El Esposo Perfecto.

Por Fox McCloude.

Disclaimer: The Legend of Zelda y todos sus personajes pertenecen a Nintendo.


Capítulo 6: ¿Cómo deshacerse de una invasora?

En la biblioteca de Ordon…

Zelda había vuelto a su rutina diaria, ahora estaba en su habitual sesión de estudio. El día que había pasado en el Rancho Lon Lon le había resultado bastante… refrescante. O al menos, eso era lo que ella quería pensar. Todavía no lograba sacarse de la cabeza esa noche. El solo hecho de que Link estuviera ahí, a no más de 30 centímetros de distancia de ella, durmiendo ambos en la misma cama, fue suficiente para quitarle el sueño, los nervios hicieron que le tomara una vida poderse dormir. Desde luego, esa noche no pasó absolutamente nada. Durmió hasta muy tarde aquel día, ya que Link se levantó más temprano y no quiso molestarla.

- "No pasó nada. No hicimos nada indebido." – se decía mentalmente. – "Entonces, ¿por qué no puedo sacármelo de la cabeza?" -

Pese a que ya habían pasado dos semanas desde entonces, Zelda no podía quitarse ese pensamiento de la mente. En aquel momento se suponía que debería estar estudiando, escribiendo sus notas, pero su cabeza no estaba ahí. Aún cuando pareciera estar al pendiente de lo que hacía, viendo de cerca se podía notar que tenía la mirada perdida. Tenía la mano izquierda sosteniendo su mentón, y la derecha, la cual sujetaba la pluma, no estaba escribiendo, sino dibujando.

- ¿Hmm? – Zelda miró su hoja de papel, y fue entonces que se dio cuenta, habría trazado con la pluma un pequeño esbozo de la cara de Link en la parte inferior derecha del pergamino, el cual por cierto y sorprendentemente le salió bastante bien pese a no estar pendiente para nada. - ¿Qué estoy haciendo? -

- Hola, ¿qué haces? -

- ¿Eh? – Zelda se paralizó un segundo al reconocer la voz, era Link, por acto reflejo tapó el dibujito que había hecho con una mano, pero intentó darle su mejor sonrisita fingida y actuar natural. – Hola, Link. -

- Disculpa, ¿te asusté? -

- No, claro que no, solo… me sorprendiste, nada más. – dijo ella, un poco más calmada.

- ¿Qué estabas escribiendo? -

- Pues... practicaba escritura hyliana antigua. – Eso era verdad, o al menos, era lo que se suponía que debía estar haciendo.

- Suena complicado. – dijo Link. – Disculpa por venir así, pero es que te estabas tardando más de lo usual, y te estábamos esperando para el almuerzo. Empezaba a preocuparme. –

- "¿Estaba preocupado por mí?" – pensó Zelda, mientras un ligero rubor cubría sus mejillas, pero afortunadamente Link no se dio cuenta. – Lo siento, creo que me distraje y perdí la noción del tiempo. – dijo rascándose detrás de la nuca.

- Ah, no te preocupes. – dijo Link con una sonrisa. – Si quieres vamos y comemos algo por ahí. -

- Buena idea. Con todo esto no me había dado cuenta del hambre que tengo. – dijo ella.

Link salió de la sala para esperar a Zelda en la entrada. Ella recogió sus cosas y las metió a su bolso, antes de irse fue a devolver los libros que había tomado. Se reunió con Link en la entrada de la biblioteca y los dos se fueron a comer algo.

Mientras tanto, alguien observaba no muy de lejos a la pareja, y se hacía evidente que no le agradaba para nada verlos así de cerca. Quien más si no, era Ilia…

- ¿Cuánto más va a estarse por aquí? – decía la chica ojiverde viendo como Link y Zelda caminaban lado a lado, y conversando muy a gusto, como si se conocieran de toda la vida. Ya hacía tres semanas que la "invasora" había entrado a su territorio, y no parecía que tuviera intenciones de marcharse en un futuro cercano. Por como iban las cosas, era muy probable que se estuviera en ese pueblo por una larga, larga temporada. – Creo que es momento de tomar cartas en el asunto. -

Nada por decir o hacer, Ilia caminó tras Link y Zelda, cuidando mucho que ellos no notaran su presencia.


Un poco después…

Link y Zelda se habían topado con Cremia y Romani que iban en su carreta por el camino al poco de haber salido de la biblioteca. Las hermanas pelirrojas estaban haciendo una entrega en el bar lácteo del pueblo, y Link pensó que sería un buen lugar para ir a tomar algo y charlar un poco antes de volver a casa para el almuerzo. Zelda estuvo de acuerdo, así que aceptó la idea, de modo que los cuatro se dirigieron juntos al lugar. Al llegar Romani y Cremia les dijeron que entraran primero, ya que ellas tenían que entregar su carga por la puerta trasera.

Link y Zelda ingresaron al edificio, y bajando por una larga escalera se dirigieron a la barra para pedir algo. Alrededor había algunas personas sentadas en las mesas tomando sus tragos y cuchicheando cualquier cosa. Zelda observó también que había una gran tarima que probablemente fuese usada como escenario para espectáculos dentro del bar, como bailarines o cantantes. Había algunos carteles publicitarios de algunos artistas cuyos nombres Zelda había escuchado en alguna parte, entre ellos, la banda Zora de los Indigo-Go's, muy famosa especialmente por su vocalista, Lulú, y por el guitarrista principal, Mikau. Había otro cartel, mostrando a una mujer joven de cabello rojo atado en una cola de caballo que le caía por debajo de la cintura y piel morena, a la cual Zelda reconoció como Din, una famosa bailarina de la región de Holodrum, pero por pertenecer a la familia real, Zelda sabía que en realidad ella era un poderoso oráculo, y la guardiana de las esencias de la naturaleza, y lo de ser una bailarina era solo una diversión y una pantalla para esconder su verdadero "trabajo". Otra a quien reconoció, fue a Nayru, una joven peliazul cuya voz era conocida como la más hermosa de la región de Labrynna, pero que en realidad, similarmente a Din, era el oráculo encargado de preservar y mantener el flujo del tiempo en perfecto orden. Zelda solo las había visto una vez, en su doceavo cumpleaños, fueron invitadas por su madre para animar su fiesta, en verdad eran muy buenas en lo que hacían. Link y Zelda tomaron asiento en la barra y tocaron la campanilla para llamar y pedir su orden.

- Disculpen la tardanza, bienvenidos. – dijo el barman al llegar. – Oh, Link, tenías mucho tiempo sin venir. -

El barman era un hombre de aspecto rechoncho, un poco calvo, pero el pelo que le quedaba le alcanzaba para hacerse una coleta corta, tenía una nariz grande y un enorme y poblado bigote negro.

- Je, había estado ocupado, pero me da gusto volver, Sr. Barten. – dijo Link.

- Y... ¿quién es la encantadora señorita que te acompaña? – preguntó el Sr. Barten cuando vio a Zelda.

- Ella es Zelda, está de paso en el pueblo, viene desde muy lejos. – dijo Link.

- Encantada, señor. – dijo Zelda modestamente.

- Encantado yo, señorita. – dijo el hombre besando la mano de Zelda. – Bueno, Link, ¿te sirvo lo de costumbre? -

- Sí, por favor. -

- Y para la señorita... -

- Ehh... tomaré lo mismo que Link. – dijo Zelda, algo insegura.

- Oye, Zelda, no sé, puede ser un poco fuerte para ti. – advirtió Link.

- ¿Eh, en serio? Bueno... si este es un bar lácteo, imagino que no servirán nada con... bueno, ustedes saben. – Zelda no quería usar esa palabra. Aún era menor de edad y no quería arriesgarse a tomar algo que contuviera licor sin conocer su propia tolerancia.

- Si me permite sugerirle algo, podría darle una leche malteada de chocolate. – propuso el Sr. Barten.

- Eso suena bien. – dijo Zelda.

- Bien, entonces, una leche malteada de chocolate, y una reserva especial de Romani. Saliendo enseguida. -

El Sr. Barten fue y mezcló las bebidas, luego de unos minutos les pasó dos tarros servidos a Link y Zelda, el de Link era al menos el doble de grande y estaba lleno hasta el tope. Sin más Link lo alzó como en señal de brindis y diciendo "Hasta el fondo", se bebió la mitad del tarro en apenas dos tragos. Zelda prefirió coger una pajita y agitar un poco la suya antes de empezar a sorberla, estaba bastante espesa, sin embargo sabía bastante bien.

- Hola, chicos. – Saludaron de pronto Romani y Cremia, uniéndose a ellos en la barra.

- Bueno, ya estamos aquí, me prometiste que hoy me invitabas algo, ¿no? – dijo Romani.

- Lo sé, lo sé. – dijo Cremia, al parecer un poco molesta por eso. – Sr. Barten, dos leches malteadas de fresa, por favor. -

- Al momento. -

- Y bien, Link, ¿ya lo decidiste? -

- ¿Decidir qué? – preguntó Link.

- No te hagas, sabes bien a lo que me refiero. – dijo Cremia. – Si vas a venir al día de campo con nosotros este fin de semana. -

- Ah, eso. Se me había olvidado. – dijo Link.

- Bien, espero que no vengas con la excusa de que tienes mucho trabajo esta vez. – dijo Cremia, con un tono algo severo. – Además, Colin me dijo que le prometiste enseñarlo a usar el arco, y creo que esta sería una buena oportunidad. -

- Supongo. – dijo Link, rascándose detrás de la cabeza. El muchacho solía poner el pretexto de su trabajo "para ayudar a su abuelo" para evadirse los paseos y cosas así. Pero esta vez se había comprometido, y dado que de momento no tenían trabajos urgentes, esta vez no se podría escapar.

Admitiéndolo, últimamente Link pasaba más tiempo en su casa solo por el hecho de tener una invitada en ella. Pensaba que debía portarse como un buen anfitrión, y francamente, él y Zelda estaban empezando a ponerse más cercanos el uno con el otro. Cuando él no estaba afuera en el bosque cazando, o trabajando en la fragua, o cuando ella no estaba en la biblioteca del pueblo atendiendo sus deberes, cada vez que coincidían se ponían a conversar de cualquier cosa. Aunque ocasionalmente, Zelda lo dejaba muy atrás con su evidente intelecto superior, Link no podía evitar sentirse atraído por su inteligencia y su madurez, muy superiores a lo que se esperaría de una muchacha de su edad.

- Oye, Zelda, ¿te gustaría venir con nosotros? – preguntó Cremia.

- ¿Hmm? -

- Pregunté si quieres ir de día de campo con nosotros. – repitió Cremia. – No me irás a decir que estás ocupada, ¿verdad? -

- Bueno… no, claro que no. – dijo Zelda. – Pero, no sé si… -

- Te hará bien, nada como estar en contacto con la naturaleza. – dijo Cremia.

- Sí, estas dos semanas no has hecho otra cosa que estar en esa biblioteca. – corroboró Link. – Deberías salir de la rutina de vez en cuando. -

Zelda no pudo refutar eso. Era verdad, se la había pasado metida en la biblioteca intentando distraer su mente de aquel pensamiento, inútilmente, porque era incapaz de concentrarse en sus estudios. Realmente se estaba volviendo bastante aburrido, hasta para ella. Quizás era hora de dejar de lado los libros, aunque fuese por un rato, después de todo, nadie le dijo que realmente tuviera que ponerse a estudiar. ¿No había salido de viaje para quitarse de encima las presiones de sus deberes en primer lugar? Estaba tan acostumbrada a ser princesa, que le costaba trabajo portarse como una adolescente normal.

- Bueno, ya que insisten. – dijo Zelda finalmente.

- Que no se les olvide, cada quién tiene que llevar su almuerzo, ¿entendido? – dijo Cremia.

- Oye, Link, ¿le puedes decir a tu abuela que nos prepare un poco de su sopa especial? – preguntó Romani.

- Sí, estará encantada. – dijo Link.

El cuarteto terminó sus bebidas, y después de pagar la cuenta salieron del bar. Romani y Cremia volvieron a montarse en su carreta para volver al rancho y se despidieron de Link y Zelda, que se dirigieron de vuelta a casa.

Entretanto, Ilia los observó salir del bar. Seguía sin poder soportar la idea de que la "chica nueva", o como había empezado a llamarla más recientemente, la "invasora" siguiera quedándose a dormir en casa de Link. No había indicios todavía de que estuvieran en algo… íntimo realmente, pero no iba a esperar a que lo hicieran, y de todos modos no soportaba verlos juntos, menos aún conversando con tanta confianza. Y lo que era peor, parecía que al resto del pueblo le caía bien esta chica.

- "Hmph, ¿qué tiene ella que no tenga yo?" – se sorprendió pensando.

Sin embargo, decidió dejar de lado eso por el momento. Le estaba afectando mucho últimamente, y necesitaba relajarse. De todos modos, había quedado con sus otras amigas a ir de día de campo el fin de semana. Le vendría bien para relajarse. Y con suerte, tal vez convencieran a Link de que viniera. Entonces, podría hacer su movimiento…


Al llegar el fin de semana…

- ¡Devuélvanmela! -

- ¿La quieres? ¿La quieres? -

- ¡Es mía! ¡Devuélvanmela! -

- Si lo quieres, quítamelo. Si es que puedes, ¡jajajajajaja! -

- ¡Basta, dénmela por favor! -

- De acuerdo, ya que lo pediste por favor, ahí lo tienes. –

- ¡Aaaahh! -

¡SPLASH!

- ¡Ah! – Zelda se despertó sobresaltada. Estaba soñando de nuevo. Tenía el rostro mojado, miró para todos lados, y vio a la pequeña Aryll parada junto a su cama con expresión de desconcierto, y tenía un vaso en la mano. En ese momento, supo lo que había pasado.

- Disculpa. – dijo Aryll, evidentemente con mucha vergüenza. – Pero es que parecía que estabas teniendo una pesadilla, y yo, pues… -

- No te preocupes. – dijo Zelda. No podía estar enfadada con ella, no tenía malas intenciones después de todo.

- Bueno, mi hermano dijo que viniera a buscarte. – dijo Aryll. – Ya estamos listos para ir con los demás de día de campo. Solo faltas tú. -

- Está bien. Dame un rato para vestirme, ¿sí? – dijo Zelda, saliendo de la cama.

Aryll salió de la habitación, y Zelda fue a ponerse su ropa para salir. Mientras se cambiaba, intentó recordar el sueño que estaba teniendo justo antes que la despertara Aryll. Había un montón de niños a su alrededor, estaban jugando y riéndose, arrojando algo que era de ella, y era evidente que se estaban divirtiendo mucho, a diferencia de ella, que no lo disfrutaba en absoluto. De repente, uno de ellos la empujó, y sintió que caía en agua. En ese momento despertó. Era extraño, pero tenía la sensación de que ya había pasado por eso anteriormente, aunque no podía recordarlo bien.

Cuando ya estuvo lista, cogió sus cosas y bajó, decidida a no pararle más a ese asunto. Solo había sido un sueño. No tenía por qué alarmarse ni nada. Además, Link la estaba esperando para ir de día de campo con los demás. Se suponía que iba a divertirse.

- Te tardaste un poco. – dijo Link, que estaba fuera del establo, poniéndole la silla a Epona antes de montar a Aryll. - ¿Tuviste una buena noche? -

- Supongo. – dijo Zelda. Aparentemente Aryll no le había mencionado el sueño, así que pensó que no tenía por qué hacerlo ella. Zelda fue a sacar a Cloud del establo y lo ensilló, lista para partir. - ¿A dónde vamos exactamente? -

- A orillas del río. – dijo Link. – Es un lugar muy fresco, perfecto para días de campo, y más en esta época del año. -

Sin decir más, Link se montó sobre Epona, chasqueó las riendas y con eso echaron a andar, Zelda lo imitó y lo siguió. Primero que nada, los dos habían quedado de verse con los demás que los iban a acompañar en la plaza del pueblo.

- Ah por cierto. – dijo Link de repente, pasándole a Zelda una cajita envuelta. – La abuela preparó nuestros almuerzos, aquí tienes. -

- Gracias. – dijo Zelda, tomando la cajita. Los almuerzos de la abuela eran muy deliciosos, Zelda sabía que lamentaría mucho no poder volver a probarlos cuando tuviera que irse.

Después de unos minutos, ambos llegaron a la plaza del pueblo, donde en efecto, un pequeño grupito los estaba esperando. Había tres chicas pelirrojas, evidentemente eran Malon, Romani y Cremia, un pequeño rubio cuya edad probablemente estuviera cerca de la de Aryll y Romani, Zelda asumió que ese debía ser Colin, a quién habían mencionado anteriormente en el bar, y finalmente...

- "Ay no, ella no…" – pensó Link al ver quien completaba el grupo. Era, para su desgracia, Ilia.

- ¡Hola, Link! – saludó Ilia alegremente cuando vio a Link. Pero su sonrisa se desvaneció al ver que Zelda venía con él. – Ah, hola tú también. -

Zelda se limitó a sonreír y saludar con un gesto de la mano. Link trató de disimular su desagrado. Colin corrió hacia él.

- ¡Hey, Link! Ahora sí me vas a enseñar, ¿verdad? – dijo, como quien le habla a su hermano mayor por un compromiso importante. – Ahora no te me vas a escapar, ¿verdad? -

- Jeje, siempre que hayas traído tu propio arco y flechas. – dijo Link. Colin, le mostró un arco pequeño, hecho a su medida, mucho más pequeño que el arco largo que llevaba Link. También traía un pequeño carcaj lleno de flechas a la espalda. – Bien, entonces estamos listos para tu primera lección de arquería. -

- Y nosotros listos para nuestro día de campo. – dijo Cremia. – Cada quién trajo todo lo necesario, ¿cierto? -

Todo mundo asintió. Sin más que decir, el grupo de jóvenes (y niños) emprendió la marcha hacia el río para comenzar su día de campo.


Más tarde…

El grupo se estableció en un claro junto al río. Zelda conversaba un poco con Cremia y Malon, sentadas sobre el tapete que habían puesto sobre la hierba, mientras Aryll jugaba a "tú las traes" con Romani, correteándose la una a la otra. Un poco apartados estaban Link y Colin, tal como el primero le había prometido, practicando con sus arcos. Link había tallado unos círculos con su cuchillo de monte sobre un enorme árbol para que sirvieran como blancos, y ahora los dos estaban disparando flechas hacia ellos. Bueno, Link lo estaba haciendo, mostrándole a Colin como se hacía.

- Bien, ahora tú. – dijo Link, que acababa de darle directo al centro.

- Está bien. – El pequeño Colin levantó su arco, y preparando su flecha se dispuso a tirar.

- No, no, Colin, así no. – dijo Link. – Tienes que sujetar el arco con la mano izquierda, y tensar la flecha con la derecha. -

- Pero tú lo haces al revés. – dijo Colin.

- Porque soy zurdo. – explicó Link. – Tú eres diestro, así que para ti es así. -

Link se dispuso a corregir a Colin, haciendo que sujetara el arco como debía. El pequeño tensó la cuerda, la mano le temblaba un poco. Aguzó el ojo, y soltó la cuerda, pero la flecha salió demasiado alta, clavándose muy por encima del blanco. Aryll y Romani, que estaban viendo, se rieron por lo bajo. Colin miró, y frunció la boca.

- Nada mal… para el primer intento. – dijo Link, en un intento de animar a su amigo.

- Bah, ¿de qué hablas? – replicó Colin.

- Inténtalo otra vez. – dijo Link.

Colin cogió otra flecha y lo volvió a intentar, y falló de nuevo. Y otra más, y otra, pero siempre tirando más alto, más abajo, o hacia los lados del blanco, pero nunca en el blanco. Aryll y Romani no dejaban de reírse de ver a Colin fallar miserablemente en sus intentos de tirar con el arco. El pobre Colin cada vez se desesperaba más y eso provocaba que fallara aún peor los tiros. Finalmente, furioso y frustrado, tiró al suelo su arco y lo pateó, para luego dejarse caer de sentón en el piso con los brazos cruzados, enfurruñado.

- Vamos, Colin, no es para tanto. – dijo Link, inclinándose y posando su mano sobre el hombro de Colin.

- Soy pésimo. – respondió el pequeño, sin mirarlo.

- A tu edad yo también lo era. – dijo Link. – Vamos, esto no se aprende a la primera, hay que practicar mucho. Sigamos. -

- No quiero. -

- ¿Y a dónde se fue tu entusiasmo? – preguntó Link. – Si abandonas ahora, no aprenderás nada. -

Colin seguía reacio a volver a intentarlo, en especial porque no soportaba que Aryll y Romani se rieran de él. Pero la torpe insistencia de Link finalmente lo convenció. El pequeño volvió a coger su arco y se preparó para tirar. Esta vez, Link le indicó que se tranquilizara para que no le temblaran las manos, aparte de que se tomara uno o dos segundos para apuntar. Haciendo un esfuerzo por seguir las indicaciones de Link, Colin volvió a tirar, y mejoró notablemente sus resultados. Animado por su progreso, el pequeño decidió alejarse un poco más para probar a más distancia. Link sonrió satisfecho, su pequeño aprendiz estaba motivado, podría seguir por su cuenta. O al menos, eso parecía hasta que Aryll y Romani, cuando Colin decidió no pararle más a sus burlas, cogieron la iniciativa y le quitaron el arco para luego echarse a correr y a lanzárselo la una a la otra.

- ¡Devuélvanme eso! – gritaba Colin corriendo de un lado al otro.

- ¡Ven por él! – gritaba Romani. - ¡Aryll, ahí te va! -

- ¡Ya lo tengo! – Aryll atrapó el arco y se lo volvió a lanzar a Romani.

Los niños siguieron en su juego por un buen rato, mientras los jóvenes los observaban. Zelda en particular sentía un poco de envidia al ver a los pequeños jugando de esa manera, en su infancia ella nunca tuvo a nadie con quien jugar de esa manera, y muy secretamente deseaba unírseles en el juego. Pero como suele ocurrir, eventualmente a Colin el juego dejó de parecerle divertido y de un empujón tiró al piso a Romani para quitarle su arco, y la pequeña pelirroja rompió a llorar.

- ¡Buaaaaaaaaaaa! ¡Hermana, Colin me empujó! -

- ¡Colin! – salió Cremia al paso, agarrando a su hermanita. – Eso no se hace. -

- ¡Pero ella empezó! – se excusó Colin.

- Aunque así sea, no tienes derecho a empujarla. – intervino Link.

- Pero… -

- Sin peros. – dijo Link. – Discúlpate con ella. -

A regañadientes, Colin se disculpó, y no pasó mucho antes que se diera cuenta que Romani solo estaba fingiendo el llanto, le pareció divertido hacer que regañaran a Colin. El chiquillo se enfadó y corrió tras la niña pelirroja, sin importarle lo que Link le había dicho de no empujarla. Romani se seguía burlando de él, con Aryll secundándola, y Colin se sentía frustrado de no poder decidir a quién de las dos corretear.

Mientras tanto, había alguien que estaba casi por completo al margen del resto del grupo. Ilia se notaba bastante molesta, y aguantándose (con muchísimo esfuerzo) las ganas de abalanzarse sobre la "invasora" y destrozarla con sus propias manos.

- Hush… ¿por qué tuvo que venir ella también? – masculló entre dientes, mientras veía como las dos niñas corrían hacia donde estaba Zelda y la jalaban para jugar con ellas, notándose muy felices. Después de un rato de corretear, las tres volvieron a sentarse con Cremia y Malon, aparentemente a discutir "cosas de chicas". – No te basta con acaparar a Link, ¿verdad? Ahora también acaparas a mis amigas. -

No entendía como esa "chica nueva" se había ganado en tan poco tiempo a la gente del pueblo. La muchacha solo tenía cerca de un mes ahí, y sin embargo, todos en el pueblo parecían quererla como si hubiese vivido ahí toda la vida. Hasta los niños disfrutaban jugando con ella como en ese momento, algo que la propia Zelda también parecía gozar de lo lindo, como si nunca hubiese tenido infancia.

- Ay, no. Se nos terminó el agua. – dijo Cremia de repente, viendo las gotas caer de su cantimplora.

- Si quieren yo voy por más. – ofreció Zelda.

- De acuerdo, muchas gracias. – dijo Cremia, dándole la cantimplora. Zelda tomó también la de Malon para llenarla de una vez.

La chica se dispuso a caminar, pero casualmente pasando al lado de donde se encontraba Ilia en ese momento que, como sin querer la cosa, discretamente estiró su pie justo cuando Zelda iba pasando. Zelda trastabilló, y se fue de bruces hacia el suelo, cayendo en un charco lodoso.

- ¡Zelda! – gritó Link.

- Ay, perdón, no fue mi intención. – dijo Ilia, aparentando inocencia lo mejor posible, e inclinándose para ayudarla a levantarse. Su actuación fue forzada, pero convincente.

- ¿Estás bien, te lastimaste? – preguntó Link.

- Descuida, creo que no. – dijo Zelda, entonces se miró, estaba toda llena de lodo. – Ah, por las Diosas, ¿ahora qué haré? Miren como estoy. -

- Te hace falta un buen baño. – comentó Romani como sugerencia.

- No es mala idea. – corroboró Zelda.

- Sabes, un poco más río arriba está una cascada. – sugirió Cremia. – Casi nadie suele ir por allí, podrías ir allá a lavarte, y a lavar eso. -

- Sí, creo que eso haré. – replicó la princesa, tratando de quitarse un poco el lodo como podía. – Volveré en un rato, ¿de acuerdo? -

Zelda se fue, sujetándose el vestido mientras escurría por el camino. Link, sin embargo, miró por la esquina del ojo a Ilia, quien parecía estar luchando por aguantarse la risa. Aparentemente, le pareció divertido que Zelda cayera en el lodo. Pasaron unos minutos, y de pronto Ilia dijo:

- Creo que mejor voy a… acompañar a Zelda. – Casi pareció escupir el nombre. - Ya saben, asegurarme que no vaya a tener… algún problema. –

Y sin decir más, se alejó del claro en la misma dirección que Zelda se había marchado. Si bien Malon, Cremia y los niños no parecieron sospechar nada de la actitud de Ilia, Link de ningún modo en absoluto se iba a tragar ese cuento. Así, cuando no estaban mirando, siguió a Ilia. Tenía un mal presentimiento sobre ella.

Luego de un rato, Zelda llegó hasta donde estaba la cascada. La joven princesa se maravilló con la vista, en ese lugar se formaba un pequeño lago, antes de entrar al río, todo el lugar estaba rodeado por frondosos árboles, el agua era muy limpia y cristalina, tanto que se podía ver a los peces nadando en ella. Era difícil creer que casi nadie fuera por ahí.

Zelda se arrodilló junto al lago, se quitó el vestido, y lo remojó un poco en el agua hasta sacarle todo el lodo, lo escurrió, y solo por precaución, miró a todas partes para cerciorarse que nadie la viera, y usando sus poderes lo secó. Cogió un poco de agua para lavarse la cara y el cabello, pero cuando iba a ponerse el vestido otra vez, se detuvo.

Su intención original era simplemente lavarse ella misma y su ropa, sin embargo, por alguna razón, algo la impulsó a querer disfrutar de ese lugar un poco más. Quizás a los demás no les molestara que se tardara solo un ratito, no le haría daño.

Sonriendo, se despojó sin prisa de su ropa interior, y dejándola junto a su vestido, se metió en el agua. Tanteando el fondo se dio cuenta de que el lago que se formaba era poco profundo, apenas le llegaba un centímetro por debajo de las rodillas, así que caminó hasta donde estaba la cascada y se arrodilló. El agua que caía sobre ella era un poco fría, pero al acostumbrarse a la temperatura empezó a sentirse realmente bien. En palacio, siempre le ponían agua caliente y sales de baño en la bañera cuando le tocaba asearse. Pero hacerlo así, al natural, era muchísimo más placentero, y refrescante. Era una sensación indescriptible, y le encantaba.

Unos minutos después, Ilia llegó al lago junto a la cascada. De lejitos, alcanzó a ver a la princesa bañándose bajo el agua que caía. Tuvo que reprimir un arranque de furia, provocado por una ola de envidia que la invadió, al verla de ese modo.

- Hmph, presumida. – murmuró. – Qué bueno que nadie excepto yo te está viendo. -

Discretamente, Ilia se escurrió hacia donde estaban las ropas de Zelda. Se aprovechó de que la joven estaba mirando hacia el otro lado mientras se bañaba, y las agarró.

- ¿Hmm? Que raro, están secas. – dijo Ilia. – Bueno, qué más da. -

Se alejó con cautela para evitar que se diera cuenta de su presencia, y se ocultó entre unos matorrales.

- Jijijí, vamos a ver qué te parece esto, chica nueva. - dijo Ilia, tomando una pequeña bolsita de su cinturón.

- ¿Se puede saber qué estás haciendo con eso? -

- ¡Aahh! – Ilia se asustó, la voz la había tomado desprevenida. Miró a todos lados, y vio a Link, parado detrás de ella, con los brazos cruzados y una expresión muy severa en su rostro. – Oh… jeje… hola, Link… - dijo, intentando fingir inocencia. – No sabía que estabas por aquí. -

- Tuve un presentimiento, y pensé que debía asegurarme de que no tramabas algo. Por cierto, ¿qué ese vestido no es de Zelda? – preguntó Link, viendo el vestido azul y blanco doblado que tenía en su regazo. - ¿Qué estás haciendo con él? -

- Ejem… bueno, yo… - La mente de Ilia iba como un torrente, intentando pensar en una excusa creíble, pero antes de tener oportunidad de hacerlo, Link le quitó la bolsita que traía. - ¡Oye! -

- Hmm. – Link examinó el contenido entre sus dedos, luego de unos segundos empezó a sentir comezón en ellos. – Esto es polvo picapica, Ilia. ¿Se lo ibas a poner a la ropa de Zelda para que le diera comezón al ponérsela? -

- ¿Yo? ¡Link, pero cómo se te ocurre! ¿Crees que yo sería capaz de hacer algo así? – dijo Ilia, tratando de fingir inocencia.

- No lo creo, lo sé. – dijo Link, muy enfático, devolviéndole la bolsa y tomando el vestido de Zelda. – Ilia, ya no tienes edad para esos juegos. ¿Dónde está Zelda? -

- ¿Para qué quieres saberlo? – preguntó Ilia, ya comenzando a molestarse.

- No te hagas la lista. – dijo Link. – Voy a devolver esto a su lugar. -

- Hmph, de acuerdo, tú ganas. – dijo Ilia. – Está bañándose allá en la cascada. -

- Gracias. – dijo Link. – Mejor vuelve al claro con los demás. -

Link comenzó a caminar en dirección hacia la cascada, Ilia se fue muy molesta. Si no fuera porque conocía bien a Link, le hubiera preocupado lo que pudiera pasar si iba donde estaba la "chica nueva".

Por su parte, Link comenzaba a cuestionarse un poco a sí mismo con lo que acababa de hacer y decir. Era cierto que no podía fiarse de Ilia por lo que estuvo a punto de hacer, pero, quizás no era necesario que él mismo fuese. De cualquier manera, los otros estaban lejos, así que de todos modos tendría que hacerlo le gustase o no.

- "¿Por qué estoy tan preocupado? Solo voy a devolver esto, nada más." – dijo Link, intentando sacudirse los pensamientos de la cabeza. De cualquier manera, si Zelda lo veía, podría explicarle lo que pasó, para que no fuese a pensar mal de él.

Bueno, su idea original era ir y poner la ropa de Zelda de vuelta en su sitio, y volver de inmediato, rápido y silencioso. No tardó en encontrar el bolso y el resto de las pertenencias de Zelda entre unos matorrales, de modo que fue a dejar la ropa ahí, sin embargo, cuando se disponía a irse, alcanzó a escuchar la voz de Zelda, que sobresalía del ruido de la cascada. La chica estaba cantando, y no lo hacía nada mal, lo que captó la atención del rubio. Aún cuando su parte racional no cesaba de decirle que mejor se fuera de ahí a la brevedad, algo lo mantuvo en su sitio. La voz de la joven era muy hermosa, y sin saber muy bien por qué, volteó en la dirección de la que provenía.

Ahí estaba Zelda, con el agua de la cascada cayendo sobre ella. Tenía la parte inferior de su cuerpo sumergida en el río, pero por desgracia (o suerte, dependiendo como lo vean) lo que Link alcanzó a ver fue más que suficiente para que se quedase estático en ese lugar, sin aliento. Gracias a las Diosas su largo cabello estaba cubriendo sus pechos en ese momento, no obstante, no sirvió de mucho para ocultar su esbelta figura, y su piel tan blanca que resplandecía al estar mojada. La chica en verdad parecía estar disfrutando mucho su baño en la cascada, ya que se notaba en su rostro una expresión bastante placentera, sonriendo con los ojos cerrados. Link seguía los movimientos de la joven con la mirada, estaba totalmente hechizado por su belleza.

- Por las Diosas… - murmuró Link, admirando como la joven se frotaba su cuerpo con delicadeza, como si fuese una especie de ritual de purificación divina, por no decirlo de otra manera. Pero después de unos segundos, se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se abofeteó a sí mismo y sacudió la cabeza. – "¡¿Huy, pero qué te pasa, Link, ahora estás de pervertido? Mejor me voy antes que se de cuenta que estoy aquí."-

Sin más, dio media vuelta y salió corriendo, tuvo suerte de no chocarse ni tropezarse con nada, ya que cerró los ojos con fuerza por temor a sentirse tentado a mirar atrás. Finalmente se detuvo, y se sentó al pie de un árbol, respirando profundo, tratando de normalizar su ritmo cardíaco. Sentía toda su cara al rojo vivo. Quiso sacar esa imagen de su cabeza, pero no pudo, o en realidad, no quiso hacerlo. Jamás, jamás en toda su vida había visto tanta belleza junta y de esa manera en una mujer. Link estaba casi seguro que Zelda podría haber puesto en vergüenza a muchas chicas del pueblo mayores que ella. Él mismo no podía creer lo que estaba pensando, pero bueno, era un hombre, impresionarse con la belleza de una mujer, más aún viéndola en todo ese esplendor, no era extraño, ¿cierto?

- Tranquilo, Link, tranquilo… - dijo, finalmente calmándose, dándose unas palmaditas en el pecho. – Nadie tiene por qué saberlo, ¿verdad? -

Respiró profundo, y por fin pudo superar el asunto. Fue un poco más de lo que hubiera esperado ver de Zelda, y aunque no podía negar que le gustaba lo que había visto, decidió no hablar ni pensar más al respecto. Convenciéndose que fue solo un impulso momentáneo, un momento de debilidad, regresó tranquilamente al claro con los demás.

Por su parte, Zelda creyó escuchar un ruido en la orilla mientras se bañaba, pero al ir a ver no encontró a nadie. Supuso que debió ser algún animal que rondaba por ahí. Ya sintiéndose más fresca, fue a secarse y se vistió, regresando al claro.

- Disculpen la tardanza. – dijo, mientras se sentaba con los demás.

- Descuida. – dijo Cremia. – Bueno, ¿quién tiene hambre? -

- ¡Yo tengo hambre! – exclamó Colin. – Uff, ya se me abrió el apetito. -

- Ya no aguantaba más. – dijo Aryll, abriendo su caja de almuerzo. Colin le echó un vistazo al almuerzo de Aryll.

- Hey, eso huele bien. – dijo. - ¿Es el almuerzo de tu abuela otra vez? -

- Ni creas que te voy a dar. – dijo Aryll, alejándola. – Cada quien tiene que traer lo suyo. -

- Hmph, que mala eres. – dijo Colin, mirando deprimido su propio almuerzo.

Todos comenzaron a comer. Colin no parecía disfrutar su almuerzo tanto como los otros, y seguía mirando con envidia a Aryll ocasionalmente, quien en respuesta al notarlo le sacó la lengua a modo de burla. Zelda lo notó, y soltando una risita, cogió uno de los emparedados que tenía y se lo alargó a Colin.

- ¿Quieres un poco? -

- ¿En serio? – preguntó Colin, emocionado.

- Claro. – sonrió Zelda.

- Oye, Zelda, pero... – Aryll estaba a punto de protestar algo.

- No es malo compartir un poco con los demás. – dijo Zelda. – No seas tan egoísta. -

- Hmm... - Aryll bajó la cabeza, ruborizándose, mientras Colin se engullía el emparedado gustoso.

- Gracias, Zelda. – sonrió el pequeño.

El almuerzo continuó tranquilamente. Luego que todos apaciguaron el hambre, Link y Colin retomaron las prácticas con el arco, mejorando Colin enormemente sus resultados. Era un buen aprendiz. Las dos niñas volvieron a sus juegos, mientras las chicas mayores comenzaron a platicar un poco. Inclusive Ilia, que hacía un esfuerzo enorme por aparentar ser amable con Zelda.

- Ah, ahora que me acuerdo. – dijo Ilia, parándose de repente. – Tengo que aprovechar de buscar unas hierbas medicinales. -

- ¿Hierbas medicinales? – preguntó Link.

- Sí, es que… uno de nuestros caballos está un poco enfermo. – dijo, a manera de pretexto. – ¿Alguien me quiere acompañar? – preguntó como sin querer la cosa, aunque mirando de reojo a Zelda.

Cuando nadie le respondió, Zelda, tal como Ilia anticipaba, se puso de pie, y se ofreció a ir con ella. Ilia pareció encantada (y lo estaba). Link vio eso con bastante suspicacia. Algo dentro de él le dijo que Ilia nuevamente tramaba algo, y no era nada bueno. Especialmente, porque sabía que en la dirección donde iban, habitaban bestias salvajes peligrosas.

Las dos chicas se fueron del claro, internándose en el bosque cercano. Por fortuna para Ilia, ella conocía un poco de hierbas medicinales, y fue recogiendo algunas para no levantar sospechas. La intención de Ilia era adentrarse un poco dentro del bosque, alejarse de Zelda, y posiblemente después darle un buen susto mientras anduviera perdida. Durante varios minutos se fueron adentrando más y más, sin embargo, sin que Ilia lo supiera, Zelda dejaba marcas en forma de flecha con un trozo de carboncillo en los árboles por donde pasaba, para recordar el camino.

Luego de estar varios minutos recorriendo el bosque y recogiendo las hierbas, Ilia le preguntó a Zelda si podía buscarle cierta flor que según ella tenía propiedades curativas, indicándole donde podía encontrarla. Sin sospechar nada, Zelda aceptó de buena gana, y se internó aún más en el bosque, sin ver detrás de ella la sonrisa maliciosa de Ilia.

- Muchas gracias,… tonta. – se rió por lo bajo.

Luego de verla alejarse lo suficiente, Ilia dio la vuelta y echó a correr, para ponerse a distancia segura. Su intención era rodear a Zelda y sorprenderla por detrás, para darle un susto de muerte. Susto de muerte, no sonaba nada mal en la cabeza de Ilia. No dejaba de reírse por dentro, sería muy divertido ver su cara de terror, inclusive tal vez sacarle lágrimas. Estaba tan absorta pensando en eso… que tardó unos segundos en darse cuenta de que la había perdido de vista

- Hey, ¿dónde se metió? -

Ilia caminó hacia donde se suponía que debía haber ido Zelda. Pero no la encontró. Tampoco la escuchaba gritar ni nada, para guiarse por la voz. Caminó por unos minutos, conteniéndose de llamarla o algo, para no arruinar el elemento sorpresa… pero a causa de su terquedad, al poco rato se dio cuenta de que no solo había perdido a Zelda, sino que estaba caminando en círculos, y ahora no sabía dónde estaba ni como regresar.

- Ay no, ¿ahora qué haré? – farfulló. – No sé ni donde estoy. Esto es tu culpa, invasora, me las vas a pagar. -

No podía creerlo, había terminado cayendo ella misma en su propia trampa. Y estar ahí sola, perdida en ese oscuro bosque, a merced de los animales salvajes que lo habitaban… un escalofrío le recorrió toda la médula ante el pensamiento. Más aún, se suponía que era solo una "broma inocente". Si regresaba sin Zelda, los demás iban a preguntar qué le había pasado. Y si Zelda no era capaz de volver por su cuenta, dirían que si le pasó algo, habría sido su culpa. No, de ninguna manera, no podía permitir eso.

Se puso de pie, y tragándose el orgullo empezó a llamarla, tratando de aparentar que estaba preocupada por ella, aunque más lo estaba por salvar su propio pellejo, particularmente de Link. Si su "amiguita" no regresaba, la torturaría con el cargo de conciencia por el resto de su vida.

- ¡Zelda! ¿Zelda, dónde estás? -

Ilia seguía llamándola, pero no le respondía. Quizás se debiera a que los árboles ahogaban un poco el sonido de su voz. Trataba de no moverse demasiado lejos de la zona para no perderse más. Se llevó un buen susto cuando, sin avisar, un pájaro voló hacia ella, rozándole la cabeza, como si invadiera su territorio. Invadir su territorio, qué ironía, eso era precisamente con lo que ella estaba lidiando.

Finalmente, después de unos minutos, se sentó en las raíces de un árbol, para descansar un rato. Era el colmo. ¿Cómo era posible que terminara siendo ella misma víctima de su propia broma? Pero tenía que encontrar a Zelda. No podía regresar sin ella, le cayera bien o no. Pero tenía que pensar con claridad. Haciendo un esfuerzo, pensó que tal vez debía tratar de recordar cada paso que había dado y darlo en reversa otra vez, para encontrar el camino de vuelta.

- "Maldita sea." – mascullaba para sus adentros Ilia. – "Por las Diosas, ¿cómo rayos fue que me metí en esto?" -

- Aquí estás. – dijo de repente Zelda detrás de Ilia, asustándola. – Te he estado buscando, ¿qué pasó? -

- Nada, solo… creo que me perdí un poco. – gruñó la chica. - ¿Encontraste la flor? -

- No, no la había donde me indicaste. – dijo Zelda. - Será mejor que regresemos. Sígueme. -

- No juegues, ¿cómo me vas a mostrar TÚ el camino a MÍ? -

- Dejé marcas en los árboles por donde vine. – dijo Zelda, cogiéndola de la mano. – Solo hay que seguirlas, vamos. -

- "Genial, ¿por qué no pensé en eso?" – gruñó Ilia en su interior, y odiando a Zelda aún más por haber sido más inteligente que ella. – "La traigo aquí para que se pierda, y termina ella encontrándome cuando me pierdo yo. Y encima, es ella la que me da el susto a mí. Simplemente genial." -

Zelda se llevó a Ilia de regreso al claro, efectivamente, siguiendo la dirección de las flechas que había marcado Zelda en los árboles, no tardaron en encontrar el camino de regreso al río. Lo que ambas ignoraban, sin embargo, era que un par de ojos amarillos estaban siguiendo sus movimientos… acechando muy, muy de cerca…

Unos minutos después, bajando por el río, las dos chicas regresaron al claro. Los demás las esperaban, se notaban bastante preocupados por la ausencia de ambas, así que sintieron un gran alivio al verlas.

- ¿Por qué se tardaron tanto? – preguntó Cremia.

- Disculpen, Ilia se perdió. – se excusó Zelda. – Menos mal que dejé un rastro para volver. -

- Es muy peligroso meterse por allá. – dijo Link. – Podrían haberse encontrado con alguna bestia salvaje. -

- Jeje, eso hubiera sido divertido. ¡Raaar! – rugió Colin, haciendo un ademán de monstruo, que a Aryll y Romani no les gustó.

- Bueno, creo que ya nos divertimos por hoy. – dijo Link. – Será mejor que… esperen… -

- ¿Qué pasa, Link? – preguntó Zelda.

- ¿No oyen eso? -

- ¿Oír qué? Yo no… un momento. -

Todos aguzaron el oído. En efecto, se oían cerca los gruñidos de algo, como un lobo. Todos se pusieron en alerta, Aryll y Romani se abrazaron de Cremia instintivamente, mientras ella intentaba calmarlas. Link veía a todas partes, tratando de determinar desde donde venían los gruñidos. Cuando pudo determinar la dirección, miró fijamente. A unos 150 metros de ellos, entre unos arbustos, distinguió un par de ojos amarillos, que los estaban mirando.

- Oh, no… - murmuró. Lo que fuera que estuviera ahí, Link solo estaba seguro de una cosa: los tenía en la mira, para la cena. – Aléjense. Busquen donde ocultarse. -

Con sigilo, Link trató de coger su arco, pero el animal, aparentemente previendo eso, finalmente saltó fuera de su escondite, y comenzó a correr. Ahí pudieron verlo con claridad. La bestia tenía un aspecto cánido, como un lobo bastante crecido, tenía pelaje gris oscuro muy espeso, garras y dientes afilados. Sus patas delanteras parecían más brazos, por lo largas que eran a comparación de las traseras.

- ¡ES UN WOLFOS! – gritó Link. - ¡CORRAN! -

Gritando de terror, todos se dispersaron. Romani y Aryll corrieron hacia un árbol, y se treparon ayudadas por Cremia para ponerse a salvo, luego la ayudaron a subir. Malon, que entró en pánico, vio la salida más cercana y se tiró al río, rezando por que a ese animal no le gustase el agua. Ilia y Zelda trataron de alejarse todo lo posible a su vez en otra dirección. El animal salvaje corrió hacia Link, quien apenas tuvo tiempo de sacar una flecha de su carcaj y dispararle, pero como no le dio tiempo a apuntar bien, la flecha pasó de largo rozando el pelo de la bestia, que se abalanzó sobre Link.

- ¡LINK! – gritaron Zelda e Ilia. El animal trataba de clavarle los dientes a Link, quien forcejeaba en el suelo sorprendentemente para mantenerle la mandíbula cerrada. En respuesta, Ilia y Zelda comenzaron a lanzarle piedras para distraer su atención. Una de ellas le pegó en la cabeza, y eso bastó para que en su enojo se olvidara de Link, y fuera tras ellas.

- ¡CORRE! – gritó Zelda.

Link aprovechó el momento para ponerse de pie. Gracias a la acción rápida de Ilia y Zelda, no sufrió heridas, sin embargo, el Wolfos había destrozado su arco de un mordisco, de modo que corrió a buscar su espada lo más rápido posible.

Mientras tanto, el Wolfos ahora iba tras Ilia y Zelda. Las dos jóvenes no tuvieron tiempo de rodear a la bestia para tirarse al río como hizo Malon, y no estaban cerca de árboles que pudiesen trepar para escapar, de modo que no les quedaba más opción que seguir corriendo, pero el animal les estaba dando alcance rápidamente. Zelda se tropezó y cayó, pero Ilia, ya fuera por el pánico o por alguna otra razón, no se detuvo a ayudarla. El Wolfos ya estaba sobre Zelda.

- ¡NO! -

¡FIUUUUUUUUUU! ¡THOK!

- ¡AAAAAAAUUUUUU! – La bestia lanzó un terrible y desgarrador aullido, una flecha acababa de incrustarse en su hombro. Cuando terminó, volteó a mirar en la dirección en la que había venido el proyectil, y vio al responsable: era Colin, que cuando nadie lo miraba había cogido su propio arco, y disparando una de sus propias flechas consiguió disuadir al enfurecido animal de perseguir a las chicas, quienes aprovecharon la distracción para separarse y ocultarse tras unos arbustos, pero a un alto costo: él se había convertido en su nueva presa.

- ¡COLIN! – gritaron desde el árbol Romani y Aryll.

El pequeño, sorprendido de su propia osadía, se quedó petrificado ante los ojos amarillos del Wolfos, que se echó a correr a cuatro patas hacia él. Un par de segundos después fue que se dio cuenta de que tenía que moverse de ahí o se convertiría en su cena, y tirando de nuevo el arco corrió hacia el árbol donde estaban Aryll, Romani y Cremia, intentando salvar su vida.

- ¡COLIN, DAME LA MANO! – gritó Cremia, alargándola. Colin se agarró con todas sus fuerzas, como si su vida dependiera de ello (y así era), pero sus pies resbalaban sobre la corteza, y no conseguía subir. Romani y Aryll se abrazaban asustadas, rezando por que Cremia lograra subirlo antes que el Wolfos lo alcanzara, y que no se cayera en el proceso.

Link corrió a todo lo que podía hacia la bestia, desenvainando su afilada espada. Tenía que llegar, y asestarle un golpe directo: de ninguna manera podría fallar. El Wolfos estaba a punto de llegar al árbol, parecía que iba a atrapar a Colin, pero, inexplicablemente, algo de repente lo detuvo, justo antes de que lo hiciera. Link creyó ver por una fracción de segundo una especie de chispazo cerca de la cara del Wolfos, pero no tenía tiempo para pensar en eso, así que actuando por instinto, apretó el paso, y alzando sobre su cabeza su espada, la dejó caer en seco sobre la bestia.

¡PLANK! El plano de la hoja golpeó con fuerza sobre la cabeza del Wolfos, Link casi pudo escuchar como se fragmentaba su cráneo, la bestia emitió un patético quejido, trastabilló un poco, y cayó para no volver a levantarse. Link jadeaba, mientras ponía la espada de vuelta en su funda. Los demás se acercaron, por fin, el peligro había pasado. Cuando por fin recuperó el aliento, se volteó a ver a Colin y las chicas, que se bajaban del árbol. Malon asomó la cabeza fuera del río, y salió al notar que el alboroto ya había terminado.

- ¿Están todos bien? – preguntó.

- Estamos bien. – dijo Cremia. – Diosas, por poco. -

- ¿Estás bien, Malon? – preguntó Link.

- Empapada hasta los huesos, pero bien. – aseguró la pelirroja.

- Yo creo que mejor dejamos el día de campo hasta aquí. – dijo Link. – Si hay uno de estos, puede que haya atraído a otros. Recojan sus cosas y volvamos al pueblo, pero ya. -

Todos fueron a coger sus pertenencias para irse de ahí, antes de atraer más bestias peligrosas. Ilia y Zelda por fin salieron de sus escondites, y se aproximaron a Link.

- ¿Están bien las dos? – preguntó Link, aunque mirando solo a Zelda.

- Sí, descuida. – dijo Zelda.

- Ve por tus cosas y vámonos. – dijo Link, luego volteó a ver a Ilia. – Y respecto a ti, creo que tenemos que hablar. -

Link se llevó a Ilia aparte, sin embargo, mientras recogía sus cosas, Zelda alcanzó a oír lo que estaban conversando, se podía notar que Link estaba muy molesto. Por acto reflejo, no pudo evitar ver por encima de su hombro como hablaban.

- ¿En qué diablos estabas pensando? – lo escuchó decir, mientras le sujetaba los hombros, de manera un poco brusca.

- Link, te aseguro que yo no… -

- Mira, no sé qué clase de broma tramabas, y no me interesa. Pero por haberte metido allá, tú y Zelda podrían haber terminado heridas o peor aún. -

- Lo dices por ella nada más. – dijo Ilia con ligera aversión. – Conmigo no te hubiese importado. -

- ¿Qué quieres decir con…? – Link estuvo a punto de decir algo más, pero se contuvo, y bufando, prosiguió. – Ese no es el punto. Lo que quiero decir es, que eso no fue una broma inocente. Lo que hiciste nos puso a todos en peligro, y da gracias a las Diosas que nadie salió lastimado. Te daré un pequeño consejo, Ilia: a ver si maduras, porque se supone que ya no eres una niña. -

Link no dijo más, y se alejó de Ilia para ir a recoger sus pertenencias e irse de ahí. Zelda, por su parte, aparentemente se sintió algo mal por como Link reprendió a Ilia, tuvo que admitir que le dio un poco de miedo verlo así de enfadado. Ilia se fue, como Zelda pudo notar, bastante enfadada, a reunirse con Malon, Romani, Cremia, Aryll y Colin. Link cogió sus cosas y se aproximó a ella.

- ¿Nos vamos? – preguntó él.

- Claro. – respondió ella, y con eso, se reunieron con los demás.

Por todo el camino de regreso, Colin no paró de molestar a Link, diciéndole como lo había salvado y todo eso. Link trataba de ponerle un poco de méritos al pequeño, ya que él también fue muy valiente al haberle disparado esa flecha para distraerlo, salvando a Zelda e Ilia.

- Vamos Link, tú fuiste el héroe. – dijo Colin. – Espera que se lo cuente a mi papá, como, ¡BAM!; le diste justo en la torre. -

- No es para tanto. – decía Link.

- Pero tú mataste a ese Wolfos. -

- Sí, pero… fue porque algo lo distrajo. –

- ¿Cómo dices? -

- No sé si lo notaste, pero… cuando iba corriendo, algo le pegó en la cara, como una chispa, no sé, y eso lo detuvo un par de segundos, lo que me dio tiempo para alcanzarlo. -

- ¿Estás seguro? Yo no vi nada. Bueno, ¿qué iba a estar viendo mientras estaba ahí? -

- Cierto, cierto. - Link no dijo más nada. Estaba casi seguro de que había visto algo, pero finalmente, decidió olvidarlo.

Por otra parte, Zelda sabía que Link no estaba tan errado. Le sorprendió que pudiera ser tan perceptivo de sus alrededores en una situación como esa. Ellos no lo sabían, pero había sido ella. Desde su escondite, y aprovechando que nadie podía verla en ese momento, disparó desde su dedo una pequeña bola de luz cegadora, casi imperceptible, que le dio al Wolfos en la cara, distrayéndolo por un par de segundos, y dándole a Link tiempo para alcanzarlo y darle el golpe fatal para salvar a Colin. Pero desde luego, esa era una acción por la cual ella no tenía la menor intención de reclamar crédito alguno.


Al anochecer, en casa de Link…

Zelda estaba sentada en el borde de su cama, con la mirada perdida. La joven se sentía muy mal por como había resultado la tarde. Pese a que realmente no había sido su culpa, se sentía un poco responsable de que Link se enfureciera con Ilia. Estaba segura de que Ilia no pretendía en lo más mínimo ponerla a ella ni a nadie en peligro.

¡KNOCK! ¡KNOCK!

- Está abierto. – dijo Zelda, sin muchos ánimos. La puerta se abrió, era Link, que le traía una bandeja con comida.

- No bajaste a cenar, pensé que tendrías hambre. – dijo Link, Zelda intentó forzar una sonrisa para darle las gracias, pero Link pudo ver que aún se sentía mal por lo ocurrido. - ¿Aún pensando en eso? – le preguntó mientras se sentaba junto a ella.

- Yo… -

- Zelda, ya te lo dije, lo que pasó no fue tu culpa. – dijo Link, tratando de hacerla sentir mejor. - Tú sólo fuiste otra víctima de las boberías de Ilia. -

- Link, dime, ¿Ilia es así todo el tiempo? – preguntó Zelda.

- No, solo cuando le dan arranques. – dijo Link, con un tono medio sarcástico. – Ella sabe bien lo peligroso que es meterse en esas partes del bosque. -

- Aún así… ¿no crees que fuiste… bueno, un poco duro con ella? – dijo Zelda. – Estoy segura de que ella realmente no quería que nadie saliera lastimado ni mucho menos. -

- Quizás, pero eso no justifica lo que hizo. – dijo Link. - No estamos hablando de una simple broma. Además… -

- ¿Además? -

- No, nada, no importa. – Link decidió no comentar nada más al respecto. Zelda no necesitaba saber que esos "incidentes" Ilia los había hecho a propósito. Ni mucho menos que él había visto… un poco más de ella de lo que debería. – Solo que lo que hizo fue demasiado peligroso, y eso es todo. -

Zelda guardó silencio. Lo que Link decía era cierto, había sido muy peligroso lo que Ilia había intentado. Finalmente decidió olvidarse del asunto.

- Bueno, mejor será que te lo comas antes que se enfríe. – dijo Link, dándole la bandeja que había traído. – No es bueno irse a la cama con el estómago vacío. -

- Sí, tienes razón. – dijo Zelda, tomándola.

- Iré a cerrar el taller, si necesitas algo solo llámame, ¿bien? -

- Claro, gracias. -

Link dejó el cuarto, Zelda finalmente decidió comerse su cena. Aún no se le iba del todo, pero al menos, las palabras de Link la habían ayudado a sentirse mejor. Y pensándolo bien, fuera de los pequeños incidentes, la tarde no había resultado tan mal después de todo.


Unos días más tarde…

Malon iba caminando a casa del alcalde. Esa mañana había recibido una nota de Ilia diciendo que fuese a verla a su casa. Viendo que no tenía nada mejor que hacer, decidió ir, aunque preguntándose qué sería lo que quería Ilia. Se sentía algo intranquila, algo en su interior le decía que probablemente no la quería ver para algo agradable. Sin embargo, sería de mala educación dejarla plantada, así que al menos decidió ir por cortesía.

- Llegas tarde. – dijo Ilia, que la estaba esperando en la puerta.

- No especificaste una hora. – dijo Malon, tratando de no sonar grosera. – Bueno… ¿qué es lo que deseas? -

- Malon… tú y yo necesitamos hablar muy seriamente. -

- ¿Sobre qué? – preguntó Malon.

- No es sobre "qué", sino "quién". Sobre esa… chica forastera. – dijo Ilia, al final casi se le sale un insulto.

- ¿Te refieres a Zelda? ¿Qué hay con ella? –

- ¿Es que no te has dado cuenta? Es una presumida, y siempre dándose aires como si fuese una dama de alta sociedad. -

- ¿De qué hablas? – dijo Malon. – A mí me parece que es muy agradable. -

- Esa chica nueva siempre está acaparando la atención de Link. – prosiguió Ilia, ignorando el comentario de Malon en defensa de Zelda. – Está abusando de su hospitalidad al quedarse en su casa. -

- ¿Qué quieres decir? – Malon no entendió de dónde salió eso. – Oye, ella se está hospedando en casa de Link porque él se lo ofreció, y él solo trata de ser un buen anfitrión, ¿qué tiene eso de malo? -

- Malon, ¿eres ciega o qué? – dijo Ilia, sin hacer ningún esfuerzo para ocultar los celos en su voz. - ¿No te das cuenta que esa chica es una amenaza, y de un momento a otro podría…? -

- ¿Podría qué? – interrumpió Malon, y luego la realización la golpeó en la cabeza. – Espera un momento, ¿acaso estás celosa de que Zelda pase tiempo con Link? -

- ¿C-celosa, yo? ¡Por favor, por qué le iba a tener celos a esa… esa…! ¡Bueno, da igual! -

- Ilia, ¿cuál es tu problema? Y en cualquier caso, ¿qué tengo yo que ver con esto? -

- Escucha, Malon. Tú y yo hemos sido amigas de Link desde hace tiempo, ¿no? Lo conocemos desde hace años, y no me negarás que él te gusta tanto como a mí, ¿cierto? -

- ¿P-pero qué estás diciendo? – Malon se ruborizó al oír eso, al parecer, Ilia había golpeado un nervio sensible.

- No te hagas. – insistió Ilia. – Ambas lo sabemos, no tiene caso negarlo. -

- B-bueno, pues… - Malon no sabía qué decir. ¿A dónde quería llegar Ilia con eso?

- Malon, considerando que ambas somos las amigas más cercanas de Link, no es justo que venga una invasora y trate de quitárnoslo, ¿cierto? -

- Pero… -

- Malon, si esa chica se mete de por medio, dile adiós a tus posibilidades con Link. – declaró Ilia como un hecho. – Quizás seamos rivales en eso, pero ahora tenemos una enemiga en común. -

- Habla por ti, Zelda no es mi enemiga. – dijo Malon.

- Bien, si no me quieres ayudar, allá tú. Pero piénsalo. Solo te ofrezco mi ayuda para sacarla del medio. Ya cuando lo hagamos hecho, podemos hacer una competencia justa entre las dos por Link. -

- Oye, ¿cómo puedes hablar así? ¡Link no es ninguna clase de trofeo! -

- ¿Preferirías dejar que se enamore de una perfecta desconocida? Si yo fuera tú, definitivamente lucharía por él. -

Malon abrió la boca, pero no le salió ninguna palabra. Ilia acababa de golpear otro nervio. Era cierto, había sido amiga de Link desde hacía mucho, inclusive, había sido ella quien le había regalado a Epona cuando apenas era una potrilla. Pero la verdad, ella siempre había albergado sentimientos más profundos hacia Link de lo que estaba dispuesta a admitir. Él despertaba mucha admiración entre las chicas del pueblo, sin embargo no parecía muy orgulloso ni adulado por ello. Era amable con todas por igual, pero tenía que admitir que con Zelda, estaba en un nivel muy diferente, y eso que apenas llevaba poco más de un mes de conocerla. Muy inusual, tuvo que reconocerlo. Pero Zelda era una chica agradable, y había sido muy generosa con ella anteriormente, las salvó a ella y a sus primas de perder su rancho por las deudas. Fuera lo que fuera que Ilia estuviera planeando, ¿sería capaz realmente de pagarle de ese modo?

- No… no vamos a lastimarla, ¿verdad? – preguntó Malon algo preocupada.

- ¿Quiere decir eso que aceptas ayudarme? – preguntó a su vez Ilia. – Descuida, nadie va a salir herido. -

- Hmm… está bien… te ayudaré. - dijo Malon, resignada

- De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer… -

Malon se puso a escuchar detenidamente. No le parecía correcta ni sana la actitud que Ilia estaba tomando. Pero el que Link estuviera de por medio era algo demasiado comprometedor. Debía admitir que no encontraba del todo agradable la idea de permitir que Link se enamorase de una chica que conocía desde tan poco. Se había contentado con ser su amiga por años, pero… ¿acaso habría posibilidades de ser algo más? ¿Valdría la pena aliarse con Ilia por ello?

Esta historia continuará…


Notas del Autor:

Uff, disculpen el enorme retraso. Me costó trabajo enlazar las escenas (me he puesto a escribir salteado), pero aquí lo tengo. Ya Ilia ha comenzado a molestar, pero dará su gran golpe en el próximo capítulo. Ahí si veremos surgir bastante tensión.

Ahora, como de costumbre, gracias por los reviews a: girl-hatake95, Gaamatsu96, Nikki_Maxwell, A.C. Akasuna, , Dialirvi, la generala, Himi, yi-lee, LINK, mininaxoxo, EscarlethofSoren, ToonCsi, MontseCat-Destiny, aKt-kawaii, Zeldi-chan de hyuuga, Zilia K, Nayrut, clamp-girl, xxxxInu girlxx93839, Isabel, espero mas y anonimo (wow, eso fue largo). A anonimo, quisiera dirigirle algunas palabritas. Primero, sé bien que no quisiste ofenderme, pero si no dejé un avisto de que voy a abandonar el fic, es porque no tengo la intención de hacerlo. El hecho de que no haya publicado nada no quiere decir que no haya avanzado nada. Lo que ocurre, es que me había estancado con este capítulo en particular, y para ganar tiempo, empecé a escribir las ideas que tenía para los capítulos futuros, para así no perderlas, y de ese modo, aún si estaba estancado con un capítulo, por lo menos no me quedaba estancado con la historia en sí. No sé si otros autores escriban así salteado, pero a mi parecer funciona, ya que lo hice cuando estaba escribiendo los últimos caps de mi fic de Star Fox (que me tomó tres años terminarlo). Y finalmente, sí estoy ocupado, tengo deberes en la universidad y un trabajo de medio tiempo de qué ocuparme. Pude aprovechar de terminar este cap ahora gracias a algunas ideas que me pasó una amiga, que ya tiene más experiencia que yo escribiendo fics ZeLink, y que tenía el descanso intersemestral. Pero ya van a empezar las clases, y dado que planeo hacer cursos intensivos en Agosto, tendré tiempo limitado para escribir.

Biem, ya dije todo lo que iba a decir, debo irme. ¡Hasta otra!