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Pesadilla descubierta

Cuando entré nuevamente a la fiesta, pude respirar tranquilo por primera vez en la velada.

A estas alturas de la noche, las presentaciones y los protocolos que debíamos cumplir los líderes de los clanes, junto con otras autoridades de la Hoja para con los feudales y demás formalidades, habían acabado, y se sentía un ambiente más relajado y festivo. La gente andaba con algunas copas demás, y hasta charlas animadas con risotadas de por medio podían escucharse a lo largo de todo el salón.

No salió todo tan mal como lo había esperado: los chicos se comportaron bastante bien toda la noche, Sakura estaba feliz –porque le encantaban las fiestas- y aunque ahora Amaterasu estaba segura en casa con los mellizos, su presentación ante sociedad fue fructífera y fue relativamente bien recibida. Después del pequeño altercado de su corta desaparición y de salir corriendo a buscarla, todo ahora parecía más tranquilo y me apetecía pasar más tiempo con mi esposa. Kenta y Daisuke habían llevado a Souta, Taichi y Rokuro a la mansión a medianoche, ya que fue demasiada fiesta para los pequeños de tres y cinco años, dejándolos a cargo de la niñera que habíamos contratado con anterioridad para cuando estos últimos se den por vencidos del sueño y volvieran a la mansión, y asi los mayores no tendrían que andar privándose de la diversión y podrían volver a fiesta.

A lo lejos vi a una inquieta Sakura junto con Hinata, Shikamaru, Temari y la bebé de estos últimos; me escurrí entre la gente para llegar hasta ellos. Cuando estaba suficientemente cerca Sakura me miró preocupada.

-¿Y? ¿La encontraron? –Incursionó ansiosa.

-Está bien, solo había salido a dar una vuelta. Esta con los mellizos en casa –La tranquilicé, para a continuación vaciar mi vaso de sake al instante que mi esposa me lo entregó.

-Yokatta! (Me alegro) –Dijo Hinata aliviada, con un asentimiento de Sakura y los demás.

Luego de un rato de charla irrelevante entre ellos, llegó un exhausto Naruto preguntando por lo mismo y aliviándose que al final no haya sido nada, pero nunca dejando de quejarse de lo cansado que estaba de tener que cumplir con las miles de obligaciones como Nanadaime en un evento como ese. En el fondo todos sabíamos que en realidad, el Uzumaki mayor lo disfrutaba, asi que nadie le dio más importancia.

Comenzaron a sumarse otros antiguos compañeros a la charla, el Inuzuka, Akimichi y su esposa, Ino y Sai. Estas reuniones me ponían asquerosamente nostálgico y me remontaba a ciertos tiempos donde no me apetecía volver. Seguí la charla de los demás en silencio, y no podía creer que hubo un tiempo en mi vida donde yo quise alejarme de todo esto a voluntad.

Es más, quise destruir todo esto, a voluntad.

Sentí que una mano tomaba la mía disimuladamente y miré rápidamente a Sakura, ella me devolvió una pequeña sonrisa y volvió a incorporarse a la charla de los demás. Debió haber notado el rumbo de mis pensamientos. Y después de tantos años juntos, yo todavía no sabía cómo lo hacía.

Le devolví el apretón, y me acerqué a su oído para murmurarle algo que solo ella pueda escuchar.

-Estas hermosa en ese vestido, pero no puedo esperar a llegar a casa para sacártelo.

Ella respondió con un intenso sonrojo en su rostro y apretando mi mano con una fuerza un poco exagerada –que viniendo de Sakura Haruno, no era broma-; pero nuestro pequeño intercambio fue interrumpido bruscamente.

-Oi Teme, ¿puedes acompañarme un momento? –Me dijo Naruto, a lo que yo respondí con un corto asentimiento, apartándonos del grupo y acercándonos a una de las barras, para apoyarnos allí y hablar en privado mientras nos eran entregados dos vasos de sake.

-¿Recuerdas la investigación que te dije que iba a comenzar? ¿Sobre los comentarios que me llegaron sobre algunos miembros del Consejo reuniéndose extraoficialmente, sospechosa y disimuladamente?–Comenzó el rubio, con esa seriedad que solo utilizaba para temas verdaderamente importantes, intentando que nadie más escuche y atrapando mi atención al instante gracias a ello- Bueno, acaba de darme un informe el equipo Anbu que tengo trabajando en ello y debo decírtelo.

Miró alrededor para asegurarse que nadie esté siguiendo nuestra conversación y continuó cauteloso el Uzumaki mayor.

-Es solo el primer informe y aún necesitamos llegar al fondo de esto pero, por lo que hasta ahora parece algunos de los líderes de los clanes que integran el consejo, están poniéndose un poco inquietos con la presencia de Amaterasu-chan en la aldea –Escuchar su nombre hizo que todos mis sentidos se activen- Parece ser que algunos de ellos tienen contactos con el País de la Roca quienes han traído rumores sobre lo que ha pasado con respecto a ella y la verdad es que no son rumores muy buenos.

Se me pusieron los pelos de punta de un momento a otro. ¿Qué era lo que escucharon sobre ella? ¿Y qué mierda tenía que ver con ellos?

-La cuestión es que han estado reuniéndose no porque sospechen de su historia sino porque estos rumores hablan de ciertas técnicas y cierto nivel de poder que los está poniendo en alerta. Yo no quiero que comencemos con esa vieja paranoia sobre el clan Uchiha, porque eso hace mucho esta en el pasado Sasuke, pero sentí que debía decírtelo –Y dándome una mirada dura, continuó- No para que comiences a sobre-pensar nada, ni a desenterrar viejos problemas, sino para que intentes… hablar con Amaterasu-chan. No sé qué tan profunda es tu relación con ella pero solo quiero que estés seguro que ella confía en ti para hablar de temas tan importantes como…

-¿Intentas decirme que tú no confías en ella? –Lo interrumpí sin cavilaciones, no quería que ande con cuidado conmigo, quiero que me diga la verdad-Es mi hija de quien estamos hablando Naruto.

Él me miró con cuidado por un momento, suspirando con paciencia y mirando como el líquido se removía dentro del vaso según su mano jugaba con este.

-Confío en ti, y eso es suficiente para mi Sasuke. Pero debes entender que debo velar también por la paz dentro de la aldea y quiero que me des tu palabra que si algo fuera de lo común pasara con Amaterasu, tú me lo contarías, así puedo anticiparme y velar por el bien de todos. Solo eso –Y dándole un último trago a su vaso, puso una mano despreocupada en mi hombro y para continuar- Te mantendré al tanto del curso de la investigación, pero quiero que sepas que personalmente pienso que es una buena chica, solo que ha pasado por mucho y ahora necesita estabilidad, confianza y paciencia. Y sé que tú se la puedes dar, así como nos la han dado a nosotros en su momento.

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-¿Está todo bien Sasuke-kun?

Volví mi atención a Sakura, que me miraba intrigada desde la puerta del baño de nuestra habitación. Volvimos de la fiesta hace unos minutos y ella estaba sacándose el maquillaje mientras yo estaba acostado en nuestra cama intentando conciliar el sueño de una puta vez.

-Hn –Respondí taciturno con mi mirada en el techo mientras pasaba una mano por mi cabeza hastiado de todo esto. No podía dejar de pensar en mi última conversación con Naruto.

Yo ya anticipaba que algo así podría pasar, pero nunca pensé que personas como los integrantes del consejo de Konoha fueran a meterse en esto.

Luego de la Cuarta Guerra Ninja, Naruto y Kakashi prometieron hacer todo lo que estaba a su alcance para que el nombre de mi clan sea limpiado, por lo que años más tarde conseguimos el objetivo que yo estaba buscando: dar de baja a los vejestorios que funcionaban como consejo de Konoha anteriormente y fundar uno nuevo, con personas aptas para el cargo, en las cuales confiábamos plenamente. Integrantes de los clanes ninjas más prestigiosos del País (Uchiha, Hyuga, Sarutobi, Nara, Yamanaka, Aburame, Inuzuka, Kagetsu, Ryū, Taketori, Kohaku, Hōki, Tsuchigumo, Kurama), funcionarios civiles, y distintos integrantes del gobierno del país, coexistíamos en estas reuniones, y junto con el Hokage y el señor feudal, tomábamos las decisiones de importancia para el país.

Lo que más me tenía preocupado es cuales de todos los integrantes del consejo estaban interesados en Amaterasu, porque en general todos son personas de confianza y con las cuales, en general, hay un buen trato por lo que me inquieta pensar que algunos de ellos estén actuando a mis espaldas y a las de Naruto, o incluso a las de Kakashi. Había prometido a Naruto que no iba a actuar por mi cuenta, que la investigación estaba en curso pero… ¡diablos! Me sentía impotente, sentía que debía estar haciendo algo en nombre de mi hija pero concuerdo con Naruto que había que ser muy cuidadosos con el tema para no armar revuelos dentro del gobierno.

Maldita política.

Mis cavilaciones se vieron interrumpidas por el peso de mi mujer sobre mí, Sakura se sentaba a horcajadas sobre mi estómago.

-En serio Sasuke, ¿qué sucede? –Preguntó calmadamente mientras apoyaba sus manos en mi pecho y me miraba a los ojos. Maldición llevaba es camisón con encaje que le quedaba fantástico, qué fácil le era distraerme- Estás hace treinta minutos allí tirado, con el entrecejo fruncido y fulminando el techo.

-Cosas de trabajo –Le respondí, sacándole importancia al tema mientras mis manos se dirigían automáticamente ellas solas al borde de su camisón. Ciertamente no quería preocuparla con más problemas antes de tiempo.

Lentamente comencé a subirle el camisón por su cuerpo, pasando por sus suaves muslos, sus caderas, abdomen y cintura, pero cuando estaba llegando a sus hermosos pechos sus manos interrumpieron el camino de las mías.

-Bueno pues, estas cosas del trabajo te hicieron olvidar que en la fiesta tenías ganas de sacarme el vestido y tuve que hacerlo yo misma –Me dijo en un susurro al oído, aplastando intencionalmente sus senos contra mí pecho- Pobre de mí.

-Voy a compensar eso ahora mismo Sra. Uchiha –Le contesté mientras me sentaba, aún con ella encima de mí, y terminando de sacarle el camisón por sobre la cabeza, dejándola totalmente desnuda, con sus bellos y redondos pechos a mi alcance. Ella me miró a los ojos mientras dirigía sus manos a mi cuello, acercando su boca a la mía y comenzando a besarme, haciendo que el alcohol que teníamos en sangre comience a correr, sabiendo que iba a hacerle el amor el resto de la noche.

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-Déjenla, debe hacerlo sola.

Su voz fría y autoritaria era como un zumbido en el fondo de mi mente, revoloteando en una tortura sin fin.

-No tenemos toda la noche hija.

Volteé para ver el grupo de personas paradas a unos metros detrás de mí. Mi padre al frente en el centro del grupo, intentando alentarme a que termine mi tarea con una mirada dura, y detrás otros diez ninjas del grupo cuatro de rastreo, todos y cada uno con expresiones de cansancio y exasperación en sus rostros.

No sé por qué estaba dudando tanto, con un movimiento podría terminar todo esto y acabar con la misión, tal y como lo practicamos en el recinto tantas veces.

Volví mi mirada al frente y con mis ojos activados visualicé mi objetivo. A un kilometro de mí, una humilde casa en medio de un campo se alzaba destartalada y vieja. Mi tarea esa noche era simple, quemarla y dejarla en cenizas porque sus dueños debían mucho dinero de intereses a mi padre y ya había expirado su vencimiento hace mucho tiempo. Un claro mensaje para los dueños y para el resto del pueblo: Cumplan con sus plazos de pago, o pasará esto.

Parada en medio de un campo de maíz mirando al suelo, titubeando sobre mi accionar, se me vino una frase a la mente que mi padre siempre decía: "La mayor debilidad de un ninja es la duda".

Yo sabía lo que debía hacer desde el momento que salimos del recinto esa madrugada y estaba segura que claramente podía llevarlo a cabo sin complicaciones. No tenía por qué dudar en este momento, y no sabía por qué lo hacía.

Fijé nuevamente mis ojos escarlata en la casa y la certeza se instaló en mi pecho. Claro que sabía por qué dudaba.

Porque en ningún momento me habían comunicado que los dueños y sus hijos iban a estar dentro de la casa al momento que debía quemarla.

Tragué en seco, podía sentir sus cuatro presencias que yacían tranquilas dentro del viejo edificio, probablemente todos en la misma habitación y durmiendo por la forma en que su débil y diminuto chakra de civiles fluía dentro de ellos.

Escuché un carraspeo de garganta detrás de mí, seguido de una pregunta firme y clara.

-¿Hay algún problema Amaterasu?

Estaba furioso conmigo, y lo sabía.

Yo no quería que mi padre este enojado conmigo otra vez. Así que intentando ignorar esta pesadumbre y oscuridad que carcomía mi pecho, activé mis canales de chakra con la mirada fija en la casa, para sentir como la energía fluía a través de mis ojos para, segundos después, manifestarse como un fuego de color negro en las paredes y el techo de esa apartada vivienda de campo.

Segundos luego, me aseguré que la técnica este pulcramente realizada y volví mi cabeza hacia atrás, buscando la aprobación de mi padre… pero no encontré sus insondables ojos vacíos y oscuros; sino que me encontré con dos profundos ojos azules, con una mirada de terror en ellos, y un Bolt mirándome horrorizado desde el mismo lugar donde antes estaba el grupo de once personas, bañado con la luz de una luna llena de color roja sobre él.

Sentí como mi corazón estrujaba en una angustia insoportable que nunca había sentido, mientas disparaba sus latidos rápidamente y comenzaba a hacerme pesado el respirar.

Volví mi mirada al frente, y ya no era la antigua casa de los viejos granjeros del pueblo la que se erguía frente a mí, sino que era la fachada de la mansión Uchiha, envuelta en mis llamas de fuego negras, ya quemando la mayor parte de la estructura y cayéndose a pedazos partes de la misma, alzando nubes de cenizas al chocar estrepitosamente contra el piso y derrumbándose frente a mí.

Un terror como nunca había sentido me invadió y me sentí de repente sin fuerzas, por lo que caí en mis rodillas derrotada y con lágrimas desesperadas saliendo de mis ojos. Me agarré el pecho porque el dolor de mi corazón era insoportable y lo único que pude hacer ante el suplicio que provocaba en mí esa imagen era gritar dolorosamente hasta desgarrar mi garganta.

Rojo.

Sangre.

Dolor.

-¡Amaterasu!

No, por favor, que ellos no estén allí adentro también. No, ¡por favor!

-¡Nee-san!

Daiki por favor, perdóname. Yo nunca quise hacerlo, lo juro.

-¡Nee-san, soy yo!

Ya lo sé Daiki, pero esto soy yo… un monstruo.

-¡Vuelve en ti misma nee-san!

Esta soy yo misma, solo que tu no lo sabías.

-¡Amaterasu!

¿Kenta? No quiero que mueran, no ellos también. ¡No, por favor!

-¡Despierta!

Abrí mis ojos de repente con el Sharingan activado y lo primero que vi fue un Sharingan bastante conocido a centímetros de mí, inclinado sobre la cama tomándome el rostro firmemente con una mano, y la otra apretándome un hombro contra el colchón. Con mi respiración aún agitada, mi ritmo cardíaco a mil y con gotas de sudor cayendo de mi frente, reconocí que esa presencia era Kenta, y que estábamos en mi habitación. Detrás de él, muy cerca de nosotros y con la mirada consternada Daiki me observaba asustado.

El mayor, al darse cuenta que había vuelto en mí, me soltó rápidamente y se alejó unos pasos, dejando mi cabeza caer aun desorientada en mi almohada. Daiki tomó rápidamente su lugar y se sentó a mi lado en la cama, tomándome la mano y tocándome la frente.

-Nee-san, ¿ya estás mejor? ¿Cómo te sientes? –Yo aún no podía articular palabra con la respiración entrecortada, intentando recuperarme del terror que aún invadía mi cuerpo- Menuda pesadilla en la que estabas metida, Kenta tardó en sacarte de ella.

Mi mente no podía pensar con claridad. ¿Cómo que Kenta me había sacado de ella?

-Me asustaste nee-san, estabas gritando como si se te fuera la vida en ello. Y justo Kenta-niichan y yo pasábamos cerca de este pasillo hacia nuestras habitaciones y te escuchamos–Seguía el pelinegro de ojos verdes, con mirada preocupada- Mírame, y dime que ya estas mejor, por favor. Fue solo una pesadilla, ya pasó.

Maldición, había causado un alboroto con mis estúpidos sueños y justo ellos estaban cerca para escucharme. Tuvieron mala suerte al hacerlo, ¿y si los lastimaba sin quererlo, solo porque ellos quisieron despertarme?

Miré a Kenta apoyado contra la pared con una expresión en el rostro que solo se podía definir como analizadora.

-¿Cómo has hecho eso? –Le pregunté al mayor realmente sorprendida, mientras me incorporaba de la cama ignorando a Daiki y me ponía de pie, asegurando que todos mis sentidos funcionaran.

Nunca nadie había podido sacarme de una pesadilla de esa magnitud.

Él seguía analizándome, tenso, pero decidió ignorar mi pregunta.

-¿Mi padre sabe que tienes pesadillas?

Abrí la boca, queriendo contestar pero la cerré al instante. ¿Qué mierda le importaba?

-Te hice una pregunta –Le respondí severa, acercándome un paso a él. No iba a soportar su altanería, no en el estado alterado en que me dejan mis sueños nocturnos.

Daiki se puso de pie a mi lado, y poniendo una mano en mi hombro para tranquilizar el ambiente, me respondió.

-Nee-san, tener pesadillas que son tan reales como una dimensión paralela y de las cuales no puedes salir es una manifestación de tu Sharingan, un muy común efecto secundario de su sobreutilización y es claro síntoma que algo anda mal –Lo miré intrigada, ¿así que no era la única?- Kenta-niisan tiene razón, otto-san tiene que saber esto así puede ayudart…

-¡Claro que no! –Lo interrumpí con un alto tono de voz y alejándome de ellos, nerviosa por la propuesta que me estaban haciendo- ¡Sasuke no tiene que enterarse de esto! ¡Nunca!

-Nee-san, tranquila, solo escúchame… es muy común tener estos efectos adversos cuando…

-He dicho que no, y punto final –Lo interrumpí nuevamente, dirigiéndome hacia la puerta del baño de mi habitación para alejarme de ellos de una buena vez. No soportaba la humillación.

-¡Amaterasu! –Dijo Kenta, de repente, mirándome desafiante desde el otro lado de la habitación- O se lo dices tú o se lo digo yo.

¿Estaba acorralándome el muy idiota? La ira comenzó a surgir dentro de mí y supe que debía retirarme de allí o estaría tentada a golpearle su imbécil rostro de arrogante.

-¡Déjenme en paz! –Les grité, mientras cerraba la puerta de baño de un portazo, encerrándome para alejarlos de mí.

Me quedé helada allí, con la espalda apoyada en la puerta dentro de mi baño, hasta que minutos después sentí como ellos salieron de mi habitación. Pude suspirar tranquila, intentando alivianar todos estos sentimientos dentro de mi cabeza y me dejé caer al suelo, para quedar sentada sobre las frías baldosas.

Mis ojos empezaron a escocer y la conocida presión detrás de ellos comenzó a hacerse presente. Me tomé la cabeza y escondiendo mi rostro entre mis negros cabellos al caer de mi frente, sintiendo también una conocida pesada presión de angustia en mi pecho.

¿Qué mierda iba a hacer ahora?

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Poco a poco vamos acercándonos al momento vital del Fic...

Ja Ne!