Hola!
Lo prometido es deuda, 7 reviews y aquí os dejo la conti, lo que me recuerda… Brug, gané, me la debes :P Muchas gracias por todos vuestros reviews, en serio. n_n
Y contestando a algunas preguntas que me habéis hecho… Sasori e Itachi saldrán más adelante, ambos tendrán bastante protagonismo.
Nada más, aquí os dejo con el siguiente capi. Espero que os guste ^_^
*ByE*
XII. Redes
Aprovechándose de la descoordinación del hombre, le empujó suavemente colocándose sobre él con una mirada insinuante. Cogió el vaso que tenía preparado e intentó que bebiera.
- Preciosa… ahora mismo no es eso lo que quiero beber.
Sakura reprimió sus ganas de golpearle e introdujo en su boca el poco contenido del vaso, para después, besarle, obligándole a tragarse el transparente líquido. Siguió con el juego de caricias, e incluso permitió que descubriera sus delicados pechos que empezaban a ser vulgarmente manoseados. Pero no duró mucho más, la droga que Sakura le había suministrado minutos antes hizo el efecto esperado, y con ayuda del alcohol, se quedó profundamente dormido.
Quitó al pesado hombre, que ahora estaba desparramado sobre ella y se sentó en el borde de la cama suspirando con alivio al verse libre. Con tranquilidad recogió sus escasas pertenencias, le quitó toda la ropa y la repartió por toda la habitación, finalmente comprobó que no había nada fuera de lo común. Un tío borracho se acostó con una mujer a la que apenas recuerda… lo dicho, nada fuera de lo común. Y era poco probable que alguno de sus amigos creyera seriamente que ella había llegado tan lejos.
- Y luego dicen que yo soy la inocente… - pensó.
No pudo reprimir que sus labios se curvaran y una extraña sensación de satisfacción la embargara. Se quedó unos minutos analizando al hombre y recordando los datos obtenidos. La mayoría era información superficial, el hecho de que no conocieran a sus jefes era lógico, pero le dificultaba las cosas. Lo único a lo que podía agarrarse era a esa heladería, era su única pista sobre Akatsuki.
- Pero si ni siquiera les gustan los helados… ¡A ninguno!
Y era cierto, salvo Naruto, a ninguno de sus ex novios les agradaba esa sustancia congelada que ella consideraba delicia divina. Más bien no les gustaba nada que pudiera tener sabores o formas distintas, o colores alegres… por eso a la gente le resultaba curioso que salieran con una chica con el pelo de color rosa.
Revisó los papeles que vio en el club, pero sólo eran "nombres" que debían vigilar o incluso matar a otros "nombres"; no necesitaba esa información, pero igualmente copió uno a uno los datos. Se ciñó el abrigo y salió a la fría calle, aun era noche cerrada, y dadas las pintas que llevaba era mejor no dejarse ver demasiado por los individuos que estarían… arrastrándose por las calles. Una vez en una nueva habitación de hotel, puso sus puntos en orden:
Para empezar, Naruto sí estaba secuestrado, aunque al parecer ahora estaba del lado de Taka. Pero aun quedaba mucho por averiguar, ¿qué buscaban exactamente los secuestradores? ¿Por qué Naruto le ayudó si era de Akatsuki? ¿Qué demonios sabía sobre ella y desde cuándo?
Por otra parte, surgieron esos dos nombres, Madara y Orochimaru. Uno, el jefe de Akatsuki; el otro un miembro de Akatsuki, según Tenten, pero según lo escuchado conforma un grupo aparte… ¡genial! Más organizaciones secretas. Sin olvidarnos, por supuesto, de la célebre heladería nube, que gozaba de gran popularidad en Konoha. Pero, por ahora, todo eso tendría que esperar. Había otro dato que le inquietaba mucho más. ¿Un virus?
Ellos hablaron de un virus, estaba infectada por un virus. Tal vez era eso lo que todos buscaban, pero ¿por qué ella? ¿Quién se lo inyectó? ¿Qué hace exactamente ese virus? ¿A qué se refería Naruto con que apenas le quedaba tiempo para que fuera demasiado tarde? ¿Demasiado tarde para qué? ¿Y sus padres se la suministraron? ¿Naruto, Sasuke, y… Tsunade? Su mentora, su maestra a la que consideraba una madre, ¿también estaba metida en todo esto? Tal vez sólo quería estudiar el virus, sus efectos en la joven... Por eso aceptó enseñarle todos sus conocimientos sobre medicina directamente, algo que jamás había hecho ¿Cómo es que no lo vio?
Soltando un bufido de frustración se levantó de la silla y empezó a caminar por la habitación intentando despejar su mente. No ganaba nada estresándose, y no conseguiría averiguar nada si intentaba abarcarlo todo. Debería centrarse en pequeños objetivos, ir atando cabos poco a poco. Pero tendría que hacerlo rápido, Naruto dijo una o dos semanas, una o dos semanas antes de mostrar síntomas; síntomas que no sabía cómo le afectarían, y eso no era muy alentador, debería avanzar antes de que se cumpliera el plazo.
La heladería podía ser una simple tapadera, pero podría ser también la puerta para entrar en Akatsuki, y desde luego no podía llegar tan lejos con las manos vacías, sería un suicidio, tiraría por la borda todos sus esfuerzos. No, debía encontrar una fuente más fiable, y ya tenía en mente una maravillosa y atractiva presa.
Había sido un día largo, dos falsas alarmas, varios interrogatorios, infinidad de denuncias de robo, secuestros, asesinatos… la ciudad se venía abajo en un inmenso caos provocado por una guerra fantasma, invisible pero eficaz. Sin embargo él seguía allí, tras esa metálica y frágil mesa abarrotada de papeles. Sus superiores le habían alejado de cualquier tipo de acción policial desde que tuvieron la mínima sospecha de que no estaba totalmente de acuerdo con su forma de actuar en el caso Uzumaki. Lejos quedaba ya la célebre y distinguida posición de "Kakashi Hatake, el héroe de la ciudad"; como recuerdo solo le quedaba una desvencijada placa dorada que decoraba el pasillo de las oficinas, y que empezaba a acumular polvo.
Suspiró con cansancio, recordaba una ardua persecución por toda la ciudad que hubo cuando apenas empezaba, fue la experiencia más agotadora que tuvo; pero sin duda, estar sentado en una silla de oficina, durante nueve horas seguidas, con un simple descanso para comer, leyendo papeles y más papeles, firmando alguna que otra autorización, y organizando cantidades desorbitadas de archivos, era mucho, mucho más agotador.
Movió el cuello y sitió como crujía suavemente. Era tarde, las calles estaban bastante desoladas, y ya podía ver el contorno de su casa a poca distancia. Según llegó se tiró sobre la cama, no encendió la luz, ni siquiera se quitó la ropa. Se removió ligeramente y consiguió que su corbata liberara su cuello y sobrevolara la habitación para acabar cerca de la puerta, mientras él cerraba los ojos dispuesto a dormirse.
Sintió como la cama crujía y se hundía ligeramente a su lado, incluso sintió algo cálido que se acercaba a su rostro.
- Dulces… dulces sueños - pensó.
Pero no era un sueño, una suave voz susurraba en su oído, aunque debido al cansancio apenas distinguía las palabras. Lo lógico era que se levantara bruscamente y apresara al intruso, pero se encontraba irracionalmente tranquilo, el cálido ambiente acompañado con la delicada voz era como un dulce arrullo que le invitaba a relajarse y dormir. Su cuerpo empezó a mecerse suavemente, ya nada tenía que envidiar a ningún recién nacido.
Pero esa sensación empezó a disiparse a medida que los movimientos se hacían más bruscos y la voz más fuerte, aunque sin dejar de ser apenas susurros. No tuvo más remedio que abrir los ojos, con mucho esfuerzo, encontrándose con unos ojos intensamente verdes. Abrió la boca, pero ninguna palabra conseguía salir.
- Ángel…
La mujer le miró sorprendida por el calificativo, pero endulzó la mirada, como si ante sus ojos estuviera un pequeño niño.
- Kakashi-san, soy Sakura Uzumaki ¿Se acuerda de mí?
- Sakura… - repitió lentamente mientras se daba cuenta de su situación.
Intentó levantarse pero la chica se lo impidió. Le obligó a volver a tumbarse y miró ansiosa hacia la ventana, como si se asegurara de que todo seguía igual.
- No se mueva, y no hable muy alto, han estado siguiéndole todo el día, es mejor que no sospechen nada. – Él simplemente afirmó con la cabeza – esta vez sí tengo información que le puede interesar…
Todo el sueño se esfumó en un segundo, y fijó su mirada en la chica con seriedad.
- Te escucho.
Aun no acababa de creérselo, ¿cómo demonios había llegado a esta situación? Repasó los acontecimientos: estaba viendo la televisión tranquilamente mientras engullía el último trozo de pizza, recostado en el sofá de su casa, cuando escuchó un ruido proveniente de los pisos inferiores. Shino no estaba, y ninguno de sus… invitados estaba en condiciones de moverse.
¿Podría ser esa chica otra vez?
Se levantó inquieto, con una sensación extraña en la boca del estomago, pero antes de que pudiera abrir la puerta, un hombre completamente cubierto se dirigió violentamente hacia él, inmovilizándole y esposándole. ¿Akatsuki, Taka? No, ninguno seguía ese procedimiento, además, no tenían motivos.
Le llevaron hacía la calle, las puertas de todos los pisos estaban abiertas, la mayoría por la fuerza, de hecho, aun quedaban astillas por el suelo. Con pánico vio como sacaban cuerpos de esas viviendas, algunos aun seguían vivos y le miraban con terror cuando pasaba ¡mierda!Eso significaba que le reconocían, estaba en serios problemas…
Le metieron en un coche de ¿policía? Eso lo explicaba todo, pero ¿quién fue el cabrón que había avisado a la policía? No supo qué pasó a continuación, pero no estaba en la comisaría, sólo consiguió ver sombras difusas moverse mientras sentía fuertes dolores por todo su cuerpo. Le arrastraron hasta lo que supuso era una celda y allí pudo ver el motivo de su atontamiento anterior; tenía los ojos morados y bastante hinchados, la nariz rota, profundos hematomas por todo el cuerpo, el labio totalmente partido, y no dejaba de escupir sangre por la boca, no sólo por los golpes, tenía los dientes milagrosamente intactos, pero se había mordido la lengua en algún momento de la paliza.
Y allí estaba ahora, sintiendo más intensamente los golpes a medida que su cuerpo asimilaba su situación. Pasaron días, tal vez semanas, no había ventanas con las que orientarse, así que simplemente lo supuso. Cada día iban a por él y empezaban con la misma rutina, palizas y más palizas, al séptimo golpe ya perdía la cuenta. ¿Pero por qué nadie le decía nada? Lo lógico es que hubiera un juicio, los medios de comunicación atosigándole a preguntas y desesperados por pillar una buena toma de su cara… nadie le dijo en ningún momento que si conocía sus derechos o que tenía derecho a guardar silencio, ¿realmente era la policía?
El chirriar de la puerta le sacó de sus pensamientos, y un escalofrió recorrió todo su cuerpo, ya le habían visitado hace un buen rato, y nunca le habían dado más de una paliza por día ¿es que ya había pasado un día entero? ¿O querían matarle de una buena vez? Se tensó, pero la figura no pareció moverse, ni acercarse a él. Le miró intrigado, era más fina y pequeña que la de otros días, probablemente una fémina. Agudizó la vista y pudo distinguir que tenía el pelo hasta los hombros, y sus rasgos faciales eran claramente los de una mujer, se fijó en sus ojos, curiosos ojos, eran de un rojo intenso.
- ¿Una mujer? – dijo con sarcasmo en un tono casi inaudible.
No pudo decir nada más, porque un pequeño río de sangre se acumuló en su boca buscando ser escupido. La delicada mujer le había propinado un fuerte golpe en el estomago, incluso sintió como una de sus, ya frágiles costillas, terminaba de romperse en mil añicos. Ella se limitó a reír suavemente.
- No te pases de listo, el hecho de que sea mujer es precisamente lo que debería preocuparte, no relajarte. Mis compañeros han sido muy amables comparados con lo que a mí me gustaría hacerte, supongo que son más… comprensivos con este tema.
El chico tragó saliva con dificultad mientras sentía como algo puntiagudo arañaba suavemente su entrepierna. Sin duda alguna prefería las palizas diarias. La mujer le esposó y le llevó a otra sala, era idéntica a las de interrogatorios que había visto en las series de televisión, pero en esos momentos no se encontraba en disposición de apreciar los detalles.
Le dejaron solo, una, dos, quizá tres horas, tiempo que se le hizo eterno. Al estar sentado sin poder cambiar de posición, sintió como los cortes, hemorragias y hematomas acentuaban su dolor habitual. ¿Cuánto más pensaban tenerlo allí? ¿Era una nueva forma de tortura? Pero no iba a gritar o reclamar, ya lo había intentado, y sólo consiguió que las palizas fueran más duras; no, había aprendido que calladito estaba más guapo.
La puerta volvió a abrirse, pero esta vez no era la chica de ojos rojos, ni alguno de sus desconocidos agresores diarios.
- ¿¡Tú! ¿¡Tú eres responsable de todo esto!
- Chico listo.
Bien, Kakashi había accedido a ayudarla sin ningún reparo o sugerencia, aceptó sin dudarlo, e incluso creyó ver cierto brillo de emoción en sus ojos, lo cual le asustaba, en cierta manera.
Ahora estaba acercándose a la biblioteca que estaba en frente de la comisaría. Antes de hacer nada debería informarse, saber todo lo posible de ellos, hacer exactamente lo que ellos hicieron con ella.
Para la ocasión se había puesto una peluca castaña de pelo largo, y unas lentillas que hacían sus ojos negros, además de taparlos tras unas finas gafas, no se había maquillado y se había vestido de forma muy sencilla. Sabía que estaban vigilando toda Konoha, pero la comisaría de policía era uno de los sectores de vigilancia más intensa, no debía llamar la atención, por lo que se descartaban colores llamativos o ropas extravagantes.
Entró a la inmensa biblioteca, no vio nada sospechoso, pero no debía confiarse. Se sentó frente al ordenador indicado por Kakashi, y para su suerte estaba en una posición inmejorable, podía controlar toda la sala, y además estaba lo suficiente apartada y recluida como para no ser vista con detalle.
Realizó todos los pasos y tecleó la clave de trece dígitos que se había aprendido de memoria. Ante ella estaban las puertas de la información sin barreras, a tan solo un click. Sintió como un pequeño sentimiento de superioridad invadía su cuerpo, acrecentando su ansiedad y emoción. Se sentía la persona más poderosa del universo. Al ver como la gente empezaba a mirarla de forma extraña y casi con miedo decidió volver a su interpretación de "soy normal e invisible".
Uno a uno fue introduciendo los nombres que quería, y los imprimió, ahora no tenía tiempo de leerlos todos, solo disponía de media hora.
Ya había terminado, le resultó más fácil de lo que creía, incluso le sobraban diecisiete minutos, y se quedó mirando la pantalla indecisa. Sospechaba sobre algunas personas, pero… ¿quería saber la verdad? ¿Toda la verdad? Se mordió el labio con fuerza, intentado que el dolor despejara sus dudas, y volvió a teclear nerviosamente. No buscó personas concretas, sino apellidos: Yamanaka, Sabaku, Uchiha, Hyuga, Inuzuka, Aburame... y finalmente, Minato Namikaze y Kushina Uzumaki. Salieron dos largas listas con toda la información disponible sobre cada uno de sus padres, pero no se atrevió a leerlas, tampoco se decidía a darle a la opción "imprimir", y se le acababa el tiempo, apenas un minuto.
Numerosos murmullos atrajeron su atención y miró a su alrededor, podía ver varias personas con papeles en sus manos, que enseñaban a todos los que pasaban, y pudo ver con total claridad que eran fotos suyas.
- ¡Maldición! – murmuró.
Había estado tan concentrada en lo que hacía que descuidó totalmente lo que pasaba a su alrededor. Dio a la opción imprimir, e intentó cerrar la página, pero parecía que el ordenador se había bloqueado, miró su cronometro: 20 segundos. Desesperada, busco el cable que mantenían activo el ordenador, 15 segundos. Buscó algún botón con el que reiniciarlo, pero nada, tal vez por el nerviosismo que la invadía, pero el jodido botón no apareció; y mientras, sentía como la gente empezaba a notar su presencia neurótica, 10 segundos. Miró por encima de la mesa y vio como uno de los individuos que mostraban su foto se acercaba a su zona, 5 segundos. A punto de sufrir un ataque de pánico, estiró la mano, 2 segundos, y arrancó todos los cables que encontró a su alcance, 1 segundo. Y esta vez, la pantalla se volvió negra, y el ordenador correspondió a la violenta acción con un sonido ahogado, en un intento de réplica.
No se molestó en ver los desperfectos que había causado, se levantó y fue velozmente a la mesa en la que una mujer la esperaba para darle los documentos impresos. Con alivio los recogió dispuesta a marcharse. Andaba a grandes zancadas, maldiciendo los largos pasillos que estaba recorriendo. Una sonrisa sincera se formó en sus labios al ver la salida. Pero un curioso hombre estaba allí repartiendo las mismas fotos, un curioso hombre con unas cejas descomunalmente grandes…
- ¡Joder!
Con gran agilidad se dio una vuelta de 180º, y volvió por dónde había venido. Algunos trabajadores la miraban interrogantes, y un guardia de seguridad le obligó a detenerse y a mostrarle todas sus pertenencias.
- ¡Estupendo! ¿Qué coño iba a llevarme? ¿Un boli? – protestó.
Lo peor es que empezaba a llamar la atención de la gente, de toda la gente.
- De acuerdo – dijo con desconfianza el hombre -, puede irse señorita.
Con un mal humor que no se molestó en ocultar le arrebató el bolso y se fue rumbo a la primera planta diciendo un forzado y sarcástico "gracias". Repasó toda la planta, pero solo había una auténtica selva de estanterías. Escuchó a alguien subir las escaleras, no le dio importancia alguna, pero se giró por instinto. Lee subía. Empezó a andar con la intención de perderse entre las estanterías, pero cada tres bloques de libros ahí estaba él, preguntando a todo el que se encontrara. Siguió caminando, buscando algún baño o esquina en la que esconderse, y finalmente lo encontró. En una de las paredes laterales vio una puerta con el cartel de una figura humana femenina que indicaba que tras ella encontrarías el baño. Suspiró aliviada, pero al primer paso escuchó una voz llamándola.
- ¡Disculpe! Señorita, espere un segundo.
El chico se acercó a ella velozmente mientras revolvía sus papeles, sin notar la tensión en la que se encontraba el cuerpo de la joven, completamente rígido y pálido. Podía confundirse con alguna de las estatuas que decoraban varias paredes de la gran biblioteca.
- ¿Ha visto a esta mujer?
Sin darse la vuelta, bajó la cabeza, consiguiendo que el pelo cubriera su rostro y miró la foto simulando gran interés, logrando camuflar aun más su cara de la inquisitiva mirada del chico. Lee le mostró una de las imágenes, era una buena foto, si se le permitía decirlo. El resto de fotos, también las reconoció fácilmente, no eran recientes, seguramente serían cortesía de sus ex novios, ya que la mayoría eran recortadas, en las originales salía alguno de ellos. Pero la foto que le mostraba en concreto, era de las más recientes, aparecía ella sonriente, con una fina blusa blanca que dejaba ver el azul del biquini, y como paisaje de fondo un inmenso mar. Fueron dos semanas que pasó con Sasuke en la playa, los dos solos.
- Venga Sasuke, no seas aburrido.
- ¿Aburrido? Llevamos todo el santo día haciendo lo que la princesita quiere, me gustaría poder descansar al menos 15 minutos. ¿Cree su alteza real que sería posible? – Ella solo le miraba sonriente - ¿Qué ocurre?
- Me encanta cuando dices más de una sílaba.
El levantó una ceja y se dio la vuelta, rumbo al hotel. Sakura rió suavemente, guardó la cámara de fotos y se apegó a su brazo.
- No te enfades.
- Te burlas de mí. – murmuró refunfuñando como un niño pequeño.
- ¿Yo? Jamás haría tal cosa. – El silencio fue la respuesta y Sakura suspiró - De acuerdo, volvemos al hotel por hoy, ¿así me perdonaras?
- No te resultará tan sencillo, tendrás que buscar una forma mejor de compensarme. Yo que tú iría pensando.
Apenas tardaron un par de minutos en llegar de nuevo al hotel, y Sasuke simplemente cayó rendido en la cama tras las arduas caminatas que su novia le había obligado a hacer. Pero no pudo descasar, pues unas frías manos se aventuraron bajo su camiseta, acariciando su espalda, y unos cálidos labios se posaban delicadamente, una y otra vez, sobre su cuello.
- ¿Sasuke?
No se movió, simplemente disfrutaba de las sensaciones. Empezó a sentir un cosquilleo en la nuca al recibir un débil soplo en su cuello que mecía ligeramente su pelo. Pero siguió sin moverse.
- ¿Sasuke?
Esta vez la voz sonó directamente en su oído, y el tono era más juguetón, incluso parecía que lo cantaba insinuantemente. Él simplemente sonrió. Sakura, cansada de la poca atención que le prestaba, decidió levantarse y hacer otra cosa, pero su brazo fue agarrado con fuerza y su cuerpo atraído hacia la cama, pero no cayó sobre una blanda superficie, más bien sobre el torso de su novio.
Espera, ¿torso? ¿Cuándo demonios se había dado la vuelta? Pero al encontrarse ambas miradas, ninguno se quejó, tampoco se movieron, hablaron a través de sus ojos, como ya era costumbre en ellos.
- ¿No pensarás qué eso ha sido suficiente como compensación?
- No me dig…
Fue callada con un beso que no dudó en corresponder. Él aprovechó para inspeccionar todo lo que quedara a su alcance, sabía que no se negaría a nada que le pidiera mientras no pretendiera llegar demasiado lejos. Puede que aun no hubiera conseguido acostarse con ella, pero conocía su cuerpo mejor que si lo hubiera hecho, sabía que zonas eran más sensibles y como conseguir que se rindiera incondicionalmente a su voluntad; aunque nunca se aprovechó de eso, las consecuencias pondrían todo en peligro. En cualquier caso, era mucho más lejos de lo que ninguno de los anteriores… "candidatos" consiguió de la pelirrosa, y eso provocaba que se sintiera superior, acrecentando su, ya de por sí, gran ego.
Confiaba en él, sabía que no la obligaría a nada, así que simplemente se rendía a sus caprichos. Solo esperaba el momento en el que intentaba profundizar más, ella le paraba y todo volvía a la normalidad, siempre era lo mismo. La respetaba, sí, pero eso no significaba que no lo intentara… Y ahí estaba de nuevo, profundizando el beso, pegando sus cuerpos más de lo naturalmente posible, y guiando sus manos a zonas peligrosas, como él las había bautizado, fue en ese momento cuando se dio cuenta de la ausencia de ropa en su cuerpo. Tenía que reconocer que cada vez era más rápido.
- Sasuke…
No era un reproche, tampoco usaba un tono de precaución o advertencia, era más parecido a un susurro, como si intentara despertarle dulcemente y arrebatárselo a Morfeo.
Él paró y suspiró con frustración. Lentamente, alejó sus manos del cuerpo femenino mientras repetía el recorrido anterior a la inversa, para finalmente abandonar esa blanca piel; todo torturadoramente lento.
Se recostó a su lado y se quedó observándola con esa mirada enigmática que nunca había conseguido descifrar.
- Creo que ha sido una compensación más que satisfactoria, así que no puedes guardarme rencor.
- Podría haber sido mejor…
Se rió mientras escondía su rostro en la almohada avergonzada por sus propios pensamientos.
- Pervertido.
- ¿Y tú me lo dices? Me encantaría saber en qué piensas cuando te pones tan roja, creo que me daría sugerentes ideas, preciosa.
- Cállate.
Sonrió y la rodeó con sus brazos volviendo a apegarla a él, pero sin conseguir ver su rostro, ahora escondido en su propio pecho. Así se quedaron lo que restaba de día, ni siquiera se molestaron en cenar, durmieron en un armonioso ambiente. Hacía mucho tiempo que ninguno de los dos descansaba con semejante paz.
- No… no la he visto, lo siento.
Agudizó ligeramente la voz intentando que no se notara. El chico suspiró cansado y apartó las imágenes de la morena, sin alejarse aun de ella. Sakura optó por irse con disimulo, sintiéndose aun vigilada por Lee, por lo que no dio largas zancadas, sino que caminó con la mayor tranquilidad posible, hasta que consiguió alcanzar la calle y respirar ampliamente.
De nuevo en una habitación, a salvo de miradas indiscretas, sacó los documentos impresos en la biblioteca y buscó uno en concreto:
- Kiba Inuzuka… ya eres mío.
Esperaré vuestras teorías, ideas, sensaciones o criticas, gracias por seguir ahí n_n
Bien, en el siguiente capi: sola. Se dará un dato nuevo que va a cambiar absolutamente todo el mundo de Sakura, y las cosas empezarán a ponerse más serias para ella. Por fin se dará cuenta de dónde se ha metido. Aparte habrá un "flash back familiar", espero que os guste.
¡Nos vemos pronto!
Y recordad mi campaña "por una autora feliz": review en la pantalla, sonrisa en la cara XD
*ByE*
