.
.
.
Sonrisa
-Buenos días! Si que dormiste mucho hoy –Dijo Sakura con una sonrisa en el rostro mientras guardaba los platos recién lavados en el mueble de la cocina.
Yo le sonreí también y me senté en el desayunador a unos metros de ella mirándola.
Ayer al ser domingo pasamos todo el día aprovechando el sol cálido en el patio -ya que comenzaba la primavera y el ambiente se calentaba de a poco-, los pequeños jugando y los mayores descansando en el fresco pasto.
Daiki aprovecho y hablo conmigo, se disculpó por lo pasado el viernes en la fiesta, me explico que me busco pero no me encontró y que recién al final de la misma se enteró lo que había pasado con Kenta, pero que no me preocupara ya que según él "lo habían puesto en su lugar". No quise indagar mas en eso para dejar el tema en el pasado, ya que Kenta no había venido a pasar el día con la familia y supuse sería mejor olvidar todo.
Fue un lindo "domingo de flojera" como le decía Souta. Ahora yo quería que todos los días sean domingos para hacer exactamente lo mismo.
Pero lamentablemente, hoy era lunes y había que volver a la rutina.
-¿Ya se fueron todos? –Le pregunté curiosa.
-Sí, hoy todos están ocupados desde temprano –Dijo mientras terminaba su tarea, y volvía a verme amablemente. -¿Quieres desayunar?
-No, gracias.
-¿Qué harás hoy Ama-chan? Yo voy al hospital todos los lunes para ayudar en algunos asuntos y no quiero que te quedes tú sola aquí.
-¿Sola? ¿Y Rokuro?
-Se queda con Hinata mientras trabajo.
-Oh, bien… no te preocupes por mí, pensaré en algo que hacer –Intenté convencerla, no quería ser una molestia para ella y sus actividades.
-¿Segura? Me dejas algo preocupada…
Pero no pudo seguir porque sonó el timbre de la puerta principal.
-Ya vienen por Rokuro –Me dijo mientras se dirigía a atender.
Ahg, ¿qué se supone que haré aquí sola? Que aburrido.
En eso Rokuro apareció en la cocina y se acercó corriendo hacia mí, arrastrando su mochila.
-Onee-chan ¡quiero que vengas conmigo! –Me dijo mientras me tomaba de la ropa y me tiraba de ella para hacer énfasis a su pedido.
-Lo siento enano, luego podemos jugar todo lo que quieras cuando vuelvas –Le dije mientras intentaba peinar su desordenado cabello rosado.
Entonces, pasó algo que sinceramente no esperaba. Entraron a la cocina no solo Sakura, sino también otra persona que definitivamente no era apta de verme en piyamas.
Bolt Uzumaki me miraba con esa maldita amable sonrisa desde la puerta de la cocina.
Lo observé detenidamente por un segundo, ¿acaso siempre fue tan alto? Realmente me di cuenta que nunca le presté la debida atención a su persona, porque se veía diferente esa mañana; se veía más… ¿casual? No tenía uniforme, ni ropa de entrenamiento, solo tenía una playera –horriblemente naranja- manga corta y unos jeans despreocupados. Llevé mi mirada a sus brazos, en los cuales nunca había reparado antes, ¿acaso siempre había sido tan… musculoso?
Gracias a Dios por la primavera y el calor, pensé para mis adentros.
Disimulé mi mirada mientras Rokuro se acercaba a él con sus brazos extendidos al grito de "oni-chan", y él lo tomaba en brazos saludándolo también.
O él estaba ridículamente sexy esta mañana, o yo recién me había levantado y seguía algo soñolienta.
-Buenos días Amaterasu-chan –Me dijo el rubio ahora dirigiéndose a mí.
-Buenos días –Le contesté secamente, intentando hacer caso omiso a su presencia.
-Bueno Bolt, ya tiene todo lo que necesita en su mochila, dile a Hinata que seguramente Sasuke vaya a buscarlo.
-Claro tía Sakura –Le contestó mientras bajaba a Rokuro y lo ayudaba a ponerse su mochila, mirándome- Y tú Amaterasu-chan, ¿tienes planes para hoy?
-E-etto, yo… -Quise inventarle una excusa pero claro, el pequeño diablo siempre es más rápido.
-Amaterasu-neechan se quedará sola aquí hoy, ¿puede venir con nosotros Bolt? –Dijo rápidamente mirándolo con esos ojos verdes suplicantes.
-Rokuro, lo hablamos desde que despertaste, Hinata ya es demasiado amable de tenerte a ti y no queremos molestarla –Le explicó pacientemente mientras tomaba su taza de té y lo miraba con reproche.
-Estoy seguro que a mi madre no le molestará que nos acompañes hoy Amaterasu-chan. En realidad es buena idea ¡de veras! –Explicó el rubio mientras intentaba convencer a Sakura, ella no parecía muy convencida, y yo tampoco estaba muy segura que digamos.
-Yo no quiero molestar... –Dije para que no siga insistiendo.
-¡Vamos! si el viernes en la cena te dijo que estabas invitada a ir cuando quieras ¿recuerdas? Además, nos vendrá bien un poco de compañía, ¿verdad Rokuro?
-¡Sí! Ven con nosotros onee-chan, ¡te mostraré el parque!
Yo no tan convencida miré a Sakura, y ella alzó los hombros devolviéndome la mirada.
-Bueno, por mi está bien… queda en ti si quieres ir Ama-chan.
Lo pensé un segundo, no estaba segura que sería una buena idea pero ¿qué mas iba a hacer sino aquí sola?
Miré esos ojos azules que no se despegaban de mí, y no tuve que pensarlo dos veces.
-Iré a cambiarme –Les dije, mientras me dirigía a mi habitación. Los sentí chocar los cinco detrás de mí riendo.
.
.
.
Cinco minutos después Sakura nos despedía desde la puerta de la mansión y nosotros nos dirigíamos a la casa de la familia Uzumaki.
Todo el camino Rokuro se la pasó parloteando acerca de todo lo que habíamos hecho ayer, que habíamos jugado, habíamos comido, habíamos dormido en el pasto verde, etc. Se llevaba muy bien con Bolt, ya que al rubio parece que también le encantaba la cháchara sin sentido.
Por momentos vi como Bolt se reía a carcajadas junto a Rokuro como si fuera también un niño más.
Ojala yo pudiera reír a su lado de esa manera.
Estábamos a un par de cuadras de llegar a su casa, cuando doblaron para tomar un camino diferente.
-¿Donde van? Tu casa queda por allá –Le señalé a Bolt. Él y Rokuro me miraron y se rieron cómplices.
-¿Le contamos nuestro secreto Rokuro-kun? –Le pregunto el rubio al pequeño que llevaba sentado en sus hombros. El pelirrosa me miró seriamente, examinándome, y luego asintiendo.
-Cuéntale onii-chan –Le respondió con una sonrisa emocionado.
-Todos los lunes, antes de ir a casa… -Murmuró acercándose a mí para que nadie más oiga, con un dedo delante de sus labios indicándome silencio-… vamos a comer helado de chocolate a escondidas.
¿Ese era el secreto? No le veía nada de malo.
Lo miré extrañada, no comprendía por qué tanta confidencialidad.
-Mamá solo nos deja comer helado los fines de semana, dice que mucho chocolate o comida chatarra puede hacernos mal –Me explicó Rokuro, contento con su travesura- Ahora debes prometer que no le dirás a nadie onee-chan.
Me miraron ambos expectantes; observé esas dos miradas, verde y azul, encima de mí y supe que no podía llevarles la contra.
-Está bien… pero con una condición –Sentencié intentando no reír ante sus miradas preocupadas de que pueda revelar su secreto- Yo también quiero uno, y que sea doble.
Ambos rieron aliviados de que les siga el juego, y seguimos caminando ahora con destino a la heladería.
Un rato después, estábamos sentados los tres en la banca de un parque cercano, mientras terminábamos nuestros helados. El primero fue Rokuro, que sin perder más tiempo salió corriendo a los juegos que había en la caja de arena para niños. Nosotros lo observábamos atentos mientras terminábamos los nuestros.
-Te llevas muy bien con él –Le digo, ya acabando con los restos de mi helado.
Él me miró y comenzó a reírse en mi cara. ¿Había dicho algo gracioso acaso?
Cuando se dio cuenta que no entendía el chiste, intentó apaciguar su risa.
-Lo siento, es que… -No pudo terminar la oración que comenzó a reírse de nuevo. Ok, esto no era gracioso- … es que tienes chocolate en la cara.
Agh genial, no podía verme. Debía lucir como una completa idiota que nunca había comido un helado. Intenté limpiarme con el dorso de mi mano, pero solo conseguí que riera más aún.
-Ahora lo tienes por toda la cara –Me dijo entre risas nuevamente, mientras abría la pequeña mochila de Rokuro y sacaba una pequeña toalla- Ven, déjame.
Acercó su mano con la toalla hacia mí, intentando sacarme el helado, y nuestras miradas se encontraron. Estaba bastante cerca de mí por lo que pude ver con más detalle sus ojos, la forma de ellos, el profundo azul enmarcado en esas gruesas pestañas.
Segundos después volví a la realidad y me aparté, aclaré mi garganta y le saqué la toalla de las manos, para hacerlo yo misma.
¿Qué me pasaba? Actuando como una niñata embobada, que imbécil.
Él automáticamente se alejó unos centímetros y volvió la mirada a Rokuro -que felizmente ajeno a toda situación seguía en sus juegos- intentando esconder el sonrojo de su cara. Era extraño, parecía que iba a desmayarse en cualquier momento.
-¿Estás bien? Parece que vas a desmayarte –Pregunté inocentemente inclinándome sobre él.
Él comenzó a hiperventilar y su cara se puso más roja aún.
-¿Y-yo? Claro, cl-claro estoy b-bien…-Tartamudeaba. Debía admitir que era divertido cuando se ponía así de nervioso.
Definitivamente, uno de mis pasatiempos en esta aldea iba a ser molestarlo por siempre.
-Es fácil llevarse bien con Rokuro, es un niño muy bueno –Me explicó segundos después- ¿A ti te gustan los niños cierto? También te llevas bien con él.
-En verdad no… pero no puedo mirarlo y no decirle que si a todo lo que diga -Me sinceré.
Él me miró nuevamente con una sonrisa amable.
-Estoy seguro que eres una buena hermana mayor.
Me mordí el labio, si supiera… No le contesté, preferí zanjar el tema.
-Okey, entiendo…-Dijo tranquilo con un suspiro- ¿Hay problemas en casa?
¿Se lo pueden llamar "problemas"? En realidad, la causa de todo conflicto allí adentro era yo misma.
Miré hacia un costado, no iba a hablar de esto con él.
-L-lo siento, no quise incomodarte… A veces hablo un poco demás, enserio lo siento –Me dijo avergonzado, con su típico gesto pasando su mano sobre el rubio cabello de su nuca. Afilé un poco más la vista a ese lugar, ¿sería tan suave su melena rubia como parece?
¡Ya! Basta Amaterasu, deja de pensar de esa manera sobre el ¿Qué te sucede?
-No te preocupes –Le contesté tranquilamente, mientras me paraba y me acercaba a Rokuro. Iba a ayudarlo con sus castillos de arena porque tenía que alejarme de esos pensamientos extraños que esa chillona persona provocaba.
Uf, ¿hace un poco de calor hoy no?
.
.
.
-Siempre eres bienvenida Amaterasu-chan, puedes venir cuando quieras así que no te preocupes –Me dijo amablemente Hinata mientras nos recibía en la entrada de su casa.
Le agradecí con una pequeña reverencia, y entramos los cuatro.
Rokuro se había quedado dormido en los brazos de Bolt en nuestro camino hacia allí, luego de pasar toda la mañana en el parque, así que entró y se lo llevó, imaginé yo para acostarlo en alguna habitación.
Hinata me dirigió hacia el living, donde estaba sentada anteriormente. Me sirvió una taza de té, que agradecí y se sentó a seguir tejiendo en su sofá.
Al rato Bolt regresó y se sentó pesadamente al lado de su madre.
-¿No me dijiste que tenias mejores cosas que hacer antes que quedarte aquí Bolt? –Le dijo la pelinegra a su hijo, mirándolo de reojo.
La cara el rubio se tiño de rojo y comenzó nuevamente a tartamudear una respuesta incomprensible. Me sacó una media sonrisa, nunca dejaría de divertirme su expresión.
-¡S-se me cancelaron los planes! ¡Ya! déjame mamá –Dijo cruzado de brazos, haciéndose el ofendido.
-Bien, entonces ¿puedes hacerme un favor? ¿Puedes terminar de reparar de una vez por todas el techo cobertizo que tu padre nunca acabó por favor?
-Ahg, mamá ¿enserio quieres que haga eso yo?
-Si esperamos a tu padre, pasará otro año antes de que esté listo. Por favor hijo.
Hinata lo miró con una mirada suplicante, y el pelirubio se tomó la cabeza, exasperado.
-Yo lo hago –Dije tranquilamente terminando de tomar mi taza de té.
Ambos me miraron sorprendidos, procesando mi última oración.
-E-eres muy amable Amaterasu-chan pero Bolt puede hacerlo, no te molestes–Me explicó su madre.
-¿Cómo piensas que voy a dejarte hacer eso? ¡Claro que no Amaterasu! –Gritó automáticamente Bolt.
-Bien, entonces déjame ayudarte –Le respondí.
Los Uzumaki se miraron entre ellos, no tan convencidos de mi idea.
-No voy a quedarme sentada aquí sin hacer nada, algo debo hacer –Les dije intentando convencerlos.
La pelinegra alzó los hombros, y asintió.
Bolt vencido, me llevó hasta donde estaba el cobertizo. Trajo un par de herramientas, y al costado del mismo había unas maderas tiradas –que claramente llevaban tiempo allí-.
-Solo hay que tapar los agujeros del techo, yo puedo hacerlo, tu quédate aquí y pásame las maderas cuando las necesite –Me dijo mientras subía de un salto con un par de herramientas en sus manos.
Instante después, sentimos un crujido y al segundo, todo el cobertizo se vino abajo.
Él, sin poder tomar impulso de ningún lugar con sus pies como un buen ninja haría, solo cayó como un peso muerto. Afilé mi mirada para calcular donde iba a caer e intenté atraparlo.
Lo siguiente que supe fue que estábamos ambos tirados sobre las maderas, él arriba mío aplastándome, era un poco pesado. Nos medio incorporamos y nos dimos cuenta que nuestros rostros estaban muy cerca uno de otro.
Entonces, por un segundo, todo nuestro alrededor se congeló.
Me dejé llevar por esa mirada que tanto me intrigaba y en verdad me perdí.
En ese, el más largo segundo de mi vida sentí, todo tan real pero tan efímero, era consciente de todo mi cuerpo y el suyo rozándose, era como si después de ese segundo nada existiera, como que se iba a borrar todo.
Distinguí perfectamente todos los puntos en que nuestros cuerpos se tocaban, el número de latidos de su corazón palpitante cerca del mío, el calor de sus brazos a ambos lados de mi cabeza –casi que hasta podía sentir la fuerza de sus músculos para sostener su cuerpo y no caer completamente sobre mi-; mi piel se volvió hipersensible y sentí como su respiración acariciaba la piel de mi rostro.
En ese segundo, y solo en ese ínfimo segundo, yo solo existía allí y ahora, no había pasado, no había futuro, no había problemas, no había dolor. Solo yo y él.
Pero siempre el dolor vuelve a mi vida, de una manera u otra.
Cuando reaccionamos y fuimos conscientes de la realidad, me levanté rápidamente tirándolo nuevamente sobre las maderas.
-¡L-lo siento! ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? –Me preguntó insistentemente mientras se paraba y se acercaba a mí para confirmar que no me había hecho daño.
-¿Están bien? ¿Qué sucedió? –Gritaba Hinata mientras se acercaba a nosotros rápidamente.
-¡OH NO! ¡AMATERASU ESTA HERIDA! –Grito escandalosamente el rubio delante de mí, señalándome con el dedo.
-¿Dónde? –Me observé, no vi ninguna herida, y tampoco me dolía nada.
-¡Ay no! ¡Traeré el botiquín! –Exclamó la pelinegra, yendo dentro a buscar lo susodicho.
-¡Espera! No tengo nada, no seas chillón –Le grité al pelirrubio.
-¡Claro que sí! ¡Estas sangrando! –Gritó nuevamente exagerado mientras señalaba mi rostro.
Me toqué la mejilla, vi mi mano y tenía un poco de sangre en ella. Da, solo era un pequeño corte, no era como que iba a morir.
Me tomó de la mano, y prácticamente me arrastró hasta adentro de la casa, sentándome en una silla. Inmediatamente vino Hinata, y se sentó frente a mí a limpiar la herida.
-¿Estará bien mamá? ¿La llevamos al hospital? –Preguntó Bolt tras ella, mirando sobre su hombro como la mayor me limpiaba la mejilla hábilmente.
-Estará bien –Dijo volviendo ya a su usual tranquilidad- Quédate tranquila, no es profundo, no necesitarás puntos, así que no te quedará cicatriz.
-¡Ese maldito cobertizo, estaba toda la maldita madera podrida y se vino abajo todo! –Grito enojado Bolt.
-Ya, tranquilo Bolt-kun, no ha sucedido nada –Intento calmarlo su madre, mientras guardaba los materiales que utilizó en mi mejilla, luego de ponerme un pequeño vendaje.
-¡Pero mamá! ¡Amaterasu se ha lastimado el rostro! ¡Mira si pasaba algo más grave, mira si Saburo estaba jugando cerca cuando esa cosa se venía abajo!
-No ha pasado nada, no seas llorón –Le dije ya cansada.
-¿Por qué tanto ruido? –Se escuchó una soñolienta vocecita.
Rokuro venia refregándose los ojitos por el pasillo a donde nos encontrábamos. Me miró y se le abrieron los ojitos sorprendido.
-Nee-chan, ¿Qué tienes ahí? –Me preguntó acercándose, y estirándome los brazos para sentarse arriba mío.
-No pasó nada Rokuro-kun, solo fue un golpe –Le explicaba mientras lo sentaba en mi regazo, y el acercaba su manito hasta la pequeña venda.
Lo siguiente que hizo me heló el corazón. Pasó sus pequeños dedos por mi herida, acercó su rostro y depositó un suave beso en ella.
-Siempre que me lastimo, mamá me da un beso para que no me duela… –Me explicó tranquilamente, y esbozando una radiante sonrisa siguió-… ahora yo lo haré por ti nee-chan.
Yo no supe que decir, literalmente no pude decirle nada. Él solo se bajó, tomó la mano de Hinata y ambos salieron de la habitación hablando sobre algo de preparar del almuerzo.
Me tomó unos segundos reaccionar después de eso, tenía la piel de gallina.
-Oye… ¿estás bien?
Volví en mi misma, y me di cuenta que Bolt me estaba hablando.
-Estas pálida, mejor te llevaré al hospital, vamos. –Me dijo tomándome la mano e intentando arrastrarme nuevamente.
-¡Que estoy bien! –Le respondí alejando mi mano.
Su tacto era cálido y amable, tenía manos fuertes y grandes, en realidad no quería soltarlo pero era algo automático en mí.
-Lo lamento, de veras… no quería que te lastimes –Me dijo apenado mientras se alejaba unos pasos, recibiendo mi advertencia anterior.
-¿Puedes dejar eso? No es nada Bolt, he pasado cosas peores.
-Es que me siento responsable, si no fuera por mi padre no habría pasado esto –Dijo cabizbajo mientras volvíamos ambos hasta el fallido cobertizo en el patio.
-¿Qué tiene que ver tu padre con todo esto?
-Es que… tú no entiendes. Él es, digamos… nunca está aquí ¿sabes? Al ser el Hokage desde que tengo memoria nunca pasa mucho tiempo con nosotros, se va temprano, vuelve tarde –Me explicaba nostálgicamente mientras movía algunas de las maderas caídas y separaba las nuevas de las viejas- Y nunca termina lo que empieza, y nunca cumple lo que promete.
Lo observé minuciosamente, por un momento vi que el brillo de sus ojos se apagó un instante.
-No me mal interpretes, no es por mi… yo ya estoy acostumbrado a esto, a mi ya no me afecta. Pero me duele por mis hermanos.
¿Debía decirle algo? La verdad es que no era muy buena dando consejos, mucho menos sobre problemas familiares.
Lo intentaré, sino no podría borrar esa mirada apagada de mi mente en todo el día.
¿Cómo borrar la tristeza de esos ojos?Nunca me había pasado esto.
-¿Hola? ¿Segura que estas bien?
-Sí, si… es solo que, no sé qué decirte. –Confesé, un poco avergonzada.
-No eres muy buena socializando ¿verdad? –Dijo divertido mirándome, con ese brillo de nuevo.
-No, pero estoy segura que podría arreglar un techo sin que se venga abajo –Retruqué.
-¡Oye! Eso no fue culpa mía… ¡Ouch!
Se había pinchado el dedo con un clavo y sacudía su mano intentando desvanecer el dolor.
Solté media sonrisa, era un idiota.
-Eres bastante torpe, ¿lo sabías? –Le dije acercándome, y ayudándolo a correr las maderas desparramadas y apilándolas.
-Y tú eres bastante malhumorada.
-Y tú tienes la costumbre de tirarme al suelo siempre que nos vemos.
-Ah ¡vamos!… si me dices que no lo disfrutaste sabré que me mientes.
No pude evitar soltar una carcajada en voz alta, realmente era de las personas que tiraba la piedra pero escondía la mano.
-¿Disfrutar que cosa?
Sasuke estaba tras de nosotros, y desafortunadamente había escuchado su comentario. Ah Uzumaki, quiero verte salir de esta.
Yo simplemente me di vuelta y salude a Sasuke con un gesto de mi mano, fingiendo una sonrisa.
Bolt se había dado vuelta también mirando a Sasuke, de nuevo todo rojo y a punto de estallar de la vergüenza, comenzando con su típico tartamudeo mientras el pelinegro le devolvía una mirada penetrante e interrogadora.
En verdad, no podría aguantarme la risa más tiempo.
-¡Papá!
Escuchamos su vocecita corriendo desde la casa, y automáticamente supe que Bolt se había salvado de esta.
Sasuke le dirigió una última mirada fría y se dio vuelta para tomar a su hijo pequeño en brazos entrando a la casa.
-Nos vamos Amaterasu –Sentenció sin molestarte en voltear.
Volteé a mirar al Uzumaki, y parecía que le había vuelto el alma al cuerpo. Respiraba agitadamente, y sudaba frío. Se había pegado lindo susto.
Él solo me miró aliviado apoyándose en sus rodillas, y yo comencé a seguir al Uchiha mayor a paso calmo.
-Gracias por el helado –Le dije volteando sobre mi hombro para mirarlo una última vez.
Alzó una mano y la agitó en el aire en forma de saludo, intentando calmar su respiración aún. Le di una de mis medias sonrisas, y él me regaló esas radiantes de las suyas, que completaban mi día. Y creo que, lo hacían valer la pena.
.
.
.
