que tratar es sobre el lemon. En principio sí habrá, pero más adelante (lo de este capítulo no cuenta), aun es pronto para eso, pero me gustaría saber si queréis que haya o no, porque depende de vosotros que haya más o menos. Os recuerdo que el fic lo decidís vosotros, la primera vez que lo publiqué tras cada capi daba varias opciones, y los lectores decidían; por ejemplo, al final de este capi las opciones eran quedarse y escuchar la conversación o intentar escapar, ya os adelanto que venció la primera opción. La cuestión es que el fic se desarrolla en función de vuestras opiniones, por lo que no creáis que vuestros reviews caen en saco roto, creedme que los tengo muy en cuenta.
No tardaré mucho en actualizar ^_^ Gracias por seguir ahí.
*ByE*
