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Primera Impresión
Nos encontrábamos en la capital del País de la Tierra, en la Villa Oculta de la Roca. Naruto me había asignado un escuadrón de 5 anbus los cuales me acompañarían en la operación, entre ellos estaba Kakashi y su hijo Ren.
Agradecí mentalmente que mi ex sensei estuviera allí para apoyarme, estuve muy nervioso todo el camino y Kakashi era una persona muy calma que sabia como tratarme cuando me ponía así.
Autoridades del País y de la Aldea se reunieron con nosotros y nos explicaron la operación. Nada complicado, primero ingresar pacíficamente identificando esta misión como orden desde las autoridades del País y que el gobernador se entregue a los oficiales de buena manera. Luego si las cosas se ponían violentas –que esperaba que así sea- teníamos ordenes de contraatacar y sacar a todos los posibles rehenes que estuvieran retenidos y capturar a los oficiales rebeldes junto con el gobernador.
El escuadrón de la Hoja íbamos con mascaras para no ser reconocidos, seriamos los encargados de sacar los rehenes y salir de allí mientras los demás oficiales hacían el resto. Claramente yo esperaba que haya algún tipo de matanza o alguna situación que me permita poner mis manos alrededor del cuello de ese hijo de perra que se había aprovechado de mi hija. Kakashi estaba en contra, pero era la menor de mis preocupaciones.
Esa tarde salimos hacia el pueblo en cuestión. Tardaríamos un par de horas en llegar, pero debíamos evitar ser vistos ya que era una misión de estado.
Por cada paso que daba mi corazón se aceleraba más y más. Estaba a pocas horas de conocer a mi hija. No voy a mentir, estaba completamente aterrado pero sabía que era lo correcto.
Mi única esperanza es que ella quiera colaborar con nosotros y que quiera escucharme, porque cabía la posibilidad de que no quiera saber nada de mí. Poniendo las cosas en claro, era el padre biológico que la había abandonado a ella y a su madre, dejándolas sufrir en la peor de las miserias. Es lógico que haya un poco de resistencia al principio me había dicho Kakashi. Claro, a veces olvidaba por momentos que yo era el bastardo de la historia.
Pero bastardo o no, allá iba, a encarar mí destino.
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Pi
Pi
Pi
Escucho voces a lo lejos, como susurros. Creo que nunca las había escuchado en mi vida.
Pi
Pi
Pi
Qué extraño, usualmente nadie que no sea personal autorizado entra en esta ala del recinto, y los conozco a todos muy bien. Mucho menos entran a mi habitación.
Pi
Qué extraño, el día esta cálido. Siento que alrededor mío hay como una calidez que no es usual en mi habitación. Menos en pleno invierno con las nevadas que hubo este mes.
Pi
¿Qué es ese maldito ruido que me hace estallar la cabeza?
Pi
Aún no puedo abrir los ojos, las drogan aun hacen mella en mi. Intento mover mis pies, pero no me responden. Intento mover mis brazos, tampoco. Aunque mis dedos se mueven, es un avance. Esta vez la dosis fue más alta que lo normal. Hijos de perra, me la pagarán.
De repente algo cambió en el ambiente, siento un revoloteo alrededor mío, personas que se mueven.
-¿Amaterasu?
¿Y esa voz?
-Amaterasu, ¿puedes oirme?
Malditas drogas, debo estar alucinando de nuevo.
-Amaterasu, abre los ojos.
Alguien me está tomando la mano derecha. ¿Quién se atreve?
-Acaba de mover los dedos doctor.
¿Doctor? ¿Dónde mierda estoy?
Abro mis ojos, y lo primero que veo es una luz brillante, tanto que me hace cerrarlos de nuevo y ladear la cabeza.
-¡Esta despierta!
-Hay que darle tiempo, esa cantidad de drogas en su organismo va a tardar en disiparse para dejarla reaccionar.
-Mejor salgamos Ren, dejemos a Sasuke solo.
¿Sasuke? ¿Por qué he me parece haberlo escuchado antes?
-Amaterasu, ¿puedes escucharme? Respóndeme.
¿Quién mierda molesta tanto? Aun con mi cabeza ladeada abro mis ojos de nuevo despacio, para acostumbrarme a la luz.
Esperen un segundo, esta no es mi habitación. Todas las paredes blancas limpias, con una ventana, donde se ve el cielo. Definitivamente esta no es mi habitación. Hay una maquina horrorosa, la fuente de ese sonido infernal, pareciera que está conectada a mí.
¡Ah! Estoy en el hospital, claro…
El hospital…
¿¡Qué mierda hago en un maldito hospital!?
Abro mis ojos de repente e intento levantarme, debo hacer un esfuerzo monstruoso pero no logro más que levantar mi cabeza y solo un poco mi torso.
Entonces siento alguien tomándome de los hombros intentando recostarme nuevamente, cosa que logra, ya que mis fuerzas son nulas todavía.
-Ya, tranquila, te harás daño Amaterasu.
Ya recuerdo esa maldita voz. Los vanos recuerdos de anoche vienen hacia mí como un balde de agua fría en un milisegundo. Ladeo mi cabeza hacia el otro lado, de donde provenía esa voz y lo vi.
Es la misma cara de mis recuerdos, pero ahora lo veo con más detenimiento.
Un hombre, más o menos rondando los 30 y largos, pelo oscuro y algo largo, ojos negros azabaches, facciones masculinas bien delimitadas, una incipiente barba de unos días asomando por su mandíbula. Nunca lo había visto en mi vida, estaba segura.
Intente hablar, pero solo podía mover un poco la mandíbula. No podía articular palabra, normalmente al despertar ya hablaba y mis sentidos estaban más despiertos, pero esta vez sabía que iba a tardar más.
-Ya escuchaste al doctor, así que no intentes hablar, solo descansa.
Lo miré extrañada, ¿Quien era este hombre? ¿Qué hacia ese lugar? ¿Por qué me trataba tan amablemente? ¿Por que me tomaba la mano?
-Lo siento, no debes saber quien soy, ni que ha pasado. –Se sienta en una silla al lado de la cama donde yo estaba recostada, sin soltar mi mano. ¿Quién se pensaba que era para tomarme la mano?
Debe haberse dado cuenta que estaba mirando nuestras manos unidas, porque me soltó al instante.
-Primero que nada, no tengas miedo -¿Miedo yo? El es el que deberá temer cuando pueda moverme, o cuando pueda activar mi maldición seguro saldría corriendo del susto– Estas completamente segura aquí con nosotros, ya nunca deberás volver a ese horrible lugar Amatarasu. No tendrás que ver la cara de ese hombre nunca más.
¿A quien se refería? ¿Mi padre?
-El gobernador Eita Hiroko, fue destituido de su cargo, junto con todo su equipo por hacer pactos y alianzas con ninjas renegados, por atentar contra la seguridad nacional, por abuso de autoridad y secuestro, entre muchos otros cargos. El recinto donde ustedes residían fue destruido y toda su gente fue arrestada.
No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Quien habría traicionado a mi padre, y habría tenido éxito en derrocarlo? No muchas personas se atrevían a desafiarlo, así que quien lo haya hecho debería ser una persona cercana a las autoridades del País de la Tierra.
-La buena noticia es que no hay pruebas de que tu hayas sido cómplice de sus actos, mas allá de los rumores que los lugareños tenían, por lo que se ha dado una prórroga de la investigación contra tuyo; así que si tenemos suerte se tarda suficiente tiempo, con solo mover unos hilos en la Aldea podemos hacer que esa investigación se cierre sin ni siquiera abrirse. Así que tenemos un problema menos.
Solo atinaba a mirarlo, estaba completamente shockeada por lo que este hombre me estaba contando. Intente decir algo nuevamente, pero solo alcancé a balbucear, mi lengua aun estaba dormida; tampoco podía mover mucho las manos ni las piernas aun.
-Y ahora la parte difícil de la historia. Tal vez no sabias esto pero, Eita Hiroko no era tu padre biológico Amaterasu.
¿¡Qué mierda estaba diciendo!?
Intenté levantarme nuevamente y pude sentarme, pero rápidamente me tomo de los hombros intentando devolverme a la posición horizontal. Maldición, me dio vueltas toda la habitación y empecé a sudar. Mi ritmo cardíaco se disparó, y la maldita maquina me delató con su ruidito insoportable.
-Oye, oye…- Me dijo con una voz amable y serena mirándome a los ojos- Tranquila, no debes esforzarte, el doctor dijo que estuviste a punto de morir por la cantidad de drogas que te administraron, así que tu organismo debe de estar totalmente alterado. Recuéstate y escúchame un segundo.
Intente procesar la información que me daba, ¿Que el hijo de perra no era mi padre? ¿Entonces como había hecho para caer en ese lugar? No entendía nada.
-Escucha esto atentamente... tu madre se llamaba Izumi. Ella murió al momento en que naciste por una enfermedad –Bueno, tampoco me hacia muchas ilusiones por eso, nunca había tenido esperanzas de tener ningún tipo de relación de ese tipo, así que no me interesó mucho– Pero debo confesarte algo… mi nombre es Sasuke Uchiha, de la Aldea de la Hoja, Pais del Fuego, soy tu padre Amaterasu y vine hasta aquí buscándote.
Ahora lo recordaba, ese hombre se llama Sasuke y me habia dicho "hija".
Claramente, no le creo una palabra. Es solo otra persona que quiere apoderarse de mi fuerza y mis habilidades.
-N-no… t-te creo… una pa-palabra- Le dije tosca y lentamente, aun no articulaba bien pero por lo menos pude decir algo. Estaba loco si pensaba que iba a caer en su trampa.
Él sonrió. Se atrevía a reírse en mi cara el bastardo. Ya sentía como volvía la movilidad de mis brazos poco a poco.
-Claro, tienes razón, cualquier desconocido podría venir y decirte esto. Tengo una carta de tu madre Izumi, ella la escribió para ti antes de que nacieras donde explica todo, y si todavía no te convences tengo un par más de pruebas. Amaterasu, entiendo como debes sentirte, desorientada y aturdida, pero… -me toma la mano y, mirandome a los ojos, prosigue-… te prometo, que yo nunca te abandonaría, ni ahora, ni nunca.
No sé por qué pero sentí que ese hombre no me traicionaría. Fue solo por un segundo pero confié en el.
Alejé mi mano de la suya.
-No me… toques -Le dije- Quiero… irme... de aquí.
Se vio un poco decepcionado por mi gesto de desconfianza pero aun así me contesto.
-Lo siento pero apenas y puedas moverte, y el doctor nos asegure que estas bien puedes hacer lo que quieras Amaterasu, no te obligaré a quedarte conmigo. Pero necesito que leas esa carta y me escuches.
Me sorprendieron sus palabras, ese hombre estaba realmente preocupado por mí y porque lo escuche. Supongo que podría intentarlo mientras recupero mi movilidad.
Tome la carta que me ofrecía, la desdoble y la leí.
Bla, bla, mierda de sentimientos, bla, bla. Tu padre se llama Sasuke, bla, bla, no lo culpes, bla, bla.
Como sea no tengo ninguna prueba que esto sea real. Ni que esa mujer sea mi verdadera madre. Toda ese sentimentalismo barato no alcanzaría para engañarme.
Tome la carta, la doble y se la devolví. Cerré los ojos y di vuelta mi rostro, mirando hacia la ventana. ¿Qué tan alto estaríamos como para escapar por allí? Supongo que serán unos 4 pisos máximos. Aun con las drogas en mi organismo, tal vez alcanzaría a saltar lo suficiente para caer en el techo del edificio de enfrente sana y salva. Debería atravesar el vidrio ya que las ventanas estaban cerradas por ser época invernal.
Sentí a Sasuke (si ese era su verdadero nombre) pararse y rodear la cama, para acercarse a mí por el otro lado del que estaba originalmente.
-¿Qué miras?- Me preguntó dirigiendo su mirada hacia allá.
Justo en ese momento el médico entró por la puerta a la habitación con una enfermera.
-¿Y? ¿Cómo se encuentra nuestra luchadora?- Dijo amablemente.
Sasuke dio unos pasos y se acercó a él para responderle y estrecharle la mano.
En esa milésima de segundo que se distrajo, sabía que era mi oportunidad de escapar. Lo más rápido que me respondieron las piernas, di un salto hacia el marco de la ventana arrancando todos los cables que tenía conectados. Y di otro desde la ventana, atravesando el vidrio de la misma, hacia el vacío con todas mis fuerzas, rogando que fuera lo suficientemente potente para llegar al otro techo y lo suficientemente rápido para escapar de ese tipo.
Mis cálculos no fueron del todo correctos, ya que tenía menos fuerza que la que imaginé. Así que no llegué hasta el techo que planee, pero caí en un arbusto que era lo suficientemente verde como para esconderme. Bien, escondite. Me salió mejor de lo que planifiqué.
Mierda hacía frío y yo solo tenía un vendaje en mi pecho, y mi ropa interior. Debería haber tomado una manta o algo, pero no podía echarme atrás, debía correr lo mas lejos de allí que daban mis piernas.
La nieve que tocaban mis pies parece que disipó lo que quedaba de las drogas en mi cuerpo, ya que alcance mi velocidad máxima en solo unos segundos corriendo. No tenía idea a donde me dirigía pero ya me preocuparía por eso. Debía encontrar escondite, y algo de abrigo si no quería morir congelada.
Corrí varios kilómetros y me encontré con la entrada a un bosque. Perfecto, aquí nadie me encontraría y los árboles podrían servirme de refugio contra el viento. A los minutos encontré un viejo tronco de árbol que se asemejaba a una pequeña cueva, me metí allí porque se venía una maldita tormenta de nieve y más vale me resguardaba.
Todo mi cuerpo temblaba, tome algo de paja que encontré en el camino y la puse encima de mí. Estaba helada y llena de nieve pero peor es nada. No sentía mis dedos, ni mis manos. Si alguien me encontraba no sabía si podría hacer algún sello porque los dedos los tenía duros como piedras.
Esperé que pasara la tormenta, pero el tiempo no me ayudaba. ¿Qué iba a hacer ahora? Según aquel tipo el recinto estaba destruido, y lo único que podía pensar era donde podría encontrar a Yuuto. ¿Estaría muerto? ¿Encarcelado? ¿Habría huido?
Reflexioné sobre todo lo que me dijo. Que Eita no era mi padre. Que supuestamente él era mi padre. No podía creerle una mierda. Era ridículo si pensaba que iba a comerme el verso tan fácilmente con un papel que podría haber escrito cualquiera. Nunca podría certificar si él era o no mi padre.
No voy a negar que era tentadora la idea de tener un padre que viajara buscándome por el mundo y viniera a rescatarme del infierno en el que vivía pero si íbamos al caso ¿dónde mierda habría estado estos 18 años?
Preferí no continuar pensando en eso, no quería otra decepción en mi vida.
Me costaba respirar, y sentía como se me congelaban los pies. No aguantaría mucho más tiempo aquí.
Supongo que morir allí era una idea bastante buena, toda mi vida era una maldita mentira, así que, ¿por qué seguir viviendo?
No me quedaba nada, todo lo que conocía de este mundo colapso. Yuuto estaría mejor sin mí, después de todo, solo servía para atraer problemas. Era mejor que la maldición de mis ojos muriera conmigo.
Entonces sentí una presencia dirigiéndose rápidamente a mí. Era ese hombre. Que molesto. Iba a matarlo y luego a morir en paz dentro de mi refugio.
Salí de mi escondite, y lo esperé parada mirando en la dirección en la que venía por entre los árboles. No podía verlo pero sabía que estaba a metros míos, detrás del árbol que tenía enfrente a mí.
-¡Sal, y terminemos con esto! –Le grite impaciente. El viento era demasiado fuerte y no podía ver más allá de mis narices. Active la maldición de mis ojos, convirtiéndolos en dos lagunas rojas al instante. Lo mataría en un segundo, nunca nadie había sobrevivido a mi técnica maldita.
Dio unos pasos entre los árboles, y debajo de ese abrigo, entre los cabellos que caían por su rostro, lo vi.
Abrí los ojos como platos al mirarlo, no podía creer lo que veía. La sorpresa y el shock que me produjo ver sus orbes, me hizo flaquear mis piernas y caerme sentada entre la nieve.
No. No. No. Esto no podía estar pasando.
Él tenía los mismos ojos que yo.
Tenía la misma maldición de los ojos carmesí. Esto no podía ser verdad. Llevaba mis mismos ojos.
Tal vez, ese bastardo si era mi padre después de todo.
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