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Hana

Acaso, ¿esto era un atisbo de la felicidad que me esperaba en este lugar?

No estaba totalmente segura de ello pero, de lo que si estaba segura era que entre los brazos de este hombre, tan cabeza dura y tan idiota como era, me sentía como volar. Literalmente, sentía como si todas mis preocupaciones y mis problemas se esfumaran por un instante, dejándome tan liviana que me aliviaba esta carga que arrastraba dentro de mí.

Corté nuestro beso y lo separé de mi unos centímetros para volver a ver esos ojos tan azules que me dejaban desarmada, y entre nuestras respiraciones entrecortadas el me tomó del rostro y me acarició con su pulgar mi mejilla tan dulcemente que me sentí a morir.

Yo me quedé de piedra allí, perdida en esa mirada que me atrapaba y sintiendo como toda esa franqueza de sus ojos me traspasaba y me desarmaba. Era su mejor arma contra mí, esa mirada que podía tirarme abajo y volverme a levantar en un suspiro.

Era como si derrumbara fácilmente todos los muros que había puesto entre mi misma y el mundo exterior, y pudiera verme el alma. Y eso me daba tanto miedo.

De un segundo a otro me regaló una de esas bellas sonrisas suyas y tragué en seco.

"Da pánico estar vulnerable… nunca nadie me sonrió así."

Estaba a punto de unir nuestros labios nuevamente cuando sentí que alguien se dirigía hasta donde estábamos. Lo tomé del traje y lo empujé rápidamente entre los árboles para escondernos, mientras él me tomaba de la cintura e intentaba no reírse por la situación en que nos encontrábamos. De un movimiento me acorraló entre su cuerpo y el árbol, y siguió besándome entre sonrisas.

Dios mío, me gustaba tanto este hombre que hasta dejé escapar también una pequeña sonrisa.

Pero cuando estoy experimentando un poco de felicidad en mi vida siempre pasa algo que me baja a la realidad de un guantazo. Siempre.

Lo que había sentido antes, y que ahora pasaban por el sendero, al lado de donde nosotros estábamos escondidos, eran dos jóvenes parejas que paseaban relajadamente riendo sin notar nuestras presencias. No les hubiese prestado atención, si no fuera porque escuché mi nombre en su conversación y con Bolt no pudimos evitar escuchar lo que decían.

-Es decir, ¿no le da vergüenza? Presentarse aquí, así como si fuera lo más normal del mundo.

-Lo sé, si hubiera pasado en mi familia yo no sé qué haría, y lo peor de todo es que la presentan como la hija mayor del clan Uchicha. Yo si estuviera en el lugar de Kenta estaría totalmente avergonzado.

-Y ni hablar de Sakura-sama, la pobrecilla debe hacer como si no pasara nada cuando tiene una bastarda viviendo bajo su propio techo.

-¿Saben lo que escuche de ella? Que era utilizada por su Sharingan por un funcionario corrupto para tratar con ninjas renegados y traficantes de armas.

-Yo he escuchado que la entrenaron para poder borrar a cualquier ninja del libro bingo.

-A mi me han dicho que es drogadicta, y que es muy violenta. Bueno, aunque tiene sangre Uchiha en sus venas, lo debe tener por herencia.

No pudimos escuchar más porque se fueron alejando en el camino, haciendo que perdamos sus voces y su conversación.

Yo me quedé de piedra mirando al piso mientras intentaba controlar mi respiración. No sé cuando comencé a hiperventilar pero podía sentir como me hervía la sangre y mi corazón bombeaba desenfrenado. Ya no por el intercambio de besos con el rubio –que me miraba en este momento expectante a mi reacción, sin poder creer lo que escuchó- sino porque tenía ganas de matar a alguien.

Decidí entonces que era suficiente para mí, me había cansado de ser el payaso de esa maldita fiesta de pijos.

No podía ni mirarlo a la cara a Bolt, seguramente estaría avergonzado y todo por mi culpa. Espero que ahora se dé cuenta con quien se estaba metiendo. Esquivé su mirada, le di la espalda y me dirigí hacia el sendero por el cual las dos parejas habían pasado hace minutos atrás.

-¡E-espera! –Intentó detenerme el rubio siguiéndome, y me tomó del codo para detener mi andar- No les hagas caso Amaterasu, no saben lo que están diciendo.

Yo ni siquiera me atreví a encararlo, solo alejé mi brazo de él.

-Me voy de aquí –Dije en un susurro y encaré hacia el salón para largarme de ese lugar.

El se puso a mi altura con un par de pasos e intentó tranquilizarme mientras me seguía el ritmo.

-Siento que hayas tenido que escuchar eso pero no les prestes atención Amaterasu, son solo unos idiotas que hablan de lo que no saben.

Pero yo no quería escuchar razones, no quería ni siquiera escucharlo a él. ¿No podía dejarme tranquila?

-Vamos Amaterasu. Por favor, quédate.

-No quiero seguir siendo el payaso de la fiesta Bolt –Le dije secamente todavía sin parar mi andar furioso- Ni siquiera fue una buena idea haber venido.

-¿Estás loca? Claro que tienes que estar aquí.

-¡No entiendes! –Le dije encarándolo e intentando no gritar para que nadie nos oiga- Ellos tienen razón, soy una vergüenza para la familia y lo he aceptado. Pero lo que no voy a permitir es seguir dándoles de qué hablar. Ya vine a la puta fiesta y cumplí porque Sasuke me lo pidió, pero ahora mismo me voy porque no aguanto estar rodeada de esta mierda de gente.

-Entonces quédate conmigo –Murmuró acercándose a mi rostro y rozando mi mejilla con su pulgar nuevamente- Por favor.

Con su mirada nuevamente cerca de mí, sentí como se aplacaba un poco la ira dentro de mí y se extendía esa sensación cálida en mi pecho, pero el amargo sabor a la realidad todavía estaba allí.

-Adiós Bolt –Y alejándolo bruscamente me dirigí nuevamente hacia el salón para largarme de ese lugar. Él no siguió mis pasos.

Minutos después me encontraba sorteando todo tipo de gente para encontrar la salida, con una cara que no invitaba a ser apelada por nadie, totalmente diferente con la que salí. Obviamente iba intentando ser lo más discreta posible también, y sin que nadie –especialmente ningún Uchiha- pueda verme y persuadirme de mi decisión. Además que no quería dar explicaciones por mi humor de perros y mi ira contenida, claramente palpable.

Estaba por salir victoriosa en mi misión de escabullirme sin ser notada de la fiestucha cuando, entre la mezcla de presencias y chakras de los distintos ninjas a mí alrededor, sentí una que me parecía familiar.

Bastante más familiar de lo que me hubiera gustado.

Seguí mis instintos hacia donde se encontraba y si. Definitivamente era mucho más familiar de lo que hubiera preferido nunca encontrarme allí.

A lo lejos la divisé. Era ella sin dudas. Cabello castaño y corto, alta pero robusta, chakra débil pero constante, desaliñeada y nada elegante. Hana.

Mi corazón empezó a latir desbocado y empecé a tener un ataque de pánico. ¿Qué mierda hacía allí?

Ella debe haberme sentido también porque desde la barra, bastante lejos de mí y colgada del brazo de un caballero bastante mayor, me miró como si estuviera viendo un fantasma.

Tuve que salir de mi sorpresa antes que alguien notara la situación, y le señalé sutilmente con la mirada en dirección a un pasillo apartado de la multitud. Ella entendió al instante.

Entré al pasillo disimuladamente como quien no quiere la cosa, asegurándome de no ser vista y me interné allí. Lo bastante apartado y oscuro para que nadie pueda vernos, adentrándome en una de las últimas puertas luego de asegurarme que era una simple habitación de servicio.

Instantes luego, entró Hana y cerrando rápidamente la puerta tras de sí, recostó la espalda sobre la misma y me miró por unos segundos anonadada.

-Hi-hime-sama…–Soltó aun sin salir de su asombro. Ese nombre me dio un escalofríos recordándome viejas épocas- … t-tu estas muerta.

-¿Qué mierda haces aquí? ¿Cómo me encontraste? –Respondí intentando calmar los cientos de interrogantes en mi mente.

-¿Cómo que qué hago aquí? ¿Tú qué haces aquí? Todo el mundo piensa que no existes.

-Respóndeme Hana, ¿quién mas sabe que estoy en esta Aldea? –Insistí impacientemente.

Ella tomó un largo suspiro y se pasó una mano por el cabello.

-Todos allá pensábamos que estaba muerta Amaterasu-hime, con el desastre que fue la noche de la intervención al recinto pensábamos que no habías salido con vida. Como muchos otros… -Conto diciendo esto último casi en un susurro- No lo entiendo, ¿Cómo es que esta aquí con vida? ¿Por qué está aquí y no allá? ¿Yuuto-san está contigo? Porque luego del desastre salió a buscarte y no lo vimos más ¿Y qué hace en esta fiesta, así vestida? No pareces tu misma…

El alivio invadió mi cuerpo al entender entre sus palabras que nadie sabía nada de mí, ni mi ubicación, ni de nada. También en parte por saber que Yuuto había escapado sano y salvo, y que tampoco se había quedado en ese mugroso lugar luego. Respiré profundamente e intenté indagar aún más.

-Es una larga historia Hana, no es el momento de explicar pero es una situación delicada. ¿Qué pasó con el recinto, el equipo, el pueblo? ¿Y tú qué haces aquí?

Ella pareció tragar en seco y miró al piso con una mirada desolada.

-Muchas cosas cambiaron desde que te fuiste. El pueblo tiene nueva gente a cargo y está siendo restituido a sus mejores épocas, de a poco se va transformando en un lugar más habitable, con menos delincuencia y más trabajo honorable. Pero para los que quedamos del equipo, no está siendo tan positivo el cambio –Hana contó amargada mirándome de reojo con sus grandes orbes negros vacíos- Sin contar que la mitad del equipo no sobrevivió esa noche, los que quedaron fueron arrestados y fueron llevados a prisiones en otros Países. Los únicos que pudimos escapar somos Yuuto, Tsubasa, Kazuo, parte de los ninjas del escuadrón seis y cinco, Yuri, Megumi, Ayami y yo.

Estaba temblando y con los ojos cristalizados, no iba a gustarme lo siguiente que tenía por contar.

-Tsubasa-san, Ayami-chan y el resto de los escuadrones decidieron huir hacia aldeas lejanas para no ser notados. Pero Yuri-chan, Megumi-chan, y yo, no pudimos escapar de Tsubasa-san y nos llevó hacia otro pueblo asqueroso donde nos hace trabajar para él –Y quebrándose al final, concluyó- Pero encontrarte hoy Hime-sama hace que todo se vea más claro. Por favor ayúdanos a escapar de él porque queremos dejar de ser sus esclavas. Nos hace trabajar de prostitutas para conseguir dinero, información y contactos para facilitarle sus planes. Quiere reorganizar todo el equipo y continuar con el trabajo de Eita-sama. Por favor ayúdanos Hime-sama.

Sentí un poco de lástima por ella, fue mi compañera por mucho tiempo y la respeto porque ha pasado por mucho sufrimiento. Pero al instante supe que no podía conceder su pedido.

-¿Qué sabes de Yuuto? –Insistí intentando un tono amable.

-Ya te lo he dicho, luego de ser intervenido el recinto, nos encontramos los sobrevivientes en el refugio Hiroki a las afueras. Yuuto-san al notar que no estabas allí salió desesperado a buscarte pero no volvió y no supimos nada mas sobre él desde entonces –Contestó mientras secaba las rebeldes lágrimas que corrían su maquillaje, pero continuó como recordando algo importante- Amaterasu-hime, ¿qué hace usted aquí? Es peligroso... ¿Cómo ha podido escapar y no volver? Si se enteraran que está convida vendrían directamente a…

-¡No! –Le grité perdiendo mi paciencia por un segundo. Debía serenarme y pensar claramente.

Caminé unos pasos por la reducida habitación para calmar mis nervios. Era una situación complicada y debía actuar bien, no tenía que cagarla. Nadie de mi pasado tenía que saber que yo estaba en la Aldea de la Hoja. Nadie tenía que saber que yo seguía viva. Nadie tenía que saber sobre los Uchiha.

Y por más que una parte de mi quisiera ayudarla, no iba a arriesgarme.

No estaba dispuesta a arriesgarlos a ellos.

En un segundo la tenía a Hana acorralada contra la pared, agarrada del cuello y haciendo que me mire directo a los ojos, con el sharingan amenazante.

-No puedo arriesgarme a que nadie sepa de mi vida aquí –Le dije en un susurro. Ella intentando safar su pequeño cuello de mi firme mano, me refutó.

-Hime… Hime-s-sama. Su poder… es demasiado gra… grande –Intentaba articular palabra mientras respiraba entrecortado- D-ebe… d-debe volv…ver…

-Lo lamento Hana –Sentencié finalmente y con un parpadeo activé mi Mangekyō Sharingan para adentrarla en mi técnica, imponiéndome en su mente e implantando mi voz en ella- No recordarás nada de esta conversación, ni que te has encontrado conmigo esta noche. Piensas que yo estoy muerta, y, si te preguntan, respondes que no hay nada interesante en esta Aldea que merezca la pena para ningún objetivo. Vuelve a la fiesta y no mires atrás.

Sellé ese discurso en su mente, haciendo que se vuelva parte de su propio inconsciente, para que nunca salga a la luz. Y al soltarla, salió de la habitación, sin mirar atrás.

-Lo siento Hana. No puedo ayudarte –Me disculpé con ella dentro de mí misma, intentando mermar la culpa de haberla dejado encerrada en la jaula del enemigo.

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Lo lamento, estoy en un bache gigante hace bastante tiempo. Pero no los voy a abandonar.

Quise traerles algo, por menor que sea.

Lo siento. Prometo retomar ya que mi tiempo libre se ha incrementado.

Ja Ne!

(PRONTO LO PROMETO)