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Nuestra

Sakura era en verdad impresionante. Mientras habíamos estado fuera, había lavado toda la ropa, había hecho las compras de los víveres en el mercado y había ayudado a Daiki con unos papeles de hospital, todo con un pequeño Rokuro a cuestas corriendo de aquí para allá.

Y mientras se cocinaban las verduras para el almuerzo, se sentó conmigo y comenzó a preguntarme que me gustaría tener en m habitación, o que ropa me gustaría comprar para comenzar a llenar mi armario.

Yo no quería ser un problema, así que negué que necesitara algo más que lo que ya tenía –que en verdad era mucho más de lo que nunca había tenido- pero insistió e insistió, hasta que tomo una pequeña libreta y anotó las escasas cosas que le nombre. Una lámpara para leer en la cama, algún libro con imágenes del resto del mundo ninja, y una almohada de plumas. No se me ocurría que otra cosa podría querer en mi habitación.

Me sorprendí al descubrir que había dejado caer una lágrima cuando se dio cuenta que en verdad no sabía pedir otra cosa. Prometió que mas tardar al final de esa semana me llevaría de compras y me mostraría todo lo que podría querer para mi habitación o para mi armario.

Souta y Taichi eran bastante hiperactivos, desde que llegaron de la academia me llevaron de aquí para allá, por toda la casa, mostrándome todas las habitaciones y escondrijos posibles. Me hicieron miles de preguntas, ¿por qué mis ojos eran como eran? ¿por qué no había venido antes? ¿de dónde venía? ¿dónde había estado todo este tiempo? ¿me gustaba el chocolate dulce o amargo? ¿podían cepillar mi cabello? ¿era tan buena ninja como sus hermanos? ¿algún día les enseñaría técnicas nuevas? Eran pequeños muy tiernos, y la verdad no sé de dónde saqué tanta paciencia para aguantármelos tras de mí hasta el mediodía que se fueron a la casa de los Uzumaki.

Después estaba Daiki, tuve un momento para sentarme a charlar con él antes de almorzar.

Era una persona muy inteligente y reflexiva, pero también muy amable. Era el que más me hacia acordar a Sasuke, gracias a que me traía por momentos esa aura de paz y tranquilidad que me hacía sentir cómoda. Me contó su trabajo en el hospital, lo que le gustaba hacer, y demás cosas sobre él; tenía una manera muy peculiar de pensar ya que a todo le encontraba un enfoque totalmente diferente al mío.

Definitivamente nos llevaríamos bien; somos muy diferentes, pero a la vez muy iguales. Es difícil de describir.

Quiso ondear en algunos aspectos de mi vida también, supongo que era lo normal ya que me quería conocer mejor, pero al ver que no estaba muy dispuesta a hablar de mi pasado, cambió de tema amablemente para no hacerme sentir incomoda. Tenía que agregar "intuitivo" a mi lista de adjetivos que lo describían.

Luego descubrí por qué Sasuke me había presentado a Rokuro en aquel entonces como "el rey de la casa". Era el más mimado de todos, su palabra era ley, y aunque Sakura quería disciplinarlo al no darle todos los gustos, siempre el pequeño demonio terminaba por salirse con la suya. Era definitivamente un calco de su madre en todo aspecto, su cabello rosado pálido y sus grandes orbes verdes transmitían una ternura que sentías que iba a derretirte el corazón en cualquier momento.

Lamentablemente para mí, yo tampoco era inmune a sus encantos, por lo que termine contra mi voluntad sentada junto a él mientras me enumeraba el nombre de todos sus peluches favoritos, con sus respectivas historias.

Descubrí una parte de mi misma en él, es decir, el utilizaba sus encantos para seducir a todo el mundo y que se hiciera lo que él quería, cosa que yo también en mi pasado hice como herramienta para llegar a mis objetivos. Era un pequeño muy astuto, me caía bien.

Por último, Sasuke. Él típico padre de familia, estricto y serio pero con un gran amor por su familia. Lo que me había dicho frente a las lapidas de su familia era totalmente su verdad, y lo aplicaba en la vida diaria.

Ese "algo" que había sido su salvación, podía sentirse explícitamente en el aire cada vez que hablaba con alguno de sus hijos o con Sakura. Podría ser un hombre serio y de pocas palabras, pero dentro de esa casa había "algo" especial que te hacía sentir que la felicidad realmente existe.

Hace mucho tiempo que dejé de creer que el "amor" existía. O mejor dicho si existía, pero que no existía para mí, nunca podría ser capaz de sentirme así por nadie, o alguien por mí.

Tal vez por eso me sentía tan confundida. Era como una batalla entre lo que me habían enseñado toda mi vida, contra lo que en verdad estaba viendo frente a mis ojos. Tal vez –y solo tal vez- ¿podría alguien como yo sentir amor? Yo creía que si pero, al momento en que estas personas sepan lo que realmente soy, ¿alguien podrá sentir amor por mí? ¿o solamente lo que impulsa las acciones de Sasuke y la familia Uchiha hacia mí, era mera lastima?

Estaba decidida a contarle la verdad a Sasuke sobre mí, ya que él se había abierto a mí contándome su historia. Sentía que pasar más tiempo en esa casa, recibiendo una calidez que no merecía, sería como estar robando algo que no era para mí. No podía seguir ocultando lo que era ante Sasuke, que al final de cuentas era mi padre, y después de todo lo que me ha mostrado en menos de 12 horas junto a su familia, merecía saber todo de mi.

Pocas veces sentí, verdadero miedo ante una situación, pero contarle toda mi historia a este hombre me llenaba de un terror que carcomía mi cuerpo y me ponía piel de gallina. Sabía que vendría luego de eso, sabía que él me diría que era un monstruo, que me aleje de su familia y que nunca más regresara… no sé por qué eso me formaba un nudo en la garganta.

Nunca pensé que yo diría esto pero… creo que no quería irme de ese lugar nunca.

A pesar de mis deseos, no tuve el momento para sentarme a hablar con él, ya que fue llamado a una reunión urgente con los consejeros del Hokage y tuvo que irse rápidamente, prometiendo que esa noche regresaría.

Almorzamos Sakura, Rokuro y yo; ya que Kenta no había aparecido desde el desayuno, Daisuke estaba de misión y Daiki se fue a cumplir su turno en el hospital.

Particularmente este día había un sol espléndido afuera –que es mucho decir en medio de un invierno tan frío como el que atravesábamos- pero cuando miré el patio y vi como se derretía la nieve de las copas de los arboles gracias al ambiente cálido, supe que era el día perfecto para cumplirme un pequeño deseo que tenía hace bastante tiempo.

Esperé al momento donde los pelirrosas se excusaron para dormir una pequeña siesta y supe que era mi oportunidad.

Salí silenciosamente y me senté en la mitad del gran patio trasero, dejando que la luz solar penetre la piel de mi rostro, llenando cada poro con su calidez.

Hacía mucho tiempo –por no decir nunca- no tenía un momento de tranquilidad; solo yo, sentada, respirando el aire fresco de invierno, y dejado que el sol moje mi cara con su calidez, no teniendo que esconderme, sabiendo que nadie vendría a buscarme para llevarme nuevamente al recinto, teniendo la tranquilidad que nadie saldría de un momento a otro a matarme de entre los árboles o algo así.

Inhale por la nariz, exhale por la boca, dejando salir un profundo suspiro.

¿Qué otra cosa podría pedir además disfrutar de un momento de paz como este? Yo creo que nada.

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Esa noche, cené junto a Sakura y los tres más pequeños. Yo había comido demasiado en el almuerzo y no probé mucho bocado, pero el relato de los mellizos de su 'interesantísimo' día en la academia fue suficiente para pasar desapercibida.

-¡Onii-chan!- Gritó de repente Souta mirando hacia la puerta de la cocina, donde cenábamos. Allí vimos a un Kenta claramente desfachatado, seguramente de haber estado entrenando todo el día.

Automáticamente los tres pequeños corrieron a saludarlo, dándole una bienvenida como era usual: gritando su nombre y saltando alrededor como si no lo hubiesen visto hace años.

- Konbanwa (こんばんは buenas noches) –Dijo el pelinegro con su manera seria y casi murmurando al entrar en la cocina.

-Konbanwa Kenta-kun, siéntate a cenar onegai –Respondió Sakura con una sonrisa, mientras iba a buscar un plato para su hijo.

-Konbawa –También respondí con su mismo tono.

Y la cena siguió mientras los mellizos nuevamente relataban todo su día en la academia para contarle a su hermano mayor las cosas que habían hecho, con algunas acotaciones de Rokuro para no sentirse menos y llamar la atención de Kenta de tanto en tanto.

Sakura era muy amable, como ya mencioné, e intentaba constantemente hacerme partícipe de la conversación en la mesa haciéndome preguntas o pidiendo mi opinión sobre el tema en cuestión.

Yo, en cambio, no me sentía en el lugar como para poder conversar aun libremente de mi persona o cual tema sea que implique una charla casual; todavía no se me daba muy bien el integrarme y sentirme parte de la conversación familiar, así que prefería quedarme callada. Y la presencia de su hijo mayor, solo conseguía que me dieran menos ganas de intercambiar palabra.

Es decir, no es que me intimidara ni mucho menos, pero su presencia era definitivamente aplastante –igual que la de Sasuke- y pude sentir como emitía un sincero odio hacia mi persona desde el momento que cruzó la puerta. No me incomodaba, pero no era de mi preferencia gastar mis pocas ganas de conversar con gente que me aborrecía.

Además, yo también lo aborrecía en retorno, por su actitud, así que fingir que me caía bien no sería sincero; nunca fui una persona hipócrita, prefería más bien directa y concisa. Por lo tanto, procedí a cerrar a boca el resto de la velada y ahorrarme el disgusto.

Más tarde, ya todos estaban preparándose para ir a dormir. El pelinegro mayor un segundo después de terminar de ingerir su alimento, se excusó alegando estar cansado para irse a dormir temprano.

Y mientras Sakura corría a los tres más jóvenes de aquí para allá, intentando ponerles sus pijamas sin morir en el intento, yo me senté en la alfombra peluda de sala de estar que estaba frente al hogar.

Estaba bien cerca del fuego, con una manta, disfrutando la calidez en mis manos y pies, con la mirada perdida entre las llamas.

¿Cuántas cosas de mi pasado podría contarle a Sasuke antes que me echara?

Definitivamente me sentaré y disfrutaré de este calor, antes que deba partir a quien sabe dónde.

Cerré los ojos sintiendo el calor en mis mejillas. Y mi mente comenzó a divagar por todos los momentos que había pasado allí. Tal vez a cualquiera le parecerían escasos, pero para mí ya eran un tesoro.

Una cómoda cama por la noche, baño caliente en la mañana, soquetes limpios y frescos, un café de desayuno, un almuerzo completo, una amena charla con otra persona, escuchar a los mellizos reír a carcajadas, contemplar la dulzura con la que Sakura toma suavemente en sus brazos a Rokuro para dormir, respirar el aire fresco del invierno, un poco de sol en mi cara mientras tomaba un suspiro, una manta suave que te proteja del frío, una mirada preocupada de tu padre… y podría seguir sin parar.

En un día, había vivido más que en 18 años.

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Siento la puerta principal abrirse y veo a Sasuke. Estaba tan cómoda allí que no me había dado cuenta si en verdad paso una hora o un minuto.

Me devuelve la mirada y lo veo suspirar aliviado. Se saca las sandalias y el abrigo, se acerca sigiloso a mí.

-Te veo muy a gusto –Me dice relajándose en el sofá detrás mío.

-Un… se está muy bien aquí –Murmuro observando nuevamente el fuego.

-¿Todo bien? –Pregunta, pero no alcanzo a contestar, que se escuchan los gritos de los pequeños, corriendo con sus pijamas -a medio vestir- para venir a saludar a su padre.

-¡Oto-san! –Grita Souta, seguido de exclamaciones parecidas de su mellizo y su hermano pequeño.

Él se levanta y los mira a los tres seriamente, observando a su esposa detrás de ellos con cara de hastiada.

-¿Qué es este alboroto a esta hora de la noche? Los quiero a los tres en cama en dos minutos –Los reprendió– Y se disculpan con su madre.

Los tres bajaron sus cabezas, y vociferando un tímido "gomenasai" enfilaron hacia sus respectivas habitaciones.

-Buenas noches Amaterasu-chan –Se despide la pelirrosa siguiendo a sus hijos para asegurarse que se duerman de una vez por todas.

-Hasta mañana –Le respondo volteándome brevemente a verla.

Sasuke vuelve a tirarse en el sofá notablemente cansado, largando un suspiro.

-Debe ser difícil para ti acostumbrarte a esos tres. Gomen…-Me dice el Uchiha mayor como quien no quiere la cosa.

-Es… -Pensé un momento la palabra que quería utilizar -… interesante.

-¿Interesante? –Pregunta intrigado.

-Es entretenido verlos, es decir, su comportamiento. Son buenos niños… felices.

-¿Y tú? ¿Cómo fue tu día aquí?

Tardé en responder, quería buscar las palabras correctas pero se me atoraban en la garganta. ¿Por qué me costaba tanto decir cosas buenas de los demás?

-Estuvo bien –Dije sin más con mi mirada todavía en las llamas-… tienes una familia increíble Sasuke.

Nos quedamos en silencio. No estoy segura si dije algo malo pero no me respondió en un buen rato.

Luego se levantó del sofá, se acercó a mí y, para mi sorpresa, se sentó a mi lado en la alfombra.

-Nuestra… –Dijo mirándome un momento después.

Yo lo miré intrigada, no comprendí lo que quiso decir. Suspiró y mirando las llamas se explicó.

-Nuestra familia Amaterasu –Murmuró- Quiero que te sientas parte… esta es tu casa, y nosotros somos tu familia.

Bajé mi mirada. ¿Cuánto te va a durar ese deseo cuando descubras todo lo que tengo para contarte sobre mí?

Decidí que no era el momento para hablar, era tarde en la noche y seguramente estaría cansado. Ya mañana será.

-Buenas noches –Le dije luego de pararme y caminando hacia mi habitación.

No miré atrás para que no vea el vacío en mis ojos.

Claro que yo también deseaba sentirme parte de esta familia, pero me preguntaba si algún día podría confiar plenamente en alguien.

Entré en mi habitación, me descambié y me tiré en la cama. Mi cabeza no paraba de dar vueltas y sentía que no podría dormir esta noche.

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2.40 am.

Definitivamente no podría dormir esta noche.

Había pasado mucho tiempo, y quería bajar mi ansiedad así que decidí fumar un cigarrillo.

Derrotada, salí hacia el pasillo exterior. Al no querer molestar a nadie bajé al jardín interno y de un salto subí al techo más cercano, escondiendo mi chakra para no despertar a los que sí pudieron conciliar el sueño.

Me senté allí arriba y miré al cielo. Era una noche muy fría pero despejada, podía ver la luna brillante como una media sonrisa allá, intocable e impoluta, rodeada de cientos de estrellas.

Dejando salir de mi boca una pequeña bocanada de fuego, encendí un cigarrillo. Los había comprado en mi intento de huída en la ciudad de la Roca, y los tuve escondidos desde entonces.

Tuve un flashback en mi mente, de mis tiempos con Yuuto, cuando nos escapábamos por las noches del recinto para fumar un cigarrillo en el patio de entrenamiento a escondidas.

Nos recostábamos en el gran árbol y mientras fumábamos, mirábamos las estrellas, imaginando como serían nuestras vidas si hubiésemos sido libres. Nos pasábamos horas contándonos historias falsas sobre aventuras que nos habría gustado realizar o lugares a los que nos habría gustado visitar o personas que nos habría gustado conocer.

Al pensar en ese como uno de los recuerdos más lindos que tengo de mi vida en el recinto, caigo en cuenta de lo verdaderamente triste que era mi vida allí como para considerar eso como lo más cercano a la felicidad que experimenté.

Qué absurdo que tu recuerdo más feliz se base en historias que nunca existieron.

Me sentí abrumada por un momento. En esta casa la felicidad estaba al alcance de la mano todos los días.

¿Yuuto habrá pensado en mí desde la última vez que lo vi? ¿O habrá preferido borrar y dejar atrás el pasado para cumplir todos sus sueños?

No lo culpo, si fuera él me hubiera borrado de su vida al instante. Solo le traía problemas.

-¿Insomnio?

Miré en la dirección donde venía la voz y Sasuke estaba unos metros en el techo, parado detrás de mí.

¿Cómo puede ser que ni siquiera lo sentí acercarse? Tal vez si era tan buen ninja como todo el mundo hablaba después de todo.

-Lo siento, no quería despertar a nadie –Dije respondiéndole en voz baja.

Para mi sorpresa, se acercó, y dejó en mis hombros una manta para resguardarme del frío, y se sentó a mi lado.

-¿Hace mucho tienes esa… costumbre? –Me preguntó mirando el cigarrillo que sostenía con mis dedos.

-Sí, perdona… no pensé que te molestaría –Hice ademán de tirarlo, pero me interrumpió.

-Digamos que no estoy cien por ciento de acuerdo a que hagas esto, pero tienes 18 años y es tu decisión –Me dijo comprensivamente- … no dejes que los más pequeños te vean, ni Sakura… ni Daiki, sino no te dejarán en paz.

-Lo siento por despertarte –Le dije mirando el cielo nuevamente.

-No lo hiciste, últimamente no estoy durmiendo muy bien.

Nos quedamos en silencio un momento, y decidí hablar.

-Antes solía mirar el cielo estrellado y me pasaba horas imaginando una vida fuera del recinto… –Exhalé una bocanada de humo- … y estar aquí ahora parece tan irreal que asusta. ¿Alguna vez sentiste como que, no podía ser tan perfecto todo? ¿Que en algún momento algo de repente arruinaría todo porque ser tan feliz no debería ser justo? Bueno, así es como me siento ahora.

Él solo atinó a mirarme y oír atento, comprendió que necesitaba ser escuchada por lo que proseguí casi con un susurro.

-Es como vivir un sueño del que sabes que algún día deberás despertar, pero con todas tus fuerzas intentas convencerte que no lo harás, y terminas convirtiendo tu propia ilusión en realidad –Y negando con la cabeza finalicé- Pero en el fondo sabes que los sueños existen solo para luego despertarse, y que las ilusiones solo existen para romperse.

Se tomó un momento para responder, y esbozó una pequeña sonrisa.

¿Enserio podía reírse de mí en este momento?

-Me recuerdas a mi mismo exactamente cuando tenía tu edad. Siempre pensando que la verdadera felicidad no estaba al alcance de una persona como yo. Y no voy a mentirte, muchas veces al contemplar donde estoy ahora, me siento exactamente de la misma manera que tu ahora; perseguido por mis fantasmas, con ese miedo a que mi pasado manche mi presente. Pero ¿te digo una cosa Amaterasu? Descubrí que, la única salida era tan simple que no la veía… solo hay que dejarse llevar.

No comprendí lo que quiso decir con eso en realidad, no era tan fácil escapar del pasado.

-Sé que suena bastante cursi –Continuó- pero es exactamente eso. Toma tiempo y toma esfuerzo, a mi me llevó bastantes años cuando regresé a la aldea luego de la guerra. Es más, creo que hasta que nació mi primer hijo que no pude estar completamente tranquilo.

Me miró para enfatizar su conclusión y terminó de hablar.

-Pero debes saber dos cosas: la primera, es que todo largo camino, comienza con un pequeño paso, que suele ser el más difícil, dejar caer esa primer barrera dentro de ti que te separa del mundo; y la segunda… es que no estás sola, a diferencia de mi mismo a tu edad, tú tienes a tu padre apoyándote.

¿Cómo podía este hombre que conocía poco más de una semana, hacerme sentir tan aliviada con sus palabras?

-No me conoces Sasuke, no sabes quién soy yo, no sabes lo que dices –Le respondí tirando lejos el ya consumido cigarrillo, me molestaba que todo el tiempo diga tales cosas libremente.

-Es cierto, no te conozco Amaterasu, y cuando estés lista yo estaré esperando para hacerlo… pero nada de eso importa realmente, eres mi hija y nada más me importa que el que seas feliz de aquí en adelante.

No podía sostener esa mirada más, sus ojos al encontrarse con los míos expresaban una confianza en mí que era totalmente infundada.

-Es tarde, y no quiero que te congeles. Luego seguiremos con esto, ahora vamos a intentar dormir –Me dijo parándose, y extendiéndome una mano para ayudarme a levantar.

Lo miré, intentando no sentirme abrumada con sus últimas palabras. Dudé unos segundos, pero tomé su mano levantándome y volvimos de un salto al jardín interno, intentando ser lo más sigilosos posible.

-Que descanses –Me susurró y se dirigió hacia la habitación principal.

Yo lo despedí haciendo un ademán con la mano, y lo miré irse. Me quedé mirando la puerta por donde había desaparecido unos minutos, intentando procesar cada una de las palabras que recién me había dedicado.

Estornudé y me di cuenta que debería entrar también.

Y esa noche dormí con una extraña sensación presionándome el pecho.

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