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Otro mas para la lista
Sentí a alguien entrando en la habitación. No abrí los ojos, porque sabia de quien se trataba.
Souta, Taichi y Rokuro siempre vienen a despertarme después que llego de misión. Según ellos es su forma de darme la bienvenida.
Los siento que se mueven lentamente, y se acomodan uno a cada lado de la cama, Taichi subiendo por mi derecha, Rokuro por mi izquierda, y Souta por mis pies.
Tres… dos…. ¡uno!
Me levanto de repente y comienzan a gritar y a reírse, intentando escapar.
Rápidamente agarro a Taichi, el que tenia mas cerca, y lo envuelvo bajo las sabanas atrapándolo, tomo a Rokuro de un pie y lo arrastro atrapándolo también, por ultimo me estiro un poco para hacer lo mismo con Souta, y lo levanto de los piecitos en el aire.
Sus hermanos salen de su prisión blanca y se tiran arriba mío gritándome para que suelte al hermano prisionero, que se estaba matando de risa.
Lo dejo suavemente sobre la cama, y con una sonrisa en la cara vuelvo a tirarme, disfrutando de cómo los tres se mataban de la risa arriba mío.
-Papá eso no vale, ¡siempre nos atrapas! – Dice Souta entre risas.
-Si papá, ya sabemos que nos escuchas, no nos engañas a nosotros- Completa su mellizo.
-Y aún así siempre los atrapo a los tres- Respondo provocándolos.
-Papá hace rampa - Dice torpemente Rokuro mientras se sube a mi almohada para meter sus manitas entre mi cabello.
-Se dice trampa Rokuro – Corrige Souta jugando con los dedos de mi mano.
-¿Cómo te fue en la misión papi? – Pregunta Taichi.
Recordé lo que había pasado, y un sabor amargo me vino a la boca. Por un momento había olvidado todo lo que paso, y todo lo que me esperaba.
-Bien- Les mentí. Aunque ellos no se dan cuenta todavía, no me gustaba mentirles.
-Claro que le fue bien Taichi ¡papá es el mejor ninja del mundo entero! A el nunca le va mal- Dijo Souta a su hermano, mientras hacia ademanes con sus manitas y tirándose en la cama a mi lado.
Con un nudo en la garganta, sonreí de lado nuevamente. Definitivamente eran mi luz.
-¡Bueno, bueno! ¿Qué pasa aquí? Dejemos de molestar a papá y vayan a lavarse los dientes… el desayuno estará listo en 20 minutos.- Dijo Sakura mientras entraba en la habitación todavía en piyama, bajando a los niños de la cama.- Vamos, vamos, todos a alistarse para la academia. Taichi ayuda a tu hermano por favor.
Taichi tomo la mano de Rokuro, y los tres se fueron a vestirse. Me levanté y los observé mientras bajaban las escaleras con cuidado. Una vez que estuvieron ya abajo, a salvo, salieron corriendo a sus cuartos.
Entré de nuevo, cerrando la puerta tras de mi. Sakura estaba en ropa interior. ¡Diablos! todavía no podía creer que conservara ese cuerpazo luego de cuatro embarazos –dos de mellizos-.
Me senté en el borde de la cama deleitándome con el cuerpo de mi mujer. No sabía como empezar a contarle todo.
-¿Como te fue en la misión?- Pregunta inocentemente como de costumbre.
Aun no estaba listo para hablar. Me acerco a ella, que estaba buscando un vestido para ponerse. Pero aun no quería que se vistiera.
La abrazo por detrás, poniendo mi cabeza en su cuello, respirando su perfume, haciendo que sienta mi erección sobre ella. Automáticamente pone una mano sobre las mías, y con la otra me toca la mejilla y el cabello.
-Supongo que eso es un "bien", ¿no?- Dice sonriendo.
La doy vuelta, y la beso. La necesito, necesito sentirla y que todo este bien entre nosotros. Tal vez sea el último momento en el cual pueda disfrutarla antes que deba hablar. Necesito sentirme dentro suyo, hacerla mía, sentirla cerca. No quiero alejarme de esto.
La elevo en el aire, empotrándola sobre la pared más cercana, ella se abraza con sus piernas a mi cintura y pone sus brazos alrededor de mi cuello.
Maldición, esto va a ser delicioso. Hace más de una semana que no la hago mía, y ya estaba volviéndome loco.
Beso y mordisqueo sus pechos mientras ella hace un esfuerzo por no gemir en voz alta. Los niños estaban abajo. Pero escuchar su respiración entrecortada solo me desespera mas y me bajo el pantalón de piyama, liberando mi erección.
La beso, y luego de correr un poco sus bragas, la penetro.
Dios, como ansiaba esto. Estar dentro de Sakura por la mañana, es como estar en el cielo.
La sujeté de las piernas y comencé a penetrarla con fuerza una y otra vez. Y escuchar su espalda rebotar contra la pared con cada embestida y su respiración entrecortada acorde a ellas, solo me ponía mas enfermo del placer.
Quería sentirme tan adentro suyo que nunca me pueda alejar de ella. No quería que ella se aleje de mí. No podría resistirlo.
Ella apoyo la cabeza contra la pared, nuestras respiraciones comenzaban a agitarse y aun con mucho esfuerzo para evitarlo, ella comenzaba a gemir débilmente. La miré a la cara, tenía los ojos cerrados. La tome del cabello e hice que me mirara. Necesitaba sentirla toda entera aquí conmigo, que me mire a los ojos.
Se me escapa un gruñido, sentí sus senos aplastados contra mi pecho y sabía que estaba llegando.
Ya no podía controlarme, empecé a cogermela con más fuerza, penetrándola hasta el fondo, hasta que la sentí llegar. Lleve una mano a su boca para tapar sus gemidos y ella clavo sus uñas en mi espalda.
Esta mujer me volvía loco, la penetre un par de veces mas y me sentí rozando el cielo, corriéndome dentro de mi mujer, sintiendo como los restos de su orgasmo hacían que sus paredes atraparan mi miembro.
Delicioso.
Éxtasis.
Sin moverme, ni soltarla apoye mi cabeza en la pared, con mi respiración agitada, intentando recuperar el aire. Ella, abrazándome, apoyo su rostro de lado en mi hombro, también recuperando el aliento, mientras me repartía pequeños besos en el cuello.
Mierda Sakura, ¿cuánto te va a durar ese amor cuando abra mi bocota y te cuente que nuestras vidas darán un giro de 180º?
Aun dentro de ella, alce mi cabeza y la obligue a mirarme. Apoyó su frente contra la mía y poniendo sus manos a los lados de mi cara, me besó.
Me besó con toda esa veneración que siento hace años. Me beso dulcemente, rompiendo mi maldita alma en mil pedazos.
Ese beso decía te extrañé.
Entre nosotros no existen palabras, nos decimos todo con acciones. Algo que aprendes luego de 17 años de matrimonio.
Sus pies tocaron el suelo y deshizo su abrazo. Pero yo no quería soltarla aún. Deje mis manos en sus caderas, y me miró con esos ojazos verdes. Era malditamente hermosa. La perdición en persona.
Y era mi esposa. Toda mía.
Nunca me habría imaginado estar tan colado por mi mujer. Cuando empezamos a salir fue con la idea de demostrarle que estaba agradecido por lo que ella había hecho por mi toda nuestra vida, un cariño tal vez… ¿amor? No. Recién llegado de mi viaje de redención, tenía los pensamientos a flor de piel y sentí que debía hacerlo.
Pocos meses después ella quedó embarazada de Kenta, y nos casamos. Los primeros años fueron solo para representar un papel. Era algo que debía hacer, para tener una familia y que mis futuros hijos estén cómodos; entonces debía tener una mujer que desempeñara el papel a la perfección y sabía que Sakura era una perfecta candidata.
No descuidaba la casa, había criado a los chicos a la perfección, era una madre amorosa, muy buena amante y atenta esposa.
Pero en los últimos años me había dado cuenta que desarrollé una total dependencia hacia su persona. Eso debía significar algo, y comencé a mirarla con otros ojos.
Digamos que sabia que era una mujer bonita, pero no fue hasta entonces que aprecie que era sino una de las mujeres mas bellas de Konoha. Cada vez que llegaba a casa de alguna misión y ella no estaba, me sentía vacío por dentro, necesitaba toda esa energía luminosa que emanaba en la casa. Necesitaba de su luz, de su sonrisa. La necesitaba.
…
Y necesitaba que cada vez que ella iba al mercado, el carnicero, el verdulero y el panadero dejaran de babearse arriba de mi mujer.
Malditos idiotas. Tuve que obligarla a que cambie de mercado… y a ponerse vestidos más largos.
Hasta que un día tuve que resignarme y aceptarlo, me había enamorado de esa molestia de pelo rosado. Y mierda que estaba enamorado… Gracias a eso, vinieron los últimos tres de la familia.
-¿Qué sucede Sasuke-kun?- Pregunto, mirándome preocupada. Sabe leerme como un libro abierto. Sabe que le estoy dando vueltas a algo.
-Luego de desayunar, hablamos. Es sobre la misión- Respondo
-¿Es algo malo?
Vamos Sakura, no me hagas mentirte.
-No lo sé- Sinceramente le contesto, y ella estaba a punto de comenzar a indagar, pero se escucha un grito de abajo.
-¡Mamá! ¡Los chicos están peleando de nuevo en el salón!- Escuchamos gritar a Kenta.
-¡Ya voy!- Responde Sakura mientras la libero de mi abrazo.- Vístete Sasuke-kun el desayuno ya esta listo y los niños deben irse.
Se pone un vestido del armario, me da un corto beso y sale de la habitación.
Salgo al balcón que da al patio de la mansión para tomar aire… y valor.
Esto va a ser más difícil de lo que pensé.
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Ya terminando de desayunar, Sakura comienza a levantar la mesa con ayuda de Daiki – según la organización semanal, hoy era su turno… idea de Sakura-, los demás se van a hacer sus cosas.
Kenta sale a entrenar con Daisuke. Souta y Taichi corren hacia la academia. Y luego de lavar los platos y la cocina, Daiki se va al hospital, tiene clases con Tsunade.
Rokuro, ya para esta hora, luego de tomar su biberón, se toma una pequeña siesta. Sakura lo deja en el corral de la cocina, y sale al patio donde me encontraba bajo el gran árbol de cerezos que tenemos a un lado del patio.
Lo plantamos al poco tiempo de casarnos, al mudarnos a la mansión una vez que terminamos de construirla. Fue como honor al comienzo de nuestra nueva familia. Quién diría que aquí mismo, 17 años después, también podría darse el exacto momento donde termine.
Se sienta a mi lado, con una taza de té en las manos. Sabe que aborrezco el té, así que era inútil traerme una. Mentalmente, le agradezco ahorrarme el decirle que no.
Estoy putamente nervioso. Me sudan las manos y me corre el corazón a mil. Ya cálmate maldito cobarde.
Ella me mira y me sonríe.
Basta Sakura, no me lo hagas más difícil.
Miro al suelo, suspiro… y comienzo.
-Debo contarte algo que pasó hace mucho tiempo Sakura, solo… escúchame hasta el final– Ella asiente preocupada- ¿Recuerdas que te he contado siempre historias de mi viaje de redención? Sabes por donde anduve y lo que estuve haciendo mientras estaba fuera de la aldea.
Hago una pausa, tomo valor y prosigo.
-Sabes muy bien también, que a lo largo de esos dos años, tuve… encuentros con un par de mujeres. –Me mira extrañada y asiente- Una de ellas la conocí en un pueblo en las afueras del país de la Tierra, donde me estuve hospedando un tiempo. Un lugar horrible, lleno de ninjas renegados y un ambiente horrible. Y una noche mientras volvía de entrenar, la conocí a Izumi. Ella estaba siendo perseguida un par de hombres y gritaba por ayuda, y yo solo… fui a ayudarla, alejé a los hombres y la acompañe hasta que llegue a su casa a salvo. Me extraño encontrarme con una persona como ella tan, buena y compasiva en ese pueblucho horrible. Entonces sentí cierto interés por ella y…
-Guárdate los detalles, por favor Sasuke- Me interrumpió, mirando a la lejanía.
-Me quede en el pueblo unas semanas más, y luego seguí mi viaje. Nunca tuve intenciones de quedarme ni nada parecido, sabia que mi destino era estar aquí, así que una mañana continúe mi viaje y nunca mas supe de ella… hasta hace unos días atrás –Volvió a mirarme y paré de hablar.
Oh no, esa maldita mirada que me cortaba al medio.
Esa mirada decía otro más, otro error más para tu larga lista Sasuke.
Alejé mi mirada y tomando el ultimo ápice de fuerzas de mi interior. Le conté lo que había sucedido. Como Ren la había visto. Como había ido hasta allá. Como me encontré con el viejo de la posada. Como rememoré. La foto. La carta. Como me sentí. Y por ultimo como tenia pensado actuar.
Y esperé su respuesta.
…
No se hace cuánto tiempo estuvimos allí sentados sin hablar. Solo sé que necesita tiempo. La miré todo el rato, intentando leer sus expresiones, mientras su mirada estaba fija en algún punto en el horizonte. No se movió en ningún momento. Solo estaba ahí sentada, nadando en sus pensamientos.
Luego de pasar, lo que fue para mí, una eternidad así –y al borde de perder la paciencia- veo como comienzan a caer unas tímidas lágrimas de sus ojos.
Me sentía la peor mierda del mundo. Literalmente, quería morirme.
Quise acercar mi mano para limpiar sus mejillas pero automáticamente aleja mi mano.
-No me toques por favor Sasuke.
-Sakura yo…
-¡No! – alza la voz levemente, mientras sigue llorando- Ya has dicho suficiente.
Rokuro comienza a llorar, indicando que había despertado de su siesta. Ella se levanta rápidamente para ir a buscarlo -¿o para escapar de mi?-. Yo hago ademán de seguirla pero para su andar, interrumpiendo su camino y mirándome herida, me habla.
-Déjame sola por favor- Dice entre sollozos– Necesito espacio Sasuke.
Ouch. Eso dolió como mil katanas en la mitad del pecho.
Usualmente esa frase se la decía yo a ella, en nuestros primeros años de casados cuando estaba harto y cansado, y necesitaba estar solo. Y ahora la usó contra mí.
Duele como mil demonios.
La veo ir a buscarlo a Rokuro y abrazándolo, sube con él a nuestra habitación.
Vuelvo a sentarme donde estábamos, a la sombra del árbol, pensando que mierda hacer ahora. Miro hacia mi costado, donde Sakura estaba sentada anteriormente, y veo su taza de té vacía.
No se por qué pero siento que así va a seguir mi vida de ahora en mas. Como una taza de té vacía, fría, sin propósito, tirada en la mitad del patio.
Sopla un extraño viento y un pétalo de una flor de cerezo cae dentro de la taza.
…
Alzo la cara y miro al cielo.
Izumi si esa eres tú, por favor, tírame una mano por aquí. Para cuidar de nuestra hija necesito resolver primero las cosas con Sakura y los chicos.
Sopla el viento nuevamente y otros pétalos caen, pero ahora en mi rostro.
Y pensé en la disparatada idea que tal vez, ella me estaba escuchando.
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Ese mismo día Naruto manda una rana con un mensaje, diciendo que todo va viento en popa, y que las negociaciones con el país de la Tierra van a ser iniciadas mañana mismo, cuando quiere realmente hace las cosas bien el muy dobe.
Al mediodía Sakura bajó y sin mirarme ni dirigirme la palabra, dejando a Rokuro en su corral, comenzó a preparar el almuerzo.
Tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, y su cabello atado en una coleta, tal vez para que no se note que era un desastre.
No podía ver esa cara ni un segundo más.
No podía verla sufrir por mi culpa de nuevo.
-Iré de Naruto. Diles a los mayores que luego de cenar me esperen en el salón y hablare con ellos… –Dije cauteloso, no quería meter la pata de nuevo, así que intente alivianar lo que había sonado como una orden-… por favor.
Ella solo asintió. Yo tomé a Rokuro en mis brazos, le susurré un adiós campeón al oído, y le besé la coronilla, volviéndolo a dejar en su corral y diciéndome tau papi volvía a sus juegos.
Salí y justo en ese instante caminaban hacia la casa Kenta y Daisuke. No quería verlos a la cara, sentía vergüenza de mi mismo después de haber hecho sufrir a su madre.
Antes que digan nada, cuando estaba cerca de ellos y sin parar mi andar, les advertí.
-Cuiden la casa mientras no estoy, ya hablaremos en la noche. Quédense en casa y ayuden a su madre.- Y seguí caminando hacia la aldea. Deben haber sentido que algo estaba mal porque no dijeron ni una palabra, solo asintieron y siguieron su camino.
Sakura los necesita, quédense con ella.
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Pasé por la casa de Kakashi, para contarle todo y buscar consejo. El había sido un padre para mí aunque no lo quisiera, y siempre escuchaba sus consejos. Era un hombre bastante racional y que sabía ver el lado objetivo a todas las situaciones.
Luego fui de Naruto, ayudarlo con el papelerío iba a despejar mi mente.
Así, intentando distraer mis pensamientos entre papelerío, se hizo la hora de volver a la mansión. Era hora de hablar con los chicos.
No estaba seguro de cómo iban a reaccionar, pero tendrían que aceptarlo. Soy su padre, y deben confiar en mí. Aunque ni yo mismo confíe en mí…
En la mansión había mucho silencio. Los tres me estaban esperando como les dije, y seguramente luego de ver a su madre ya se habrían dando cuenta que algo grave pasaba.
Entré al salón y allí estaban, sentados, en silencio, mirando el fuego de la hoguera. Me miraron, expectantes.
Tome asiento en el sillón más grande del centro de la sala, y tomando algo de valor de no sé donde, dejé salir un profundo suspiro y comencé a explicarles todo.
-Ya sabrán que hay algo de lo que quiero hablarles…
-¿Qué hiciste?- Preguntó violento Kenta. Sentía su mirada quemándome, pero aun así no lo miré; presentía que iba a ser él el que tomara la palabra de los tres pero no esperaba su tono autoritario contra mí. Decidí ignorarlo y continuar.
-Saben que tiempo atrás estuve en un viaje durante un par de años luego de la cuarta guerra, exactamente 18 años atrás…. – Y así comencé.
Durante mi relato, ninguno habló, sabían que era importante y yo estaba demasiado compenetrado en contarles la historia y cada detalle, quería que me escucharan, quería que me entendieran. Les conté de principio a fin, sin omitir nada.
Cuando termine de hablar, Kenta se puso de pie, y se paró frente al fuego, dándome la espalda evidentemente cabreado. Los otros dos estaban atónitos, ví en sus caras que estaban intentando digerir la noticia aún.
Yo tenía una hija, y Sakura no era su madre. Tenían una hermana bastarda, que su padre bastardo iba a traer a su casa. Eso era todo lo que entendieron. Pero no podía culparlos.
Entonces Daisuke habló.
-No puede ser cierto… - Dijo tácitamente con la mirada perdía en el fuego.
-¡CLARO QUE SI DAISUKE! - Dijo furioso Kenta, dándose la vuelta y gritándole a su hermano.- ¿¡ACASO NO ESCUCHASTE, ERES IDIOTA!? ¡NUESTRO PADRE TIENE OTRA HIJA POR SER UN MALDITO TROTAMUNDOS QUE LE IMPORTA MIERDA SU FAMILIA!
-¡Kenta! ¡Calmate, no le grites a tu hermano!- Le dije poniéndome de pie, nunca me había gustado que peleen entre ellos.
Kenta no era una persona muy paciente y era consciente de ello, la mayoría del tiempo era calmo y me hacía acordar mucho a Itachi por su temperamento tranquilo y racional.
Pero, de vez en cuando y en ciertas ocasiones muy especiales, dejaba ver este lado suyo, tan agresivo, impulsivo y frío. Me daba terror verlo de esta manera, porque me hacía acordar a mi mismo cuando era joven.
-¡CLARO QUE NO ME VOY A CALMAR! – Se volvió contra mí.- ¡Es mas, nunca vuelvas a dirigirme la palabra!- Se dio la vuelta, y pateó con furia la mesa baja que teníamos allí.
-¡CALMATE KENTA! ¿¡QUE MIERDA HACES!?- Me acerque hacia el, y tomándolo de los brazos lo di vuelta para que me mire a la cara, y eso hizo. Me miró.
Nunca podría olvidar esos ojos. Ese rechazo en su mirada es todo lo que un padre nunca quiere ver en sus hijos.
Sakura bajó desde el dormitorio hasta el salón, seguramente llamada por los gritos y el alboroto.
-No me toques…- Dijo Kenta sacando mis brazos con violencia– Vete a la mierda.
Miró a su madre desde allí, y salio enojado por la puerta principal.
-¡Kenta! ¡Espera!- Quiso detenerlo Sakura siguiéndolo, pero el ya se había ido.
En ese momento Souta y Taichi se acercaron despacio por el pasillo principal hasta donde me encontraba, despiertos seguramente por el griterío.
-Papá, ¿que esta pasando?- Dijo Souta sosteniendo su osito de peluche en una mano, y detrás de él su hermano.
Me acerqué a ellos.
-Nada pequeños…- ¿Qué iba a decirles?- … vuelvan a la cama ¿si? En un momento iré a darles las buenas noches.
Asintieron adormilados y me dieron un beso cada uno, volviendo a sus cuartos.
Cuando volví al salón, Daiki tenía abrazada a su madre en la puerta intentando calmarla y Daisuke no se había movido de su sillón.
Me senté nuevamente, y me agarré la cabeza con las manos. No podía seguir haciendo esto. Estaba destruyendo mi familia.
Pero tenia que enfrentar mis errores.
Ya volviendo a entrar, Sakura y Daiki, ella habló.
-Chicos, estamos todos muy nerviosos ahora ¿por qué no van a dormir y mañana, luego del desayuno hablamos mas tranquilos?- Les dijo suavemente, tomando la mano de Daisuke, y acariciando los cabellos de Daiki.
Los mellizos asintieron, le dieron un beso cada uno a su mamá y salieron del salón, no sin antes dirigirme una mirada gélida.
Sakura ajustó su yukata, y sin saber qué decir, solo se sentó en el sillón a mi lado, vencida. Seguramente no lo hacia por quedarse en la misma habitación que yo, sino que iba a esperar a que volviera Kenta.
-Puedes ir a dormir… yo esperaré por Kenta, o iré a buscarlo– Dije como un susurro.
-No podría dormir de igual manera…- Respondió dirigiendo sus orbes verdes hacia mi.
Nos quedamos en silencio. No podía responderle, no me salían las palabras.
Entonces escucho unos pasitos corriendo hacia donde estábamos. Souta y Taichi reaparecieron y se subieron al sofá donde nos encontrábamos con sus mantas y sus peluches preferidos.
-Papá te estábamos esperando a que nos des las buenas noches – Dice Souta.
-Lo siento, me tardé un poco– Les respondo. Ellos se acomodaron entre Sakura y yo, apoyando sus cabezas y sus piecitos en nuestros regazos, y tapándose con sus mantas.
-Papi, ¿por qué mami esta triste? – Preguntó inocentemente Taichi. Ese niño era callado como yo, no decía mucho, pero cuando hablaba daba en el clavo.
Sin saber que contestarle, mire a Sakura y cruzamos nuestras miradas.
-No estoy triste mi amor- Respondió dulcemente Sakura.
-Pero hoy estuviste muy callada. Y tu siempre hablas… em… ¿como dices siempre papi?... hasta por los codos– Souta nos hizo sonreír por un momento, ese pequeño demonio y sus comentarios.
Entonces Sakura le dio un beso en la coronilla y hablando bajito, simulando un secreto, le contesto.
-Es que extrañe a su papi todo el día…- Los niños rieron, y me miraron curiosos y avergonzados.
Se encendió otra vez ese fuego en mí, que hace que quiera quedarme en casa toda la vida.
-Papi, ¿tu extrañaste hoy a mami también? – Pregunto Taichi.
Imitándola a Sakura, le besé la coronilla y medio en secreto también respondí.
-No… extraño a su mamá hoy y todos los días ¡Sshh!- Ellos hicieron la seña con el dedo de secreto y miraron a Sakura.
-Mucha charla por hoy, vayan a descansar que mañana tienen que ir temprano a la academia– Dijo mi esposa.
Se bajaron del sofá y levantando sus manitas en señal de saludo, fueron corriendo a sus cuartos.
Nos quedamos solos de nuevo, sin saber que decir. Pero entonces Sakura, se acercó pegándose a mí en el sillón. Yo la abrace, ella escondió su rostro en mi cuello, con las manos cerradas en puños en mi pecho comenzó a sollozar débilmente de nuevo.
Solo la abrace. La abrace fuerte. La deje llorar en mis brazos.
Me necesitaba, y yo a ella. Habíamos estado acostumbrándonos todos estos años a necesitar del otro, para pasar el dolor. Necesitábamos del calor del otro, de ese tacto al que ya estábamos acostumbrados.
Minutos después, ella se quedo dormida en mis brazos. Estaba exhausta.
Yo la tomé, y la lleve a nuestra habitación. La dejé en nuestra cama, la arropé. Deposite un casto beso en sus labios, y salí de la habitación. No quería abrumarla, ella necesitaba espacio.
Fui hasta la habitación de Rokuro, entre sigiloso para no despertarlo. Estaba durmiendo abrazado a su oso de peluche. Me senté al lado de su cama, mirándolo dormir, siguiendo su tranquila respiración.
De alguna manera ese pequeño me traía la paz que tanto necesitaba en esos momentos. Ver esa tranquilidad e inocencia en su rostro mientras dormía, me daba nostalgia.
Recordé cuando Sakura estaba embarazada de el, fue el peor de todos. Con cinco hijos ya, pensamos que nada podría sorprendernos de aquel estado, pero el destino nos golpeó.
A los cuatro meses de gestación, Sakura una noche se despertó agitada con mucho dolor y nos dimos cuenta que estaba sangrando. No recuerdo momento en mi vida donde tuve tanto miedo.
La lleve al hospital y allí nos dijeron que la placenta estaba desprendiéndose. Estuvo internada tres semanas, y cuando le dieron el alta tuvo que hacer reposo el resto del embarazo.
Las siguientes semanas fueron angustiantes, porque existía la posibilidad que lo perdiera en cualquier momento. Fue terrible la espera, ella estaba muy deprimida porque si lo perdíamos probablemente no tendríamos otro hijo, no queríamos arriesgar su salud e intentarlo de nuevo.
A mitades del sexto mes, comenzó el trabajo de parto y tuvieron que hacerle una cesárea de emergencia. Nació Rokuro, pero era muy pequeño para sobrevivir por si solo fuera del vientre, así que lo llevaron a una incubadora. Tuvo problemas cardiacos y sus pulmones no estaban maduros aun, así que lo ayudaban con un respirador. Dos meses pasó allí dentro.
Nunca vi a Sakura tan mal como en aquel entonces. Todos los días era una lucha, entre ir y venir del hospital, cuidar de los niños, mantener la casa. Los mellizos tenían dos años, eran demasiado pequeños y necesitaban a su mamá también.
Fue una época terrible. Una vez que Rokuro estuvo fuera del hospital, todo mejoro de a poco.
Gracias a Kami que teníamos a los mayores ayudándonos, que a sus doce y quince años tuvieron que cargar con la responsabilidad de los más pequeños. Allí me di cuenta lo buenos hermanos que eran, lo atentos y solidarios. Tengo hijos maravillosos, y la verdad, debo agradecer a Sakura de ello, ya que es la que pasa más tiempo con los chicos.
¿Y yo como le agradezco? Trayendo más problemas a nuestras vidas. No quiero seguir lastimándola, pero no tengo otra opción. No podría pasar el resto de mi vida sabiendo que tengo una hija en alguna parte del mundo sufriendo. Y por mi culpa.
Sentí un croar desde afuera, algo poco común porque en el jardín interno solo teníamos algunos peces, pero no ranas. Entonces pensé que tal vez era un mensaje de Naruto.
Salí y allí estaba una de las ranas de él con un mensaje. Lo tomé y la rana se desvaneció. Desdoble el papel y tenia un mensaje con la letra horrible del Nanadaime, definitivamente lo había escrito el dobe.
Kenta pasará la noche aquí en casa. No te preocupes.
El mejor hokage del mundo. Naruto.
Bien, por lo menos sabía que estaba a salvo. Regresé a la habitación y retomé mi posición original.
Pensé mucho en como intentar arreglar las cosas con Sakura, necesitaba sentir que ella me apoyaba. Pero no tenia idea como hacérselo entender.
Pasé mis dedos por la cabeza del pequeño, esos cabellos rosados inevitablemente me hacían pensar en mi mujer. Había crecido tan rápido. Recuerdo verlo ahí tan pequeño lleno de cables y rodeado de todas esas maquinas, cabía en la palma de mi mano. Hasta el día de hoy sabemos con Sakura que es un milagro que haya sobrevivido. Tal vez por eso lo malcría tanto.
Entonces se me ocurrió una idea.
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Sentí deditos en mi cara y me desperté. Me di vuelta y vi a Rokuro mirándome desde su cama con sus ojos llenos de lágrimas. Me había dormido sentado al lado de su cama anoche.
-Hijo, ¿Qué sucede?- Pregunte preocupado aún algo adormilado.
-Es que pensé que estabas morido papi… tenía miedito que no te despiertes– Me dijo refregándose los ojitos y mirándome a punto de sollozar.
-No, no, solo me quede dormido…- Respondí mientras me sentaba en su cama y lo tomaba en brazos-… lo siento no quise asustarte.
Seque sus lágrimas y me abrazó.
-¡Nunca te mueras!- Exclamó lloriqueando mientras pasaba sus bracitos por mi cuello.
Lo abracé y acaricié su cabello, intentando tranquilizarlo. Nunca supe que hacer para dejar que lloren, mi esposa era mejor en eso.
Minutos después se calmó. Era aun muy temprano, ni Sakura estaba despierta.
-Rokuro -Dije mirándolo seriamente- Tengo una misión que hacer, ¿quieres ayudarme?
Sus ojitos automáticamente brillaron y una sonrisa se planto en su cara, mientras asentía.
-Nuestra misión es escaparnos de casa, ir a comprar el desayuno y volver antes que se despierten los demás -Le dije mientras me miraba atento, y susurrando agregué- Pero tenemos que ser muy silenciosos para que nadie nos escuche. ¿Qué te parece?
-¡Si si si si si si! – Dijo saltando de mis brazos y brincando en su cama.
-Sshh… recuerda, hay que ser muy silenciosos.
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Media hora después ya estábamos en la mansión de nuevo con el desayuno para todos.
La felicidad en la carita del pequeño Rokuro no tenía comparación. Habíamos realizado la misión con éxito y se había ganado un gran trozo de pastel de chocolate –el amor por lo dulce, otra herencia de su madre-.
Preparé la mesa y nos sentamos con Rokuro, el tomando su biberón y yo mi café.
Aun era temprano, así que preparé un par de cosas más y dejé al pequeño en su corral. Subí hasta la habitación principal llevando una bandeja con el desayuno de Sakura. Al entrar ella estaba saliendo del baño con una toalla alrededor y el cabello húmedo. Me miró sorprendida y se quedó helada en medio de la habitación.
Lo acepto, no era común ver a Sasuke Uchiha llevando una bandeja de desayuno -con un florero y una flor rosa en ella- a las seis de la mañana.
-Pensé que estarías despierta…- Dije mientras dejaba la bandeja arriba de nuestra cama- Tómate la mañana libre, acompañaré a los chicos a la academia con Rokuro. No te preocupes por nada.
Seguía parada allí, aun mas sorprendida por lo que dije. Luego de unos segundos miro la bandeja y asintió.
-Solo quería… una cosa más -Agregué nervioso, sacando el sobre de mi bolsillo y dejándolo arriba de la cama- Creo que necesitas echarle un vistazo a esto.
Salí casi corriendo de la habitación.
En todos nuestros años de casados nunca me había costado hablarle a mi mujer, pero ahora sentía que todo lo que dijera iba a estar mal y no quería seguir metiendo el dedo en la herida.
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Ya eran pasadas las diez de la mañana y todavía Rokuro no había dormido su siesta habitual matutina. Lo tenía entre mis brazos mientras caminaba por el salón, mientras el intentaba lloriqueando buscar una posición cómoda para dormir. Estaba cansado por la maratón que hicimos para buscar el desayuno tan temprano, entonces ahora no podía conciliar el sueño porque estaba muy molesto e inquieto.
También habíamos llevado a Taichi y Souta hasta la academia. Daiki y Daisuke así como se levantaron, salieron por la puerta, ni desayunaron ni me dirigieron la palabra. Kenta no había aparecido aun.
Lo paseaba de extremo a extremo de la habitación, lo mecía, le hablaba y nada. Me había quedado sin recursos, ni su peluche preferido había podido apaciguar su llanto.
Hasta que Sakura apareció en el umbral de la entrada al salón principal. Se acercó a mí, y lo tomó en brazos. Me senté en el sillón más amplio, mientras veía como hacia su magia.
Lo recostó como a un bebé y mirándolo tarareaba una canción de cuna, mientras reposaba su mejilla sobre la frente del niño. En cuestión de minutos Rokuro había perdido la batalla y dormía placidamente. Realmente había cosas que solo las madres podían hacer.
Se sentó a mi lado y acomodó al pequeño en su pecho.
-Entiendo tu punto -Dijo de repente, bajito para no despertarlo-… ese fue un golpe bajo ¿sabes?
La miré cauteloso, esperando que me de un poco de esperanza.
-Debia intentarlo –Respondi- … ¿ha funcionado?
-¿El utilizar mi lado maternal para chantajearme haciéndome leer la carta de esa pobre mujer? -Pregunto mirándome rendida- … si. Ahora comprendo un poco más.
Sabia que leer esa carta tan emotiva de Izumi, iba a traer su lado maternal a flote. Sabía que Sakura no iba a poder resistir el ponerse en lugar de ella como madre, y que iba a tocarla en lo más hondo, haciéndola entender. Después de todo, era mi mujer y la conozco de pies a cabeza.
-Perdóname… -Dije mirándola a los ojos, con verdadero arrepentimiento en ellos.
-Eres un idiota Sasuke… -Exclamo sinceramente-… pero supongo que no puedo culparte por tener un pasado.
Ahí estaba. Una pequeña luz de esperanza que decía que, tal vez, todo podría llegar a arreglarse.
-Supongo que, estas haciendo lo correcto.- Prosiguió- Cuando nos casamos, sabía la mayoría de las cosas de tu pasado, todo lo que habías hecho, las decisiones que habías tomado; y al momento que acepte ser tu esposa, también acepte llevar contigo toda la carga que traías en tu espalda, toda la mierda que acarreabas, acepté apoyarte a pesar de todo. Y no te voy a mentir, claro que se me ha pasado por la cabeza desde ayer renunciar a todo y rendirme contigo. Pero he pensado mucho y… creo que mi deber es seguir aquí, no solo por ti, o por mí, sino también por nuestros hijos.
Esa era mi Sakura. Debía darle un poco mas de confianza, claro que nunca me abandonaría.
Sentía mil kilos menos en mis hombros.
-Cuando leí esa carta, no pude evitar imaginarme a alguno de nuestros niños en la situación de esa chica, y definitivamente sentí que abandonarla no era correcto. No quiero ni imaginarme todo lo que pudo haber pasado desde que nació –Reflexionó mientras sostenía sus ojos en mí y acariciaba el pelo de Rokuro, que seguía durmiendo profundamente.
-Sabia que entenderías -Dije, mientras tomaba su mano libre y la llevaba hasta mis labios, depositando un corto beso.
Ella simplemente me dio media sonrisa, pero sabía que me estaba diciendo te perdono.
Nunca me abandonaría, ni yo a ella, porque sabíamos que necesitábamos del otro.
Y eso era más fuerte que cualquier cosa que quisiera interponerse.
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