El Esposo Perfecto.

Por Fox McCloude.

Disclaimer: The Legend of Zelda y todos sus personajes pertenecen a Nintendo.


Capítulo 7: Una mala jugarreta

Casa de Link…

Había transcurrido cerca de mes y medio después del día de campo. Si bien Zelda no guardaba rencores, el recuerdo de ese Wolfos seguía todavía muy fresco en la mente de Link.

A Link realmente no le cabía en la cabeza que a Ilia le diera por seguir haciendo tantas tonterías. Más aún esta vez, considerando que, lo que fuera que estuviera planeando, casi les costó sus vidas. Y algo más, sus ataques siempre iban dirigidos hacia Zelda. Link se preguntaba qué le habría hecho Zelda a Ilia para agarrarla con ella de esa manera.

Pero había algo más que lo perturbaba, aunque, a diferencia de lo anterior, no se pudiese decir que fuese de manera negativa. La escena que Link había visto en la cascada le hizo perder el aliento, y tal vez el poco rastro de inocencia que aún le quedaba. Cierto que Zelda una joven realmente hermosa, pero haberla visto así, en tanto esplendor… fue como si algo que dormitaba en su interior hubiese despertado de pronto, como si, por decirlo de alguna manera, su niño interno se convirtiera de golpe en un hombre adulto. Algo que, inexplicablemente, no podía refrenar. Cada vez que recordaba la imagen, se olvidaba de todo, y de todos a su alrededor. Y por más que intentaba sacársela de la mente, no podía.

- "¿Qué pasa conmigo… por qué no puedo dejar de pensar en eso?" – se preguntaba.

Incluso por las noches, intentaba alejar su mente de eso yéndose a dormir temprano. Pero eso, más que servirle de ayuda, solo lo empeoraba aún más. Más o menos 5 de cada 7 noches, los sueños de Link se orientaban a esa escena en la cascada. Si bien de principio todo iba normal, como había ocurrido antes en la vida real, las últimas veces se habían ido desviando un poco, de manera gradual hasta que, en la parte donde se suponía que salía corriendo de ahí, inexplicablemente terminó resbalando y cayendo al agua, con lo que llamó la atención de Zelda. Pero lo más extraño de todo, fue que ella no empezó a gritar ni nada por el estilo al verlo. En vez de eso, se incorporó, y, al parecer, sin importarle en lo más mínimo estar completamente desnuda, se dirigió lentamente hacia él. Link no se movió, sin saber si era porque no podía o no quería, pero el hecho fue que cuando Zelda llegó hasta él, levantó sus manos para acariciarle las mejillas, le sonrió sensualmente, y cerrando los ojos, poco a poco fue acercando sus labios… y en ese momento se despertó.

- "Un poquito más y… por las Diosas, ¿en qué estoy pensando?" – Link no podía dejar de preguntarse hasta donde hubiese llegado aquello si no se hubiera despertado precisamente en ese momento… y no estaba seguro de haber querido despertar.

El punto era que Zelda había dejado de ser solo una invitada en casa de Link. Los abuelos parecían quererla como si fuese otra nieta, y Aryll disfrutaba pasar tiempo con ella como si fuese su hermana mayor. La sentían como si fuese parte de la familia. En cuanto a Link… bueno, él la veía en una luz muy diferente a cualquier otra chica que hubiese conocido. Y a pesar del hecho de que en realidad sabía muy poco sobre ella (Zelda nunca hablaba de sí misma más de lo necesario), Link no podía evitar negar lo mucho que le atraía su forma de ser. Zelda era educada, modesta, amable y muy dulce. Pero lo que más le gustaba de ella, aún más incluso que su gran belleza, era su inteligencia y su madurez. En verdad, ella era muy diferente a todas las chicas que había conocido en su vida. Empezaba a preguntarse… ¿qué era lo que estaba sintiendo hacia ella en ese momento? De algo estaba seguro, ya no se conformaría con ser solo su "amigo".

Por otra parte, Link no era el único que tenía sueños recurrentes. Aquella mañana, al despertar, Zelda pudo recordar mejor el sueño que había tenido. Se veía a sí misma, de unos 4 o 5 años. Estaba en la plaza del pueblo, había salido de incógnita con su madre, pero se había ido a jugar por su cuenta, y había terminado topándose con un grupo de niños malos más grandes que ella. Le quitaron su tiara, y empezaron a aventársela, ella gritaba y rogaba que se la devolvieran, pero terminaron empujándola dentro de la fuente, haciéndola llorar. Un segundo después, sin embargo otro niño llegó, y a pesar de estar solo, se les enfrentó valientemente y los castigó, advirtiéndoles que no se metieran con ella. Luego, el niño se le acercó para ayudarla a salir de la fuente, pero no pudo verle bien la cara. En ese momento despertó. Al parecer, cada vez avanzaba un poco más en el sueño. No podía quitarse de encima la sensación de que había pasado por eso antes.

- Buenos días. – saludó al llegar a la mesa. Todo mundo estaba sentado comiendo incluyendo a Link.

- Buenos días. – le respondieron. Zelda se sentó al lado de Link, quien sin poder evitarlo le echó una mirada por la esquina del ojo. Como si se diera cuenta, Zelda volteó a verlo, y él inmediatamente apartó la mirada. Zelda sin embargo, sonrió ligeramente.

El desayuno continuó en silencio. Sin embargo, la actitud taciturna de Link no pasó desapercibida por el resto de su familia. Especialmente, Aryll se dio cuenta que Link parecía tratar de evitar el contacto visual directo con Zelda, algo que nunca antes le había visto hacer. Incluso lo había notado que ocasionalmente se ponía algo nervioso al hablar con ella, específicamente desde que regresaron de aquel día de campo. A pesar de su corta edad, la pequeña era muy perceptiva: ¿sería posible que Link hubiese encontrado a una chica que le gustaba? ¿Habría pasado algo en aquel día de campo en aquel momento que se ausentaron? Aryll no se había atrevido a hacer preguntas, pero sí se dio cuenta que Link había empezado a actuar raro después de volver. Definitivamente, algo debió pasar.

- Bien, ya me voy, nos vemos. – dijo Link al terminar.

- ¿A dónde vas, Link? – preguntó el abuelo. – Hoy es tu día libre, no tienes que… -

- ¿Ya lo olvidaste, abuelo? – dijo Link. – Hay que ir a decorar la plaza, el Festival de las Bromas es en una semana y prometí ayudar a preparar todo. -

- Es cierto, nunca te lo pierdes por nada, hijo. – rió la abuela, mientras Link salía sin decir más.

- ¿El Festival de las Bromas? – preguntó Zelda.- ¿Qué es eso? -

- ¿Qué, no lo conoces, Zelda? – dijo Aryll. – Es un festival en el que todo se hacen bromas unos a otros. Es muy divertido. -

- ¿Divertido? – dijo Zelda - ¿Es divertido hacerle bromas a los demás? -

- Ah, pero son bromas inofensivas, querida. – dijo la abuela.

- No te creas, hay algunos que se pasan de la raya. – dijo el abuelo. - ¿No recuerdas cuando me echaron aquel hurón en los pantalones? Me dejó una buena marca en las… áreas sensibles. – El abuelo tuvo que refrenarse de usar un término poco apropiado en frente de su invitada. A Zelda le pareció bastante desagradable el solo relato.

- Oh, vamos, no es para tanto. – dijo la abuela. – Está bien, algunos se extralimitan, pero nuestro Link nunca haría algo tan de mal gusto. -

- Mi hermano es el mejor. – dijo Aryll. – Nadie se le escapa ese día, y nunca lo atrapan. Se sabe todas las trampas, y sus bromas siempre son muy buenas… oh, no, él nunca se pasa, en serio. – agregó al ver la mirada de Zelda.

- Tienes que darle algo de crédito. – comentó la abuela. – Es prácticamente el único día del año en que piensa en otra cosa que no sea trabajar, ese día solo le importa divertirse. -

- Je, eso no quita que incluso los preparativos son trabajo para él. – agregó el abuelo. – Supongo que trabaja de más porque siente que tiene que cubrir el puesto de su padre. A veces quisiera que hubiera más festivales de las bromas al año, falta que le hacen. -

Zelda no dijo nada, pero pareció conformarse con lo que dijeron Aryll y los abuelos. En efecto, Link era un muchacho bastante alegre, pero eso parecía quedar opacado por su casi-excesiva adicción al trabajo. Tal vez, ahora que lo pensaba, sería interesante verle otra faceta… diferente.

- "¿En qué estoy pensando?" – dijo para sus adentros al atraparse a sí misma con esas ideas.


Mientras tanto…

- Ilia… no sé si esto sea una buena idea. -

- No te estarás echando para atrás ahora, ¿verdad, Malon? -

Malon e Ilia estaban en casa de en casa de esta última, "discutiendo" sus planes. Si bien Malon seguía pensando que lo que estaban planeando hacer estaba mal, no sacaba el valor suficiente para decirle que no a Ilia. Ya se había dejado arrastrar hasta ese punto, no había vuelta atrás ahora.

- Bien, repasémoslo una última vez, solo para estar seguras. – dijo Ilia. – Durante el festival de las bromas en la plaza, yo me ocuparé de crear una distracción para alejar a Ya-sabes-quién de Link. ¿Y qué harás tú? -

- Me escurriré detrás de ella, para… para… - Se le hacía muy difícil decirlo. – Para colocarle el gancho de la cuerda en el vestido. -

- Y entonces, yo daré el tirón, y ¡sorpresa! Nuestra querida invasora quedará expuesta frente a todo mundo. – concluyó Ilia sonriendo maquiavélicamente. – Jeje, esto será muy, muy divertido. -

- Si tú lo dices… - dijo Malon.

- Vamos, una vez que quitemos a esa invasora del medio, podré… podremos tener a Link para nosotras… hasta que se decida por alguien, claro. – agregó la rubia. A Malon, sin embargo, no se le escapó que Ilia por poco decía "podré tenerlo para mí".

- Y… supongo que, tengo razones para creer que no me vas a hacer lo mismo que le estamos haciendo a Zelda, ¿verdad? – no pudo evitar preguntar Malon.

- ¿Yo? Vamos, como crees, claro que no. – aseguró Ilia.

Malon sin embargo no estaba del todo convencida. Si Ilia era capaz de ir tan lejos por quitar de en medio a la "competencia", y si ella (Malon) llegaba a caer dentro de esa categoría, dudaba que Ilia se tentara el corazón para hacerle algo igual o peor. Por ahora, estaban del mismo lado, pero algo era seguro, esa alianza no les iba a durar mucho.

- "Por las Diosas… ¿cómo fue que me metí en esto?" -


El día de bromas…

Aquella mañana, cuando Zelda se despertó, al abrir los ojos no pudo ver nada, y empezó a gritar "¡Diosas, qué me pasa, estoy ciega!", pero paró cuando escuchó a alguien reírse cerca de ella. Después de un par de segundos, se dio cuenta de que mientras dormía alguien debía haberle puesto una venda negra en los ojos, y dicha persona estaba parada frente a ella, riéndose a viva voz.

- Debiste haber visto tu cara, no tuvo precio. – Obviamente, era Link.

- Jeje, esta es buena, debo admitirlo. – dijo ella. Le había dado un susto por un momento, pero tuvo que reconocer que había sido divertido.

- Nada personal. – dijo Link. – Baja a desayunar, te estamos esperando. -

- No pusiste nada en la comida, ¿verdad? – preguntó Zelda.

- En la tuya, no. – sonrió con algo de malicia Link, antes de salir y cerrar la puerta.

Zelda se sintió algo recelosa con ese comentario. Dijo "en la tuya, no". Quizás lo que quería decir era que le habría puesto algo al abuelo, la abuela, o Aryll. Era extraño, pero por alguna razón, sintió curiosidad en conocer más a fondo el lado bromista de Link. Si era cierto que solo lo dejaba salir en ese día del año, tal vez nunca más tuviera la oportunidad de verlo.

Una vez abajo, todos estaban a la mesa, aparentemente nada fuera de lo usual. Sin embargo, Zelda alcanzó a ver que los abuelos y Aryll miraban de reojo a Link ocasionalmente, como si se esperaran que hiciera algo. Pasaron unos minutos, y no ocurrió nada, y el abuelo se paró y preguntó:

- Muy bien, hijo, ¿qué harás esta vez? -

- ¿Yo? ¿Qué esperas que haga, abuelo? -

- Hmm… el desayuno va muy tranquilo… demasiado tranquilo. – dijo el abuelo.

- Tal vez… aunque… quizás en… 4… 3… 2… 1… -

¡PLOP! Algo negro saltó fuera del tazón de avena del abuelo, aparte de salpicarlo un poco, se prendió de su camisa. El abuelo cayó de sentón hacia atrás, y empezó a agitarse.

- ¡AAAHH, QUÍTAMELA, QUÍTAMELA! -

- Ah, jejeje, caíste de nuevo, abuelo. – dijo Link, quitándole la cosa negra. Era una araña, pero no una de verdad, de juguete con una llave para darle cuerda. La abuela y Aryll se rieron vivamente. Zelda se contuvo un poco, pero también le pareció divertido.

- Qué vergüenza, abuelito. – se rió Aryll. – Asustándote de una pequeña araña. -

- No es gracioso. – gruñó el abuelo, parándose. - ¿Dónde conseguiste esa cosa? -

- En la tienda de bromas, ¿dónde más? – dijo Link, limpiándola con la túnica y guardándola en su bolsillo.

- Voy a hablarles un poco sobre a quién les venden sus productos. – dijo el abuelo, dejando el comedor.

- Hmm, al abuelo nunca le han gustado mucho los bichitos. – dijo Aryll.

- ¿Y a ti sí te gustan, hermanita? – preguntó Link, poniendo la mano solemnemente en el hombro de Aryll, como sin querer la cosa.

- Por lo menos no me asustan, como al abuelo. – dijo ella.

- ¿Ni siquiera las arañas? – preguntó Link.

- Claro que no. -

- Ah, qué bueno, porque traes una muy grande en tu hombro. -

- ¿Eh? ¿Qué quieres decir con…? ¡AAAAHHH! ¡QUÍTENMELA, QUÍTENMELA! -

- Jeje, es de goma, ¿qué creíste? – rió Link. – ¿No que no les tenías miedo? -

- ¡Hermano, qué malo eres! – Aryll infló las mejillas. – Algún día me voy a desquitar. -

- Sí, pero ese día no será hoy. – dijo Link, tomando la araña de goma. – En fin, ya es hora de irnos. El festival va a comenzar. -

Link fue a coger de una mesita una pequeña bolsa. No se necesitaba ser un genio para saber, o al menos sospechar, lo que había en su interior. Sin duda Link planeaba hacer algunas bromas a diestra y siniestra afuera en el festival.

- ¿Quieres acompañarnos, Zelda? – preguntó Aryll.

- ¿Eh? –

- Vamos, será divertido. – dijo Aryll. - ¿Tú qué dices, hermano? -

- ¿Eh, yo? – dijo Link, luego miró a Zelda. – Bueno,… si es que ella quiere. -

- Hmm… pues, nunca he estado en un festival. – dijo Zelda. – Supongo que puedo ir. No será peligroso, ¿verdad? -

- No, claro que no… a no ser que no quieras arriesgarte a que te hagan una o dos inocentes bromas por ahí, que en tal caso… - dijo Link.

- Bueno… no lo sé, si es que tú… -

- Hey, por mí no tienes que preocuparte. – aseguró Link. – Conozco mis límites. -

- Es verdad, Zelda. – dijo Aryll. – Las bromas de mi hermano no pasan de lo que viste aquí. -

- Entre otras cosas… ya con lo de la venda creo que hice suficiente contigo. – dijo Link. – Ya no más para ti por hoy. -

- Hmm, bueno, si lo pones de ese modo, supongo que está bien. – finalmente aceptó. La princesa cogió su bolso y salió llevando de la mano a Aryll, al igual que Link. Los abuelos se quedaron viendo por la ventana como los tres se dirigían hacia la plaza del pueblo para el festival. La abuela sonrió.

- Es una jovencita encantadora, ¿no crees? – le comentó al abuelo.

- Sin duda. – dijo el anciano herrero. - ¿Crees que ella sea del tipo de Link? -

- No lo sé, es posible. – dijo la abuela. – Y Link ya está en edad de saber qué quiere. -

- Su padre tardó un poco más. – agregó el abuelo. – La verdad… no me importaría si Link decide apresurarse un poco más. Solo tiene que dar el primer paso. -

La abuela asintió, estaba de acuerdo en ello. Esta jovencita era más que una huésped en su casa, y era evidente que Link se estaba acercando a ella mucho más que a ninguna otra chica. Era una joven bonita, inteligente y dulce. Tenerla en la familia no era un mal prospecto, ¿cierto?


En la plaza, más tarde…

Toda la plaza del pueblo estaba llena de gente. Bromas por doquier, todo mundo riéndose y divirtiéndose de lo lindo, inclusive las víctimas de dichas bromas las encontraban divertidas, y eventualmente conseguían su oportunidad de vengarse de sus anteriores victimarios. Después de todo, de eso se trataba el festival de las bromas.

Link, Zelda y Aryll caminaban echando un ojo a los puestos. Había varios que venían recuerdos, otros con juegos para ganar premios, y además había mesas con bocadillos deliciosos por todos lados, aunque algunos de estos incluían bromas, como que tenían picante o algo similar. Aryll cayó con unas galletas con chispas de chocolate cuyas "chispas" en realidad eran trozos de picante coloreado de marrón. Buscando algo para frenar el ardor, le fueron a dar algo de "agua" que le puso la lengua verde. Link, sin embargo, se desquitó con el responsable, usando el mismo truco con la araña saltarina que había hecho con el abuelo, invitándole algo de ponche, metiendo la araña en la bebida cuando no miraba. Los tres se rieron, fue muy divertido cobrar la broma. Anduvieron de allá para acá, por todos lados, aunque más de testigos de las bromas que de participantes. Eso solo le quedaba a Link, quien se las sabía todas y ni una sola vez lograron pillarlo.

- Es increíble, ¿cómo es que te las sabes todas, hermano? – dijo Aryll.

- No es difícil… con el libro de bromas que me dejó mamá. – dijo Link.

- Lástima que es tan complicado de leer. – dijo Aryll. – Sino, así yo podría hacerte unas cuantas. -

- Je, sueña, ni con eso lo harías. – dijo Link.

- Oye, Aryll, si quieres yo te puedo enseñar un poco a leer hyliano. – dijo Zelda.

- ¿En serio? ¡Yupiii! – gritó Aryll muy contenta. - ¿Oíste eso, Link? Cuando aprenda a leer hyliano, no te me escaparás. -

- Ya veremos. – dijo Link, despreocupado. – Y en cuanto a ti, Zelda… ¿qué te parece el festival? -

- Es… es grandioso. Nunca antes había venido a un festival como este. – dijo ella. – No recuerdo la última vez que me la pasé tan bien. -

- Por la forma en que hablas, cualquiera diría que creciste encerrada entre cuatro paredes. – dijo Link.

Zelda no dijo nada, pero Link acababa de golpearle un nervio sensible con eso. Sin embargo, era cierto. No había tenido esa clase de libertad en toda su vida, al menos no muy a menudo. Y el hecho de pasársela en compañía de un buen amigo era otro punto a favor, al poder compartirla. Iba a extrañarlo mucho cuando regresara al castillo. Y de ser ese el caso, tal vez lo mejor sería no apurarse tanto con la vuelta.

Entretanto, del otro lado de la plaza, cierta persona observaba muy de cerca los movimientos del trío, con muy malos ojos, por la rabia de verlos juntos y tan alegres, y también por la impaciencia, ya que estaba esperando a su "compañera en el crimen", quien llegó al cabo de pocos minutos, jadeando.

- Llegas tarde, Malon. – le dijo.

- Lo siento, Ilia. – dijo Malon. – Se me atoró la carreta en un charco de camino aquí. -

- Guarda tus excusas. – dijo Ilia. - ¿Lo tienes? -

- Sí, aquí está. – dijo Malon, sacando de su bolso un poco de cuerda delgada, y un gancho afilado como para escalar.

- Muy bien, una última vez. Allá, está nuestro objetivo. – Ilia señaló hacia donde estaban Zelda, Link y Aryll. – No la pierdas de vista, y en cuanto se distraiga, ponle el gancho, y yo me encargaré del resto. ¿Alguna duda? -

- N-no… - dijo Malon sombríamente.

- Ahora escúrrete hasta allá y haz tu parte. – le dijo Ilia, más como una orden que como una petición. Malon ya se disponía a irse, pero de repente, una idea aún más malvada se prendió en la cabeza de Ilia. – Espera un poco… se me acaba de ocurrir una mejor idea. – dijo Ilia. - ¿Por qué no hacemos que nuestra querida invasora crea que fue Link quien le hizo la broma? -

- ¿Cómo dices? – dijo Malon.

- Sí… si ponemos el otro extremo de la cuerda en el bolsillo de Link… - Ilia sonreía maquiavélicamente. – Y si ella cree que fue él quien lo hizo… tal vez ya no le guste tanto. -

- Ilia, no puedes hablar en serio. Él nunca sería capaz de… -

- Siempre hay una primera vez. – dijo Ilia, al parecer siempre tenía una réplica lista en la punta de la lengua. - ¿Quieres que la saquemos del medio o no? -

Malon no sabía qué decir. No estaría siendo honesta, ya fuera que dijera "sí" o "no". Estaba en el punto medio, debatiéndose entre hacer lo correcto, y hacerle caso a Ilia y seguir el juego. Sin saber como, asintió a fuerza con la cabeza.

- De acuerdo. Lleva la cuerda, yo me esconderé aquí mientras tanto. – dijo Ilia, metiéndose debajo de una de las mesas.

Malon se dirigió hacia donde estaban Zelda, Link y Aryll. Se congeló por un momento al ver la escena. Los tres realmente se veían felices, se estaban divirtiendo mucho juntos. Era una escena hermosa. Y si ella continuaba con eso, iba a romperlo todo. Algo en ella continuaba insistiéndole en que lo que hacía estaba mal, y eso ella lo sabía muy bien. Estuvo a punto de darse la vuelta e irse, cuando de repente, vio que Link le decía algo a Zelda y luego se llevaba a Aryll de la mano. Zelda se había quedado totalmente sola: era el momento perfecto. Impulsada por una fuerza desconocida en su interior, se dirigió hacia Zelda cuando le dio la espalda, lista para colocarle la cuerda con el gancho… hasta que…

- ¿Eh? Ah, Malon, ¿cómo estás? – la saludó.

- "Rayos." – pensó, mientras ocultaba tras de sí, el gancho. – H-hola, Zelda. -

- ¿Estás divirtiéndote? Yo jamás había estado en uno de estos festivales. – dijo Zelda.

- ¿En serio? – dijo Malon, tratando de ocultar su nerviosismo, y al mismo tiempo de pensar en cómo hacer que Zelda no le prestara atención para volver a lo que se suponía que debía hacer. – Pues… que pena, espero que disfrutes este. -

- Es muy divertido, aunque… ya vi que algunos se pasan un poco de la raya con sus bromas. -

- "Y no sabes cuánto." – pensó Malon. Su conciencia le dio una descarga, después de todo, ella era una de dichos individuos.

- Malon, ¿te pasa algo? -

- Ehm, bueno, yo… -

A Malon no se le ocurría como distraer a Zelda. Se suponía que solo tenía que deslizarse sigilosamente y colocarle el gancho en el vestido a Zelda sin que lo notara, pero ahora que la había pillado, no hallaba qué hacer. Sonaba mucho más fácil cuando Ilia lo decía, pero ya se había dado cuenta que no lo era. Ilia, por su parte, estaba comenzando a impacientarse.

- Vamos, Malon, ¿qué esperas? ¡Hazlo de una buena vez! – mascullaba entre dientes.

Zelda no entendía por qué Malon se veía así de agitada y nerviosa, si se suponía que ese festival era para hacer relajo y divertirse. La princesa no tenía la menor idea de la lucha interna que se estaba librando en la cabeza de la pelirroja, debatiéndose entre la amistad que tenía con Link, y por supuesto con Zelda por su amabilidad, y ese oculto deseo de poder "quitar a la competencia" para tener una oportunidad de ser algo más que amiga de Link, si bien la parte racional de su conciencia intervenía diciendo que esa no era la manera de hacer las cosas

- Ehm… oye, ¿no quieres ir a probar las galletas de bufones? – dijo lo primero que se le vino a la mente, señalándole una mesa donde estaban sirviendo bocadillos.

- ¿Eh? Hey, buena idea, ¿vienes conmigo? -

- Yo… ya las probé, gracias. -

- Bueno, como quieras. – Y justo en ese instante, apenas Zelda se dirigió hacia la mesa por las galletas, Malon colocó el gancho en su falda, dio media vuelta y salió como alma que lleva el diablo, perdiéndose entre la multitud, directo hacia donde estaba Ilia escondida.

- Ya era hora, te tardaste un buen. – dijo Ilia. – Bueno, ahora la segunda parte, ya sabes lo que tienes que hacer. -

- Sí, sí, lo sé. – dijo Malon.

Malon atisbó por debajo de las mesas, intentando localizar a Link. No le tomó mucho tiempo encontrarlo, ya que iba de la mano con Aryll, pero eso era un problema, si ella estaba presente no podía colocarle a Link el otro extremo de la cuerda. Su conciencia todavía seguía diciéndole que desistiera, era estúpido lo que estaba haciendo, y ella lo sabía muy bien. Sin embargo, para su buena, o mala suerte, en ese preciso instante pasó Colin, que se llevó a Aryll a jugar, y Link se quedó solo. Sin saber muy bien como, se escurrió hasta donde él estaba, y con mucho cuidado, deslizó el extremo en el bolsillo trasero de la túnica de Link. Acto seguido, se incorporó, y le hizo una seña a Ilia.

- Bien, llegó la hora. – dijo Ilia, tomando la cuerda, y observando como Zelda se deleitaba con las galletas y los bocadillos en la mesa. – Muy bien, invasora, estás a punto de quedar "al descubierto". -

¡RIIIIIIIIIP!

- ¿Eh? – Zelda sintió de repente una corriente de aire por detrás de sus piernas, y notó que todos la estaban mirando, algunos tratando de contenerse las risas, otros con… ¿lujuria, tal vez? Se miró atrás, y vio con horror que su falda había sido rasgada, dejando su ropa interior y su retaguardia al aire. - ¡AAAAAAAAH! -

Su primera reacción fue tapar sus partes al descubierto como pudo, ante las risas de todo mundo, que no pudieron contenerse más. Las carcajadas de todos hacían eco en sus oídos. Nunca, jamás, en toda su vida, se había sentido tan… avergonzada sería decir poco, más bien "humillada", sería un mejor término. Tardó un poco en darse cuenta que había una cuerda sujeta con un gancho afilado en su vestido donde se le había rasgado. La cuerda se extendía hasta el otro lado de la plaza, la fue siguiendo y entonces vio a…

- No puede ser… -

Estaba estupefacta. De todas las personas, no podía creer que fuese él. Si esta era su idea de una broma, no era nada divertida. Furiosa, siguió la línea de la cuerda, que iba directo hacia el bolsillo de, ¡nada más y nada menos que Link!

- ¡LINK! – gritó al plantarse frente a él.

- ¿Zelda, qué…? -

¡PLAF!

- ¡Hey! ¿Por qué hiciste eso? – Link se sujetó la mejilla, Zelda acababa de abofetearlo, y con mucha fuerza.

- ¡¿Esta es tu idea de una broma, Link? – gritó furibunda. - ¡¿Rasgarme mi falda en público para que mis… intimidades queden al aire en frente de todos? -

- ¿De qué estás hablando? – Link no entendía. - ¿Cómo iba yo a…? -

- Pensé que conocías tus límites. Es increíble, no pensé que fueras capaz de algo así. – prosiguió Zelda. - ¿Y no habías dicho que ya habías hecho suficiente conmigo por hoy? -

- Oye, espera un segundo. – intentó defenderse Link. – Es cierto que me gusta hacer bromas, pero yo no sería capaz de… -

- ¿Y como es que la cuerda con este gancho con el que me rasgaron la falda llega hasta aquí, hasta donde estás tú? – dijo Zelda. – Si ibas a hacerlo, al menos creo que debiste deshacerte de la evidencia incriminatoria, ¿no? -

- ¿Qué? Eso no es mío. – dijo Link. – Alguien debió ponerlo mientras yo no miraba. -

- Sí, una historia muy probable. – dijo Zelda. – Te juzgué mal, Link. No sabía que tuvieras esa clase de mañas. -

- Oye, aún si lo hubiese hecho (que no lo hice), ¿crees que iba a ser tan idiota de quedarme con esto encima? –

- Acabas de probar que lo eres. -

- Zelda, te lo juro, yo no… -

- No… me… hables. – interrumpió Zelda, amenazándolo con su dedo. – Y si me quieres volver a hablar, al menos empieza por reconocer lo que hiciste, como un hombre. –

Dicho esto, Zelda se dio media vuelta sobre sus pies, y aún sujetándose su falda rasgada se fue de ahí, ante las miradas atónitas de todos los presentes. Link corrió tras ella, llamándola por su nombre, pero ella no quería escucharlo. Mientras se iban, dos chicas observaban la escena, una muy feliz, la otra no tanto.

- Misión cumplida. – dijo Ilia, sonriendo de oreja a oreja.

- Ilia, ¿se nos fue la mano, no crees? – preguntó Malon.

- Bah, tonterías. – dijo Ilia. – Bastará para deshacernos de esa invasora. Y ya te lo dije, esto no le hará daño a nadie. -

- Si tú lo dices… -

Ilia se fue, muy satisfecha de lo que había hecho, y sin remordimiento alguno. Malon, por otra parte, su conciencia la seguía atormentando. Quizás, solo quizás, habían ido un poco demasiado lejos con esa broma. Y no tenía forma de saber qué consecuencias a largo plazo podría tener esa clase de jugarreta.


Dos semanas después…

Luego del incidente en la plaza, Zelda estaba lista para empacar sus cosas e irse de la casa de Link. El muchacho todavía seguía insistiéndole en que él no fue quien le hizo esa broma (y según él, algo así era de muy mal gusto), pero ella no lo escuchaba. Realmente estaba furiosa, y más aún por el hecho de que Link tuviese el descaro de negar lo que (según ella) había hecho. Pero Link repetía obstinadamente que era inocente, y que seguramente alguien le había tendido una trampa para inculparlo por eso. Aunque, si bien tenía sospechas de quién había sido, como no se atrevió a señalar a nadie sin tener pruebas, Zelda siguió convencida de su culpabilidad. La joven estuvo a punto de abandonar la casa, pero los abuelos y Aryll la convencieron de que no lo hiciera, en parte por haberse encariñado mucho con ella, y en parte también para que no se fuese sin arreglar las cosas con Link. Sintiéndose en deuda por la hospitalidad que le habían dado, Zelda aceptó reacia quedarse, no obstante, no parecía tan entusiasmada como Link en querer arreglar el asunto.

A la hora de las comidas, en cuanto Link aparecía, Zelda cogía su plato y se iba de la mesa para comer en su habitación. La chica buscaba evitar cualquier contacto visual, y si él intentaba decirle algo, aunque fuese solo un "buenos días" o lo que fuera, su respuesta era siempre la misma: una corriente de aire ártico. La Princesa había adoptado una rutina específica para minimizar el tiempo de contacto que tuviese con Link: después del desayuno, en la mañana, se iba a la biblioteca a hacer sus "deberes habituales", regresaba para el almuerzo, y apenas terminaba volvía a salir. Link y su familia no sabían a dónde iba o lo que hacía por las tardes, pero ella pidió expresamente que no la siguieran y que tampoco le hicieran preguntas.

El lugar a dónde Zelda iba por las tardes era un claro cerca en las afueras del pueblo, a poca distancia del sendero que iba entre Ordon y el Rancho Lon Lon, al borde de lo que llamaban "Los Bosques Perdidos". Llamados así porque eran un verdadero laberinto, y si llegabas a perderte ahí dentro, difícilmente encontrarías la salida. Era un lugar al que nadie iba habitualmente, y se había convertido en el "santuario de escape" para Zelda. Sin encontrar otra cosa mejor en qué ocupar su tiempo, y como una forma de librarse del estrés acumulado en las últimas dos semanas, la Princesa había sacado uno de sus libros de magia para comenzar a practicar hechizos complicados. En este momento, se encontraba practicando un hechizo de teletransportación. En la página del libro, rezaba lo siguiente:

"VIENTO DE FARORE: Hechizo para desaparecer y reaparecer en otro lugar. Se cree que este hechizo fue legado por la mismísima Diosa del Valor al Oráculo de los Secretos que lleva su mismo nombre. Para ejecutarse exitosamente, se requiere de tres principios básicos.

Destino: Debes enfocar la mente en el lugar objetivo deseado.

Determinación: Debes desear ocupar el lugar visualizado.

Decisión: Debes sentir que te mueves hacia la nada, y luego regresas en el lugar deseado."

Para practicar, Zelda trazó dos círculos en el suelo. La idea de esto, era tratar de desplazarse desde el interior de uno de ellos hacia el otro. Estaban a una distancia de unos diez metros el uno del otro, lo cuál, según decía el libro, debía ser suficiente como práctica para los principiantes. Entre las advertencias que se daban sobre el hechizo estaban que, a mayor distancia, habría mayor dificultad para teletransportarse. También podía haber complicaciones si se hacía con otra persona. Si se realizaba mal, los resultados podrían ser desastrosos, e inclusive a veces hasta fatales, por el riesgo de no transportarse por completo y dejar "algo" atrás. Otro riesgo, quizás menos peligroso hasta cierto punto, podría ser el hecho de no aparecer en el lugar correcto, quedarse corto o pasarlo de largo al desplazarse.

- "Muy bien, hagámoslo." – pensó Zelda, empezando a concentrarse, mientras estaba dentro del círculo. – "Destino: debo enfocar mi mente en el interior del otro círculo. Determinación: Deseo con todas mis fuerzas ocupar el interior de ese círculo. Decisión: Me moveré hacia la nada, y reapareceré dentro de ese círculo." -

Un aura de color verde se formó alrededor de Zelda, emitiendo lo que parecía ser una especie de listón luminoso, que se "enrolló" alrededor de ella, y un segundo después, desapareció en un destello verde.

Apenas fueron tres o cuatro segundos, pero a Zelda le pareció mucho más. Sintió como si le apretaran el cuerpo por todos lados, no podía respirar, sentía como si hubiera vigas de hierro aplastándole el pecho; sus ojos estaban siendo forzados hacia el interior de su cabeza; sus tímpanos estaban siendo empujados más adentro de su cráneo y entonces…

- Uff… eso fue… desagradable. – jadeó.

Se sentía como si acabara de salir a la fuerza de un estrecho tubo de goma. Miró hacia sus pies, y se dio cuenta de que no había reaparecido en el otro círculo como había esperado, sino que lo había pasado de largo como por dos o tres metros. Bueno, había logrado trasladarse, en una sola pieza, y eso era un progreso. Sin desalentarse, Zelda volvió a intentarlo. Se dio cuenta que, a medida que se acostumbraba a la sensación, le resultaba menos molesta, sin embargo, no lograba aparecer en el lugar correcto.

Después de un par de horas de practicar, se sintió muy agotada, había usado mucha magia, así que se sentó a descansar un poco. Se dio cuenta que por tener la mente en "otras cosas" le resultaba muy difícil concentrarse. Se reprendió a sí misma por ello, ¿por qué no podía sacárselo de la cabeza? O más bien, ¿por qué no podía sacarse A ÉL de la cabeza?

Aún a la distancia, oyó las campanas en el pueblo, sonando las 5 de la tarde, así que decidió dejarlo hasta ahí por ese día. Recogió sus cosas y regresó al pueblo.

Al volver a casa de Link, escuchó golpes en la fragua. Por la ventana del taller alcanzó a ver que Link estaba martillando, y se detuvo a mirarlo. Vaya, por lo menos no dejaba de lado sus tareas habituales, era un duro trabajador, tenía que reconocerlo. Los ojos de Link de pronto se desviaron, y se fijaron en los de Zelda. Dejó de dar golpes con el martillo, dirigiéndole una mirada… ¿"esperanzada", tal vez? Zelda no pudo evitar, por un segundo, que esa mirada la enterneciera un poco, pero su orgullo intervino, haciéndola que tomara una expresión dura, e ignorando a Link entró a la casa. Al haber hecho eso, Zelda no se dio cuenta que la expresión de Link cambió a abatimiento total en un parpadeo. Eso le dolía mucho más que una bofetada.

- ¿Qué pasa, hijo? – preguntó el abuelo, que estaba del otro lado, fundiendo hierro. - ¿Zelda sigue enfadada? -

- Aparentemente. – dijo Link.

- Dale algo de tiempo. – dijo el abuelo, poniendo su mano en el hombro. – Ella no es una mala chica. -

- Ya lo sé… - suspiró Link. – Pero solo quisiera que al menos me escuchara… -

Adentro de la casa, la abuela y Aryll estaban preparando la cena. En verdad olía muy bien, sin embargo, Zelda seguía molesta al punto que no tenía apetito. Subió a su habitación y poniendo el cerrojo, se sentó en su cama.

Permaneció así por un buen rato. No tenía un reloj, pero a juzgar por como se ocultaba el sol, probablemente hubieran sido unas dos horas. Su mente estaba dirigida a una sola cosa… esa mirada enternecedora que Link le había dado…

- "Tonto…" – pensó. – "Si se hubiera disculpado al menos…" -

Zelda no supo de donde le salió eso. Si bien era cierto que estaba muy molesta con él, no era menos cierto que también hubiera estado dispuesta a perdonarlo si él se disculpaba. Después de todo, aunque había sido una broma de mal gusto, no pasaba de ser eso, una broma. Y en el fondo, muy en el fondo, ella no quería estar peleada con él. Pero él también tenía que poner de su parte, pensaba ella, y reconocer su falta.

¡KNOCK! ¡KNOCK!

- ¿Quién es? – preguntó Zelda, de malas pulgas. Si era Link no se molestaría en abrirle, a menos que fuese para disculparse.

- Aryll. – respondió una vocecita. – ¿Puedo pasar? -

Zelda no respondió, pero fue a abrirle. La pequeña traía una bandeja con comida para ella.

- No viniste a cenar. – dijo Aryll, algo temblorosa.

- No tenía hambre. – dijo Zelda, tratando de no sonar demasiado dura. La joven cogió la bandeja para quitarle la carga de encima a Aryll, pero la puso en su mesa de noche. Acto seguido, se sentó en el borde de su cama. Aryll se le acercó, y tras un momento de silencio, decidió hablarle.

- Sigues molesta con mi hermano, ¿verdad? – preguntó.

- Hmm… - Zelda desvió la mirada.

- Bueno… sigue diciendo que no fue él. – dijo Aryll.

- ¿Eso dice? – preguntó Zelda, evidentemente sin creerle.

- Sé que a mi hermano le gusta divertirse el día de las bromas… pero él nunca se pasa de esa manera. – prosiguió Aryll.

- Siempre hay una primera vez. – dijo Zelda.

- Zelda… yo conozco bien a mi hermano. Él es… es un buen muchacho. – dijo Aryll. – Y bueno… yo sé que tampoco le gusta decir mentiras, ni tampoco tomar crédito por cosas que no hace. Si dice que él no lo hizo… es porque él no lo hizo. -

Zelda la miró a los ojos. La inocencia de la pequeña tal vez influyera en eso, que quisiera creerle y defender a su hermano, y era comprensible. No obstante, Aryll, a pesar de notarse nerviosa por hablar con Zelda de ese modo, sonaba muy segura de lo que decía.

- Bueno… yo me voy a dormir. Hasta mañana. – le dijo antes de salir del cuarto.

Aryll desapareció tras la puerta cerrada. Zelda siguió pensando en lo que le había dicho. Link todavía seguía insistiendo en que él no había hecho esa broma. Y por extraño que pareciera, una parte de Zelda quería creerlo, después de todo, Link había sido muy amable y hospitalario con ella desde que llegó, y más aún, había sido un buen amigo. Pero la otra, insistía en que creerle implicaba aceptar que ella estaba equivocada, y no quería rebajarse a eso. No obstante, la posibilidad existía. ¿Y si Link estaba diciendo la verdad? ¿Y si no había sido él? Ciertamente no lo vio en el momento en que lo hizo, así que era posible, aunque según ella improbable, que alguien más lo hubiese hecho para incriminarlo. ¿Pero quién, y por qué, haría algo así? Y además, estaba todo lo que le había dicho. ¿Cómo iba a retractarse de todo eso, sabiendo que además, había sido bastante horrible? Un pensamiento terrible la asaltó en ese momento: si Link era inocente… ella habría cometido un gravísimo error, al haberse portado tan fría con él.

- "Estoy muy confundida…" – pensó, bajando la cabeza y hundiéndola entre sus manos. – "¿Qué se supone que debo hacer? ¿Qué es lo que debo creer?" -


Al día siguiente…

Era cerca del mediodía, y Link había estado trabajando en la fragua desde muy temprano, intentando darle forma a la hoja de una espada. Golpeaba el martillo con mucha más fuerza de lo habitual, aunque más por la rabia que por otra cosa. Su abuelo le advirtió que no se pasara, o podría terminar dañando los trabajos por estar martilleando de más. Sin embargo, en ese momento no veía otro escape para dejar salir sus frustraciones. Ahora trataba de pasar más tiempo dentro del taller, en un intento por mantener su mente ocupada, y alejada de esos pensamientos. Desde que se había peleado con Zelda, su humor había estado afectando todo lo que hacía.

Había cesado en sus intentos de hablar con ella, después de todo, Zelda no estaba dispuesta a escucharlo. Seguía muy enfadada por lo ocurrido en la plaza el día de las bromas, y no podía culparla, después de todo, había sido una humillación pública enorme. Pero él no había sido el responsable. Alguien le había tendido una trampa, eso era seguro. ¿Pero quién, y más importante aún, por qué?

- ¡Huy! – Link golpeó tan fuerte que una chispa saltó de la hoja al rojo vivo y le dio en la mejilla, muy cerca del ojo. – Diosas… ¿por qué todo me está saliendo mal? -

- Hola, Link. – lo saludó de repente alguien. Link se volteó a ver, y se dio cuenta que era Malon.

- Hola, Malon. – respondió él, tratando de no sonar malhumorado.

- ¿Estás bien? – preguntó ella. – Te ves algo… alterado. -

- No es nada. – dijo él, aunque Malon sabía que estaba mintiendo.

- No me mientas. – dijo Malon. – Algo te pasa. -

- Ah, qué importa. – dijo Link. – No tienes por qué andarte inquietando por mis problemas. -

- ¿No quieres hablar de eso? – preguntó Malon. – Si quieres, vamos a tomar algo, y me cuentas qué te pasa. -

- Gracias, pero no gracias. Creo que ahora no estoy de humor. –

Esta vez, Malon notó que la expresión de Link se puso algo sombría, y sintió una punzada en el pecho. Malon vio como Link finalmente dejaba el martillo, y se iba a sentar en un banco, claramente deprimido. Algo dentro de Malon la impulsó a acercársele.

- Link… ¿Zelda todavía está… molesta contigo? -

- Decir que está molesta es poco. – respondió Link. – Más bien, yo diría que me odia. Hace días que no me dirige la palabra. Y todo por aquel condenado incidente en la plaza. -

- Oye, seguro que se le pasará. – dijo Malon, tratando de animarlo. – Después de todo… eso fue solo una broma, ¿no? -

- ¡Pero es que yo no lo hice! – dijo Link, indignado. Al ver que Malon se asustó con su grito, trató de calmarse. – Y ella no quiere creerme. -

- ¿No… has tratado de hablar con ella? ¿En dónde está? -

- No sé, y la verdad es que no me importa. – dijo Link. – Hace días que sale de la casa, a veces por horas, y no sé a dónde va ni lo que hace. Si ella no quiere que me meta en sus asuntos, pues que así sea. Lo que sí quisiera es… -

Link se contuvo un momento. Algo en su interior se sentía como si estuviera a punto de estallar. Pero no podía reprimirlo más, tuvo que dejarlo salir.

- Solo quiero encontrar al bufón que me puso esa trampa. – dijo Link, tronando los nudillos. – Te lo juro, si llego a saber quién es… me las va a pagar. -

Malon tragó en seco al oír esas palabras. Link estaba en verdad muy furioso, su voz sonaba como que quería destrozar al que lo había incriminado. Y poco sabía, que dicha persona estaba parada a menos de un metro de distancia de él. Una chispa de remordimiento se encendió dentro de Malon, y su conciencia le habló: "Tú tienes la culpa, tú lo hiciste." La culpa la asfixiaba. Sintió el deseo de confesarlo todo, pero tenía miedo de hacerlo, por temor a como iba a reaccionar Link cuando lo supiera.

- Bueno… mientras lo encuentras… yo creo que tal vez… debías seguir intentando hablar con Zelda. – dijo Malon, haciendo un esfuerzo enorme. – Lograr que te escuche, por lo menos. Ella es una buena chica, seguro que si sabes acercártele lo hará. -

- ¿Tú crees? – dijo Link, pero Malon no dijo nada. Link exhaló un suspiro y continuó. – Supongo que no tengo nada qué perder. Creo que iré a buscarla. -

- Sí, deberías hacerlo. – dijo Malon. – Bueno, yo me tengo que ir a hacer mis entregas. Nos vemos luego. -

Malon se salió del taller, y subió de vuelta a su carreta. Se regañó a sí misma por no haberle dicho nada, pero tenía mucho miedo. Sabía que Link la apreciaba como amiga, y no quería arriesgarse a perder eso. Se puso a reflexionar sobre su conducta, si había llegado tan lejos para tratar de conseguir el afecto de Link, tal vez ella no era la chica indicada para él. Tal vez él se mereciera a alguien mejor… alguien como Zelda.


Un poco más tarde…

Link iba caminando por el pueblo, preguntando a todo el que veía si había visto a Zelda. Si no estaba en la biblioteca, no se le ocurría donde más podría estar. El Rancho Lon Lon estaba demasiado lejos a pie como para que ella fuese a echarse un viaje hasta allá, y no había sacado a Cloud del establo, así que eso quedaba descartado. Fue a ver si estaba en el bar lácteo, pero el Sr. Barten le dijo que no la había visto en varios días, específicamente desde el día de las bromas, luego de aquel incidente. Incluso se paró en la escuela primaria, preguntándole a Colin si por casualidad habría pasado por ahí, pero él le dijo que no. Después de un rato de andar por ahí, sin encontrarla, fue a sentarse en una banca en la plaza del pueblo. ¿A dónde más podría haber ido Zelda?

- ¡Hola, Link! – le saludó de repente alguien. Link miró arriba, y vio a Ilia, bastante más alegre de lo habitual.

- Hola. – respondió él por lo bajo, y apenas haciendo un gesto de levantar la mano. Ella era la última persona a quien quería ver en ese momento.

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué la cara larga? – preguntó Ilia, aún sabiendo bien el motivo de eso.

- No es asunto tuyo. – dijo él, mientras ella se sentaba.

- Vamos, Link, cuéntame, ¿qué te pasa? – dijo ella, sentándose a su lado. Link hizo un ademán de correrse un poco para alejarse. – Somos amigos, ¿no? -

- "¿Somos amigos?" – pensó Link en ese momento, viéndola de reojo. No podía decir "sí" de manera honesta, así que no dijo nada. Que lo fueron alguna vez, quizás, pero ahora, no estaba tan seguro. Desde hacía tiempo Ilia no tenía interés en ser su "amiga", y Link lo sabía muy bien.

- Oye, ¿quieres ir al bar lácteo a tomar algo a mi cuenta? – ofreció Ilia.

- No, gracias. – dijo Link secamente.

- Vamos, te hará bien. – insistió ella.

- Dije que no. –

- Hmm… - Ilia frunció el cejo. – Déjame adivinar… sigues peleado con la tal Zelda. -

Link solo le dirigió una mirada que parecía decir "¿Qué comes que adivinas?", pero no habló. Y por alguna razón, tenía el presentimiento de que Ilia de ninguna manera sentía pena de que estuviese peleado con Zelda.

- Vamos, no te amargues por ella. – le dijo, poniéndole la mano en el hombro. – Es una tonta, no vale la pena. -

- Ella no es ninguna tonta. – dijo Link.

- Buf, si se puso así por una broma tan estúpida... – dijo Ilia.

- ¿Tú que sabes? – dijo Link poniéndose de pie, dispuesto a alejarse de ella.

- ¿A dónde vas? -

- No es de tu incumbencia. – dijo él, empezando a caminar.

- Link, espera. -

- ¡Déjame solo! – le gritó, furioso. – Apártate… de… mi… camino. -

Asustada por el rostro furioso de Link, Ilia obedeció sin rechistar, aún cuando en el fondo le diera rabia que Link no quisiera prestarle atención. Aparentemente, separarlo de Zelda no tuvo el efecto deseado.

Link se puso a caminar sin rumbo, estaba tan molesto que no se fijaba muy bien por donde iba, pero afortunadamente, los que pasaban frente a él se apartaban al ver su rostro, transfigurado por la rabia. Estuvo caminando por un buen rato, hasta que, antes de darse cuenta, se había salido de la entrada oeste del pueblo. Ese sendero era poco transitado, ya que iba hacia el Rancho Lon Lon y usualmente solo la carreta que Malon y Cremia usaban para sus entregas lo utilizaba en algún momento. Habiéndose tomado unos segundos para intentar apagar un poco su rabia, pensó que tal vez podría ponerse a caminar por ahí un rato, tal vez eso le ayudara a calmarse. A falta de un mejor entretenimiento, se puso a patear las piedras en el camino, una forma algo tonta de canalizar la rabia tal vez, pero era mejor que hacerlo con otra persona. Estando de ese humor, pensó, quizás sería mejor posponer la búsqueda de Zelda un poco. No quería pillarla estando de mal humor y empeorar aún más las cosas.

- ¿Hmm? – Link se detuvo de pronto. Como a unos 300 metros de donde estaba, por detrás de unos árboles, creyó ver un fogonazo de luz verde por una fracción de segundo. – Debe haber sido mi imaginación. -

Pero no lo fue. Unos 10 segundos después, vio otro fogonazo igual. Aún sin saber quién o qué pudiera ser lo que lo causaba, corrió hacia allá para averiguarlo. Llegó hasta un claro que estaba cerca de la entrada hacia lo que en el pueblo llamaban "Los Bosques Perdidos", y allí… estaba ella.

- ¿Qué está haciendo ella aquí? – resultaba irónico haberla encontrado justo cuando decidió dejar de buscarla. – Mejor me pregunto, ¿que es ESO que está haciendo? -

Link notó que Zelda estaba parada dentro de un círculo que había trazado en el suelo, murmurando algo ininteligible, con las manos en posición como si estuviera rezando y los ojos cerrados. Link casi perdió el aliento cuando vio que una luz verde comenzaba a formarse en sus manos, y se expandía hasta rodearla por completo. Un fogonazo de color verde, y Zelda había desaparecido. Link pudo ver una forma luminosa verde, casi como una aurora boreal, moverse a través del aire, desplazándose hacia otro círculo que estaba a unos 20 metros de distancia. La forma luminosa aterrizó en él, y segundos después volvió a materializarse en Zelda. La joven cayó de rodillas y se llevó las manos al pecho, jadeando un poco.

- Lo hice, esta vez lo hice… - susurró, al ver que estaba dentro del círculo.

Sonrió con orgullo mientras se incorporaba, pero pronto se dio cuenta de que no estaba sola. Link estaba ahí, evidentemente había presenciado como ella realizaba el hechizo de teletransportación. La mirada de Zelda bastó para decirle a Link sin palabras que acababa de ver algo que no debería haber visto. Los dos permanecieron en silencio, como esperando a que el otro dijera algo, mirándose fijamente. Finalmente, tras lo que pareció un milenio, fue Link quien habló.

- No… no sabía… que pudieras hacer eso. –

- ¿Lo viste? – preguntó Zelda, en tono de advertencia. - ¿Lo viste todo? -

- Yo… no quise. Pasaba por aquí y… -

- Si se lo cuentas a alguien… nunca te lo perdonaré. – Sonaba como a una amenaza.

- ¿Para qué iba a hacerlo? – dijo Link, tratando de controlar sus nervios.

- Y de todos modos… ¿qué haces aquí? – preguntó Zelda. – Creí haberte dicho que no quería que me siguieras. -

- No te seguí. ¿Cómo iba yo a saber que estabas aquí? – se defendió Link. Eso era verdad, había sido mera casualidad que él pasara por ahí en ese preciso momento. Claro que, hacía un rato había estado buscándola, sin éxito.

- Bueno… si ya terminaste con tus asuntos aquí… déjame sola con los míos… por favor – dijo ella, añadiendo las últimas dos palabras para que sonara como una simple petición y no como una orden.

Link por un momento pensó en hacerle caso, y se dio media vuelta, pero apenas dio un par de pasos, algo dentro de él lo detuvo. La había estado buscando para hablar con ella, y por fin la había encontrado. Los dos estaban solos, nadie podría molestarlos ahí. Era el momento, era ahora o nunca.

- No. – dijo él, volteando otra vez para encararla. – Primero… necesito hablar contigo. -

- ¿Sobre qué? – preguntó ella, aunque sabía lo que iba a responder.

- Zelda… ese incidente en la plaza, te aseguro que yo no… -

- Si vas a seguir con tus excusas puedes ahorrarte el aliento. – dijo Zelda tajante. - ¿Por qué no te portas como un hombre y lo admites? -

- Zelda, solo te pido que me escuches un segundo… - dijo él comenzando a caminar hacia ella.

- Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. – le dio la espalda.

- Zelda, por favor. – dijo él sujetándole los hombros para voltearla y obligarla a mirarlo.

- ¡Suéltame! – gritó ella, empezando a forcejear.

- Lo haré cuando te calmes, y escuches lo que tengo que decir. – replicó Link, sin soltarla, pero tratando de no hacerle daño.

- ¡Que me sueltes! – gritaba Zelda, como si estuviese siendo víctima de un acosador, finalmente, entre tanto forcejeo, alargó uno de sus brazos y…

¡PLAF! La dura bofetada cogió a Link totalmente desprevenido. A pesar de su apariencia delicada, Zelda fue capaz de asestarle la mano con mucha fuerza, incluso más que la última vez, si eso era posible, dejándole la marca roja en la mejilla. Y no bien había salido de su estupor cuando Zelda le propinó un puntapié en la espinilla.

- ¡AYAYAY! – gritó, sujetándose el lugar donde le dio.

- ¡YA DIJE QUE NO QUIERO HABLAR CONTIGO! ¡TE ODIO! – gritó con todas sus fuerzas antes de dar media vuelta y salir corriendo en dirección hacia el bosque cercano.

- ¡ZELDA! ¡REGRESA! – gritó Link

- ¡ALÉJATE DE MÍ! – fue su respuesta, internándose aún más.

Sin más, Link comenzó a correr tras ella, gritándole que se detuviera, pero ella no le hacía caso. Cuando estuvo a punto de darle alcance, apenas vio por una fracción de segundo, que ella había agarrado una rama baja, la jaló y la soltó para que lo golpeara en la cara con fuerza. Link dio un paso atrás al recibir el golpe, tropezó con una raíz y cayó, golpeándose la cabeza, mientras que Zelda siguió corriendo, tratando de alejarse todo lo posible.

Link tardó unos minutos en recuperar la conciencia, y recordar lo que estaba haciendo. Tenía un chichón atrás de la cabeza, pero el dolor dejó de importarle al acordarse de lo que había pasado. Zelda se había metido en lo en el pueblo que conocían como "Los Bosques Perdidos". El lugar era un verdadero laberinto, si entrabas ahí difícilmente podrías volver a salir, y además estaba lleno de bestias muy peligrosas.

- "Tengo que encontrarla… tengo que encontrar a Zelda…" – se dijo, mientras comenzaba a adentrarse más. Él era uno de los pocos que conocía bien esos bosques. Si Zelda se perdía y algo le pasaba… sería culpa suya. No podía permitirlo.


Bosques perdidos, un poco después…

Zelda paró de correr cuando se le acabaron las fuerzas. Ya había perdido a Link de vista, pero al hacerlo también se perdió ella misma y ya no tenía idea de dónde estaba. De todos modos eso ya no importaba. Se sentó al pie de un gran árbol a recuperar el aliento. Después pensaría en como salir de ahí.

Los árboles tapaban tanto la luz del sol que el bosque estaba bastante oscuro, a pesar de ser media tarde. Tuvo que admitir que estaba un poco asustada, al estar ahí sola y perdida. Bueno, había corrido en línea recta casi todo el trayecto, simplemente tenía que regresar por donde vino… o eso creía. Aparentemente, en sus prisas por escapar de Link no se fijó muy bien por donde pasaba. Solo quería alejarse de él.

- Debió dolerle mucho esa rama en la cara… - dijo de repente, sin dirigirse a nadie en particular. – Bueno, creo que es lo menos que se merece. -

A pesar de decirlo en voz alta, sus pensamientos eran otros. Estaba perdida, y posiblemente Link era el único que habría podido sacarla de ahí, él conocía ese bosque como la palma de su mano. Pero en aquel momento su orgullo dictaba que no quería saber ni tener nada que ver con Link. Eso era un absoluto no-no. De pronto, escuchó algunos ruidos, como hierba y ramas crujiendo.

- ¿Qué fue eso? – preguntó de pronto. - ¿Quién está ahí? -

Zelda se puso de pie, y empezó a mirar a todos lados. Pronto, los crujidos fueron acompañados por lo que parecían ser siseos como de serpientes. En ese momento se acordó: Ya le habían advertido que los Bosques Perdidos estaban llenos de bestias salvajes muy peligrosas, y la realización la golpeó en la cabeza, lo que fuera que estuviera cerca de ella en ese momento definitivamente no era humano.

Zelda se preparó para recibir a su atacante, fuese lo que fuese, juntó sus manos y concentrándose empezó a formar una esfera de energía de color blanco, preparándola para lanzársela en cualquier momento a lo que fuera que estuviese acechándola. Moviéndose con mucha cautela, aguzó el oído e intentó evaluar bien de dónde provenían los siseos. Justo en ese instante, oyó un chillido a su lado izquierdo, y algo enorme saltó hacia ella desde un arbusto.

- ¡AAHH! -

¡POP! Sin mirar, Zelda soltó instintivamente la esfera de energía contra su atacante, la cual estalló en un ligero destello blanco en cuanto impactó. La cosa que la atacó dio un quejido y se desplomó inerte ante ella. Cuando pudo verlo bien, se dio cuenta que se trataba de un Lizalfos venenoso, una criatura muy parecida a un lagarto barano algo crecido, pero con las patas delanteras más algo más largas y robustas que las traseras, provistas de unas grandes y afiladas garras, y con colmillos muy ponzoñosos. Aún había siseos a su alrededor, de modo que Zelda rápidamente dedujo que debía haber más de ellos rodeándola. No queriendo tener que lidiar más con ellos, y olvidándose de lo cansada que estaba, comenzó a correr sin saber hacia donde, solo quería escapar, pero los reptiles no iban a dejar ir a su presa tan fácilmente y de inmediato emprendieron la persecución.

- ¡AUXILIO! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE, POR FAVOR! – empezó a gritar, deseando, más que creyendo, que hubiera alguien lo suficientemente cerca para oírla.

Zelda continuó corriendo, intentando despistar a los Lizalfos, dando vueltas y zigzagueando entre los árboles, sin poner mucha atención a la dirección en la que iba. Finalmente, para su desgracia, no vio una serie de raíces delgadas que sobresalían del suelo, se enredó con ellas, y cayó. Cuando intentó levantarse, se dio cuenta que su pie estaba todo enredado entre las raíces, desesperada intentó romperlas a la fuerza, pero mientras lo hacía, los Lizalfos, que eran cuatro, le dieron alcance, y para su horror el más grande de ellos estaba listo para lanzarse contra ella. Zelda puso sus manos frente a su cara, no quería ver.

- ¡ZELDA! – gritó de pronto una voz, y antes de darse cuenta, oyó el sonido de un puñal enterrándose en carne y un escalofriante gemido de dolor. Esperanzada, pero aún agitada, Zelda miró, y vio, de espaldas, que se trataba de Link, y a sus pies yacía inerte el Lizalfos, de cuyo cuello brotaba sangre a borbotones, sangre que también había quedado en la hoja de la espada de Link.

- ¿L…Link? – No podía creer que hacía solo unos minutos deseaba estar lejos de él, y ahora no podía estar más contenta de verlo.

- ¡CÚBRETE! – gritó Link.

Zelda estaba demasiado asustada como para desobedecer, y sin perder tiempo se ocultó tras un árbol a buena distancia, mientras observaba como los tres lagartos restantes se lanzaban ahora a atacar a Link, el joven Hyliano esquivó la primera acometida, y empuñando su arma con mano firme, lo apuñaló por detrás de la cabeza. El segundo empezó a atacarlo dando zarpazos con sus garras, y en una de esas, golpeó tan fuerte que le hizo perder su escudo y lo hirió en la parte superior del brazo derecho. Link retrocedió, el escudo quedó fuera de su alcance, por lo que el lagarto siguió su feroz ataque, mientras Link trataba de mantenerlo a raya a espadazos. Con un zarpazo, el lagarto rasgó el costado izquierdo de Link, pero haciendo caso omiso del dolor o la sangre, le asestó un golpe tan violento en la cabeza con el plano de su espada que Zelda casi pudo escuchar como se le partía el cráneo. Sin embargo, mientras este se desplomaba, el último rodeó a Link, y aprovechó para atacarlo por detrás, saltando con sus fauces abiertas, dejando ver sus colmillos.

- ¡AAAAAARRRGHHH! – gritó Link cuando las quijadas de la bestia se cerraron en su hombro izquierdo.

- ¡LINK! – gritó Zelda, horrorizada por lo que acababa de ver, e ignorando su miedo finalmente abandonó su escondite, pero antes que pudiera hacer nada, Link, sacando fuerzas de quién sabe donde, hundió su espada en el estómago del reptil para que lo soltara, y sin importarle más nada, concentrando todo el vigor que le quedaba en un supremo esfuerzo, se dio la vuelta y lo remató, cortándole la cabeza con un rápido movimiento.

El cuerpo decapitado del reptil se desplomó inerte junto a su cabeza. Link apenas tuvo un segundo para saborear su triunfo, porque en ese momento todo comenzó a ponerse borroso. Los efectos del veneno de la mordida del Lizalfos empezaban a manifestarse. Sus brazos se sintieron pesados, y su mano no pudo sostener su espada por más tiempo, cayó de rodillas al suelo. Apenas pudo ver como Zelda corría frenéticamente hacia él, y se arrodillaba para sostenerlo.

- ¡Link! ¡Por el amor de Nayru, por qué…! -

- Zelda… - dijo con dificultad, los párpados le pesaban, pero hacía un esfuerzo por mirarla a los ojos, notándose que estaba totalmente angustiada.

- ¡No hables, conserva tus fuerzas! ¡Tengo que sacarte de aquí! -

- Zelda… te lo juro… - se le hacía difícil el solo hablar, pero haciendo acopio de fuerzas continuó: - … por mis padres… que yo no… lo hice… -

Y con estas palabras, se desplomó sobre ella. Horrorizada por un momento, Zelda tuvo que calmarse, y chequeando su pulso y respiración se dio cuenta que aún estaba con vida. Lo más que podía hacer por ahora era tratar de frenarle el sangrado, así que usando sus poderes invocó un hechizo de curación para cerrar las heridas. Pero aún quedaba el problema del veneno. Sabía que podría sobrevivir un par de horas antes de que el veneno lo matara, pero no tenía consigo antídotos ni nada por el estilo, y no iba a poder sacarlo arrastrando de ese bosque, entre las bestias y lo que Link pesaba, no podría llegar a tiempo al pueblo.

- Solo hay una salida… tengo que hacerlo… - se dijo.

El hechizo de teletransportación era muy difícil, y Zelda no había podido moverse más allá de unos 20 metros cuando mucho, y no sabía con certeza a qué distancia se encontraba de la entrada del bosque. Más aún, era mucho más complicado cuando intentaba hacerse en conjunto con otra persona, y podría ser fatal si se hacía mal. Y estaba el riesgo de que alguien tal vez la pudiera ver apareciéndose de la nada. Pero sin tener más opciones, Zelda comenzó a concentrarse. Era la única manera en la que podría salvarlo. Concentrándose con todas sus fuerzas en la entrada del bosque, invocó su magia teletransportadora. Una luz de color verde los rodeó a ambos, y al disiparse ambos desaparecieron de ahí.

Zelda mantuvo los ojos cerrados todo el tiempo, mientras experimentaba de nuevo esa sensación de como si fuese jalada a través de un estrecho tubo de goma, junto con Link, que seguía inconsciente. Unos segundos más tarde, cuando la sensación terminó, Zelda abrió los ojos, y se dio cuenta, para su gran alivio, de que lo había logrado: estaba fuera del bosque en el sendero. No obstante, al haberse teletransportado a esa distancia, se había quedado casi sin fuerzas, y aún estaba algo lejos de Ordon, y de la clínica. Resignada, y sin más que hacer, intentó cargar a Link, pero él era mucho más pesado que ella, y ella no gozaba de una constitución robusta, así que solo pudo arrastrarlo, con mucha dificultad.

- Diosas… por lo que más quieran… ayúdenme, no dejen que Link muera por mi culpa… - rogaba, mientras jalaba el pesado cuerpo de Link.

Como en respuesta a su plegaria, Zelda oyó el ruido de cascos de caballos acercándose, y cuando vio hacia el sendero, notó que una carreta se venía acercando. Esperanzada, soltó a Link por un momento y corrió hacia el camino, agitando sus brazos para hacerse notar mientras gritaba:

- ¡AUXILIO, POR FAVOR! – La carreta pareció notarla, ya que de pronto apuró el paso y se dirigió hacia ella. Al acercarse más, Zelda vio que la conductora no era otra que Malon.

- ¿Zelda? – dijo Malon, frenando a los caballos y bajándose de su vehículo. - ¿Qué sucede, qué haces aquí? -

- No hay tiempo, por favor, tienes que ayudarme, es Link. – fue lo que pudo decir, mientras tomaba a Malon del brazo y la jalaba hacia donde estaba el herido.

- Diosas, ¿pero qué le pasó? – jadeó Malon, llevándose las manos a la boca al verlo tirado y ensangrentado.

- Nos atacaron en los Bosques Perdidos. Un Lizalfos lo mordió. – explicó Zelda.

- ¿Un Lizalfos? – Malon entendió inmediatamente, y sin perder tiempo ayudó a Zelda a cargar a Link y a subirlo a la parte de atrás de la carreta. Entre las dos fue mucho más fácil. Zelda se quedó junto a Link, mientras que Malon retornó al asiento del conductor. – Tenemos que volver al pueblo de inmediato. ¡Ya! -

¡SNAP! Malon chasqueó las riendas y dando la vuelta apuró a los caballos para retornar al pueblo lo más pronto posible. Se retrasaría en volver al rancho, pero la vida de Link estaba en riesgo. Durante el trayecto, Zelda explicó lo que había pasado, Link había intentado hablar con ella, y en respuesta ella solo inició otra pelea entre los dos, que se saldó con ella huyendo hacia el bosque imprudentemente, para luego ser atacada por los Lizalfos y rescatada (una vez más) por Link, omitiendo por supuesto la parte de cómo lo había sacado de ahí, pero afortunadamente, Malon no hizo más preguntas al respecto. Después de eso, ninguna de las dos cruzó palabra, pero Malon miraba ocasionalmente dentro de la carreta, viendo como Zelda acunaba al inconsciente Link en su regazo, notándose muy angustiada y preocupada por él. La pelirroja sintió un cargo de conciencia, después de todo, indirectamente, ella había sido en parte responsable de su situación actual.

Afortunadamente, lograron llegar sin contratiempos, y llevaron a Link a la clínica. Los doctores de inmediato se lo llevaron. Zelda decidió quedarse, pero Malon se fue, diciendo que todavía tenía que volver al rancho, pero prometiendo que pasaría más tarde. Lo cual era verdad solo en parte, ya que, sin embargo, Malon tenía en mente ir a otro lugar en específico antes de volver a casa.


Casa del alcalde, un poco más tarde…

- ¡ILIA! ¡ABRE ESA PUERTA! ¡ILIA! -

Malon gritaba y golpeaba furiosa la puerta, sin importarle que fuese la casa del alcalde del pueblo, y que todo mundo la estuviera mirando por el alboroto que hacía. Tuvo suerte que esa tarde el alcalde había salido a atender algunos asuntos y no estaba en casa, o probablemente la hubiera hecho arrestar por el escándalo. Tenía que hablar muy seriamente con Ilia. El "pequeño truquito" que la chica había armado para separar a Link de Zelda había ido un poco demasiado lejos.

- ¡ILIA! ¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ! – seguía gritando Malon. - ¡SAL INMEDIATAMENTE, TENEMOS QUE HABLAR! -

- ¡Ya voy, ya voy! – Malon oyó pasos de alguien bajando escaleras, y dejó de golpear la puerta, pero sus puños seguían cerrados. Segundos más tarde, Ilia abrió la puerta, era evidente que Malon la había pillado en mitad de un baño, ya que tenía su cuerpo cubierto con una toalla, y otra enrollada en el pelo. - ¿Qué pasa? -

- ¿Qué pasa? ¿Me preguntas qué pasa? – dijo Malon, tratando de controlar la intranquilidad en su voz. - ¡Pasa que tu estúpida broma por poco les cuesta sus vidas a Link y a Zelda! ¡Me prometiste que nadie saldría lastimado, Ilia! -

- ¡Oye, oye, cálmate! – dijo Ilia, usando una mano para sostenerse la toalla, y la otra para frenar a Malon que ya se le venía encima. - ¿De qué me estás hablando? -

- ¿Dónde has estado todo el rato que no lo sabes? – dijo Malon. – Hace unas horas, Link y Zelda volvieron a tener otra pelea, ¿y sabes qué pasó? ¡Zelda corrió hacia los bosques perdidos, Ilia! ¡A los bosques perdidos! -

- ¿Y? ¿No es mejor así, que desaparezca ahí para que ya no nos estorbe? – dijo Ilia, como si no le importara.

- ¿Cómo puedes decir eso? – Malon no entendía como podía haber alguien así de insensible. – Ilia, bien sabes que ese bosque es un verdadero laberinto, y además está plagado de bestias muy peligrosas. -

- Bien, lo sé, pero es su culpa por entrar, no nuestra. – argumentó Ilia.

- Aún no he terminado. – repuso Malon. – Link tuvo que ir tras ella, ya sabes que es el único que conoce de memoria esos bosques. -

- Bueno, y me imagino que la habrá rescatado, y estarás contenta, ¿no? – dijo Ilia. – Entonces ya puedes dejarme… -

- ¡QUE NO HE TERMINADO! – Esta vez Malon no escatimó en aliento para gritarle con todas sus fuerzas, Ilia por poco se cae hacia atrás. - ¡LINK SALIÓ HERIDO TRATANDO DE PROTEGERLA, LOS ATACARON LIZALFOS EN EL BOSQUE! ¡DEBERÍAS HABERLO VISTO, POR POCO SE MUERE! -

- ¡¿QUÉ? – Esta noticia sí alarmó a Ilia. - ¡Por las diosas! ¡Dime que está bien, dime que no está…! -

- No te preocupes, vivirá. – Malon se tranquilizó. Había podido soltar toda su furia con ese último grito. – Y debemos darle las gracias a Zelda por ello. Ella se las arregló no sé como para tratarle las heridas, y sacarlo de ahí. -

- ¿Esa… la chica nueva… ella lo…? -

- ¿Te das cuenta hasta donde llegó tu broma? – interrumpió Malon. – Link y Zelda podrían haber muerto ahí por culpa de tus tonterías, Ilia. El juego se acabó. Se los voy a decir todo. -

- ¡¿Qué? ¡No serías capaz de traicionarme! -

- Nunca debí haberlo hecho en primer lugar. No después de que Zelda fue tan amable y tan generosa conmigo. – dijo Malon. Estaba furiosa, bastante con Ilia, pero no tanto como consigo misma. – Ni siquiera por Link. Ya lo decidí, voy a decirles toda la verdad, y pedirles que me perdonen por ser tan estúpida. -

- ¿Qué acaso no te importa que Link vaya a…? -

- Me importa un bledo lo que tengas que decirme ahora. Zelda es una gran chica… y no puedo culpar a Link si se siente atraído hacia ella. Él se merece alguien mejor que yo, y definitivamente alguien mejor que tú. – dijo Malon, antes de dar la vuelta y salir corriendo.

- ¡Malon! ¡Malon, regresa aquí! ¡Malon! -

Pero Malon ya no la escuchaba. Con paso firme corrió alejándose de la casa, ignorando sus gritos. Ya sabía lo que debía hacer.


Clínica del pueblo…

Zelda estaba sentada en la sala de espera, con la mirada baja, y jugando con sus pulgares. Se le notaba muy intranquila, y no era para menos. No estaba preocupada por Link, sabía que él iba a estar bien, ella había usado sus poderes para curarlo lo mejor que pudo, y ahora los doctores lo estaban atendiendo, extrayéndole el veneno. No, lo que realmente le preocupaba era, ¿cómo iba a mirarlo a la cara después de eso?

Los últimos días ella había actuado muy fría con él. Estaba muy molesta por aquel incidente, pero Link seguía insistiendo en que él no lo había hecho. Y Aryll le había dicho que, aunque Link gustaba de hacer bromas por esas fechas, nunca se pasaba de la raya, conocía sus límites. Y que jamás, jamás en su vida, lo había escuchado decir una mentira, el jamás tomaba crédito por algo que no hacía, incluyendo las bromas. Más aún, a pesar de que ella le gritó, lo insultó y hasta lo abofeteó antes de meterse corriendo a los bosques perdidos de esa manera tan imprudente, Link todavía fue tras ella, y se enfrentó a esos Lizalfos solo para protegerla, sin importarle su propia seguridad. No sabía qué hacer. Se sentía culpable por haberlo tratado tan mal.

- ¡Zelda! Aquí estás. -

- ¿Eh? Ah, hola, Malon, ¿qué pasa? – dijo Zelda, al ver entrar a la pelirroja.

- Necesito hablar contigo. – dijo Malon. – Por cierto, ¿cómo está Link? -

- Los doctores dijeron que estará bien, no te preocupes. – dijo Zelda. - ¿Sobre qué querías hablar? -

- Sobre… es muy difícil, no sé ni por donde empezar. – dijo Malon. – Bien, sobre el… incidente que ocurrió en la plaza. -

- ¿Qué tiene eso que ver? – preguntó Zelda. Ya no le importaba en lo más mínimo ese incidente, no le importaba haber quedado en ridículo frente a toda esa gente. Solo quería saber que Link estaba bien.

- Es que… bueno, nada de eso fue culpa de Link. – dijo Malon, con dificultad.

- ¿Cómo? -

- Mira… sé que tú y él han estado peleados por causa de eso estos días y… - Malon hablaba con la voz algo entrecortada, parecía necesitar hacer acopio de fuerzas para decirlo, pero si no lo dejaba salir sentía que iba a explotar. – Fui yo… es decir, fuimos Ilia y yo las que… -

- Espera, Malon, ¿de qué estás hablando? -

- Fue idea de Ilia, pero yo fui una tonta por haberme dejado convencer. – dijo Malon. – Ella fue la que jaló la cuerda, pero yo puse el otro extremo en el bolsillo de Link para que… -

- ¿Fueron ustedes dos? – dijo Zelda incrédula. – Pero… ¿por qué? -

- A Ilia no le cae nada bien toda la atención que Link te ha estado dando, ¿sabes? – dijo Malon. – Ella planeó todo esto para hacer que ustedes dos se pelearan, pero necesitaba mi ayuda. Y… yo de tonta, me dejé persuadir. -

- Y todos estos días yo… - Zelda sintió un dolor en el pecho. Su preocupación por Link ahora se entremezclaba con la culpa. Link no mentía, él no lo había hecho. Y ella no le creyó. – Pero… no lo entiendo, ¿por qué ustedes…? -

- Has de saber que a muchas de nosotras en el pueblo nos gusta Link, ¿no? – dijo Malon. – Bueno, la verdad es que nunca le ha dado a ninguna de nosotras muchas esperanzas. Quizás por eso es que Ilia nunca se había puesto tan paranoica… hasta que llegaste tú. -

- ¿Yo? ¿Pero qué tengo yo que ver? – Zelda no parecía entender.

- ¿Qué no es obvio? – dijo Malon. – Tú le gustas a Link, Zelda, eso se nota a leguas. Es por eso que Ilia te ve como una amenaza, quiere a Link solo para ella, como si fuera de su propiedad. No podría soportar la idea de verlo con alguien más que no fuese ella… y si he de ser sincera quizás yo tampoco. -

Zelda quiso decir algo, pero no podía hablar. No podía creer lo que Malon le estaba diciendo.

- Pero ya basta. – prosiguió Malon. – Lo que hice estuvo mal, sin importar el motivo. Si hubiera sabido que las cosas iban a llegar a este extremo… no, nunca debí haberlo hecho en primer lugar. En especial, después de que has sido tan buena conmigo todo este tiempo. -

- Malon… ¿por qué me dijiste todo esto? -

- Porque es lo correcto. – dijo Malon, simplemente. – Y también… porque no soportaría ver un segundo más ver a Link así de deprimido por una tontería que yo causé. Habla con él, tienen que reconciliarse. -

- Pero… ¿cómo voy a mirarlo a la cara después de todo lo que le dije, y de como lo traté? -

A Zelda casi se le caía la cara de vergüenza. ¿Cómo iba a hablar con Link después de haberle dicho todas esas cosas tan horribles, y sin que se las mereciera? Malon pareció percibir lo que sentía en ese momento, por lo que algo la impulsó a acercársele, y sin mediar palabras la abrazó.

- ¿Malon? -

- Yo sé que Link te perdonará, él nunca le guarda rencores a nadie. – dijo Malon, en ese momento las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. – Y espero… que tú también me perdones por lo que les hice. Yo… nunca quise hacerles daño. -

- Malon… - Zelda hizo un esfuerzo por retener sus propias lágrimas, pero el arrepentimiento, y el darse cuenta que Malon se sentía tan afectada como ella por lo sucedido por muy poco se lo impidió. No pudo más que abrazarla también, y decirle que no había nada que perdonar, que la culpa no era solo suya.


Aquella noche…

Pese a que los doctores aún no querían darle de alta, decidieron permitir que Link volviera a casa al anochecer. Habían extraído el veneno exitosamente, pero Link aún estaba muy débil, y le recomendaron descansar un poco, es decir nada de trabajo pesado. Luego de relatarle su aventura, su abuelo le prohibió regresar a la fragua y también salir a cazar al bosque por una semana más, para su disgusto, pero esta vez no pudo refutarle nada, así que se fue directo a su habitación. Entre otras cosas, también estaba algo molesto por haber dejado su escudo y espada perdidos en el bosque, pero decidió que iría a buscarlos en otro momento, cuando estuviera recuperado y de mejor humor.

Zelda no había cruzado palabras con él desde que salieron de la clínica del pueblo. Sabía que tenía que enfrentarlo, pero no reunía suficiente coraje para hacerlo. Y aunque sabía que entre más tiempo esperase para hacerlo sería peor, a cada segundo se le hacía más difícil decidirse. Constantemente se recordaba a sí misma "Si no hubiera sido tan estúpida, si no hubiera corrido hacia el bosque, si hubiera decidido escucharlo antes… quizás nada de eso habría pasado". El solo hecho de que Link hubiera salido herido, y que pudiese haber muerto por culpa suya la atormentaba más que nada. Inclusive tal vez más que el hecho de que en este momento él posiblemente la odiara por lo mal que lo había tratado los últimos días. Y no podría culparlo si así era.

Mientras seguía pensando en eso, la abuela llegó con un tazón humeante lleno de su sopa especial para Zelda.

- Toma esto, te sentirás mejor. – le dijo mientras se lo daba.

- No tengo hambre, pero gracias. – dijo Zelda, intentando no sonar desagradecida por el gesto de la abuela.

- ¿Por qué no se lo llevas a Link? – propuso la abuela.

- ¿Eh? -

- Sí, quizás él lo necesite más que tú en este momento. – dijo la abuela, evidentemente quería que se aliviaran las tensiones entre los dos.

- Sí… tiene razón. – dijo Zelda.

Zelda subió las escaleras con el tazón en la mano. Era ahora o nunca. Caminó algo temblorosa hacia la habitación de Link, cuidando de no tirar la sopa. Dudó un poco justo antes de tocar a la puerta, luego de unos segundos, tragó en seco y golpeó, apenas perceptiblemente.

- Está abierto. – respondió la voz de Link al otro lado, sonando bastante menos alegre que de costumbre.

Zelda respiró profundo, y abrió la puerta. Entró con cautela, y cerró la puerta para luego encontrarse cara a cara con el cuarto de Link por primera vez. Era algo más grande que el cuarto donde ella dormía, lo cuál tenía sentido ya que anteriormente solía pertenecer a sus padres. Sobre la cómoda había un gran espejo, y en las paredes había fotos de un hombre y una mujer de mediana edad cuyo parecido con Link y Aryll era evidente. Link estaba sentado en la cama matrimonial, con las piernas cruzadas, las manos en las rodillas, y la mirada fija en su ventana. No parecía haber notado que Zelda había entrado.

Zelda sintió un nudo en el pecho al verlo. Así de callado y taciturno, Link lucía completamente diferente de su yo habitual, alegre y espontáneo. Parecía una persona totalmente distinta. Link en ese momento no llevaba puesta su camisa, por lo que Zelda pudo ver los vendajes que tenía alrededor de todo el abdomen, uno que pasaba por su hombro izquierdo hacia su espalda, y otro más en el brazo derecho. Su rostro estaba totalmente inexpresivo, Zelda no sabría decir si estaba enfadado o algo, y eso la hizo sentir algo de miedo. Sin embargo, sabía que era hora de enfrentarlo, no podía echarse para atrás.

- Tu… tu abuela me pidió que te trajera esto. – dijo mientras le alargaba el tazón de sopa.

- Déjalo ahí, me la comeré luego. – dijo Link, todavía sin mirarla. No había enojo en su voz, pero tampoco parecía muy contento.

Zelda dejó la sopa en la mesita de noche y se sentó en el borde de la cama.

- Link… yo… - Zelda no sabía por donde empezar. Haciendo acopio de fuerzas, consiguió decirle. – No te he dado las gracias por haberme salvado… de nuevo. -

- No hay nada qué agradecer. – dijo Link, en el mismo tono inexpresivo.

- Link... sé que estás molesto, y tienes toda la razón de estarlo, pero… -

- ¿Quién te dijo que estoy molesto? – dijo Link, finalmente volteando a mirarla por primera vez. Zelda sintió un pequeño estremecimiento, fue como si sus ojos miraran a través de ella. - ¿Por qué iba a estarlo? Estás bien, y eso es lo único que importa. –

¿Cómo podía Link decir eso? ¿Es que no se preocupaba por su propia seguridad? Él no merecía que eso le hubiera pasado, no cuando ella fue la que tuvo la culpa. Link puso en riesgo su propia vida por ella, aún después de lo mal que ella lo trató. Aún después de que no quiso creerle que él no había sido el responsable de ese bochorno público que ella había sufrido, y quizás en el fondo ella sabía que él estaba diciendo la verdad. Pero no, su orgullo tenía que interponerse, y aún seguía haciéndolo. Pero ahora su corazón la estaba forzando, la culpa la asfixiaba, tenía que dejarlo salir. Finalmente, no pudo más y estalló bruscamente en sollozos, lanzándose al cuello de Link, y abrazándolo tan fuerte como podía.

- ¿Zelda? ¡Ay! – gritó Link por el pinchazo que sintió en las heridas cuando Zelda se le abalanzó encima, pero no le protestó nada, al darse cuenta de que estaba llorando.

- Link… lo siento tanto… yo no… todo esto es mi culpa… - Hablaba con la voz entrecortada por el llanto. No había llorado de esa manera desde la muerte de su madre, las lágrimas salían a torrentes de sus ojos, ya no podría pararlas aunque quisiera. Quizás quienes la vieran sentirían vergüenza ajena, pero eso no le importaba en lo absoluto, tenía que dejarlo salir. – Si no hubiera… por mi culpa tú… -

- Oye, cálmate… - dijo Link. Esta vez, su voz sonaba cálida y amable. Zelda sintió que Link empezaba a abrazarla también, y a acariciarle el cabello, tratando de reconfortarla. – Ya, no es para tanto, todo está bien… -

- No, no está bien. – dijo Zelda, sin dejar de llorar. – Yo no quise creerte… te dije cosas horribles… y mira lo que pasó… -

- Oye, me he recuperado de cosas peores. – dijo Link.

- Ese no es el punto… - dijo Zelda, separándose para verlo a los ojos. – Link… tú eres… eres el primer amigo que he tenido en mi vida… no tienes idea de lo que eso significa para mí… -

- Zelda… -

- Pensar… que pude haberte perdido… solo porque no quise escucharte… porque mi maldito orgullo me hizo dudar de ti… - continuó Zelda, volviéndose a hundir en su pecho. – No… eso nunca me lo hubiera perdonado… haber perdido a una persona tan importante… por una estupidez como esa… No te pediré que me perdones por lo que te hice… pero por favor… te lo ruego, no me odies… -

Link abrió la boca para decir algo, pero no encontró palabras. Si Zelda realmente era capaz, después de haber sido tan fría y tan insensible con él antes, de llegar ante él y pedirle perdón de esa manera, llorando y tragándose su propio orgullo, quería decir que realmente estaba arrepentida, y que él sí le importaba después de todo. Quería decirle que no la odiaba, que todos cometemos errores a veces, y que él ya la había perdonado por lo sucedido, y estaba dispuesto a olvidarlo. Pero ella necesitaba desahogarse por todo lo ocurrido. Decidió dejarla llorar todo lo que quisiera. Ya podrían hablar después cuando se hubiera calmado. Por el momento, no le importaba permanecer así, abrazándola y consolándola. ¿Qué importaba que ella le llenara los hombros con sus lágrimas, o que le punzaran las heridas por el abrazo, si eso la ayudaba a sentirse mejor?

Esta historia continuará…


Notas del Autor:

Jeje, bueno, poner pelea y reconciliación en el mismo cap puede ser algo inusual, pero no soportaría tener a estos dos peleados demasiado tiempo. Y apuesto a que ustedes tampoco, ¿verdad? Me apresuré un poco en enlazar las últimas escenas, específicamente las bromitas y lo del festival, pero quise terminarlo rápido, y no tardarme otro año en publicar otro cap. Por fortuna, como dije, ya llevo algunos adelantos en el resto de los caps.

Como de costumbre, gracias por los reviews: winter snow723, Mud-chan, aKt-kawaii, EscarlethofSoren, A.C. Akasuna, Dialirvi, ZeLinkera100, Megumi-Zhian, Toon-Csi, Zeldi-chan de hyuuga, girl-hatake95, ILZzE Judai-Chan, Courage Princess, NikkiMaxwell, nintendo espaa (que imagino que será también zelda espaa) hinatauchiha82 y Anhell . A nintendo espaa, quisiera recomendarle que, si va a decirle algo a alguien de aquí en (que no sea yo), se abra una cuenta y utilice mensajes personales, porque eso de usar los reviews para mandarle mensajes a otras personas, francamente me incomoda un poco, porque soy yo el que recibe las alertas, no ellos. Sin ofender. Por lo demás, muchas gracias a todos por el apoyo en esta historia, mientras quede al menos alguien que la lea, la seguiré escribiendo. Hasta el próximo.