.
.
.
La espera
Las negociaciones con el país de la roca iban muy bien. Al informarles de la situación, mandaron a los dos días un embajador para compartir la información que teníamos. Y a los cinco días ya estábamos siendo informados que iba a hacerse una intervención en el pueblo la próxima semana.
Yo estaba realmente cabreado porque esto se estaba tardando demasiado. Mi plan era ir yo directamente, matar a cualquiera que se interponga en mi camino y sacar a Amaterasu de allí, pero Naruto y Kakashi insistieron en que, el camino mas seguro para llevar adelante la situación era esperando a que el propio país intervenga. La seguridad nacional apesta.
Aunque esto me daba un poco mas de tiempo, porque aun las cosas con Kenta estaban mal. Muy mal.
Daiki y Daisuke con solo unos días – y charlas con su madre de por medio- ya habían aceptado la situación, y habíamos resuelto todo el asunto… Bueno, "resuelto" no sé si era la palabra más adecuada para la situación pero lo habían aceptado y por lo menos me dirigían la palabra.
Pero Kenta no había venido a casa en toda la semana, se estaba quedando en la casa del dobe. Solo pasaba a saludar a su madre y hermanos cuando yo no estaba cerca. Claramente no quería verme, pero ya me estaba hartando así que me decidí a terminar con todo este capricho de niño mimado y tomar el toro por las astas. Debía enfrentarlo.
Así que un día fui a buscarlo a la salida del entrenamiento de su escuadrón. Tuve que chantajear un poco a Daisuke para que me diga sus horarios de entrenamiento, pero valió la pena.
Era ya la tarde cuando los compañeros de Kenta se fueron retirando poco a poco del campo de entrenamiento. Yo estaba escondido entre unos árboles allí cerca. Esperé hasta que el último se haya ido, solo quedaba mi hijo guardando las armas que habían utilizado y salí de mi escondite. Él rápidamente se dio la vuelta al sentir mi presencia y clavo sus ojos en mi. Estaba furioso porque lo había emboscado.
-Tanto tiempo hijo -Empecé- Ha pasado una semana desde la ultima vez que te vi.
Intentó ignorarme y siguió guardando los últimos kunais clavados en un árbol a la lejanía, pero no podía disimular la cara de disgusto.
-Si quieres ignórame pero vas a tener que escucharme te guste o no –Agregué desafiante- Creo que estas llevando esto muy lejos Kenta, comprendo que sea difícil para ti, pero me parece que ya debes bajarle al papel de niñato ofendido y enfrentes tus problemas.
Eso lo sacó de sus casillas. Arrojó con violencia la bolsa con armas que cargaba al suelo y se dio vuelta mirándome con odio.
-¡Estas completamente loco, y no estoy llevando lejos nada! ¡Tu no comprendes una mierda, a mi no me engañas! –Me gritaba- ¡Estoy malditamente cabreado contigo por toda la mierda que nos haces pasar! Y ahora estoy cabreado también con mamá porque siempre hace lo mismo contigo. Pues adivina qué… ¡yo no soy mamá, y no te perdonaré cada cagada que te mandas!
Nos miramos a los ojos desafiantes y sostuvimos nuestras miradas.
-Puedes gritarme todo lo que quieras Kenta, y puedes estar todo lo furioso que puedas pero eso no va a cambiar nada –Había aprendido ya que gritar a un adolescente furioso no daba frutos, a estas alturas ya aprendí a tomar con calma estos asuntos. Entonces continué firme y decidido- Yo te crié para que aceptes y enfrentes tus problemas, no para que huyas de ellos. Esta es tu realidad, la quieras o no. Y no tienes que perdonarme nada, nunca, puedes estar furioso conmigo el resto de tu vida pero vas a tener que aceptar que mi hija va a vivir en mi casa, te agrade o no la idea… y mientras tu seas mi hijo y estés bajo mi techo, vivirás de acuerdo a mis reglas.
Con la mirada gacha y dándome la espalda, se acercó a un pilar de madera que había en el centro del campo y le dio un golpe que lo quebró en dos.
-Nunca lo entenderás…- Dijo en voz baja- … y lo peor de todo, es que no te interesa entender.
-¿¡Entender qué Kenta!?- Le grite, ya hastiado.
Se dirigió hacia mí, pero aun con la mirada gacha y voz tácita me respondió.
-Que estoy cansado de que tengamos que lidiar con tus demonios… ¡estoy cansado de que mamá tenga que lidiar con ellos! Estoy cansado de verla llorar papá. Estoy cansado de que la sigas lastimando. No puedo soportar verla sufrir por tu culpa. Aquel día que llegué a casa y tenia esa mirada destruida, vacía no pude soportarlo. ¡Pero tú sigues trayendo tu mierda, destruyéndola!
Escondía su mirada pero podía ver como caían un par de lágrimas de sus ojos. No tuviera idea de que se sentía de esa manera.
Me dio la espalda nuevamente, seco sus ojos, tomó su bolsa llena de armas y se la puso al hombro. Yo no sabia que contestarle, me había tomado por completa sorpresa.
Caminó en dirección a la salida y dirigiéndome una última mirada me dijo:
-La verdad es que no sé por qué sigue contigo…
Y se fue.
Yo me quedé allí, parado en el mismo lugar, reflexionando. Las cosas no salieron como las esperaba. ¿Cómo me hubiera imaginado que Kenta se sentía de esa manera para con Sakura? Maldición y yo pensando que era un capricho o celos, pero el estaba verdaderamente preocupado por su mamá. Soy un idiota.
Kenta, si supieras lo acertado que estás en todo lo que me acabas de decir, y que yo tampoco sé por qué ella sigue conmigo, te sorprenderías.
.
.
.
Al llegar a casa, sentí el aroma a comida casera que Sakura estaba preparando. Daisuke estaba leyendo algo en el salón, me contó que Daiki tenía turno nocturno en el hospital, y que él no cenaría en casa porque iba a juntarse con sus amigos a cenar.
Fui hasta la cocina y mi esposa estaba frente a la mesada cortando las verduras, se dio vuelta y mirándome me sonrió. Pasaron frente a mí Souta, Taichi y Rokuro, al grito de hola papá, corriendo hacia el salón.
Me acerqué a mi mujer, y desde atrás la abracé, apoyándome en su hombro, como siempre lo hago. Solo sentirla entre mis brazos, me hacía sentir que todo estaría bien. Deposité un casto beso en su cuello.
-Hablé con Kenta hoy –Le dije mientras la dejaba seguir con su tarea, apoyándome a su lado en la mesada. Le conté lo que había pasado y todo lo que me había dicho.
-El esta verdaderamente preocupado por ti Sakura.
Ella sonrió mientras cerraba una olla que tenia en el fuego. Se acercó a mí y me tomó del rostro.
-Te amo Sasuke, por eso me quedo contigo -Me dijo tranquilamente, como dándolo por hecho. Me besó tiernamente y pasó sus brazos por mi cuello- ¿Quieres que yo hable con el primero?
-Por favor… -Le respondí asintiendo y abrazándola. Ella sabe expresarse mejor que yo, y además es su madre, seguro lo hará entender.
Me besó nuevamente, pero esta vez más profundo, enredando nuestras lenguas. Era uno de esos besos que decía todo va a estar bien.
-¡DIUUU! –Se sintió desde la puerta de la cocina. Los mellizos pequeños hacían señales de asco, mientras Rokuro aplaudía mirándonos e ingresaban a la cocina hasta donde nos encontrabamos. Sakura rió divertida y para molestarlos, me tomo del rostro y comenzó a darme muchos besos por toda la cara.
Los mellizos gritaban ¡basta! ¡qué asco! ¡diu!, y se tapaban sus ojitos con las manos para no ver la escena vergonzosa de sus padres.
Mi esposa paró de un segundo a otro soltándome la cara, mire hacia la puerta y vi a Kenta parado mirándonos. Solo nos miró y siguió su camino hacia su habitación.
Los tres pequeños gritaron al unísono ¡Kenta-niichan!, y emocionados por verlo, lo siguieron hasta su habitación. No lo dejarían en paz en un buen rato.
No se que significaba que volviera a casa, pero solo podría ser algo bueno.
.
.
.
Esa noche luego de cenar, llevé a los tres más pequeños al salón, debía informarles a ellos también lo que iba a pasar de ahora en más en su casa.
Nos sentamos los cuatro en el sillón más grande, frente al fuego. Sakura nos trajo chocolate caliente – a ellos, a mí una buena taza de café- y se sentó en el borde.
-Hoy les voy a contar una historia…-Los tres me miraron sorprendidos, papá nunca cuenta cuentos- …y quiero que le presten mucha intención porque es muy importante.
Los tres asintieron emocionados, claro que le iban a prestar atención a la única historia que su padre les iba a contar.
-Existió una vez un hombre muy solitario… -Y así comencé el relato.
Lo modifiqué un poco para que sus pequeñas mentes pudieran procesar la información, borrando un par de detalles impropios para infantes menores de 5 años.
-Entonces…-Dijo Souta cauteloso- … ¿vamos a tener una hermana mayor?
-Así es -Respondí seguro- ¿Qué piensas de eso?
-¡Me parece genial! -Exclama emocionado, saltando en el sillón- ¡Ya quiero conocerla papi!
-¡So tamién!-Dice Rokuro imitando a su hermano, pero cayendo en el intento de pegar un segundo salto.
-¿Tu que dices Taichi? -Pregunta Sakura dulcemente. Esta era la pregunta más complicada, ya que Taichi y sus comentarios eran de los más peligrosos en estas situaciones.
- Mmmm… -Duda al principio, pensandolo-… no estoy seguro, no me agradan las niñas porque tienen piojos.
No pude evitar reírme ante su comentario, lo decía tan serio que te convencía. La reacción de su hermano fue seguirlo, gritando un ¡diu! y haciendo cara de asco.
-Pero mamá es niña y no tengo piojos…- Responde astuta Sakura- ¿acaso no te gusta mamá?- Le dice haciéndole pucheros, a lo que los tres niños se ríen y se abalanzan sobre ella diciendo muchas cosas sobre que les gusta de su mamá.
-Bueno, bueno… ¿entonces van a portarse bien con su hermana verdad? -Pregunto para asegurarme.
Los tres me miran y asienten saltando alegres en el sillón.
Creo que darles chocolate antes de dormir fue una mala idea definitivamente.
.
.
.
.
.
.
Estaba exhausta, había sido un día agotador. Souta, Taichi y Rokuro no se durmieron hasta las doce de la noche. Definitivamente no más chocolate caliente antes de dormir, nunca más.
Cuando salí de bañarme, ya era tarde y todos estaban en sus habitaciones durmiendo. Sasuke estaba acostado boca abajo en nuestra cama, dejando su extensa espalda al descubierto. Los tres diablillos lo habían cansado.
Me acerqué y pase la palma de mi mano dulcemente por toda la extensión de su ancha espalda, en el camino me encontraba con sus cicatrices. Muchas cicatrices. Lo conocía tanto que con los ojos cerrados podía recorrer una por una. Y cuando las veía tan detenidamente, lo único que quería hacer era besarlas, besar cada una de ellas lentamente, llenándolas de amor, queriendo que desaparezcan.
Pero sabía que nada podría borrar las cicatrices del cuerpo de Sasuke, ni de su alma. Fui una tonta al pensar cuando nos casábamos que podría sanarlo de alguna manera, que solo se necesitaba paciencia y cariño para curar su espíritu. La inocencia de esos años me dio nostalgia.
Después de 17 años de matrimonio, una entiende que tal vez lo que deseabas era lo que en realidad querías. Claro que lo amo. Amo a Sasuke con todo lo que soy, y si tuviera la oportunidad me casaría de nuevo con el, nunca podría abandonarlo. Pero a veces debes resignarte a la realidad, en vez de seguir soñando dentro de tus ilusiones.
Hacia mucho tiempo había aceptado que los fantasmas que acechaban a mi esposo nunca nos dejarían en paz, que no había manera de borrarlos definitivamente y ser felices para siempre. Hacia mucho tiempo había aceptado que íbamos a luchar contra esos demonios el resto de mi vida.
Pero nunca me imaginé que algo así pasaría. Quiero decir, tiene una hija con otra mujer. El dolor de esas palabras me hace sentir un dolor tan profundo que me desgarra el alma. Basta, no debo pensar más esas cosas.
Me puse una yukata de mangas largas porque estaba helando y bajé para asegurarme que los pequeños no estén revoloteando por la casa. Los espié brevemente y estaban profundamente dormidos.
Doy unos pasos, doblo en el pasillo y me lo encuentro a Kenta sentado mirando hacia el patio interno. Esta era mi oportunidad de hablar con el.
El me mira y me da una pequeña sonrisa. Era tan parecido a Sasuke que me sorprendía todos los días. Me senté a su lado y lo miro suspirar.
-¿Que haces aquí sentado? Hace mucho frío esta noche.
-Solo… pensando.
-¿Problemas de chicas?- Le dije divertida. Por lo menos le saque una pequeña sonrisa.
-Ya sabes sobre lo que le doy vueltas mamá.
Me sorprendió, no pensé que serian tan directo. Usualmente me habla sobre trivialidades antes de tocar el tema del que quiere hablar, igual que su padre.
-Sabes… me gustaría hablar contigo sobre eso.
-No funcionará conmigo mamá, ni siquiera lo intentes –Dijo llevando su mirada al suelo.
Estaba realmente afectado y por su forma de hablar quedaba claro que no quería ser persuadido.
-Por lo menos escúchame un segundo hijo –Sabía que iba a dolerme, y a él también, pero no podíamos dejar pasar mas tiempo, había que resolver este asunto porque me dolía aun mas que el este mal con su padre. Y proseguí– No voy a mentirte, ya eres grande para entender ciertas cosas. Claro que es doloroso, y yo también lo tome como tu al principio. Muchos sentimientos a la vez y no sabes como procesarlo, hay muchas cosas sobre tu padre que ni yo comprendo, y nunca lo haré. Pero ¿sabes que me hizo cambiar de opinión?
Me miró curioso, pero cauteloso a la vez. Entonces le dije la verdad.
-Leí una carta que la madre de esta niña había escrito antes de morir. Y a medida que iba avanzando y leyendo lo profundo de sus sentimientos y el dolor que ella sentía por abandonar a su hija, me fue desarmando poco a poco. Y, tal vez porque soy mujer y madre, o no se por que, pero no pude evitar ponerme en su situación. –Tomé las manos de mi hijo girándome hacia el y hable desde mi corazón, sabía que tal vez iba a llorar pero no me importaba– No pude evitar el imaginar que hubiera sentido yo si uno de ustedes estaba en esa situación Kenta, imagínate a tus hermanitos pequeños sin tener a nadie que cuide de el, solo en este mundo, siendo utilizado, sin amor, sin cuidados.
Él me secó una de las lágrimas que caían por mis mejillas y sabía que me entendía, el amor que tenia por sus hermanos lo llevaría a tener empatía por la situación de esa muchacha.
-¿Sabes? –Agregué, mientras la voz se me quebraba- Si yo no estuviera aquí para cuidarlos a ustedes, el único deseo que tendría sería que encuentren a alguien que los cuide como yo lo hubiera hecho hijo. El pensar que ustedes podrían estar solos y desprotegidos, duele mas que cualquier otro sentimiento de odio o resentimiento. Eso por eso que decidí que quería ayudar a esa joven también.
El miró nuestras manos unidas por un instante, y luego me miró nuevamente.
-Te entiendo mamá… - Dijo susurrando y me abrazó.
Sabía que era un buen chico y que lo entendería, y estaba segura que las cosas de ahora en mas serían diferentes.
Nos separamos enjuagué mis lagrimas y me paré.
-Vamos a dormir, ya es tarde y hace frío -Le dije dulcemente peinando sus cabellos como cuando era pequeño. El asintió, me dio un último abrazo y me beso la mejilla, emprendiendo el camino hacia su habitación.
No pude evitar sentir que Kenta era igual que su padre, no hacían falta muchas palabras para saber lo que tenían en su mente.
Subí nuevamente a la habitación. Sasuke había cambiado de posición dormido y ahora dormía de lado, su ceño estaba fruncido como si una pesadilla estuviera acechándolo. Me senté en el borde de la cama y acaricié su rostro y sus cabellos suavemente para no despertarlo. Lentamente sus facciones se suavizaron.
¿Qué me hiciste Sasuke? ¿Por qué siento que no puedo vivir sin ti a pesar de todo el dolor que me haces pasar? Entiendo que no tengas opción pero… siento que cada vez que la vea a tu hija, voy a verte a ti en los brazos de otra mujer. Comenzaban a caerme lágrimas nuevamente y ese sentimiento de dolor desgarrador se apoderó de mi alma.
Salí al balcón de nuestra alcoba, no quería despertarlo. Y lloré. Me permití llorar libremente en soledad, sacando todo el dolor, sintiendo en cada centímetro de mi piel ese sufrimiento que me desgarraba la piel.
No sé cuanto tiempo estuve llorando allí parada, y la soledad se había apoderado de mi alma por completo. Me sentía llena de tristeza, desamparada, sin consuelo, pero furiosa. Enojada con Sasuke, con su pasado, con su clan, con el destino y con todo lo que tuviera que ver con sus fantasmas. Nunca podría entender por qué siempre la sombra del dolor estaría acechando nuestra familia.
Nunca podría entender por qué no podía tener paz.
Sentí la puerta-ventana abrirse y alguien dirigiéndose hacia mi. Intenté secar mis lágrimas, no quería que me viera en este estado, pero es en vano, ni siquiera tenia fuerzas para disimular lo mal que me encontraba. El me abrazó por detrás con sus fuertes brazos.
-¿Qué haces? Esta helando.
Pero entonces giró su rostro sobre mi hombro y vio mi cara demacrada por el llanto. Rápidamente me dio vuelta en sus brazos pero tapé mi rostro con mis manos escondiéndome en su fuerte pecho.
-Sakura... ¡Ey! ¿Que sucede? -Me dijo con alarma en su voz, pero escuchar su preocupación solo aumentó el tono de mis sollozos, dejándolos salir libremente. El me abrazó aun mas fuerte si cabía- No, no llores más por favor Sakura…
La angustia de su voz era evidente pero no podía parar de llorar.
-Duele… d-duele… demasiado – Dije entre sollozos con la voz quebrada.
Él me dejo llorar un poco más en sus brazos, intentando consolar mi dolor, comprendiendo instantáneamente la razón de mi llanto, pero también comprendiendo que no había nada que pudiera decir para acallar el sufrimiento.
Entonces, hizo lo único que sabe hacer. Quito mis manos bruscamente, alzó mi rostro con sus manos y me beso. Un beso violento, brusco, hambriento. Y yo lo seguí, intentando borrar mi tristeza a través de el.
Mordí su labio, haciéndolo sangrar y el me correspondió clavando sus dedos en mi cintura. Llevé mis manos a su cabello y tiré de el mientras el beso se hacia mas y mas intenso. Clavé mis uñas en su espalda descubierta. Quería hacerle daño, quería lastimarlo, quería demostrarle la fuerza del dolor que llevaba dentro.
Empujándolo hacia adentro, hice chocar su espalda contra el vidrio de la puerta-ventana. Toscamente sin dejar de besarme abrió la puerta corrediza y entramos, enredados entre piernas, lenguas, brazos y tristeza.
Seguí empujándolo hasta hacerlo sentar en la cama, y me abalancé sentándome arriba de el, haciendo que nuestros sexos se froten a través de la ropa. Me saqué la yukata mientras el me besaba el cuello, y al instante atrapaba mis senos desnudos, mordiéndolos salvajemente.
Nunca estuvimos tan bruscos con el otro como ahora, pero necesitábamos expresar la violencia y profundidad de nuestros sentimientos… y esta era la única forma que conocíamos.
De un tirón me arrancó las bragas haciéndola añicos. Me alzó en sus poderosos brazos y me tiró en la cama boca abajo. En un segundo se bajó el pantalón pijama y se posicionó arriba mío, frotando su erección contra mi trasero. Sentía su pecho firme y musculoso en mi espalda, su virilidad era algo que siempre me ponía a mil, me daban ganas de agarrarlo y que se funda en mí para siempre.
Dios, como amaba a este hombre.
-Sasuke por favor…- Dije gimiendo.
-Pídemelo Sakura, dime qué quieres. –Me respondió haciéndome sufrir, haciéndome sentir su miembro que danzaba sobre mis glúteos.
-Quiero que me folles duro Sasuke.- Dije alzando mi trasero, invitándolo a entrar.
Entonces perdió el control y me penetró violentamente haciéndome gemir demasiado alto, puso una mano sobre mi boca para acallar mis gemidos.
Mierda, esto iba a ser violento.
Siguió penetrándome profundamente, hasta el fondo, saliendo completamente y entrando, haciéndome ver las estrellas y gritar de placer cada vez que sentía su miembro dentro mío, grande y palpitante.
Y esa noche nos perdimos completamente, olvidando todos los problemas, fundiéndonos con el otro, borrando las tristezas, desgarrando nuestros pesares, desesperados, enfermos, intentando expresar nuestras frustraciones a través de nuestros cuerpos.
Si algo nunca iba a extinguirse entre nosotros dos, definitivamente era la pasión.
.
.
.
.
.
.
Abrí los ojos y ya estaba amaneciendo. Era domingo, todos dormíamos hasta tarde así que me relajé.
Sentí a Sakura revolverse entre mis brazos, habíamos dormido abrazados luego de la noche bastante movida que tuvimos.
Creo que nos propasamos un poco. Miré su cuello y sus senos, estaban llenos de moretones; mis brazos y mi pecho tenían arañazos por doquier. Di gracias a que era invierno y debíamos estar cubiertos de ropa.
Sus ojos tenían dos pequeñas bolsas, seguramente del episodio de llanto antes del sexo.
Mi pobre Sakura, acaricié sus cabellos y besé su frente, abrazándola aun más si cabía. Escuche su respiración calma, e intente seguirla calmándome queriendo seguir durmiendo. No quería volver a la realidad, solo quería quedarme con ella, así para siempre.
Desde hacia mucho tiempo no teníamos una noche así. Tenemos 6 hijos, claramente la intimidad no era algo común en nuestra rutina, aunque nos inventábamos nuestros momentos, no pasaba a muy menudo. Que no nos importe nada y perdernos uno en el otro un sinnúmero de veces, solo disfrutando de nuestro tacto hasta altas horas de la noche, sin pensar en nada, sin preocuparnos por nada, solo disfrutar, y luego quedarnos dormidos en los brazos del otro completamente exhaustos.
Habíamos cedido parte de nuestra pasión cuando nos convertimos en padres, y habíamos dejado que la rutina se haga lugar en nuestras vidas, apagando un poco el "fuego de la juventud" diría el cejotas.
Pero allí estábamos, 17 años de matrimonio después, jugueteando como si fuéramos dos adolescentes en medio de la noche. Extrañaba estar así con ella. Extrañaba esa parte de nosotros. Definitivamente estaba decidido a no perderla nunca más. La invitaré a comer afuera de vez en cuando y a tener más tiempo solos. Necesita saber todo lo importante que es en mi vida y se lo demostraré, si con palabras no podía hacerlo, entonces se lo mostraría con acciones.
Siento como se revuelve mi esposa nuevamente, y veo que abre los ojos. Soñolienta entre mis brazos, me da un corto beso en el pecho y exclama un pequeño 'Buen día' junto a esa hermosa sonrisa.
La tomo de la barbilla obligándola a mirarme y le doy un casto beso en los labios.
-Ahora si son buenos –Susurro mirándola a los ojos.
Ella se sonroja y estira sus brazos rodeándome el cuello, apoyando su nariz contra la mía. Nos quedamos un rato así solo sintiendo la presencia del otro cerca.
Pero parece que ella no tenía planes de continuar así mucho tiempo. En un rápido movimiento me tira de espaldas y se sienta sobre mi mirándome con una sonrisa picara.
Verla así en la mañana, con sus pechos desnudos, arriba mío, con el cabello despeinado y los labios rojos de tanto besarme, automáticamente hacen que me ponga duro. Es tan perfecta, que no puedo evitar querer hacerla mía nuevamente.
Ella siente como mi miembro comienza a cobrar vida detrás suyo, y me mira divertida. Se acerca a mi oído, pegando sus senos contra mi pecho.
-Creo que tenemos un problema allá abajo Sr. Uchiha –Dice juguetona, mordisqueándome el lóbulo- un GRAN y duro problema.
Dios mío, que esté así de juguetona en la mañana me pone a mil el corazón.
-Entonces… -exclamo mientras pego derepente mis manos a su trasero, estrujándolo, haciéndola saltar de la sorpresa-… hágase cargo, Sra. Uchiha, porque usted solita se lo esta buscando.
Toma mi rostro y me besa sacándome de mi raciocinio. Voy a hacerle el amor otra vez.
Claro, lo hubiese hecho si no fuera por los pasitos que sentimos subiendo las escaleras.
Suspiré frustrado mientras ella se bajaba de mí riendo, buscando la yukata que anoche le arrebaté y me acosté de espaldas para esconder mi clara excitación hasta que me calme.
Vemos segundos después a Rokuro entrando impunemente en nuestra habitación arrastrando su osito de peluche. Camina directo a Sakura sin decir una palabra, le estira los brazos, y ella lo toma metiéndolo entre los dos a nuestra cama. El pequeño se acuesta de lado mirándome, y Sakura tras el abrazándolo desde atrás.
Yo los miro derrotado, claramente ofendido -porque Rokuro sabe lo que pienso que ande durmiendo en nuestra cama-, pero ambos me miran con esos ojos tan verdes, con sus cabellos tan rosados, con esas mismas miradas tan iguales, que no puedo evitar sonreír y acercarme un poco para pasar un brazo por encima de los dos.
Maldición, soy un blando con ellos.
.
.
.
La familia de Naruto vino a pasar el domingo en la mansión.
Naruto y Hinata tiene tres hijos. Bolt de 18 años, Himawari de 15 y Saburo de 6. Desde siempre se llevaron bien con mis hijos, los mayores heredaron no solo nuestra amistad con el dobe, sino también nuestra rivalidad. Bolt y Kenta eran mejores amigos desde que nacieron, y habían estado retándose en peleas desde entonces. Himawari había ido a la academia con mis mellizos y también se llevaban bastante bien, tanto que la consideraban una hermana mas. El pequeño Saburo, el más parecido a su madre, iba a la academia con mis mellizos más pequeños pero era muy callado –claramente hijo de Hinata-.
Luego de comer y apartándonos un poco del resto, Naruto me contó que llegó un mensaje del país de la Roca.
Nos informaban que al final de esa semana iban a intervenir en el pueblo, estábamos invitados a mandar personal para supervisar, y claramente a mi.
Tendría que partir al otro día si queríamos llegar a tiempo para la intervención.
Así que allí estaba yo, despidiéndome de mis hijos y Sakura, lunes por la noche, sabiendo que la próxima vez que nos viéramos, nuestras vidas iban a ser totalmente diferentes.
¿Qué me espera al llegar allí? No lo sé, lo único que sabia es que iba a sacar a mi hija de allí, e iba a darle toda la vida que se merece y más. Estoy putamente nervioso por conocerla, por hablar con ella y tratar de convencerla de venir conmigo a la aldea, de saber como se relacionara con Sakura, o con los chicos (Kenta era mi mayor problema ya que no había podido hablar con el después de todo) pero estaba dispuesto a arriesgarme.
.
.
.
