La semana de exámenes apenas comenzaba, yo me la pasaba encerrado en la biblioteca "estudiando" algunas veces con mi lindo novio y otras con mis colegas, aunque no sé cuánto de eso era cierto ya que en las horas me pasaba haciendo bromas con mis amigos y con Shadow…bueno…
Me encontraba con el rostro entre mis brazos, esperando a que mi tedioso tormento terminase de una vez por todas, es más, lo único que faltaba para que pudiese salir de ese infierno era un simple par de minutos. Estando en la biblioteca una vez más, escuchaba como a mi alrededor las personas comenzaban a susurrar al momento de leer –bastante incómodo por cierto –era como si no pudiesen cerrar la boca y simplemente seguir una lectura en silencio pero no, querían forzosamente comunicar a los cuatro vientos que por una vez en sus vidas leían algo.
Sé que sonaba disgustado pero el día anterior a ese mi querido Shadow había estado completamente desatendido conmigo, no porque no le interesara, la razón es que se ha pasado los últimos días completando trabajos y tareas inconclusas y aunque el proyecto lo entregáramos un día antes no con ello se terminaban sus labores.
Recuerdo que cuando por fin nos deshicimos de las fastidiosas muñecas todos saltábamos de emoción, bueno, por lo menos la mayoría ya que a algunos no les fue muy bien con su proyecto y es que el modo en que descuidaban su muñeca terminó pesándoles, es más, podría decir que a Shadow y a mí tampoco nos fue muy bien; sesenta y tres, era el número de descuidos que habíamos tenido para con el proyecto, siendo ese mismo número las veces en que le dejamos llorar por distintas razones, cuando al bañarla le dejamos mucho tiempo bajo el agua, en fin, motivos fueron muchos ¿Así digo que nos fue bien? Claro, viendo como a comparación del puntaje de mis amigos la mía no era elevada entonces me atreví a decir que nos fue bastante bien –una puntuación alta fue de ciento treinta y ocho faltas-.
-Sonic, para ser la primera vez que tratas con niños supongo que está muy bien –Sonrió alegremente el plateado-
Sentado a mi lado se encontraba mi amigo, ambos esperábamos a que la hora de descanso comenzara, yo tenía grandes planes para esa hora ya que mientras todos se marcharían seguramente a juguetear por allí o a retozar sobre los verdes paisajes yo me encargaría de quedarme en la biblioteca, que, aunque tediosa sería cede de mis locos planes y terminaría más alegre que nunca.
-la verdad que no he sido solo yo, Shadow ayudo también –Alargué una sonrisa, bajando la mirada ruborizado-
-¡pero claro! –Gritoneó cubriéndose inmediatamente después la boca –vaya, se nota que le quieres –Susurró después de verme a los ojos-
-sí Silver –sin levantar la mirada dije –le quiero
-eres tan gay –Dijo dándome con un libro sobre la cabeza –suenas como una chica –Afirmó riendo por lo bajo-
-¡calla imbécil! –Ordené cubriéndome el rostro con ambas manos, tenía un enorme rubor sobre las mejillas-
Escuché como risoteaba por lo bajo, instantes después su silencio, golpee su frente con la palma de mi mano y solo para incomodarle un poco continué yo, haciendo señalamiento de su noviazgo con el amigo de mi novio.
-mejor dime cómo vas con tu lindo Mephiles –Imité una voz fastidiosamente tierna-
Abrió los ojos cuan platos de cristal, desviando la mirada negó rápidamente mientras que su rostro se vestía de rojo, fue en ese instante que me fue imposible evitar carcajear, aunque tuviese que callar mi risa por el lugar en que me encontraba.
-está bien te dejo en paz –Aceptó bajando las orejas con un notable rubor rojo-
-no, ahora que lo pienso si quiero saber más de vuestra relación amorosa –Enarqué ambas cejas con una sonrisa socarrona-
-que entrometido –Bajó la mirada apenado –vamos bien –Cerró los ojos desviando la mirada –creo que nuestras diferencias no eran tan grandes después de todo –Aceptó viéndome-
Busqué con la mirada a donde supuse que se encontraban ambos veteados, y sus amigos; pillé por sorpresa al de vetas plomo, quien veía atentamente a mi amigo plateado, burlándome por lo bajo le di un leve golpecito en el brazo al albino, quien siguió la trayectoria de mi mirada hasta topar con la persona a la que yo estaba viendo, de inmediato desvió la vista, bajando la cabeza hacia el escritorio, donde prosiguió a fingir una lectura.
-que eres tonto –Susurré burlón-
-solo cállate –Puso el libro frente a su rostro, cubriéndose más de la mitad de la cabeza-
Riendo levemente decidí no molestarle más, aunque siendo sinceros me encantaba verle apenado. Ambos realizábamos una investigación sobre un trabajo ¿Por qué en libros? ¿Acaso los profesores no sabían nada de la internet? Nos dieron una hora de clases para concluir con ello, inmediatamente después tendríamos hora libre, misma que ya tenía ocupada con planes para mi azabache y yo; moría de ganas porque esa hora llegase rápido.
Daba constantes miradas a donde mi veteado, quien también me veía, siempre regalándome una sonrisa dulce y en ocasiones pícara. No terminé el trabajo a tiempo, sabía que eso me traería problemas si no lograba concluir a tiempo con ello pero contemplar a mi novio lo valía, incluso yo perdía la concentración por estar tan centrado en él, sin más, imágenes de mi erizo llegaban a invadir mi mente cuan flechazos con perfecta puntería.
Suspiré jugueteando con el lápiz en manos, lo pasaba entre mis dedos y de vez en cuando garabateaba la mesa de la biblioteca, importándome ya poco el trabajo, sostenía mi cabeza en la mano izquierda, estaba mal sentado en la silla, casi recostándome sobre el escritorio, era tedioso estar así. Giré la cabeza hacia mi amigo, quien se encontraba igual o peor que yo, solo que este se hacía señas con el veteado, ambos aliviando un poco de su estrés.
No lo entiendo, hace poco que no soportaba al azabache de ojos verdosos y ahora hasta lenguaje personal tenían, eso era algo que me desconcertaba, estaba muy feliz por ambos pero me dejaba perplejo la manera en que se desarrollaba todo, muy rápido a mi parecer. Dejé de meterme en asuntos que no eran de mi interés y me dediqué a acomodar un poco las púas de mi cabeza, acoplando una con la otra –debía estar presentable para mi lindo novio –rápidamente me ruboricé, ya pasaban semanas que no parada de arreglarme entre clases para verme mejor ante los ojos del erizo, al percatarme de eso me detenía en seco, desviando la mirada, aunque nadie me viera.
Como si mis súplicas al cielo hubiesen surtido efecto la hora por fin pasó, cediéndome el paso a la hora libre que nos fuera asignada. Como rayo, todos salieron del lugar, dejando los libros en desorden sobre los estantes, los cuadernos mal acomodados en sus mochilas y la biblioteca completamente vacía, exceptuando mi presencia y la del erizo que me esperaba para pasar esa hora conmigo. Me quedé esperando un momento mientras guardaba con lentitud mis cuadernos, inclinando mi cuerpo ligeramente, sabía que el azabache me estaba viendo, mis planes comenzaban justo allí.
-Sonic –Llamó instantes más tarde – ¿A dónde quieres ir? –Preguntó acercándose a mí-
Me incorporé lentamente, abandonando mi asiento; esbocé una ligera sonrisa, muy pequeña y no muy notoria, le veía fijamente mientras me acercaba a él.
-planeaba ayudarte a estudiar durante esta hora –Dije seguro de mis palabras-
-¿estudiar? –Su voz sonaba sorprendida-
Él tenía una mirada desconcertada, supe que se preguntaba la razón por la que yo desperdiciaría una valiosa hora de descanso en estudiar todavía más. Para aclarar sus dudas me senté sobre el escritorio donde instantes antes me había mantenido "trabajando".
-como lo escuchas –Fijé una brillante mirada tentadora sobre él –los libros tienen mucha sabiduría –Esbocé una sonrisa de medio lado-
Me veía confundido, podía notarlo en sus expresiones faciales: sus ojos atónitos, sus cejas ligeramente enarcadas y sus labios levemente separados. Se acercó lentamente hacia mí, seguramente pensando que le jugaba una broma.
-¿de verdad quieres quedarte a estudiar? –Se pasó la mano sobre la nuca –porque yo más bien pensaba en dar un paseo por el campus y… -sin dar tiempo a que continuara acallé sus palabras-
Le uní a mí en un beso duradero, sostenía su rostro entre mis manos mientras le besaba lentamente, acariciando sus labios con los míos, noté como mis acciones eran inesperadas para él, habían sido sorpresivas, no por eso se negó a corresponder, en su lugar me rodeó de la cintura, cerrando los ojos mientras me besaba. Nos separamos después, pasé la mirada por sus confundidos ojos y sonreí.
-me gusta aquí –Rodee mis brazos por su cuello –la biblioteca es muy tranquila ya que nadie la usa –Acentué las últimas palabras-
No era bueno para mí que el veteado me abstuviera de sus besos por tanto tiempo: hace una semana que no pasaba sus labios sobre los míos, siempre estaba ocupado haciendo tarea, misma que le pedí que hiciera para elevar sus calificaciones, yo solo quería lo mejor para él pero creo que eso no era lo mejor para mí. Sé que eso solo era temporal pero sus besos me embriagaban tanto que ya extrañaba sus suaves labios sobre los míos. Un beso dulce y corto no era suficiente para calmar mi sed…
-Sonic… -Dijo sorprendido, abriendo aún más los ojos – ¿dices lo que creo?
Un fuerte rubor subió por sus mejillas, sonreí ante ello mientras que sobre mi rostro ocurría algo similar; bajé la mirada, aun con mi sonrisa y ligeramente levanté la vista para verle.
-bueno, no tengo nada que hacer ahora –Bajé una oreja tiernamente-
Después de esas palabras pude ver una sonrisa brillante por parte suya, se acercó aún más a mí, apegando su pecho con el mío mientras susurraba algo en mi oído.
-en ese caso permite que te agradezca el ayudarme a estudiar todo este tiempo –Río por lo bajo-
Lentamente comenzó a adueñarse de mis labios. La semana de estudio había sido difícil, complicada, no solo porque tuve que ayudarle a ponerse al corriente con aprendizajes de dos meses si no porque también tuvimos que hacer tareas y trabajos de la misma cantidad de tiempo, dejándonos exhaustos a ambos, no solo eso, también nos vimos en problemas cuando él se negaba a trabajar y yo terminaba regañándole y en mayor parte hundiéndole la cabeza en los libros.
Me dejaba jadeante tras una horda de hambrientos besos apasionados, jugueteaba a su antojo con mis labios, mordiendo suavemente mi labio inferior mientras se abrazaba a mí, tomando mis caderas; mi posición me era bastante cómoda, a ambos quiero pensar, separé ligeramente las piernas para tenerle aún más cerca de mí, le acariciaba la espalda lentamente.
El tiempo no pasaba en vano, unos meses era lo que yo llevaba en ese lugar, el año se iba cuan agua, llevaba por lo menos algunos meses con Shadow y ya tenía toda la confianza de incluso golpearle la cabeza cuando se negaba a prestar atención, claro que esto era por su bien y procuraba siempre no excederme, simplemente llamaba su atención con un leve golpecillo. Amaba a ese erizo, desde que llegué hace seis meses, de los cuales cuatro pertenecían al tiempo que llevaba mi noviazgo con el veteado, mi lindo veteado.
-Shadow, te quiero –Susurré apegando mí frente a la suya, tocando su mejilla con mi mano mientras que mí mirada se fijaba sobre la suya-
-Sonic –Sonrió dulcemente –te adoro, te quiero mucho –Dio un veloz y corto beso a mis labios –
Recuerdo perfectamente que toda la hora se nos fue en juguetear, acariciándonos ligeramente, sin propasarnos claro, en ese aspecto yo era un poco tímido, en mayor parte todo eran apasionados besos que terminaban dejándonos jadeantes a ambos, en especial a mí; con el azabache había aprendido muchas cosas, entre ellas besar.
Me recostaba sobre su pecho, abrazándome a él, todavía me mantenía sentado sobre la mesa, él acariciaba mis púas con cariño, sonriéndome dulcemente. Besó mi frente y con voz encantadoramente profunda susurró.
-Sonikku, te propongo algo, hoy en la tarde demos un paseo, tú y yo. Hay que ir al cine ¿Qué te parece? –Besó mi mejilla-
-es una cita –Afirmé sonriendo tiernamente-
-paso por ti a las seis –Sonrió besando mi frente-
Agitaba mi colita rápidamente, me emocionaba la idea de salir con él, solo pensaba en cómo arreglarme –de nuevo esa vanidad que me acosaba –me di un golpe mental, me preocupaba mucho por lo estético, últimamente.
-amo esa sonrisa que tienes cuando estas feliz –Alargó una perfecta sonrisa, viéndome alegre-
Rápido le abracé, cerré los ojos hundiendo mi cabeza en el hueco entre su cabeza y su hombro, era tan feliz a su lado, agitaba mi colita, estaba muy emocionado, esbozaba una sonrisa brillante, añoraba tenerle conmigo por siempre.
-Shads –Susurré –no sabes lo mucho que te quiero…
-me imagino que menos de lo que yo te quiero a ti –Susurró a mi oído-
-puedes apostar a que no –Reí por lo bajo-
-¿quieres apostar? –Besó dulcemente mis labios-
Solté una carcajada, acaricié su nariz con la mía y le robé un rápido beso mientras rodeaba su cuello con mis brazos.
-tomaré ese riesgo –Enarqué una ceja sonriente, con la mirada sobre él-
-te apuesto mi celular… -Dijo decidido-
Metió su mano a su bolsillo, sacando de este un móvil de pantalla táctil, color negro mientras que las orillas tenían un brillante rojo, jugueteaba con su celular, manteniéndolo entre dos de sus dedos. Esbocé una sonrisa.
-tengo celular nuevo –Risoteé besando sus labios-
-eso ya lo veremos. Si pierdes debes besarme –Dijo decidido-
-eso es fácil –Para comprobarlo le besé-
-…frente a tus amigos –Terminó diciendo con una ceja enarcada-
Me puse de un fuerte tono de rojo, desviando la mirada lo más rápido que me fue posible intenté evitar ver esos preciosos ojos carmesí que él tenía, cerré los míos apenado y rápidamente asentí sin pensarlo.
-hecho. –Concluí-
Terminando aquello sellamos el trato con un beso, el jugueteaba con mi lengua de una manera muy lenta, como si quisiera hacerme pedir más. Terminada la hora de descanso nos fuimos del lugar, gracias al cielo ya era hora de partir a nuestros hogares así que partí a mi casa lo más rápido posible, aunque tuviese mucho tiempo quería arreglarme lo mejor que pudiera.
Al llegar me encontré con mi madre, pasaba la aspiradora por la alfombra, muy pacientemente, al verme llegar me abrazó con fuerza, estrujándome entre sus brazos.
-hola mi amor –Besó mi frente –déjame adivinar, vas a salir –Se alejó lentamente, regresando a su trabajo-
Abrí los ojos, atónito y ruborizándome fuertemente desvié la mirada: ella me conocía muy bien, era como tratar con alguien que te lee el pensamiento. Me acerqué dejando de lado mi mochila, suspiré apenado y comencé a decir.
-Shads me invitó a salir al cine –Rasqué con nerviosismo mi nuca – ¿puedo verdad? –Le vi con el rabillo del ojo-
Mi cabeza permanecía baja, a pesar de que no dejaba de obsérvala. Ella llevaba un pantalón azul celeste con una camisa holgada mientras que sus cortas púas moradas eran sostenidas por una diadema, con una sonrisa tan brillante como sus hermosos ojos azules, se acercó a mí.
-bien, lo mereces. Te has estado esforzando en ayudarle a estudiar y eso es algo muy noble de tu parte así que largo de aquí –Palmeó sus manos con gracia, me alborotó las púas de la cabeza –mis condiciones ya las conoces: no llegues más tarde de lo debido y llama de vez en cuando –Advirtió realizando una seña-
Ponía los dedos cerca de sus ojos, comunicando a señas que me estaría vigilando. Inevitablemente una sonrisa se me escapó, me encontraba sumamente feliz, corrí hacia ella y le abracé fuertemente, besándole fugazmente la mejilla.
-Gracias, gracias, gracias –Medio gritaba por la emoción –Shads vendrá a las seis
Corría escaleras arriba, emocionado a más no poder, de pronto escuché la dulce voz de mi madre, quien gritaba entre risitas.
-no corras por las escaleras –Continuaba con sus acciones-
-muy tarde –Sonreí-
Sin decir alguna otra palabra subí a mi habitación, muy emocionado preparaba mis cosas para salir con el veteado, había solo un diminuto problema: ¡¿Qué debía hacer?! Era mi primera cita…no sabía cómo ir vestido, si arreglarme mucho estaría mal ¿ir casual? ¿Formal? Me desesperé y me senté sobre la cama, me alborotaba las púas de la cabeza en mi desesperación.
Suspirando pesadamente elegí tomar un baño; al pasar justo frente al espejo me vi bastante desarreglado, mis púas alborotadas por completo y que aún llevaba el aburrido uniforme académico. Me despojaba lentamente de mis prendas de vestir, deslizando la ropa por mi suave piel melocotón, entré a la tina, misma que antes ya había llenado de tibia agua, solo entonces comencé a relajarme y a pensar con claridad.
-Bueno y ¿Por qué no vestirme como es mi estilo? –Me pregunté a mi mismo, hablando en voz alta –Sí, después de todo Shads dijo que solo iríamos al cine y a dar un paseo ¿cierto?
Puse mis brazos a ambos costados de mi cuerpo, recostándolos sobre las orillas de la enorme tina blanca mientras me dedicaba a cerrar los ojos y esperar a que el tiempo pasara. No podía relajarme por completo, sentí la necesidad de tomar mi celular en manos y comenzar a teclearle un mensaje al erizo pero me negaba a hacerlo, suspiré viendo el móvil justo a mi lado, estaba a poco de tomarlo.
Recordé que nunca es bueno llamar antes de una cita, pierde el misterio; eché una risilla ante lo que estaba pensando, continué con mi baño, siempre pensando en ese erizo. Cuando por fin terminé tomé una toalla blanca, misma que me coloqué en la cintura, con ayuda de otra secaba lentamente mis grandes y azuladas púas, las cuales se veían ligeramente caídas por el agua. Salí a mi habitación y comencé a buscar la ropa que me pondría. Abrí las puertas de mi closet de madera y comencé a busca primeramente los pantalones.
No encontraba algo hasta que de la nada y frente a mi rostro vi la oscura tela azul de unos jeans, de inmediato los tomé entre mis manos y los puse sobre la cama, después me encontré con una playera roja con detalles negros en las mangas, las cuales dejaban a la vista mis brazos.
-bien, casual –Suspiré aliviado al ver la ropa que había elegido-
Después de estar una hora dentro de mi habitación, arreglándome por fin estuve listo –lo cual fue sorprendente ya que solo me acomodaba las púas –sin duda era un record, por lo menos para mí, era la primera vez que me llevaba tanto tiempo arreglándome, solo para poder salir, sorprendido me di cuenta que faltaba simplemente media hora para mi encuentro con el veteado, para aliviar mi nerviosismo comencé a jugar con mi celular.
Mientras me perdía en la nada recordé que los exámenes serían realizados la próxima semana, suspiré de alivio puesto que ya estaba preparado para ello. Faltaban solo dos bimestres más –contando el que venía –para por fin pasar de año, me sentía muy bien, estar con mis amigos por casi siete meses era algo genial, lo cual me recordaba que pronto cumpliría un mes más con el veteado, me ruboricé ligeramente y con una sonrisa comencé a caminar por la habitación.
No me percaté que la media hora pasaba hace cinco minutos, bajé las escaleras esperando a que el veteado no se retrasara y justo antes de poder encontrarme en la sala escuché como el timbre sonaba varias veces; me emocioné y quise correr a atender pero en su lugar me detuve, esperando a que alguien más atendiera –cabe mencionar que solo mi madre se encontraba conmigo –ella abrió la puerta con una sonrisa, dejando ver lo guapo que se veía ese erizo que se adueñaba de mis sueños.
Llevaba puesta una chaqueta de piel negra y detalles rojizos en las mangas, unos pantalones del mismo color y sus típicos zapatos. Me centré más que nada en la parte de arriba: la chaqueta ligeramente abierta dejaba a la vista que la camisa que llevaba no cubría por completo su pecho, dejándome apreciar ese esponjoso pelaje que tanto me enloquecía.
-Sonic baja en un momento –Sonriente dijo mi madre-
-No se preocupe, yo le espero –Afirmó sonriendo-
-pasa por favor –invitó ella-
Le vi adentrarse en la sala, solo para hacerme esperar un poco me quedé en las escaleras, arreglando mis púas lentamente. Logré escuchar algunas cosas que comentaban ambas personas en la sala, curioso me quedé a escuchar un poco más.
-Gracias por dejar salir a Sonic conmigo –Decía con voz alegre el azabache-
-creo que ambos merecen salir a relajarse, veo que os habéis esforzado bastante en estudiar, me alegra mucho que ambos os llevéis muy bien. Tu ayudas a que mi Sonic se mantenga responsable –Escuché una risilla por parte de mi madre-
-no señora, todo lo contrario, él es quien me mantiene aplicado en el colegio. Sonic me ha ayudado mucho, lo menos que yo puedo hacer por él es tratar de ser su mejor amigo y ayudarle cuando me necesite –Escuché después –gracias a sus regaños me he puesto a estudiar con él –Risoteaba lentamente-
Sin esperar más bajé, sonriendo dulcemente. Apenas realicé presencia en la sala mi perfecto novio se puso de pie, viéndome de arriba abajo con una mirada atónita –quizá el que mi ropa delineara perfectamente mi cuerpo era algo que le dejaba perplejo –el veteado se aproximó hacia mí, sonriendo ligeramente.
-Sonic –Sonrió ampliamente, acercándose aún más a mí-
Estaba ansioso de lanzarme contra él y besarlo pero estando en presencia de mi madre me limite simplemente a sonreír radiantemente; ambos dimos una mirada a mi madre y esta nos sonrió dulcemente.
-vendré a dejar a Sonic temprano –Afirmó mi veteado, asintiendo lentamente-
-cuidaos –Sonrió ella-
-nos vemos madre –Dije por fin-
Apenas cerramos la puerta tras nosotros me abalancé sobre él y le besé apasionadamente, el me abrazó por la cintura, cuidando que nadie nos viese para después besarme los labios con pasión contenida.
-permíteme decir lo hermoso que te ves hoy –Susurró a mi oído-
-y tu muy guapo –Dije por lo bajo, desviando la mirada, fue inaudiblemente –gracias Shads
-muy bien, vamos mi azulito –Sonrió tomando mi mano –voy a llevarte al cine –Besó mi mejilla -¿Qué tipo de película te gustaría ver?
-alguna que sea de miedo –Dije moviendo mi colita alegremente –esas me gustan
Terminamos en el cine, ambos tomados de la mano mientras veíamos la película: la sala a oscuras nos permitía besarnos y abrazarnos sin que nadie nos prestase atención, era lo mejor de tomar uno de los asientos más alejados de la pantalla. El veteado pasaba sus manos por mi cintura, apegándome a su cuerpo mientras me besaba apasionadamente, mordiendo de vez en cuando mis labios.
No le presté mucha atención a la película, estaba más ocupado dando besitos robados a mi azabache; durante una parte de la película él tomó mi mano, comenzaban las partes de suspenso, entonces di un salto asustado cuando de la nada el sujeto culpable de los asesinatos decide salir de manera sorpresiva, sujeté su mano con fuerza, cosa que causó una risilla en él.
-¿te has asustado mi azulito? –Preguntó abrazándome –nada va a pasarte, yo te cuidaré
-calla tonto –Me ruboricé apenado, me había asustado por tan poco-
-no te enojes hermoso –Susurró para besar mi mejilla –que lindo
Le abracé besando su mejilla. Cuando terminó la película nos retiramos, caminando alegremente hacia el estacionamiento, donde estaba su motocicleta, habían pasado por lo menos dos horas desde que salí de casa. Iríamos a dar un paseo, él tenía planeado llevarme por una malteada y después a cenar.
-Te veías tan lindo asustado –Sonreía tomando mi mano-
-no me asusté…me sorprendí –Excusaba ruborizado-
-y esa linda carita que pusiste –Rió por lo bajo –acompañado de tu gritito, eres tan lindo –Besó mi mano-
Desvié la mirada ruborizándome, me acerqué a sus labios y le besé dulcemente, solo por el alago y la acción tan romántica. Me abrazó pidiendo que me colocara el casco para mi protección. Antes de subir a la motocicleta me dieron ganas de pedirle caminar en lugar de utilizar ese transporte pero preferí ignorarlo. Me detuve en seco antes de subir y frunciendo el ceño subí lentamente a ella, abrazándome al erizo frente a mí.
Cuando comenzamos a avanzar sentí algo extraño, quería que nos detuviésemos, era miedo…sentía miedo sin razón aparente, me abracé con fuerza al azabache, la fuerza que yo aplicaba fue notada por él, quien me dio una ligera y rápida mirada por el espejo retrovisor.
-Sonic ¿pasa algo? –Cuestionó volviendo la mirada al frente-
No pude siquiera responder, segundos después un sujeto que conducía a toda velocidad se acercó a nosotros, el azabache intentó evadirlo pero la velocidad de reacción no fue la suficiente. El auto que venía en el carril contrario terminó rozando nuestro costado izquierdo con brutalidad, empujándonos, el erizo sabía que de intentar evadirle desviándose fuera de la carretera el auto terminaría golpeándome directamente por lo que siguió de frente, intentando escasamente inclinarse de lado pero la llanta trasera del automóvil terminó impactando con la parte delantera de la motocicleta, lanzándonos fuera de la carretera, el sujeto que conducía el coche también se desvió, terminando de frente cerca de nosotros; era como si el auto hubiese derrapado.
Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos, podía escuchar el metal rallando en el asfalto, los gritos de personas y chillidos de las llantas, aún más mi cabeza impactando directamente contra el piso mientras que la motocicleta aun avanzaba, emitiendo un sonido que me perturbaba, el metal sobre la carretera sonaba apocalípticamente, a nuestro alrededor los automóviles intentaban frenar de manera brusca, impactando unos contra otros. Vislumbré al azabache que quedaba bajo la motocicleta, esta terminaba golpeándole el tórax; ambos terminamos en sitios distintos, yo me encontraba lejos de él, alejado también de todo ese disturbio. Me encontraba aturdido, el golpe me había dejado desubicado, mis sentidos no estaban del todo activos, apenas pude levantarme, sintiendo un fuerte dolor sobre mi pierna y brazo derechos.
-¡Shadow! –Grité con la voz echa un murmuro delgado-
Minutos después pude reaccionar, fue entonces que le vi tirado, sangre emanando de su cuerpo, en el piso se creaba un circulo carmesí, intenté levantar ese pedazo de metal mientras mis ojos se empañaban bajo una capa de agua salada, en mi garganta sentía un nudo enorme, estaba a poco de pedir a gritos que alguien retirara esa basura de encima de mi novio.
-¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Que alguien haga algo! –Grité arrojando con fuerza el casco que tenía sobre mi cabeza-
No quiero decir que yo me encontraba intacto, tenía raspones en mi brazo y pierna, la sangre recorría hasta la palma de mi mano pero eso no me importaba, yo estaba de pie gracias al casco que mi azabache me había cedido. Me arrodillé en el suelo, frente a él, empujaba su motocicleta, tratando de quitarla de encima de su cuerpo inerte.
-¡Maldita sea! ¡Ayuda! –Suplicaba entre llantos, mis gritos eran agudos – ¡Mierda no solo me vean! –Exasperado, grité con impotencia que se volvía furia-
Se mantenía con los ojos cerrados, no se movía, eso no hacía si no alterarme, me sentía impotente al no poder hacer nada, esa máquina era muy pesada para mí solo. Su inexpresivo rostro empapado ligeramente por la sangre que emanaba de mis manos era algo que me dejaba sin aliento, después noté sus púas teñirse de rojo en partes dañadas de su cabeza.
-¡Shadow!
Cuando por fin recibimos ayuda una ambulancia pasó a recogernos, algunos ayudaron a retirar ese pedazo de porquería de encima del azabache; mis ojos se empapaban de llanto, lloraba apretando las mandíbulas para evitar gritar, él no reaccionaba, sangraba de distintas partes de su cuerpo. Un escalofrío me recorría entero, me helaba la sangre tener que verle lastimado.
No sé cuánto tiempo pasó, la sala de espera me refugiaba, durante mi estadía en el hospital me vendaron el brazo, atendiendo mí herida, aunque eso poco me importaba, necesitaba que alguien me dijese que mi amado erizo estaba bien y que dentro de poco estaría junto a mí, caminando a mi lado. Mis lágrimas impactaban contra el piso, mis labios se curveaban hacia abajo en aquella deshabitada sala. No me encontraba tan ensimismado como para no notar la presencia de la persona culpable de tan atroz escena, ¡el conductor idiota que manejaba a exceso de velocidad en una curva! Se acercó a mí, viéndome.
-Lamento lo ocurrido –Dijo viéndome-
Él llevaba un par de puntadas en la frente y mejilla, de ahí en más el hombre se veía perfectamente bien; podía decir que su edad no era mucha, aparentaba no rebasar los treinta años de edad, llevaba una chaqueta gris y pantalones azul marino. Fruncí el ceño exasperado ¡se atrevía a verme a la cara después de lo sucedido por su culpa! Me acerqué peligrosamente al sujeto, importándome un carajo el lugar en donde me encontraba. Mi rostro detonaba miedo que se convertía en ira, estaba furioso, emití un gruñido, amenazándole con la mirada.
-¡¿Cómo te atreves?! –Grité aproximándome hacia él –por tu maldita culpa Shadow está en este maldito hospital ¡Por tu maldita culpa! ¡Por tu idiotez! –Empuñé ambas manos, gruñendo mientras le veía –Todo es tu culpa ¡Conduce bien idiota! –Le empujé iracundamente-
Para evitar que yo continuara dando un buen espectáculo y alterando la paz del lugar un guardia de seguridad se acercó a mí, pidiendo que me calmase o se vería en la penosa situación de tener que sacarnos a ambos: yo no podía darme el lujo de que me echasen, dejaría solo a mi erizo, solo por eso acallé mis palabras y dedicándole una mirada de profundo odio a ese sujeto me retiré de nuevo a mi asiento. Tiempo después una enfermera se acercó a mí, dejándome por fin entrar a la gélida habitación donde se encontraba el erizo al que tanto amaba.
-mi amor –Susurré derramando lagrimas abundantes-
Me acerqué a él a paso rápido: sobre la camilla se encontraba el erizo de piel bronceada, en su cabeza una venda que dejaba solo a la vista sus orejitas negras, su brazo derecho tenía una aguja que le aplicaba suero vía intravenosa, en su cuello poseía un collarín que le mantenía la cabeza recta; no pude evitar morderme los labios en un intento de ahogar mis dolorosos sollozos. Mis ojos me impedían distinguir los objetos puesto que el agua salada que emanaba de ellos se acumulaba en mis parpados, empapándome por completo las mejillas. Gimiendo entre llantos me puse frente a él, tomé su mano, pasando mis dedos por ese delgado tubo de plástico, repasé la mirada sobre su inconsciente rostro.
-Mi amor –Gemí cerrando los ojos, estaba llorando pesadamente –vas a estar bien mi amor –Resoplé apretando los ojos-
El no gritar me era casi imposible. Tomé su mano y la pasé por encima de mi mejilla, besándola un par de veces, sentía esas gotas de agua salada que impactaban contra la piel de mis mejillas y por encima de su oscura mano. Mis ojos verdosos poseían brillo gracias a mis lágrimas porque sin ellas lo abrían perdido por completo.
-Shads –Pasé saliva apretando los dientes con impotencia-
Intentaba deshacerme de ese nudo que tenía en mi garganta pasando saliva, a pesar de saber que eso de nada me serviría. Besé su mano desesperado porque él abriera los ojos, me sonriera y dijera que estaría bien, que nada le ocurría, pero en su lugar solo veía ese aparato que comunicaba su pulso cardiaco, tan pacifico que me aterraba. Pasé horas dentro de la habitación, esperando con temor a que él diera señales de estar despierto, la media noche ya había pasado, por preocupación tuve una y mil llamadas realizadas por mi madre, afortunadamente mi móvil seguía conmigo, pudiendo responder la décima llamada.
-Estoy en el hospital –Susurré intentando contener mi llanto-
-¡¿Cómo?! ¡¿Estas bien?! –Escuché que gritaban al otro lado de la línea-
-yo estoy bien, no tengo nada –Derramaba lágrimas que intentaba fuesen silenciosas, aun sin soltar la mano del erizo-
-dime que pasó –Suplicaba mi madre-
-te cuento cuando llegue a casa –Dije besando de nuevo la mano del inconsciente azabache –ahora no puedo. Llegaré más tarde –Pasé saliva, acariciando con mi pulgar los nudillos de su mano-
-nada de eso, voy para allá, pásame la dirección –Desesperada, mi madre pidió-
Yo aún me encontraba con él, deseando que nadie me moviese de ese lugar, me sentía terrible, impotente, por completo un inútil al no poder hacer nada, lo único que me quedaba era esperar a que nada malo le estuviese ocurriendo. No supe como habían encontrado la habitación, solo sé que una media hora después ya estaba mi madre y mi padre parados detrás de mí.
-hijo ¿Qué pasó? –La voz quebrantada de mi madre me obligó a voltear-
Antes de hacerlo limpié las lágrimas de mi rostro, obteniendo resultados no muy favorables. Mi padre me veía perplejo, revisándome con la mirada y después al jovencillo sobre la camilla, supuse entonces que ya era tiempo de que le conociera, mal momento y una situación que hubiese preferido fuese otra.
-estábamos por dirigirnos por una malteada –Bajé la mirada tragando aire –todo estaba bien, todo… -Comencé a sollozar, bajando la cabeza para que mi padre no viese mi rosto que amenazaba con empaparse de nuevo por gotas saladas –Shadow conducía muy bien, un sujeto que conducía a exceso de velocidad terminó impactándonos –La voz se me quebrantó y comencé a derramar lágrimas lastimeras –yo estoy bien gracias a Shadow –Sollozaba cerrando los ojos-
-en primer lugar estas así por él –Señaló mi padre, viéndome por completo asustado –pudo haberte sucedido algo peor
-pero gracias a él no fue así –Interrumpí apretando los puños –el me dio el caso y se quedó sin nada…yo debí haberme negado… -Me fue imposible continuar hablando, mi voz se había vuelto un murmuro-
Les di la espalda, conteniendo mi llanto. Mi madre se acercó a mí y abrazándome fuertemente dejó que sus cristalinas lágrimas cayesen sobre mi hombro, besó mi frente y con un suave tono dulce increpó.
-Mi amor, lo bueno de todo esto es que estas bien… ¿Qué te dijeron sobre Shadow? –Susurró sin dejar a abrazarme-
Me recosté sobre su hombro, abrazándola con fuerza mientras intentaba detener mi llanto, segundos después me permití continuar, realizando pausas involuntarias al momento de hacer mención de algunas palabras.
-Mamá…Shadow se fracturó dos costillas, se ha lastimado los primeros dos discos de la columna, al inicio y se golpeó la cabeza, tiene múltiples heridas por el cuerpo –Cerré los ojos sollozando –Mamá, dicen que no saben cuándo despierte –Gemí con un nudo en la garganta, mismo que me impedía hablar-
A esto mi madre me atendió con una mirada tan asustada como la mía, abrazándome intentó esperanzarme a que todo estaría bien, fue entonces que mi padre tocó mi hombro suavemente, le dediqué una mirada y después volví a ver al azabache.
-deja que me quede –Suplicaba lloroso –Dicen que pueden pasar días, semanas, meses… -Derramé una lágrima mientras decía con la voz quebrantada –antes de que él pueda despertar…
-no puedo dejarte aquí como sin nada –Dijo mi madre, acariciándome la cabeza-
-por favor…no puedo dejarlo solo mamá… -Bajé la mirada-
Ambos se veían, como su se comunicaran con la mirada me vieron, y pasando sus manos al mismo tiempo por mi cabeza dijeron:
-te traeremos de visita después del colegio –Concertaron al unísono-
Asentí con rapidez y abrazando a ambos dejé que mi llanto cesara. Debía explicar muchas cosas, tales como la razón por la que el azabache me había cedido el casco, arriesgando su propia seguridad. Yo sé que los secretos se revelan tarde o temprano, prefería que fuese más tarde que temprano pero algún día mi secretito debía salir a la luz…
Esa noche me vi obligado a abandonar el hospital, no me dejaron permanecer con él toda la noche, evitando que velara por su sueño. Diciendo que necesitaba dormir me llevaron a casa casi a rastras, aunque al llegar me fue imposible conciliar el sueño, estaba tan preocupado por él que me mantuve despierto casi toda la noche, implorándole al cielo que se recuperara pronto…
-espero que os gustara n.n…sé que fue un poco inesperado lo que sucedió. Si ves algún errorcito por favor comenta y hazme saber de ello o si simplemente te gusta hacer feliz a quien te hace feliz (o en este caso te hace ponerte triste :T) ya sabes, comenta que tu review es inspiración.
-muchas gracias a quienes sin falta comentan, abrazos, besos y Yaoi para quien deja un review.
-nos vemos amigos lectores, chao ;)
