Los días estaban pasando con normalidad. En las últimas semanas había tenido consulta con niños realmente enfermos y no era una tontería como podía ser una simple gripe o un resfriado, no. Habían muchos más niños de los que quisiera que padecían de cáncer. Tan pequeños y con problemas tan grandes...
Durante estas semanas había trabado una mejor amistad con Aro Vulturi, pues él era especialista en oncología infantil así como otras especialidades como gastroenterología y endocrinología. Él se ocupaba de la mayor parte de los niños que venían con problemas de cáncer.
En cuánto a Carlisle, a él lo veía poco y cuando pasaba tan solo nos saludábamos. Él intentaba acercarse, claro, pero yo no podía detenerme a hablar cuando tenía muchos niños que me necesitaban.
En algún momento que había coincidido con Aro y Carlisle juntos, los celos eran evidentes, pero no en Aro, él no sentía celos, parecía seguro de sí mismo y eso, realmente, me gustaba. Pero Carlisle era distinto. Él era atento, caballeroso, muy amable, pero era celoso y los hombres celosos no me llamaban tanto, ¿Por qué? En la televisión cada dos por tres hablaban de las desgracias del mundo, entre ellas los incontables maridos que asesinaban a sus parejas por celos y yo no quería algo así en mi vida. Sabía que no todos los hombres eran iguales, pero, ¿Arriesgarme? No quería. Eso no quería decir que el joven Dr. Cullen no me gustase, en absoluto.
Mientras iba dándole vueltas a todo este tema, estaba limpiando los platos que había usado a la hora de comer. Como cada viernes y sábado libraba y usaba mi tiempo para limpiar la casa, ver alguna película en pijama, tapada con una manta en el sofá, nada muy dinámico, realmente.
Lavé y sequé los platos guardándolos en su respectivo armario. Hice lo mismo con los vasos y luego guardé los cubiertos en su correspondiente cajón. La cocina ya estaba recogida así que decidí ir al salón. Cogí el mando y mi manta de leopardo y me senté en el sofá, subiendo los pies después de que me sacase los zapatos. Me eché la manta por encima y encendí el dvd con el mando. Tenía una lista bastante amplia de mis peliculas favoritas, entre ellas estaba "A contracorriente" una película que iba de un joven chico que quería pasar el río Hudson a nado desde Troy (Nueva York) hasta Manhattan. La película no estaba nada mal y era entretenida, además los actores eran buenos, entre ellos, Elizabeth Reaser.
Decidida a volver a verla, la puse acomodándome bien en el sofá. Nunca me cansaba de esa película y sí, algunos la tacharían de aburrida y sin apenas argumento, pero había que entenderla y meterse en el papel del protagonista para saber cuánto había sufrido y el porqué hacía todo ese viaje.
Mientras miraba la película entretenidamente, escuché el sonido de la puerta cosa que hizo que diese un pequeño brinco. No me lo esperaba. Tiré la manta a un lado del sofá y me levanté poniéndome los zapatos. Paré la película y caminé hasta la puerta. Al abrirla mi amiga Alice estaba ahí plantada, con una radiante sonrisa y con uno de sus modelitos que seguramente acababa de salir nuevo.
- ¡Esme! -Grito Alice eufórica entrando al interior de la casa. Hacía muchos días que no la había visto pues con esto del trabajo no tenía mucho tiempo. Cerré la puerta y seguidamente nos dimos un fuerte abrazo. La había echado de menos. Echaba de menos alguien con quién hablar y sacarme de la cabeza este lío que tenía entre Aro y Carlisle. No se lo había contado a nadie y ella era mi mejor amiga, sabría aconsejarme.
- Hola Alice, pasa, ¿Quieres alguna cosa de beber o de comer? Tengo de todo -Entré al interior del salón con ella. Ésta tomó asiento y miró el título de la película. Ella se rió, claro, sabía cuántas veces la había visto.
- ¿Otra vez esta película, Esme? ¡La has visto mil veces!
- Lo sé, Alice, pero ya sabes que me gusta mucho y no me canso de ella -Le sonreí dulcemente tomando asiento a su lado, volviendo a subir los pies sobre el sofá- ¿Qué te trae por aquí? Hace tiempo que no hablamos y tengo tantas cosas que contarte...
- Pasaba a ver a mi mejor amiga -Sonrió satisfecha mirándome ahora con ojos acusadores. Sí, esos ojos que me acusaban de no haberla llamado para contarle ningún tipo de acontecimiento.- Cuenta cuenta, ¿Algún chico?
- Uno chico no, dos, para ser exactos. -Su boca se abrió formando una "o" a lo que yo sonreí un tanto tímida- Es complicado. Conocí a dos doctores casi al mismo tiempo, los dos han sido muy amables conmigo y muy atentos, quizá demasiado... En las últimas semanas he estado trabajando con uno de ellos y... No sé, Alice, me siento extraña. Nunca me había pasado esto...
- Vaya Esme, ¿Dos? ¿En serio? ¡Vaya suerte! ¿Y qué pasa? ¿Él no te gusta? ¿Tiene novia? ¿Alguno casado? -Me estaba ataladrando a preguntas. Uff, si ella suspiese y lo peor es que creía estar enamorada del Dr. Vulturi. Como ya había pensado antes, era muy atento, seguro de sí mismo y muy, muy cariñoso. No pude evitarlo, me sonrojé.- Sí, sí que te gusta. Al menos uno de los dos, no puedes engañarme, Esme. -Sonrío satisfecha por su deducción.
- Verás, es complicado, Alice... Qué yo sepa ninguno de los dos estan casados. Ambos han estado genial conmigo pero en las últimas semanas he estado trabajando con uno de ellos... y ciertamente, me gusta. No puedo describirle.. Es atractivo, atento, amable, cariñoso y nada celoso. Ya sabes lo que pienso de los hombres celosos... -Suspiré- El otro médico, el Dr. Cullen, es igual a Aro o incluso mejor, pero es celoso... y además, hace días que apenas hablamos.
- Pues Esme, ¡Ya es hora que te busques un novio! Qué tienes ya 26 años y si ese doctor te gusta, pues, ¡Lánzate! No seas tonta y no dejes escapar esta oportunidad.
- Lo sé, Alice, lo sé...
- Animate, Esme, si te lo propones, saldrá bien -Alice se acercó hasta mí y ambas nos abrazamos. Era agradable saber que contabas con alguien a quién contarle las cosas y qué te diese el apoyo que necesitabas. Así era Alice, rarita, pero se podía confiar en ella, claro que llevábamos años siendo amigas.
- Eso espero, Alice, eso espero... ¿Quieres palomitas y acabámos de ver la película juntas?
- Claro!
Me levanté y fui hacía la cocina, esta vez descalza pues estábamos en confianza. En la cocina cogí del mueble de al despensa un paquete de palomitas y lo metí dentro del microondas unos tres minutos a máxima poténcia.
- ¿Cocacola? -Dije en voz alta desde la cocina mientras preparaba el bol donde pondría las palomitas cuando estuviesen hechas. Escuché la afirmación de Alice y preparé dos vasos cuales llené de cocacola.
A los tres minutos el microondas avisó de que había terminado. Saqué el paquete de palomitas ahora hinchado y lo abrí, abocando su interior en el recipiente de cristal. En una mano llevaba el recipiente y en la otra los dos vasos de cocacola. Dejé todo en la mesa de cristal frente al sofá y tomé asiento, cogiendo de nuevo mi manta y echándomela por encima. Nunca podría cansarme de estas tardes. Era hacer el vago, pero era el único modo que tenía realmente de desconectar del hospital.
Alice también tomó asiento cogiendo las palomitas y poniéndolas entre nosotras. Volví a poner el play en la película y volví a centrarme en ella. Lo peor que llevaba de la ésta era el final, pues recordaba la primera vez en la cual había llorado cuando el protagonista tomaba su decisión final, dejando a su chica atrás, como si todo lo qué había pasado entre ellos no importase. Pero claro, era un final abierto y cuando las películas acababan así, me gustaba fantasear con el final, con un bonito final feliz en que la pareja siempre acaba bien.
- Aún no entiendo porqué te gustan estas películas, si solo es un tío infeliz que nada hasta Manhattan solo para suicidarse, ¿En qué cabeza entra eso? -Alice criticaba la película pues a ella los romances no le iban mucho. Prefería ver programas tontos de moda en qué solo se veían a mujeres desfilando con bonitos y cantosos vestidos, algunos bastante rídiculos bajo mi punto de vista.
- Tú no puedes entenderlo, Alice. Perder a tu mujer cuando ella estaba embarazada... tiene que ser duro.
- ¿Tanto para esperar cinco años a suicidarse? Ese tío está loco. -Negó con la cabeza frunciendo el ceño. No pude evitar reirme ante la expresión de Alice, me resultaba divertida.
- Lo han explicado al principio, Alice. Era todo una promesa que le había hecho a su amigo cuando éste lo encontró al borde del suicidio.
- Siguen siendo tonterías, Esme. Yo no haría una promesa así, si me quiero quitar la vida, me la quito y ya, no me espero cinco años por una promesa...
Volví a reirme. Era muy difícil lidiar con las ideas de Alice ante unas películas que no le gustaban nada pero que ella las veía cuando estaba conmigo para mantenerme contenta. Claro, cabía decir que cuando yo iba a su casa lo que yo tenía que tragarme eran esos programas, pero supongo que por amigas se hacen sacrificios, ¿No? Iba comiendo palomitas mientras seguía concentrada en la película ignorando las opiniones de mi amiga, opiniones que si más no nos hacían reir a las dos.
Cuando estábamos casi al final de la película el timbre de casa sonó. ¿Ahora quién sería? Me levanté del sofá echándole la manta a Alice por encima echándome a reir otra vez. Momentos de tranquilidad así se agradecían. Caminé hasta la puerta y abrí ésta, pero no sin antes asegurarme que llevaba bien el pelo. Cuando vi a Aro, frente a la puerta, con un ramo de flores en las manos, tardé menos de un segundo en sonrojarme. Estaba frente a Aro, en pijama, descalza y seguramente con unos pelos desastrosos. ¡Qué inoportuno!
- Esme. -Me saludó Aro mostrando una sonrisa la cual le devolví un tanto temblorosa. ¿Qué hacía aquí? Estaba el salón echo un desastre y ni hablar de mi aspecto.
- Aro.. qué sorpresa, pasa...
Él pasó al interior de la casa y yo cerré la puerta, apoyándome en ésta mientras la miraba con atención. A pesar de los inconvenientes de su inesperada visita, no podía negar que tenerlo aquí, en mi casa, cuando no tenía ningún tipo de obligación a estar conmigo ni verme, me ponía contenta. Me inundaba de una pequeña emoción. Quizá sí estaba enamorada de él...
Él me miró manteniendo esa sonrisa que cada día me dedicaba o que mostraba cuando yo le contaba cualquiera cosa. Me tendió el ramó de flores el cual tomé entre mis manos y lo olí. Había una variedad de rosas, unas rojas, otras azules incluso blancas. Eran preciosas y a mí me encantaban las flores. Otro punto a su favor.
- Gracias, Aro... No hacía falta, de verdad... -Musité aún tímida. Uff, no íbamos a quedarnos todo el día en el recibidor así que le invité a pasar, caminando yo por delante de él hasta el salón dónde Alice esperaba impaciente en el sofá. Su mirada se alzó curiosa al ver al hombre que venía detrás de mí y entonces mostró una sonrisa juguetona.- Aro, ella es Alice, una amiga.
- Encantada, Aro. -Dijo Alice cordialmente y se levantó recogiendo sus cosas mirándome con picardía- Yo ya me iba, tengo cosas que hacer en casa. -Me dió un abrazo y se apresuró a salir corriendo por la puerta. Dios, iba a matarla por dejarme a solas con él.
- Disculpa el desorden, toma asiento, ¿Quieres algo de beber o de comer? -Sonreí un poco acercándome hasta el sofá y apartando el recipiente de palomitas dejándolo sobre la mesa pequeña, al igual que el ramo de flores que ahora pondría en un jarrón con agua para que no se secasen. Cogí la manta y la doblé dejándola a un lado del sofá dónde no estorbase. Aro tomó asiento mientras observaba cada uno de mis movimientos. Me ponía nerviosa, muy nerviosa.
- Un poco de agua estará bien, gracias Esme. -Asentí amablemente y cogiendo los vasos que Alice y yo habíamos usado y el recipiente, fuí hacía la cocina. Dejé todo para lavar para después ponerle el vaso de agua. Me armé de valor para volver al salón y sentarme a su lado, guardando un poco las distancias mientras le ofrecía el vaso. El lo tomo y le dió un sorbo dejándolo después encima de la mesa. Finalmente clavó sus ojos en los míos a lo que yo, en respuesta, bajé la mirada.
- Tienes una bonita casa.
- No es nada del otro mundo, ¿Qué te trae por aquí? ¿Hoy no trabajas?
- No, hoy me he tomado el día libre, quería venir a verte y ver como estabas pasando tu día de fiesta.
Uff, encima había dejado el trabajo para venir a verme, para ver como estaba. Me parecía un acto tan tierno. Suspiré feliz, porqué sí, era el primer hombre que se preocupaba realmente por mí.
- Realmente me va bien. Estaba viendo una película con mi amiga...
- Siento haberos interrumpido, podría haber venido más tarde.
- No no, en absoluto. Ella tenía que irse que había quedado. -Seguirle la mentira a Alice no estaba mal. En este momento quería estar con él, a pesar de lo nerviosa que me sentía, realmente quería que él estuviese aquí.
- Quería hablar contigo de algo importante y no quería que fuese en el trabajo.
- Claro, ¿De qué se trata, Aro? -Por un momento me preocupé. Quizá había pasado algo o tan solo venía a decirme que no me hiciese ilusiones con él, pero claro, era demasiado tarde para no hacérselas.
- Verás Esme, hace ya unas cuantas semanas qué trabajamos juntos. Hemos trabado una fuerte amistad o quizá no deberíamos llamarlo así, no sé si sabes a donde quiero ir a parar con esto...
Yo tan solo escuchaba sus palabras, atenta, esperando a que me dijese de una vez el motivo por el cual había venido. Sí era cierto que teníamos una gran amistad después de tantas semanas de trabajo juntos, pero yo realmente tampoco quería llamarlo así. Le mostré una pequeña sonrisa y asentí, sin articular palabra para que él siguiera hablando con total libertad.
- Después de todo este tiempo me he dado cuenta que no solo siento aprecio por ti, sinó sé, estoy seguro, de que estoy enamorado de ti, Esme. No sé si tú corresponderás estos sentimientos, pero tenía que decírtelo...
Mi sorpresa fue notable tras su declaración. Dios, el corazón se me iba a salir de las órbitas de lo nerviosa que me había puesto. Mordí mi labio inferior por dentro y me armé de valor para estirar mi mano hasta la suya y tomarla. La acaricié alzando mi mirada hacía sus ojos dispuesta a corresponder sus sentimientos.
- Aro... Sí que correspondo a tus sentimientos. Hace ya algo de tiempo que te conozco y sabría decirte con exactitud que estoy enamorada de ti. Qué algo fuerte siento y no quiero dejarlo pasar.. Nunca he tenido una relación con un hombre, ¿Sabes? Tampoco sé si saldría bien... No te digo que alomejor si establecemos una relación entre nosotros vaya a ir mal, pero quizá si que ambos tendríamos que tener un mínimo de paciencia...
- Eres una mujer maravillosa, Esme, estoy seguro que si empezamos a salir todo saldrá bien.. Yo... Te amo. -Me sonrojé como nunca. Jamás antes me habían dicho que me amaban. Sí me habían halagado bastante, pero también habían habido desprecios por parte de otros muchos hombres. Claro que había hombres que valían la pena, como Aro, y hombres que no merecían mi atención. Y eso hacía. Prestaba atención al hombre adecuado y así no cometía errores y no tendría la ocasión de sentir arrepentimiento.
Me quedé muda mientras observaba a Aro acercarse despacio hacía mí. Se estaba inclinando hacía mis labios y como respuesta tan solo entre abrí estos. Estaba acercándose a un ritmo tan desesperadamente lento, qué llevé mi mano hasta su nuca y lo atrajé hasta mí, hasta que nuestras frentes quedaron unidas. Cerré los ojos dejando salir el aire de mis labios. Estaba nerviosa y mi agitada respiración lo decía todo.
Nuestros labios al fin se unieron, en un lento y delicado beso. Nunca antes había besado pero con exactitud podía decir que esto era el paraíso. No quería que parase, sintiéndome dichosa de que un hombre como él me amase a mí qué tan solo era una pediatra ama de casa que en sus días libres solo se tiraba al sofá a ver películas de amor y llorar en sus trágicos finales.
Cuando el beso cesó, ambos nos quedamos uno muy cerca del otro. Yo mantenía los ojos cerrados mientras me mordía el labio por las mil sensaciones que habían recorrido mi cuerpo. Sentí su dedo pulgar pasar por mi labio inferior y lo atrapé entre mis labios. A consecuéncia un jadeo escapó de los labios de Aro y yo solo pude sonreir satisfecha por lo provocado.
Solté su dedo y me separé de él mirándole, feliz de tener ese amor que siempre había deseado.
- ¿Te quedas a cenar? -Le dije de manera juguetona levántandome del sofá con una amplia sonrisa.
- Por supuesto.
Y así estuvimos el resto de la tarde, entre besos y caricias, pero sin llegar a nada más. Ninguno tenía prisa y yo no iba a entregarme a nadie a la primera de cambio. Quizá Aro era el hombre que había estado esperando todo este tiempo y lo comprobaría con el paso de los días. Cenamos y nos divertimos, vimos películas juntos hasta acabar los dos rendidos en el sofá. Me había quedado dormida en el pecho de Aro mientras él me abrazaba.
POV Aro
Por fin había ido a casa de Esme y me había declarado. Lo que ella no sabía era que todo era una farsa. Carlisle la amaba, él me lo había contado, pero yo tenía un mejor futuro para Esme, quién para mí era una rídicula mujer. Otra mujer de las tantas que habían caído a mis brazos y qué acabaría haciendo todo cuanto le ordenase.
Mi máscara debía seguir un tiempo hasta que ella cogiese confianza y cuando eso pasase, sería mía.
Estúpida ella qué se creía que iba a ser feliz de ahora en adelante y estúpido Carlisle quién veía buenas intenciones en mí.
Veremos qué cara se le quedará cuando sepa el futuro que tengo planeado para la mujer a la qué ama, porqué sí, esto era una venganza. Como dicen... "La venganza se sirve en plato frío"
Y aquí de nuevo el siguiente capítulo de esta história.
Se la dedico a EsmeraldCullen02 quién me ha pedido que siguiese con la história. Espero que te convenzca guapa.
Besos y espero reviews!
