.

.

.

Fiesta fallida

-Sasuke –Dije con voz firme para llamar su atención.

Era temprano en la mañana luego del desayuno, yo estaba parada en la puerta de la cocina, y allí se encontraban Sasuke y Sakura hablando mientras la ultima terminaba de preparar los obentos para los más pequeños. Ambos me miraron curiosos, esperando que hable.

-Quería preguntarte… si yo quisiera, digamos, entrenar un poco ¿dónde podría hacerlo?

Se quedaron callados por un momento, claramente no esperaban mi pregunta. Sakura le dio un pequeño y disimulado codazo al Uchiha mayor y este volvió en sí.

-¿Entrenar? ¡Claro! Te enseñaré el campo –Dijo rápidamente claramente animado, guiándome hacia el patio principal.

Pasamos a través del pequeño puente y me guió hacia la derecha, que para mi sorpresa había un pequeño sendero a través de los arboles. Hicimos unos pasos y encontramos una gran puerta.

-Puedes venir aquí cuando quieras –Me dijo, dándome paso a que entre primera.

Entré y vi un extenso campo con paredes altas de piedra, techo descubierto y piso de tierra. En una pared lejana vi varios estantes llenos de armas ninjas, katanas, kunais, shurikens, sellos explosivos, cadenas, de todo lo que pudieras imaginar; hasta había varios pergaminos apilados, suponía yo que contenían técnicas o sellos. Más alejados habían algunas maquinas de ejercicios, junto con pesas y demás herramientas para entrenar.

Era como el sueño de todo ninja, tener un campo de entrenamiento tan completo y tan espacioso dentro de tu propia casa. Me quedé sin palabras.

-Seguro vas a encontrar todo lo que necesites aquí, puedes utilizar todo lo que quieras cuando quieras.

Me adentré en el lugar y me acerqué a las armas. Fui directamente a las katanas, había por lo menos diez de ellas exhibidas, todas diferentes, pero eran geniales, se notaba que eran de primera calidad. Pasé mis dedos por el filo de una de ellas, hasta llegar al mango. Tenían cierto uso, no eran nuevas pero aun así conservaban su estilo. Eran preciosas, y todas tenían grabadas elegantemente el símbolo Uchiha en la parte inferior de su hoja.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que sostuve una, que me parecieron años.

-¿Entrenas con ellas? –Pregunto Sasuke detrás mío, no me había dado cuenta que me había seguido tan de cerca.

-A veces… -Respondí vagamente.

-Y ¿cuál es tu estilo? ¿taijustu? ¿genjustu? –Intentó nuevamente.

Yo la verdad que no quería hablar mucho de eso con él. Por lo menos no por ahora. Ni siquiera estaba lista para tomar una katana nuevamente, solo quería ponerme un poco en movimiento.

-Lo que amerite la situación supongo… -Respondí seca.

Él mayor solo atinó a asentir en silencio y a cerrar la boca.

Era una zorra, lo había incomodado y el solo intentaba ser amable.

-Yo aun no estoy segura de querer hacer esto de nuevo, todavía… solo quería saber que era una opción. Y quería dar unos golpes, ya sabes… para descargar energía, hacía mucho que estaba tanto tiempo seguido sin actividad y me siento algo tosca.

-Claro, comprendo –Me dijo para luego comenzar a caminar hacia la puerta nuevamente- Ya sabes, si necesitas algo o quieres compañía, solo búscame hoy me tomé el día libre del trabajo.

Yo asentí y me dejó sola en ese gran espacio. Di un vistazo hacia las demás armas y me decidí por comenzar ahora mismo.

.

.

.

Cuarenta minutos después allí seguía, frente a un falso contrincante hecho de madera y paja, lo suficientemente fuerte para no ceder ante mis puños y patadas.

Estaba volviendo todo, a pesar que hacía semanas que no movía un dedo, mi cuerpo recordaba cada movimiento perfectamente como si el tiempo no hubiese pasado. Conservaba un buen ritmo entre puños y patadas, lo suficientemente rápido para hacerme sudar y agitarme un poco.

Claro que esto no era nada en comparación a como solía entrenar, pero necesitaba sentir nuevamente como corría la sangre por mis venas gracias a mi corazón galopante, como acompasaba mi respiración con mis golpes, como cada musculo de mi cuerpo se contraía y distendía a medida que mi ejercicio lo merecía. Había olvidado lo bien que se sentía esto, y cuanto me relajaba el descargar mi energía contenida junto con mis problemas a través de un puño o una buena patada.

Definitivamente volvería a entrenar pronto.

De repente escuche como se abría la puerta, por allí entraban Kenta y Daiki con ropa de entrenamiento. Ambos se quedaron pasmados al verme allí, seguramente no me esperaban.

-¡Ey! Ama-chan, no sabía que entrenaras –Dijo Daiki mientras se adentraba en el campo con una sonrisa sincera- Me alegra verte aquí, no queríamos interrumpirte.

En cambio Kenta solo estaba parado allí aun en la puerta con su típica cara de disgusto. Me miró altanero, y yo le devolví el gesto, para luego ignorarlo y darle mi atención a su hermano.

-No interrumpes, solo estaba dando unos golpes –Le dije amable.

-Perfecto, ¿te molesta algo de compañía? No te molestaremos –Me respondió dejando su equipo en el suelo, y comenzando a vendarse los puños.

Iba a responderle pero escuchamos la puerta cerrarse de un golpe seco. Kenta se había ido sin decir una palabra.

Maldito mocoso, ya comenzaba a molestarme su puñetera actitud.

Daiki suspiró y me miró disculpándose.

-Me disculpo por él, es un poco malhumorado y de pocas palabras. No le hagas caso –Intento explicarme sincero- ¿Te gustaría un oponente de carne y hueso?

No estaba muy segura de querer aceptar su oferta, pero cuando lo vi posicionarse en medio del campo esperándome con su amable sonrisa, no pude rechazarlo. Siempre fue muy bueno conmigo, desde el inicio, y no quería herir sus sentimientos.

-¿Te parece una clásica practica de taijustu? –Me dijo esperanzado, mientras yo me acercaba también al centro del campo.

Asentí y me puse en posición defensiva, hacía mucho tiempo no combatía cuerpo a cuerpo.

-Bien onee-san, veamos que puedes hacer.

.

.

.

-¡No, no! De verdad, ¡fue increíble! ¡Nunca había visto algo como eso!

Almorzabamos con Daiki, Sasuke, Sakura, Rokuro y Daisuke –que recién había llegado esta mañana de su misión- y el primero no dejaba de hablar sobre el entrenamiento que habíamos compartido esa mañana.

-No es para tanto…-Dije bajito intentando callarlo, jugando con la comida de mi plato.

-¡Claro que sí! Papá tendrías que haberla visto, su técnica es totalmente de otro mundo –Dijo mirando a Sasuke y luego volviendo la mirada hacia mi- Definitivamente tendrías que alistarte como ninja de la Hoja, la aldea necesita más ninjas tan talentosos como tu Amaterasu-chan.

-No estoy muy segura –Le respondí con la verdad. Si quería volver a entrenar porque lo disfrutaba, pero no sé si era uno de mis deseos "servir" a la aldea como ninja.

Estaba cansada de servir a la gente y de recibir órdenes.

-¿Por qué no quieres ser un ninja fuerte como papá one-chan? –Me preguntó Rokuro.

No supe que responderle, a veces ese demonio hacia preguntas muy difíciles de contestar para un pequeño.

Sasuke se dio cuenta de mi incomodidad y salió a mi rescate.

-Rokuro, deja a tu hermana almorzar tranquila.

-Daisuke-kun, esta noche iremos a cenar de Naruto. ¿Vienes con nosotros? –Dijo Sakura, rápidamente cambiando de tema.

-Y luego iremos a la fiesta de Inojin con Bolt y Himawari. –Agrego Daiki a la oferta para su gemelo.

El susodicho solo atinó a asentir y a seguir con su comida. Estaba segura que, al igual que su hermano mayor, no le agradaba muy bien la idea de que yo siga aquí.

-Amaterasu-chan, tu vienes también ¿cierto?

-¿Dónde? -Me ataje rápidamente, ¿yo? ¿ir a una fiesta?

-No creo que sea buena idea –Dijo Sasuke automáticamente con cara de disgusto.

-Vamos papá, así podrá conocer al resto de los chicos, no puedes estar encerrada aquí para siempre Amaterasu –Insistió Daiki para luego dirigirse nuevamente a su padre- No estará sola, iremos los tres con ella.

El Uchiha mayor lo pensó un momento y me miró intentando descifrarme. No lo veía muy emocionado con la idea.

-¿Tu quieres ir Amaterasu? –Me preguntó- No es obligación que vayas si no quieres. Tal vez en otra ocasión.

-Vamos Ama-chan, será divertido y conocerás a nuestros amigos –Intento convencerme Daiki.

Miré a su gemelo, no tenía cara de estar maravillado con la idea que yo vaya. Y ni hablar de lo que pensará Kenta cuando se entere que su hermano me ha invitado.

-No creo estar invitada Daiki, tal vez otro día –Le dije, intentando no rechazar su oferta de manera brusca.

-¡Tonterías! Ya les he hablado de ti, claro que estas invitada. ¡Todos quieren conocerte!

Esa sonrisa amable no me permitía rechazarlo, así que lamentablemente tuve que ceder.

-De acuerdo, iré –Le dije fingiendo una media sonrisa, de verdad se me hacía muy difícil decirle que no después de que siempre fue tan amable conmigo.

-¿Segura Amaterasu? –Preguntó Sasuke claramente preocupado.

Yo asentí con otro intento de sonrisa.

Claro que no estaba segura.

Dios, ¿en qué me había metido?

.

.

.

Caminábamos por la Aldea esa noche hacia la Villa del Hokage, estaba toda la familia desde el más pequeño al mayor. Se notaba que todos disfrutaban ir a visitar a la familia Uzumaki porque mientras caminábamos había un aire liviano y tranquilo.

Suspiré e intente calmar mis nervios. No había sido buena idea aceptar la invitación de Daiki.

Es decir, ¿Qué iba a hacer yo ahí? No conocía a nadie, y no creía caerle bien a ninguno de los amigos de mis hermanos. Ya tenía demasiado con las extrañas miradas que la gente de la aldea me daba cada vez que andaba por la calle. Supongo le diría que no me sentía bien y que lo dejemos para otra ocasión.

Nos abrió la puerta la amable señora Uzumaki, Hinata, quien tenía unos extraños ojos blancos.

-Hajimemashite Amaterasu-chan. –Tenía una voz dulce y tranquila. ¿Enserio era la esposa del engendro hablador que era el Hogake?

-¡Ey! Hola a todos, pasen, ¡bienvenidos! –Dijo el Hokage apareciendo por la puerta que da al comedor.

Los tres Uchiha más pequeños corrieron hasta él y se le abalanzaron al grito de "tío Naruto" muy contentos. Se notaba a plena vista que todos eran muy cercanos, ya que se saludaban con abrazos y sonrisas.

Era un muy lindo ambiente, muy familiar y cálido.

Creo que me agradaba.

Naruto me presentó a su hija Himawari que tenia la misma edad que los gemelos, era una copia de su madre, sacando esas marcas en sus mejillas -clara herencia de su padre-. También tenían otro hijo pequeño llamado Saburo de 6 años.

-¿Dónde está Bolt Hinata? -Le preguntó Sakura mientras nos sentábamos a la mesa y comenzábamos a disfrutar la comida preparada por la pelinegra.

-Esta mañana salió en una misión y se retrasó un poco, así que no llegará a cenar con nosotros.

-¿Pero irá a la fiesta verdad? –Preguntó Daisuke a la Uzumaki mayor.

-¡Más le vale! Papá no me dejará ir si el no va –Dijo enojada Himawari mirando reprobatoriamente al rubio mayor, a lo que él le sacó la lengua riendo y continuando su conversación con Sasuke en la otra punta de la mesa, haciendo caso omiso a su hija adolescente.

-¿Yo puedo ir a la fiesta? –Preguntó Rokuro firmemente sentado a mi lado para que lo escuchen todos.

Todos rieron ante su comentario, explicándole su madre que era una reunión para grandes y que los niños se iban a dormir temprano.

-Y dime Amaterasu-chan, ¿Cómo llevas la vida en la aldea? ¿Te sientes cómoda aquí?–Me preguntó de repente el Uzumaki mayor.

Nadie habló, todos esperaban mi respuesta. No tuve otra opción que entablar conversación con el Hokage.

-Bien, por ahora… -Vamos Amaterasu, tienes que hacerlo un poco mejor que eso- Es un lugar muy tranquilo y muy cálido… Me gusta estar aquí.

-¡Me alegro, de veras! Tenía miedo que vivir con los 6 diablos que son hijos de mi amigo te espanten y quieras salir corriendo.

-No, me siento bien allí –Dije torciendo una sonrisa.

Y como siempre Sasuke salió a mi rescate, cambiando el tema y arrastrando la atención del Hokage a otro tema de conversación. Le agradecí mentalmente, como dije no se me daban muy bien este tipo de charlas.

El resto de la cena siguió entre chistes, risas alborotadas de los Uzumaki, gruñidos de los Uchiha y mucha comida deliciosa. Realmente, creo que aceptaría la invitación que me hizo Hinata a tomar el té con ella cuando quiera, definitivamente quería probar de nuevo ese pastel de chocolate que hizo para el postre.

Toda la noche sentí la mirada de Kenta encima mío como si fuera un virus pegado a mi espalda.

Parece que ese muchacho tenía decidido hacerme la vida imposible, y yo claramente no iba a dejarlo. Así que cada vez que lo encontraba mirándome con esa expresión aburrida y exasperada, lo miraba fijamente por unos segundos con la misma expresión y luego corría mi mirada ignorándolo. Claramente eso lo exasperaba mucho, así que lo seguí haciendo más divertida aun.

No quería problemas con el hijo mayor de Sasuke, pero claramente me estaba desafiando con su actitud y yo no iba a dar mi brazo a torcer. Si esto era una guerra de orgullos, espero que este preparado para perder. Iba a divertirme un poco con él.

Cuando se hizo medianoche los jóvenes decidieron que era hora de partir hacia la fiesta. Daiki le prometió a Sasuke y Naruto que iba a cuidar de mi y de Himawari –como si yo necesitara que alguien haga tal cosa por mi-, y partimos los tres junto a Daisuke y Kenta hacia el lugar de la fiesta, a sabiendas que nos encontraríamos con el Uzumaki restante ya en el lugar.

Al llegar ya estaban casi todos los invitados allí, así que Daiki me fue presentando uno a uno de los presentes. Había música, luces y algunos tragos –de contrabando claro, porque había menores de edad en la fiesta-.

Me presentaron a Inojin Yamanaka, Chōchō Akimichi, Shikadai Nara, y un extraño de cabello negro con corte de taza y vestido con un entero verde que me llamó la atención su aspecto extraño. También allí estaba Ren, el hijo de Kakashi.

De esos son los que recuerdo, luego hubo un par más que se escaparon sus nombres pero eran aproximadamente unas 50 personas.

Intentaba mantener el perfil bajo y no llamar la atención de nadie. La mayoría era amable conmigo, pero solo lo justo y necesario, como para no pasar por maleducados. Se presentaban, con una sonrisa falsa y luego seguían con su vida. A nadie realmente le interesaba que este allí y yo lo agradecía porque no me gustaba ser el centro de atención.

Quien sí estuvo toda la noche pegada a mí y a Daiki fue Himawari, realmente esos dos se llevaban bien, y la pelinegra era muy amable y dulce como su madre. Entablo conversación conmigo e intentaba incluirme en las conversaciones con los demás también para que no me sienta excluída.

Llegado un punto de la noche, me di cuenta que era demasiado obvio que Daiki y Himawari se gustaban, así que comencé a sentirme como la tercera en discordia junto a ellos dos. Maldición, tendría que dejarlos solos.

Me excusé diciendo que iba a ir al baño y me adentre en la fiesta con mi bebida en la mano. Algunos me daban una mirada amable, otros solo me ignoraban cuando les pasaba por al lado, pero no era como si me importara tampoco.

En mis vueltas por la casa, pase por al lado de Kenta que solo me hizo una de sus miradas gélidas y siguió hablando con una rubia que no parecía tener mucho en la cabeza.

En secreto, odiaba las mujeres rubias. No lo sé, solo me caían mal, y yo no era de las personas que disimulaba por cortesía cuando alguien me caía mal.

Decidí que no iba a empezar otra guerra de miradas, así que solo opté por ir a tomar aire y salí a un pasillo interno que estaba junto a un jardín. La verdad ya comenzaban a aburrirme este tipo de situaciones, en un tiempo había disfrutado de salir en la noche en secreto a fiestas y bares con Yuuto y hacer de las nuestras como dos adolescentes alborotados, pero esto ya no era para mí.

Uf, me estaba volviendo vieja. En ese momento sentí que tenía 50 años más que cualquier persona de esa fiesta.

Me apoyé en la baranda que da al jardín, y lo contemplé por un momento. Terminaría mi cerveza y volvería a la mansión.

-Así que visitando parientes ¿no? Debería darte vergüenza, de veras.

Escuche a mi espalda, ese tono alegre y chillón en su voz podría reconocerlo aunque estuviera sorda creo.

-Te dijeron que eres igual de chillón que tu padre ¿no?

El se acercó a mí y se apoyó igual que yo en la baranda del jardín, pero mirándome con esa sonrisa que te noqueaba, así que no le devolví la mirada y seguí contemplando como la luz de la luna bañaba los arbustos.

-Lamentablemente, si me lo han dicho. Y a ti te dijeron que eres tan sinvergüenza como tu padre ¿no?

-La verdad que nunca me han comparado con mi padre, pero me han dicho lo de sinvergüenza. -Dije con una media sonrisa, dándole otro sorbo a mi cerveza.

-Me hubiera gustado saber quien eras desde el principio, es todo. ¡Casi me da un infarto al ver el símbolo en tu espalda! Luego caí en cuenta que mí viejo me había comentado algo sobre la situación del tío Sasuke y até los cabos.

-Wow, eres muy inteligente, de veras. –Le dije irónica intentando imitarlo, y al ver su cara volverse roja con su expresión de ofendido, no pude evitar reír mentalmente. Dios, era tan divertido meterse con este chico.

-¡Oye! Eres tú la que fuiste poco amable en primer lugar –Me acusó escandalosamente y apuntándome con el dedo.

-Si mal no recuerdo, eres tú el que me tiro al piso en primer lugar –Lo enfrenté desafiándolo, ahora si mirándolo a los ojos.

-De acuerdo, pero yo me he disculpado contigo por eso anteriormente, en cambio de ti nunca he escuchado una disculpa por tomarme el pelo ese día. –Me respondió cruzando sus brazos en su pecho.

-Y no la vas a escuchar –Le dije fingiendo una sonrisa inocente.

-De verdad eres tan orgullosa como tu padre y tus hermanos.

-Tal vez… -Le respondí burlona.

-No pensé que ibas a venir a la fiesta… pero pensándolo mejor es como si no estuvieras, ¿Qué haces aquí sola y aburrida?

-Solo... no me gusta el alboroto.

-Una lástima que sea tan chillón como mi padre ¿verdad? –Dijo, sobándose la nuca con una mano.

No respondí, solo alcé mis hombros en un gesto de "no me interesa". Terminé mi cerveza, deje la botella vacía y me di vuelta encarando hacia la puerta.

-Ya me voy.

-¡O-oye! ¿ya te vas tan rápido? –Dice poniéndose a la par mía.

-Solo vine porque me lo pidió Daiki y ahora que ya he cumplido no veo el por qué quedarme más tiempo.

-¡Vamos! No seas aburrida, quédate a tomar una cerveza más y charlemos.

Era lindo e insistente, pobrecillo, no sabía lo que hacía.

-No gracias, adiós –Le dije apurando el paso e intentando perderme entre la gente que bebía y bailaba alegremente.

Busqué a Daiki con la vista para avisarle que ya me iba, pero no lo encontré, así que preferí solamente irme en silencio.

Estaba a unos pasos de la puerta y apuré el paso, ya que no veía la hora de irme de allí. Entonces sin aviso alguno, alguien pasa rápidamente por delante de mí y simulando tropezarse me tira con un vaso de cerveza que me empapa desde la cabeza a los pies.

Todos se quedaron en silencio y me quedé estática en el lugar, cerré los ojos y conté hasta tres para reprimir toda la ira que estaba a punto de brotar de mí contra el estúpido o estúpida que haya hecho eso y no matarlo al instante.

Abrí los ojos y miré al pobre desgraciado que desearía no haber nacido, y era nada más y nada menos que el queridísimo primogénito de Sasuke, Kenta, que me miraba con una sonrisa socarrona.

-Fíjate por dónde caminas –Me dijo sonriendo sin disimulo, mientras todos en esta puta fiesta nos miraban, intentando disimular uno que otro las pequeñas risas que les provocaba mi presencia bañada en cerveza.

No sé de donde saqué la fuerza para reprimir toda la ira que sentía por esa persona, y solo atiné a salir de allí en un suspiro.

.

.

.

Tomé el camino más rápido hasta la mansión, desquitándome con el suelo con cada paso que daba.

Maldito mocoso hijo de perra, me las iba a pagar ese desgraciado infeliz.

-¡Amaterasu! ¡Espera! –Escuché que alguien gritaba unos metros detrás de mí.

Oh no, no tenía el humor suficiente para aguantar a nadie. Apuré el paso ignorándolo, como clara señal de que no quería ser molestada.

-¡Oye! ¡Espérame! –Grito de nuevo el muchacho. ¿Acaso nunca se cansaba de ser tan chillón y alborotado? Se puso a la par mío con un ligero trote y me seguía. –Oye, ¿estás bien? Vi lo que pasó, no le hagas caso, Kenta está algo ebrio.

Atiné a fulminarlo con una mirada llena de enojo pero al encontrar sus grandes ojos celestes mirándome con preocupación, no pude soltarle ninguna grosería.

-Déjame en paz Bolt.

-Tranquilízate, seguro fue un accidente ¡de veras!

Paré de repente mi andar y lo encaré nuevamente.

-¡Que me dejes en paz! –Le grite furiosa, sabía que él no era el culpable de la situación pero en momentos como estos no estaba acostumbrada a reprimir mi ira, no estaba diseñada para hacerlo. Es más, creo que hace mucho tiempo no estaba tan furiosa.

El me miró con esas dos lagunas azules y, sin decir ni una palabra, se sacó el abrigo que tenía y lo dejo en mis hombros.

-Te acompañaré a tu casa –Dijo tranquilamente y con una pequeña sonrisa intentando apaciguar mi ira.

-¿Por qué te empeñas en querer estar con alguien como yo Bolt? ¿Acaso eres idiota?

¿De verdad dije eso ultimo en voz alta?

El solo alzó los hombros como diciendo "no lo sé" y comenzó a caminar hacia la mansión. No me quedó otra opción que aguantármelo, así que empecé a caminar también.

-Definitivamente eres un idiota –Le dije murmurando.

-Tal vez…-Dijo alzando los hombros de nuevo e imitando mí gesto burlón.

Tuve que reprimir una pequeña sonrisa, enserio era un idiota. Y yo estaba demasiado enfadada para reírme de su idiotez, y que él lo note.

Un silencio agradable se había asentado entre nosotros mientras caminábamos. Por suerte la mansión solo estaba a un par de cuadras de allí así que llegamos en seguida.

Me acompañó hasta la puerta, le devolví su abrigo con un pequeño e ineludible "gracias". Él me regaló una de esas sonrisas gigantes, y con un saludo con su mano junto con un "buenas noches" emprendió el paso de vuelta. Le devolví el gesto y me quedé mirándolo unos instantes hasta que desapareció.

Si, definitivamente ese chico era un idiota.

Cuando mi mano estaba a centímetros de la puerta principal de la mansión para ingresar, se abrió repentinamente dejando ver un impaciente –y sin dormir- Sasuke claramente exasperado. Su cara no decía nada bueno, y mi expresión de enfado en mi rostro indisimulable no ayudaba en nada.

-¿Qué te paso que estas toda empapada Amaterasu? –Dijo alzando un poco la voz, claramente sorprendido.

-Nada –Expresé secamente, entrando a la casa dirigiéndome directamente a mi habitación para evitar a la bestia que el Uchiha parecía en ese momento siguiéndome de cerca todo el camino.

-¿Volviste tu sola? ¿Dónde están tus hermanos? ¿Tienes idea de qué hora es? –Y no paraba de tirar preguntas como esas- Te dije que no andes sola a estas horas, es peligroso Amaterau, y ¿por qué estas empapada? Maldición, ¿Por qué mierda tus hermanos no están contigo?

Al llegar a la puerta de mi habitación, lo encaré.

-Esto fue un accidente –Dije señalando mi ropa mojada, e intentando disimular mi enojo pero con tono severo continué- Me perdí en la fiesta y como no encontré a nadie conocido me vine a casa. ¿Contento? ¿Puedo dormir ahora?

Mi discurso tranquilizador de padres furiosos claramente no funcionó del todo, pero si el tono en que lo dije porque se obligo a tranquilizarse. Se quedó callado un segundo observándome, hasta que con un suspiro derrotado se pasó una mano por su cabello.

-Duerme, mañana hablaremos –Sentenció, emprendiendo camino nuevamente hacia dentro de la mansión.

Entré a mi habitación, me saqué la ropa mojada, me di un pequeño baño y me tiré en la cama. Que noche de mierda, nunca más iría a una fiesta en este puñetero lugar.

.

.

.