Había empezado la semana la mar de animada. Había pasado mis dos días de fiesta con Aro en casa y ayer domingo había finjido estar enferma para también estar con él. Habíamos visto películas, salido de paseo, incluso habíamos ido a comprar, aunque esto solo era por entretenimiento.

Aro había sido muy atento conmigo estos días. Ayer por la tarde se había ido a casa porqué tenía algunas cosas que hacer pero habíamos quedado en que hoy lunes pasaría a recogerme e iríamos juntos al trabajo. Así que me había dado una ducha, me había secado el pelo y lo había dejado suelto dejando qué mi pelo color caramelo cayese con sus típicas ondas por encima de mi hombro. También me había maquillado un poco, lo suficiente para no llamar la atención. Solía usar colores claros para los ojos y un color marrón claro para los labios, aunque a veces usaba algún rojo chillón, pero solo en ocasiones especiales.

Me había puesto un vestido a la altura de mi rodilla de un color grisáceo qué llevaba un cinturón marrón a la altura de la cintura. Era un vestido de manga larga y con un poco de escote, pero que taparía con una fina chaqueta de un color gris, pero más claro que el vestido. Me había puesto unas medias del color de mi piel y unos botines negros con un poco de tacón.

Tras revisar mi aspecto en el espejo y comprobar que no iba muy llamativa, cogí mi bolso de encima de la silla y metí las cosas importantes como el móvil y las llaves. Entonces escuché el timbre y me apresuré a bajar. Al abrir la puerta me encontré a Aro quién sonreía. Vi como me echaba un rápido vistazo de arriba abajo antes de ofrecerme la mano. Yo la tomé gustosa y salí, cerrando después con llave.

Caminé hasta el coche de su mano y él me abrío la puerta del asiento del copiloto. Le mostré una dulce sonrisa antes de entrar y ponerme el cinturón poniendo el bolso sobre mi regazo. Estaba nerviosa, nunca antes me habían llevado al trabajo y menos aún un hombre.

Cuando Aro subió al coche y se colocó el cinturón, se detuvo unos minutos a mirarme sonriente.

- Vas muy hermosa, Esme. ¿Tendré que ponerme celoso si te miran? -Obviamente bromeaba, su sonrisa y su mirada juguetona lo decía claramente.

- No, no tienes que preocuparte de que me miren. Además, solo tengo ojos para alguien y me visto así para una persona en concreto, ¿Te gusta?

- Me encanta, cariño. -Dicho esto se centró en conducir hacía el hospital. Aún teníamos tiempo de sobra hasta que nuestro turno empezase, pero todo estaba calculado. Iríamos a desayunar antes a la cafetería qué había a una manzana del hospital.

Aprovechando el silencio que se había formado en el coche llevé mi mano hasta el reproductor y le di al play para dar inicio al cd qué Aro seguramente escuchaba cuando iba solo en el coche.

- Vaya, "The Beatles" -Sonreí. No era uno de mis temas favoritos, pero dejé que la música inundase el coche. Con un poco de música y el silencio podría concentrarme en el giro radical qué había dado mi vida.

- ¿Te gustan los Beatles? -Preguntó Aro de repente a lo que fije mi mirada en él antes de contestar.

- Sí, algunos temas están muy bien.

- Son uno de mis grupos favoritos, me gusta escucharlos cuando voy camino al trabajo. -Se encogió de hombros y yo tan solo sonreí.

¿Qué música sería la favorita de Carlisle? Tenía curiosidad. Sabía cosas de él pero realmente, si me ponía a pensar en las veces que habíamos hablado, solo sabía que estaba soltero, que le gustaba ayudar a la gente y por eso era médico y qué se tomaba su trabajo muy en serio.

¿Por qué ahora estaba pensando en él? Carlisle no tenía nada que ver en mi vida ahora, éramos amigos o tan solo compañeros de trabajo. Ahora mi única preocupación tenía que ser mi pareja, a quién amaba.

Aro aparcó frente al hospital, pues si lo dejaba ahí luego no tendría problema al aparcar. Me quité el cinturón y bajé del coche colgándome el bolso del hombro. Esperé a que él bajase y pusiese el seguro al coche, antes de cogernos la mano y caminar hacía la cafetería.

Al llegar ambos tomamos asiento, uno frente al otro. Aro no dejaba de mirarme fijamante incluso cuando la camarera se acercó para coger el pedido.

Tan solo pedí un zumo de naranja natural, mientras que Aro solo se pidió un café. Típico de un médico tomar café cada dos por tres. Yo debía ser la rara excepción.

- ¿No vas a comer nada? -Me preguntó Aro de repente, a lo que negue con una pequeña sonrisa.

- No suelo comer nada a estas horas. -Me encogí de hombros cruzando mis brazos encima de la mesa.

- Pues debererías comer.

- Tú también deberías y si embargo no lo haces. -Amplié mi sonrisa retándole con la mirada, a lo que él tan solo suspiró rindiéndose.

- Tú ganas.

La camarera trajo el pedido y nos lo puso sobre la mesa. Cogí mi zumo de naranja y le di un pequeño sorbo. Estaba muy bueno. Me encantaban los zumos, tanto que podía tomármelos con cualquier tipo de comida. Alice en ocasiones me decía que era rara, que los zumos eran más bien para desayunar o merendar, pero no para todas las comidas del día. Pero a mí me daba igual.

No tardamos mucho en acabar por lo qué Aro y yo retomamos el camino hacía el hospital. Después de tres días de fiesta realmente daba mucha pereza el volver a trabajar, pero esos niños merecían toda mi atención y aunque ahora tuviese mucha pereza, hoy sacaría lo mejor de mí con esos niños.

Al entrar en el interior y firmar ambos nuestra entrada, nos despedimos con un leve beso en los labios. Las enfermeras y doctores qué estaban a nuestro alrededor se quedaron verdaderamente sorprendidos, pero no dijeron nada.

Vi a Aro irse hacía su planta tomando el ascensor, sin embargo, yo me quedé quieta, mirando al frente cuando me encontré con los ojos del Dr. Cullen. Suponía qué había presenciado nuestro beso. ¿Cómo debía reaccionar? ¿Le saludaba sin más? Realmente era una situación incómoda y no sabía porqué sentía esta necesidad de darle explicaciones, pero no iba a hacerlo. No era asunto suyo.

Suspiré y con paso decidido caminé hacía el ascensor tocando el botón y esperé a qué llegase con la mala suerte de qué Carlisle se había puesto a mi lado. Estaba serio, con la mandíbula apretada.

- Enhorabuena.

- Gracias. -Musité un tanto incómoda. Me sentía como una adolescente qué acababa de ponerle los cuernos a su novio, ¿Cómo es posible? Suspiré.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, ambos pasamos al interior. Toqué el botón de la sexta planta y el ascensor cerró sus puertas. ¿Por qué él no había picado en su planta? Sabía de sobra qué el se quedaba en la quinta, pero esta vez no.

Habíamos subido al menos tres plantas cuando de golpe Carlisle paró el ascensor dándole al botón, ¿Pero qué narices hacía? Le miré incrédula apoyando mi espalda en la pared observando cada uno de sus movimientos.

De golpe lo tenía frente a mí, con sus manos apoyadas a cada lado de mi cabeza y su cuerpo pegado al mío. Fruncí el ceño teniendo sus labios a milímetros de los míos. Mi respiración se había alterado y mis manos se habían puesto sobre su pecho. La intención era intentar apartarle pero era inútil, pues era más fuerte qué yo, incluso era un poco más alto qué Aro.

- Carlisle... -Musité con un poco de temor.

- ¿Por qué él, Esme? Dame una explicación. -Su respiración estaba agitada, parecía estar conteniéndose quizá para no besarme y también parecían desesperadas sus palabras.

- Carlisle, no tengo nada qué explicarte. Es mi vida y... amo a Aro.

- No, no le amas, Esme. Mírame a los ojos y dime qué no sientes nada por mí, ¡Dímelo!

- Por favor, Carlisle...

- Dímelo, si realmente no sientes nada por mí te dejaré, no te molestaré. Podrás ser feliz con él. -Ahora su voz se había calmado y parecía triste. ¿Por qué quería abrazarlo y consolarle? Me estaba volviendo loca. Me esforcé a subir mi mirada a sus ojos. No quería mentirle, pero tenía qué hacerlo o no me dejaría.

- No siento nada por ti, Carlisle. -Mi voz sonó decidida, aunque amenazaba con fallar. No habían sido muchas las ocasiones en qué había compartido momentos agradables con él, pero todas esas veces me había sentido muy agusto a su lado.

- Bien... -Se separó de mí, como si el cuerpo le pesase. Volvió a poner en marcha el ascensor y picó a su planta. Para esta solo quedaban dos y se bajaría pronto. Quería ayudarle, calmar ese dolor qué seguramente estaba sintiendo, pero no sabía qué hacer. No podía corresponderle, estaba con Aro y él tendría que entenderlo.

Su mirada estaba fija en el suelo. Había metido sus manos en los bolsillos del pantalón. Subí mi mirada hacía sus ojos los cuales estaban humedecidos, ¿Iba a llorar? Dios. Suspiré y aparté la mirada para no sentirme aún peor.

Las puertas del ascensor se abrieron en la quinta planta y él ni siquiera se despidió al salir. No le di mucha importancia, tampoco iba a reprochárselo. Él ya iba a sufrir bastante.

Cuando llegué a mi planta caminé con paso decidido hasta mi consulta. Entré y cerré la puerta acercándome hasta mi silla y dejándome caer sobre ésta. Apoyé los codos sobre la mesa y llevé mis manos a la cabeza, cerrando los ojos. Así dejé volar mi mente hacía uno de los días qué mejor lo había pasado con Carlisle.

FLASH BACK

Estábamos dando un paseo por el parque. Había quedado una tarde con Carlisle pues no tenía nada qué hacer y además él había insistido bastante.

El parqué estaba lleno de niños corriendo detrás de la pelota, otros iban en bici o patinete, con sus graciosos cascos llamativos. Llamaban a sus padres para qué les viesen como jugaban con sus cosas y estos sonreían orgullosos de sus hijos.

Mientras caminaba junto a Carlisle, relajada, pensaba en como sería ser madre. De siempre había sido mi sueño y cada vez qué cumplía un año más veía esa posibilidad más remota. Quizá no estaba hecha para ser madre y ni siquiera para tener un buen marido qué me quisiese.

No me quejaba de mi vida, claro, era tranquila, con un buen trabajo y tenía amigas, aunque con la qué más hablaba era con Alice.

- ¿Nunca has pensado en tener hijos, Esme?

- Bueno... siempre he querido ser madre, Carlisle, pero no he encontrado a la persona qué pueda cumplir ese sueño -Me encogí de hombros, abrazándome a su brazo mientras caminábamos.

- Una mujer tan hermosa no debería tener problemas con eso, ¿Acaso no te gusta nadie?

- ¿Por qué un hombre tan apuesto no tiene pareja? Tienes buenos partidos en el hospital y tienes a las enfermeras locas. -Carlisle soltó una pequeña risita dirijiendo la mirada hacía mí, mostrándome finalmente una amplia sonrisa.

- No he encontrado a la persona adecuada, Esme. ¿Nos sentamos?

Tan solo asentí mientras le daba vueltas al tema. Sabía de sobra cuantas chicas babeaban por él en el pasillo, incluso en algún momento me había molestado. ¿Había sentido celos? No, no creo. Lo qué seguía sin entender es qué no escogiese a ninguna para ningún rollo. ¿Sería virgen? Ante este pensamientos me sonrojé e intenté disimularlo mirando hacía otro lado. Qué cosas pensaba..

Ambos tomamos asiento. Durante la tarde estuvimos hablando de porqué habíamos elegido ser médicos y el porqué precisamente habíamos escogido nuestras especialidades. Todo se resumía a qué amábamos ayudar. Él a su manera en sus especialidades y yo a la mía como pediatra. Ya qué no podía tener hijos, ¿Por qué no ayudar quiénes sí tenían?

La tarde iba cayendo. Poco a poco los niños se iban con sus padres de vuelta a casa. Seguro qué al llegar les esperaba una ducha y al salir, ya con sus pijamas puestos, irían a cenar y luego a dormir ya qué mañana tendrían colegío. Envidiaba a esas madres pues tenían una vida perfecta, una vida qué yo deseaba.

- ¿Quieres volver a casa? -Preguntó con voz melosa, lo qué hizo qué alzase mi mirada hacía él, mostrándole una pequeña sonrisa mientras negaba con la cabeza. Estaba realmente agusto con él y no quería volver aún. No quería alejarme. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y cerré los ojos.

- Esme...

- Dime...

- Nada, no importa

Alcé mi mirada hacía él curiosa. Quería saber qué era lo qué iba a decirme, pero Carlisle tan solo me sonrío con dulzura dejando una suave caricia en mi mejilla. Suspiré relajada.

No quería irme a casa, pero estábamos alargando demasiado el momento y ambos sabíamos qué iba a pasar.

FIN DEL FASH BACK

Se me saltaron unas lágrimas al recordar ese momento. Había pasado unas semanas antes de empezar a trabajar más con Aro como el oncologo de mis niños enfermos de cáncer. Eso había traído como consecuencia qué Carlisle y yo apenas nos viésemos.

Había elegido a Aro por sus diversas cualidades y tan solo había rechazado a Carlisle por su celosía.

Ahora parecía una tonta llorando por Carlisle, por el dolor qué le había causado, pero no me arrepentía de mi decisión. Sabía qué sentía algo por Carilsle aunque hubiese dicho lo contrario, ¿Pero qué hacía? Si le decía qué sentía por él no me dejaría tranquila ni a mí ni a Aro y yo necesitaba paz. Necesitaba tener una relación fuera de problemas ajenos. Fuera de rumores qué se pudiesen formar al ver a Carlisle tontear conmigo, intentando recuperar algo qué nunca había sido suyo.

A medida qué la mañana iba pasando y gracias a la distracción qué me ofrecía mi trabajo, fui dejando un poco de lado los pensamientos hacía Carlisle.

Esperaba qué en mi hora de descanso Aro no viniese a buscarme. Debía estar echa un desastre después de las lágrimas de esta mañana y mi expresión decía qué algo me pasaba y tendría qué contárselo, pues no podía mentirle.

Después de ponerle una pequeña benda en el pie a un niño de unos 10 años por haberse esguinzado el tobillo, me senté en mi silla y le receté una pomada qué tendría qué ir a la farmacia a comprar. Cuanto la madre y eñ niño se habían ido pude volver a relajarme un poco pues tenía diez minutos antes de mi siguiente paciente.

FLASH BACK

- ¿Qué me dices de ir a comer después de nuestro turno?

Carlisle estaba sentado frente a mí, como si fuese un paciente qué venía a una revisión con su doctora. Ambos sonreíamos mientras nos mirábamos mientras yo jugaba un poco con él, negándome primero a ir a comer con él.

- No sé, Dr. Cullen, ¿Seguro qué me llevará a comer y no me secuestrará? -Me mordí el labio por dentro para no echarme a reír ante tal ocurréncia.

- Oh, me ofende, Dra. Platt.

- Hay qué ir con mil ojos, Dr. Cullen, nunca se sabe qué puedes encontrarte.

- ¿Eso quiere decir qué vendrás a comer conmigo?

- Puede.

- ¿Te paso a recoger por aquí a las tres?

- A las tres, no se retrase, Dr. Cullen.

- No lo haré, señorita Platt. -Mostró una radiante sonrisa. En su mirada se le notaba qué estaba ilusionado, contento y feliz. No me había dado cuenta hasta ahora cuento me gustaba verle así.

FIN DEL FLASH BACK

¿Por qué lo recordaba todo ahora? ¿Por qué justo cuando decido qué puedo ser feliz con Aro tengo qué darle tantas vueltas a lo poco qué pasó con Carlisle? Empezaba a sentirme muy mareada. Me llevé la mano a la cabeza y me levanté, viéndome obligada a agarrarme a la pared qué había a mis espaldas.

Sentía qué iba a caerme de un momento a otro y fue entonces, cuando al cerrar los ojos, caí al suelo. Escuché la voz de una de mis auxiliares avisando a un médico. Escuché voces a mi alrededor pero cada vez las entedía menos. No sabía qué me decían y yo solo quería gritarles qué se callasen, pero eso no sucedía, ni siquiera salía un sonido de mis labios.

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Me desperté bastante desorientada. Al principio me costó abrir los ojos por la luz de los fluorescentes, pero al conseguirlo miré a mi alrededor. Al parecer estaba sola en una habitación de hospital, tumbada sobre una camilla con los pies de la cama levantados. Llevé mi mano a la frente. Me sentía realmente cansada y estaba algo confusa de lo qué había pasado. ¿Qué hora sería? Tenía que volver al trabajo, tenía pacientes a los qué atender. Quisé incorporarme pero un dolor punzante en la nuca hizo qué volviese quedarme tumbada.

Madre mía, todo me daba vueltas aún, así qué volví a cerrar los ojos intentando relajarme. Entonces escuché la puerta abrirse y los pasos de alguien acercarse hasta la cama. Abrí los ojos creyendo qué vería a Aro, pero no, era Carlisle quién entraba con una plancheta en sus manos y un bolígrafo. Dios, ¿Estaba en cardiología? Lo qué me faltaba...

- ¿Cómo te encuentras? -Preguntó de manera profesional, como si fuese una paciente más. Eso hizo qué hiciese una mueca de disgusto.

- Confusa y mareada. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy en tu unidad? ¿Tan grave es la cosa?

- Te ha dado un bajón de tensión, Esme. ¿Cuando fué la última vez qué comistes?

- Ayer por la tarde... pero anoche me tomé un zumo y esta mañana otro..

- Sabes qué eso no es suficiente, ¿Verdad? Avisaré a la enfermera para qué te ponga una vía con suero. Parece qué te has deshidratado. Tendrás qué quedarte esta noche bajo observación.

- ¿Es necesario, Carlisle? Estoy bien, comeré algo y volveré al traba..

- Es necesario. -Me cortó y yo tan solo suspiré resignada.

- ¿Y el trabajo? No puedo dejarlo así sin más.

- Ya han cubierto tu puesto, Esme. Volveré a pasar para ver como evolucionas y depende como estés mañana te daré el alta.

- Está bien... -Suspiré. Parecía tan serio. Me molestaba verle así, pero tampoco le culpaba.

Carlisle después de apuntar algunas cosas en el informe, salió sin decir nada más. Ni siquiera se había despedido. Intenté olvidarme de su comportamiento y de todo cuanto había estado pensando toda la mañana. Necesitaba dormir aunque sabía qué la enfermera entraría de un momento a otro para ponerme la vía, pero me daba igual.

Cerré los ojos con la intención de dormir hasta qué finalmente lo conseguí.

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Era por la tarde y Aro no había pasado a verme, ¿Dónde estaría? Su turno en teoría había acabado hacía varias horas. Estiré mi mano hasta el mando de la cama y bajé los pies, subiendo el cabezal, incorporándome con cuidado de no tirar del cable de la via.

La comida qué me habían traído estaba asquerosa. La tortilla parecía plástico compacto, ni siquiera podía cortarla con el tenedor. ¿Con esto pretendían qué los pacientes comiesen para ponerse bien? Mirases por donde mirases la comida, no entraba ni por los ojos. Por suerte la merienda había estado mejor. Me habían traído un zumo y unas galletas, para mí era más que suficiente.

De repente la puerta se abrió y dió paso a mi joven amiga, quién venía seria. Fruncí el ceño un momento pero en seguida suavicé mi expresión y le sonreí ligeramente.

- ¡Esme!

- Hola Alice, no hacía falta qué vinieses, estoy bien. El doctor ha exagerado un poco...

- ¿Exagerado? El Dr. Cullen me ha dicho qué ha pasado, ¿Estás loca? No puedes estar sin comer y menos aún estar a base de zumos!

- Lo siento, ¿Cómo es qué has visto al Dr. Cullen?

- Me lo he encontrado por el pasillo y le he preguntado si sabía dónde estabas.. No sabía qué era él, pero se ha presentado y me ha traído hasta aquí. No me habías dicho qué fuese tan guapo.

- Es imposible qué Carlisle esté... Acaba el turno a las tres, como yo...

- Pues ahí estaba, Esme. -Se encogió de hombros sentándose a mi lado.

- ¿Y no has visto a Aro? -Fruncí el ceño un tanto preocupada.

- ¿Aro? ¿El chico qué fue a tu casa? No, no le he visto.

- ¿Me dejas tu móvil? No ha venido y estoy preocupada..

Alice suspiró y me pasó su móvil. Marqué el número de Aro y lo llamé, varias veces, pero en ambas me salió el contestador. ¿Por qué no contestaba? ¿Por qué no venía? Quería verle pero al parecer le importaba poco como estuviese.

Mejor no sacaba las cosas de quicio. Seguro que estaba haciendo algo importante. Le devolví el móvil a Alice y suspiré.

- ¿Estás bien, Esme?

- Sí, creo qué sí. Alice, vete a casa tranquila, mañana me darán de alta y te llamaré.

- ¿Estás segura?

- Completamente.

Alice me dio un suave abrazo cual correspondí. No quería qué se preocupase por mí en estos momentos. Realmente solo quería volver a casa pero Carlisle no me iba a dar el alta hasta mañana. Otra cosa qué rondaba por mi cabeza era porqué estaba de turno cuando no le tocaba. Suspiré. Vi a Alice salir después de despedirse y yo me encogí en la cama, tapándome hasta los hombros con la sábana.

Había pasado un buen rato y había intentado no preocuparme más por Aro, pero iba a tener qué darme explicaciones de porqué ni siquiera me cogía el teléfono. De repente volvió a abrirse la puerta dando paso a Carlisle. Esta vez no venía con plancheta, así que suponía qué venía a hacerme una rápida revisión.

- ¿Te encuentras mejor? -Esta vez su voz sonó más suave, mientras se sentaba en el sillón, a mi lado.

- Sí, algo mejor...

- ¿Quieres qué te ponga dinero para la televisión? Así no te aburrirás.

- No, gracias Carlisle, pero no quiero ser una molestia. ¿Qué haces trabajando a estas horas? Se te nota cansado.

- He hecho un cambio de turno porqué el compañero de la tarde tenía asuntos qué arreglar en casa.

- Vaya, si no tienes trabajo deberías ir a descansar. No deberías perder el tiempo conmigo.

- Y no estoy perdiendo el tiempo. Estoy visitando a una de mis pacientes. -Vi como mostraba una pequeña sonrisa, aunque no estaba muy segura de ello.

- Carlisle... -Sabía qué no estaba bien lo qué iba a preguntarle porqué sabía qué le dolería, pero tenía que quitarme la duda.- ¿Has visto a Aro?

- Aro se fue al final de su turno. No ha dico a donde. -Se encogió de hombros de nuevo serio. Hice una mueca. Así qué se había ido..

- Vaya...

- En seguida te traerán la cena, espero qué te la comas. Pasaré antes de irme a ver como vas y así podré ver si has mejorado para darte de alta o no. -Se levantó de su silla y se inclinó hacía mí, dejando un beso en mi frente. Había sido un acto muy tierno qué casi consigue hacer qué me saltasen las lágrimas.

Estaba sensible por el simple echo de qué Aro no se había molestado en venir a verme y qué Carlisle fuese tan atento...

- Carlisle. -Dije antes de qué saliese por la puerta, el cual se giró para mirarme.- Gracias. -Le mostré una pequeña sonrisa y él se fue, cerrándome la puerta.

Me encogí en la cama y entonces empecé a llorar en silencio. No podía más. Había sido un día muy intenso, lleno de fuertes emociones. Nunca me había sentido así y esperaba qué no volviese a pasar.

Por otro lado me dolía la falta de interés del qué se suponía qué era mi pareja. Quizá no me quería tanto como decía, quizá solo estaba jugando conmigo... Me metí bajo las sábanas mientras lloraba en silencio, desahogándome completamente de todo lo qué sentía.

- ¿Cariño? -La voz de Aro me sobresaltó. Me sequé rápidamente las lágrimas antes de salir de debajo de las sábanas. No dije nada esperando una explicación.- Lo siento, cariño. Tenía qué hacer unos recados. -Puso su mano sobre mi mejilla y fue secando las lágrimas.

- ¿Todo el día con recados, Aro..? -Odiaba ser desconfiada, pero me había dado motivos.

- Sí, cariño. Perdóname. Esta noche me quedaré contigo. He leído el informe y a partir de ahora voy a asegurarme de qué comas.

- Ya... -Suspiré retirando su mano de mi mejilla y secándome yo misma las lágrimas.

- ¿Me perdonas? Te compensaré en cuanto salgas de aquí... ya lo verás.

- Pensé qué no querías verme y qué no te importo...

- Me importas más qué a nada, no seas tonta... -Se inclinó hacía mis labios y dejó un suave beso, cual sin dudarlo le devolví.- Lo siento..

- Está bien, te perdono... -Sonreí levemente y le rodeé el cuello con mis brazos teniendo cuidado de la vía, claro. Lo acerqué hasta mis labios y volvimos a fundirnos en un suave beso.

Aro efectivamente se había quedado conmigo toda la noche. Me había obligado a qué me comiese toda la cena. En cuanto a Carlisle no había vuelto a verle a pesar de qué había dicho qué pasaría. Suponía qué se había ido a casa, se le notaba cansado pues llevaba todo el día trabajando.

Ahora con Aro a mi lado pude descansar más tranquila incluso más contenta. Le tenía a mi lado, ¿Se podía pedir algo más?

Espero qué os guste. Volveré a actualizar en cuatro o cinco días.

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