¡Por fin! Terminé de editar la historia completa. Y aquí la continuación, espero sea de su agrado y puedan darme su opinión sobre como quedo la edición y la continuación (que es bastante agitada; desde hace tiempo quería escribir este momento de la historia y decidí no dilatarlo más).
Muchas gracias a todos por el constante apoyo a esta humilde historia. ¡Disfruten!
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Mañana agitada
Abrí los ojos de repente.
Sentí como alguien se acercaba lentamente hacia la puerta de mi habitación. No estaba dormida, últimamente tenía un dolor de cabeza horrible que no me permitía descansar.
Miré el reloj: 3:51 AM. Sentí como la pequeña presencia se paraba frente a mi puerta, y se quedaba allí parada sin ni siquiera tocar.
Ya sabía que era Rokuro, reconocí su presencia al instante pero me preocupó el hecho que esté fuera de su cama a estas horas. Me levanté rápidamente, y me precipité sobre la puerta abriéndola rápidamente, haciendo sobresaltar al pequeño pelirrosa.
Solo estaba allí apoyado contra la pared del pasillo, abrazando a su oso de peluche con terrible cara de estar llevando una batalla interna. Cuando nuestras miradas se cruzaron, el me miró sobresaltado un segundo y luego volvió su triste mirada hacia el piso, abrazando aun mas su compañero peludo.
Al constatar que no estaba herido de gravedad o nadie lo perseguía, me tranquilicé un poco y decidí hablarle.
-¿Qué te sucede hombrecito? –Le dije susurrando lo más tranquila posible, pero al no tener respuesta continué- Es tarde, deberías estar en la cama.
Él no me miró, hundió su cara entre los felpudos bracitos de su peluche y comenzó a murmurar algo que me costaba entender.
-Tuve otra pesadilla pero no puedo ir con mami ahora, y fui con Kenta pero me dijo que tenía que quedarme en mi habitación y ser valiente pero tengo mucho miedo nee-san –Hizo una pequeña pausa y, dejando el objeto en el suelo y juntando sus regordetas manitos en forma de petición prosiguió con la voz quebrada- ¡Déjame dormir contigo esta noche onegai!
¿Enserio estaba pidiéndome eso a mi? Maldición, esto no podía estar pasándome.
Claro que no podía dejarlo dormir conmigo, ¿y si accidentalmente me dormía y entraba en unas de mis pesadillas? No quiero ni pensar en lo que podría pasar…
Lo miré y ya había tomando nuevamente su peluche, y me miraba expectante.
Mierda, esos dos ojos verdes llorosos, ese cabello desordenado, y su pequeño cuerpito metido dentro de ese pequeño pijama enterizo con shurikens estampados definitivamente podían hacer estragos conmigo y mi fuerza de voluntad para no apretujarlo. ¿Por qué tenía que ser tan malditamente tierno parado sobre dos pequeñas pantuflas de conejo, como para no poder decirle que no?
Basta Amaterasu, debes ser fuerte. Su seguridad está en juego, no puedes ponerlo en peligro.
Al ver que yo no respondía, el mocoso astuto utilizó la carta de la tortura. Se cubrió sus ojos con su antebrazo, antes de comenzar a emitir pequeños sollozos dejando correr un par de lágrimas de cocodrilo.
-Solo por esta noche –Dije rápidamente para que deje de llorar.
El muy desgraciado dejó de llorar instantáneamente y, aferrándose a su compañero sin vida, ingresó corriendo a mi habitación.
Suspiré vencida y cerré la puerta.
Cuando me di vuelta, él ya estaba arriba de la cama y me miraba tapado hasta la nariz, abajo del edredón. Claramente estaba escondiendo una sonrisa de triunfador.
-Ahora duérmete ¿si? –Dije mientras me sentaba en la silla de mi escritorio, me pondría a leer alguno de mis libros.
-¿No vas a dormir conmigo? –Me preguntó con cara preocupada.
-Sólo duérmete. Yo me quedaré aquí y vigilaré que no tengas más pesadillas.
Él pequeño Uchiha dudó un poco, claramente sin estar totalmente convencido de mi plan. Intenté sacarle interés al asunto y me puse a leer mi libro con una pequeña luz en mi escritorio, ignorándolo para que se aburra y cierre los ojos de una vez.
…
-Nee-san –Pero claro que no iba a dormirse así como así- ¿puedes contarme una historia? Mamá siempre me cuenta historias cuando tengo pesadillas así puedo dormir.
Suspiré cansada, estaba muerta de sueño. Me acerqué a la cama y me semi-recosté a su lado, mientras él se acomodaba mejor entre las sabanas.
-Yo no sé contar historias Rokuro-kun.
-Papá tampoco sabe contar cuentos… -Tomó mi mano izquierda y comenzó a observarla detalladamente- Nee-san ¿por qué tienes dibujado todo el brazo?
Ya me estaba preguntando cuánto tardaría en venir esa pregunta. Hace ya varios días venía tomándolo por sorpresa mientras observaba detenidamente los tatuajes de mi brazo.
¿Qué podría decirle para que lo comprendiera? Tenía solo 3 años.
-¿Recuerdas cuando me hiciste un dibujo cuando estuve enferma y yo lo colgué en la pared porque te dije que quería verlo siempre para sentirme mejor? –El asintió con una sonrisa, orgulloso que me acuerde de su dibujo- Bueno, esto es parecido… Son dibujos que quiero llevar conmigo a cada lugar que vaya.
-¡Aaah! –Exclamó dándome la pauta que había comprendido… mas o menos- Entonces mañana voy a hacerte otro dibujo así te lo puedes pegar en el brazo para acordarte de mi siempre nee-san.
No pude evitar una sonrisa y un calor en el pecho al escuchar esas palabras. Seguramente no era consciente de lo que significaban sus palabras para mí.
-Créeme, no necesito un tatuaje para acordarme de ti siempre –Respondí mientras volvía sus cabellos y él reía.
-¿Yo también puedo hacerme uno? –Preguntó entusiasmado, sentándose de repente y mirándome ilusionado.
-Mmmm… tal vez, cuando seas mayor –Lo tranquilicé arropándolo de nuevo- Pero por ahora tienes que cerrar los ojos y dormir Rokuro-kun.
Cerró los ojos y yo lo imité, así tal vez se dormía de una vez.
…
-Nee-san
Suspiré profundamente, armándome de paciencia.
-¿Qué?
-¿Dónde esta tu mamá?
Abrí los ojos de repente, ¿a que iba esa pregunta ahora? Definitivamente no esperaba eso.
-¿Por qué preguntas eso?
-Es que antes que vengas a vivir con nosotros, papá nos dijo que tú eras nuestra hermana y que él era tu papá pero que mi mamá no era tu mamá, entonces ¿dónde esta la tuya?
Tragué en seco, no tenía idea que responderle. Era una buena pregunta, definitivamente era mucho mas inteligente de lo que pensé. Vaya a saber uno qué otras conclusiones tendrá adentro de esa cabecita rosada suya que trabaja a mil por hora.
Me acomodé de lado, mirándolo y vi que tenía esa mirada curiosa que no desaparecería hasta tener una respuesta que lo satisfaga.
-Yo no tengo mamá –Le dije suavemente.
-¡Claro que si! Todos tienen una mamá.
-Pues… yo no.
El frunció el ceño y se quedó mirando al techo pensativo.
Dios mío, ya basta de preguntas así por favor.
Luego de unos minutos pensando, se acercó a mí y me rodeó el cuello con sus dos bracitos.
-No estés triste –Me dijo mientras me apretujaba- Yo te presto a mi mamá.
Sentí como algo adentro mío se rompía.
-¿P-por qué piensas que estoy triste?
-Porque si yo no tuviera a mi mamá estaría muy triste.
Volvió a acostarse luego de separarse de mí, y me miró con esos dos faroles verdes.
-Escúchame, yo no estoy triste… ¿y sabes por qué? –Él sacudió su cabeza en señal negativa- Porque estar con ustedes todos los días, me hace feliz.
-¿De verdad?
Yo asentí y me recosté nuevamente a su lado.
Cerré mis ojos, y analicé las palabras que habían salido de mi boca hace segundos. Solo habían salido, ni siquiera fui conciente de lo que dije. En mi desesperación por querer contestarle al pequeño no me di cuenta la gran verdad que había salido de mi boca.
¿Yo era feliz?
Miré de reojo al enano a mi lado, que soñoliento entrecerraba los ojos abrazado a su oso de peluche.
Claro, ellos me hacían feliz.
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-Ya! Sasuke-kun! –Dijo entre risas mi esposa en mi oído- Se nos hará tarde.
Yo solo atiné a gruñir mientras seguía besándole el cuello, y pasaba mis manos por su cuerpo desnudo a mi merced. Ella, atrapada entre la pared de cerámica y mi propio cuerpo, intentaba safarse de mi agarre con unos leves empujones en mis hombros.
Claramente, muchas ganas de librarse de mi agarre no tenía.
-¿No has tenido suficiente ya? –Siguió ella mientras atrapaba mi rostro entre sus manos y me besaba nuevamente.
La tomé del trasero y la levanté fácilmente, haciéndola envolver sus piernas en mi cintura. Pero en medio del beso, y pareciendo una sucia jugarreta de destino, el agua que caía sobre nosotros de repente pasó de ser caliente a ser malditamente helada lo que nos hizo pegar un salto y alejarnos de la ducha.
Entre las risas de Sakura, la apoyé en la pared más alejada del agua y seguí atacando su cuello.
-Nos acabamos toda el agua caliente Sasuke-kun –Murmuró entre risas mientras atrapaba nuevamente mi cara haciendo que la mire- Creo que es una señal que ya fue suficiente por hoy.
Me dio un casto beso y estiró sus piernas haciendo que la baje mientras yo soltaba un bufido de protesta, dando por finalizada la sesión de sexo matinal en la ducha. Salió rápidamente para que no pueda atraparla de nuevo y comenzó a secarse con una toalla para dirigirse a la habitación, pero no sin antes llevarse una palmada mía en su trasero por tener el culo más bello del mundo.
Decidí quedarme unos segundos bajo el agua fría, como para calmar mis impulsos y poder comenzar el día sin una nueva erección que dolía. Intenté enjuagarme los restos de jabón que habían quedado por mi cuerpo y me lavé el cabello rápidamente.
Al terminar me envolví con una toalla y me decidí por afeitarme hoy.
Diez minutos después entré nuevamente a la habitación pero Sakura ya no estaba allí, seguramente había bajado para hacer el desayuno y despertar a los chicos.
Me cambie tranquilamente para comenzar el día pero cuando estaba acabando, poniéndome la camiseta sentí que mi mujer subía rápidamente por las escaleras. No me dio buena espina.
Abrió la puerta de un golpe y vi la preocupación en su rostro.
-No encuentro a Rokuro.
Esas son las frases que hacen que a uno se le pare el corazón de un golpe. Me levanté de un tirón y ambos bajamos las escaleras casi en un suspiro.
-No está en ninguna de las habitaciones de los chicos, ni en el patio, ni en tu despacho, ni en la sala.
-Buscaré en las habitaciones de huéspedes, tu ve a ver el campo de entrenamiento y en las catacumbas –Le dije y ambos nos separamos.
Dos minutos después había revisado cada habitación de la casa y no había ni rastro de él. En el transcurso, mi mente ya comenzaba a imaginar un millón de cosas que lo podrían haber sucedido.
Me dirigí a las habitaciones de los chicos y revisé nuevamente en todas, silenciosamente para no despertarlos, pero no estaba en ninguna. Al cerrar la puerta del último cuarto, miré a mi izquierda y vi el pasillo que llevaba a la habitación de Amaterasu.
¿Será posible?
Caminé el pasillo sigilosamente y apoyé mi oído en la puerta de la habitación intentando escuchar algo. Agudicé mi sentido y al instante pude sentir dentro dos respiraciones acompasadas y tranquilas.
Literalmente el alma me volvió al cuerpo y solté un pequeño suspiro como si hubiera estado sosteniendo mi respiración por los últimos minutos.
Solo para asegurarme, abrí lo más sigilosamente posible la puerta y asomé mi rostro para ver dentro. Afilé mi vista y allí estaban ambos.
Rokuro entre las sábanas estaba durmiendo pacíficamente con su peluche preferido a su lado. Pero Amaterasu estaba sentada en el suelo a un lado de la cama, apoyando sus brazos sobre la misma y su cabeza sobre ellos. ¿Acaso se había quedado dormida vigilándolo? O eso parecía…
No podía dejarla seguir durmiendo así, así que me adentré en la habitación y me acerqué a ellos. Vi el rostro de Amaterasu mientras dormía y una amargura me invadió de repente. No parecía estar durmiendo tranquila, es más, su rostro era serio y hasta parecía estar soñando con algo para nada placentero porque a veces sus facciones se endurecían en una mueca dolorosa.
Mi pobre niña…
Estuve tentado a apoyar mi mano en su cabeza para intentar acallar su pesadilla pero al instante recordé su aprensión a que la toquen sin su consentimiento.
-Amaterasu –Susurré mientras me acuclillaba cerca de ella para despertarla- Oye…
Al instante irguió su cabeza con los ojos muy abiertos, me miró sorprendida y miró a la cama asegurándose que el pelirrosa siguiera allí.
-¿Qué hora es? –Murmuró mientras pasaba sus manos sobre su rostro para espabilar.
-Muy temprano –Le respondí mientras me paraba y me acercaba al pequeño diablo ocupa camas- Perdona por esto.
Ella se irguió y lo miró divertida.
-No es problema –Me dijo, seguramente mintiéndome.
Claro que era problema, había dormido en una posición totalmente incómoda solo porque mi hijo era un malcriado que no quería dormir solo. Tomé al pequeño entre mis brazos, dispuesto a llevármelo, mientras seguía durmiendo como si nada pasara.
-Duerme un poco más, es temprano aún –Le aconsejé mientras me llevaba al pequeño.
Cerré la puerta tras de mí y vi a una alterada Sakura asomarse por el pasillo. Cuando divisó el niño entre mis brazos con su cabeza apoyada en mi hombro durmiendo pacíficamente, soltó un suspiro llevándose una mano al pecho y recostándose contra la pared, intentando tranquilizarse.
Había sido una mañana bastante agitada… Y con el sonido de golpes en la puerta principal, tuve el presentimiento que seguiría así.
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Me tiré nuevamente agua fría en el rostro para intentar espabilarme, y mirándome al espejo, solo confirmé mi pensamiento. Mi rostro era el de un zombie más o menos.
Otra noche sin dormir, pensé.
Resignada salí de mi habitación y me dirigí a la cocina. Ya eran las nueve y media de la mañana así que seguramente ya todos se habrían ido.
Allí estaba Sakura como acostumbraba a esta hora ordenando todo lo utilizado en el desayuno.
-¡Buen día Ama-chan! –Me dijo alegremente mientras, secándose las manos, se acercaba a mí para tomar las mías- Primero que nada quiero pedirte disculpas por Rokuro-kun, está siendo imposible con esto de dormir en su cama, lamento que te haya ido a molestar a ti.
-No te preocupes, no ha sido nada –Contesté intentando ponerle mi mejor cara de nada.
-Para compensarte te he hecho tu café favorito.
Me sirvió una taza y me la entregó con una sonrisa de disculpa.
-Ah, y Sasuke-kun me dijo que cuando despiertes vayas hasta su despacho –Agregó volviendo a sus tareas- Puedes llevar el café si quieres.
Yo asentí y me dirigí con mi taza hacia donde me dijo la pelirrosa. Al llegar toqué la puerta dos veces y sentí el "pase" de mi padre desde adentro, como señal para entrar.
-Siéntate Amaterasu –Dijo él serio sentado detrás de su escritorio y señalándome una silla delante del mismo. Hice lo indicado y esperé a que hable.
El Uchiha mayor, dejó los papeles que estaba revisando cuando yo entré y recostó su espalda en su sillón mirándome.
-Hoy temprano me llegó un mensaje de Naruto importante, que debemos discutir –Suspiró y se irguió en su silla apoyando sus codos en el escritorio sin dejar de mirarme. Yo tragué en seco y se me erizaron los bellos esperando lo peor y dejé mi taza de café apoyada sobre la madera- Recibió noticias de la Aldea de la Roca y básicamente dice que el juicio de por allá ya comenzó pero que requieren tu presencia para que testifiques. Como ya sabemos que tú no quieres volver allá, estuvo contactándose con la Tsuchikage, que es una vieja conocida nuestra de la cuarta guerra y pudieron llegar a un acuerdo. Ellos mandarán a un par de representantes oficiales de la Aldea y tomarán tu testimonio aquí mismo en la Aldea. ¿Qué te parece?
Me quedé de piedra. No pude mirarlo, desde que comenzó a hablar del tema me puse a observar con detenimiento el piso del despacho para que no pueda identificar lo que seguramente mis ojos mostraban.
En mi mente empecé a imaginar tantos escenarios que no llegaba a caer en cuenta de todos ellos. ¿Yo teniendo que contarle a un completo extraño cosas sobre mi pasado? ¿Sobre todo lo que había sucedido en el recinto? ¿Sobre mi padre? ¿Sobre los castigos? ¿Sobre el sufrimiento y las matanzas y todo lo demás?...
Sentí como subía la bilis a mi garganta quemándome por dentro y me sentí fatal. Todos los recuerdos de mi pasado estaban regresando produciéndome taquicardia.
-¿Amaterasu? –Llamó mi atención Sasuke a mi lado, no me di cuenta cuando se había parado y se había dirigido hacia mí.
-¿Cuándo será eso? –Pregunté intentando alejar mi mente la oscuridad que quería inundarme.
-En cuatro días, tal vez cinco –Respondió mirándome preocupado, y luego de un pequeño silencio continuó- Mira, yo sé que es difícil para ti pero sabes que…
-Okey –Lo interrumpí de repente. No podía hacer esto, no ahora- Lo haré y ya.
Diciendo eso rápidamente me puse de pie y me dirigí hacia la puerta. Necesitaba salir de allí, me sentía asfixiada.
-Espera Amaterasu, hablemos de esto –Intentó el pelinegro antes que yo saliera de allí.
-Saldré a correr un poco –Sentencié y escapando de allí, me dirigí hacia la puerta principal sin mediar palabras con nadie más.
Necesitaba calmarme, necesitaba distraer mi mente de esa oscuridad, necesitaba aire fresco; así que comencé a correr hacia las puertas de Konoha con mi capucha puesta al ritmo exacto que necesitaba para hacerme trabajar la respiración y calentar mis músculos.
Por suerte esa mañana entraba y salía mucha gente de la Aldea así que pude pasar desapercibida por los guardias de la puerta y salir hacia el bosque. Una vez resguardada por los árboles y demás, comencé a acelerar el ritmo de mis piernas hasta mi límite.
Necesitaba canalizar toda esa ansiedad, todo esto que estaba sintiendo, en mi propio cuerpo. Correría hasta desgastarme tanto que no me quedaría un ápice de ganas ni de pensar. Correría hasta dejar atrás los nervios. Correría hasta tomar toda esa oscuridad que amenazaba con asfixiarme y ocultarla en lo más profundo de mi inconsciente. No permitiría que me invada de nuevo. No de nuevo.
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Tres horas había pasado corriendo en círculos y ahora me encontraba tirada en medio de un claro en el pasto intentando recuperar el aliento. No sentía las piernas y me costaba respirar.
Fue una buena carrera. Lo único que podía pensar ahora era en seguir respirando porque si no iba a morir.
El cielo parecía especialmente bello hoy, la primavera se había adelantado porque con el sol del mediodía hasta estaba transpirando del calor que emanaba.
Me senté torpemente y me saqué la sudadera quedándome con el top rosado que Sakura había comprado para mí anteriormente y una calza que me llegaba hasta la mitad de la pantorrilla. Vi en mi pierna derecha como estaba pegado el símbolo Uchiha en el muslo y lo acaricié con la yema de mis dedos aún con la respiración entrecortada.
Pero decidí que aún no era suficiente.
Me levanté, me acerqué al árbol más cercano y salté hasta colgarme de mis manos de una de sus ramas más gruesas –lo suficiente para aguantar mi peso. Haciendo uso de la fuerza de mis brazos los flexioné para acercar mi cuerpo a la rama, mientras flexionaba al mismo tiempo mis rodillas y me colgaba con las mismas de la rama. Solté mis manos y quedé colgada solo de mis piernas.
Me quedé un momento así mirando el mundo al revés todavía con el pulso algo agitado, apoyé mis brazos en mi pecho y entonces comencé a levantar el peso de mi cuerpo hasta tocar mis rodillas haciendo fuerza con los abdominales, para luego bajar y comenzar de nuevo.
Concentré mi mente solamente en contar cada abdominal que hacía, sin querer pensar en nada más.
Luego de un tiempo ya había hecho más de quinientos y comenzaba a hacer mella en mis músculos el cansancio, pero no paré. Debía continuar. Los haría más lentos pero serviría para concentrarme en el dolor del ejercicio y no en otro tipo de dolor que empañaba mi alma.
-Quinientos setenta y tres –Susurré dificultosamente mientras subía y bajaba otra vez. Suspiré y miré cansada hacia el claro vacío mientras tomaba un descanso de unos segundos.
Debo hacerlo. Puse mis manos en mi pecho y nuevamente subí lentamente mi torso y mi cabeza hasta acercarlos a mis piernas.
–Quinientos setenta y cuatro –Susurré sosteniéndome allí arriba por unos segundos para luego dejar caer controladamente mi peso de nuevo. Pero esta vez el claro ya no estaba vacío.
Vi a unos pasos de mí una alborotada cabellera rubia mirándome extrañado. Aun viéndolo de cabeza pude reconocer a Bolt inmediatamente, y no supe si lo que sentí en mi estómago era el dolor por el ejercicio u otra cosa.
-¿Estas de coña verdad? –Dijo extrañado mirándome- ¿Quinientos setenta abdominales?
Yo solo atiné a poner los ojos en blanco, acerqué mis manos a la rama para, de un rápido movimiento, quedar sentada en la misma.
-Tú sí que estás loca –Dijo con una sonrisa, sorprendido.
-¿Qué quieres? –Dije secamente con la respiración entrecortada sintiendo como la transpiración corría por mi cuerpo.
Me quedó mirando por un momento algo ido, y luego pareció volver en sí.
-Solo pasaba por aquí y te encontré de casualidad –Dijo tranquilamente llevando sus manos a su nuca en su gesto ya familiar para mí- No quise interrumpirte, de veras.
Lo quedé mirando extrañada. ¿Enserio iba a hacer como si nada hubiese pasado entre nosotros la noche anterior?
-Igual ya me iba –Sentencié, bajándome de un salto del árbol y buscando mi sudadera tirada a un lado.
El me acompañó con la mirada mientras yo hacía, claramente nervioso porque no dejaba de jugar con sus dedos. Comencé a caminar nuevamente hacia el bosque para volver pero me detuvo.
-¡Espera! Amaterasu-chan, y-yo… ne-necesito decirte algo –Habló hacia mi tartamudeando como acostumbraba y me miraba tímido. Yo paré mi andar, pero no lo miré- Es sobre anoche. Y-yo me dejé llevar y… actué impulsivamente, tal vez. Lo que quiero decir es que, quiero disculparme contigo. No quise arruinar la noche ni nada.
Me di vuelta y lo encaré, me miraba sincero y decidido con esos ojos azules de siempre, tan genuinos que me derrumbaban.
Y por más que quise alejarme de su presencia, no tuve la fuerza para hacerlo.
-No te disculpes, yo soy la que arruina todo –Dije vencida sentándome y apoyando mi espalda en la corteza del árbol detrás mío.
-A pesar de mi disculpa también quiero que sepas otra cosa –Continuó el rubio sentándose a mi lado a una distancia prudente, pero también apoyándose en el árbol- Todo lo que te dije era verdad, y quiero que lo tengas presente.
Pasé mi mirada del césped hacia su rostro y vi su mirada tan sincera que me sentí derrotada. Sus palabras me calaban hondo por más que las luchara y no sabía por qué. Sentí el mismo impulso que tuve anoche de acercarme y contagiarme de ese calor que emanaba su presencia, pero me detuve. No podía hacerle eso a él. No a una persona como él.
-Y-yo se que tal vez estés sorprendida, es decir, yo también lo estoy. N-no lo digo por ti, sino porque… -Ahora dirigió su mirada hacia el cielo, suspirando, también pareciendo resignado- … a veces me veo a mi mismo y me digo "Bolt eres un completo idiota, ¿cómo a alguien como ella podría gustarle alguien como tú?" y luego me golpeo mentalmente por lo imposible que suena eso, de veras.
¿Enserio acababa de decir eso? Mi corazón comenzó a latir desbocado y tragué en seco.
-Tú eres alguien tan bonita y especial, y yo soy tan yo, o sea, tan torpe y hablo todo del tiempo de gillipolleces y…
No pude parar mi impulso, en verdad no pude. Sin dejarlo terminar me acerqué rápidamente a él y callé esa bocaza suya con mis propios labios de un suspiro.
Cuando pensaba en él como un idiota, yo nunca hubiera sabido que en realidad lo era hasta que dijo esto último. ¿Enserio pensaba así de mi?
Nos quedamos estáticos unos segundos solo sintiendo el roce tímido de mis labios contra los suyos, para luego separarnos unos centímetros y mirarlo a los ojos.
-No digas esas cosas, idiota –Susurré cerca de su rostro, disfrutando el hecho de tener esos ojazos suyos a solo unos centímetros de los míos, dejando que el azul me envuelva.
Nos miramos por unos segundos más sorprendidos por lo que acababa de pasar. Pero al instante nuestros cuerpos reaccionaron instintivamente y se acercaron el uno al otro, sellando nuevamente nuestros labios.
Él rubio llevó sus manos a mi cintura, pegándome más hacia sí, mientras yo rodee su cuello con mis brazos. Nuestros labios comenzaron a danzar desesperados entre ellos, como intentando borrar el rastro de frustración por no haberse conocido nunca antes, para luego dejar unirse nuestras lenguas a la danza, primero tímidas pero luego encontrando el ritmo adecuado para saborearse entre ellas.
En la desesperación por sentirnos más cerca uno del otro él me arrastró y me sentó en su regazo, haciendo que mis piernas quedaran una a cada lado de su cadera. Mientras, yo aproveché y llevé mis manos a su nuca, sintiendo –y confirmando- la suavidad de su rubio cabello en esa zona que siempre andaba tocándose el mismo.
Sabía que debía parar, pero no me importaba. Hacia tanto tiempo que no sentía este fuego quemándome por dentro que lo necesitaba. Y el roce de sus grandes y firmes manos en mi cintura desnuda gracias al corto top que llevaba, no hacían más que incrementar ese calor dentro de mí. Había una electricidad entre los dos que nos animaba a seguir.
Luego de unos momentos disfrutando de nuestro intenso beso, el me tomó ahora el rostro y separó nuestras bocas unos centímetros, aunque aun podíamos sentir el aliento agitado del otro rozar nuestros labios. Nos miramos unos segundos, intentando caer en cuenta de lo que estábamos haciendo e intentando procesar este torbellino de sensaciones que nos transmitíamos.
Con su pulgar acarició mi mejilla tiernamente, sin poder despegar nuestras miradas. Pero por un segundo volví a la realidad.
-Bolt, no podemos hacer esto –Murmuré sin poder separarme aún de él y el calor que emanaba su cuerpo sobre el mío.
-Bueno… ya lo hicimos –Dijo con una sonrisa tan bella que casi me noquea.
Y la verdad… es que me era imposible no querer darle un beso cada vez que sonreía. Así que solo lo hice. Por primera vez en mi vida hacía algo sin pensar. Y mierda que se sentía bien.
Comenzaba nuevamente a aumentar la intensidad de nuestro beso, pero yo no podía conmigo misma.
-Yo no soy la persona para ti Bolt –Dije, entre besos, manos y lenguas.
-A mi me parece que encajamos de puta madre –Respondió entrecortado nuevamente implacable mientras me atraía más hacia él y me callaba para seguir besándome.
-T-tu no me conoces –Intenté de nuevo mientras él bajaba sus labios hasta mi cuello.
-Ya tendremos tiempo para eso –Retrucó mientras repartía besos desde mi oreja hasta mi clavícula.
No lo resistí más. Lo empujé un poco para que vuelva a mirarme y vea de lo que hablo.
-Hablo enserio Bolt, no podemos hacer esto porque no tienes idea de quién soy yo –Le dije clavando mi oscura mirada en sus lagunas azules- Y te aseguro, que no quieres saberlo tampoco.
El me miró sin entender por unos segundos. Y yo preferí que siga siendo así, el no debía saberlo. No debía conocer al monstruo. Demasiado tengo con mi padre, no quiero destruir otra vida.
-Lo siento –Susurré y me levanté, para tomar mi sudadera olvidada y encarar rápidamente hacia el bosque sin mirar atrás.
No me atrevía a mirarlo a los ojos de nuevo, porque sabía que no podía sentir el peso de su mirada sobre mí y saber que podría borrar todo lo bueno de él con solo el atisbo de mi pasado.
Y así huí de allí. Con esa sensación desconcertante que te agarra cuando sabes que lo que acabas de hacer es algo que quedará grabado en su mente y en tu cuerpo el resto de tu vida.
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