Llegué sin ánimos al colegio, estaba desganado, con notables ojeras oscuras, estaba un poco desalineado: mi uniforme mal colocado, mis púas alborotadas, sin mencionar el rostro de mal genio que me cargaba. Estaba sentado en mi pupitre, con el brazo y la pierna derechos envueltos en un vendaje que llamaba la atención de mis compañeros, en especial de mis amigos, quienes después llegaron; lo primero que hicieron fue acercarse a mí, con una mirada de preocupación.
Frente a mí rostro estaba el plateado y el zorro de dos colas, ambos analizándome con una mirada atónita.
-Sonic ¿Qué te ha pasado? –Preguntaba con aires de preocupación el albino-
Levanté la vista, encontrándome con su mirada y sonriéndoles forzosamente intenté explicar las cosas de una manera que no me afectase. Relatar la historia completa me resultaba difícil, no solo porque los recuerdos que me acosaban eran crueles y me lastimaban, sino porque el hecho de pensar en que no podía hacer nada para ayudar terminaba por frustrarme, haciéndome entrar en pánico y terminaba por hacerme llorar como un niño.
-tuve un accidente ayer –Suspirando pesadamente, comencé, cerraba momentáneamente los ojos –salí con Shadow por una malteada y…un sujeto impactó con la motocicleta en donde íbamos –Bajé la mirada sintiendo algo que me asfixiaba-
-¡¿Cómo?! –Pasmado, el zorrito titubeaba-
Poseían una mirada de sorpresa, sus labios entreabiertos dejaban salir su agitada respiración. Ambos se sentaron a mi lado, esperado a que les contara un poco más de lo sucedido, fue cuando de la nada se acercaron a pasos presurosos los amigos de mi azabache, al frente llegaba el de vetas plomo, apartando de golpe a mis acompañantes.
-¿Qué? –Me veía, perplejo-
Sus manos se apoyaban en mi pupitre, colocando su rostro frente al mío. Atisbé un brillo de preocupación, me contemplaba con la mirada más turbia que yo hubiese visto, su pupila se dilataba con miedo, algo similar ocurría en el resto de sus colegas.
-¿Qué le pasó a Shadow? –Preguntaba con voz profunda-
Mis labios temblaban, curveándose hacia abajo, de mis ojos unas cristalinas lágrimas amenazaban con salir, bajé la mirada, ocultando mi rostro e intenté continuar a base del amor que le tenía a mi erizo, el cual me impulsaba a conseguir ayuda ya que posiblemente ellos sabían un poco más de su vida que yo y eso me haría falta para que sus padres lo supiesen en dónde se encontraba.
-se encuentra en el hospital –Dije, pasándome un nudo que se formaba en mi garganta –Shadow está en coma –Cerré los ojos-
Sentía como el llanto me acosaba al hacer mención de ese simple trio de palabras, vi como ellos me veían, pidiendo que mis palabras fuesen una absurda broma, yo mismo intentaba creer que lo era.
-déjate de estupideces –Ordenó el de pelaje verdoso, su mirada comenzaba a cristalizarse-
-saliendo de aquí voy a ir a verle –Por mis mejillas resbalaban un par de lágrimas-
No pude evitarlo, dejé que esas perlas de agua salada corriesen por mis mejillas. La vista de todos me acosaba, de inmediato escuché como la respiración de sus colegas se tornaba dificultosa, todos ellos intentaron guardar sus lágrimas, fingiéndose fuertes, aunque yo sabía que esto les dolía mucho, no como a mí pero se acercaba.
-esto debe ser muy difícil para ti –Susurró el de vetas plomo, acariciando mis oídos con su atribulada voz-
Asentí ligeramente con la cabeza, mi rostro estaba bajo, mi mirada posada sobre un punto muerto; a pesar de mi ensimismamiento sentía la mirada de los presentes, acosándome, me observaban detalladamente, como si quisieran decirme algo pero en su lugar se tragasen sus palabras. De la nada escuché la voz del camaleón.
-¿Sus padres lo saben? –Escuché que decía, su voz sonaba titubeante, como si tuviese miedo a preguntar-
Reacomodé mis orejas, eso era algo que me importaba mucho, un tema del cual debía preocuparme, levantando la vista abrí lentamente los labios para susurrar.
-no y no sé cómo voy a decirles –Dije simplemente-
Después de eso bajé de nuevo la cabeza, suspiré con abatimiento, estaba preocupado, solo quería llegar al hospital a verle. Escuché de nuevo la voz de sus amigos invadiendo mis oídos, les atendí elevando un poco la mirada.
-estaremos contigo cuando vayas a visitarle hoy –Con voz lastimera, masculló el de vetas plomo-
Asentí viendo a todos ellos, giré la cabeza hacia donde se encontraban mis colegas, el plateado me palmeaba suavemente la espalda mientras que mi amigo zorro me daba una mirada que pedía me tranquilizara, sonriendo levemente, intentó calmarme.
-¿Sabéis cómo puedo contactar a sus padres? –Pregunté dirigiendo la vista hacia ellos-
-no tengo idea –Rápido, respondió el de pelaje verde –no hablamos mucho de sus padres
-lo cierto es que no sabemos dónde vive, no conocemos a sus padres –Terminó diciendo el camaleón-
Me sentía abatido, suspiré pesadamente e intenté calmarme, ya arreglaría todo aquello…
Todos se fueron a sus respectivos lugares, dejándome solo con mis pensamientos; giraba la cabeza hacia el pupitre del oscuro de ojos carmesí, le extrañaba, estaba preocupado por él, sentía inmensos deseos de largarme del colegio, escapar solo para poder verle, siempre manteniendo mi esperanza en que él despertaría, me sonreiría y me diría que todo está bien.
Me desconcertaba el hecho de que nunca les hubiese hablado de sus padres a sus mejores amigos, lo que más me sorprendía era que no conocieran su casa, ni siquiera eso, me dejaba atónito, pensando en el motivo, aunque en esos momentos la cabeza no me daba para muchas opciones.
Shadow siempre era reservado con sus cosas, eso era un hecho pero jamás pensé que lo fuese tanto como para no decirles nada de su vida personal –cosa que me podía en aprietos –suspiré continuando con posibles soluciones.
Lo último que pensaba que ocurriría en ese día era que mi amigo se acercara a mí, el equidna rojo se sentó a mi lado, sobre el pupitre del erizo que había faltado a clases, el equidna me estaba sonriendo amablemente mientras llamaba mi atención mencionando mi nombre.
-Sonic –Sonreía suavemente-
-hola –Dije sin mucho ánimo de responder, cosa que inmediatamente notó-
-¿te pasa algo? –Se acercó un poco más a mí-
Suspiré abatido, realmente no tenía ganas de hablar con nadie. Sonreí forzadamente, él no merecía que yo le tratase mal.
-la verdad sí. Shadow está en el hospital y bueno –Me encogí de hombros realizando una mueca de tristeza-
-animo –Sonrió –ya sabes lo que dicen, hierba mala nunca muere –Dijo para animarme-
Ese comentario no me fue muy agradable pero ¿Qué más daba? Era mi amigo y yo sabía que entre ellos había cierta rivalidad y no se llevaban bien pero ¿tenía que comentar eso justo ahora? Simplemente desvié lentamente la mirada.
-Y tengo que ir a verle después de esto, ya sabes, para ver cómo sigue –Suspiré abatido –solo espero realmente que nada malo le pase
-nada va a pasarle –Sonrió levemente –de ello puedes estar seguro
Asentí más animado, por lo menos conseguía devolverme el ánimo, aunque fuese un poco.
Esa tarde ya me encontraba de camino al hospital, seguido por los amigos del azabache, antes de poder llegar envié un mensaje a mi madre, avisando que llegaría más tarde. El erizo de vetas plomo caminaba a mi lado, notando que no me encontraba muy bien.
-Sonic, estoy seguro que estará bien –Esbozó una sonrisa fingida –él es muy fuerte
Le vi a los ojos, sabía que ni él estaba seguro de sus palabras. Suspiré intentando sonreír.
-confío en ello –Asentí levemente-
Cuando por fin llegamos pasamos directamente a donde se encontraba el erizo, discutiendo antes que nada quien entraría primero puesto que dejaban entrar un máximo de dos personas. Decidí amablemente cederles el paso, con la condición de que no tardasen mucho, en mis planes estaba quedarme con él por bastante tiempo, hasta que anocheciera si fuese mi decisión.
Desde fuera pudimos ver y escuchar lo que el azabache y el de pelaje verde decían y hacían, ya que fueron los primeros en entrar y al hacerlo dejaron la puerta completamente abierta.
-Eres imbécil –Masculló el de ojos azules, viendo al azabache que yacía sobre la camilla –Shadow te prometo que cuando despiernes voy a golpearte por ser tan idiota
Escuché como su voz se quebrantaba mientras susurraba eso, no le culpo, yo me encontraba igual o quizá peor que él, me dolía mucho ver a mi amado erizo en ese estado. Después pude ver como el otro le tocaba la espalda en señal de apoyo.
-Scourge, todo va a estar bien, estoy seguro que en poco Shadow va a estar acollonándote como siempre –Dijo para animarle–
-¿En serio crees eso? –Volteó a verle con la mirada anegada por unas cuantas lágrimas-
Se apresuró a ocultar que sus ganas de llorar invadían sus azules ojos, desviando la mirada hacia otro lado, por su parte el de vetas plomo se apresuró a asentir, aunque pude escuchar como sobre su garganta se percibía el momento en que sus palabras flaqueaban.
-te apuesto a que así será –Suspiró –Shadow, espero que despiertes pronto –acercó su mano hacia la camilla –o te juro que no volveré a hablarte –Para ese punto su voz ya estaba hecha un hilo-
Sentí ganas de romper en llanto, ellos le apreciaban mucho, supe que se querían cuan hermanos, me causó inmensas ganas de llorar, después de eso se acercaron los otros dos, mandando al carajo lo que la enfermera nos había indicado, después de todo esa helada habitación era grande, lo suficiente para albergarnos a todos cómodamente.
-no seas llorica Mephiles –se quejó el armadillo dejando que una lágrima se escapara de sus ojos-
Apenado, el armadillo se dio vuelta para evitar que le viesen así, a mí poco me importó y acercándome a Shadow tomé su mano, recorriendo su inexpresivo rostro con mi mirada, dejé que redondas lágrimas rodaran por mis mejillas, bajé la mirada, instantes después sentí que alguien tocaba mi hombro, al voltear vi al camaleón.
-esto debe ser muy difícil para ti Sonic –Una mueca de tristeza estaba en su rostro –debo decir que pensé que era una broma pero… -se quedó callado, se le dificultaba mencionar las palabras puesto que su voz sonaba quebrantada y profunda –Shadow dice que tú siempre ves el vaso medio lleno –Realizó una pausa, volteando a ver al mencionado –no le hagas ver como un mentiroso ante esta situación…
Retirando su mano de mi hombro se acercó a donde estaba el resto de sus amigos, quienes no decían palabra alguna. Me quedé pensando ¿Cómo podía verle el lado bueno a algo así? Posiblemente y si teníamos suerte despertaría en unos días pero…me costaba creer que así fuera…
La tarde llegó rápido, sus amigos tuvieron que retirarse dejándome solo en la habitación, presentí que poco faltaba para que fuese de noche así que de mala gana saqué mis cuadernos y sentándome sobre un banquillo al lado de la camilla comencé a hacer la tarea, en ocasiones hablaba con el erizo, aunque no sabía si en verdad él podía escucharme.
-Debes darte prisa y despertar –Tomé su mano –no sé si puedes escucharme –Dije lastimeramente –pero si es así quiero que sepas que yo me voy de aquí porque me obligan no por mi voluntad –besé su mano tomándola fuertemente entre la mía –quiero ser el primero al que veas cuando despiertes, por eso… -Susurré –por eso tienes que darte prisa y recuperarte rápido –Acaricié su mejilla –te extraño –dije por lo bajo-
Me senté de tal modo que pudiera ver su rostro con solo levantar la mirada. Continué haciendo mis deberes, al concluir con mis tareas me quedé hablando con el erizo, como si pudiese escuchar lo que yo decía.
Los siguientes días continué yendo a la misma hora, y regresando hasta que la noche caía, mis padres consideraban esa actitud extraña y que mis acciones eran peligrosas pero a mí poco me importaba, solo quería verle y estar con él. Al tercer día regresé a casa un poco más tarde de lo habitual, cosa que extrañó a mi padre, quien ya se encontraba en casa cuando yo regresé. Me encontraba en la sala, hablando con mis padres acerca de eso.
-¿Por qué tan tarde Sonic? –Preguntó mi padre con seriedad-
-padre estuve en el hospital, fui de visita a ver a Shadow –Respondí después-
-pero no es correcto que llegues tarde a casa. Hijo ¿Por qué lo haces? Es normal que vayas a verle si es tu amigo pero no tienes por qué quedarte después de las nueve de la noche –Aseveró-
Pude percibir un ápice de molestia en su voz, bajé un poco la mirada, quería decirle la razón por la que debía estar con él en todo momento pero el miedo se apoderó de mí e intenté evitar a toda costa que mi padre se diese cuenta de mis sentimientos hacia el veteado de ojos carmesí.
-me siento mal porque en parte fue culpa mía –Dije frunciendo ligeramente el ceño-
En esos instantes mi madre interfirió, se acercó a nosotros e intentó que desviáramos el tema de una manera suave, aunque logré percibirla.
-yo creo que está bien que te preocupes por él –Acarició mi cabeza con dulzura –pero no debes quedarte más tarde, podría ocurrirte algo y eso es algo con lo que yo no podría vivir –Me contempló a los ojos –
-Lo lamento madre, no era mi intención hacer que te preocuparas –Dije por lo bajo –entiende por favor que no puedo dejar solo a Shadow en un momento así –Pasé saliva-
Sin más me marché a mi habitación sin que me importara mucho lo que fuesen a decirme, me recosté sobre la cama contemplando el cielo por mi enorme ventanal y finalmente quedé dormido, suspirando pesadamente mientras entraba al extraño mundo de los sueños.
A la mañana siguiente me presenté a casa del veteado, cabe mencionar que no fui a clases por ello; extrañamente yo me encontraba fugándome de clases, desgracia. Fui a su casa solo para avisar a sus empleados lo que ya la mayoría sabía.
Al encontrarme por fin en la entrada amablemente fui atendido por la mujer que conocí la primera vez que llegué a casa de mi novio.
-lamento decir que el joven Shadow no se encuentra, lleva tres días y una noche sin aparecer –Susurró notablemente afectada-
-no he venido a buscarlo, he venido a decirle donde está –Dije finalmente-
Pude ver su mirada atónita, debo admitir que después de decir aquello yo me sentí la persona más maligna del mundo entero, era estar en los zapatos del verdugo, cosa que no disfrutaba, no me complacía ser el portador de malas noticias.
-Lamento decir que se encuentra hospitalizado –Bajé un poco la mirada –me gustaría que usted le comunicara esto a sus padres –Con la voz más amable que tenía intenté decir-
Sus ojos detonaban preocupación, le vi durante unos momentos, en los cuales, pude apreciarle un tanto confundida, veía que estaba deseosa de más información y no esperé a que ella preguntara, simplemente le informé. Entregué sus pertenencias, mismas que las personas del hospital me habían dado a mí ya que era el único con él cuando eso sucedió –entre las cosas que le di se encontraban sus zapatos y prendas de vestir, además de su billetera, entre otras cosas; ella recibió todo aquello, llevando la vista primeramente a lo que se le entregaba y después a mis ojos.
-sufrimos un accidente en su motocicleta, al parecer debe permanecer en el hospital hasta que despierte –Susurré esto último-
Ella no dijo más, simplemente asintió, deduje que mi noticia le había afectado. Tuve que marcharme sin decir nada más, acepté el "gracias" que ella pronunció y sin más me fui de allí, esperando que los profesores del colegio no les dijesen a mis padres que falté a clases.
Me marché al hospital, al llegar recosté mi cabeza sobre la camilla, suspirando con abatimiento, tomé la mano del azabache y la besé, comencé entonces a hablar solo, esperando realmente que él me escuchara, aun con la cabeza recostada sobre las blancas sábanas.
-hoy falté a clases –Susurré frotando sus nudillos con las yemas de mis dedos – quería venir lo antes posible a verte –Cerré los ojos momentáneamente –te necesito ya a mi lado, no sabes lo difícil que es tener que asistir al colegio y darme cuenta que tu no estas allí, mis amigos dicen que todo estará bien, que no me preocupe más pero yo sé que no puedo quedarme y solo esperar –bajé la mirada, perdiéndome en la nada –diablos, te amo tanto Shadow –Mascullé-
Instintivamente giré la cabeza hacia la entrada, en donde el chirrido producido por las bisagras de la puerta al abrirse era emitido, me encontré con una enfermera uniformada con su atuendo de bata blanca, en manos llevaba una tablilla, revisando con la mirada unos documentos.
Noté a la chica un tanto distraída, mantenía la cabeza baja. Levanté la mirada solo para distinguir únicamente su roja cabellera, momentos después apartó la mirada de los documentos solo para verme.
-¿tan temprano de visita? –Sonrió amablemente –no tiene nada de qué preocuparse –Dijo acercándose a la camilla – ¿es familiar del paciente? –Me veía atenta-
Ignoré su primera pregunta y pasé directamente a responder la segunda. Ella desvió la mirada a donde el azabache, procuraba revisar que el suero conectado a su muñeca fluyera con naturalidad y en porciones adecuadas, dejé de prestar atención a sus acciones y respondí.
-soy su amigo –Dudé un poco en responder eso pero en ese momento sonó lo más razonable - ¿Cómo está Shadow? ¿Va a estar bien? ¿Se recuperara pronto? ¿Cuándo despertará? –Me apresuré a bombardear con mis preguntas-
La enfermera sonrió amablemente y se apresuró a calmarme, me vio con una dulce sonrisa. Comenzó a explicar las cosas de una manera calmada y paciente.
-son muchas preguntas y solo tengo una boca –Me sonrió dejando los documentos de lado –verás, él se encuentra muy bien, en cuanto a su recuperación estoy segura de que jamás había visto a alguien recuperarse de esa manera tan veloz.
Mi mirada se iluminó con esperanza, sentí ganas de llorar de felicidad, sobre mi rostro se plasmó una enorme sonrisa de alegría al escuchar sus melodiosa voz comunicado esas celestiales palabras.
-¿cree que despierte pronto? –Suspiré emocionado-
-yo pienso que sí. Quizá en unas semanas, el día de ayer, mientras le revisaba movió la mano derecha, la que usted está tomando ahora –Sonrió suavemente-
Sonaba como mentira, no era verdad, seguro me debía estar mintiendo para que me sintiera mucho mejor. Pronto vi como ella me veía, seguro sospechaba de mi desconfianza.
-sabe, el medico cree que esto es imposible, las fracturas de su cuerpo llevan un progreso de semanas aunque lleva aquí apenas tres días. Estoy fascinada con ello, creemos que es imposible que esto suceda –Dijo expresándose por medio de una mueca de asombro-
Me estaba mintiendo, pensé; después de eso se retiró, dejándome solo con mi azabache. Suspiré abatido ¿Acaso era verdad? ¿Me estaba mintiendo? Acaricié el rostro inconsciente del erizo junto a mí y besé su mejilla, deseando con ansias que lo que me dijo fuese verdad. Pronto vi cómo se movían sus dedos, inevitablemente dejé que un par de lágrimas saliesen, me emocioné demasiado con eso.
-¡Shadow! –Derramé algunas lágrimas-
Estuve a poco de salir corriendo en busca de la enfermera que me había atendido al principio pero pronto me topé con algo que me dejó sin aliento: el azabache abrió los ojos lentamente, respirando calmadamente, le encontré con la mirada confundida, buscaba con los ojos cualquier rastro de vida.
Pude notar como intentaba aclarar su vista; de inmediato me acerqué hacia él y tocando su rostro comencé a respirar agitadamente.
-¿Sonic? –Sus ojos se centraron sobre los míos. Su voz sonaba cansada, casi un susurro-
-sí, soy yo –Tomé sus manos entre las mías –soy yo Shads
Inevitablemente comencé a derramar lágrimas alegres, me percaté de ello hasta que sentí las manos del azabache posarse sobre mis sonrosados pómulos, me veía atento, desconcertado y confundido.
-¿Dónde estamos? ¿Qué sucede? –Intentó aclararse la garganta, pasó la mirada por encima de su mano derecha, encontrándose con la aguja insertada en su vena –esto es un hospital…
-Shadow, todo está bien… -Besé su mano derecha, aun derramando lágrimas cristalinas-
-recuerdo…que chocamos ¡¿estás bien?! –Comenzó a alterarse-
La máquina que medía su pulso comenzó a acelerarse, emitiendo sonidos más frecuentes, sonidos que taladraban mis oídos. Intenté tranquilizarle antes de que llamase la atención de las enfermeras, puse ambas manos sobre su rostro y le sonreí dulcemente, con los ojos empapados de lágrimas.
-me encuentro perfectamente bien, deberías preocuparte por ti –Sonreí ampliamente, estaba sumamente feliz-
-¿Qué paso? –Se quejó tocándose el torso del lado derecho –me duele un poco esta zona –Ejerció suave presión allí-
-no te toques –Exigí tomando su mano, realicé una mueca de reproche –te fracturaste, estoy muy contento de que hayas despertado –Besé la mano que estaba sosteniendo mientras le veía a los ojos–
Aprecié una linda sonrisa sobre su rostro, me acercó hacia él, sosteniéndome entre sus brazos, yo moría de ganas por apretarle fuertemente y no dejarle ir nunca pero evité hacerlo, podía lastimarle, me limité únicamente a corresponder su abrazo. Se acercó lentamente a mi oído y susurró algo que me desconcertó.
-no tienes por qué preocuparte por mí. Cuando algo me sucede me recupero rápido –Me alejó lentamente de él –los médicos no saben la razón de esto, lo cual califican como "milagro" pero yo sé que no es nada en especial, quiero decir, todos en la cuidad somos extraños, por ejemplo la telequinesis de tu amigo cabeza de cubierto –Sonrió divertido-
-idiota –Curvé los labios hacia abajo, dejando que unas cristalinas lagrimas saliesen –no sabes lo mucho que me preocupé cuando dijeron que no sabían si despertarías…
Su mirada estaba atónita, le vi sorprendido, después sonrió ampliamente, relajando la mirada, me abrazó con fuerza, sujetando mi cabeza para que no me alejase de él, era como si me estuviese consolando.
-¿te has preocupado? –Acarició mi cabeza-
Asentí ligeramente, me alejé de su abrazo y robé un beso de sus labios, acto seguido, retiré las perlas de agua salina que restaban sobre mis mejillas.
-sí, y no deberías estar orgulloso de algo así, ahora estoy molesto contigo por hacerme pasar unos días jodidos –Dije sin ápice de verdad en mis últimas palabras, lo único cierto era que en verdad había estado preocupado por él-
-¿en verdad lo estás? –Se acercó un poco –porque yo pensaba que estarías feliz, has ganado la apuesta –Me sonrió tiernamente-
Le vi desconcertado ¿era acaso verdad? Él había puesto en peligro su vida por salvar la mía, yo solo había pasado esos tres días con él, despierto hasta tarde esperando a que despertase. Yo consideraba que él era el ganador de nuestra apuesta.
-no, tú eres quien ha ganado –Dije de inmediato –y a todo esto ¿Por qué metes algo asó ahora?
Pude escuchar su risa, besó mis labios y se alejó, después de eso una enfermera llegó junto a nosotros. Por un momento me dejaron fuera de la habitación, al parecer tenían que revisarle, al terminar supimos que le darían de alta ese mismo día, me puse muy feliz, no solo porque ya le tendría de regreso conmigo si no por el corto tiempo que había durado en ese estado de sueño y que recuperación había sido igual corta.
Según los médicos, aunque se recuperase rápido, debía cuidar de sí y no hacer mucho esfuerzo por cargar cosas pesadas hasta estar seguros de sus huesos fracturados estaban sanos por completo.
-¿has escuchado? –Dije en son de reproche –voy a encargarme de que obesas las instrucciones del médico, es más, yo mismo te mantendré en cama si es necesario –Advertí tomando su mano. En mi rostro mi expresión era una sonrisa tierna-
-sí, sí, por supuesto mi querido enfermero –Sonrió ampliamente –voy a llamar a casa para que vengan por nosotros ¿Quién lo diría? Yo necesitando de los servicios del chofer –Sonrió con ironía-
-sí, y es que eres un espíritu libre que conduce como demente por las calles –Puse mis manos sobre mis caderas, viéndole irónicamente-
Carcajeó unos momentos, después me pasó la mano por encima de las púas, dejándome por completo despeinado; cayó en la cuenta de la hora –era muy temprano y yo no estaba en el colegio –a esa hora por lo menos yo debía estar en la tercera clase del primer bloque de materias.
-ahora que me detengo a pensarlo ¿Qué haces tú aquí tan temprano? –Me vio con los ojos entrecerrados-
Desvié la mirada al lado contrario, no podía permitirle que notase lo mucho que me importaba, incluso que falté a clase por estar cerca de él. Tomó mi mano y sonriendo me obligó a voltear tomando mi mentón.
-¿te fugaste? –Reía por lo bajo-
-eso no importa –Me ruboricé tenuemente –el punto es que vine a verte ¿o no? –Dije, aun sin verle-
Escuché una risilla de su parte, tomó mis mejillas con ambas manos, dejando su agarre anterior a un lado y me obligó a darle un corto beso. Bajé la mirada como todo un niño avergonzado, más que nada por el sitio en que nos encontrábamos, donde las personas podían vernos.
-ya, voy a llamarles de una vez –Sonrió –por cierto ¿Dónde está mi móvil? –Preguntó viéndome atento-
-a, claro. Bueno, fui a tu casa y dejé tus pertenencias con tus empleados –Unos instantes me quedé pensativo –y si mal no recuerdo tu celular también estaba entre esas cosas. Shads, creo que vas a tener que comprar otro –Sonreí ligeramente ruborizado-
-¿por la apuesta? Vale –Sonrió-
Mi expresión seguía siendo una un tanto seria, cosa que al notar causó que su sonrisa se desvaneciera lentamente y que fijara su mirada en mí.
-no, lo cierto es que tu celular esta…como decirlo –Toqué mi nuca –se le ha jodido la pantalla –Solté después –y ni mencionar como se ha quedado, lo único que impide que se parta por la mitad es la funda flexible color negro y rojo que le has puesto –Terminé diciendo-
Se quedó pensando unos momentos, más tarde levantó la mirada ligeramente hacia el techo, como si allí se encontrase una respuesta. Instantes más tarde escuché de nuevo su voz.
-puedo llamarles a mis padres, contarles lo que pasó y pedir uno nuevo –Dijo volviendo la mirada hacia mí-
¡Qué fácil! Si yo hubiese perdido el mío tendría que esperar meses hasta tener uno nuevo, suspiré sonriendo y buscando la salida hacia la puerta dije.
-en ese caso puedo llamar con el mío –Sonreí –increíblemente el mío ha sobrevivido –Llevé mis manos a mis bolsillos buscando mí móvil-
Mi expresión cambió segundo después, al parecer había salido tan de prisa que me había olvidado del móvil en casa, suspiré viendo al azabache que esperaba.
-creo que lo he dejado –Me rasqué la nuca con nerviosismo-
-no te aflijas. Podemos encontrar un teléfono público –Tomó mi mano-
Asentí, en cuanto pude salí del hospital y llamé a su casa pidiendo que fuesen a recogerle, diciendo también que llevasen ropa limpia. Media hora después ya se encontraban con nosotros un par de extrañas personas a las que no había visto nunca antes, por alguna razón la sangre se me heló al ver como al hospital entraban una erizo rubia, de lindos ojos verdes, vestida tan elegante y fresca como le era posible, llevaba zapatos altos, vestida de un celeste con blanco, su vestido llegaba un poco arriba de la rodilla, sin mencionar el elegante –y a mi parecer costoso –bolso de distintos tonos de café; a su lado llegaba un hombre de púas negras, no tan oscuras como las del azabache, podría decir que eran un gris oscuro, portaba un traje negro, acompañado de una corbata color gris claro con pequeñas y delgadas líneas plateadas, sus ojos turbios perturbaron la paz que yo tenía, sus azules ojos.
Ambos me vieron unos segundos e ignorándome siguieron con su camino, yo me dirigí a paso rápido hacia la habitación de mi azabache, aunque por alguna razón me sentí acosado por ese par de extrañas personas. Entré en la habitación, detrás de mí se encontraban ellos, las personas que había visto en el pasillo, todo concordaba, eran los padres del erizo azabache, lo supe al verles introducirse dentro de donde nos encontrábamos.
Una mirada de sorpresa invadía la mirada carmesí del erizo, supuse que no esperaba la insólita visita de aquellas dos personas; viéndoles sin mencionar palabra, dejó que entraran.
-nos dijeron que te encontrabas en el hospital –Con una voz refinada y dulce, dijo la mujer de rubio pelaje-
-Hola, también los extrañé –Respondió secamente el veteado-
Pude percibir un cambio notable en su voz, no era aquella voz suave y gentil que utilizaba al hablar conmigo, me recordaba a cuando le conocí, era un tono frío y distante, podría decirse que incluso llegaba a causar escalofríos después de haberme acostumbrado a su amable, sin dejar de lado varonil, manera de hablar.
-… ¿Cómo te encuentras? –Acercándose un poco más, preguntó su padre-
Escuché un suspiro por parte del veteado, me sentía un poco incómodo con las constantes miradas de ambos presentes sobre mí, llevándome las manos a los bolsillos intenté alejarme –ya que me encontraba al lado de la camilla donde aún se encontraba el erizo de vetas rojas –sentí como sujetaba mi muñeca, dando una mirada seria pero al mismo tiempo dulce.
-puedo irme, según los médicos. Llamé para que trajesen ropa y poder marcharme –Puso su mano sobre su mejilla, recostando tediosamente su cabeza sobre esta-
-claro –acercó su bolso a la camilla de hospital –aquí esta lo que necesitas –Dijo con voz suave la erizo-
-sí, gracias –Bajó la mirada al bolso-
Tomando las prendas entre sus manos comenzó a inspeccionar; sentí sobre mí una acosadora mirada que me dejaba intranquilo, al buscar solamente con la mirada pude ver como sus padres me veían, recorriéndome de arriba hacia abajo, cosa que me incomodó, me puse nervioso solo con su mirada, tanto que sujeté las sábanas blancas que adornaban la incómoda camilla.
-por cierto –Dijo seriamente el azabache, sin elevar la mirada –considero que es de mala educación inspeccionar a las personas –Entre sus manos acomodaba una camisa-
Desviaron la mirada de mí, dejando que por fin respirara tranquilamente, pensé rápido en algo que decir, no era muy educado estar solamente viéndonos entre nosotros, fue entonces que mi erizo de ébano habló.
-Se llama Sonic –Levantó por fin la mirada –Sonic, ellos son mis padres –Volvió hacia mí la mirada-
-un placer –Sonreí amablemente, aunque mi nerviosismo me impedía no titubear, cosa que intenté ocultar debajo de una nerviosa sonrisa, seguida de mi primera expresión-
-¿Eres amigo de Shadow? –Cuestionó su madre, fijando la mirada sobre mi cuerpo-
-Si –Respondió por mí el azabache-
-supongo que es uno de tus muchos "amigos" –Realizó un extraño énfasis en la última palabra, uno de desagrado, su padre entonces, me vio-
Me sentía tan pequeño estando allí, inevitablemente una mueca de pánico acosó mi semblante: sería difícil convencerles de que soy una buena persona y que es conveniente que Shadow esté conmigo, si bien no podía decirles que era mi novio, podía decir que soy un buen amigo y una buena influencia para él.
-Sí, claro –Rodó los ojos con sarcasmo –apuesto a que ya saben que las pruebas bimestrales son pronto –Dijo serio –créanlo o no Sonic me ha ayudado a prepararme para ello –Sonrió suavemente para mí-
Sus padres se vieron entre sí, como si realmente se tratase de una broma. Fue entonces que encontraron un punto en mi contra: yo me había fugado de clases.
-si es así ¿Qué hace fuera del colegio a esta hora? –Preguntó con ligero sarcasmo, su padre-
-eso puedo explicarlo –Me animé a hablar –yo estuve con Shadow cuando sucedió el accidente, durante esos días le he estado visitando después de clases. Hoy falté a clases porque la enfermera encargada me dijo que había tenido un progreso al despertar y tenía que estar alguien presente con él para cuando despertara. No tengo problemas en faltar a clases un día –Dije poniendo sería la mirada –voy bien en el colegio así que no me hace mucho mal faltar a una clase, los apuntes los puedo conseguir después pero no podía dejar a vuestro hijo solo –Pasé saliva tras mis últimas palabras-
No se esperaban algo así de mí, no sé lo que pensarían. Supe que nada bueno puesto que me veían calculadoramente, como si ellos adivinaran lo que recorre en mi mente, sus miradas me acosaban cuan cazadores que van tras una presa. El azabache sonrió ligeramente y suspirando comenzó a hablar.
-hoy quedamos así que vendrá a casa –Dijo serio –a, ahora que recuerdo mi móvil quedó desecho en el accidente así que necesito uno nuevo –Mencionó sin darle importancia-
-claro, cómpralo y que lo carguen a la tarjeta –Dijo su madre sin apartar la mirada de mí, como si no representara importancia ese pedido realizado – ¿tus padres saben que has faltado a clases? –Cuestionó-
Fue entonces que consideré necesario utilizar un arma peligrosa para mí, la valiosa "mentira blanca" ya que me sacaría de problemas y de un embrollo que yo solo armé.
-sí, mi madre lo sabe –Pasé saliva rogando que se tragasen mi mentira –en realidad a ella también le preocupa lo que pasó así que me ha pasado esto por alto, claro, con la condición de ponerme al corriente con lo de hoy –Suspiré aliviadamente-
-¿podemos irnos ya? Este lugar no me gusta –Mencionó el erizo de ébano-
Al salir vimos un auto azul oscuro, bastante moderno quiero decir, era lindo y parecía costoso. Me sentía mal con tanto lujo rodeándome, sentía que las miradas de sus padres me subestimaban prejuzgándome antes de conocerme. Subimos al auto y Shadow me dejó entrar primero; sus padres se encontraban en los asientos delanteros mientras que el azabache y yo nos veíamos en la parte de atrás.
A mí alrededor se encontraba un ambiente incómodo, todo se tornaba turbio, el aire me ahogaba, intenté distraerme viendo por la ventana, tenía mucho miedo de cometer un error ante los padres de mi novio.
El viaje me parecía eterno, por demás prolongado. Cuando por fin llegamos el erizo bajó del auto invitándome a seguirle al interior de la casa, sin esperar a sus padres. No me era muy cómodo encontrarme entre ellos, era como si sus padres y él no se llevasen muy bien, incluso me parecía que el veteado estuviese en contra de ellos.
-ven, vamos a mi habitación para que me pases los apuntes –Me veía paciente-
-vale –Toqué mi nuca con nerviosismo-
Subimos directo a su habitación. El veteado tenía que tomar un baño por lo que me dejó en la recamara junto a sus libros, buscando las páginas de actividades por realizar. De un momento a otro escuché como la puerta de la habitación se abría dejando a la vista a la erizo de púas rubias, quien al entrar y verme con los libros se acercó a donde me encontraba.
-me gustaría que hablásemos unos momentos –Pidió-
-por supuesto –cerré el libro que estaba revisando y poniéndome de pie le vi – ¿Qué quiere decirme?
-no, aquí no –Sonrió ligeramente-
Califiqué su sonrisa como una fingida y con un mal presentimiento fue con ella en dirección a la sala, donde se encontraba su esposo. En la mesa de centro podía ver como se encontraban sirviéndole café al señor
-¿gustas? –Preguntó con falsa amabilidad la erizo-
-muchas gracias, estoy bien así –Negué con la mano-
Me invitaron a sentarme frente a ellos en un pequeño y elegante sillón color chocolate mientras que ellos se sentaban en el sofá al frente.
-escucha, no eres el primero que se dice amigo de Shadow y luego resulta ser una persona que no vale la pena –Dijo secamente la erizo, imitando un tono dulce – ¿entiendes esto cierto? Y es que me disgustaría que mi hijo tuviese amigos que le perjudiquen
-por supuesto que sí –Respondí a prisa y sonreí casi de manera burlona –me importa mucho esto ya que mis padres buscan lo mismo para mí, señora, puedo asegurarle que puedo ser todo menos una mala persona que afecte a Shadow. Incluso puedo decir que me preocupo por él –Dije viéndole sinceramente y suspiré –le considero uno de mis mejores amigos –Susurré olvidando lentamente que me encontraba hablando con ellos –y él no lo sabe pero también me preocupa que su estudio se vaya abajo y es por eso que nos hemos puesto a repasar las cosas juntos, no os estoy mintiendo para quedar bien con vosotros, señores, pero bueno, los resultados estarán en las pruebas –Sonreí lentamente, elevando la mirada-
Ellos me vieron unos momentos, colocándose de pie comenzaron a hablar.
-bueno, si nos disculpas tenemos cosas que hacer. –Dijo su padre, serio-
Asentí y me puse de pie al igual que ellos. Apenas se fueron me fui en busca del erizo, antes de entrar llamé a la puerta y entré, no se encontraba a la vista así que pensé que había salido a buscarme puesto yo me había marchado sin decir nada. Me puse manos a la obra con los libros hasta que sentí unos tiernos brazos rodear mi cintura desde atrás.
-y ellos son los padres del año –Besó mi mejilla – ¿Qué te parece? –Susurró con profunda voz-
-me parece que tengo miedo –Realicé una mueca de pánico –y me da miedo porque piensan que te invito a fumar, a probar drogas, beber alcohol y tener sexo con prostitutas –Mi seño se frunció con ligero horror-
Escuché una carcajada por su parte, soltándome lentamente se recostó al lado donde yo me encontraba sentado; puede además ver lo que llevaba puesto, unos jeans azul marino y una playera celeste.
-¿Fumar? ¿Probar droga? ¿Alcohol? –Rio por lo bajo –estoy más que seguro que tus cigarrillos son las baritas de caramelo, tus drogas el azúcar y tu alcohol el jugo de manzana –Carcajeó – ¡no puedo creerlo! Antes que tú me impulses a hacer eso seguro que a mí me salen alas –se sostuvo el estómago ante la incontenible risa-
Me puse rojo incluso de las orejas, me hacía sentir como un niño pequeño, cruzando mis brazos con aire pueril respondí.
-¿Qué? Eso no es cierto, yo puedo hacer todo eso si yo quiero –Excusé ruborizado –
-¡sí! ¡Claro! La única vez que has bebido fue en esa fiesta a la que te invité –Lentamente detuvo sus carcajadas –y cree que te veías animado. Por cierto y ahora que lo recuerdo, las lámparas no son barras para sostenerse y bailar break dance –Sonrió acariciando mi mejilla-
Mis mejillas se pintaron de un rojo más fuerte ¡¿yo había hecho que?!
-¿Cómo? –le vi sorprendido-
-sí, ya sabes, yo no sabía que podías hacer algo así y como estabas tan prendido con la sola copa que te bebiste incluso me retaste a bailar así, la gente estaba loca –Sonrió –hasta a Scourge le gustó –Se incorporó sentándose a mi lado –te volviste una moda después de eso, y pensar que llegaste tan tímido
-me estas bromeando –Dije sorprendido-
-espera… ¿no recuerdas nada? –Anonadado, preguntó-
-no, no recuerdo nada. No recuerdo ni siquiera como llegué a casa –Puse mi mano sobre mi frente-
-¿hasta ahora te preocupa? Bueno, te llevamos a casa entre todos y simplemente le dijimos a tu madre que te habías golpeado la cabeza pero que te habíamos atendido y que nada malo te pasaba. Ella se veía tan cansada que nos dijo que sí y simplemente se fue a dormir un poco abrumada –Sonrió –que es loco ¿no preguntó nada?
-no, pienso que confía en ti –Sonreí sorprendido por lo que escuchaba-
Me acerqué un poco más a él, seguramente sería difícil conseguir algo así en todo el día y ese momento parecía el adecuado para hacerlo; acercándome lentamente pedí un beso de sus dulces labios, mismo que no dudó un momento en darme, tomó mis mejillas y acercándome a sus labios acarició mi labio inferior con los suyos, uniéndose a mí en un duradero y apasionado beso, en donde nuestras respiraciones se mesclaban, su lengua pedía entrada a mi boca y sus manos se deslizaban tiernamente por mi cintura, abrazándose a mi cuerpo.
Vaya día, mi erizo despertó, conocí a sus padres y casi fui amenazado por ellos, joder, desde que le conocí mi vida se tornó interesante, no solo porque él me importa mucho si no porque me trajo muchas malas y buenas experiencias…
-¡Hola! ¡Después de mucho! X3 Espero que os gustara cariños míos n.n besos a quienes me dejan un kawaiisisimo comentario (el cual me pone contenta y muy inspirada o3o) y beso así bien tierno para las personitas kawaiis que dejan su review cada capi y lamento que os tuviera esperando por más de lo que tardo. Algún fallito por favor decidme nwn
-nos vemos en el capi siguiente, abrazos para todos, ya sabes, si eres de esas personitas a las que les gusta inspirar a las escritoras que hacen cosas que te gustan (o por lo menos te entretienen) tu review es muy bienvenido ;) nos vemos kawaii-amigos.
