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Algo
Rojo.
Esa luna llena, gigante, abarcando todo el cielo azabache, alzándose de ese color carmesí orgullosa entre las estrellas.
Parada en medio de una habitación vacía, a la luz de esa maldita luna, allí estaba yo. No recordaba cómo había llegado ahí.
Sangre.
Mis sueños siempre se teñían en ella.
Miré mis pies, y debajo de mi sandalia vi un charco de ese líquido, seguí el rastro que dejaba con mi mirada, y mi corazón dio un vuelco.
Tirados delante de mí, estaban los cuerpos sin vida de Sasuke y Sakura, la sangre provenía de ellos.
Sentí en mi mano derecha el peso de mi espada, la miré y también estaba pintada de color carmesí. La solté automáticamente y vi mis manos. Estaba acostumbrada a ver mis manos bañadas en ese líquido espeso y tibio, pero esta vez era diferente. Era la sangre de ellos.
Dolor
En ese momento se abrió una puerta delante de mí y de los cuerpos, dejando ver al pequeño Rokuro. Su cara estaba desencajada del horror, sin poder creer lo que veía. Me miró, y vi el terror en sus ojos.
Emitió un grito desgarrador desde el fondo de su garganta, llorando desconsoladamente. Di un paso hacia él, y automáticamente salió corriendo espantado.
Quise gritar, pero las palabras no salían de mi boca.
Caí de rodillas al piso, no me importaba mancharme con mi propio crimen. Golpeé el piso con mis puños. Lo había arruinado de nuevo. Este monstruo había aparecido y había arruinado todo.
Un sentimiento adentro mío comenzó a invadir todo mi cuerpo, nunca había sentido algo así. Pensé que me estaban desgarrando en dos desde adentro, un dolor que nunca había experimentado.
Alcé mi rostro y miré la cara sin vida de Sasuke. Ver sus ojos sin vida terminó de romperme por dentro.
-No, no… -Comencé a balbucear, y a temblar- No por favor, ¡no!... ¡NO!.
-¡NO!- Abri los ojos y salté en la cama.
Miré a mi alrededor, y recordé donde estaba. Era mi nueva habitación. Miré mis manos y estaban limpias; no había rastro de sangre en ellas. Fue otra maldita pesadilla.
Agitada, me levanté y caminé hasta la ventana. Corrí la cortina, y vi que recién estaba amaneciendo. Contemplé el jardín unos minutos, intentando apaciguarme y calmar mis emociones.
Fui al baño e inspeccioné todo lo que habían dejado allí para mí. Desde artículos para el pelo hasta las más raras cremas y esencias para el cuerpo; claramente no sabía para qué servía cada cosa, y no iba a averiguarlo.
Entre a la ducha y vi que tenía una bañera. Wow, todos los lujos aquí dentro.
Luego de descubrir cómo se utilizaba la bañera, intenté relajarme dándome un lindo baño. Era tan relajante como había imaginado.
Veinte minutos después ya estaba cambiada nuevamente, limpia de toda pesadilla y pensamientos negativos.
Salí hacia el pasillo con el jardín interno, esperando no molestar a ninguno de los hijos de Sasuke que dormían allí; pero para mi sorpresa, las habitaciones estaban todas con las puertas abiertas y vacías. Casi a mitad del recorrido, de la última puerta salió el más pequeño, Rokuro.
Me miró y me sonrió; se acercó a mí, me tomo de la mano y me llevó hacia dentro del edificio principal de la mansión. Segundos después entramos a la espaciosa cocina, que tenía una mesa de desayuno en medio. Allí estaban todos los Uchiha sentados.
La verdad era como ver un cuadro, toda la familia desayunando junta, en extrema perfección y tranquilidad. No pensé que estas situaciones en verdad existían, además de los cuentos.
-Mami, ¡mira lo que me encontré!- Dijo el más pequeño casi gritando, mientras me arrastraba de la mano hacia el centro de la cocina. Todos se voltearon a vernos, noté que faltaba uno de los gemelos, pero realmente no podía reconocer cual de los dos.
-¡Rokuro! ¡Te he dicho que no vayas a despertarla! – Respondió Sakura, claramente molesta.
-Pero yo no fui, solo la encontré vagando por el pasillo, ¡lo juro!
-Siéntate a desayunar Amaterasu.- Dijo Sasuke desde la punta de la mesa, mirándome detrás de su diario.
-Ohayou (お早う buenos días) Amaterasu-chan- Me saludó Sakura, a lo que respondí con una pequeña reverencia con mi cabeza.
-¡Ohayou!- Gritaron los mellizos, Souta y Taichi, alzando sus manos.
Les correspondí con mi mano también.
-Gochisōsama deshita (ごちそうさまでした gracias por la comida)- Dijo Kenta, levantándose de la mesa junto a su plato, lo dejó en el fregadero y salió de la cocina por la puerta opuesta sin dirigirme la mirada, ni ninguna otra palabra.
Claramente arruiné su desayuno.
-Ven onii-chan, siéntate a mi lado onegai.-Exclamó Rokuro, señalando el asiento que había dejado vacío su hermano mayor, a un lado de la punta que Sasuke ocupaba.
Me senté y Sakura me trajo un plato, una taza y palillos propios.
- Ohayou Amaterasu-chan. ¿Dormiste bien?- Dijo con una cálida sonrisa, sentado frente a mí, uno de los gemelos; por su amabilidad supuse que sería Daiki. ¿Dónde estaría el otro?
-Un (うん si)…
-Sírvete lo que quieras Amaterasu- Dijo Sasuke observándome.
Presté atención la mesa y realmente me impresioné. Nunca había visto tanta comida junta, aparte de algún banquete en alguna fiesta. ¿Esta gente comía así todos los días?
Había de todo para comer, ¿realmente podía tomar lo que quisiera? Normalmente mi organismo no estaba acostumbrado a comer por la mañana, así que no me apetecía comer mucho.
-¿Café, leche, té? ¿O prefieres alguna otra cosa?- Me preguntó Sakura.
-Café, onegai.
Se acercó a mí, y sirvió en mi taza una buena cantidad de café negro. Lo probé y estaba perfecto. Maldición, hacía cuanto no tomaba un café como este.
-Prueba el tamago yaki que hace mi mamá onii-chan, ¡te va a gustar! –Exclamó Souta desde el otro lado de la mesa emocionado.
No quería decepcionar al pequeño, pero realmente se me había cerrado el estomago.
-Arigatou, pero no tengo hambre... –Dije cautelosa, no quería ofenderlos tampoco- …sumimasen, es que no acostumbro a desayunar.
Todos me miraron extrañados, seguramente pensarán que soy un sapo de otro pozo.
La verdad era que no acostumbraba a comer mucho nunca, en casi todo el día. Mis días en el recinto no se habían identificado por ser un banquete dia y noche, la verdad que mucho de mis castigos conllevaban una inanición que duraba algunos días. Pero no necesitaban saberlo.
El resto de desayuno pasó sin más complicaciones, Souta, Taichi y Rokuro estuvieron hablando todo el desayuno, contándome sobre la academia y demás cosas, que la verdad no entendía mucho, pero por cortesía los escuché atenta.
Eran pequeños muy divertidos la verdad, aunque algo ruidosos para mi gusto. Me costaría acostumbrarme al alboroto que significaba tenerlos dando vuelta por la casa todo el día.
De vez en cuando, sentía la mirada de Sasuke en mí. Nuestras miradas se encontraron un par de veces y me dedicaba esa media sonrisa –que ya había aprendido que era característica de él- extrañamente reconfortante. Me dio la sensación que estaba asegurándose que yo seguía allí.
Daiki fue el primero que se levantó, excusándose que tenia entrenamiento temprano. Luego Souta y Taichi se fueron casi corriendo para llegar a tiempo a la academia –prometiendo volver temprano para mostrarme el resto de la casa-, y Rokuro ya estaba durmiendo en su corral.
-¿Segura no quieres comer nada? Si quieres puedo prepararte algo especial que quieras…-Me preguntó Sakura sentada frente a mí, preocupada porque no había tomado más que café.
-Estoy bien, gracias.- Le respondí, no quería herir sus sentimientos.
-Si te parece bien Amaterasu, vamos ahora a ir hasta la torre del Hokage, a ver a Naruto. Hay algunas situaciones que debemos solucionar allí primero, antes que nada. –Dijo Sasuke mirándome.
Yo asentí y emprendimos camino, despidiéndonos de Sakura.
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La Aldea de la Hoja era muy bella, totalmente diferente a los lugares donde yo frecuentaba. Había de todos los tipos de lugares que pueda imaginar, florerías, mercados donde venden verduras y fruta fresca, bares y restoranes pintorescos, y muchos locales más. Todo lleno de colores brillantes y alegres.
La gente en verdad parecía feliz, los aldeanos eran muy amables. Muy seguido saludaban a mi padre algunos con amabilidad, otros con miedo –supongo que su persona era bastante intimidante- y los ninjas que nos encontrábamos lo saludaban con mucho respeto, supongo que así trataban a los Sannin Legendarios.
Parecía que toda la gente lo conocía. Él solo respondía con un movimiento de cabeza, así que comenzaba a suponer que no era muy hablador fuera de su casa, o con personas fuera de su familia.
A mitad de camino me puse un poco nerviosa, ya que a medida que nos adentrábamos en la Aldea, más gente había alrededor, y más gente parecía mirarme y susurrar a nuestras espaldas. Supongo que eso me ganaba, ¿no? Es decir, soy la hija bastarda de Sasuke Uchiha.
Decidí ignorarlos, ya estaba acostumbrada a que la gente hable a mis espaldas y me valía un cuerno.
Minutos después llegamos a la Torre del Hokage. Apenas entramos se hizo un silencio completo en el lugar, todos los ninjas que estaban ahí creo que estaban un poco nerviosos; definitivamente el hombre que era la cabeza de la familia Uchiha no era fácil de ignorar.
Subimos unas escaleras, caminamos por un largo pasillo hasta llegar al despacho del Hokage.
No estaba nerviosa, pero sabía que el Hokage era una persona importante para Sasuke ya que fue el compañero de equipo de él y Sakura toda la vida, así que no quería dejarle mala impresión. Además era el Hokage de la Aldea de la Hoja, una persona bastante importante.
Los ninjas que guardaban la puerta, saludaron con una reverencia y pasamos sin tocar la puerta. Detrás del escritorio, había una gran silla dándonos la espalda. Inmediatamente sentí un pesado y poderoso chakra delante de nosotros.
-Naruto. –Saludo Sasuke. Para nuestra sorpresa no hubo respuesta.
-Tsk… ¡NARUTO!- Alzo la voz claramente hastiado. El Hokage se revolvió en la silla y se dio vuelta claramente sorprendido.- ¿Otra vez durmiendo en horas de trabajo?
-¡Gomen Sasuke! – Respondio el susodicho rascándose la cabeza con una sonrisa en el rostro. Luego reparó en mi.- ¡AH! ¡Tu debes ser Amaterasu-chan! ¡Qué bueno conocerte!
Se paró y rápidamente se acerco a mí, tomándome la mano y estrechándomela enérgicamente. No parecía un Hokage la verdad, parecía un ñiñato despreocupado.
-Soy Naruto Uzumaki desu, el mejor Hokage de la historia, a tus servicios -Dijo casi gritando. Era demasiado alborotado, ruidoso y para nada serio o cordial. ¿En verdad ellos dos podrían ser casi hermanos?
-Amaterasu desu… -Dije algo incomoda, no estaba acostumbrada a que me toquen tan cordialmente.
-¡Es un gusto conocerte! Ven, ven, siéntate ponte cómoda -Dijo casi arrastrándome hacia una silla delante de su escritorio, a lo que el rodeo el escritorio y volvió a su asiento original- Sasuke me ha hablando mucho de ti, y la verdad que se ha quedado corto, ¡de veras que te pareces a él! Y eres mucho más bonita de lo que te describió, pero ¡Bienvenida a la Aldea! ¿Qué te ha parecido? ¿Mi amigo amargado no te ha espantado verdad? Aquí entre nos, puede ser algo aterrador la mayor parte del tiempo, ¡de veras!
¿Esta persona escandalosa y enérgica era el gran Hokage de la Hoja?
-Un gusto conocerlo también… supongo -Le contesté escéptica.
-Ag, ¡hasta hablas como él! ¡Es increíble!- Dijo riendo escandalosamente- ¿Cómo ha ido el viaje? ¿Tranquilo? ¿Conociste a Sakura y a los chicos? ¡Son geniales, de veras! Ya quiero que conozcas a mis hijos también, ¡se llevarán excelente! ¡Hasta pueden ser verdaderos amigos, como Sasuke y yo! ¿No cierto amargado?
-Tsk… Naruto solo vinimos a arreglar el tema del papelerío –El moreno parado a mi lado contestó algo molesto, parecía molestarle que fuera tan escandaloso; de verdad no me cabe en la cabeza aun como estos dos pueden ser mejores amigos, son como el agua y el aceite.
-¡Claro! Si, si si, debo tenerlo en algún lugar… -Dijo comenzando a revisar las toneladas de papeles arriba del escritorio, que era un verdadero lío.
-Me voy un par de semanas y esto es un chiquero Naruto, eres un asco como Hokage. –Dijo serio el moreno, claramente fue una broma porque el Hokage empezó a reír mientras seguía buscando y balbuceando cosas que él era el mejor y bla, bla. Creo que nunca conocí a nadie que hable tantas burradas en tan poco tiempo.
Estuvimos unos minutos más allí, firmamos un par de papeles sobre mi traslado a la Aldea, y concediéndome el derecho como ciudadana. Entre eso, el rubio nos invitó a pasar un día del fin de semana a su casa, a lo que Sasuke tuvo que acceder si queríamos salir de allí pronto.
-Y una última cosa, han llegado unos papeles de la Aldea de la Roca informándonos que dentro de unas semanas se hará el juicio para las personas que tienen arrestadas. Según la información que me mandaron, Amaterasu apareces como víctima de secuestro, así que no tendremos que preocuparnos porque te acusen de nada allá –Dijo el Hokage extrañamente serio, a lo que prosiguió, preocupado dirigiéndose a Sasuke.- Seguramente te llamarán a testificar así tu situación queda asentada junto con tu relación con ella, lo que podríamos arreglar mandando una carta con carácter de declaración jurada. Pero puede llegar a haber un problema, porque Amaterasu también aparece en la lista de testigos del fiscal, por lo que muy probablemente te llamen a declarar y, ya que tu testimonio es vital para el caso, deberás viajar hacia allá para eso.
-Ella no va a volver a ese apestoso lugar Naruto, ni en un millón de años -Dijo el pelinegro molesto, apoyándose contra el escritorio.
-Lamentablemente si la llaman a testificar, no tenemos nada por hacer Sasuke.
-Escucha –Me dijo el Uchiha, mirándome fijamente- Nadie va a obligarte a ir a ninguna parte que tú no quieras. Que se pudran todos, si no quieres volver, no lo harás.
La verdad que no me movía un pelo volver allá pero, a lo que si no estaba dispuesta, era a ver a esas personas de nuevo. Ver sus caras haría más vívido todo el pasado, y me haría recordar cosas que preferiría echarlas al olvido para siempre.
-Mira Amaterasu-chan, piensa que si das tu testimonio en el juicio, haría mucho más fácil el trabajo del fiscal a la hora de extender la condena de esos mal nacidos. Eres la única víctima, no lo tomes como una obligación, tómalo como un derecho que tienes de contar la verdad para que se haga justicia contra esas personas -Me dijo el rubio mirándome, era increíble como hace unos minutos estaba dando saltitos por toda la habitación y de un momento a otro se ponía a hablar tan seriamente- Es tu decisión Amaterasu-chan.
Lo pensé por unos instantes. Aunque tome la decisión de viajar hasta allá, no creía ser lo suficientemente fuerte para revivir todo ese infierno al que llamé vida alguna vez, y dejar que alguien me haga preguntas sobre eso.
Miré a Sasuke, me miraba con esos ojos llenos de preocupación que me dejaban incomoda. A veces cuando se cruzaban nuestras miradas, sentía como si él era capaz de atravesar todas mis barreras y ver directamente dentro de mí. Nunca estuve tan vulnerable ante nadie, y eso me ponía un poco nerviosa.
Pero a la vez, tenerlo cerca me traía un ambiente de seguridad que nunca había experimentado, como si su sola presencia me decía que todo iba a ir bien.
-Yo… no lo sé, pero no quiero volver allá. –Supongo que con esa excusa sería suficiente para no tener que hacerlo.
-Entonces no lo harás -Afirmo el pelinegro con seguridad.
-Supongo que en ese caso encontraremos alguna solución al problema cuando se presente la situación. Seguro a Shikamaru o a Kakashi se les ocurre algo. -Dijo Naruto revisando más papeles.
-¿Puedo preguntar algo? –Dije mirando a los mayores, que estaban claramente sorprendidos por mi interés repentino en hablar más de lo justo y necesario.
-Claro, lo que tú quieras -Respondió el Hokage, mientras el Uchiha asentía con su cabeza dándome su visto bueno.
-Em… Dijiste que yo aparecía como la única persona secuestrada ¿verdad? –A lo que Naruto asintió- … ¿En algún lado entonces aparece el nombre de Yuuto?
-Etto… no recuerdo haberlo leído en ningún lado. ¿Quién era él? –Pregunto Naruto mientras revisaba sus papeles.
-Él también estaba allí contra su voluntad y era utilizado igual que yo. Desde que tengo memoria, siempre ha estado junto a mí. Se podría decir que fue lo más cercano a un amigo que tuve nunca.
-¿Cómo era él? –Indagó Sasuke.
-Alto, cabello rubio y largo, ojos verdes, tatuajes parecidos a los míos pero en ambos brazos.
-No recuerdo haber visto a nadie así Amaterasu, ni entre los que fueron apresados, ni entre las bajas.
-Aquí tampoco encuentro a nadie con una descripción así. ¿Segura que estaba en ese lugar en el momento de la intervención?
-No estoy segura, por las noches me… dormían con drogas y no era consciente de lo que pasaba alrededor.
Sasuke apartó la mirada y tomó un profundo respiro. Tal vez no le agradaba mucho escucharme hablar de eso.
-Puedo mandar a preguntar a la Roca por él si quieres –Me dio la opción el rubio.
Yo estaba convencida que Yuuto habría logrado escapar, y si era el caso, traer su nombre a un juicio iba a causarle problemas. Él siempre anheló por su libertad, no sería yo quien arranque sus alas.
Solo quiero que seas feliz Yuuto, estarás mejor sin mí en tu vida. Pensé melancólica.
-No, la verdad, me gustaría zanjar el tema si es posible –Dije intentando convencerlos.
-Como tú prefieras, hacemos esto por ti Amaterasu-chan. Cualquier cosa que necesites, ¡puedes contar con el tío Naruto, de veras! –Contestó el rubio alzándome el pulgar y dedicándome una sonrisa tranquilizadora y cálida- Por ahora eso es todo entonces, los mantendré informados sobre cualquier avance.
Despedimos al Hokage y salimos de allí.
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-¿Estás bien? –Me preguntó Sasuke ya casi llegando nuevamente a la mansión Uchiha.
Yo atiné a asentir con la cabeza. Me había quedado pensando en Yuuto todo el camino.
-Quiero mostrarte algo. Acompáñame.
Lo seguí por el camino empedrado que llevaba a la mansión, pero en vez de entrar, rodeamos la casa y salimos al patio trasero, era un campo extenso lleno de verde; a uno de sus lados tenía una bella huerta con flores y demás plantas que gracias al invierno estaba algo descuidada. Era un hermoso lugar.
Cruzando el campo, llegando al final del mismo, había un pequeño lago artificial con un pintoresco puentecito que te llevaba a la otra orilla, y allí se alzaba como una pared hecha de arboles. Era algo extraño, casi como que terminaba el patio trasero y comenzaba un bosque. ¿También eran dueños de un bosque?
Caminamos a través de la nieve que cubría el patio, pasamos el pequeño puente y nos adentramos en ese bosque.
-Quédate cerca, no quiero que te pierdas -Me advirtió.
Caminamos unos minutos a través de los árboles y las malezas, -¿cuán grande era esto? parecía que no tenia final- hasta que nos encontramos con una entrada de piedra que, al entrar, contenía una escalera que se perdía bajo tierra.
Lo seguí por esas escaleras; cada paso que dábamos hacia abajo, se hacía todo un poco más oscuro hasta que en un momento parece que estábamos en completa oscuridad y silencio, solo se escuchaban nuestros pasos retumbando en los escalones.
-Espera –Sentenció, lo escuché dar unos pasos más hacia abajo y hacer unos sellos con las manos- Katon no jutsu.
Vi como salía un poco de fuego en sus manos, dirigiéndolos hacia una antorcha en la pared. Y así como se prendió la primera, automáticamente siguieron prendiéndose demás antorchas delante de nosotros, mostrándonos el camino hacia el final de la escalera.
Al final llegamos a un subsuelo, era una habitación de piedra muy amplia de techo bajo, con algunos pasillos que la interrumpían, que te llevaban quien sabe dónde. Nos adentramos en la habitación y nos acercamos a una estructura rocosa al final de la misma, estaba rodeada de fuego y supuse que sería una especie de altar con un gran símbolo del abanico en oro y plata. Tenía escrito algo en ella pero no pude descifrarlo porque parecía estar escrito en clave.
-Estamos en las catacumbas de la familia Uchiha Amaterasu –Me explicó el pelinegro, mirando el fuego- Bueno… las nuevas que construí para que de ahora en más sean utilizadas con ese fin. Te dije que al llegar a la Aldea iba a contarte algunas cosas más sobre mí, y me gustaría empezar por este lugar.
Volvió en sus pasos y se adentro en un pasillo a nuestra derecha, llevando una antorcha con él a modo de luz, haciendo un ademan para que lo siga. Al fondo del mismo, iluminó la pared y pude ver tres recuadros en la pared a modo de lápidas, también tenían un extraño escrito que no era capaz de leer.
-Será más fácil de leer de esta manera –Me dijo. Lo miré y tenía activado su Sharingan.
Yo activé el mío y fui capaz de leer los tres nombres de esas lápidas.
Mikoto Uchiha.
Fugaku Uchiha.
Itachi Uchiha.
Esta última lapida estaba arriba de las otras dos; tenía ese nombre escrito en oro y plata, con el símbolo Uchiha y una frase:
"… para siempre".
-Mikoto y Fugaku eran mis padres, e Itachi fue mi hermano mayor –Comenzó su relato, mirando esta ultima lapida tácitamente, rozando el nombre con las yemas de sus dedos; como atesorando algo-… y esas fueron sus últimas palabras, en nuestro último encuentro me dijo mirándome a los ojos "te amaré para siempre".
Asi comenzó a relatarme la historia de la familia Uchiha, o mejor dicho, de su masacre. Me habló de esa fatídica noche en la que todo comenzó, de cómo fue su infancia solitaria y llena de oscuridad, su búsqueda de venganza, su descubrimiento de la verdad, y en el desenlace durante la 4ta guerra ninja, haciendo siempre hincapié en quien fue Itachi Uchiha, y su papel en todo esto.
Cuando terminó el relato, no sabía que decir. Nunca me había quedado sin palabras, pero lo increíble de su historia y la de su hermano revolucionaron mi interior. Nunca me hubiera imaginado todo lo que este hombre atravesó en su vida.
En ese momento entendí lo que quería decir, cada vez que exclamaba "te pareces más a mí de lo que piensas". Había pasado muchas penurias, y literalmente había caminado por el sendero de la oscuridad para cumplir sus objetivos, para descubrir al final que alguien había planeado algo mucho mejor para él.
Sasuke Uchiha tenía un alma que había descendido hasta lo más profundo del infierno, llenándose las manos de sangre y el alma de odio, dejando absolutamente todo para cumplir su objetivo.
Comprendí entonces por qué su mirada me parecía tan reconfortante; de una manera u otra, ambos habíamos atravesado el sendero del sufrimiento, completamente solos… nuestras almas sentían verdadera empatía la una con la otra, solo porque ambas habían experimentado la hueca y fría soledad.
Aunque había entre nosotros una diferencia. Su alma había sido salvada. Naruto y Sakura, lo habían traído a la fuerza nuevamente a la vida, junto con su hermano.
¿Eso quiere decir que todavía tengo esperanza?
-Luego de mi viaje de redención, -continuó mientras caminábamos nuevamente hacia el altar principal- al llegar a Konoha, todo cambio completamente para mí. Pude aprender poco a poco lo que era vivir plenamente. El nuevo amor que había descubierto por mi hermano, junto al que me brindaban Naruto y Sakura cada día, fueron devolviendo de a poco la luz a mi oscura y podrida alma. Pero definitivamente, al comenzar a nacer mis hijos, ellos fueron los que me terminaron dando razones para creer que la felicidad existía hasta para una persona como yo.
Miró el altar principal nuevamente, y concluyó su monólogo.
-Mi punto es que, yo más que nadie pensé que mi alma no tenía salvación Amaterasu, pero pude encontrar la llave a esa felicidad y a esa paz que Itachi quería para mí: esa llave, fue el descubrir que existía "algo" incondicional, profundo y puro que me unía a ciertas personas en este maldito planeta aún sin quererlo. La mayoría a ese "algo" lo llamamos amor, pero tu dile como quieras... "familia", tal vez.
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