Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer, la trama es mía :D
Cap. 8: venganza.
Iba muy distraído, pensativo. Justo cuando estaba por subir al Volvo, alguien me llamo, alguien que no podría ignorar fácilmente.
— ¿Edward? —Bella viene hacia mí. Ahora con ropas adecuadas: una blusa azul que le queda muy bien –ese color siempre la favoreció, en mi opinión– unos jeans y unas zapatillas. Si, como antes.
—Oh, hola Marie.
— ¿Qué haces aquí?
—Tú me diste la dirección ¿recuerdas? Vine a averiguar por mis amigos, justo me estaba yendo.
Ella al parecer no se tragó mi embuste. Frunce el ceño
—Pues yo vengo del orfanato y no te vi.
— ¿No? —Me hago el extrañado —, que raro… ¿tú a que vienes?
—A visitar a cayo, pero no vino hoy —me informa.
—Que lastima, otro día será —mentí—, hubiese sido genial conocerlo ¿a qué si?
Ella no noto mi sarcasmo.
—Ajá.
— ¿Quieres que te lleve a un lado? —propuse señalando mi vehículo.
— ¿No voy a interrumpir nada? —se burló con su sonrisa coqueta.
—Qué va ¿qué tienes en mente?
—Pues…te sonara raro quizás —murmuro avergonzándose— pero quería ir a una biblioteca.
—Sube, tu guíame.
La noticia no me sorprendió lo mas mínimo. A Bella siempre le había gustado leer. Que ella no lo recuerde es otra cosa.
— ¿Qué te gusta leer? —me pico la curiosidad mientras viajábamos.
—Bueno, la semana pasado termine de leer Jane Eyre, voy variando.
— ¿Has leído romeo y Julieta?
—Por supuesto —presumió.
— ¿Cumbres borrascosas?
—No, ese no ¿está bueno? —inquirió interesada.
Tuve una chispa de esperanza. Ese era uno de los libros que más leía en Forks; aun no entendía que le gustaba del libro, trato de explicarme muchas veces, en fin…quizá leerlo le recordaría su fanatismo, le haría recordar algo.
En un semáforo que nos detuvo, de pronto sonó una melodía de un celular.
— ¡Hola! —Saludo Bella entusiasmada —, estaba yendo para una biblioteca… ¿a Cayo? —Dijo de pronto y preste más atención —no, no lo vi… ¿pasa algo Aro? Oh, bueno, en un rato me tienes ahí, bye —y corto la llamada, suspirando.
— ¿Qué paso?
—No lo sé, pero al parecer algo ocurrió —me respondió absorta en sus pensamientos —, déjame en la próxima esquina.
— ¿Puedo ayudarte?
Frene aunque mis intenciones era no perderla de vista. Ella se quedó mirándome fijamente.
—No creo que puedas hacer nada. Además despreocúpate, Aro quería verme, nada más.
Aro quiere verla, claro. Se mencionó a Cayo en la llamada…por lo cual el desgraciado le aviso al otro. Miro a Bella, indefensa, sin saber nada ¿qué serían capaz de hacerle?
La pregunta me asusta, porque hoy mismo me entere todo lo que fueron capaz de hacer con ella ¿y si la mataban? ¿o si la trasladaban a otro lugar? Estoy cien por ciento seguro que Aro llamo a mi amiga para que yo dejase esta estúpida venganza, para que la quite de mi vista, para que se cerciore que no hace nada para desenmascarar lo bestia que es él.
—Oye en serio, no pasa nada —me calmo ella. Supuse que mi expresión estaba bastante alterada.
Decidí ir con la verdad. Negué con la aveza.
—A mí no me lo parece.
—No te preocupes. Además…soy fuerte.
Se encaró a la puerta para abrirla y salir, pero yo fui más rápido. Accione muy velozmente las trabas del coche para que bajaran y prohibieran que saliera.
— ¿Qué diablos haces? —Se enfrentó a mí con furia, nunca la había visto de esa forma — ¡déjame salir! Abre la maldita puerta o…me pondré a gritar.
—Pues hazlo —la rete mientras encendía el coche para ir a casa.
— ¡Con que derecho te crees para decirme a mí lo que tengo que hacer! ¡Métetelo en tu maldita sesera, no soy tu bella!
Las palabras me dolieron como si fuesen apuñaladas, porque eran ciertas en cierto sentido.
—No dejare que nadie te haga daño —murmure, aunque más para mí.
— ¿A qué te refieres? —inquirió frunciéndome el ceño.
—No lo entenderás.
—Explícate de una buena vez, no me des vueltas.
Su tono me irrito.
— ¡Te han secuestrado, Marie! —Casi le grite, muy sarcásticamente—, no eres quien crees ser.
Al principio pensé que empezaría con una sarta de insultos, pero no llegaron. Del enojo predomino la tristeza. Su cara cambio por completo.
— ¿Qué rayos dices?
—No sé cómo —comencé a decirle—, pero intentaremos todo, iremos a un doctor y veremos cómo podemos hacer para que recuerdes, algo, un psicólogo que te ayuden lo que sea, pero volverás a ser quien yo conozco.
—Estas más loco de lo que creí —admitió impresionada—, ¡no te conozco, Edward, nunca te vi!
—Claro que sí, no te preocupes, yo te ayudare —le repetí, aunque ahora ella estaba consciente.
—Deja de decir incoherencias y déjame salir, ¡ya! —ordeno.
Un semáforo me paro cerca de casa.
La vi, y para mí dentro suspire.
—Lo siento.
Antes de preguntar porque le decía eso, le di un golpe en la cabeza para noquearla.
Holaa! Discúlpenme por colgarme y no actualizar. En realidad con este fic no tengo excusas, bueno, solo una: no tengo internet para poder publicar. La historia ya la tengo la mitad escrita, así que cuando pueda volveré a subir capitulo.
Gracias a toda la gente que me apoya, que me deja hermosos reviews, que me dejan sus alertas y favoritos.
Nos leemos!
