.
.
.
Mil maneras
-Entonces, repíteme la secuencia de sellos del Katon: Gōkakyū no jutsu (火遁・豪火球の術 Elemento fuego, gran bola de fuego)
-Serpiente, cabra, mono, oso, caballo… uhmm ¿tigre? –Respondió en voz alta acompañando cada uno con los sellos de las manos, mirándome al final para que de por correcta su respuesta.
A Souta le costaba bastante recordar los sellos y no era tan aplicado como su mellizo, así que lo estaba ayudando a repasar sus técnicas. Estabamos en el despacho que tenia para trabajar en casa.
-Bien, es correcto –Le dije y automáticamente largó un suspiro aliviado. Lo había logrado luego de tanto esfuerzo- ¿De qué rango es? Y, ¿Qué tipo de técnica es?
Pensó un segundo su respuesta, y al recordarla me respondió rápidamente.
-Es de rango C, y es un tipo de técnica ofensiva de corto alcance.
Lo estaba haciendo bien, iba a complicarlo un poco ahora.
-¿Y cuál es la mayor dificultad que puede presentarse al utilizar este tipo de técnica en batalla?
Sonrió, y supe que sabía la respuesta.
-La dificultad radica en que la llama pierde intensidad a medida que avanza. Esta técnica no es muy eficaz en batalla debido a la dirección invariable que toma la bola de fuego que es muy fácil de evadir.
Al escucharlo hablar así no podía evitar hinchar el pecho, estaba orgulloso de la calidad de ninja que eran mis hijos. O por lo menos, los futuros ninjas que iban a ser.
Solo atiné a sonreírle, cerré su cuaderno de prácticas que yacía delante de mí sobre mi escritorio, lo tomé y le di un suave golpe con él en la cabeza.
-Bien hecho, ya puedes irte a jugar –Él tomo su cuaderno entusiasmado de haber pasado la lección. Me hizo una reverencia agradeciéndome con un "gracias oto-san" y salió corriendo por la puerta. Seguramente iba a contarle a su hermano lo bien que lo había hecho hoy.
Agh, me estaba volviendo viejo aunque me cueste aceptarlo. Mirarlos crecer tan rápido me pone algo nostálgico. En verdad estaba orgulloso de mis hijos, de todos ellos. También de Kenta.
Miré por la ventana que daba a uno de los jardines interiores de la mansión, no podía sacarme de la cabeza sus palabras de esta mañana mientras discutíamos.
-Puedes quedarte con tus estandartes, puedes quedarte con tu supuesta perfecta familia que pretendes tener, puedes quedarte con tu clan y toda la mierda que conlleva porque a mí no me interesa ni un poco ya pertenecer a nada que tenga que ver contigo.
Por favor, no me hagas esto.
Kenta, no puedo escucharte decir que me rechazas.
-Nunca entendiste, y nunca vas a entender. Llevas ese Kekkei Genkai regodeándote en tu propio orgullo y no te das cuenta que en realidad estas totalmente ciego.
Juro que quiero entenderte, pero tú no hablas conmigo nunca, sobre nada.
-¿Cómo pretendes conocerme si nunca has estado aquí? Siempre te estabas yendo, constantemente siempre alejándote. Hasta cuando estabas aquí con nosotros, en realidad tu mente estaba en otra parte. No quieras actuar como un verdadero padre para mí de un momento a otro, si en 17 años nunca estuviste aquí.
Todo lo que hice, lo hice por ustedes Kenta, solo quería cuidarlos. Nunca pretendí dañarte.
-Estoy harto de que todos nosotros tengamos que hacer tantos sacrificios por ti, cuando a ti solo te importa tu maldita reputación y tu maldita carrera como ninja de la Hoja.
Claro que no, hijo. No me importa nada más que ustedes, ¿cómo no lo puedes ver?
-Oh claro, y ahora también tu preciosa hija.
Ella no tiene que pagar por mis pecados. Y sé que tu tampoco.
-Nunca más me dejaré arrastrar por ti y por tus elecciones de nuevo, tal vez mamá te perdone todo, absolutamente todo lo que hagas pero no esperes que yo también sea tan aprensivo contigo.
Nunca esperaría tal cosa de ti, ni de tus hermanos. Solo quiero que sean felices.
-Desde que ella llegó solo nos trajo desgracias, no puedo aceptar eso. ¿Te piensas que soy estúpido? ¿Crees que no he escuchado a mamá llorar por la existencia de esa chica? ¿Crees que no veo como mis hermanos se separan? ¿Cómo nuestra familia se rompe de a poco?
Lo siento hijo, solo quise hacer lo que era correcto. Nunca quise lastimarte. No quiero seguir lastimándote Kenta.
Sé que soy un padre horrible para ti, y lo acepto. Siempre supe que no iba a ser lo suficientemente bueno ni para Sakura, ni para ninguno de mis hijos.
Mierda, me merezco todo esto. La vida siempre va a seguir golpeándome, haciéndome pagar por mis pecados. Y no quiero arrastrar a nadie conmigo, ojalá solo pudiera sufrir yo mismo pero… fui lo suficientemente egoísta para pensar que algún día podría ser 'feliz', y que algún día podría hacerla feliz a Sakura y a mis hijos.
Lo peor de todo esto, es que no me arrepiento de nada.
A pesar de todo el sufrimiento, y de todos los problemas que tenga esta familia, se me hace totalmente impensable arrepentirme de haberlos tenido en mi vida.
Nunca podría arrepentirme de ninguno de mis hijos, ni mucho menos de haberme casado con Sakura.
Perdonen chicos, pero no puedo arrepentirme de mi pasado -aunque eso signifique que lleven esta gran carga que es el apellido Uchiha-, si el mismo me trajo hasta aquí… junto a ustedes.
Volví a sentarme en mi escritorio e intente distraerme del tema con trabajo, a veces traía algo del papeleo de Naruto para ayudarlo, el idiota era bastante descuidado con esto y Shikamaru siempre debía hacerlo solo. Ahora Shikamaru no está, viajó a Suna un par de días y claramente Naruto no iba a hacer nada de esto solo.
Estuve media hora haciendo esto y miré el reloj. Eran las 8 de la noche y Sakura aún no había llegado del hospital. Qué extraño, ella no suele salir tan tarde y alguien debe preparar la cena.
Salí de mi despacho y me dirigí hasta el living donde estaban los chicos jugando, Souta, Taichi, Rokuro, bajo la atenta mirada de Amaterasu que leía un libro entremedio del alboroto de los pequeños.
Vaya, en verdad le gusta leer. Le compraré más libros, o tal vez podamos tomar una de las habitaciones vacías de la mansión y convertirla en una biblioteca completa. Sería genial, creo que le gustará.
Se dio cuenta que los estaba espiando y me miró con una tímida sonrisa. Cielos, nunca la había visto tan cómoda y a gusto aquí. Luego de la conversación que tuvimos esta mañana siento que va a poder relajarse un poco más.
Sakura tenía razón después de todo, había que darle un poco de tiempo.
Salí al patio y me dirigí hasta el campo de entrenamientos. Allí estaban Daiki y Daisuke entrenando.
Sin interrumpirlos entre y me quedé a un costado a observarlos. Era un combate cuerpo a cuerpo, como les gustaba entrenar entre ellos dos. Sus movimientos eran firmes pero no pesados, ágiles pero acertados, seguros y atentos. Eran muy buenos con el taijustu, y habían heredado la gran fuerza de su madre.
Estaban tan metidos en su batalla que no quise molestarlos y me fui. No sé por qué pero momentos antes había tenido la necesidad de controlar a ver si todos estaban bien.
Entre al living y me senté en unos de los sillones, mientras los pequeños seguían jugando y Amaterasu leyendo.
Mire el reloj, 8.26 pm. ¿Dónde estás Sakura?
Y como si hubiese leído mi pensamiento, sentí su presencia acercándose por el camino de entrada a la mansión.
Tenía mucho que hablar con ella, debía contarle lo que había pasado esta mañana con Kenta. Necesitaba escucharla decir que todo iba a estar bien, necesitaba sus brazos alrededor de mi cuello, necesitaba sentirla cerca de mí. Mi mente había estado agitada todo el día, y después de 17 años de matrimonio aprendí que una de las mejores maneras de calmar mis demonios era teniéndola a mi lado.
Lamentablemente, apenas puso un pie dentro supe que no había tenido un buen día. Podía leerla como un libro abierto, su cara y su ánimo me estaban gritando a leguas que algo le estaba pasando.
Los tres pequeños al ver a su mamá llegar, automáticamente dejaron sus juegos y fueron corriendo a abrazarla, nunca se habían acostumbrado a estar tanto tiempo lejos de ella, mucho menos Rokuro.
Ella se plantó forzadamente una sonrisa en la cara para sus pequeños y los besó y abrazó uno por uno, pase lo que le pase le era imposible estar mal frente a sus niños. Sakura los consentía tanto que a veces me preocupaba que sea un impedimento para el correcto desarrollo de su maduración.
Vi que traía varias bolsas, seguramente había parado a comprar comida.
Entró intentando escuchar todo lo que los niños le gritaban pretendiendo contarle lo que habían hecho en el día sin ella. Mi esposa al llegar donde estábamos nosotros dos, nos saludó con un pequeño "Konbanwa" y siguió de largo hasta la cocina.
Amaterasu la saludó también y le preguntó si necesitaba ayuda con la cena, pero ella le respondió que no se preocupara.
Era raro, ni siquiera me dirigió la mirada. Tuve un feo presentimiento.
Fui hasta donde se encontraban, y me apoyé en la mesada donde mi esposa comenzaba a preparar la cena mientras escuchaba lo que los pequeños le contaban. La observe, sus movimientos eran toscos y nerviosos estaba claramente alterada, y que los pequeños estén gritando y saltando por toda la habitación no estaban ayudando.
-Vayan a guardar los juguetes que dejaron en el living a sus habitaciones –Dije mirándolos a los tres, pusieron un poco de resistencia ya que querían quedarse con su madre pero una mirada seria basto para que vayan a cumplir mi pedido.
-¿Qué sucede Sakura?
Suspiró ruidosamente, seguía sin mirarme.
-Nada, Sasuke –Dijo secamente, mientras iba y venía por la cocina.
Fruncí el seño, no me gustaba que me mintiera.
-No me mientas
Ella no me respondió, solo comenzó a preparar la mesa para que cenemos. ¿Estaba ignorándome? Ya cansado, m interpuse en su camino y la tomé del brazo para que me preste atención.
-Háblame Sakura, ¿Qué sucede?
Me miró a los ojos, y por unos segundos me observó analizándome, y cuando estaba a punto de abrir la boca para hablar, entraron nuevamente los tres pequeños junto a Amaterasu parloteando. La solté automáticamente.
-Luego Sasuke, por favor.
Siguió preparando todo, y momentos después ya estábamos cenando. Daiki se había ido a un turno nocturno en el hospital y Kenta se había ido esta mañana luego de nuestra discusión.
¿Acaso Sakura sabrá lo que había sucedido?
La cena concurrió más tranquila de lo común, Sakura estaba callada, solo respondía lo que sus hijos le preguntaban o atinaba a asentir con una pequeña sonrisa.
Rokuro estaba algo inquieto esta noche, gritaba y jugaba con su comida; y a pesar de mis advertencias seguía portándose muy mal. Llegó un momento que tuve que reprenderlo, diciéndole que lo iba a castigar pero comenzó a llorar escandalosamente y fue corriendo hacia Sakura escondiéndose en su pecho.
Estoy seguro que esta inusual actitud que tenía era resultado de que se daba cuenta que su madre no era la misma de siempre e intentaba llamar su atención.
No pude soportarlo más, me levanté, me dirigí a mi despacho y me quedé allí. La tensión me estaba matando allí afuera y necesitaba estar a solas para tranquilizarme. Había sido un día muy agitado.
.
.
.
Escuché un par de golpes en la puerta de mi despacho y luego se abrió mostrando a una Sakura claramente alterada.
Me había quedado dormido en la silla del escritorio y ni siquiera me había dado cuenta. Miré el reloj y eran las 10.17 pm. Seguramente ya todos estaban en sus habitaciones para esta hora.
Me levanté y me apoyé en el escritorio frente a ella. Sakura camino nerviosa hasta la ventana y cerró las cortinas. Algo grave sucedía. Se paró frente a mí y nos miramos unos segundos, supuse que estaba preparándose mentalmente para lo que seguía.
-Dime que no es cierto Sasuke… dime que no echaste a tu propio hijo de su casa –Me dijo sin rodeos. ¿Cómo se había enterado de lo que pasó esta mañana? No lo sabía nadie más que yo y Kenta.
-¿Cómo sabes eso?
-Hablé con Kenta y me contó todo, resulta que mi hijo tuvo que pedirle a Kakashi si lo dejaba quedarse en su casa y yo, su madre, no tenía ni la menor idea de lo que sucedía.
Hablaba con la voz a punto de quebrarse, pero no era de dolor sino su cara daba claras indicaciones que estaba realmente furiosa.
-Iba a contártelo cuando llegaras.
-¿Acaso estás loco Sasuke? ¿Cómo puedes ser tan insensible de dejar en la calle a tu propio hijo? ¡Solo tiene 17 años!
-Baja el volumen, los niños te escucharán gritar –Le advertí.
-¡No me interesa! ¡Quiero saber que mierda pasó por tu cabeza para hacer lo que hiciste!
-¿Acaso tienes idea lo que hizo tu querido hijo? Primero, en una fiesta le tiró un vaso de cerveza encima a Amaterasu totalmente intencionalmente; segundo, le dijo en la cara "zorra entrometida", tercero le dijo que era una bastarda y que era una desgracia para esta familia. Y ¿sabes qué Sakura? Yo no he criado a ese malagradecido para que trate así a su propia sangre entonces le dije que si no cambiaba de actitud, no iba a soportar tenerlo ni un segundo más bajo mi techo, y el tomó la decisión de irse.
-Kenta no es ningún malagradecido, es un chico bueno y es un buen hermano para los niños, ¿y a ti lo único que se te ocurre es dejarlo solo en la calle sin lugar a donde ir?
-Ya es mayorcito para arreglárselas solo, debe aceptar las consecuencias de sus actos.
-¿Estás loco? ¡Sasuke, solo tiene 17 años! El nunca ha hecho nada malo, ha sido un buen hijo y un buen hermano siempre… pero claro, siempre fuiste más severo con él porque es el mayor, sin importar que nunca lo hayas ayudado en nada.
-¿¡En nada!? ¿Estás loca mujer? Les absolutamente di todo lo que tengo, todo lo que quisieron lo tuvieron, los cuidé y les di un hogar seguro en donde crecer.
-Entonces es cierto, es verdad lo que me dijo… tu no comprendes. ¿No comprendes que lo único que quiere Kenta es que lo escuches? Sasuke por favor, tu hijo solo quiere tu atención. Absolutamente nada de lo que hagas va a tener valor si no lo acompañas como es debido que un padre lo haga –Se acercó a mí y apoyó una mano en mi rostro- Yo sé que tú no has tenido un padre que te lo enseñe, pero lo que a él le duele es que no estés presente apoyándolo, es tan simple como eso… quiere tenerte cerca.
Me alejé dejando caer su mano, estaba furioso.
-Desde que nació he cumplido todos sus caprichos y he escuchado cada una de sus peticiones y las he cumplido, ¡y así es como me paga! ¡Negando y deshonrando su propia sangre y su propio apellido!
-¡Eso no es a lo que se refiere! –Me gritó ya exasperada- Él siempre te vió de lejos Sasuke, ¿recuerdas todas las misiones que hacías los primeros años que estuvimos casados? Casi nunca estabas en casa, y cuando lo hacías tampoco pasabas tiempo con él. Los primeros 8 años de su vida, prácticamente eras un desconocido para él que vivía en la misma casa y eso ha dejado un marca en él que no ha podido superar nunca. Cuando llegaron los mellizos nuestra relación ya había cambiado y tú eras distinto pero ustedes dos seguían distanciados.
Caminé hasta la ventana y miré hacia afuera. No era necesario enumerar todos los errores que había cometido como padre en todo nuestro matrimonio.
-No por eso tiene derecho a tratar a mi hija como lo hizo.
-No puedo seguir escuchándote más hablar así, no eres el mismo desde que Amaterasu llegó ¿sabes? Tal vez puedas abrir los ojos y darte cuenta que Kenta también es tu hijo, y que también te necesita –Murmuró mientras se acercaba nuevamente a la puerta para irse – Y tal vez, también puedas darte cuenta que aún mas importante que ser un Uchiha, es ser el padre que tus hijos necesitan.
Y dejando esa última oración flotando en el aire, se fue cerrando la puerta con un golpe seco y ruidoso.
¿Qué se supone que quería decir con eso?
.
.
.
.
.
.
-¿Mamá y papá están peleando verdad?
Presentía que iba a preguntarme algo así, porque no estaba muy interesado en el cuento que le estaba leyendo. Estábamos ambos en su habitación tirados en su cama.
-¿Por qué dices eso Rokuro?
-Porque papi estaba enfadado, y mamá estaba triste y no vino a darme el beso de las buenas noches aún.
Maldición, ¿qué iba a decirle?
-No, no están peleando… solo están hablando, los papás a veces necesitan tiempo solos para hablar de sus temas de adultos.
-¿Y por qué Kenta-nisan no vino a darme las buenas noches tampoco? Últimamente ya no juega más conmigo.
-Tu hermano está algo ocupado con sus misiones, estoy segura que no es nada malo.
No pareció convencerlo mi respuesta porque en su carita podía verse que estaba triste.
-Escúchame ahora pequeño –Le dije sentándome y mirándolo- Tu no debes preocuparte por esas cosas ¿sí? Tus papás están bien y tu hermano también, confía en mí, nunca te he mentido, ¿o sí?
Él negó con la cabeza, un poco más animado ahora.
-Tú nunca dejarás de jugar conmigo ¿verdad nee-san?
-Claro que no, es una promesa.
Me levanté y lo arropé, apagué la luz y lo miré desde la puerta de su cuarto para corroborar que estará bien.
-Buenas noches, descansa.
-Buenas noches, onee-chan.
Me dirigí hasta mi habitación, y fui a buscar mis cigarrillos. Subí a mi lugar habitual del techo, me recosté y me dediqué a fumarme un cigarrillo y a mirar las estrellas.
Claro que estaban peleando, había que ser idiota para no darse cuenta que el ambiente estaba bastante tenso a pesar de todos mis esfuerzos para que los pequeños no lo notaran.
Perdóname Rokuro, todo esto es mi culpa. Estoy segura que yo era la razón de todas las peleas entre Sakura y Sasuke.
A veces cierro los ojos y pienso que en verdad la mejor solución a todo es irme de aquí y no destruir esta familia.
Era totalmente un dilema en mí, ya que este es el primero y único lugar al que realmente quiero pertenecer. Mi antigua yo, hubiera tomado el camino fácil y se habría ido sin más, cortando todos los lazos que me ataban a este lugar.
Pero soy una persona totalmente diferente desde que llegué aquí y no quiero volver a lo que era.
...
Sabía que no iba a tardar en llegar.
Sentí la presencia de Sasuke en el pasillo y segundos después había pegado el salto y había subido a hacerme compañía. El solo se sentó a mi lado sin decir una palabra.
-Día duro ¿no? –Pregunté casualmente mientras exhalaba una bocanada de humo.
Él solo atinó a asentir. Me incorporé y lo miré. Podía leer en su rostro el cansancio que acarreaba.
-Perdóname Sasuke –Dije, intentando que no se note como me temblaba la voz-… todo esto es mi culpa.
-¿Qué dices Amaterasu? –Preguntó extrañado, claramente no esperaba eso.
-Sé que han peleado, no solo con Kenta sino también por Sakura, y claramente es por mi culpa.
-Deja de decir eso Amaterasu, nada de esto es tu culpa.
-Claro que lo es, no soy idiota. Nada de esto habría pasado si yo no hubiera aparecido en tu vida. A veces desearía que yo nunca…
-Calla –Me interrumpió mirándome- No te atrevas a decirlo.
-Es que no quiero que esta familia se separe por mí… de todas las cargas que llevo conmigo, esa sería la única que no podría soportar.
-Escúchame, nadie va a separarse Amaterasu. Solo son tiempos difíciles.
-No puedes negar que nada es lo mismo desde que yo llegué.
-No lo niego, todos cambiamos desde que llegaste aquí.
-Souta y Rokuro a veces me dicen que ya no pasas más tiempo con ellos. Sasuke yo no quiero interponerme entre nadie, mucho menos entre tú y tu familia.
-Amaterasu, tú también eres mi familia. Y también eres la familia de ellos.
-Yo lo sé pero… no puedo dejar de pensar que te estás distanciando con ellos gracias a mi.
-No lo entiendo, ya es la tercera vez que escucho eso en el día.
-Bueno, tal vez puede que solo te falte escuchar.
-No quiero que sientas que es tu responsabilidad lo que suceda o no con mi relación con mis hijos o mi esposa. –Suspiró pesadamente- No quiero seguirte lastimando más de lo que ya lo han hecho, nunca me lo perdonaría.
-Oye, sé que nunca me lastimarías, y eso es en verdad increíble viniendo de mí. Nunca confié en nadie en toda mi vida Sasuke, eres la primera persona con la cual tengo esta certeza que nunca me harías daño –Apagué mi cigarrillo y lo arrojé lejos- Pero quiero que dejes de preocuparte tanto por mí, yo estaré bien… sé que mientras siga a tu lado, estaré bien.
Él me miró sorprendido, analizando lo que le había dicho.
-Creo que lo que necesitas, si me permites la intromisión, es sentarte de esta misma manera en que lo haces conmigo, pero con tu hijo. Creo que todo lo que Kenta hace, es para llamar tu atención. Inconscientemente claro, es tan testarudo que nunca lo aceptaría.
Miró al piso y se quedó unos segundos reflexionando. Luego me miró, y ya pude ver un cambio en sus ojos.
-¿Sabes? No dejas de sorprenderme Amaterasu –Me dijo calmo con media sonrisa- Me pregunto a quién habrás salido tan inteligente.
Le devolví la sonrisa. Supe que lo había ayudado, y nunca había sentido tanta gratificación ayudando a otra persona.
Me encantaba descubrir todas estas partes de mí, que no sabía que tenía. Y todo gracias a este hombre.
Este hombre que me había salvado de mil maneras.
.
.
.
