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Haru no teien
Estaba decidido. No iba a ir.
Solamente le diría a Daiki que me sentía mal y que no podría ir.
Si, bien. Eso haría y todo arreglado.
…
Esperen un momento, ¿y qué tal esta blusa con este pantalón?
Agh, no. Era demasiado.
Vamos no puedo estar haciéndome problema por esto pero… ¿QUÉ SE SUPONE QUE DEBO USAR ESTA NOCHE?
En verdad quiero ir, pero la verdad es que no tenía ropa para usar. Todo lo que le había pedido a Sakura que me comprara era ropa bastante informal de entrenamiento, y no podía ponerme eso para ir a comer a algún lugar de por allí.
Es decir, tampoco era que me importe mucho. Claro, en realidad no me importaba salir con Bolt y Himawari. Pero ahora debía mantener una reputación y debía verme bien y prolija todo el tiempo ¿no? Claro, eso era.
Bueno, si no encontraba nada para ponerme en los próximos minutos le diría a Daiki que no iría.
A ver… ¿y estos leggins con esta remera sin mangas?
No, no, no y no.
Me tiré rendida sobre toda la ropa tirada arriba de mi cama, eso era una misión imposible.
Vamos, debo encontrar una solución a este problema. Piensa Amaterasu, piensa.
Genial, soy capaz de pensar miles de planes de escape para una misión, soy capaz de organizar una banda de criminales para cometer un robo, soy capaz de pensar en un segundo la solución a los problemas más difíciles en cualquier tipo de batalla… pero no soy capaz de decidir que usar en una salida.
Entre mis reflexiones escuché gritando a Sakura desde las habitaciones de los chicos, seguramente los mellizos corrían por la casa nuevamente sin querer hacer sus tareas.
Creo que tenía la solución. Pero sería muy vergonzoso.
Vamos, ¿qué tan difícil sería pedirle a Sakura un consejo? No sería el fin del mundo…
Me levanté y me dirigí hacia el pasillo común. Y allí estaba Sakura, poniendo en penitencia a los mellizos, uno en cada habitación hasta que terminen sus tareas y cerrando las puertas de sus cuartos. Suspiró cansada luego de levantar un par de ropas sucias del piso, hasta que se dio cuenta de mi presencia detrás de ella. Me miró y me sonrió amablemente.
-Lo siento, ¿escuchaste mis gritos Ama-chan? Es que los mellizos están revolucionados hoy… -Me explicaba tomando un par de calcetines también regados por el piso.
-Etto…-Se me trabaron nuevamente las palabras en la garganta y no querían salir.
-¿Necesitas algo querida? –Me dijo mirándome preocupada, seguramente mi cara estaba roja como un tomate.
-En realidad si… -Miré al suelo y continué- ¿Puedes venir un momento?
Ella asintió con cara extrañada. Esto debía ser inusual de ver en mí, pero no tenía otra alternativa.
Ella me siguió hasta mi habitación y entramos. Se sorprendió al ver prácticamente toda mi ropa arriba de mi cama y me miró sorprendida cerrando la puerta tras de si, esperando que me explique.
-Em… e-esta noche iremos a comer a un lugar con Daiki y unos amigos y… no sé que ponerme. ¿T-tu me ayudarías a escoger algo, por favor? –Le dije muy rápido, avergonzada mirando al suelo.
Ella me miró unos segundos, sorprendida y boquiabierta, hasta que reaccionó y se sobresaltó.
-¡Claro que si! –Se acercó hacia mí, tirando la ropa que había recogido, tomo mis dos manos, sonrojada mientras me miraba a los ojos decidida, como si fuera cuestión de vida o muerte– Amaterasu ¡cuenta conmigo!
Luego de eso puso manos a la obra, repasó toda mi ropa intentando sacar algo que valiera la pena para salir, pero diez minutos después había concluido como yo que nada era suficientemente bueno.
-¡Tengo una idea! –Gritó de repente asustándome, y salió corriendo de mi habitación cerrando la puerta de un golpe.
¿En qué me había metido? Volvió a los dos minutos con una montaña de ropa en sus manos, y la dejó nuevamente arriba de mi cama.
-Esta es toda la ropa que Sas… que no uso desde que me casé. Así que seguramente será genial -Dijo entusiasmada. Creo que esa mujer estaba más emocionada que yo por esto.
Comenzó a armar conjuntos, con sus prendas pero ninguna me terminaba de convencer.
Hasta que en un momento de iluminación encontramos la respuesta, nos miramos y ambas dijimos que si al mismo tiempo.
El conjunto era una remera roja suelta con un hombro caído, mangas largas, junto con un short ajustado negro, combinándolos con una medias negras hasta la mitad del muslo y unas botas cortas, bien cómodas, también negras.
Era perfecto, no demasiado arreglado, pero lo suficientemente lindo como para salir a comer una noche con amigos.
Una vez conseguida la ropa, me preguntó qué me haría en el cabello y yo le dije que claramente nada. Ella se asustó tanto que casi le dio un infarto y salió corriendo nuevamente de la habitación.
Volvió minutos después no solo con cosas para el cabello, sino también con ¿maquillaje?
Ok, no estaba acostumbrada a usar todo esto.
Me hizo sentar frente al espejo de mi cambiador y comenzó a peinarme el cabello. Decidimos que algo tranquilo estaba bien, solo una trenza suelta que lleve mi largo cabello negro a un costado y listo.
Mientras me estaba peinando y poniendo un poco de maquillaje, claro que no pudo aguantarse las ganas de chismorrear un rato.
-Entonces, ¿a donde irán a cenar?
-A un tal lugar llamado Ichi-no se cuanto.
Pude ver en el espejo como sonreía pícaramente. Esa mirada no traía nada bueno.
-¿El Ichikaru Ramen? Entonces supongo yo que irá Bolt-kun ¿verdad?
Yo automáticamente fruncí el seño y miré hacia un costado restándole importancia.
-Bueno, el nos invitó, así que supongo que si.
-Claro… qué interesante –Dijo sonriendo mientras terminaba de peinarme.
-¿Por qué sonríes así? Ni que me importara tanto que él vaya.
-Yo no he dicho nada Ama-chan –Me respondió nuevamente intentando ahora esconder su sonrisa. Entonces se paró a unos metros de mí, observándome de arriba abajo con corazones en los ojos- ¡Lista! Estás perfecta para tu cita.
-¡No es una cita! –Le respondí enfadada.
Ella se rió de mí, mientras fue hasta mi mesa de luz, tomaba algo y volvía al cambiador.
-Ahora, el último toque –Murmuró mientras se ponía detrás de mí, y me colgaba del cuello la cadena de los Uchiha que Sasuke me había dado.
-¡Ay te ves tan linda! Si tan solo Sasuke pudiera verte…
-¿Y por qué no podría verme? –Pregunté extrañaba mirándome ahora al espejo a verme como había quedado.
Pero antes que pudiera contestarme, se escucharon dos golpes en la puerta de mi habitación.
-Nee-san ¿ya estás lista? –Gritó Daiki desde el pasillo, a lo que yo le respondí un pequeño "pasa", haciendo que el susodicho entre al cuarto.
Salio Sakura del probador y luego salí yo, y cuando Daiki me vio se le abrieron los ojos cual platos.
-¡Wow! Estas bellísima Ama-chan –Dijo con una sonrisa el pelinegro.
-¡Lo sé! ¿No esta preciosa? –Dijo Sakura nuevamente mirándome con corazones en los ojos.
-Ya, no es para tanto –Dije molesta por ser el centro de atención.
-Bueno, ¿ya podemos irnos? ¿Mamá estas lista? –Le preguntó a lo que ella asintió determinada.
-No comprendo, ¿tú vienes con nosotros? –Pregunté sin entender que pasaba.
Sakura me miró tiernamente y se acercó a mí tomándome de una mano.
-Hay querida, tu no conoces a tu padre aún… él nunca te dejaría salir vestida así a ningún lado, pero ¡no te preocupes! Con Daiki hemos preparado un plan para que puedan salir sin que Sasuke ponga el grito en el cielo.
¿Era una broma?
No veía que ninguno de los dos se riera, es más me veían bastante determinados a llevar a cabo esto como una misión de alto riesgo. Casi podía ver las llamas del fuego de la determinación flameantes en sus ojos cual caricaturas.
¿Sasuke no me dejaría salir vestida así? ¿Así como? ¡Estaba vestida súper normal! Hasta era un conjunto demasiado lindo. Para mi estaban exagerando un poco, mi padre no era así…
Pero no di mi opinión y solo les seguí el juego.
Sakura se fue a "preparar el terrero", diciendo que esperemos "la señal". Así que nos pusimos "en nuestras posiciones" según Daiki, es decir detrás de la puerta que llevaba del descanso de la escalera a la cocina.
-Recuerda Ama-chan, déjame hablar a mí; sé rápida y sigilosa, y una vez que estemos fuera no mires atrás. Y, lo más importante, no te despegues de mi lado ¿ok? Procura que te vea lo menos posible.
¿¡Qué demonios!? Esto parecía una misión de suicida. ¿Acaso estaban todos locos?
Daiki pegó su oído a la puerta y cuando escuchamos un grito de Rokuro dentro de la cocina seguido del ruido de algo de vidrio rompiéndose contra el piso, me miró seriamente.
-Es la señal, andando –Murmuró, separó erguido, me tomó fuerte del brazo poniéndome a su lado y entramos rápidamente a la cocina.
Lo poco que pude ver cuando entramos fue un total caos.
Sakura estaba parada al lado de la cocina en puntas de pie haciéndonos señas para que salgamos lo más rápido de allí, y Sasuke a su lado sosteniendo a los mellizos en sus brazos, intentando que nadie pise el vidrio que había por todo el piso de la cocina. Rokuro estaba sentado en la encimera al lado de Sakura gritando fuertemente logrando que el caos sea mas insoportable.
Daiki no dejó de arrastrarme desde la puerta inicial donde entramos, hacia la puerta en el otro extremo de la cocina que daba al living, es decir, a nuestra salida de allí.
-Ya nos vamos, mamá, papá. ¡Adiós a todos! –Dijo casi en un suspiro Daiki, que entre los gritos de Rokuro y las risas de los mellizos casi ni se sintió.
Estábamos a punto de salir por la puerta sin ser notados, cuando Sasuke nos dirigió una rápida mirada, pero pareció recapacitar porque nos miró por segunda vez ahora con el ceño fruncido a punto de decir algo.
Pero antes que pueda decir nada, Sakura lanzó un "grito de dolor" que automáticamente desvió la atención de Sasuke por unos segundos, los suficientes para que nosotros ya estemos saliendo por la puerta hacia nuestra libertad.
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Ya una vez fuera del territorio de la casa, paramos a tomar un poco de aire. Estábamos bastante agitados.
-Dios, ¡eso fue una locura! –Dije mirando al suelo, intentando que mi corazón se tranquilice.
-Lo sé, ¡una locura! –Repitió mi hermano mirando preocupado hacia la mansión asegurándose que nadie nos siguiera.
Segundos después nos miramos seriamente, y no pudimos evitar soltar una carcajada. Él comenzó a reír despreocupado y yo no pude evitar sonreír a la par mientras comenzamos a caminar hacia nuestro destino.
Ok, debía aceptarlo. Eso había sido bastante divertido.
Tal vez, esta noche no sería tan mala.
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"Solo faltan un par de cuadras para llegar" había dicho Daiki hace un instante. No se por qué pero cuando dijo eso, automáticamente se me comenzó a retorcer el estomago y deje de escuchar el resto de lo que decía.
Me comenzaron a transpirar las manos y esta molestia en el estómago no se me iba. ¿Qué me sucedía?
-¿Me estas escuchando? –Escuché al pelinegro a mi lado mientras pasaba una mano por delante de mí intentando llamar mi atención.
-Claro –Mentí. El me miró escéptico con media sonrisa.
Decidí concentrarme en algo diferente a este nerviosismo repentino, así que cambie de tema.
-Entonces… ¿ya le dijiste que te gusta? –Le pregunté seriamente mientras observaba las tiendas que pasábamos al caminar.
Él se sonrojo automáticamente y frunciendo el seño miró hacia otro lado. Tardó en contestarme pero al final lo admitió.
-Aún no… ¿Cómo lo sabes?
-Daiki se puede ver a leguas que te gusta, créeme. Y también noto que le gustas a ella, así que ¿por qué no hacerlo?
Intentaba no intimidarlo, por lo que me hacía la desinteresada mientras observaba cualquier cosa en nuestro camino que no sea él. No quería ponerle más presión.
-¿Eso notas, enserio? –Me dijo casi con estrellas en sus ojos, ilusionado.
-Claro, solo debes dar el siguiente paso, que es confesarte. Hazme caso, soy tu hermana mayor, lo se todo.
Lo pensó un segundo con el seño fruncido mientras miraba al piso, y luego me miró asintiendo decidido. Le sonreí para dejarlo mas tranquilo y continuamos caminando.
Doblamos en la esquina y segundos después pude ver a Bolt a una cuadra de distancia, moviendo su brazo en alto para llamar nuestra atención. Claramente no era necesario, porque resaltaba en medio de la gente gracias a su cabellera rubia y a su escandalosa forma de ser.
Agh, ¿por qué me había puesto así antes? Es solo el idiota de Bolt, no hay ninguna razón por la cual estar nerviosa.
A medida que nos acercábamos Daiki también alzó la mano imitando al rubio con una sonrisa amable.
-¡Hola! ¿Cómo están? –Dijo el rubio mayor ya a unos pasos de nosotros. Himawari nos saludó alzando una mano tímida, y les devolvimos el saludo a ambos- ¡Ya entremos porque muero de hambre, de veras!
Era un simple lugar donde vendían ramen con banquetas altas. Los Uzumaki parecían clientes regulares ya que el anciano que atendía los saludó a ambos muy cálidamente y los llamaba por sus nombres.
Nos sentamos primero las mujeres una al lado de la otra, y luego los varones que se acomodaron a nuestros extremos, Bolt a mi derecha y Daiki a la izquierda de la morocha. Iba a quejarme por la distribución de los asientos pero decidí ayudarlo a mi hermano así que solo me quedé callada.
-¡Teuchi-san cuatro de sus mejores platos por aquí! –Grito el idiota a mi lado casi dejándome sorda.
-¡En camino! -Le respondió dejando instantes después cuatro platos frente a nosotros.
Debía aceptar que tenía buena pinta.
Comenzamos a comer mientras el anciano le preguntaba a Bolt y Himawari por su padre y se ponían a charlar. Parecía que eran viejos conocidos, y por la nostalgia con la que hablaba también conocía al Hokage bastante bien.
-… ¡Y ella es la hija de Sasuke! –Dijo el rubio sentado a mi lado señalándome. No había prestado atención como la conversación había terminado en mi.
El anciano me examinó de cerca con cara seria y una mano en el mentón.
-Así que tu eres la hija del Uchiha ¿eh? –Seguía observándome con los ojos entrecerrados y pensativos.
-¡Si! Y es genial ¡de veras! –Siguió Bolt mientras prácticamente succionaba el contenido de su tazón.
-Ella muy amable Teuchi-san es verdad, y quisimos traerla a que pruebe el mejor ramen de toda la aldea –Agregó Himawari presintiendo que no le estaba cayendo muy bien al viejo.
-… ¡Y de todas las cinco grandes naciones! –Gritó de repente el viejo alzando un puño decidido, para luego retirarse misteriosamente sin dejar de mirarme.
-No te preocupes Ama-chan, el anciano ya esta viejo y gruñón –Me dijo Daiki del otro lado sonriéndome para que no me sienta mal.
-¿Te gusta Amaterasu-san? –Preguntó amable Himawari también sonriéndome, para cambiar de tema.
Yo asentí y seguí comiendo mirando fijamente mi plato por un largo rato.
¿Siempre iba a hacer sentir incómodo a todo el mundo, arruinando la cena?
Ellos dos siguieron hablando tranquilamente, seguramente para salir de este ambiente incomodo.
Pero había algo extraño, hacía más de dos minutos que no escuchaba abrir la bocota al idiota de Bolt. Giré mi cabeza para comprobar que seguía a mi lado, y allí estaba.
Creo que nunca había visto comer a nadie tan rápido y tan concentradamente. Prácticamente se estaba atragantando con el contenido de su plato como si fuera la última cosa que haría en su vida. Desde que comenzó a comer no había dicho ni una sola palabra.
Creo que había encontrado el único momento en su vida que no estaba escupiendo palabrotas.
Lo observé por unos segundos, y no pude evitar disimular una pequeña sonrisa. En verdad era como un niño: despreocupado, gracioso, alborotado y alegre. Te contagiaba una energía que parecía transportarte a un mundo sin maldad.
Sintió que lo estaba observando y me miró, dejando sus palillos cargados de fideos en el aire con la boca semiabierta. Se veía tan ridículo, lleno de fideos por toda la cara con esa cara de idiota sorprendido.
Pero nuestros ojos se encontraron y hubo como un silencio sepulcral por unos segundos donde, ese azul profundo me envolvió y sentí como si pudiera ver claramente su alma a través de ellos.
Era como un libro abierto, era sincero y transparente.
Creo que no recordaba la ultima vez que vi unos ojos tan libres sin secreto alguno, sin oscuridad. Se mostraban siempre reales y honestos, y creo que era exactamente eso lo que me revolvía el estómago.
-¿Qué? –Me preguntó de repente trayéndome a la realidad nuevamente.
Haciendo a un lado mi mirada, tomé una servilleta y la alcé ante su cara.
-Tienes ramen en… -Lo miré de reojo-… prácticamente toda la cara.
Él la tomó enseguida, limpiándose luego de darme un tímido "gracias" algo nervioso.
Si lo sé, yo también lo había sentido.
-¿No es cierto nii-san?-Dijo de repente la pelinegra a mi lado llamando la atención de nosotros dos.
-¿Qué?
-Lo de las luces en el camino de los jardines. ¿Podemos ir a verlas? –Preguntó su hermana a lo que el rubio respondió asintiendo con la cabeza mientras seguía atragantándose con su plato.
-¿Qué cosa iremos a ver?
-Todos los años en la Aldea se celebra el festival de comienzo de primavera, y como será pronto y ya empezaron los preparativos, han puesto en un camino muy bello al lado de un lago unas luces espectaculares este año y quería mostrárselas a Daiki-kun –Me explicaba calmadamente Himawari.
-Vamos nee-san, ¿podemos ir, verdad? –Me dijo del otro lado Daiki con una sonrisa compradora.
Ok, nadie me había dicho nada de ningún camino por ningún lado.
-No lo sé Daiki, no podemos llegar tarde porque Sasuke se pondrá furioso. Tal vez mañana –Le respondí intentando que deje sus planes y no siga insistiendo.
- ¡Por favor Amaterasu-san, no te arrepentirás, de veras! –Me dijo la pelinegra con todas sus ganas, juntando las manos en posición de pedido y cerrando los ojos sonrojada.
Era graciosa, cuando estaba nerviosa se le pegaba la frase de Bolt.
Estaba por responder –otra vez negativamente, claro- y sentí el codo de Bolt clavándose en mis costillas y salté de la sorpresa mientras me miraba con expresión aburrida.
-No seas aguafiestas, será solo un momento –Refutó el rubio seriamente.
Yo lo miré molesta, luego miré a nuestros hermanos y a sus caras de perros mojados, y no pude negarme.
-D-de acuerdo, pero solo un momento.
Ellos asintieron y terminaron rápidamente de comer. Bolt pagó la cuenta –luego de una larga pelea de por qué el pagaba la cuenta, respondiendo que él fue quien nos había invitado- y salimos hasta nuestro siguiente destino.
Según Daiki quedaba bastante cerca de donde estábamos, solo tendríamos que salir del centro de la aldea. Caminamos un par de cuadras hasta que encontramos una entrada de madera rodeada por dos grandes árboles, con un cartel que decía "Haru no teien" (春の庭園 Jardines de la Primavera).
Apenas entramos Himawari tomó de la mano a Daiki y comenzaron a correr dentro al grito de "nos adelantaremos".
Perfecto, el nudo en el estómago había vuelto y se había multiplicado por mil al darme cuenta que me había quedado sola con Bolt.
-¡No se alejen mucho Hima-chan! –Gritó Bolt a mi lado mientras los veíamos desaparecer entre las curvas del camino.
Primero era un camino estrecho de tierra, ladeado por grandes arbustos y viejos árboles. Sinceramente no le veía nada bonito.
Pero luego que caminamos –en un incomodo silencio, por cierto- por unos metros, los árboles se acabaron y a nuestros lados se podía ver dos filas de árboles llenos de flores iluminados por luces circulares de papel. Ahora si veía a que se refería Himawari.
A nuestra izquierda, detrás de los árboles se podía observar un gran lago iluminado por la luz de la luna. Me acerqué hacia uno de esos árboles para poder verlo más de cerca. Nunca había visto algo tan bello.
Era tan transparente el agua que parecía que las estrellas en realidad estaban nadando en el agua, pero era solo su reflejo.
-Hermoso ¿verdad? –Dijo el rubio poniéndose a mi lado.
Yo no podía emitir palabra, en verdad nunca había visto nada tan bello.
-Nunca vi nada como esto –Dije en un murmuro anonadada- ¿Cómo es que no hay nadie por aquí?
-Bueno, en realidad nadie sabe todavía que esta parte esta habilitada porque estuvo cerrado mucho tiempo por los preparativos. Digamos que ser el hijo del Hokage a veces es bueno.
Lo miré extrañada, el también observaba fijamente el lago pero con una mirada nostálgica.
-¿Por qué a veces? Debe ser genial.
-Bueno… la verdad es que no lo es –Bajó su mirada mordiéndose el labio, como guardándose algo.
-No lo entiendo.
Me miró seriamente por unos segundos y luego suspiró volviendo su mirada al lago y apoyándose en el árbol.
-Mucha gente piensa como tú, "debes estar orgulloso de tu padre" me dicen siempre pero, no todo es color de rosas. El siempre esta ocupado yendo y viniendo, nunca está en casa y sé que hace lo mejor que puede pero… es difícil ver a mis hermanos sufrir por eso, y a mi madre también. –Su mirada se oscureció por un instante, pero luego volvió esa chispa habitual de él y me sonrió avergonzado- Ya te lo he dicho a esto, debes pensar que soy un pesado.
Yo no le sonreí de vuelta, y miré nuevamente el lago.
-Por lo menos siempre has tenido un padre que cuide de ti.
Me alejé y retomé el camino entre las luces sin mirarlo. Al instante el me siguió y se puso a caminar a mi lado.
-Yo… lo siento, no quise…
-No te preocupes –Lo interrumpí, no me gustaba que la gente se disculpe sin razón.
Caminamos unos metros más en silencio.
¿En verdad él pensaba que su vida era mala? Ojala yo hubiera tenido el padre que el siempre tuvo, o la familia con la que creció. Digo, yo no soy de las personas que se lamentan de su sufrimiento o tampoco me pongo en el papel de victima pero no sabía lo que estaba diciendo.
-Y… ¿cómo llevas la relación con los demás? Digo, veo que te llevas muy bien con Daiki y Rokuro
Se que intenta cambiar de tema, pero ya estaba algo incómoda.
-Con el único que no me llevo es con Kenta.
-Ah si, es muy malhumorado ¿no? Nosotros somos amigos desde hace años pero la verdad que a veces tengo ganas de pegarle un puñetazo en el rostro… tenemos como una relación amor/odio –Me explicó.
-Es un idiota… y creo que el me odia.
-Si, es un idiota… pero es bueno, seguramente ya se le pasará solo dale tiempo ¡de veras! –Dijo intentando confortarme con una sonrisa.
Dios, esa sonrisa de nuevo. Sonreí de lado mirándolo.
-Volviste a ser tú…
-¿He? –Preguntó extrañado.
-Bueno, he descubierto que mientras comes es el único momento en tu vida que te callas la boca. Desde que llegamos hasta que nos fuimos del Ichikaru no dijiste mucho, como que no eras tú chillando por todas partes –Le expliqué divertida mirándolo de reojo.
Me miró unos segundos divertidos y cuando terminé, soltó una gran carcajada y riendo miró hacia otro lado.
-B-bueno, es que no es solamente eso… -Me dijo algo nervioso. ¿Estaba sonrojado?- Etto, ¿cómo explicarlo?... también estaba a-algo… nervioso creo.
-¿Nervioso por qué? –Le pregunté intentando buscar su mirada, que claramente me estaba evitando.
-E-etto es que, t-tú… quiero decir que… -Dios era tan divertido verlo nervioso, que apenas podía aguantarme la risa-… apareciste de repente y, bueno allí estabas, t-tan linda y así vestida y, sentada a mi lado… y-y yo…
Él de repente dejó de caminar y se tomó el rostro frustrado. Tomó aire un par de veces y me miró con la cara roja como un tomate.
-No soy bueno hablando de estas cosas, gomen…
Sabía exactamente lo que iba a decir, pero no quería que lo dijera.
Iba a arruinar todo.
-Entonces no digas nada –Dije dándole la espalda y siguiendo mis pasos por el camino.
-P-pero pensé que tú… –Lo escuché detrás de mi.
-Déjalo ya Bolt –Lo interrumpí nuevamente.
Por favor, deja todo como estaba. Yo no soy capaz de hacer estas cosas.
Sentí como se acercaba a mí rápidamente y se ponía delante de mí, interrumpiendo mi caminata.
-No escapes de mi Amaterasu, se que tu también puedes verlo.
-¿Ver qué cosa?
-Lo que nos pasa, d-digo entre nosotros. E-esto que desde el primer día que te conocí me pasa y sé que a ti también.
-No sé de que me hablas.
Esquivé su mirada y pasé a su lado para seguir caminando. Iba a buscar a Daiki y a salir de allí.
De repente sentí como su mano quería tomar la mía, pero la aparté inmediatamente y me di vuelta mirándolo.
-¡No me toques! –Grité de repente con la voz quebrada.
Automáticamente él sintió la amenaza en mi voz y dio un paso atrás levantando sus manos al aire.
-Tranquila, lo lamento. No quise asustarte.
Debo tranquilizarme, me abracé a mi misma y respiré profundo un par de veces mirando hacia el lago.
Tranquilízate Amaterasu, mira lo que estas haciendo. Es solo Bolt.
Maldición, siempre tenía que arruinar todo ¿no?
Unos segundos después sentí en mi espalda un ligero peso. Bolt se había acercado y había dejado su chaqueta de jean en mis hombros, para luego alejarse de nuevo.
Lo miré y pude ver en sus ojos esa preocupación que me consumía.
-Perdona por gritarte –Murmuré mientras me acercaba a una banca a un lado del camino, entre los árboles, mirando hacia el lago.
-No fue mi intención incomodarte -Me respondió mientras se sentaba a mi lado, apoyando sus codos sobre sus rodillas, y mirándome de reojo.
Era una noche fresca de primavera y pude sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Era una persona tan cálida y amable, y yo lo único que podía hacer era gritarle. Tremenda zorra sin corazón era.
Merecía que, por lo menos, intente explicarle algo de lo que me sucedía ¿no?
Había decidido que no quería alejarme más de las personas que querían acercarse a mí, e iba a hacer patria por esa decisión ahora mismo. O lo intentaría.
-Bolt yo… -Ok, no era tan fácil ponerlo en palabras-… debes saber que yo no soy como las demás personas. No es tan fácil para mi todo esto… aún me cuesta relacionarme con mi propio padre, imagina con otra persona…
-Creo que eso es exactamente por lo que estoy aquí ¿sabes? –Dijo con la mirada perdida en el lago- Porque tú no eres como nadie que haya conocido nunca.
-No estas entendiendo, eso en realidad es muy malo.
-Para mi eso es muy bueno –Dijo irguiéndose en el asiento, quedando a mi altura nuevamente y mirándome fijamente- No eres como las demás chicas, presumidas, interesadas, para nada interesantes, egoístas… tú eres diferente y, eso es exactamente lo que me gusta de ti.
Se me paró el corazón por un segundo y el nudo en el estómago estaba a punto de subir hasta mi garganta. Mi corazón comenzó a galopar sin control.
Me perdí nuevamente en esos dos cielos azules que tenía como ojos. Era tan sincero y dulce que me hacía temblar las piernas.
¿Cómo una persona como yo, tan rota y sucia, podía tener el valor para estar al lado de alguien que parecía, casi como un ángel cuando me miraba? Pero… ¿cómo podría alejarme de él, si todo lo que él era me gritaba que me acercara?
-Soy mas egoísta de lo que crees –Murmuré sin dejar de mirarlo.
Él se fue acercando lentamente a mí, respirando tranquilamente y, de mirar mis ojos, pasó a observar mis labios.
Sabía lo que tenía intenciones de hacer, pero ¿en serio iba a dejar que esto sea la llave que lo deje entrar a, seguramente, un mundo de sufrimiento por el cuál yo hacía pasar a todo el que se me acercaba?
Nuestros labios estaban ya a unos centímetros, podía sentir su respiración golpeando en mi cara, y el perfume de su piel atravesando mi nariz como si de una bala se tratara. De aquí cerca podía ver la nívea piel de su rostro, y lo brillante de su cabello.
Sentía que mi corazón iba a salirse de mi pecho gracias al alocado galope que estaba dando.
Si dejaba que me bese ahora, iba a ser el sello de su pasaje a un camino donde seguramente iba a terminar lastimado.
Y era una persona tan especial, que nunca me perdonaría si llenara esos ojos de dolor.
Me alejé unos centímetros, y cuando él lo advirtió me miró nuevamente a los ojos. Dios mío, si seguía mirándome de esa manera tan suplicante iba a perder todo mi autocontrol e iba a tirar todo a la mierda.
Alejé mi rostro definitivamente hacia un lado alejando mi mirada y luego me puse en pie, decidida ya a buscar a Daiki para irme de aquí.
No podía quedarme un segundo más porque iba a cometer una locura.
Retomé el camino y comencé a caminar a paso ligero. Unos metros después sentí como él también comenzaba a caminar detrás de mí.
Había entendido y me había respetado. Que sea tan bueno solo me daban mas ganas de arrepentirme de mi anterior decisión y abalanzarme arriba de él.
Me aferré a su chaqueta para mantener mis manos alejadas de la tentación y me tapé aún mas con ella, tenía su perfume. Tendría que conformarme con esto.
Minutos después encontramos a Himawari y a Daiki sentados en una banca también mirando el lago, estaban sentados muy cerca y el pelinegro estaba señalando algo a lo lejos, a lo que Himawari asentía y reía. Sintieron rápidamente nuestra presencia y automáticamente se alejaron un poco.
Les tenía un poco de envidia. Poder hacer lo que quisieran cuando quisieran sin más preocupaciones, debería ser muy bonito.
-Hima-chan ya vámonos comienza a hacer frío y es tarde –Dijo Bolt acercándose y sonriendo.
Claro, nada iba a borrar esa sonrisa. Y así debía seguir siendo.
Me saqué la chaqueta y se la entregué con un pequeño "gracias". Él la tomó y se la puso.
-Adiós chicos, ¡nos vemos la próxima! –Gritó la pelinegra ya del brazo de su hermano, saludando con la mano con una bella sonrisa mientras se alejaban.
-¡Buenas noches! –Gritó Daiki también agitando un brazo en el aire.
Bolt me miró de reojo por última vez y puse sentir como mi corazón se partía un poco con cada paso que daba alejándose.
-¿Vamos ya? –Dijo mi hermano a mi lado, dándose la vuelta y emprendiendo el camino de vuelta a la mansión.
De solo verlo tan alegre me contagiaba una sonrisa y me hacía olvidar por un momento mis problemas. Casi daba saltos de alegría.
-Fue una linda noche ¿no? –Le dije divertida empujándolo un poco con mi hombro, y mirándolo un poco de reojo. Como era mas alto que yo se tambaleó un poco, se sonrojó y comenzó a reír apenado.
-Vamos cuéntame, ¿qué ha pasado?
-Nada solo… hablamos y nos divertimos un poco.
-O sea que ¿no le has dicho?
-Decidí que tal vez pueda esperar un poco mas, ya sabes… disfrutar un poco mas de esto y divertirnos.
Le sonreí sinceramente y le di otro pequeño empujón, ese chico me caía muy bien. Era más inteligente de lo que pensé.
-¿Y tu? –Me preguntó de repente.
-¿Yo qué?
-Bueno, pensé que tal vez tu y…
-No pasa nada entre Bolt y yo Daiki –Lo interrumpí para zanjar el tema.
-Okei, okei… si tu lo dices…
Me miró de reojo nuevamente y rió de nuevo, ahora él empujando levemente mi hombro para seguir caminando.
En todo el camino no borro esa sonrisa de su rostro y, por lo tanto, yo tampoco. Creo que era la primera vez que me alegraba tan sinceramente la alegría de otra persona.
-¿Quieres que pasemos a comer un helado antes de ir a casa? –Me dijo animado cuando ya estábamos por el centro de la aldea.
Yo asentí instantáneamente. Amaba el helado.
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Eran las doce y veinte de la noche y nosotros recién entrábamos por la puerta principal de la mansión. Estábamos sacándonos los zapatos entre risas y chistes de Daiki, cuando sentimos una escalofriante presencia bajando a paso ligero las escaleras principales.
Nos miramos y supimos que no nos esperaba nada bueno cuando Sasuke llegue hasta donde estábamos. Nos comenzamos a reír en silencio mientras intentábamos sacarnos los zapatos a la velocidad de la luz para escapar.
-¿Tienen una idea de la hora que es? –Sentimos detrás nuestro una voz seria y grutal.
Nos paramos automáticamente y dejamos de reír cuando vimos su cara. Estaba tan furioso que casi podíamos ver como salía vapor por sus orejas cual dibujo animado.
-L-lo siento papá es que nos tardamos porque nos desviamos para tomar un helado –Nos excusó Daiki rápidamente.
Nos miró fijamente a los dos, serio y enfadado.
-Ya sabes las reglas Daiki, los días de semana deben volver antes de las doce de la noche.
-Pero yo no lo sabía y yo le insistí para que me lleve a comer un helado, l-lo sentimos, no volverá a pasar –Dije adelantándome y actuando como si estuviera avergonzada.
Bien, la actriz en mi parece haberlo convencido.
Nos miró por unos segundos más y suspiró profundamente, frustrado.
-Ya, a dormir.
Daiki me saludo haciendo un gesto con su mano y yo se lo devolví con media sonrisa, y cuando estaba a punto de encarar para mi habitación también Sasuke me interrumpió.
-¿Dónde fueron? –Me pregunto intentando parecer casual, cosa que no le funcionó porque sabía que moría por saber todo lo que hicimos.
-Solo a comer por ahí, tengo un poco de frío creo que me iré a dar un baño –Respondí también casualmente, intentando evitar el tema e ir hacia mi habitación, pero el se interpuso nuevamente.
-Amaterasu, ¿no te parece que la manera en que estas vestida es poco apropiada?
Observé mi ropa, y no le vi nada de malo la verdad.
-¿Porque hace frío? ¿A eso te refieres? –Dije haciéndome la desentendida. Sakura y Daiki ya me habían advertido de esto.
-No, quiero decir… no te parece que ese pantalón es muy ¿corto? ¡Puedo ver tus muslos desde aquí! ¡Por Dios, ponte algo mas largo la próxima vez… p-por favor! –Dijo las ultimas palabras con una cara tan sufrida que casi se me escapa una carcajada.
Me aguanté la risa, mire nuevamente mi atuendo y yo seguía pensando que era bonito, pero decidí darle la razón.
-Etto, si tu lo dices... ¿ya puedo irme a dormir? Estoy cansada –Intenté escapar por tercera vez y ahora si me dejo el paso libre.
Cuando estaba por perderlo de vista me di vuelta y lo descubrí mirándome mientras se revolvía el pelo con cara de exasperado.
-Buenas noches –Le dije sonriendo para calmarlo un poco.
El negó con la cabeza intentando esconder una media sonrisa y asintió, dejándome ir.
Dios, era tan mono cuando se ponía así.
Entré en mi habitación y vi que el desastre original que había dejado ya no existía. Todo había vuelto a su lugar, seguramente Sakura se tomo el trabajo de ordenar todo.
Automáticamente me tiré en mi mullida cama y no pude evitar que, al cerrar los ojos, sean dos ojos azules los que vengan automáticamente a mi mente.
Sabía que había hecho lo correcto al no corresponderle a Bolt pero… ¿por qué entonces sentía esta pesadez en el pecho que no me dejaba respirar?
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