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Okaeri
Al día siguiente el viejo volvió y, como prometió, me contó el resto de la historia.
Al morir Izumi, Amaterasu quedo al cuidado del orfanato del pueblo, y un día, la mujer del gobernador, la adoptó, ya que ella no podía tener hijos. Al poco tiempo ella murió también, quedando sola con su padre adoptivo.
El anciano nunca pudo volver a verla, hasta hace un par de años atrás. La reconoció una noche de inmediato, esos ojos no podía olvidarlos. Quiso acercarse para hablar con ella, pero nunca pudo ya que o iba acompañada de los asistentes del gobernador o pasaba sola tan rápido que nunca tuvo la oportunidad de hablarle.
Me contó también que el pueblo estaba casi despoblado gracias a la política corrupta y mafiosa del mismo hombre que la gobernaba. Se decía en el pueblo que utilizaba ninjas renegados para cumplir con sus mandatos y nadie se atrevía a cuestionarlo.
También se decía que Kage –como la llamaban- fue criada para seguir el mandato de su padre como una persona hostil, un ninja peligroso, al que todos tenían miedo y que nadie en un futuro se atrevería a desafiarla.
Leyendas del pueblo decían que esa joven con solo mirarte podía hacerte pasar las peores pesadillas o matarte de un suspiro. Algunos decían que tenía ojos casi blancos, y otros decían que sus ojos eran rojos carmesí. Para el pueblo, ella era un monstruo, estaba maldita. Nadie se atrevía nunca a dirigirle la palabra por el terror que hacia sentir tan solo su presencia.
Allí comprendí que el bastardo estaba utilizando el Kekkei Genkai para su conveniencia, para causar miedo y controlar el pueblo a través del terror. Me daba asco esa persona.
Mientras el viejo me detallaba todas las atrocidades que cometía con el pueblo y su gente a través de los años, sentía un instinto asesino dentro de mí que hacia mucho no sentía. Quería matarlo. Hacerle sufrir por utilizar a mi hija, aterrorizar al pueblo y así hacerse llamar gobernador.
Maldito infeliz. Hacia mucho no sentía tanta ira dentro de mí.
Había aprendido que la venganza no iba a llevarme a ningún lado. Pero definitivamente este tipo tenia que sufrir y yo seria el que lo llevaría a eso.
Aunque no iba a ser fácil. Vivían en un recinto de alta seguridad, con muchos ninjas renegados a su cargo y vaya a saber uno de que tipo de cosas era capaz. Tenia que organizarlo bien. Pero sabia que no iba a poder hacerlo solo. Tendría que volver a Konoha a informarle a Naruto y mover algunos hilos sobre el país de la Tierra para poder derrocarlo.
Además, tenia que hablar con Sakura.
¡Maldición! No tenia idea como puta hacer para que su familia aceptara esto que le pasaba. No tenia idea como hablar con Sakura. Sabía que nunca entendería esto y mis hijos tampoco. Tendría que hablar con ellos y decirles que tenía una hija bastarda de la que no tenia idea, y que la traería a la aldea…. porque claro estaba que no iba a abandonarla.
Esa pobre muchacha, todo lo malo que paso, toda la vida de mierda que tuvo, fue por ser hija mía, por ser una Uchiha.
Tengo una hija. Mierda, tengo una hija. ¿Cómo hacer para hablar con mi familia y hacerlos entender, si ni siquiera yo lo había terminado de digerir completamente? Pero tenia que hacerlo, debía intentarlo.
Amaterasu, quien quiera que seas. No estás sola. No te dejaré sola.
…
Emprendí el viaje de vuelta a la aldea, cavilando sobre la situación. Estaba malditamente nervioso. No quiero que Sakura se aleje de mi lado, pero tampoco puedo abandonar a Amaterasu. No quiero alejarme de mis hijos, pero tampoco puedo dejarla sola en medio del sufrimiento.
Yo sé lo que es sufrir tantos años, tantas penas, sufrí lo mismo que ella. Comparto el mismo dolor, la misma soledad. Pensar todas las noches que esa niña debe de haberse dormido llorando sola – en parte por mi culpa-, me rompía el corazón en mil pedazos.
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Cuatro días después llegue a la aldea en medio de la noche. No dudé y fui directamente a la casa de Naruto. Necesitaba hablar con alguien.
Toque su puerta y me abrió la puerta al instante, ya sabia que era yo.
-Necesito hablar contigo, a solas- Le dije serio. Entro a su casa, se puso algo de ropa y salimos.
Era una noche tan fría que se te congelaban los pies. Caminamos por la aldea en silencio por un rato hasta que llegamos a un parque y nos sentamos en una banca.
No podía hablar. Pero él sabía que necesitaba tiempo. Quien diría que Naruto iba a quedarse sin palabras en una situación así, pero el tiempo lo volvió algo astuto y espero a que empezase a hablar yo.
-No se como decir esto... tengo una hija.
El dobe casi se desmaya.
Le conté todo lo que había pasado en esos días. Me desahogué con el. Hablamos de todo, me pregunto que tenía pensado hacer y en que necesitaba ayuda. Sabia que no me abandonaría en esta situación, el idiota me apoyaba.
Le conté el plan de hablar con las autoridades el país para plantear la situación como un acción política, para salvar al pueblo y a su gente que tanto sufría al mandato de ese hombre.
Dijo que iba a hacer todo lo posible, que mañana mismo iba a empezar a mandar cartas y a organizar reuniones para organizar el derrocamiento del gobernador, pero que iba a tardar por lo menos una semana.
Bien, tenía una semana para resolver las cosas en casa. Y para hacerme la idea de que iba a traer otra hija a mí casa.
Nos despedimos, prometiéndome que haría todo lo que estaba a su alcance, y asegurándome que tenía su apoyo en cualquier decisión que tomara. Era un buen amigo.
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Cuando llegué a la mansión, todo estaba en silencio. Claro, era de madrugada, y todos debían estar dormidos. Fui a mi habitación, deje mis armas y me cambie de ropa, en silencio y si prender la luz para no despertar a Sakura.
Baje y fui hasta la habitación de los chicos. Los fui a revisar uno por uno, para asegurarme que estaban bien.
Kenta dormía tranquilo, tenía aun el uniforme de Anbu, seguramente habrá llegado y se habrá desvanecido del cansancio. Siempre poniendo su mejor esfuerzo en todo.
Me hacia acordar tanto a Itachi. Era como el genio de la familia, pero nunca se lo diría a mis hijos, nunca me permitiría hacer diferencias entre ellos.
Daiki y Daisuke, roncaban ambos. Eso lo habían sacado de Sakura seguramente, porque cuando duermen tan profundo roncan como el infierno.
Daiki se había dormido leyendo un libro, lo tome y lo deje en su escritorio, era muy inteligente y dedicado a lo que hacia, eso también lo saco de Sakura. Daisuke, parecia estar soñando o algo, porque movía sus brazos y decía cosas inentendibles entre sueños. Hasta mientras duerme esta dando batalla.
Souta y Taichi, estaban dormidos en el piso de su habitación entre kunais de juguetes y peluches. Los tome en brazos y los lleve cada uno a su cama, los arropé para que estuvieran seguros y ni siquiera se inmutaron. Día cansador en la academia habrán tenido.
Por ultimo fui a la habitación de Rokuro, pero no estaba allí.
Ese pequeño demonio, ya sabia donde encontrarlo.
Subí hasta la habitación, entré y me acerque a la cama que comparto con Sakura. Me adentré entre las sabanas y cubrecamas, y allí estaba el enano. Abrazado a Sakura bajo las sabanas. Ni me había dado cuenta que estaba allí en un principio.
¿Dónde mas iba a estar, si no era entre los brazos de su mamá?
Cuando quise acomodarme para dormir, se despierta y me mira soñoliento, refregándose los ojitos. Yo me llevo un dedo a la boca, haciéndole señal de silencio para no despertar a su madre, y asiente.
Entonces sucede lo que siempre me hace sentir en casa, lo que hace que no quiera irme nunca. Gatea hasta mí, se sube arriba mío, me abraza y se duerme en mi pecho. Es un enano comprador, eso lo aprendió de su madre seguramente, saber como hacerme sentir querido sin decir una palabra, solo ellos lo sabían.
Me quedé mirándolo un rato, era tan pequeño en comparación a mí. Acariciando su rosado cabello y sintiendo su tranquila respiración, me puse a pensar en lo que se venía. Nunca quería dejar de estar así, pero debía aceptar que tenía terror de que la aparición de Amaterasu en mi vida iba a cambiar todo.
Pensé en ella.
¿Dónde estaría durmiendo? ¿Estaría bien abrigada del frío? ¿Habrá sentido alguna vez este calor, que siento ahora? ¿El calor de una familia que te espera en casa?
Allí mismo lo decidí. Decidí que quería que ella sintiera esto. Que se sintiera querida, esperada, respetada, amada.
Siento moverse a Sakura a mi lado, y al no encontrar a Rokuro abre los ojos. Nuestras miradas se encuentran y ella sonríe adormilada. Se acerca a mí, me da un corto beso en la mejilla, y se acomoda para seguir durmiendo abrazada a mí y al enano.
Esos ojos, esa sonrisa y ese beso, tan propios de ella -y solo de mi Sakura- decían okaeri.
Ya estaba en casa.
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