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Recaída
Uno.
Dos.
Tres.
…
Cuatro.
Maldición no podía hacerlo, no podía calmarme. En cualquier momento iba a estallar.
Luego que Amaterasu llegara, solo pude dormir una hora, tal vez dos, pero nada más que eso. Estaba tan furioso que me obligué a mi mismo a ir a mi habitación porque juraba que si veía la cara de alguno de mis hijos mayores iba a despertar a toda la casa con mis gritos.
Mocosos desgraciados, iban a vérselas conmigo luego del desayuno. Pero mientras debo mantener la calma y contar hasta cinco, por lo menos hasta que los pequeños se levanten de la mesa.
El hecho de que Amaterasu no haya venido a desayunar solo empeoraba todo. ¿Por qué carajos habrá estado toda bañada en cerveza? No iba a comerme su cuento de "fue un accidente".
¿¡Por qué ninguno de los tres la había acompañado hasta la mansión!? ¿¡Como se les ocurre dejar a su hermana sola caminando de noche por la villa empapada en cerveza!? ¿¡Acaso estaban locos!?
Las caras de los tres me daba un adelanto de lo que se me iba a venir, esta mañana la mesa estaba extrañamente silenciosa. Tal vez sea mi cara de furia que no puedo esconder lo que esta intimidando a todos un poco.
Suficiente, no resisto más.
-Terminen de desayunar todos –Dije mirando a los más pequeños, para luego mirar a mis tres mayores- Kenta, Daisuke y Daiki al living los tres.
Me levanté enseguida y los tres me imitaron, siguiéndome como vacas al matadero. Me quedé parado delante de los sofás, frente a la chimenea, caminando de un lado a otro; mientras ellos tomaron asiento frente a mí. Sabían bien lo que les esperaba.
Tomé aire un par de veces, intentando que la poca paciencia que tenía sea suficiente para mitigar el enojo que crecía dentro de mí.
-¿Qué pasó anoche? –Pregunté haciendo énfasis en cada palabra por si no se habían dado cuenta lo furioso que estaba.
Nadie me contestó, ninguno de los tres me miró. ¿Ninguno se atrevía a hablar ahora?
-He preguntado que qué mierda pasó anoche –Repetí alzando un poco más la voz.
Daiki miró a sus hermanos y se decidió por ser el vocero.
-L-lo siento papá solo la perdí en un segundo de mi vista, y-y luego la busqué por toda la fiesta, y no la encontré más, así que supuse que había regresado con alguien a casa, eso es todo –Me explicó tímidamente, aceptando que había cometido un error.
-Yo vine temprano a casa, no sé nada –Se excusó rápidamente Daisuke, mirando a otro lado haciendo caso omiso.
Miré a Kenta, esperando que él también tuviera una excusa pero solo se limitaba a mirar hacia el piso.
-Explíquenme la razón por la cual decidieron dejar a su hermana sola, en una fiesta donde no conoce a nadie, en una aldea que es prácticamente nueva para ella, en la mitad de la noche cuando les pedí específicamente que no lo hicieran –Dije ya casi gritando y mirándolos esperando una repuesta.
-Lo siento papá, no tengo excusa –Dijo Daiki apenado, se notaba que realmente estaba arrepentido.
-¿Y por qué llegó como si la hubieran bañado en cerveza? Me dijo que fue un accidente, ¿qué sucedió?
-Sí, solo fue eso… un accidente –Me respondió el mismo gemelo, haciendo énfasis en sus palabras, para luego mirar a sus hermanos fijamente- ¿O no fue así Kenta?
Miré a mi hijo mayor, pero él ni se inmutó ante la pregunta de su hermano o ante mi mirada.
-¿No piensas hablar Kenta? Eres el mayor, ¡era también tu responsabilidad cuidar de ella! ¡Es tu hermana!
-No soy la puta niñera de nadie –Dijo en voz baja y enfurecida mirando hacia un lado- y ella no es mi maldita hermana.
No podía creer las palabras que salieron de la boca de mi hijo. Literalmente me tuve que tomar unos segundos para procesar si lo que había dicho era cierto.
-Daiki, Daisuke, están castigados. Vayan a sus habitaciones ahora –Sentencié sin quitar la mirada de encima de Kenta. Debía hablar con él a solas.
Cuando estuvimos solos me tomé unos minutos para tranquilizarme nuevamente, respiré hondo y lo encaré.
-Sígueme –Le ordené mientras me dirigía hacia el pasillo interno.
Lo guié hasta su habitación, entramos y cerré la puerta tras de mí.
-Entrégame tu katana Kenta –Le dije tranquilo.
Él me miró extrañado, entro hasta su armario, y me la entregó. La desenvainé unos centímetros, lo suficiente para ver el símbolo Uchiha grabado y para leer la frase "para siempre" en ella.
-Ahora dame tu cadena.
Toscamente se descolgó el collar que llevaba un dije grabado con el mismo símbolo y frase, y me lo entregó también.
Tome ambas cosas y lo miré seriamente.
-Aquel que niega su propia sangre, no es digno de llevar los estandartes del clan. Pensé que habías entendido el verdadero significado de estas palabras grabadas aquí Kenta, pero parece que me he equivocado contigo, estoy decepcionado… Cuando en verdad las comprendas y seas realmente digno, te los devolveré.
Él solo atinó a mirar al piso todo el tiempo, cabizbajo e intentando aparentar una fuerza infundada. Lo había deshonrado totalmente al negarle llevar estos símbolos, y él claramente estaba al tanto de lo que esto significaba.
-… y estás castigado por un mes. –Sentencié finalmente y salí de la habitación a paso tranquilo; mientras él no se movió ni un centímetro.
Desde ahora, mi vida y la de él iba a ser bastante más dura.
¡Y mierda! llego tarde para la reunión con el Consejo de Konoha.
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Música alta.
Conversaciones subidas de tono, carcajadas y risas.
El sonido de un vaso rompiéndose.
Y yo en medio de todo el alboroto. Solo estaba parada en medio de la fiesta.
Miraba fijamente como dos personas estaban tiradas en el piso, una arriba de la otra. Una golpeando a la otra. Nadie los veía, solo yo.
Me acerqué y los miré mejor, la victima que estaba siendo golpeada salvajemente era un joven de cabello negro. No lo conocía.
Si lo conocía.
Miré mejor, y me di cuenta que era Kenta. Estaba siendo golpeado una y otra y otra vez. Tenía la nariz rota y cortes sangrantes por toda su cara.
Miré mejor al victimario y no pude ver bien quién era. Era una joven de cabello negro. No la conocía.
Si la conocía.
Claramente era yo misma, y lo golpeaba y lo golpeaba una y otra y otra vez sin descanso. Lo golpeaba como si fuera una bolsa de arena que nada tuviera dentro. No podía detenerme a mí misma, no podía moverme, solo podía mirar.
-¡Déjalo! ¡Detente, basta!
Miré mi propio rostro y mientras sus puños iban y venían del rostro de Kenta, podía ver una clara sonrisa reluciente. Y sangre.
Rojo
Vi esa inconfundible luna alzarse en la ventana.
Sangre
Sangre en sus puños. Sangre en mis puños.
Dolor
-¡Basta!
-¡NO!
Abrí los ojos y me senté inmediatamente de un salto. Otra vez lo mismo.
En días como estos, que no puedo pegar un ojo creo que extraño un poco las drogas para dormir que me daban en el recinto. Por lo menos descansaba.
Miré el reloj que marcaba las 09.16 am y me alivié. Por lo menos había dormido un par de horas.
De pronto como un balde de agua fría, me volvieron todos los recuerdos de la noche anterior.
Ese idiota no sabía con quien se metía definitivamente. Mis manos comenzaron a temblar.
A ese maldito sueño creo que lo disfrute más de lo que debería.
Tengo que hacer algo para sacar todos estos pensamientos de adentro de mi mente, no debo meterme en problemas en este lugar. Y en toda mi vida solo supe hacer una cosa para expulsar el odio, para controlarme.
Me levanté y me puse uno de los conjuntos para entrenar. Tomé las vendas que tenía en mi botiquín del baño y me envolví sin cuidado mis manos y mis piernas.
Es bastante tarde, seguramente a todos habrían desayunado hace un largo rato.
Salí hacia el pasillo intentando no encontrarme con nadie y lo atravesé rápidamente. Pasé rápidamente hacia el jardín trasero, y luego directamente hacia el patio de entrenamientos que Sasuke me había mostrado el día anterior.
Bien, no había nadie allí. Supuse que nadie utilizaría este lugar un sábado en la mañana.
Dejé mis cosas a un lado de donde estaban las armas y me acerqué hacia un tronco de árbol cortado, que estaba plantado cerca de allí. Se notaba que estaba golpeado anteriormente, toqué su gruesa e irregular corteza, comprobé que estaba bien firme en la tierra y decidí que me serviría.
Di un paso atrás, cerré los ojos y respiré profundo un par de veces concentrando todo mi chakra en mis brazos y mis piernas. Active mi -ahora llamado- sharingan y supe que estaría un poco violenta hoy.
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Entré a la mansión luego de la reunión y al instante sentí el olor al almuerzo que seguramente Sakura estaba preparando. No pude evitar sonreír al pensar que a esa mujer nada se le pasaba por alto, nunca descuidaba a su familia.
Fui directo hasta la cocina pero cuando entré supe que algo la tenía preocupada, tenía el ceño fruncido mientras cortaba las verduras y miraba por la ventana que daba al patio repetidas veces.
Me acerqué a ella, que solo me dedicó una pequeña sonrisa cuando notó mi presencia y siguió cocinando.
Miré por la ventana y vi que en el patio estaban los tres más pequeños jugando a la pelota junto a Daiki y Daisuke. Todo parecía normal allá afuera.
-¿Qué sucede? –Indagué.
Ella solo atinó a mirarme indecisa, parecía no saber si contarme o no.
-Bueno, tal vez no sea nada, ya sabes cómo soy pero… Amaterasu se levantó poco después que te fuiste a la reunión y solo se metió en el patio de entrenamientos sin mediar palabras con nadie. Y está allí desde entonces, no la he visto salir y nada, solo… me preocupa que este tanto tiempo allí sola, sin haber desayunado ni nada –Me contó intentando sacarle importancia al tema mientras sacaba cosas de los estantes y seguía preparando el almuerzo.
¿Acaso no se le pasaba nada en verdad a esta mujer? Me acerqué y la rodee con mis brazos por su espalda.
Seguramente solo estaba entrenando, estoy seguro que no era nada de qué preocuparse.
-No se te escapa nada ¿cierto? –Le dije mientras depositaba un beso en la curvatura de su cuello.- Iré a verla, no tardo.
-Y dile a los chicos que el almuerzo estará listo pronto.
-¿Kenta ha salido de su cuarto?
-Todavía no… -Me respondió y se da la vuelta, pasa sus brazos por mi cuello y acerca a mí sus labios, imitándome, dejando un beso ahora en mi cuello- no te preocupes, no te odiará por siempre.
Era tan dulce intentando borrar mis preocupaciones, le di un beso en la coronilla y salí de la cocina para ir al patio.
Una vez fuera, Rokuro corrió hacia mí estirando sus manos para que lo tome en brazos, mientras Souta pateaba la pelota hacia mí incluyéndome en el juego. La patee hacia Taichi que me esperaba emocionado y deje a Rokuro en el suelo luego de revolver sus cabellos.
-El almuerzo está listo, vayan a ayudar a su madre –Les dije, a lo que todos asintieron.
Crucé el patio observando a los mayores, que no quisieron devolverme la mirada. Daisuke solo me ignoró, pero Daiki creo que no lo hizo porque estaba avergonzado. Nunca terminaría de sorprenderme lo igual Sakura que era.
Llegué rápidamente a la puerta del patio y me acerqué a ver si escuchaba algo, solo golpes y patadas, rápidas, con buen ritmo y constancia. Entraría solo para avisarle que vaya a almorzar, ya que parecía solo un entrenamiento normal.
O eso pensé.
Cuando entré, la vi frente a uno de los pilares de madera que usamos para probar jutsus de largo alcance o técnicas explosivas.
Estaba propinando puños y patadas sin parar, utilizando distintas combinaciones y ángulos, pero lo que llamó mi atención al instante fue que los vendajes que tenía en los puños y piernas estaban llenos de sangre. Realmente tuve que mirar dos veces, se estaba lastimando tanto que podía ver las gotas de sangre corriendo a lo largo de sus pies, y como goteaban en el piso desde sus manos.
A medida que me acercaba, comenzaba a sentir la intensidad de sus golpes y la fuerza que utilizaba en cada uno, pude notar la expresión en su rostro con su sharingan activado. Era una expresión que me erizó la piel, su mirada era fría y calculadora, no parecía inmutarse ante el dolor que seguramente los golpes que propinaba le estaban causando.
¿Qué estaba haciendo? ¿Acaso no se daba cuenta que se estaba lastimando?
-¿¡Qué crees que haces!? -Dije espantado, a lo que ella ni se inmutó, solo siguió concentrada en su tarea.
-Entrenando –Respondió secamente entre respiraciones agitadas, golpes y patadas. No paraba de moverse, no le importaba que yo estuviera ahí mirándola como se dañaba salvajemente a ella misma.
-¡Para eso! ¡Estas lastimándote Amaterasu! –Intenté hacerla entrar en razón, sin obtener resultados. Ella solo ignoró mis órdenes y aumentó el ritmo de los golpes, estaba llevándose al límite.
-¡Amaterasu! –Intenté nuevamente, sin respuesta.
Yo no supe que hacer para que dejara esa locura.
-¡Te he dicho que pares ya! –Alcé mi voz, mientras la toma del brazo para llamar su atención.
Apenas sintió mi mano alrededor de su brazo, tiró violentamente el mismo hacia ella para librarse de mi tacto y que la suelte.
-¡No me toques! –Gritó fuerte de repente, mirándome con su sharingan ofensivamente y tomándose el brazo como si mi tacto la hubiera quemado.
Me quedé estático en mi lugar, sin saber que decir. Solo se escuchaba entre el silencio sus agitadas respiraciones.
-Nunca me toques… -Murmuró repitiéndose con la mirada perdida y dándome la espalda para seguir con su entrenamiento.
-¡Espera! –Le grité, ya sin saber cómo actuar. Ella me miró sobre su hombro, señal que me escuchaba– Termina con eso Amaterasu, mírate, estas lastimándote.
-Claro que estoy lastimándome, dije que estaba entrenando –Sentenció seriamente, poniéndose nuevamente en posición ofensiva hacia su oponente de madera.
-¡Pero no en ese extremo Amaterasu! Esta no es la manera correcta.
-Es la única manera…déjame sola –Dijo tácita mirando hacia el piso, propinando otro fuerte golpe contra la ya maltratada corteza del tronco, haciendo que se abran de nuevo sus heridas y que comiencen a sangrar de nuevo.
-Suficiente –Sentencié, y cuando ella estaba por dar otro golpe me interpuse entre ella y el tronco, atajando su puño. Ella me miró confundida.
-Te pedí que me dejes sola –Me repitió alejándose unos pasos de mi.
-No lo haré –Respondí desafiándola, sabía lo que estaba haciendo y no la dejaría alejarme, no más– Habla conmigo Amaterasu, ¿por qué quieres lastimarte de esa manera?
Ella no me respondió. Solo miró sus puños extrañamente.
-No están tan mal… déjame seguir, lo necesito.
-Claro que no, tú no necesitas esto. No necesitas dañarte a ti misma.
Ella miró al suelo claramente enfadada conmigo, se tomo de la cabeza cerrando los ojos y me dio la espalda.
-Necesito esto –Murmuró suplicante.
-Pero ¿por qué dices eso? –Le pregunté acercándome lentamente para que no se sienta invadida.
No respondió a mi pregunta, pero cuando estaba a solo pocos metros de ella comenzó a temblar y sentí como su corazón comenzó a latir más rápidamente.
-No, por favor… -Dijo con la voz quebrada, cayendo de rodillas a piso aun dándome la espalda- No me toques, por favor…
La desesperación en su voz me rompió el corazón, estaba mostrándome una parte de ella que nunca había visto. ¿Se pensaba que le iba a hacer daño?
-Oye, tranquila –Intente calmarla, intentando que no se quiebre mi voz al hablarle agachándome a su lado- Nunca te haría daño Amaterasu, nunca... pero esas heridas hay que tratarlas.
Ella solo se abrazó a sí misma, bajando su cabeza intentando calmar su respiración, cosa que claramente no estaba funcionando.
Debía hacer que Sakura atienda sus heridas para que dejen de sangrar y las limpie, ya que al arrodillarse se llenaron de la tierra del suelo. Pero no sabía si era buena idea cargarla, ya que claramente no quería que la tocara y no quería que se ponga más nerviosa de lo que notablemente estaba.
-Levántate, vamos a que Sakura te atienda esas heridas –Intenté convencerla, pero su mirada estaba perdida en algún punto del piso, ausente y vacía, como si estuviera en otro mundo y no aquí conmigo.
-Amaterasu –La llamé gentilmente de nuevo, sin obtener respuesta nuevamente.
¿Qué mierda iba a hacer? No podía dejarla allí sola para ir a buscar a Sakura, no quería gritar porque no quería asustar a los chicos tampoco.
Pero como si hubiera leído mis pensamientos, Sakura entró por la puerta en ese instante con expresión preocupada.
-¿Sasuke? –Dijo buscándome con la mirada por el gran patio, hasta que sus ojos se apoyaron en mí y en mi hija. Se tapo la boca acallando un grito de sorpresa, y le hice un ademan para que se acercara rápidamente.
- Oh, por Dios ¿Qué ha pasado? ¿Qué es toda esta sangre? –Dijo arrodillándose al lado nuestro.
Al mirar las manos ensangrentadas de Amaterasu las quiso tomar para verlas mejor, pero ella automáticamente las quitó acercándolas a su propio cuerpo y mirando a mi esposa asustada y agitada.
Sakura me miró y yo también, entendió que Amaterasu no estaba muy bien.
-Tranquila, Ama-chan –Dijo con su dulce voz, mirándola amablemente– Solo quiero ver mejor esas heridas, ¿me dejas verlas por favor? Prometo no tocarte.
La pelinegra, me miró a mí y luego de nuevo a mi esposa, y lentamente las acercó a Sakura para que pudiera observarlas –las cuales estaban temblando aún-. La última alzó las manos muy lentamente y las puso encima sin tocarla, cuando comenzó a emitir un aura de chakra verde para curarlas.
-Trae el botiquín –Dijo suavemente mirándome, yo prácticamente corrí y se lo traje en menos de un segundo. Luego continuó hablándole a ella con la misma tranquilidad y amabilidad de antes– Detuve el sangrado ya, pero debo sacar estas vendas sucias y limpiar las heridas, ¿te parece bien? Prometo que no dolerá nada.
La susodicha solo asintió, mirando atentamente todo el proceso en que Sakura cortó las vendas que ya tenía, limpiaba amablemente con una sustancia sus puños machacados y volvía a envolverlos lentamente, siempre con el cuidado que sus manos no tengan contacto alguno. Todo el proceso, sentí como estuvo tensa y aguantando la respiración, como si el mínimo roce con alguien la molestaba sobremanera.
La observé a los ojos en todo momento, y entendí la verdadera gravedad del asunto. Mi pobre pequeña estaba profundamente herida, no solo por fuera, sino también por dentro.
Cuando acabó con sus manos hicimos que se siente, para que pueda continuar con sus piernas. Tardó un poco más, ya que las heridas eran un poco más profundas y se extendían por ambas espinillas, pero con mucha paciencia Sakura limpio y vendó cada una de ellas con sumo cuidado.
-Mejor así ¿no? –Le preguntó cuando acabó de atenderla con una sonrisa-¿Vamos a almorzar? Debes estar hambrienta.
Ella negó con la cabeza mirando nuevamente hacia el piso.
-¿Quieres ir a descansar entonces? –Le pregunté intentando imitar el tono amable de mi esposa, pero no era mi fuerte así que salió algo tosco.
Amaterasu me miró con esos impenetrables ojos y asintió. Nos levantamos yo y Sakura, y le tendí una mano para ayudarla a levantarse. Ella me miró, la miró y dudosa, la tomó.
La acompañé hasta su habitación, sin pasar por la cocina para que los chicos no la vean en este estado mientras Sakura volvía con ellos.
Al llegar, cerré las cortinas para esconder la segadora luz del sol mientras ella se metía en su cama, tapándose hasta la cabeza y mirándome. Yo me acerqué la silla que tenía frente al escritorio y me senté apoyado en la pared paralela a su cama.
Nos miramos por unos segundos, pero luego ella cerró los ojos con intenciones de dormir.
-¿Duele mucho? –Pregunté, tal vez Sakura podría darle algún analgésico para dormir más tranquila.
Ella negó con la cabeza.
-No tienes que mentirme ¿sabes? –Le dije resignado, era demasiado orgullosa para aceptarlo.
-He tenido peores –Aceptó a regañadientes.
Claro que has tenido peores Amaterasu. Y no puedo evitar pensar que es todo gracias a mí. Si no fuera por mi irresponsabilidad tú nunca tendrías que haber pasado por todo esto, y hoy me di cuenta que llevaría el peso de tu dolor para siempre.
Nunca se borraría de ti, y definitivamente nunca se borraría de mí.
Pero a pesar de saber eso, estaba decidido a seguir el consejo que Sakura me había dado.
-¿Vas a quedarte ahí? –Me preguntó de repente.
-Si piensas que voy a dejarte sola ahora estás loca.
Iba a estar ahí para ella, siempre, en todo momento. Iba a acompañarla, no importa en qué, solo me iba a sentar en silencio a velar por ella.
-¿Solo te sentarás ahí en silencio entonces?
Asentí mirándola para enfatizar mi decisión. No iba a moverme de allí.
Ella solo cerró los ojos, al rato supuse que ya estaba dormida gracias a que su respiración se acompasó en un ritmo lento y tranquilo.
Me sentía tan impotente, verla y no poder hacer nada mas por ella, hacía que mis nervios se pusieran de punta y que mi alma se hiele.
¿Cómo seguiría adelante desde ahora? Quiero que sea una mujer relajada, divertida, sin miedo a nada, confiada en sí misma, capaz de reír, pero definitivamente era algo muy alejado de la realidad. Quiero que confíe en mí, quiero que hable conmigo pero supongo que presionarla no es el mejor camino. Maldición, era tan frustrante no poder ayudarla.
"Necesita tiempo" me había dicho Sakura, pero no sé si llegaría vivo al final de todo esto. Tal vez me dé un paro al corazón si la veo haciendo otra vez lo que hoy hizo en medio de esa crisis de histeria.
Miré su rostro mientras dormía, estaba seria aun durmiendo, ni siquiera parecía que dormía pacíficamente. ¿Cómo podría hacer para hacerla sentir parte de esta familia y que confíe en nosotros como para poder dormir tranquila por las noches?
En ese momento se me ocurrió la mejor idea de todas. Me levanté y acercándome cuidadosamente acaricié sus cabellos.
Voy a hacerte sanar, ya lo verás.
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Me despertaron unos golpecitos tímidos en la puerta, al instante supe que eran ellos y emití un pequeño "pasen" para invitarlos a entrar.
Los vi a los tres pequeños de la casa entrar y correr hasta mi cama, subiéndose de un salto. Yo me incorporé en la cama, sintiendo un poco de dolor aun en mis puños al rozar contra el colchón, viendo como entró también Sasuke cerrando la puerta tras de sí.
-¡Hola onee-chan! –Dijo Souta siendo el primero en subir a la cama. Su mellizo lo imitó y subió también.
Por último Rokuro, también subió con la ayuda de Sasuke que necesitó empujarlo para alcanzar el borde de la cama. Vi que tenían unas hojas de papel en sus manos.
-Mami nos dijo que estabas enferma y vinimos a visitarte –Dijo el más pequeño acercándose a mí y sentándose a mi lado. Sus hermanos asintieron.
-Y queríamos hacerte sentir mejor, entonces te hicimos una sorpresa onee-chan –Agregó Souta. Los miré extrañada y los tres me extendieron sus hojas de papel para que pueda verlas. Eran tres dibujos, o eso pretendía ser.
-Esta eres tú, y este soy yo, y allí dice mi nombre, yo lo escribí –Me explicó Rokuro, señalando dos círculos con líneas raras por dentro y por fuera, y su nombre en una esquina con una ortografía de principiante.
-Ahora yo mira… -Dijo Souta acercándose también, el de él no necesitaba tanta explicación podía entenderse –algo-… esta eres tú en la cama durmiendo y este soy yo cuidando de ti.
Su mellizo entonces me acercó con una mano su dibujo, y mirando hacia otro lado escondiendo su sonrojo. Lo tomé y era un gran corazón pintado de muchos colores conmigo dentro de él.
Eran demasiado tiernos.
-Gracias chicos, son geniales…-Fue lo único que atiné a decir, no me salían las palabras, así que solo medio sonreí-… ahora me siento mucho mejor.
Ellos sonrieron también, felices porque sus regalos fueron aceptados. Nunca pensé que alguien se tomaría el tiempo para hacer algo así por mí.
-Ya le dieron sus regalos, ahora a cumplir lo que prometieron, vayan –Les dijo Sasuke, bajándolos de la cama.
Rokuro antes de que su padre lo baje, deposito un beso en mi mejilla y se fue corriendo luego detrás de sus hermanos que ya habían dejado la habitación.
Miré nuevamente sus dibujos, y sentí una presión en el pecho que me llenó de calidez. No podía dejar de sonreír. ¿Qué me pasaba?
-Son tan geniales –Pensé en voz alta.
-Estaban dibujando cuando Sakura los mandó a limpiar sus habitaciones, así que prometieron que si les dejábamos terminar los dibujos para ti y luego dártelos, luego iban a hacerlo -Me explicó Sasuke acercándose a un lado de la cama, yo que seguía embelesada mirando los dibujos, atiné a sonreír más aún- ¿Te sientes mejor?
-Sí, estoy bien… -Le respondí dejando los dibujos de lado.
-Sakura va a prepararte algo para que comas, pero debes salir de aquí e ir a la cocina.
Asentí. No tenía ánimos para salir de la habitación, pero no podría rechazar una propuesta así después de lo que hizo por mí esta mañana durante mi recaída.
-Pero primero yo también tengo algo para ti –Se sentó al borde de mi cama y me mostró una pequeña caja de forma rectangular- Esto es muy importante, le doy a cada uno de mis hijos uno de estos al cumplir los diez años porque es el momento el cual yo les cuento la historia detrás de nuestro apellido. Y claramente, no tuve la oportunidad de dártelo a tiempo pero aquí está. Es tu decisión si quieres usarlo.
Dejó la pequeña caja a mi lado, se puso de pie, y me dejó sola.
Lo abrí y dentro tenía una preciosa cadena de oro con un dije. El dije era el símbolo de los Uchicha, y detrás tenia grabado "para siempre".
Entendí al instante el significado detrás de esas palabras y todo lo que significaba esto para Sasuke.
Sin dudarlo lo saqué de la caja y me lo puse. Fui hasta el espejo y me miré en el, poniendo especial atención al nuevo colgante de mi cuello.
Tenía frente a mí al reflejo de mi misma que siempre quise ver.
Y no estaba haciendo ni un poco de esfuerzo para conservarlo. ¿Quién era yo en esta familia además de la desgracia? ¿Qué aportaba yo a esta familia además de sufrimiento y desunión? ¿Realmente valía la pena quedarme?
Me di vuelta y vi en la cama los tres dibujos de los pequeños. Los tomé y observé nuevamente. No pude evitar que la sonrisa se plantara en mi cara de nuevo.
Claro que si valía la pena.
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