.
.
.
Epifanía
-¿¡Que te hiciste ahí!? –Me preguntó horrorizado Sasuke en el camino de vuelta a la mansión señalando mi mejilla.
Que fastidio, ¿acaso todo el mundo iba a exagerar este pequeño cortecito hoy?
-Solo un pequeño corte, no es nada –Dije armada de paciencia.
-Ven, Sakura te curará en el hospital –Me contesto mientras cambiaba el rumbo de nuestra caminata hacia el hospital de Konoha. Rokuro siguiéndolo ya que iban de la mano.
-¡No! ¿¡Por qué a todo el mundo le gusta exagerar las cosas!? –Pregunté hastiada ya con el mundo, retomando nuestro original camino hacia la mansión.
Siguiéndome los dos, se puso a la par mío.
-Es que parece que lo único que haces es lastimarte todo el tiempo Amaterasu.
Okey, eso había dolido.
Ni siquiera lo miré, solo seguí caminando ignorándolo. ¿Por qué estaba tan irritada? Si al final de cuentas, era la verdad.
Llegamos a la mansión y fui directo a mi habitación, no tenía ganas de hablar así que me tiré en la cama.
¿Qué me estaba pasando? Estaba transformándome en una loca malhumorada, cuando todos eran amables conmigo.
¿Por qué no podía dejar de arruinar todo? Parece que daba un paso bien, y otros mil pasos mal.
Examiné todo lo que sucedió esta mañana, y automáticamente fue como si sintiera su aliento cerca de mi rostro. ¿Por qué tenía estos sentimientos? ¿No había aprendido en mi vida que cualquier tipo de felicidad, conmigo no tenía un buen final?
Recordé como me tomó la mano, era muy parecido a cuando toque la mano de Sasuke por primera vez. Tenían manos fuertes, seguras, cálidas que no temblaban como las mías.
¿Qué habrán sentido cuando tomaron mi mano? ¿Habrían sentido la frialdad de mi cuerpo? ¿Los callos de tanto entrenar? ¿Ásperas, arruinadas, para nada cómodas al tacto?
¿Qué verán cuando me ven? ¿A una pobre arruinada por el paso del tiempo, malhumorada y para nada amable? ¿A una persona rota?
Porque eso era yo, una persona rota. Y no podría ser reparada.
¿Por qué todos ponían tanto esfuerzo en intentar ser amables conmigo? Si yo no tengo remedio. Tal vez les dé lastima. Sí, eso debe ser.
Pero sea el sentimiento que sea, yo no puedo dejar de ser yo. Es decir, Sasuke y su familia me dan todo lo que tienen, se preocupan por mí y me tratan como si en verdad valiera la pena; y yo, ¿Cómo les estoy pagando? Siendo insensible y refunfuñona todo el tiempo. Alejándome.
Toda mi vida, todo el mundo se alejó de mí, todo el tiempo. Y ahora, cuando tantas personas tienen la intención de acercarse a mí, yo me alejo de ellas. ¿No es irónico?
…
Me incorporé en la cama de un salto.
Tal vez no sea irónico. Tal vez no sea una coincidencia. Tal vez eso no sea una casualidad.
Tal vez todo eso sea causalidad.
¿Cómo no lo vi antes? Solo estaba repitiendo el mismo patrón que había vivido toda mi vida, estaba haciendo exactamente lo que me hicieron en toda mi vida. Maltratando, alejando a la gente y siendo insensible.
Exactamente como lo habían hecho conmigo.
¿Qué estoy haciendo? Estas personas no son las mismas que me torturaron tantos años, ellos no tienen la culpa de que yo haya pasado todo lo que pase, ellos no empuñaron la espada que me hizo añicos el alma por años. Ni mis hermanos, ni Sakura, ni Bolt, ni mucho menos Sasuke.
Entonces ¿por qué sigo lastimando a la gente que no quiero lastimar?
Usaba la palabra idiota para muchas personas, pero definitivamente se aplicaba a mí en todo sentido.
En ese momento me prometí algo a mí misma, no iba a alejar más a las personas de mí. Es más, yo voy a acercarme.
Confío en ellos.
Dios mío, ¡sí confío en esta gente!
Ellos no me lastimarán nunca, y yo lo sabía.
¿Eso significaba confiar? Para mí, era exactamente lo que significaba.
Iba a comenzar en este mismo momento, no iba a perder ni un segundo más. No iba a quedarme en el lado oscuro, en el lado de la tristeza y a autocompasión; iba a atravesar esa puerta que yo misma había construido e iba a permitirme a mi misma pasarme al otro lado, a un lado donde iba a poder disfrutar, donde me iba dejar disfrutar, me iba dejar ser "feliz" –o todo lo "feliz" que alguien como yo podría ser-.
Me levanté rápido y salí de mi habitación. Iba a buscar a mi papá.
¿A mi papá?
Claro, Sasuke era mi papá.
Un papá que me quería. Un papá que me cuidaba. Un papá que se preocupaba por mí.
Todo lo que conocí en mi vida pasada iba a borrarlo. Lo iba a convertir en una pesadilla e iba a olvidarme de ella. Iba a tomar todo lo malo, hacerlo un bollo y tirarlo al olvido.
No permitiría nunca más que mi pasado manche mi presente, ni mi futuro.
Mucho menos, iba a permitir que mi pasado lastime a las personas que no quiero lastimar.
Salí al pasillo de las habitaciones para buscarlo, debía estar en la cocina o el living tal vez.
Pero lamentablemente, siempre el destino iba a ponérmela difícil.
Kenta entraba por el mismo pasillo que yo a paso cansado con una mochila al hombro, recién llegaba de entrenar seguramente. Cuando se dio cuenta de mi presencia frente a él, alzó la vista y me dio una mirada gélida sin aminorar su paso. Yo hice como si nada, y también seguí caminando, sin dar ni un paso atrás.
Debía agarrar el toro por los cuernos, y este niñato no iba a intimidarme.
Cuando pasó por al lado mío, gopeó deliberadamente su hombro contra el mío brusca y secamente haciendo que voltee gracias al choque.
-Apártate de mi camino –Me dijo secamente sin dejar de caminar hacia el final del pasillo, donde estaba su habitación.
Conté hasta tres, armándome de paciencia, como siempre hacía cada que me encontraba con él. Di unos pasos firmes para seguirlo y cuando él estaba a punto de abrir la puerta de su cuarto, yo puse mi mano sobre la misma para detenerlo y encararlo.
-¿Cuál es tu maldito problema conmigo? –Le pregunté sin más rodeos.
Él solo se rió irónicamente mirando al suelo, puso su mano nuevamente sobre la puerta e intentó abrirla ignorándome. Yo apliqué más fuerza en mi brazo y no deje que lo haga. No iba a escapar de mí.
-¿Quieres escapar? ¿Qué tan cobarde eres? –Le dije para provocarlo.
Si algo no iba a olvidar de mi pasado, eran mis técnicas para hacer que la gente diga y haga lo que yo quiero.
Y él tan furioso como predecible, me encaró también mirándome a los ojos. Perfecto, lo tenía.
-Si piensas que puedes dirigirme la palabra, estás equivocada –Me dijo claramente aguantando lo que en verdad quería decirme.
-¿O sea que tu puedes hacerlo conmigo, y yo no contigo? ¿Qué tal si esta vez yo te tiro un vaso de cerveza a ti?
-Te lo merecías por zorra entrometida.
-¿Y tú que te mereces por ser un estúpido orgulloso y egoísta?
-¿Yo egoísta? No me hagas reír. Desde que llegaste todo ha sido por y para ti, no te das una idea todo lo que esta familia tuvo que ceder para que tu tengas el lugar que tienes ahora.
-Tengo exactamente el mismo lugar que tú y los demás; y lo siento por todo lo que tuvieron que pasar por mi culpa pero yo no pedí que nada de esto.
-¿Piensas que tienes el mismo lugar que nosotros? Te equivocas, nunca dejarás de ser la bastarda de la familia Uchiha, nunca dejarás de ser el desafortunado resultado de un polvo que mi padre se hecho con alguna zorra de por ahí. Tienes la palabra desgracia escrita en el rostro, así que no nos pongas en la misma bolsa.
-¿Qué es lo que has dicho Kenta?
Se nos paró el corazón a ambos cuando escuchamos esa profunda voz. Alcé mi vista y nada menos que Sasuke estaba a unos metros de nosotros. Pero no era el Sasuke que conozco, tenía un aura oscura a su alrededor que me helaba los pelos de todo mi cuerpo.
Se acercó unos pasos hacia nosotros.
-Si te atreves, date la vuelta y dilo de nuevo Kenta–Sentenció con una voz contenía en una ira implacable.
El susodicho, inhaló profundo y sin cambiar la cara me dio la espalda para encarar a Sasuke.
-Dije que era una bastarda, resultado de un polvo tuyo con alguna zorra desconocida –Le escupió sin más rodeos lentamente, saboreando cada palabra.
¿Acaso estaba loco? Con la mirada que Sasuke en ese momento tenía creo que ni yo me atrevería a encararlo. Debía admitirlo, tenía coraje ese muchacho.
-Amaterasu vete –Me dijo sin mirarme, yo solo atiné a salir de allí con pasos ligeros. No quería estar allí cuando la bomba explote.
Agh, había empezado bien el día. ¿Siempre iba a arruinarse cada pequeño atisbo de felicidad?
Voy hasta a cocina y allí estaba Rokuro en su corral jugando. No quería que el escuche los gritos que seguramente no iban a tardar en llegar.
-Oye, tengo una idea ¿por qué no me ayudas a entrenar hoy? –Le dije sacándolo de corral rápidamente.
Lo llevé al patio y luego hasta el campo de entrenamientos, iba a entretenerlo allí para que no sea vea involucrado en nada de esto.
En un momento, Kenta me dio un poco de pena. Quiero decir, así como yo no había pedido nada de esto, él tampoco, y debe de ser difícil ver cambiar tu vida sin poder hacer nada al respecto.
Claro que era un imbécil, no iba a negarlo porque atacarme a mi no iba a arreglar nada pero… ¿Qué se podría esperar? Solo quería ver feliz a su familia.
Esperen…
¿Yo, teniendo lastima por alguien? Wow, esto es nuevo.
.
.
.
Una hora después ya no sabía cómo entretener a Rokuro, que me preguntaba constantemente sobre su hermano y su papá. Bueno, creo que ya sería seguro salir ¿no?
Lo tomé en brazos y salimos al patio, todo tranquilo. Fuimos hasta el living y allí estaba Sasuke, tirado en un sofá apoyando la cabeza contra el respaldo, visiblemente exhausto.
Deje al pequeño pelinegro en su corral nuevamente, y me acerqué al Uchiha mayor. Me senté a su lado y esperé que reaccione.
Lo sentí suspirar y se incorporó, apoyó su cabeza entre sus manos que descansaban en sus rodillas.
-Lo siento Amaterasu… siento que hayas tenido que escuchar todo eso –Me dijo sin moverse de esa posición- Perdónalo, no es mal chico… solo está pasando por un mal momento.
Otra vez esta situación, yo no sabía cómo consolar a nadie cuando estaba decaído, ¿qué se supone que diga?
Me recordé a mi misma la promesa que me había hecho, iba a acercarme a él y de eso no tenía dudas pero… ¿Cómo?
-Es difícil para todos, todo esto… -Solo dije eso porque era lo primero que me había venido a la mente ¡Bien hecho! Sonó terrible– Rokuro es el único que parece pasarla bien en todo esto…
Ambos lo miramos como jugueteaba en su corral, tan tranquilo y ajeno a todo, creo que verlo en su inocencia nos calmó a ambos.
-¿Eres feliz aquí?
Bueno, no esperaba esa pregunta. Él me observó esperando la respuesta, y entonces decidí ser sincera.
-Sí, lo soy… -Le dije tacita mirando hacia el suelo, vamos podrías hacerlo mejor Amaterasu.
-¿Pero…?
Tragué en seco, ¿cómo lograba codificarme de ese modo?
-Pero… me cuesta un poco, dejar ir al pasado… -Comencé. Aquí vamos, sé sincera con él- Ya sabes, todo lo que soy ahora, es gracias a todo lo que he vivido y la verdad es que, ambas cosas no van bien juntas… es decir, mi pasado y mi presente no son para nada compatibles, y de verdad quiero cambiar quien soy pero… me cuesta trabajo… es como si ya estuviera rota para siempre… ¿Algo de todo eso tiene sentido siquiera? A veces ni yo pudo entenderme.
Bajó su mirada también.
-Te comprendo Amaterasu, de verdad lo hago… -Me dijo sincero- A veces hasta a mi mismo luego de casi 20 años me cuesta trabajo dejar ir al pasado y al viejo yo. Solo quiero que sepas que, no debes apresurarte…
De repente se incorporó y se sentó ahora mirándome. Puso una de sus manos palma arriba delante de mí, como ofreciéndola.
-¿Confías en mi?
Miré su palma, y pude ver como estaba llena de callos y un par de cicatrices entre los dedos. Claro, siempre olvidaba todo lo que había pasado él hasta aquí. Alcé mi mano, y la miré también. Era más pequeña pero igual de arruinada. En el fondo, éramos más parecidos de lo que yo admitía.
Honrando mi promesa, tomé el riesgo y acerqué mi mano a la de él, apoyando suavemente mi palma sobre la suya. Lo miré y él me dio una de esas medias sonrisas características. Acercó su otra mano y ambas apretaron fuerte y seguramente la mía.
-Entonces, créeme cuando te digo que no me importa quién seas, quien fuiste o quien vas a ser; lo único que me importa, es que eres mi hija, y nada más. ¿Entiendes lo que quiero decir?
Y cuando lo vi a los ojos, supe que lo había comprendido por primera vez desde que lo conocí. Me estaba diciendo que yo podría ser la mujer más mala del universo, o la más buena, o la más idiota, pero que nada opacaría el hecho de que era su hija y siempre me apoyaría pase lo que pase.
Asentí mirándolo fijamente, y ese fue el primer momento que sentí que en verdad era mi padre; y no solo eso… sentí que en verdad yo era su hija, y que estábamos conectados por algo que era superior a nosotros.
Sentí que en verdad pertenecía aquí.
Me soltó las manos y fue a buscar a Rokuro, que se había quedado dormido en su corral. Lo tomó en brazos y se sentó nuevamente a mi lado pero con el pequeño demonio dormido en su pecho.
-No es mi intención pelear con Kenta, Sasuke. De verdad quiero llevarme bien con él y con todos –Le dije explicándole lo que rondaba en mi cabeza.
Mi padre suspiró y negó con la cabeza mirando nuevamente hacia el piso.
-El problema no eres tú Amaterasu, el problema que él tiene es conmigo, solo que tu llegada fue como la gota que rebalso el vaso para él. Nuestra relación siempre fue un poco accidentada, así que no debes preocuparte, ya lo resolveremos.
-Nunca me perdonaría si él se alejara de ti por mi culpa.
-No eres tú la culpable ni nadie, solo que es bastante testarudo y le cuesta hablar.
Lo mire un segundo, ¿estaba diciéndolo enserio? Como si él no fuera nada de esas cosas.
-Me pregunto de quien habrá heredado eso –Le dije divertida con mi sonrisa.
-De la misma persona que tú seguramente –Me respondió con la misma sonrisa.
Reflexioné un segundo, y aún con la sonrisa pintada, decidí decir lo que pensaba nuevamente.
-Por primera vez desde que llegué, siento que tal vez estaremos bien… es decir, conmigo viviendo aquí –Murmuré temerosa mirando hacia otro lado.
El no tardó en responder.
-Nunca lo he dudado, hija.
Yo era su hija. ¿Que había hecho de bien en la vida para tener a alguien como él de padre?
Y por primera vez en toda mi vida, me sentí verdaderamente afortunada de ser quien soy.
.
.
.
