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¿If I got locked away
And we lost it all today
Tell me honestly
Would you still love me the same?
¿If I showed you my flaws
If I couldn't be strong
Tell me honestly
Would you still love me the same?
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Normal
Golpee nuevamente el oponente sin vida frente a mí.
¡Diablos! ¿Qué mierda había hecho? ¿Acaso no tenía suficientes problemas ya?
Me senté frustrada en el piso del campo de entrenamiento de la mansión Uchiha y me apoyé contra el tronco de madera que era mi adversario desde hace unos minutos.
¿Por qué mierda lo había besado? ¿En qué estaba pensando?
Toqué mis labios y hasta pude sentir realmente el calor de sus labios contra los míos, era una sensación tan reconfortante. Todo él me era reconfortante, su sonrisa, sus bromas idiotas, su mirada, la forma en que me tomaba de la cintura, todo, ¡todo! Y yo allí como una idiota, cayendo ante él como una niñata enamorada de 15 años.
Tenía tantas cosas en la cabeza que sentía iba a estallar. Gracias a Kami al volver a la mansión Sasuke ya se había ido a la Torre del Hokage y no tuve que encontrármelo para darle explicaciones y esas bolas.
No quería hablar con nadie, solo quería que ese maldito dolor de cabeza pare.
Suspiré rendida y cerré mis ojos.
Me lo merecía, yo misma me había buscado todo. Yo misma había dejado a Bolt acercarse tanto a mí, yo misma lo besé, yo misma le oculté a mi padre toda mi verdad por tanto tiempo que ahora sería descubierta de un día para otro.
Nunca me había sentido tan desconcertada en mi vida. ¿Qué iba a hacer ahora? Todo lo que podría hacer mal, lo hice.
Tal vez, Eita tenía razón al final sobre mí. Tal vez mi vida si era una total desgracia que no servía para nada.
Escuché la puerta del campo abrirse y apareció por allí la última persona del mundo que deseaba en este momento.
Kenta se asomaba por la puerta y me miraba con aburrimiento analizándome.
No nos habíamos cruzado desde nuestra discusión hace días atrás y la verdad que no tenía ganas de aguantármelo. Pero para mi sorpresa, en vez de cerrar la puerta e irse por donde salió, entró tranquilamente al campo totalmente indiferente a mi presencia. Se acercó hacia donde guardábamos el armamento, dejó sus cosas, tomó una katana de la pared y un par de herramientas ninja más. Fue hasta el medio del campo y comenzó a entrenar tranquilamente, haciendo caso omiso a mí presencia.
Yo me relajé y cerré los ojos de nuevo. Perfecto. Si desde ahora íbamos a ignorarnos sería más fácil la vida por aquí. Se lo agradecí mentalmente.
Luego de unos minutos me puse de pie y haciendo caso omiso a su persona también, me acerqué a donde estaban mis cosas, las tomé y encaré hacia la puerta.
Pero sucedió algo totalmente inesperado. Sentí como su movimiento cesó detrás de mí y se hizo silencio en el campo. Me di vuelta para ver de qué iba y estaba mirándome seriamente con la respiración algo entrecortada por su ejercicio.
¿Qué estaba tramando?
Alzó del suelo la katana que había tomado de la pared y la estiró hacia mí.
-¿Entrenas? –Dijo secamente, mirándome desafiante.
¿Qué? ¿Cómo? ¿Me estaba hablando a mí? ¿El niñato malcriado arrogante primogénito de la familia Uchiha estaba dirigiéndose a mí?
-¿Contigo? –Pregunto extrañada, devolviéndole la mirada.
El alzó una ceja, como señalando lo obvio.
No sé si sería una buena idea, pero sinceramente me moría de ganas de romperle el trasero. Me divertiría un poco con él.
Dejé mis cosas a un costado y fui a escoger alguna de las katanas, escogiendo una larga de doble filo que me hacía recordar a la que yo solía utilizar. Con una media sonrisa me dirigí también hacia el centro del campo, a unos metros de él, mientras me miraba con la misma sonrisa en su cara de capullo.
Sabía lo que estaba haciendo. ¿Quieres que canalicemos el odio que nos tenemos en un enfrentamiento de katanas disfrazado como entrenamiento? Bueno, que así sea.
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Entré en la mansión temprano esa tarde. Por suerte el papeleo de hoy fue ligero y Kiba nos fue a dar una mano con las asignaciones de las misiones de hoy.
Extrañamente todo estaba demasiado pacifico por allí, solo la encontré a Sakura leyendo un libro tranquilamente en el sofá de la sala. ¿Ningún niño revoloteando por allí, ni recibiéndome? Eso era nuevo.
-¿A qué se debe la paz de esta tarde? –Le pregunté a mi esposa mientras dejaba mis cosas en el armario de la entrada y me sacaba los zapatos.
-Están en el campo de entrenamiento.
-¿Los seis? –Continué extrañado.
-Los siete –Me respondió con una pequeña sonrisa sobre su libro.
¿Amaterasu también estaba allí, con Kenta bajo el mismo techo? Tenía que ver eso. Salí hacia el jardín rápidamente, para luego dirigirme hacia donde se encontraban mis hijos reunidos; y sinceramente al entrar me asusté un poco.
Kenta y Amaterasu estaban en medio de una muy –demasiado para mi gusto- intensa batalla de katanas, ambos con la respiración agitada y llenos de tierra, signos de haber estado en esto hace tiempo. Mis otros cinco hijos estaban a un lado, sentados mirando la batalla como si se tratara de un espectáculo.
Los dos primeros ni siquiera repararon en mi presencia y siguieron luchando como si yo no me encontrara allí. ¿Qué creen que hacían? Me acerqué hacia "el púbico", para intentar entender de qué iba todo esto.
-¿Qué está sucediendo? –Pregunto a Daisuke, el que tenía más cerca.
-¡Papá córrete que no veo! –Exclamó hacia mi Souta, haciéndome ademanes para que me haga a un lado.
-¡Dale fuerte Ama-neesan! –Gritó entonces Rokuro, sentado en el regazo de Daiki, animando a su hermana.
-Están entrenando –Me explicó Daisuke tranquilamente- Ya llevan así como una hora.
-Tal vez más, cuando nosotros llegamos ya llevaban un tiempo –Ahora dijo su mellizo, Daiki.
Los observé de nuevo, ambos agitados pero sin apaciguar el ritmo. Era claro que ninguno quería dar el brazo a torcer. Estaba seguro que eso no podía ser un entrenamiento normal, la intensidad con la que chocaban las katanas, la rapidez con la que se movían y la sensación que podía sentirse en el ambiente era agobiadora. Sus miradas no denotaban más que concentración, no podía leer en ellas nada más que eso.
Me daba mala espina todo aquello, pero no estaba seguro si debería intervenir. ¿Era una buena idea que resuelvan sus problemas de esta manera? ¿O solo sería una manera de alimentar el enfrentamiento que había entre ellos? Realmente no sabía qué hacer.
-¡Cuida tu izquierda Kenta! ¡La izquierda! –Se alzó la voz de Daisuke entre el sonido de la batalla, aconsejando a su hermano.
Llevé mi atención a mi hijo mayor, luego que por un empujón de la katana de Amaterasu sobre la suya, sea arrastrado hacia atrás levantando tierra con él. Lo analicé mientras el mismo retomaba el aire, estaba claramente exhausto, solo lo veía así de cansado cuando entraba conmigo. Tenía la guardia alta y la respiración enloquecida, sus manos temblaban casi imperceptiblemente y vi como ponía el peso de su cuerpo en su pierna derecha, señal que seguramente su izquierda estaba lastimada de alguna manera.
Luego analicé a Amaterasu, visiblemente mucho mejor de aspecto que su medio hermano. Su respiración era algo más tranquila y controlada pero aún un poco agitada, sus manos firmes empuñando la katana sin titubear con una posición segura y serena. Se notaba que estaba luchando hace un par de horas, pero no dejaba ver señal de debilidad o de cansancio más de lo necesario, tenía un autocontrol increíble y me sorprendí. Para hacerle frente a mi hijo mayor en un enfrentamiento con katanas –en el cual él era experto- y tener ese aspecto de tranquilidad, no era nada fácil… Tal vez estuve subestimándola todo este tiempo, debe ser mucho mejor ninja de lo que imaginé.
Luego de esos pocos segundos de paz, Amaterasu en un instante apareció a la derecha de Kenta haciéndolo apoyarse de repente en su pierna herida para defenderse con su katana. El plan de ella era claro y funcionó porque el repentino ataque hizo que el pelinegro se debilite por un momento cayendo al piso por el impulso; oportunidad que aprovechó la kunoichi para hacer que la katana de su oponente salga volando fuera de su alcance, y que el mismo quede entre el suelo y su propia katana amenazante de poder cortarle el cuello en un segundo.
Claro que todo esto pasó tan rápido que solo yo y tal vez alguno de mis mellizos mayores pudieron verlo. Todo lo que vieron los pequeños fue que de un instante a otro Amaterasu tenía a Kenta atrapado contra el suelo con la katana de ella al cuello de su hermano, y la katana del último clavada lejos.
El polvo se dispersó, dejando solo esa imagen de los dos ninjas y sus respiraciones agitadas, con nuestros seis pares de ojos atentos a ellos.
Amaterasu entonces alejó su katana del cuello del pelinegro mayor y se irguió, estirando una mano hacia él para ayudarlo a levantarse. Kenta la miró unos segundos ofendido pero al final desistió y tomó su mano para levantarse, sabiendo que yo lo estaba observando atentamente.
El público a mi lado comenzó a aplaudir de repente y a gritar ovaciones mientras se acercaban a ellos rápidamente. Daiki les alcanzó un par de botellas de agua y los pequeños comenzaron a hablar a los gritos de lo genial que había estado el entrenamiento.
Yo solo me los quedé observando de lejos desde mi sitio. Tal vez si era un entrenamiento amistoso… o tal vez no tan amistoso, pero terminó bastante bien para lo que me había imaginado. En mi mente había sangre, golpes y gritos, pero no era nada de eso, solamente hablaban con sus hermanos tranquilamente mientras recuperaban el aliento. Claro, entre ellos dos no se dirigieron la palabra pero estaban bastante pacíficos.
¿Acaso era posible que ellos se lleven bien algún día?
Tal vez tendría que confiar un poco más en ellos, debía darles más crédito a mis hijos de que podían resolver sus problemas solos. Después de todo, ya no eran unos niños.
Después de todo, ¡eran mis hijos! Los conocía y sabía que eran ambos buenas personas, así que debía tranquilizarme un poco. Tal vez Sakura tenía razón, solo debía darles tiempo a acostumbrarse el uno al otro.
Encaré hacia la puerta y me decidí dejarlos hacer, no me necesitaban allí.
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Continué cepillando mi largo cabello, húmedo luego de la ducha, y me miré al espejo satisfecha. Estaba hecha papilla de todo el ejercicio que había hecho hoy, teniendo como broche de oro ese enfrentamiento con Kenta –el cual obviamente había ganado yo.
Por más que le duela a mi ego como ninja, tenía que aceptar que el niñato tenía buen estado. Aunque creo que nunca olvidaré su cara de derrota cuando tenía mi katana en su cuello. Satisfacción plena. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para no reírme en su cara, y parecer una buena ganadora frente a los más pequeños y frente a Sasuke que había aparecido ya al final.
¡Já! Guárdate el orgullo donde te quepa ahora, capullo arrogante.
Sentí mis tripas crujir y recordé que no había probado bocado en todo el día, así que me dirigí a la cocina. Encontré gratamente un pedazo de pastel de chocolate que había sobrado seguramente del desayuno de hoy y le di un mordisco gigante.
Sakura realmente era buena cocinera.
Me dirigí nuevamente al pasillo interno con intenciones de meterme en mi habitación, pero me lo encontré a Daiki leyendo bajo un pequeño árbol en el jardín interno que rodeaba las habitaciones. Él me sonrió y yo me dirigí hasta donde estaba él, sentándome a unos pasos de él mientras comía mi pastel.
Había aprendido con el tiempo que la silenciosa compañía de Daiki era perfecta para una persona como yo, que aprecia la tranquilidad.
Luego de unos minutos de paz, dejó su lectura y me miró divertido.
-Estoy seguro que disfrutaste ese entrenamiento más de lo que debías –Me dijo con una sonrisa burlona.
-Puede ser… -Respondí sinceramente imitando su sonrisa y recostando mi cabeza sobre mis brazos disfrutando la suavidad del pasto bajo de mí.
-No estuvo mal… además me hiciste ganar tres días de libertad.
-¿Lo hice?
-Ajá, le aposte a Daisuke tres días de quehaceres en la cocina si ganabas tú.
No pude evitar soltar unas carcajadas.
-Además almacenaré su cara de derrota en mi memoria por el resto de mi vida, lo juro –Dijo nuevamente uniéndose a mi risa- Y la cara de sorpresa de papá al descubrir que no se abrieron el cuello mutuamente.
Él volvió a su lectura aún sonriente y yo no pude evitar sentirme un poco nostálgica. Todo esto me había echo olvidar mis verdaderos problemas, y Bolt se hizo presente en mi mente nuevamente.
-Oye… ¿puedo contarte algo? –Le pregunté tímida aún tirada a su lado y mirando al cielo.
Él dejó su lectura y llevó su atención hacia mí, asintiendo. Me mordí el labio. Tal vez el podría ayudarme con esto. Me incorporé y me senté a su lado.
-Promete que no le contarás a nadie –Dije seriamente en un susurro.
-Lo prometo.
Yo suspiré y tomé fuerzas para contarle.
-Esta mañana me encontré con Bolt.
Eso llamó su atención y volvió todo su cuerpo hacia mí.
-¿Y bien?
-Pasó algo malo… o más bien, hice algo malo –Y ante su mirada intrigada, lo confesé- Nos besamos.
Mi hermano se quedó de piedra por unos segundos mirándome aturdido, cuando reaccionó sonrió deliberadamente y me tomó por los hombros claramente feliz.
-¡Por Kami! ¿¡Estas de coña!? ¿¡Y qué más pasó!? ¡Cuéntamelo todo ahora! –Exclamó sonriente mientras me daba pequeños sacudones, hasta que se dio cuenta que yo no sonreía ni compartía su felicidad y me soltó- ¿Por qué lo cuentas como si estuvieras arrepentida?
-Es que no está bien Daiki-kun, simplemente no debió haber pasado. Nunca tendría que haberse acercado a mí en primer lugar –Confesé con pesadez mientras miraba el pasto a mis pies.
El me miró intentando comprender mi dilema.
-Pero ¿por qué dices eso? ¿Es que no te gusta?
-Si claro que me gusta, creo, pero el punto es que… yo no puedo hacer esto Daiki. ¡Literalmente no puedo! Una persona como yo, que ha pasado tantas cosas en su vida como para no poder confiar en nadie, es literalmente imposible tener ningún tipo de relación con nadie y que salga algo bueno de eso.
Estuvimos unos segundos en silencio procesando ambos lo que yo había dicho, me había salido sin pensar y de un tirón.
Interrumpiendo nuestros pensamientos, y antes que Daiki me pueda dar una respuesta, llegó corriendo hacia nosotros un sollozante Rokuro tirándose a los brazos de su hermano.
-¿Qué sucedió Rokuro-kun? ¿Por qué lloras? –Le pregunto dulcemente Daiki mientras Rokuro solo atinó a limpiar las lagrimas de su rostro y mirarlo avergonzado.
-Perdoname nii-chan, ¡no quise hacerlo a propósito! –Dijo entre sollozos lamentándose el pequeño pelirrosa- Solo estaba jugando con él y se cayó, lo atrapé pero ahora está todo rompido ¡y es mi culpa!
-¿De qué hablas? No entiendo pequeño, ya deja de llorar y cuéntame.
El pequeño se tranquilizó un poco y jugando con sus dedos se confesó, volviendo a llorar a lo último de su relato.
-Estaba jugando en el salón con los mellizos y se me rompió tu libro del hospital. El azul que llevas a todos lados, le arranqué un par de hojas ¡Lo siento mucho nii-chan! ¡No quise hacerlo! ¡No te enojes conmigo!
-¿Y por eso tanto escándalo? –Dijo el pelinegro mayor, mirándolo y secando sus lágrimas nuevamente- Escúchame, no pasa nada. Se puede arreglar Rokuro-kun pero ya no llores, ¿de acuerdo?
-Entonces, ¿me perdonas? Porque Souta-niichan me dijo que dejarías de quererme porque arruiné tu libro favorito.
-Sí te perdono, ya tranquilo. Solo ten más cuidado la próxima vez. Ahora ve a jugar de nuevo y ya iré yo también tras de ti.
El pelirrosa se fue nuevamente saltarín con su humor de siempre a seguir jugando, como si nada hubiera pasado.
-¿Sabes Ama-chan? Por más que seamos quienes seamos, a veces hacemos cosas malas, queriendo o no, pero las hacemos al fin. Y pensamos que eso será el fin del mundo, imaginamos que la peor de las situaciones va a sucedernos como consecuencia, y queremos escondernos del resto del mundo porque no queremos que nadie se dé cuenta de nuestros errores… sin saber que, tal vez, lo único que tenemos que hacer es dejar que la persona que tenemos al lado, nos ayude a superarlo y seguir adelante… tal vez, hasta haciéndolo tan fácil como volver a pegar una hoja de un libro –Dijo tranquilamente mirando por donde se había ido anteriormente nuestro pequeño hermano.
Él me sonrió sinceramente, y se levantó para irse por donde Rokuro lo hizo antes, dejándome sola junto a mis pensamientos, que eran un completo desastre.
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Rojo
La misma luna llena de color carmesí entre el cielo nocturno lleno de estrellas.
Sangre
Mis sueños siempre se teñían en ella.
Dolor
La única palabra que podía sentir verdaderamente era aquella, en este preciso momento donde me embarcaba en esa profunda mirada azul que tanta paz me traía. Pero no era la misma que antes, era una mirada azul, vacía, opaca, lo único que se reflejaba en ella era eso.
Dolor
Me miraba y yo no podía moverme. En su mirada encontraba esa desaprobación que siempre supe que iba a encontrar. Miré mis manos bañadas en sangre y observé sin emoción alguna el cuerpo a mi lado sin vida, de donde el liquido provenía. Miré de nuevo esos dos ojos azules que tanta paz me traían. Pero ya no era la misma que antes, ahora me odiaba, me aborrecía, tenía miedo de mí, de mi monstruo.
Había conocido al monstruo en mí, y yo no podía hacer nada más que resignarme.
Yo quise acercar una mano hacia él pero se alejó rápidamente con su mirada azul estupefacta llena de terror.
-No te me acerques, nunca más.
Sentí nuevamente esa sensación dentro de mi tan conocida, ese dolor profundo proveniente de mi alma en pedazos que nada se asemejaba al dolor físico.
-Eres un monstruo, ¡aléjate! –Gritó Bolt, alejándose de mí corriendo y mirándome por última vez con esa mirada azul que tanta paz me traía. Pero ya no era la misma que antes, nunca más lo sería.
Me sobresalté en mi cama con el corazón desbocado y una sensación amarga en la boca. Ese sueño se había pasado. En verdad que se sintió horrible.
Salí apurada de mi cama y abrí las cortinas de un tirón, dejando entrar las primeras luces del día. Me temblaban las manos, y no podía tranquilizarme a pesar de ya haber despertado.
Esa sensación de desesperación y vacío estaban clavadas en mi como una estaca en medio de mi pecho. Y sentí frío, sentí mucho frío.
Me sobresalté nuevamente pero por unos inesperados toques en la puerta, y detrás un "Soy yo Ama-chan" con la voz de Sakura. Exclamé un pequeño "pasa" luego de tomar un par de respiraciones controladas y ella entró cerrando la puerta tras de sí con una sonrisa.
-¡Buenos días! Me alegro que ya estés despierta. Solo quería avisarte que te prepares porque luego de desayunar iremos hasta el centro a comprar algo muy especial –Dijo con una pequeña sonrisa, claramente emocionada por la idea.
Lamentablemente, esta mañana no tenía el humor para seguirle el cuento.
-Yo… no lo sé, estoy un poco cansada hoy -Intenté excusarme.
-¡No aceptaré un no por respuesta! Vamos Ama-chan, será divertido. Por favor acompáñame, onegai –Exclamó juntando sus manos delante de sí, pero sin dejarme responder continuó- Desayunaremos y nos vamos, ponte algo lindo.
Y sin dejarme decir nada más, salió como torbellino de la habitación.
Maldición, no podría safarme de esta.
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-¿Me dices entonces que venimos a comprar? –Dije ya cansada de recorrer las calles del centro de Konoha de aquí para allá sin objetivo alguno, esquivando a la gente que animadamente paseaba.
-Primero nos encontraremos con alguien, que ya deberían llegar –Dijo la pelirrosa a mi lado terminando de tomar su frapuccino mientras caminábamos mirando las tiendas- ¡Ya, cámbiame esa actitud que será muy divertido!
Rodeé los ojos sin que pueda verme, imitándola y llevando el sorbete de mi frapuccino hasta mi boca para terminar de tomar los últimos vestigios del mismo.
-Allí están –Dijo emocionada Sakura, mientras levantaba una mano saludando a lo lejos- ¡Hina-chan!
Vimos a lo lejos dos pelinegras saludando también y yo quería tirarme al pozo más hondo que pueda encontrar. ¿Enserio íbamos a estar toda la mañana con la madre y la hermana de Bolt? Definitivamente, este día no podría empeorar.
Ellas se acercaron y nos saludamos las cuatro, para comenzar a caminar juntas.
-¿No están emocionadas? –Gritó Sakura, colgada del brazo de Hinata, a lo que ambas pelinegras asintieron- Ya falta tan poco para el festival de primavera.
-Estuve esperando este día hace tanto tiempo Tia Sakura –Dijo Himawari a mi lado con una sonrisa.
-¡Lo sé! Yo también Hima-chan.
-¿Y exactamente qué día es hoy? –Pregunté intentando comprender a las tres mujeres.
-Hoy Ama-chan, es el día donde compraremos nuestros vestidos para el festival de primavera que comenzará el próximo sábado –Las Uzumaki asintieron apoyando la emoción de Sakura y yo quise morir por segunda vez.
Lo último que necesitaba hoy era ir de compras.
-¿El próximo sábado? ¿O sea mañana?
Las tres asintieron y siguieron caminando alegres.
Definitivamente lo último que necesitaba era mañana ir a una tonta fiesta.
-¡Llegamos! –Exclamó Sakura dando saltitos cual quinceañera frente a una doble puerta de madera, bordeada de cerámicos con extrañas pinturas en ellos.
-¿Dónde estamos? –Pregunté nuevamente desconcertada.
-Estamos en la tienda del diseñador más famoso de todo el país del fuego, que nos reservó toda la mañana para que nosotras cuatro podamos elegir lo que usaremos en la fiesta de inauguración –Me explicó amablemente Himawari murmurando a mi lado.
Ah.
¿Y por eso tanto alboroto?
Se abrieron de repente las puertas dejando ver dos sirvientes que nos daban la bienvenida y nos dejaron pasar, cerrando la puerta tras nosotras. Era una sala muy amplia y claramente muy fina con arreglos florales y cuadros elegantes en las paredes. Más lejano podían verse tres espejos y un par de sillones frente a ellos.
De una puerta al fondo de la sala salió un hombre mayor, que aunque un poco extraño –y afeminado si me lo preguntaran- nos recibió totalmente emocionado y haciendo énfasis en el honor que sentía al tener a la esposa del Hokage y a la señora Uchiha junto a sus "hijas" en su tienda.
Rápidamente luego de presentarnos, nos llevó personalmente hacia la siguiente habitación que era una habitación llena –literalmente- de vestidos. De todos los colores, de cualquier largo y con todos los diseños que puedan imaginarse, allí estaban todos para nosotras.
Las Uzumaki rápidamente comenzaron a chusmear entre los vestidos, totalmente exaltadas por la cantidad y haciendo a un lado inmediatamente los que les gustaban para probárselos. Yo solo me quedé allí observándolas en un rincón y asintiendo a todo lo que decían.
Creo que yo no servía para esto…
-Hiroko-san, ¿tienes el mío? –Preguntó amablemente Sakura, mientras él le entregaba el vestido y la mujer entraba en un probador para medírselo.
Luego las dos pelinegras entraron a los probadores para probarse los vestidos seleccionados también. Internamente me alegré de su emoción, ya que estaban tan ensimismadas que ni repararon en mi presencia.
De repente vi como el señor Hiroko se dirigía hacia mí. Comencé a rezar internamente que no intente iniciar conversación conmigo porque de vestidos sabía poco y nada.
-Amaterasu-sama, veo que está algo callada –Me dijo amablemente.
¿Enserio me había llamado "–sama"?
-Es que sinceramente no sé nada de moda Hiroko-san –Dije disimulando mi falta de interés con un intento de sonrisa.
-No te preocupes… tienes suerte que yo esté aquí entonces.
-¿Suerte por qué?
-Porque tengo el vestido perfecto para ti.
Y con esa explicación se dirigió a la sección de los vestidos largos, sacando uno de ellos que estaba dentro de una funda y lo metió dentro de un probador, haciéndome señas para que me meta allí dentro también.
Suspiré e hice lo indicado, esperando lo peor.
Cinco minutos después salí del probador para poder verme mejor.
-¡Por Kami Ama-chan! ¡Te ves hermosa! –Exclamó la Uzumaki mayor apenas me vió salir, y a su lado estaban Sakura y Himawari mirándome sorprendidas.
Me miré al espejo y realmente yo también me sorprendí. Era un elegante vestido negro y largo, strapless con escote de corazón, que se ajustaba a mis curvas como un guante y que debajo de las rodillas se abría cual estilo sirena con unas bellas plumas que acariciaban el suelo al moverme. Me di vuelta y, haciéndome el cabello a un lado, vi que en la espalda tenía grabado delicadamente el símbolo de los Uchiha en brillantes blancos y negros.
Realmente, era como si este vestido hubiera sido hecho especialmente para mí.
-Me encantan Hiroko-san, ¡te han quedado hermosos! –Lo felicitó Sakura, enfundada también en su soberbio vestido verde que hacía juego con su mirada jade.
-¡Ah! Gracias a Kami, no sabes el trabajo que me dieron sus dos vestidos, y en tan poco tiempo –Le respondió exageradamente haciendo ademanes con sus manos.
-¿Te gusta Ama-chan? –Me preguntó ahora la pelirrosa a mí.
Yo la miré con una media sonrisa sincera y asentí, realmente me gustaba.
Tal vez el ir al festival, no sería tan malo después de todo.
Treinta minutos después las Uzumaki ya habían escogido también sus vestidos, y nosotras dos apartamos dos pares de tacones, a juego con los nuestros.
Salimos de allí riendo de los ademanes que hacía el señor Hiroko todo el tiempo. Me vi a mi misma en esta situación y sonreí, suponiendo que así se sentía ser una chica normal.
Luego de dar un par más de vueltas las cuatro juntas, nuestros caminos se separaron y Sakura dijo que tenía que pasar por el Hospital para resolver unos asuntos, preguntándome si no me importaba volver sola a la casa.
Así que allí estaba yo nuevamente caminando por la calle principal de la Aldea, sintiéndome alguien medianamente normal. Miré a las personas que pasaban a mi lado y noté que ya menos gente me miraba al pasar. Digamos que los aldeanos ya se acostumbraban a mi presencia y comenzaba a pasar más desapercibida, sin tantas miradas extrañas encima. Se sentía extrañamente bien ser tan normal.
Recordé cuando dudaba de si venir o no a esta Aldea cuando Sasuke me lo propuso cuando nos conocimos, yo dudaba si esta sería una vida para mí. No podía culparme a mí misma, luego de vivir una vida encerrada en ese lugar y teniendo una vida de mierda era obvio que iba a sentirme de esa manera. Pero aquí estoy, semanas después de ese momento y realmente se sentía muy bien comenzar a sentirse alguien medianamente normal.
Sasuke tenía razón, solo debía dejarme llevar.
…
¿Se aplicará eso a todos los aspectos de la vida?
Una cabellera rubia inmediatamente me llegó a la mente. ¿Y si solo debía dejarme llevar también? ¿Dejar de pensar solo por un momento, y hacer lo que me plazca hacer?
Me quedé mirando una pareja que caminaba frente a mí, tomados de la mano y riendo entre ellos de quién sabe qué, cómplices de ellos mismos, confiando que el otro es capaz de soportar el peso de tu mano en la suya.
¿Sería así de fácil en verdad?
Sospesé por un par de segundos la posibilidad de verme a mí misma así con él.
Una media sonrisa me pegó a mi cara, y continuó así por un par más de cuadras.
De repente, reconocí una inconfundible voz cerca de mí. Agudicé mis sentidos y pude reconocer la presencia de Bolt a un par de metros a la vuelta de la esquina.
¿Es que el destino estaba empecinado en encontrarnos todos los días o qué?
Apure inconscientemente mi paso hasta llegar a la esquina y disimuladamente espié un poco hacia mi derecha, para ver qué estaba haciendo el idiota por aquí.
Estaba hablando animadamente con alguien, tenía puesta ropa de entrenamiento y a mi mirada se veía tan apuesto como ayer en el bosque. Al aparecer su sonrisa seguida de una gran carcajada, supe que realmente hacía estragos en mí y lo decidí.
Decidí que quería dejarme llevar. Por él.
Me asomé un poco más para ver quién era su interlocutor y vi a una joven muchacha de cabello rubio atado en una coleta tirante con una boba sonrisa en la cara y mejillas sonrosadas. Estaban riendo juntos a carcajadas de algo que escapaba de mi y ella no despegaba su mirada da él, mientras el idiota hablaba gesticulando exageradamente como siempre.
Y por alguna razón, mi sangre comenzó a hervir y la sonrisa en mi cara desapareció. Los observé unos segundos más y no pude soportar más las sonrisas bobas que se dedicaban.
Me di la vuelta inmediatamente y tomé otro camino para llegar a la mansión.
¿Kenta estará en casa hoy? Porque necesitaba clavarle una katana a alguien en este preciso momento.
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¿Algún review que les sobre para dejármelo aquí? Sería muy apreciado.
