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Para siempre
¿Dónde estoy?
Miré a mis lados, solo veía paredes blancas a mí alrededor y una puerta interrumpía toda esa blancura.
¿El hospital de Konoha?, ¿qué hacía allí?
Se abrió la puerta de repente delante de mí, dejando ver a una Tsunade con cara de estar exhausta.
-Costó trabajo pero por fin está aquí. Ya puedes pasar Sasuke. ¡Felicitaciones! –Dijo la rubia mayor acercándose a mí y estrechando mi mano, dejando lugar a que pase a donde sea que esa puerta llevaba. Entré cauteloso, y eché un vistazo.
Enseguida la vi a Sakura también con cara de cansancio y el cabello atado en una coleta, semi-recostada en una cama de hospital con un bulto envuelto entre sus brazos. Automáticamente al entrar me miró y me dio una sonrisa tan excepcionalmente radiante que sentí como mi corazón dio un vuelco.
-Alguien quiere conocerte pequeño –Le hablaba al bulto suavemente envuelto en mantas celestes, para luego dirigirse a mi- Acércate, ¿no quieres conocer a nuestro hijo?
El corazón me empezó a latir a mil por minuto y comencé a sudar frío. Me acerqué y me senté a su lado en la cama para ver el pequeño en sus brazos.
Lo destapó así podía observarlo mejor y lo reconocí al instante. Era Kenta. Este era el día que Kenta nació.
Tenía unos grandes ojos negros delineados con largas pestañas, y motas del poco cabello igual de azabache. Definitivamente su pequeña carita hinchada y todo lo que la acompañaba gritaba que era un Uchiha en toda regla.
No podía dejar de mirarlo, era perfecto. Era justo todo lo que me había imaginado, y mucho más. Parecía tan frágil que tenía miedo hasta de respirar cerca de él para no incomodarlo.
Había olvidado por completo, todo lo que sentí al conocerlo. Había olvidado esa sensación cálida que comenzó a inundar mi pecho cuando mi hijo depositó sus ojos en mí esa primera vez. Había olvidado lo que se sentía la felicidad plena. Pero también había olvidado todo el miedo, el terror y la preocupación que se apoderaron de parte de mi alma.
-Hola papi –Dijo Sakura dulcemente mientras pasaba su mano por su pequeña cabeza en forma de caricia haciendo que los ojos del bebé se entrecierren soñoliento-¿Quieres cargarlo?
Tragué en seco. Me temblaban las manos.
¿Y si se me caía accidentalmente? Era demasiado pequeño y frágil para un idiota como yo.
Ella sin esperar respuesta lo depositó suavemente en mis brazos junto con la orden de "cuidado su cabeza".
Y allí estaba, tan cálido y pequeño que me invadió un pánico terrible de lastimarlo sin quererlo. Él comenzó a revolverse entre las mantas y a soltar pequeños gemidos. Claramente no estaba a gusto conmigo.
-Tómalo, yo no le gusto –Le dije a mí (en ese momento reciente) esposa, intentando devolvérselo para no hacer alguna idiotez.
-Háblale Sasuke-kun –Me respondió sonriente en cambio sin tomarlo.
Lo miré, se me trabaron las palabras en la garganta. ¿Qué iba a decirle a un bebé?
-H-hola Kenta, soy tu padre Sasuke –Hable lo mas suave que pude (seguramente no me habrá salido igual que Sakura, sino todo lo contrario), y al instante para mi sorpresa me miró con esos dos grandes ojos negros y se quedó en silencio- Tranquilo, estoy aquí.
-¿Lo ves? Claro que le gustas, reconoce la voz de su papá –Me dijo la pelirrosa, mirándonos con esos pozos verdes ahora cristalinos por culpa de las lágrimas acumuladas.
Tenía razón, él era mi hijo.
Acerqué mi dedo a la pequeña manito que salía de entre las mantas y acaricié lo mas suavemente que pude el dorso de la misma. Él instantáneamente lo atrapó en su pequeña mano -que no ocupaba más de 1/3 de mi dedo índice- y lo apretó con determinación.
Ese pequeño gesto paró mi corazón por completo, y en ese instante comprendí que nunca iba a dejarlo caer. Nunca.
De a poco cerró sus ojos y se quedó dormido en mis brazos tan cómodamente que para mi parecía algo increíble. Se lo devolví a Sakura con extremo cuidado para que lo recueste en su pecho, y luego le limpié las lágrimas que corrían tímidas por sus rosadas mejillas.
-Gracias Sakura –Murmuré y le di un beso en la coronilla. Esa mujer me había dado la oportunidad de ser padre aunque no lo mereciera y nunca podría agradecérselo.
-Papá despierta- Me sobresalté al instante. Abrí los ojos y vi a Daikii parado delante de mí observándome extrañado.
Claro, había dormido en el sillón del living.
-Me quedé dormido –Le mentí- ¿qué hora es?
-Son las 5 am. Recién llego de mi turno nocturno.
-Bien, ve a dormir. –Le ordené mientras me sentaba e intentaba estirar mis músculos entumecidos. Maldición, ¿por qué teníamos un sillón tan incómodo?
Que sueño tan extraño, tengo como una presión en el pecho que me dice que las cosas no están bien. Mi mundo no está bien.
Fui hasta la cocina y mientras me preparaba una taza de café reflexionaba. Ese día parecía tan lejano, fue hace 17 años atrás y ya prácticamente lo había olvidado. Después de pasar 4 embarazos uno archiva en un lugar de su memoria ciertos momentos mientras mas se van alejando en el tiempo.
Pero lo que es aún mas extraño es lo fácil que es sentir todas esas sensaciones nuevamente. Es como si pudiera sentir nuevamente su pequeña mano alrededor de mi dedo.
Pasa todo tan rápido, ayer era un pequeño que se sostenía de mis manos con temor para poder dar sus primeros pasos y hoy ya es un adolescente que voluntariamente se aleja de mí con su propio caminar.
Claro, Kenta ya era mayor. Era un hombre con sus propias opiniones y pensamientos, era crítico y no se conformaba fácilmente, era independiente, capaz de defender sus propias ideas.
Era tan difícil para un padre aceptar que su hijo se ha convertido en un hombre hecho y derecho que a veces nuestra propia inconsciencia de eso mismo los termina haciendo retroceder. Creo en el fondo debía aceptar que una de las cosas por las cuales discutía con Kenta era porque me costaba bastante trabajo dejarlo ir de debajo de mi "ala protectora".
Já. Y yo pensaba que era en verdad Sakura la que los malcriaba y mimaba demasiado.
Debía arreglar las cosas con Kenta, definitivamente pero: ¿Cómo?
Dejé la taza vacía en el fregadero y salí al fresco del patio, me dirigí a través de los árboles hasta la conocida entrada de piedra que me conducía hacia las tumbas.
Me acerqué hacia la tumba de Itachi y pasé mis dedos índice y medio por su nombre, remarcando aletargadamente las palabras allí grabadas.
"…para siempre".
Me quedé mirando esas dos palabras y ese nombre durante largo rato.
Repasé algunos momentos junto a él, buscando entre sus palabras y enseñanzas alguna pista.
"Qué tanto ven, esos ojos", me había dicho una vez. Es exactamente lo que Kenta me dijo durante nuestra pelea.
Rememoré las últimas palabras que me dedicó antes de que el Edo Tensei se lo llevara.
"…para siempre".
…
Maldición, creo que ya sabía lo que tenía que hacer para resolver todo esto.
Observé nuevamente su nombre tallado en la piedra, y no pude evitar una media sonrisa.
Gracias hermano.
Volví a la mansión y todo seguía en silencio, eran las 5.41 am y ya Sakura debería estar por levantarse dentro de 20 minutos. Subí hasta nuestra habitación y cuando entré ella seguía durmiendo. Quise acercarme para asegurarme de que estaba bien pero me contuve para no despertarla.
Silenciosamente entré en al guardarropas y me cambié para comenzar mi día. Fui hasta el baño me higienicé un poco, y cuando salí ella ya estaba parada frente al espejo para cambiarse la pijama.
Me dirigió una corta mirada y siguió con lo suyo. Tenía muchísimas ganas de ir hasta donde estaba y abrazarla como hacia todas las mañanas pero frene mis impulsos ya que ella seguía enfadada conmigo seguramente de nuestra pelea de ayer.
Me limité a acercarme a la puerta y salí de allí, no quería comenzar a discutir con ella de nuevo. Iba a arreglar las cosas con Kenta, pero seguramente estaba entrenando a esta hora, yo debía ir de Naruto para una reunión temprana…y terminar de resolver otros asuntos que iban a ayudarme con lo que hoy se me venía.
Pero primero sentí la necesidad de hacer algo.
Fui hasta la habitación de Amaterasu, me acerqué sigilosamente a la puerta para escuchar algún movimiento pero al sentir su pausada respiración supe que seguía durmiendo. Escondí mi chakra para no sintiese mi presencia, y abrí la puerta lo mas sigilosamente que pude para echar una mirada dentro. Allí estaba en su cama aún dormida.
No se por qué pero sentí la necesidad de repente de ver si estaba bien. La observé bien y pude ver que se revolvía un poco entre las sabanas, ¿la había despertado? Escuché como su respiración se agitaba un poco, y como que decía algo entre murmullos.
Entré en la habitación cerrando la puerta tras de mi y me acerqué a ella.
Estaba acurrucada escondiendo su rostro entre las sábanas, pero su expresión era lo que me puso en alerta. ¿Estaba soñando? Tenía el ceño fruncido y con sus manos apretaba la almohada a la que estaba abrazada fuertemente, sudaba frío y de vez en cuando se sobresaltaba.
-No, ya déjame por favor –Dijo en murmullos ¿tenia pesadillas?- Por favor, suéltame.
Lo decía con tanto sentimiento que no pude resistir despertarla para sacarla de su sueño.
-Amaterasu despierta –Dije con tono alto para despertarla- ¡Oye despierta!
-Basta, por favor –Repitió de nuevo con una expresión de dolor que me desgarró en dos.
-¡Amaterasu! –Dije ya casi gritando. Sabía que ella no le gustaba que la tocara mucho pero tenía que despertarla. La tome de los hombros y la sacudí suavemente primero, pero seguía sin despertar entonces aumenté la presión del agarre y sacudí sus hombros mas bruscamente- ¡Despierta!
-¡No! –Ella gritó ahora, incorporándose en la cama y soltando mi agarre a la fuerza con el Sharingan en sus ojos empujándome unos pasos atrás. Me miró unos segundos y luego miró a su alrededor, como perdida sin saber donde estaba.
-Soy yo, tranquila, solo fue un mal sueño –Dije cautelosamente alzando mis manos.
Ella volvió a mirarme ya sin el Sharingan, estaba bañada en sudor y su respiración era agitada. Pasó una mano por su cara intentando calmarse.
-Lo siento, perdóname no quise empujarte así –Me dijo rápidamente.
-Es mi culpa, no debí acercarme tanto –Le respondí- ¿Estas bien?
Ella me miró desconcertada por mi pregunta.
-Si, solo fue una pesadilla.
-¿Siempre tienes estos sueños?
-No –Me respondió secamente mientras se levantaba e iba hasta su guardarropa- ¿Querías algo que viniste hasta aquí?
-S-solo pasé a ver si estabas bien. Tengo cosas que hacer –Dije apenado por no tener excusa para estar aquí.
-Un, de acuerdo. Nos vemos –Me respondió mirándome y entrando rápidamente al baño. Actuaba extraño.
Me fui para darle privacidad. ¿Qué había sido todo eso?
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Salí de la torre del Hokage esa tarde, habíamos estado todo el día entre papeles y reuniones.
Llegó una carta desde el País de la Tierra que el juicio en el cual Amaterasu era victima iba a comenzar en una semana y que ella debía testificar si queríamos que esos bastardos queden encerrados de por vida. No quería presionarla pero era necesario que haga esto. Luego iba a tener que hablar con ella.
Por suerte a Shikamaru se le ocurrió una propuesta para el juez, en la cual Amaterasu no tendría que salir de la Aldea. Espero que acepte y todo resulte según lo planeado.
Pero primero, tengo otro tema del cual ocuparme.
Me dirigí directamente a la casa de Kakashi, tenía que hacer esto tarde o temprano.
Toqué la puerta y me abrió mi ex sensei.
-Oh, hola Sasuke –Me dijo extrañado- No esperaba verte por aquí.
Tiré un suspiro al aire, nadie confiaba en mi y mis habilidades como padre después de todo.
-¿Está Kenta aquí?
-Claro, sube. Esta en la habitación de arriba, ya sabes el camino. –Me indicó, dejándome pasar.
Subí las escaleras y allí estaba la puerta que me separaba de mi hijo. Inspiré hondo, tomé fuerzas y golpee un par de veces. Al no obtener respuesta, sospeché que ya sabía que estaba aquí, así que solo entré.
Estaba recostado en el futón leyendo un libro, y cuando sintió que entré se incorporó mirándome lleno de odio.
-No quiero hablar contigo –Dijo duramente, recostándose de nuevo volviendo a su lectura.
-Entonces te sentarás y me escucharás. –Dije entrando y apoyándome en la pared frente a él, al lado de un ventanal que daba a un balcón.
Me miró con una mirada envenenada e intentó ignorarme nuevamente.
¿Desde cuando nos habíamos alejado tanto? Debía arreglar esto.
-No vengo a pelear Kenta, vengo en son de paz.
Me miró escéptico.
-¿Qué? ¿Mamá ya te ha echado la bronca y vienes a arreglar las cosas así vuelve a hablarte? ¿O ya te has cansado de estar detrás de tu preciosa hija?
Cerré los ojos y miré al piso armándome de paciencia. Esto iba a ser más difícil de lo que pensé.
-¿Por qué siempre las metes a ellas Kenta? Esto es entre tú y yo, y ya estoy cansado que quieras defenderla a tu madre o ataques a Amaterasu.
-Tsk. Ya vete ¿quieres? ¡Te dije que no quería hablar contigo!
-No vengo a pelear Kenta, solo quiero que me escuches.
-Si es la única manera que te largues y me dejes en paz, adelante, haré como que te escucho y luego puedes irte por donde viniste. –Dijo mientras se puso de pie, y luego se sentaba en la silla del escritorio mirándome.
Bueno, allá voy.
-Estuve pensando mucho, y creo que me he dado cuenta que…-Exhalé profundo y me tomé la cara. Maldición ¿por qué se me hace tan difícil hablar con mi propio hijo? Le di la espalda y miré por la ventana, y tomé un envión- que me cuesta entenderte Kenta, y creo que eso es mi culpa, porque… nunca me he acercado a ti lo suficiente. Y es verdad que, por mucho tiempo, tal vez hasta el día de hoy, no fui el padre que necesitabas que fuera pero quería que sepas que tenias razón en todo.
Me di vuelta y lo miré, su cara estaba seria y su ceño fruncido. Miré al piso y continué.
-Desde el día que tu madre me dijo que estaba embarazada de ti, un horrible miedo se apoderó de mí porque… siempre supe que nunca iba a poder ser el buen padre que tú ibas a merecer, siempre supe que nunca iba a ser lo suficientemente bueno para ti, ni para tus hermanos. Hoy, no solamente estoy cargando mis pecados del pasado, sino estoy llevando conmigo esta carga de no merecer tener la familia que tengo.
Nuevamente le di la espalda para mirar por la ventana, veía como la Aldea se movía como todas las tardes, familias yendo al mercado, niños corriendo por las calles, parejas de la mano disfrutando de los últimos rayos del sol. Tragué en seco y continué.
-Ustedes no se merecen cargar con el peso de mi pasado Kenta, pero ciertamente Amaterasu tampoco, por eso hice lo que hice. Y estoy de acuerdo con que me juzgues, tu y tus hermanos pueden hacerlo, pero no puedo abandonarla… aunque ahora me doy cuenta que les he fallado a ustedes y de a poco los he abandonado de cierta manera desde que llegó.
Lo miré de nuevo y miraba al piso con la mirada perdida.
- Ya sabes que siempre a nosotros nos ha costado hablarnos, probablemente sea mi culpa por mi forma de ser, y se que has tomado nuestra falta de comunicación como falta de interés de mi hacia ti. Pero hoy quiero cambiar eso y mostrarte algo –Saqué de mi bolsillo unos viejos papeles doblados, amarillentos y con las esquinas gastadas. Los desdoblé y miré el primero sonriendo- Estas son las fotografías que siempre llevaba conmigo a mis misiones.
Dejé en el escritorio a su lado las primeras dos. Una era de Sakura embarazada riendo, y la segunda era también de ella pero ahora con un pequeño bebé entre unas mantas celestes. Él las tomó y las observó detenidamente.
-Puedo asegurarte que no hubo día o noche en mis misiones que no las sacara unos minutos a contemplarlas. Kenta, tú me convertiste en padre, tú me diste la oportunidad de explorar un lado de mí que ciertamente no había sabido nunca que existía, tú me demostraste que la felicidad existía hasta para una persona como yo. Y por más de que estaba lejos de ustedes la mayor parte del tiempo, no existe el día que no pensara en ustedes y quisiera dejar todo para volver a verlos. –Dejé las demás fotos arriba de la mesa también- Con el tiempo y cuando tus hermanos comenzaron a nacer fui cambiando las fotos, pero nunca estuvieron lejos mío en mi pensamiento ni aunque este del otro lado del mundo…hoy también es así. No existe el día que no piense en ustedes, en todos ustedes.
Volví caminando tácito hacia la ventana y observé de nuevo hacia afuera.
-Y hoy me di cuenta de algo más… con todo esto me hiciste entender un poco mejor lo que me dijo Itachi con esas ultimas palabras. –Sentí como él se levantó y se apoyó también del otro lado de la ventana a ver hacia afuera, pero escuchando atentamente. El nombre de su tío lo puso en alerta- Kenta yo, sé que no puedo deshacer todo lo que ya he hecho, pero quiero demostrarte que lo que digo es enserio.
Saqué de mi otro bolsillo la última carta que tenía para jugar. Era una llave, junto a la cadena con el símbolo Uchiha que le había quitado hace días atrás.
-Ni yo ni nadie puede negarte que esto es tuyo –Le dije mientras le entregaba la cadena- Esta es tu familia, pero también es tu historia y tu legado, ni siquiera yo, tu padre, puedo quitarte lo que te corresponde.
Él la observó con detenimiento entre sus manos con expresión nostálgica.
-Pero… -Exclamé, y el automáticamente me miró extrañado- eres mi hijo Kenta, y eso es mucho más importante que todo este asunto del clan y el pasado. Yo tampoco puedo obligarte a que acarrees esta pesada carga sobre tus hombros, ni puedo obligarte a que aceptes mis errores ni mis decisiones. Lo único que quiero es que mi hijo sea feliz…y si ser feliz para ti significa no tener que ver nada con todo esto, entonces voy a aceptarlo. Porque soy un Uchiha, pero antes que nada soy tu padre.
Lo miré seriamente intentando acentuar lo que estaba diciendo.
-Estas llaves abren la puerta de un departamento nuevo en el centro de la Aldea. Si quieres alejarte de todo, y te sientes más cómodo viviendo fuera de casa, es tuyo para que puedas mudarte cuando quieras. Con tu madre planeábamos dártelo para cuando cumplas 18 años, pero la situación lo amerita. –Suspiré y dejé las llaves en sus manos, para volver a mirar por la ventana al atardecer- Si fuera mi decisión, y tu madre estaría de acuerdo conmigo, quisiera que te quedes para siempre a mi lado hijo… pero es tu decisión, porque es tu vida y voy a apoyarte de ahora en más.
Nos quedamos unos segundos en silencio, y tome las últimas fuerzas que me quedaban para terminar mi discurso. Esto iba a ser difícil de decir.
-"No tienes que perdonarme" –Cité con un nudo en la garganta, mientras apoyaba mi mano sobre su cabeza y revolvía su desordenado cabello- "…no importa lo que decidas hacer a partir de ahora... yo te amaré por siempre"
Él bajó su cabeza y no me miró, solo se quedó allí callado. Tal vez no había podido llegar a él, pero estaba bien mientras supiera la verdad.
Decidí dejarlo solo, así que caminé hacia la puerta, y antes de irme lo miré nuevamente. Seguía en la misma posición pero ahora podía ver como luchaba por contener las gruesas lágrimas que caían de igual manera por sus mejillas.
Sonreí antes de salir. Tal vez después de todo si le había llegado… tal vez esta vez había hecho algo bien.
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