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Acercamiento

Inmediatamente diferencié una desprolija cabellera rubia extrañamente familiar, una banda con el símbolo de la hoja en su frente y dos marcas simulando bigotes en las mejillas, pero lo que más me llamó la atención fueron dos grandes ojos azules llenos de ¿preocupación?

Imaginen la situación: yo allí tirada en el piso, intentando descifrar lo que decían esos dos estanques que eran sus ojos, mientras el parloteaba tantas cosas juntas que me costaba identificar oraciones claras entre las palabras "lo siento" y "de veras" que repetía una y otra vez cual un disco rayado. Me di cuenta que estaba extendiéndome la mano con las intenciones de querer ayudarme a ponerme de pie, bajo la mirada atenta de varios aldeanos que pasaban por allí y no podían ocultar su curiosidad.

Al volver a la realidad rápidamente me puse de pie –sin aceptar su mano, claro- y sacudía la tierra que había quedado prendida a mi trasero gracias a la caída provocada por este intento de ser humano -con lindos ojos- que no paraba de emitir sonido mientras hacia una reverencia disculpándose nuevamente.

-¡Lo siento mucho, de veras! No veía por donde iba –Se irguió nuevamente y me miró detalladamente- ¿Te hiciste daño?

Automáticamente se encendió una alarma de alerta en mi cabeza. Era una descerebrada, ¡claro que me parecía familiar! Era una copia exacta del Hokage, amigo de Sasuke.

-Créeme, te hace falta mucho para hacerme daño –Respondí a su pregunta escéptica poniéndome nuevamente la capucha- Fíjate por dónde vas.

El pelirrubio me mostró una sonrisa avergonzada con todos sus dientes, mientras se sobaba la parte de atrás de su cabeza con una mano.

-Lo siento de nuevo, ¡de veras! Soy Bolt Uzumaki, a tu servicio –Dijo presentándose- No te conozco, ¿eres nueva en la aldea?

-Algo así. ¿Eres pariente del Hokage?

-Ah sí, el viejo ese es mi padre, para mi desgracia –Dijo riéndose y continuó, cambiando de tema- ¿Tu quien eres? No recuerdo haberte visto por aquí.

-Amaterasu desu.

-Hajimemashite Amaterasu-chan. De verdad me disculpo por lo de antes, soy un poco torpe –Dijo escandalosamente. ¡Diablos! hasta hablaba igual que su padre- ¿Hay algo que pueda hacer por ti en compensación?

Ah perfecto, lo estaba haciendo muy fácil. Le diría que me oriente un poco donde estaba la mansión y volvería a tiempo para el almuerzo.

-Necesito llegar a la calle principal, ¿me indicas donde es? –Desde esa calle podría llegar tranquilamente a la mansión por mí misma.

-¡Claro! Ven te acompañaré, no está muy lejos de aquí –Dijo marcando el paso para que lo siguiera- Así que Amaterasu-chan, es un nombre muy extraño, ¿no eres de aquí verdad? ¿A qué has venido? ¿Visitas parientes o algo?

-Algo así. Soy de la Villa de la Roca.

-¡Genial, de veras! –Dijo sorprendido- Siempre quise viajar allí, es decir he ido, pero no he conocido lo suficiente, es decir me gustaría conocer más lugares ¡de veras! Me han dicho que…

Y siguió parloteando cosas parecidas, las cuales para mi carecieron de importancia; pero lo que si llamaba poderosamente mi atención, era esa gran sonrisa que sostenía mientras hablaba.

¿Acaso vivía toda su vida con esa sonrisa gigante que te cegaba de lo brillante y poderosa? La verdad estaba cuasi-embobada ante este hombre, tenía algo tan particular que llamaba mi atención y no dejaba que aparte mi vista.

Solo estando a su lado, ya te envolvía en un aura de positivismo que te llenaba de azúcar las venas. Una verdadera lástima que el negativismo salga por cada poro de mi cuerpo, pero de igual forma era interesante de observar.

Diablos, ya habían pasado cinco minutos enteros y el muchacho no paraba de hablar.

-…pero entonces finalizo mi misión y tuve que volver a la Aldea -Finalizó su historia, me miró para asegurarse que le estaba prestando atención, y me dio una sonrisa mostrando todos sus dientes- Mira, la calle principal es la siguiente, yo debo doblar aquí para ir a mi entrenamiento ¿segura te ubicas desde aquí?

Yo solo atiné a asentir convencida.

-De acuerdo, et-tto… s-supongo que nos veremos por aquí… ¿tu… t-te quedarás mucho tiempo en la aldea? –Me preguntó mirando hacia otro lado y tartamudeando, claramente intentando esconder su sonrojo.

¿Acaso estaba coqueteando conmigo?

-Sí, bastante…-Le dije con una media sonrisa, era demasiado divertido verlo tan tímido luego que estuvo hablando tanto hace solo unos segundos- Nos veremos por allí.

Me di la vuelta y, dándole la espalda, me dirigí tranquilamente hacia la calle principal.

-¡OYE, TU! –Escuché como gritaba el pelirubio. Miré sobre mi hombro, y no pude evitar soltar una carcajada mentalmente por cómo se veía su rostro, tenía la boca y los ojos abiertos como platos, mientras me señalaba acusadoramente y tartamudeaba. Creo que se dio cuenta del símbolo que llevaba en la espalda de mi cazadora- ¿¡Acaso eres de la familia Uchiha!?

Yo solté un sonoro "" acompañado de una media sonrisa, y lo miré divertida.

-Tal vez… -Dije, y me esfumé saltando al techo más próximo y desapareciendo, sin poder ignorar las cosas que me estaba gritando con esa cara de sorprendido, cual berrinche de niño de 5 años.

Esta aldea se ponía cada vez más interesante.

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-Es que papá ya no me quiere.

-Claro que sí Rokuro, pero quiere que aprendas a dormir en tu cama.

Estábamos sentados en el patio disfrutando este día que nos daba un receso del frío, bebiendo jugo, rodeados de sus juguetes, y yo intentaba explicarle por qué Sasuke y Sakura no querían que duerma con ellos.

-Pero yo quiero dormir con mami –Dijo con sus ojos llorosos a punto de soltar un par de lagrimas contenidas.

En verdad era bueno el pequeño, ¿quién no le daría todo lo que quisiera al ver su pequeña carita empapada en lágrimas? Era demasiado tierno.

A mí nunca me han gustado los niños pero este era especial, tenía un no sé qué que hacía que tu corazón se derritiera al instante al sus pequeños ojitos verdes suplicantes.

Pensé un segundo, e intenté con otra estrategia, porque además de lindo era más testarudo que un asno.

-¿Recuerdas que ayer me dijiste que querías ser un ninja fuerte y poderoso como tu papá? –Él asintió con la cabeza, curioso- Bueno, para llegar a ser un gran y fuerte ninja, debes crecer y ser un niño grande ¿cierto? Como tus hermanos.

Asintió nuevamente, frunciendo el seño con determinación.

-¿Tu lo vez a Kenta durmiendo la siesta abrazado a tu mamá?

-¡No! –Grito mientras se reía a carcajadas, imaginar a su gran hermano mayor en esa situación lo divirtió.

-Bueno, eso es porque los niños grandes y futuros ninjas ya no duermen con sus papás.

Se quedó reflexionando en eso un tiempo mientras observaba su serpiente de peluche.

Por Kami-sama, era tan lindo cuando inflaba sus cachetes y fruncía el ceño al estar concentrado en algo. Creo que quería comérmelo.

-P-pero… -Se sonrojó-… a-a veces tengo miedo porque los monstruos aparecen en mis sueños y me asustan.

-Te voy a decir un secreto, ven acércate –Le dije murmurando, e inmediatamente se acercó a mi- Yo también tengo pesadillas. ¿Y sabes que hago para no tener miedo? Cierro los ojos, cuento hasta cinco y pienso en cosas lindas que me gusten.

-¿Cómo helado? ¿O chocolate? –Me pregunto sorprendido de mi confesión.

-Um –Asentí- y ahora tú también puedes usar mi técnica especial para pesadillas.

Sus ojitos brillaron emocionados e ilusionados por tener una "técnica especial" que espante sus pesadillas.

-Pero si no funciona –Continué en un murmuro, diciéndoselo como un secreto con un dedo delante de mi boca- Tienes seis hermanos mayores con seis camas diferentes para colarte en las noches.

El imitó mi gesto y se rió sintiéndose cómplice de mi secreto.

Seguro a ninguno de los demás le molestará que él se cuele en sus camas en la noche. Y si les molesta, al demonio, yo solo quería que Rokuro no este triste.

Lo miré mientras volvía a sus juegos, más tranquilo ahora, y vi en sus ojos como se reflejaba una inocencia que me ponía nostálgica. Me di cuenta que no quería que nunca se borrara en ese niño ese puro sentimiento que yo nunca experimenté, no quería que se borrara esa sonrisa de su pequeño rostro… creo que me había encariñado con él demasiado rápido.

Intenté luchar ese sentimiento y aislarlo, diciéndome a mi misma que no tenía el derecho de sentir tales cosas.

"Eres una maquina, solo naciste para matar."

¿Por qué últimamente el mundo intentaba arrastrarme hacia esto? Quiero decir, no es que no podía tener sentimiento alguno… es que no quería.

Hay veces en que alguien te lastima tanto, que deja de doler completamente. Hasta que hay algo que te hace sentir de nuevo.

Y luego todo regresa.

Cada palabra. Cada dolor. Cada momento.

"¿Crees que eres suficientemente buena? No lo eres, y nunca lo serás."

"Te lo repetiré mil veces, así nunca lo olvidas: no vales nada, no mereces nada. Solo dolor."

"Viniste a este mundo solo para sufrir, y para hacer sufrir."

"Papá te ama Amaterasu, pero tú no mereces el amor de papá. Siempre me decepcionas, cada día, todos los días, por eso papá hace lo que hace, pero no puedo culparte. Solo eres una maquina, solo naciste para matar."

Esa era toda mi verdad. Si me acercaba demasiado, iba a terminar lastimando a todos.

"Eres una maquina, solo naciste para matar. Amaterasu."

Recordé sus manos tocándome, su voz ronca y espesa, sus ojos negros delante de mí y se me erizó la piel.

"Amaterasu"

-Amaterasu.

Sentí su mano sobre mi hombro, automáticamente la aparté de un manotazo y me di vuelta, agitada y con la guardia alta nuevamente.

No era él, sino Sasuke que a unos pasos de mi me miraba cuidadoso, con las manos al aire, un gesto que trataba de tranquilizarme. Giré mi cabeza y Rokuro, aun entre sus juguetes, también me miraba extrañado.

-Lo siento, te tomé por sorpresa. ¿Estás bien?

Me había perdido en mis pensamientos y había olvidado donde estaba. El corazón me palpitaba a mil, miré brevemente a mí alrededor e intente tranquilizarme.

Estaba segura, estaba en la mansión, nada podía pasarme allí.

Mire a Sasuke arrepentida, miré mi mano con la que lo había apartado y me sentí muy mal. Había reaccionado automáticamente, no estaba pensando.

-Lo lamento –Murmuré, me levanté y salí de allí. Era una idiota.

Salí de la casa y tome rumbo desconocido nuevamente por la aldea –esta vez por un sendero del que luego pueda volver, claro-.

Me puse la capucha de la sudadera nuevamente, en un vano intento de apartar todas esas miradas que nuevamente la gente dirigía hacia mí.

A veces me preguntaba si alguna de todas esas personas habían sufrido por mi culpa, si me miraban porque sabían lo que yo realmente era; me preguntaba si yo habría matado a su madre, a su padre, a sus hermanos, algún compañero o solamente a un amigo. He matado tanta gente que supongo no lo recordaría, pero ellos a mi sí.

Intentando escapar de esos pensamientos me desvié del camino que tomaba, y me adentré en un extenso parque lleno de arboles. Me senté en una banca solitaria al fondo del mismo y miré al cielo, estaba rosado gracias al atardecer.

Mis temores comenzaban a confirmarse. Con el pasar de los días aquí solo reafirmaba mi idea inicial: no estaba hecha para este tipo de vida.

Nunca podría estar en paz, nunca podría estar totalmente relajada, o con la guardia baja, nunca conseguiría sentirme segura, nunca conseguiría sentirme en casa. No importaba cuanto se esforzara Sasuke, Sakura o quien mierda sea.

Era una persona rota, era una persona vacía, ¿siquiera era una persona?

No le veía sentido seguir esforzándose en mí, no quería hacerle perder el tiempo a Sasuke pero tampoco sabía cómo explicárselo. Ayer habría querido contarle todo, es decir, todo lo que había hecho en mi vida, pero hoy me suena absurdo.

Hola Sasuke, mira he matado tanta gente que he perdido la cuenta, entre ellas familias enteras, y nunca sentí ningún tipo de arrepentimiento por ello, es mas a veces disfrutaba viendo a la gente sufrir, así que bueno ¿me aceptas en tu familia de nuevo?

Pf. Era absurdo, nunca podría contarle el verdadero monstruo que era.

Me sentía en una encrucijada, incapaz de tomar una decisión. Nunca antes me había pasado esto de sentirme tan insegura sobre mí misma.

¿Por qué mierda me era tan difícil solo dejarlo todo y largarme de ese lugar? A pesar de saber que debía hacer lo correcto – y por única vez en mi vida enserio quería hacerlo- yo solo deseaba ignorar todo, ser egoísta y quedarme aquí para siempre.

En ese momento me di cuenta que me había vuelto dependiente, necesitaba de ese calor que sentía al entrar a esa casa como si fuera del aire para vivir.

Maldición, nunca me había permitido a mi misma depender de nadie más que de mí misma. Y aquí estaba la gran ninja, lloriqueando –en sentido figurado claro- en la banca de un parque a oscuras. Era verdaderamente patética.

Sentí una presencia cerca y alcé mi rostro, allí estaba nuevamente la raíz de todos mis problemas. ¿Nunca se cansaría de buscarme?

Sasuke se acercó y sin mediar palabra se sentó a mi lado en la banca soltando un suspiro. Seguro estaba harto de mí para estas alturas.

-No creas que puedes escapar de mi tan fácil –Me dijo mirando al suelo.

Yo no le respondí, solo dirigí mi mirada hacia los faroles del parque que comenzaban a encenderse.

-Dime ¿Qué te está preocupando Amaterasu?

Ok, no esperaba esa pregunta. Se había dado cuenta que algo estaba ocupando mi cabeza últimamente. Pero no podía contarle, no estaba lista aún.

Mierda, ¿por qué me costaba tanto hablar? Era como si se me atoraban las palabras en la garganta y no las podía sacar.

Intenté pensar en alguna mentira convincente, pero me di cuenta que no tendría sentido, solo empeoraría las cosas.

Me miró, esperando mi respuesta, pero nunca llegó, solo hice mi cabeza hacia un lado haciéndole entender que no estaba lista. El solo se puso de pie.

-Se hace tarde, vamos a casa Amaterasu –Me dijo mirándome sincero.

Era extraño porque su rostro la mayoría del tiempo era casi estático, es decir, nunca sonreía o mostraba ningún sentimiento, pero cuando miraba sus ojos sentía que podía descifrar todos sus secretos. Y él los míos.

Pero era mirada era todo lo que necesitaba para ponerme en pie y seguirlo camino a la mansión.

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Respiré profundo el aire fresco de la noche, intentando tranquilizar mi cabeza un momento. No podía dejar de darle vueltas al asunto y ya me estaba volviendo loco.

Sentí a Sakura salir al balcón y acercarse hasta donde yo estaba. Me abrazó por la espalda sin decir una palabra, sabía que estaba dándole vueltas a algo, y esperaría hasta que yo se lo cuente.

Después de tantos años de matrimonio, aprendió que presionarme para que le cuente mis problemas solo hacía que me molestara más. Así que solo me abrazaba o tomaba mi mano, y estaba allí para mí. Tarde o temprano, yo siempre acudía a ella.

-Es como si cada vez que quiero acercarme a ella, solo consigo alejarla más. Ya no sé qué hacer Sakura. Quiero que confíe en mí.

Ella se quedó en silencio un momento, buscando las palabras correctas.

-Solo necesita tiempo Sasuke-kun –Me respondió mientras ahora se posicionaba delante de mí, pasando sus brazos por mi cuello- A mí también me preocupa, pero debe ser difícil para ella adaptarse. No intentemos forzar las cosas, dale espacio. Ella acudirá a ti cuando lo necesite, tu trabajo ahora es solo estar presente para ella cuando eso suceda.

Pasé mis brazos por su pequeña cintura, acerqué mi nariz a su cuello e inspiré su aroma. Sentir su perfume de cerezos siempre calmaba mis nervios.

Depositó un casto beso en mi mejilla, y se adentró en la habitación nuevamente.

Yo la seguí perdido en mis pensamientos y me tiré en la cama.

No estoy seguro que acuda a mí cuando me necesite, es más, creo que ni siquiera necesita de mí. No estuve presente en toda su vida, ¿por qué iría a necesitarme ahora?

-¿Cómo hago que tenga en cuenta que quiero estar presente para ella? –Pensé en voz alta esperando que Sakura me escuche desde su espejo mientras cepillaba su largo cabello.

-Mmmm… no es igual a como lo hiciste con los chicos, eso es seguro –Intentó explicarse mientras se acercaba a su lado de la cama, y se acomodaba bajo las sabanas.

-Explícate.

-Bueno, es obvio que la manera en la cual le demuestras a tus hijos varones tu apoyo, no va a ser la misma en la cual le demuestras a tu hija mujer tu apoyo. Las chicas son más allegadas a las palabras y a lo simbólico, y los chicos son más físicos, se demuestran más las cosas con gestos concretos… Lo que quiero decir es que, sí será un desafío para ti, ya que no eres muy bueno con las palabras, pero tampoco es imposible.

No comprendí mucho lo que quiso decirme Sakura, pero intenté procesarlo. ¿Eso quería decir que debía sentarme y hablar con ella directamente?

Sakura se acercó a mí, y se abrazó a mi pecho mientras yo seguía analizando el asunto.

Maldición, las mujeres son complicadas.

-Tranquilo Sasuke-kun –Dijo haciendo que la mire a los ojos- Eres un padre maravilloso para nuestros hijos, estoy segura que para Amaterasu también lo serás.

Me sorprendí, Sakura nunca me había dicho tal cosa. Siempre me había considerado un padre bastante mediocre, nunca sentí ser lo suficientemente bueno para mis hijos, es decir, no tenía paciencia, era malhumorado, no era para nada comunicativo y bastante severo; pero allí estaba Sakura, rompiendo mis esquemas nuevamente e intentando hacerme ver bien a mí mismo.

La besé para demostrarle mi agradecimiento, un beso dulce y pausado, intentando expresar lo tanto que la necesitaba en estos momentos.

Nos separamos por falta de aire, me miró con esas lagunas verdes que tanto me gustaban y depositando un suave y corto beso en mis labios, se abrazo nuevamente a mí para intentar conciliar el sueño. Pasé mis brazos alrededor de ella y cerré los ojos también.

Respira un poco en mi pecho y me hace sentir que no existo más que para ella.

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