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Festival de Primavera

Le di otra pitada al cigarrillo y miré nuevamente al cielo nocturno en busca de una nueva constelación que no haya visto antes.

Nuevamente aquí en el techo de mi habitación, era de madrugada y yo sin dormir… otra vez. Me había pasado todo el día entrenando y descargando frustraciones pensando que el cansancio iba a hacer mella en mi cuerpo, pero yo seguía fresca como lechuga.

Para lo que si me sirvió esta vez era el poder despejar la mente y evitar pensar en ciertos temas que hervía mi sangre que incluyen una cierta cabellera rubia hablando con una rubia tonta esta mañana en mitad de la aldea como si nada.

Para Amaterasu, no pienses en ello de nuevo.Me corregí a mi misma e intente dispersar mi mente buscando nuevas estrellas que ver.

O tal vez era hora de encarar el próximo problema en la agenda. Mi padre.

Desde nuestro pequeño encuentro en su despacho, y luego de vernos en el campo de entrenamiento, no habíamos cruzado palabra porque fue mandado a una misión urgente en la que volvería supuestamente hoy, aunque aún –siendo las 2 am- no ha llegado.

Pero de igual manera se iba aproximando el momento en que tenga que verlo a la cara de nuevo y explicarle de qué fue todo el rollo de ayer. Suspiré mientras llevaba el cigarrillo nuevamente a mis labios, ¿qué iba a decirle? Hola, me da miedo que te espantes por todo lo que voy a contar ese día en mi testimonio y por eso no quiero hacerlo.

Buena idea, claro.

Supongo que tengo que sacármelo de encima, solo sentarme a hablar con él y… dejarse llevar ¿no? Parecía un buen plan, aunque supongo que va a ser un poco más difícil la práctica de lo que parece la teoría.

Y como si el destino hubiera escuchado mis pensamientos, sentí una presencia inconfundible y pesada tras de mí. Me incorporé, mirando tras de mí y allí estaba mi padre, con su uniforme para las misiones y su mirada impoluta sobre mí.

-Tadaima –Murmuró con su grave y profunda voz.

-Okaeri –Susurré mientras le dedicaba una pequeña media sonrisa.

-Empieza a preocuparme que te acuestes tan tarde todas las noches Amaterasu –Me reprochó mientras se sentaba junto a mí en el techo, como se nos había hecho costumbre inconscientemente.

-La costumbre –Respondí alzando mis hombros para restare importancia- Debes estar cansado por la misión ¿no?

-Yo siempre estoy cansado –Dijo taciturno analizándome mientras suspiraba- Los años no vienen solos.

Su última frase me hizo reír porque en realidad no parece para nada un hombre de su edad, alguien que no lo conociera le daría poco más de treinta años aunque tuviera casi una década más que eso.

-¿Cómo te fue la misión?

-Fue bien, hace algún tiempo que no tenía algo de acción.

Nos quedamos unos momentos en silencio, como ya nos era costumbre, disfrutando del fresco viento que el comienzo de la primavera traía consigo.

-¿Ya tienes lo que vas a usar mañana? –Preguntó de repente, como recordándolo.

-Fuimos con Sakura, si. –Le contesté, con otra pequeña sonrisa, tirando la colilla del cigarro. Y pensándolo mejor, agregué- Fue divertido.

-Bueno, a ella le gustan esas cosas y pensé que sería bueno para las dos. Ya sabes, pasar algo de tiempo juntas haciendo cosas de mujeres y eso.

Yo asentí mirando lejos, la mañana hubiera sido perfecta si no hubiera pasado ese último episodio antes de regresar.

-Gracias –Susurré, con mi mirada aún en el horizonte- Ese vestido debe costar una fortuna.

-Podemos permitírnoslo –Contestó alzando los hombros como quien no quiere la cosa- Además, es una fiesta importante ya que van muchas personas importantes como señores feudales y eso, y tu eres la mayor de los hermanos de la familia Uchiha, así que debes estar vestida acorde. Y como es tu primera vez allí, vas a conocer a muchas personas, así que prepárate para tener una noche de sociales.

Decidí ignorar el peso de sus palabras y dejarlos para analizarlo más adelante si no quería que me agarre un ataque de nervios allí mismo.

-O sea, ¿que todo el mundo va a ir? –Le pregunté, pensando en cierta persona escandalosa que no quería ver ni en pinturas.

-Básicamente, si –Respondió también mirando a lo lejos, pero en su mirada podía ver que quería decir otra cosa en realidad.

Temía que responda eso. Claro, era el hijo del Hokage de la Aldea, ¿cómo no iba a asistir?

-Amaterasu, quería que hablemos del tema que se nos presentó ayer –Y allí estaba, por fin mi padre sacando el tema, pero lo interrumpí.

-No hay nada que hablar Sasuke, solo… lo haré y ya –Respondí abrazando mis piernas delante de mí y apoyando mi mentón en ellas.

-No quiero que te sientas obligada a hacer nada que no quieras –Aclaró rápidamente observándome con esos dos ojos negros infranqueables.

Yo negué con la cabeza.

-¿Tu estarás allí? –Pregunté casi en un susurro, ya sin voz.

-Si es lo que quieres, claro que estaré ahí –Dijo intentando apoyarme.

Preferí no responder a eso, no quería que se sienta mal porque le diga que no quería que este allí. Porque en realidad ni siquiera sabía si quería que el escuche o no.

-Mírame –Dijo suavemente, intentando que no suene como una orden, pero igual lo hice- Sé que tienes miedo, sé que es difícil recordar cosas que no quieres recordar… y también se que, tienes miedo de lo que yo piense de ti.

Alcé mi cabeza de mis piernas extrañada, ¿cómo lo sabía?

-Te dije algún tiempo que somos más parecidos de lo que piensas, y yo también pasé por esa etapa donde uno teme ser juzgado –Dijo tranquilamente mirando nuevamente al cielo nocturno, tal vez para que no me sienta intimidada por sus palabras-… pero ya te he dicho que, yo nunca te juzgaría. No importa lo que pase aquel día, tú no dejarás de ser mi hija.

No pude mirarlo más, aún me incomodaba un poco que él me llame así. Era estúpido, pero no estaba acostumbrada.

Sentí como se puso de pie a mi lado, y apoyando su mano en mi cabeza por un momento susurró un "buenas noches", y se fue.

Así como vino impredecible, se fue de igual manera. Dejándome sola con el peso de sus palabras aún dando vueltas en el aire que me envolvía.

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Me miré al espejo de cuerpo entero una vez más, y por primera vez en mucho tiempo me gustaba lo que veía ahí.

Ya estaba dentro de mi vestido negro que habíamos comprado el día anterior, con unas sandalias de tacón impregnadas de piedras plateadas. Tenía el cabello recogido en un elegante peinado que solo dejaba sueltos dos o tres mechones de mi negro cabello. Y por último -gracias a que Sakura insistió en pasar cuatro horas haciéndonos un tratamiento facial previo- tenía un bello maquillaje que delineaba mis ojos con sombra esfumada negra, color en mis mejillas y mi boca pintada con un leve brillo.

Nunca me había sentido en toda mi vida tan… bonita.

Y así decidí que tal vez una sonrisa iba a ser el accesorio perfecto para completar mi atuendo de esta noche. Hasta se podría decir que estaba emocionada.

Sentí un par de toques en la puerta y, luego de mi pequeño "pase", entraron corriendo tres pequeños enfundados en tres pequeños trajes negros con pequeñas camisas y corbatas. Se veían tan adorables que pensé en comérmelos a besos.

-¡Nee-san estas muy bonita! –Dijo Taichi acercándose a mí y pegándose a mi falda llena de plumas negras. Souta y Rokuro hicieron lo mismo gritando mas halagos para mi persona.

Si, definitivamente iba a comérmelos a besos a los tres.

-¿Tú serás mi pareja de baile verdad? -Exclamó Rokuro mientras se subían a la cama a mirar como terminaba de prepararme.

-Oh no, pensé que yo era tu pareja para bailar Rokuro-kun –Dijo una elegante Sakura mientras entraba a la habitación también ya terminada de vestir.

-Mamá ya tengo tres años, no puedes ser mi pareja de baile por siempre –Le grito el pequeño pelirrosa ofendido desde arriba de mi cama con un gesto orgulloso.

Sakura se acercó a mí sonriendo por la ocurrencia de su hijo y me entregó una pequeña cajita negra de terciopelo. Yo le sonreí de igual manera, y abriéndola vi un hermoso brazalete plata con un pequeño símbolo Uchiha en medio.

-Pertenecía a la madre de Sasuke, tu abuela Mikoto –Me explicó sacándolo de la caja y poniéndolo en mi muñeca derecha- Estoy segura que querría que lo llevaras tú.

-Gracias Sakura –Respondí sincera mientras lo observaba con detalle.

-¿Estas lista? Ve yendo para la sala que nos iremos en un momento Ama-chan.

Se llevó a los pequeños con ella, y dándome una última mirada en el espejo, apagué la luz de mi habitación y salí tras ellos.

Caminé por el pasillo de las habitaciones, notando que aún los tres mayores estaban lidiando con su vestuario, así que me dirigí directamente a la sala.

El único que parecía estar listo, además de mi, era Sasuke que estaba sentado en uno de los sofás. Cuando me vio entrar a la sala se puso de pie –con toda su apabullante presencia vestida en un soberbio traje negro, imponente como pocas personas que conocí- y mirándome tiro un profundo suspiro al aire, estirando su mano para animarme a tomarla. Yo tomé su mano, el se acercó a mí y depositando un beso en mi mejilla me susurró.

-Tengo algo para ti.

Me acercó otra caja de terciopelo negro pero más grande y con un moño rojo en la tapa. Lo tomé y lo abrí, pero lo que estaba allí dentro me dejó sin aliento.

Era una hermosa gargantilla plata a juego con mis zapatos, calado con unas hermosas piedras y que al ponerlo formaba una elegante red alrededor del cuello y que caía del mismo elegantemente. Yo lo miré sin poder creerlo, era muy bella pero supuse que costaba una fortuna.

Él tranquilamente la sacó de allí y, parándose detrás de mí, la colgó alrededor de mi cuello.

-Ahora si estas perfecta –Dijo tranquilamente volviéndose a sentar en el sofá como si nada pasara.

-Esto es… -Intenté decir algo, pero no me llegaban las palabras. No podía decirle es demasiado ostentoso y abrumador porque no quería ofenderlo, pero en verdad lo era. Y pesaba como la hostia.

-Es solo un detalle –Me interrumpió como si no quisiera la cosa.

Yo sin poder decir nada más, me senté a su lado en el sofá y puse mis manos encima de una de las suyas.

-Gracias –Le dije con la sonrisa más sincera que podría darle a alguien.

-Estamos listos, ¿ya nos vamos? –Escuchamos detrás de nosotros a Daiki que caminaba acomodando su saco negro; detrás de él su mellizo y su hermano mayor también envestidos en sus trajes negros con diferentes corbatas. Muy elegantes todos- ¡Ah maldición! Olvidé mis kunais.

-¿Y para qué quieres tus kunais? –Preguntó una extrañada Sakura entrando en la sala con los tres pequeños.

-Pues ¿no es obvio? –Dijo acercándose a mí mientras me guiñaba un ojo, tomando mi mano y besándola –Para alejar a todos los hombres de la fiesta que seguramente irán detrás de mi hermana.

Sakura y Sasuke rieron ante su ocurrencia, mientras la pelirrosa tomaba el brazo de su esposo y se disponían a salir por la puerta principal. Daiki me ofreció su brazo caballerosamente para escoltarme, el cuál acepté, para luego el resto de nosotros seguir a los mayores, y encarar nuestro camino hacia la fiesta de inauguración del festival de la primavera de Konoha.

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La fiesta privada se hacía en un elegante salón, que pertenecía a un gran hotel en el centro de la ciudad. Cuando llegamos era una de una apabullante belleza, imponente y totalmente decorado para la ocasión. Daiki me contaba que asistían cerca de 500 personas todos los años a la fiesta privada, porque el festival era para toda la aldea –por lo que la aldea entera fue decorada propiciamente- pero la fiesta de inauguración solo asistían ciertas personas, de importancia para el país del fuego y la aldea. Entre ellos asistían representantes de todas las aldeas ninja, señores feudales de todo el país y sus familias, y demás personalidades influyentes del país, como ninjas reconocidos o funcionarios públicos.

Como debía ser –y para mi desgracia- en la entrada del salón recibiendo a la gente estaba el Hokage y su esposa. Di gracias mentalmente a Kami porque no se le haya ocurrido a Bolt también estar allí mientras saludaba a sus padres y recibía un par de halagos de su parte.

Las primeras dos horas no tuve tiempo ni de sentarme, Sasuke y Sakura me llevaban de aquí para allá presentándome a tal persona o a tal otra, digamos que me la pasé haciendo sociales y presentándome ante la "alta sociedad" –pijos- del país del fuego. Y la verdad que me sentía un poco incómoda porque me sentía un poco observada por la mayoría de la fiesta.

Ya doliéndome la cara de tanto sonreír falsamente a todas las personas que me presentaban, llegó de un momento a otro Daiki a salvarme de la tortura y llevándome directo a la barra para tomar algo. Bueno, yo tomaba algo, el aún es menor de edad, y era extraño porque a veces olvidaba que tenía solo quince, no solo por su altura sino porque parecía tan maduro y serio la mayor parte del tiempo.

Mientras estábamos sentados allí, él me explicaba cómo era la "alta sociedad" aquí en Konoha. Es decir, básicamente me contaba todos los chismes e historias de cada invitado que se nos pasaba por enfrente. Que el hijo de tal había tenido un amorío con la hija de este otro, o que el hermano de tal dejo a tal otra por su propia prima, etc.

Una hora después ya sabía la historia de media Konoha, y me encontré a mi misma riendo como una tonta junto a mi hermano del peinado que tenía la hija de un importante feudal o del vestido de tal otra, o del sobrino ebrio de tal funcionario que bailaba ridículamente en medio del a gente. De vez en cuando nos veíamos interrumpidos por algún que otro pijo de alta sociedad que quería conocerme obligando a Daiki a hacer los honores, pero no importaba ya que estábamos tan en nuestra salsa burlándonos de las idioteces que decíamos que realmente ni nos importaba.

Tiempo luego se nos unió Daisuke y mientras seguíamos riéndonos con la historia de cómo la esposa del jefe de un importante clan de la Aldea de la Arena lo miraba con segundas intenciones, apareció en mi campo de visión entre todas esas 500 personas la única que no quería cruzarme en el planeta.

Su alta, robusta y –ahora- elegante presencia, enfundada en un traje azul oscuro, con camisa blanca y corbata celeste, era claramente llamadora no solo de mi atención, sino también de muchas personas que se reunían a su alrededor –la mayorías mujeres, claro. Lo único que quedaba del despreocupado y simple chico que conocía era esa desbaratada cabellera rubia que seguía igual de alborotada que siempre. Elegante, y claramente cómodo con toda la situación, hablaba animadamente con las personas que se le acercaban dedicándoles esa sonrisa que te quitaba el aliento. Estaba tan perfectamente impecable y seguro de sí mismo que daban ganas de ponerlo en una tarima en mi alcoba para poder observarlo todas las noches.

Pero claro, él toda su vida fue el hijo del Séptimo Hokage, ya esta acostumbrado a esto. No necesitaba hacer un mínimo esfuerzo para encajar, porque ya era parte de ese mundo.

No es como tú, que pareces un sapo de otro pozo. Me regañé a mi misma.

En ese preciso instante –y mientras lo observaba reír junto a dos bonitas chicas de exagerados escotes y perfectos cuerpos-, yo me sentí a un millón de leguas de distancia a pesar que solo unos pocos metros nos separaban.

Y en ese momento deseé ser una chica normal realmente, deseé que esa sensación que había experimentado ayer junto a Sakura fuera verdadera. Pero siempre terminaba, de una manera u otra, recordando quién era. Una chica rota. Para nada especial, a diferencia de lo que me había dicho en nuestro encuentro.

Y el sí que era especial.

Me permití observarlo unos segundos mas, con un sabor amargo en la boca, y alejé mi mirada rápidamente o llamaría la atención de mis hermanos. Apuré hacia mis labios el último vestigio del sabroso sake que estaba en mi vaso y le dije a los pelinegros que iba a ir al baño -para que no insistan en seguirme- yéndome lo mas sigilosa posible para no llamar la atención de nadie y que frustre mi escape.

Esquivando todo tipo de personas, diez minutos después pude encontrar la puerta que daba a los jardines del salón, que para mi alegría estaba prácticamente vacío. Era tan grande el espacio verde que se notaba que rodeaba todo el hotel con varios senderos de piedra, y banquetas para disfrutar de la vista de una hermosa fuente que decoraba el centro del mismo. A sus lados había senderos de árboles que vaya uno a saber donde iban.

Solamente había por allí dos o tres parejas caminando dispersadas, cada una en su propio mundo. Bajé las escaleras que separaban el salón del césped y me decidí caminar a través de un sendero, ladeado de bellos pero frondosos árboles, así me darían un buen refugio de la vista de las demás personas.

Caminé –dificultosamente, gracias a mis altísimos zapatos- disfrutando de la leve ventisca y de la bella y brillante luna llena que decoraba el cielo junto a un millón de estrellas. Estar rodeada de tantas personas por mucho tiempo me ponía algo nerviosa. Me recordaba a las veces que me obligaban a colarme en alguna fiesta para cometer algún asesinato silencioso o formar una emboscada.

Suspiré y me senté en uno de los bancos de piedra al costado del sendero. Me saqué los zapatos, y dejé que mis pies se regocijaran de estar en contacto con una superficie plana por unos momentos.

Pensé en él nuevamente y en la próxima media hora intenté convencerme a mi misma que yo no era la persona correcta para él. Seguramente tenía un futuro genial por delante en su vida como un exitoso ninja, y seguramente junto a una persona que pudiera estar a su altura, una persona que pueda y sepa acompañarlo en sus logros día a día, una persona que pueda amarlo sin atapujos, una persona sana y que pueda cuidarlo como se lo merecía. Porque el era prácticamente perfecto y merecía todo, todo lo mejor de este mundo. Y yo no.

Y esa persona no era yo. Claramente, no era yo. No encajaba ni en esa descripción, ni en su mundo. Simplemente, no estábamos destinados a estar juntos.

Simplemente, yo no estaba destinada a estar junto a nadie.

Repentinamente siento una presencia a unos metros a mi derecha y, como si el diablo lo hubiera llamado, ahí estaba la persona a la cual mi cabeza le estaba dando vueltas. Tenía una mirada sorprendida pero parecía relajado por su caminar tranquilo y sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Estaba tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera lo sentí acercarse.

Nos miramos por unos instantes sin saber que decir, atravesados por una pegajosa energía que no nos dejaba despegar nuestras miradas, provocándome que se me retuerza el estómago; hasta que él habló con su ya familiar tartamudeo cuando se pone nervioso.

-Lo siento, n-no sabía que estabas aquí.

Yo, aún sin quererlo, despegué mi mirada de sus grandes ojos azules y me puse los zapatos. Me puse de pie en un segundo, y utilizando toda la fuerza de voluntad que tenía en el cuerpo, comencé a caminar en dirección contraria a él. Me alejé lentamente sin dirigirle ni una palabra, ni una última mirada –porque sabía que si mis ojos y los suyos se encontraban de nuevo, no podría resistir este impulso a tirarme encima de él y no dejarlo escapar nunca más.

-Amaterasu, espera –Dijo el rubio al notar que me alejaba de él. Pero lo ignoré.

Lo estoy haciendo por tu bien.

-¡Si quiero saberlo! –Gritó de un momento a otro, haciéndome frenar de la sorpresa. Agradecí que estábamos lo suficientemente lejos de la fiesta para que nadie escuche –Sí quiero saber quien eres. Y no me importa lo que digas, o que siempre te alejes. T-tu me gustas demasiado para dejarte escapar. Quiero conocerte, y que me conozcas. Y-y quiero pasar tiempo juntos, así que no me rendiré con esto.

Mi corazón comenzó a aumentar su ritmo nuevamente, cabalgando desbocado por sus palabras.

-No sabes lo que dices, Bolt –Susurré, aún sin poder mirarlo a la cara.

-Sí lo se –Afirmó mientras lo sentí caminar lentamente hacia mi- Enserio, lo sé.

Lo encaré mirándolo sorprendida y extrañada. ¿Qué era lo que sabía?

-Sé tu historia Amaterasu, sé de donde vienes y por lo que has pasado -Se me heló la sangre y me quedé de piedra. ¿¡Qué cojones!? Él me miró arrepentido y luego miró al piso nervioso, resobándose los cabellos de su nuca- E-es que ayer me escabullí en el despacho de mi padre y leí algunos documentos confidenciales que decían tu nombre. Lo siento, pe-pero ¡tenía mucha curiosidad!

El mundo se me vino abajo, y pensé que iba a caerme de bruces al piso. Aún no podía mover ni un músculo, estaba de piedra.

-El punto es que, quería decirte que… siento mucho por todo lo que has pasado en tu vida Amaterasu.

De un golpe de ira me volvió el movimiento y clavé mis ojos en él. ¿¡Que sentía por lo que había pasado!?

-¡Esto es exactamente por lo que no voy por allí contando mi vida Bolt! ¡No quiero, ni necesito tu maldita lástima! –Grité furiosa, alejándome nuevamente de el a pasos pesados.

-¡No! no, no, e-espera no es lo que pretendía –Se disculpó apresuradamente siguiendo mis pasos de cerca, pero yo no le hice caso y seguí caminando.

¡Puedes dejar de ser tan terca por un segundo y escucharme! –Me gritó de un momento a otro parando su andar ya harto, y haciéndome parar nuevamente por la sorpresa. ¿Enserio me estaba gritando?

-¡Tu eres el terco aquí! –Retruqué rápidamente, encarándolo en un arrebato de ira- ¡Deja de seguirme de una vez!

-¡Te dije que no iba a dejar que te alejes, y no lo haré! –Respondió acercándose a mí y quedando a centímetros de mí rostro, me susurró tranquilamente- Ahora ¿vas a besarme o seguirás siendo una cabeza dura haciendo que vaya a por ti de nuevo?

Me vi inundada de sus ojazos azules que, clavados en los míos una vez más, irradiaban una seguridad que me hacía temblar. Podíamos sentir nuevamente nuestros alientos en el rostro del otro, y el calor que emanaban nuestros cuerpos, a solos unos centímetros, nos quemaban cual lava hirviendo.

Tragué en seco y no me animé a dar ese paso. Porque seguramente si probaba esos labios cálidos y francos una vez más, serían mi perdición y me haría adicta de por vida.

-Por favor Bolt, aléjate de mí… -Susurré derrotada, con mi último ápice de fuerza.

-Es que te ves tan hermosa que se me hace físicamente imposible –Me respondió en el mismo tono, para luego tomarme suavemente de la cintura y corriendo delicadamente un mechón de mi cabello que tapaba mi rostro- ¿Tú también sientes esta sensación que te dice que si no nos besamos ahora el mundo podría acabarse?

Yo solo asentí suavemente con la cabeza, sin encontrar más fuerzas para mentirle.

-Entonces, es todo lo que me importa –Dijo suavemente, para luego tomarme del mentón y dulcemente juntar nuestros labios en una suave caricia.

Estuvimos así unos momentos, intentando reaccionar del primer contacto, disfrutando nuestra cercanía. En un impulso llevé mis brazos a su cuello, rodeándolo, y haciendo que comience entre nuestras bocas y lenguas esa danza hipnótica que parecía no tener fin.

Sus manos pasaron a mi cintura, apretándome firmemente a él, y yo anclé mis brazos a su cuello aún más si era posible, como si mi vida dependiese de ello. Si esto significaba dejarme llevar, entonces ¡venga!

Sin separarnos, me llevó gentilmente hacia uno de los árboles que ladeaba el camino y nos apoyamos en él para no caer al piso, porque esta sensación arrolladora que nos envolvía parecía que iba a tumbarnos en cualquier momento.

Cada segundo que pasábamos besándonos, parecía solo incrementar más nuestras ansias del calor del otro e intensificaba nuestro beso. Parecíamos dos desesperados que encontraron agua en un desierto.

Porque él me hacía sentir exactamente así: me reconfortaba tanto su presencia como cuando un naufrago encuentra una balsa en mitad del océano. Y se siente salvado. Y siente esperanza.

E iba a aferrarme de esa balsa.

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Tengo un pequeño bloqueo mental hace días que no puedo pasar de este punto, así que decidí subirlo hasta aquí y así me dan sus opiniones para ver si vuelve mi musa. Pensé que este capitulo iba a ser genial pero no me salió, asi que bueno. Nos vemos la proxima! Diganme que piensan así vemos juntos donde continuar.

Ja ne!