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Lo cotidiano

Rojo.

Esa luna llena, gigante, abarcando todo el cielo azabache, alzándose de ese color carmesí orgullosa entre las estrellas.

Sangre.

Mis sueños siempre se teñían en ella.

Dolor

Un grito profundo se abrió paso desde lo más profundo de mis entrañas, desde allí, donde tenía clavada esa katana que me atravesaba el estómago.

Alcé mi rostro para que, con mi última fuerza, pudiera ver la cara de mi ejecutor. Y allí estaba él.

Ese quien fue el perpetrador del sufrimiento a lo largo de toda mi vida. Con esa estúpida mirada en sus ojos, donde no podía ver más que un destello de locura acompañada por esa típica carcajada tan típica de él.

Me daba asco. Me provocaba sacar todo el odio que tanto me había costado esconder.

Eita Hiroko se alzaba orgulloso delante de mí, haciendo girar la empuñadura de la katana para provocarme más sufrimiento aun.

Intenté gritar pero todo lo que pude hacer era sentir el sabor metálico de la sangre que escurría por mi boca, atragantándome, sin dejarme respirar.

Dolor

Me desperté de un salto, tomándome la garganta con las dos manos y tosiendo, intentando sacar algo que claramente había quedado en mi sueño. Mi corazón corría a mil por hora y mi respiración estaba tan agitada que parecía haber corrido una maratón.

Hacía bastante que no soñaba con él.

Mire el reloj y marcaba las 4.23 am.

Maldición, no había dormido casi nada. La verdad que después de la conversación de madrugada con Sasuke la cabeza me había quedado dado vueltas.

Me tiré derrotada en la cama, sabía que no podría conciliar el sueño más e intenté relajarme.

Mi cabeza divagó y pensé en todas las opciones que tenía para gastar el tiempo hasta que sea de día y todos se levanten.

Me recosté de lado, y sentí mis piernas entumecidas y pesadas. Hace mucho no hacía ejercicio y ya comenzaba a pesarme.

Perfecto, ya tenía una idea.

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Sentí unos pasitos que lentamente subían por la escalera y se dirigían a nuestra habitación.

El reloj mostraba las 4.41 am.

Suspiré profundo, armándome de paciencia. Definitivamente tendría que tomar medidas con Rokuro para que aprenda a quedarse en su cama por las mañanas.

Aún con mis ojos cerrados, lo escuché abrir la puerta y luego cerrarla tras de si con sigilo para no despertarnos. Se acercó hasta mí, yo estaba acostado de espaldas con la cabeza ladeada hacia el borde de la cama, y era el más próximo a la puerta.

Escuché su pequeña respiración agitada -tal vez por el largo camino que recorrió hasta aquí- casi pegada a mi cara, y al instante sentí sus deditos picándome la cara, claramente con la intención de despertarme.

-Rokuro, ya te dije mil veces que…-No pude terminar la oración que escuche unos pequeños sollozos. Abrí mis ojos y, para mi sorpresa, no era Rokuro quien estaba delante de mí, sino Taichi que escondía sus ojos detrás de sus manos, intentando apaciguar las lagrimas que salían de sus ojos.

Me sentí un desalmado. Automáticamente me senté en el borde de la cama, lo tomé y lo senté en mi regazo. El se abrazó a mí como si su vida dependiera de ello, sollozando en silencio.

Era muy extraño que Taichi -usualmente el mas callado de los mellizos- actuara de esta manera, por lo que me preocupe al instante.

Detrás de mí sentí a Sakura moverse y levantarse también, espiando por mi costado quien hacía tal espectáculo.

Al darse cuenta quien era, Sakura me miró extrañada, y yo le di la misma mirada. Ninguno de los dos entendía nada.

-¿Taichi? Cielo, ¿Qué sucede? –Le dijo con su pacifica voz intentando calmarlo mientras acariciaba sus cabellos pegados a mi torso.

-Tuve un feo sueño –Respondió pegado a mi torso entre sollozos y lagrimas.

Eso nos terminó de descolocar, el nunca había actuado así.

-Ven con mami bebé –Susurró mi esposa recostándose de lado, y Taichi se adentró en las sabanas abrazándola aun sollozando.

Yo los imité, cerrando mis ojos, intentando volver a conciliar el sueño. Pero aunque me pese, escuchar los gimoteos de mi hijo a mi lado, claramente no iba a dejarme dormir.

Derrotado, me recosté mirándolos, mientras Sakura intentaba calmarlo acariciando sus cabellos.

Minutos después, ya más tranquilo, se dio vuelta mirándome con esas dos lagunas verdes iguales a las de su madre.

-Papá, ¿tú te vas a morir? –Me preguntó de repente.

Las preguntas de ese pequeño nunca eran fáciles de responder.

-Todos moriremos algún día Taichi. ¿Por qué la pregunta?

-Pero no morirás pronto, ¿verdad?

-Nadie sabe eso. Solo te llega la hora y mueres.

Frunció el seño, no estaba satisfecho con mi respuesta.

-Mami… -Y prosiguió mirándola- tu tampoco morirás pronto ¿no?

-¿Por qué de repente tantas preguntas sobre este tema? –Respondió Sakura.

Avergonzado, escondió su cara bajo las sabanas.

-Es que en mi sueño, ustedes ya no estaban y todos nosotros quedábamos solos -Se arrastró hasta mi, y me abrazó quedando recostado encima de mi pecho- Yo no quiero que se mueran nunca.

Se me hizo un maldito nudo en la garganta y no se me ocurrió nada para consolarlo.

No sé por qué en ese momento me imagine una pequeña niña pelinegra con grandes ojos azules, llorando por enterarse de la muerte de su mamá. ¿Amaterasu habrá tenido a alguien que la abrace en esa situación, como Taichi la tiene ahora ahora?

Sakura se acercó a nosotros, y usando mi brazo como almohada, se recostó a nuestro lado, acariciando los cabellos negros de Taichi y poniendo su cara muy cerca de la de él.

-Como te dijo tu papá todos vamos a dejar este mundo algún día Taichi, pero eso no quiere decir que dejemos solos a nuestros seres queridos… si algún día nos pasa algo a mi o a papa ustedes nunca estarán solos, porque siempre los estaremos cuidando y mirándolos desde el cielo –Le dijo susurrando, calmando su mente curiosa de infante de 5 años- Incluso ahora mismo, sabes que seguramente tu tío Itachi los estará cuidando desde arriba, junto a tus abuelos ¿cierto? Aunque no podamos verlos, ellos están allí velando por todos nosotros.

La mención de mi hermano me sorprendió sobremanera, en todo el tiempo que llevamos juntos nunca había escuchado a Sakura hablar así de él o de mis padres.

Sakura me miró con esos ojazos verdes, y mi corazón no pudo evitar dar un vuelco. ¿Se puede ser tan dependiente de una persona, como lo era yo de Sakura en este momento?

Le dio un beso a Taichi y murmurando un pequeño "vamos a dormir" cerró sus ojos pegándose más a mí. Al instante Taichi también dormía pacíficamente, el discurso de Sakura lo había calmado y hecho dormir.

La verdad no sé qué haría en estas situaciones sin ella.

Me costó conciliar el sueño, enumerando en mi mente todas las situaciones que pasa un niño pequeño normalmente, en las que Amaterasu seguramente no tuvo contención de nadie.

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La primera claridad del día se colaba por las ventanas hasta llegar a mis ojos. Me senté en la cama y estiré mis brazos; me sentía cansado aún, ya que fue una noche bastante interrumpida y no pude dormir una mierda.

Miré hacia mi costado, y tuve que armarme de paciencia. Souta, Taichi y Rokuro, los tres invadiendo mi cama plácidamente dormidos.

Me levanté y fui a darme una ducha para calmar mis nervios. Estaba decidido, me sentaría a hablar con los tres y con Sakura porque no iba a tolerar más intromisiones en mi lecho.

¿¡Era demasiado entender que quería tener un poco de sexo matinal con mi esposa!?

Luego de refrescarme, bajé y fui hasta la cocina, Sakura estaba tranquilamente preparando el desayuno.

-Oh, buen dia Sasuke-kun –Me dijo con una sonrisa, dándome la espalda y siguiendo con lo suyo.

No pude evitar echarle una mirada a ese bello y suculento trasero que se transparentaba a través de la yukata, pero rápidamente recordé que estaba enojado y que iba a hablar con ella.

-Sakura, estoy cansado de despertar cada mañana con los niños durmiendo con nosotros –Le dije intentando sonar severo y serio.

Ella me miró extrañada.

-Sasuke-kun, solo tiene años… –Dijo intentando recriminarme.

-Exactamente –La interrumpí, no iba a dar mi brazo a torcer- tienen edad suficiente saber que ellos tienen que dormir en sus propias camas.

Ella iba a refutarme pero escuchamos la puerta principal abrirse; nos asomamos por la puerta que da al living, y para nuestra sorpresa vimos a Amaterasu sacándose los zapatos en la entrada.

-¿Amaterasu-chan? –Llamó su atención la pelirrosa.

-Oh…buen dia –Dijo, sorprendida- No esperaba encontrarlos tan temprano.

¿Dónde había estado llegando a casa a estas horas?

-¿Dónde estabas? –Cuestioné, intentando no sonar tan severo. Creo que no me funcionó porque bajó la cabeza avergonzada.

-E-etto… n-no podía dormir y…quise salir a correr un rato. Lo siento –Dijo notablemente arrepentida.

-No! No, no, tranquila…-Dijo Sakura rápidamente acercándose a ella- Esta perfecto, ¿no es así Sasuke-kun? Solo nos preocupaste, eso es todo. No te disculpes, para nada.

-No pensé que… es decir, no quise… -Siguió dudando la pelinegra.

-Puedes salir cuando quieras Amaterasu –Sentencié, intentando apaciguarla- Solo… quiero que tengas cuidado.

-Hai… um, iré a bañarme –Dijo excusándose y encaminándose a su habitación.

Nunca pensé que ella estaba interesada en esas cosas, quiero decir, después de pasar toda su vida siendo obligada a entrenar no imaginé que quisiera seguir haciéndolo.

Tendré que hablar con ella, tal vez hasta en realidad le guste.

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Al término del desayuno, Amaterasu se excusó hacia su habitación, Daiki se fue con Kenta para ir a entrenar juntos esa mañana y, como Daisuke no había vuelto de su misión aún, quedamos en la mesa Sakura, los tres pequeños y yo.

-Souta, Taichi, Rokuro –Dije seriamente llamando su atención, y los tres me miraron expectantes, por el tono de mi voz supieron que no venía nada bueno -Quiero que escuchen atentos los tres. Desde hoy en adelante, no quiero que ninguno de los tres se pase a nuestra cama para dormir por las mañanas, ni en la mitad de la noche ¿Entendieron?

Miré a los mellizos, y ellos asintieron cabizbajos al coro de un "si papá", no les gustaba que los regañen y seguramente se pasarían el resto del día ofendidos conmigo.

-Rokuro, ¿entendiste? –Lo miré severo, hablaba enserio y quería que lo entendiera.

Él rápidamente busco con los ojos llorosos a su madre, seguramente para que lo defienda. Sakura le devolvió una mirada seria, apoyándome con su silencio.

Sin encontrar el apoyo que siempre tenía, me miró nuevamente con lágrimas cayendo por sus mejillas y asintió también cabizbajo, seguramente también ofendido porque no dijo una palabra.

Nos esperaba una lucha por delante, él no dejaría tan fácilmente que lo alejen de su mamá, mucho menos su papá.

-Vayan a prepararse para la academia –Les dije a los mellizos y salieron pitando para sus habitaciones. Rokuro se bajó de su asiento y salió corriendo tras ellos.

Miré a Sakura, que se quedó observando preocupada como se iban sus pequeños.

No pude evitar reír mentalmente, era obvio estaba haciendo un esfuerzo gigante para no salir corriendo a abrazarlos y consolarlos.

Me levanté y me acerqué a ella, y como seguía aun sentada me incliné un poco para poder susurrarle al oído.

-Mañana por la mañana, cuando estemos solos me lo agradecerás –Murmuré, mientras le daba una corta pero firme palmada en su trasero y me alejé rápidamente sin mirar atrás para que no pueda refutarme. Iba a lidiar con ella luego.

Me dirigí hacia la habitación de Amaterasu, toqué la puerta y luego de un tímido "pase", me adentré en su cuarto.

Ella salía de su vestidor con una calza negra suelta que cubría ¾ partes de la pierna, nuevas sandalias para entrenar y un top deportivo corto –demasiado corto, tanto que podía ver su ombligo- de color rosa.

Era la ropa que Sakura le había comprado ayer. ¿Qué estaba pensando cuando compró ese top super corto y revelador?

Contrólate Sasuke, ha pasado toda su vida siendo controlada y manejada, no quieras hacer tu lo mismo. Me dije a mi mismo para intentar apaciguar mi humor.

-¿Cómo me veo? –Me preguntó mirándose al espejo de cuerpo entero.

-No te parece que es demasiado… ¿corto? –Pregunté cauteloso no quería herir sus sentimientos pero tampoco permitiría que se pasee por toda la aldea semi-desnuda.

-Mmm… para mi está bien, es bastante cómodo para entrenar –Sentenció y volvió a adentrarse en su vestidor.

-Así que ¿tienes ganas de continuar entrenando Amaterasu? –Le pregunté, no me dio una respuesta al instante, seguramente estaba pensándolo así que no quise presionarla.

Un instante después salió nuevamente, ahora vistiendo un vestido rojo corto -¡también era demasiado corto!- con detalles en negro, ajustado al cuerpo -¡y también demasiado apretado!- con mangas tres cuartas, con dos tajos a los costados de sus caderas, y debajo una calza negra corta. Lo mejor de todo era el símbolo Uchiha que tenía en la pierna y en la espalda.

Se veía preciosa pero su cara no concordaba con su atuendo; cabizbaja y seria.

-Claro que tengo ganas… es decir, ser un ninja es mi vida, y por mucho tiempo lo único que podía considerar como bueno fue considerarme buena en lo que hacía –Dijo sentándose en la orilla de su cama.

-¿Pero…? –Dije alentándola a seguir.

Ella suspiró y me miró, se notaba que estaba llevando a cabo un debate interno. No se sentía segura, y yo no quería presionarla tampoco.

-Mira, no importa si quieres seguir siendo ninja o no… -Le dije apoyándome en la pared frente a ella- lo importante para mi es que seas feliz con tu decisión.

-Gracias Sasuke, por todo… quiero decir, todo esto es demasiado –Dijo mirando alrededor de su habitación.

-Nada es suficiente para mis hijos –Le respondí sincero.

Ella parecía todavía no hacerse a la idea porque miró hacia el piso vergonzosa. Se paró y se metió nuevamente al vestidor.

Tranquilo Sasuke, necesita tiempo.

-Sakura me dijo que ayer estuvo preocupada por ti.

-Estuve todo el día aquí –Me gritó desde donde se encontraba.

-Lo sé, no es eso…

Iba a continuar pero salió nuevamente parándose frente al espejo.

Era un pantalón largo de cintura alta y una remera blanca arriba suelta para entrenar, me gustaría si no fuera porque ¡tenía un escote demasiado revelador! Maldición, no quería ni mirarlo.

-Ese no me gusta –Sentencié, no iba a ir a ningún lado con eso.

-Tienes razón… el blanco no es mi color –Y volvió tranquilamente a su vestidor.

Siempre supe que si algún día tendría una hija mujer, no iba a dejar que se ande mostrando por toda la aldea con ropas reveladoras y dejarla a la merced del escrutinio de tantos hombres que seguramente se lanzarían sobre mi hija cuando les dé la espalda.

Cuando la hija del dobe nació, el siempre intentaba explicarme sus deseos de asesinar a todos los que se acercaran a Himawari pero sinceramente, nunca pensé que sería tan fuerte este deseo de querer meterla dentro de una caja de cristal para que no se dañe nunca.

Claramente, tendríamos un pequeño desacuerdo con la ropa.

Ahora tenía puesto un traje de una pieza ajustado de color negro con bordes rojos, que iba hasta la mitad del muslo y el escote no era ni tan cerrado ni tan abierto. Lo mejor de todo era el símbolo Uchiha en la espalda, claro.

-Este es mi favorito creo –Me dijo sonriente. Me alivié enseguida, ese me agradaba- Entonces ¿por qué Sakura estaba preocupada? –Dijo sentándose nuevamente en la orilla de su cama.

-Me dijo que ayer estuviste literalmente todo el día sentada en medio del patio, que no te moviste hasta la hora de cenar.

Me sonó realmente extraño cuando mi esposa me lo contó.

Pareció recordar algo que le hizo brillar los ojos, y mostrarme una media sonrisa.

-Puede parecer estúpido pero…-Hizo una pausa, indecisa de contarme- …la verdad, es que hacía mucho tiempo que no… tenía la posibilidad de sentarme en el césped a que me dé el sol, de estar tranquila un momento, solo disfrutando de la calidez del sol en mi rostro. Hacía mucho tiempo, no tenía esa tranquilidad que nadie estaría persiguiéndome o buscándome o intentando matarme ¿sabes?... y creo que me gustó tanto estar así que quise aprovechar hasta el último rayo de sol.

Intenté contar hasta diez y tranquilizarme, allí estaba ese maldito nudo en la garganta y esa presión en el pecho cada vez que ella decía algo así tan tranquilamente y natural.

Suspiré profundo e intenté ignorar el dolor de mi corazón que se rompía un poco más.

¿Algún día podrás perdonarme Amaterasu por todo lo que te hice pasar?

-Lo siento, hablé de mas, yo…

-No –La interrumpí, y continué mirando a todo menos a ella, no resistía esa mirada en mi- perdóname tu a mi… ¿algún día lo harás Amaterasu?

-¿Perdonar? –Me preguntó sin comprender.

Sentimos unos pasitos corriendo rápido hacia la puerta, e interrumpiéndonos tocaron un par de veces. Amaterasu pronunció un "pasen" y los mellizos se adentraron a la habitación con una sonrisa radiante; que al verme, se desvaneció instantáneamente.

Me miraron ofendidos ambos por unos segundos, y luego miraron a Amaterasu con una sonrisa en la cara nuevamente.

-Nos vamos a la academia nee-chan y queríamos saludarte –Dijo Souta

-Um –Respondió asintiendo la pelinegra, despidiéndolos con una mano- Nos vemos luego.

-¡Adiós nee-chan! –Gritaron a coro y se fueron, sin dedicarme ni una mirada, cerrando la puerta tras de sí.

¿Desde cuándo le avisaban a ella cuando se iban y a donde?

-Ellos parecen muy a gusto contigo –Le dije curioso.

-Eso parece… son unos pequeños muy interesantes -Me contesto sonriendo.

Me quitaba otro peso gigante de la espalda que ellos se estén llevando bien.

-Debo irme a una reunión ahora –Le comenté separándome de la pared y encaminándome hacia la puerta, y mirándola nuevamente le pregunte sincero- ¿Estarás bien Amaterasu?

Ella solo atinó a asentir y a darme une media sonrisa.

Le dediqué una última mirada y dejé la habitación.

Cada vez que hablábamos, sentía que iba conociendo de a poco más sobre ella.

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Diablos, era una cobarde.

Nunca me animaría a contarle toda la verdad ¿cierto?

Luego que Sasuke se fuera, decidí salir a caminar por la aldea para despejar mi mente. Era un bello día, con un sol radiante y la nieve estaba comenzando a derretirse, dando señales que el invierno estaba por llegar a su fin.

Estuve a punto de largarle todo allí mismo, pero me acobarde a último segundo. Es que, era un momento tan lindo el que estábamos teniendo.

Es decir, parecíamos padre e hija de verdad. Yo pidiéndole opinión sobre mi ropa nueva como una tarada, el intentando opinar sobre ese tema tan insignificante.

Pero era eso lo que en verdad yo quería, esas cosas insignificantes, pequeñas, que en realidad terminaban llenándote por dentro.

Perdida entre mis reflexiones, no me di cuenta y perdí la noción de donde estaba.

Perfecto, lo único que me faltaba era perderme. Habría que ser tan despistada como yo para caminar sin prestar atención por donde iba, en un lugar que recién conocía y no saber cómo regresar.

Volví atrás un par de cuadras, pero no conseguí ubicarme. Intenté dar unas vueltas a la manzana, y nada.

Maldición. Definitivamente estaba bien perdida.

Y para empeorarlo todo, la gente no dejaba de mirarme y de susurrar a mi espalda.

¿¡Qué!? ¿¡Nunca habían visto a una persona perdida!? Idiotas.

Me puse la capucha de mi cazadora para intentar esconder mi rostro e intentar, torpemente, no ser reconocida.

De vez en cuando, algunos eran tan maleducados que ni siquiera intentaban esconder que me estaban mirando, y yo claramente no iba a quedarme atrás, por lo que me quedaba mirándolas con la mejor cara de aborrecimiento que tenía.

En una de esas mientras continuaba caminando me quedé mirando a una niñata que susurraba a su madre algo al oído, me hice la desinteresada y doblé hacia la izquierda en esa esquina sin mirar adelante, solo para chocarme con un idiota que estaba corriendo en mitad del camino.

El maldito iba a tanta velocidad que hasta me tiró al piso.

-¡Ay no! ¡L-lo lamento muchísimo, de veras! Yo, diablos… no iba por donde venía ¡Lo siento, de veras! ¿Estás bien?

Alcé mi rostro con mi mejor cara de furia y total frustración, pero cuando lo vi, no pude evitar sorprenderme.

No sé si les habrá pasado pero, ¿alguna vez sintieron algo tan genuino que el corazón se les para por un segundo?

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