Disclaimer: ni Rurouni Kenshin ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Nobuhiro Watsuki Salvo algunos que son de mi propia invensión, yo solo los tomo para crear esta historia que espero sea de su agrado.

-Parlamento-

"Recuerdo"

Parlamento del flashback en tiempo presente.

El coraje de vivir

Capítulo 4

-¿Es eso, Kenshin?

El abatido hombre joven, cansado, miraba a su maestro quien no tenía algún atisbo de malestar por verlo así, sentado frescamente en un tronco frente a él, en medio del bosque.

Kenshin había llegado a él dos días antes, en busca de aprender una nueva forma de acabar con Makoto Shishio. Pero sabía a ciencia cierta que tendría que escuchar y soportar las reprimendas de su maestro antes que cualquier cosa.

-¿recuerdas cuando te encontré?... un simple niño solitario que cavaba tantas tumbas, incluso las de sus propios enemigos… ese fue el detonante por el que te convertiste en mi alumno, pero…-calló unos momentos y continuó-…desde que te conozco has intentado poner el sufrimiento del mundo entero sobre tu espalda.

Hiko bebió un poco más de sake y no se molestó en ofrecerle a su pupilo. Pronto se irían a dormir – te lo dije esta tarde… incluso tu propia vida parece ser una tremenda agonía con la que apenas soportas y ahora…-kenshin lo miro algo sobrecogido por sus dolorosos y descubiertos sentimientos mientras su maestro bebía otro sorbo- …con todo ese peso de más que tienes encima me sorprende que aun camines derecho.

Hiko fue el único que sonrió por la curiosa ironía, pero Kenshin se había encogido un poco ante tal verdad. Desde que decidió salvar a su pueblo, había obligado a su menudo cuerpo sostener tan dolorosa carga.

-y al paso en que vas, te vas doblegar muy pronto…- Kenshin levanto su rostro y vio a su maestro recoger unas cuantas cerámicas y ponerse de pie- tu oponente es realmente formidable… pero con esas ideas tan frágiles que ahora tienes, no servirás de mucho en el combate. Tenemos que trabajar en eso mañana.

Kenshin estaba recostado en el futon improvisado de harapos en la cabaña de su maestro, reposaba junto a una pequeña ventana, desde ahí podía ver la noche estrellada. Su maestro le había dado mucho de que pensar…

Había huido de ese lugar hace muchos años para seguir un sueño que era casi tan imposible como sanguinario, había intentado ser quien diera paz a todos aquellos que morían de hambre, creyó por un momento que podía ser un héroe de fantasía… y aunque logró su cometido, había sacrificado su propia alma y con ello su propia felicidad… Tomoe era el recuerdo de que él estaba vetado a ser feliz, había sabido lo que costaba siquiera intentar ser normal… y después de quince años parecía que la vida quería hacerle otra advertencia con Kaoru… oh Kaoru… tal vez moriría si algo le sucediese…

De repente, ya no estaba viendo el cielo estrellado, sino que su visión estaba en el campo sepulcral que era golpeado por la fuerte lluvia.

Rápidamente recordó que estaba en una seria charla con Hiroto Takeuchi, el ex Samurai, aquel que en esos momentos lo miraba indulgentemente.

-¿le molestó lo que dije? – preguntó calmado.

Kenshin negó.

-es solo que… recordaba algunas palabras de mi maestro sobre ello.-Comentó estoico.

Hiroto movió su cabeza pareciendo entender.

-oh, ¿sabios consejos?- al hombre mayor le había picado tremenda curiosidad por quien debió ser el maestro de ese impresionante asesino, su carácter, sus habilidades… incluso, su aspecto… ¿Cuál sería su filosofía? ¿Sería tan sanguinario y atroz como lo fue Battosai?

-No…-Kenshin soltó un pesado suspiro- más bien fueron como regaños…- terminó rascándose un poco la cabeza con gracia.

O Tal vez no…

Hiroto, sin ninguna pena, se permitió soltar una carcajada. A juzgar por el rostro desencajado y perturbado del pelirrojo mientras recordaba a su Sensei, debió suponer que algo así era en lo que pensaba.

-tengo la impresión de que su maestro es un hombre senil con una sabia y larga barba gris – comentó Hiroto con gracia.

Kenshin hizo una pequeña imagen mental de su maestro siendo anciano… lo único que lograba recrear era que su apariencia no cambiaba. Dio una carcajada.

-Al contrario- Respondió el pelirrojo entre algunas pequeñas risas– parece que los años no pueden tocarlo.

El viento soplaba fluctuante haciendo que la lluvia pudiese mojarles un poco las piernas, pero lo sentía como un llamado fresco para seguir con su dilema.

Solo se escuchaba el sonido del diluvio cayendo sobre el recuerdo de los muertos.

Hiroto aspiro profundo antes de seguir hablando:

-si me permite decirlo… – El pelirrojo volvió su mirada con curiosidad- …nunca en mi vida había visto a una persona tan diferente a la que tengo en mis vagos recuerdos… es como si hubiese hablado de alguien tan ajeno a usted…-calló unos segundos antes de continuar- ¿Lo supo?... ¿supo cuando fue que todo se volvió distinto?

La sosegada voz del hombre mayor hizo que el pelirrojo volviese su mirada hacia el pasto mojado. Recordando una vez más el pasado pero uno que no era tan lejano, sino, en su etapa de vagabundo.

-fueron tantas cosas…-comenzó con voz susurrante-… y fue por tanto tiempo que ya no recuerdo exactamente cuándo…cuando fue que de repente todo era diferente en mi…

Kenshin se acomodó un poco el obi, que por alguna razón le estaba picando en el cuello. Suspiró con fuerza sintiendo que le dolía un poco el cuerpo, quizá por la posición curveada de su espalda y decidió hacer su pregunta:

-¿Y usted? ¿Supo cuándo?

Esta vez, Hiroto levanto su rostro al cielo gris y tras ver el torrencial aguacero caer, se sintió un poco tonto por desear tener a su lado una pequeña taza con agua para calmar a su garganta que se había secado.

-creo saber cuándo… -respondió-…es algo con lo que usted ya ha dejado su peso en el suelo y yo… tengo que levantarlo para cargarlo conmigo…


-¡Hemos ganado!

Las ruidosas voces resonaron entre los gemidos de los centenares de heridos que yacían en la nevada. Para Hiroto, quien estaba a tres metros de un barranco cubierto todo de nieve, los alaridos le parecieron como un tenue zumbido al que no podía entender con facilidad. Su cabeza le dolía en extremo. En medio de su letargo pudo reconocer que su entorno estaba más calmado. Por lo menos con sus capacidades lastimadas de percepción de ki, sabía que ya no había nadie que quisiera atacarle.

Pero habían muchas voces… muchos gritos a su alrededor…

-¡Hemos ganado! ¡Los patriotas vencimos al shogunato!

Eso sí pudo oírlo más claro

De repente la algarabía se hizo más bulliciosa a su alrededor.

No se sorprendió.

Siempre tuvo la certeza de esta victoria… cuando vio a ese niño de aura oscura esgrimiendo una espada del más peligroso filo… desde ese instante, tuvo esa macabra sensación de que el shogun no vencería…

Era obvio que no todos los enemigos estaban acabados, si alguno quisiese atravesarlo en ese momento, poco le importaría, por lo menos vivió para ser parte de una gran historia. Con lo cansado que estaba de literalmente "todo"… no le molestaba morir aquí.

De repente, sin aviso, sintió que era levantado abruptamente de donde estaba recostado. En el primer segundo imagino a algún enemigo que quisiese ensancharse a él por la venganza de su victoria, pero inmediatamente reconoció la voz de su hermano.

-¿Estas bien? – pregunto Zuko, agitado por la batalla.

A falta de vocalización por el tremendo detrimento en el que se encontraba, asintió con la cabeza. Estaba realmente muy herido y había perdido sangre considerablemente.

Se fijó lo más que podía en su hermano, no estaba en las mejores condiciones, pero si estaba mejor que él.

Zuko tomó el brazo más sano de su hermano y lo apoyó en sus hombros para ayudarle a caminar, ciertamente se lastimaba a sí mismo haciendo eso, pero no le atañía con tal de salir pronto del campo de batalla junto con Hiroto.

Cuando hizo el ademán de avanzar, sintió que su hermano hizo fuerza por no moverse. Al volverse a Hiroto para saber que sucedía, dio cuenta de que éste parecía paralizado y algo pasmado mientras su mirada estaba fija en algo de lo que él pensó alguna vez, Jamás presenciaría.

Al otro lado del pequeño barranco, entre la oscuridad de un reducido bosque y entre la frívola nieve que caía despacio, Battosai, el asesino más peligroso jamás hablado, estaba emergiendo de entre varios cadáveres que había dejado atrás y que caían estrepitosamente como muñecos de trapo sin consideración…

Zuko pareció tensarse con fuerza, apretando un poco el cuerpo mallugado de su hermano.

-ese… - sin querer le faltó un poco el aliento.-…ese es…

Entre su limitada y lastimada vista, Hiroto intento enderezarse un poco más para visualizar la demoniaca figura del joven asesino.

La nevada se volvió un poco más nebulosa, con ello Battosai pareció convertirse en una especie de espectro, un espectro agónico que despedía demasiada amargura…

Hiroto se enderezó un poco más y el absorto de su hermano ni lo notó.

El demacrado joven se recargó pesadamente sobre un gélido y robusto árbol, levantó su muerta mirada hacia el cielo nebuloso y abrió su boca para exhalar.

El frio infernal que yacía sobre el campo de guerra, podía congelar cualquier aliento que saliese de la boca o nariz… pero Hiroto vio en Battosai que todo era distinto. La exhalación del joven fue tal, que literalmente lució como una ola fantasmal que salió de su boca, era tan fuerte y luminosa que el abatido guerrero creyó ver que ésta era la propia alma del asesino que combatía por escaparse de su cuerpo.

Es como si hubiese presenciado a primera mano cómo era una muerte espiritual, el ánima que se desentendía del cuerpo físico para no querer volver al suplicio del infierno terrenal y quemante del que era preso en la agonía de un niño en llanto, ese niño que tétricamente acomodó su mano en el mango de la katana del modo contrario mientras la levantaba, haciendo alusión de querer perforar el suelo… o tal vez… tal vez quería acabar con su vida o lo que quedaba de ella?

De repente, Hiroto sintió un extraño temor en su pecho.

Zuko no se dio cuenta de que su hermano había comenzado a moverse, levantaba una mano lenta y dolorosamente… quería alcanzarlo….quería detenerlo…

Y entonces la imagen del asesino se hacía traslucida e invisible mientras cambiaba de forma… a alguien a que él siempre tendría presente en su mente, un de las primeras víctimas de su indulgencia…

-Kensuke…

"¿quiere que aprenda a usar una espada?"- Kensuke, el chico que lo había atendido junto con su madre, dejaba algunas hiervas en la pequeña mesita esquinera.

"Así es, si lo logras podrás ser de mucha utilidad y ganar el dinero que quieras y así tal vez-"

"No quiero…"- lo interrumpió abruptamente.

Hubo solo unos instantes de silencio hasta que el niño procedió.

"hace unos días vi a un hombre viejo… estaba tirado en el camino y parecía que estaba herido… creí que podía ayudarlo, entonces me acerqué, pero vi que sacaba su espada… y empezó a rogar al cielo… me dio mucho miedo… -Kensuke temblaba – comenzó a maldecir a su espada… y de repente… de repente…"

El chico no terminó, pero Hiroto supo que ese viejo había cometido el suicidio, algo que seguramente lo había traumado.

"estoy seguro… que esa katana pesaba mucho más que cinco grandes canastos de verduras que cargo siempre en el mercado, mi cuerpo me duele cuando lo hago… no quiero agarrar esa arma y volverme más miserable…"

Hiroto bebió un poco más del brebaje medicinal sin querer estudiar a fondo las palabras del chico… era un niño y no conocía de la gloria, no sabía lo que decía, un día de estos traería una espada de practica y le enseñaría que no había nada de malo en sostener una katana…

El sonido de una filosa espada que se enterraba intensamente en la nieve lo había despertado de su ensoñación y al mismo tiempo detuvo el andar de su mano.

El Hitokiri se sostuvo del mango de la espada y doblaba sus rodillas… se arrodillaba en ruego de la blanca y fría clemencia, su tormentosa alma estaba a la merced de cualquier aparición que quisiese arrastrarlo a la mazmorra repleta de podredumbres calaveras y huesos habitantes del oscuro orco infernal.

Apoyaba su cabeza en sus temblorosas manos sin saber si debía profetizar plegarias para aplacar su dolor y también para rogar por las almas que acababan de partir bajo el peligroso filo de su habilidad… a Hiroto le pareció ver brazos fantasmales que salían de la magnicida espada abrigando el menudo cuerpo del chico asesino… como queriendo llevárselo al negro y condenatorio inframundo…

Estas eran las inimaginables sensaciones que provocaba la simple presencia de ese ser… Hiroto se contuvo, no sabía que alguien podría volverse tan infeliz con el arte de la espada… una vez más la imagen de kensuke reemplazó a la del hitokiri… seguramente esa era una imagen futura de lo que le hubiese sucedido a ese inocente niño si él le hubiese obligado a practicar estos sanguinarios oficios…

Después de todo, el arte de la espada es el arte de matar.

Se sintió tan superado que inevitablemente se sintió culpable del estado de Battosai aunque él mismo no tuviese nada que ver con el asesino.

Pero sabía que no era el único impresionado.

Zuko tragó fuertemente una sola vez, pero fue tal que su hermano lo escucho sin problemas a pesar de sus atrofiados sentidos, su garganta se había resecado.

-es como estar de frente con la maldita muerte. – susurró Zuko notablemente descolocado sobre todo por su apariencia tremendamente juvenil.

Pasos tras de otros resonaron a sus espaldas, era un contado grupo de combatientes.

Cansados, ambos hermanos pudieron ver a unos cuantos metros de ellos, una pequeña hilera de espadachines. Zuko pensó que venían por ellos, pero reconoció a un Ishin-shishi de alto mando, quien al divisarlo, le hizo un saludo de reverencia y siguió con su caminata.

Zuko y Hiroto respondieron la reverencia un poco más tranquilos pues no eran enemigos dispuestos al ataque. Se tomaron un tiempo para observarlos irse por otro camino entre murmullos…. Murmullos que para Zuko sonaban interesantes.

-Creo que están hablando algo sobre matar a alguien…-le informó suavemente a su hermano Hiroto, quien decidió tener la vista en el suelo todo el tiempo.

Hiroto conocía de lo enorme que era la curiosidad de su hermano, por ende le dijo que se acercaran un poco para escuchar, total, él también tenía muchas ganas que sacarse aquella imagen del asesino de la cabeza aunque fuese espiando otra cosa.

Se trasladaron lentamente hasta detrás de una gran roca, el pequeño grupo se había asentado a unos pasos de ahí para concluir con el plan en cuestión.

-…Fue una orden directa de Okubo y Matsusuke (kogoro Katsura) y se debe cumplir– habló un guardián de la élite al resto del grupo.

-pero… Makoto Shishio ha sido de gran ayuda para el Ishin-shishi, fue quien reemplazó a Battosai y culminó con misiones de gran importancia también! no podemos pagarle con esta moneda traicionera – refutó uno de los espadachines.

Ante la aclamación del nombre de Makoto, tanto Zuko como Hiroto se extrañaron, éste último volvió su mirada al campo de batalla y divisó al susodicho aun blandiendo su espada a pesar de que la guerra ya había culminado… sin embargo pareciese que al tipo poco le importaba y continuaba cortando a sangre fría la carne de sus enemigos con una cruel sonrisa de satisfacción… parece ser que habían dos demonios habitando Japón.

-es un maldito sanguinario...-continuó el guardián- ha cometido terribles asesinatos sin consentimiento ni ordenes, puede que eso haya ayudado en nuestra causa, pero para la nueva era Meiji, ese tipo no tiene cabida en ningún lugar.

-Debemos eliminar a Makoto Shishio, es una orden¡- recalco el guardián después de haber escuchado tres objeciones más.

Entraron en marcha nuevamente mientras que los hermanos volvieron a alejarse de la roca algo pensativos.

Después de unos segundos, Zuko soltó una pequeña carcajada mientras se recargó en un muro rocoso.

-valla… que hijos de puta-comentó.

Hiroto no más se encogió de hombros sin querer darle importancia y se acercó a su hermano dispuesto a largarse rápidamente a un centro médico donde atendieran a los heridos de guerra.

Pero antes de desaparecer entre los escombros de lo que fue una revolución sangrientamente victoriosa…Hiroto quiso observar al asesino una última vez.

Inevitablemente se sorprendió.

Del espadachín solo quedó su asesina katana clavada en el congelado suelo.

Hiroto jamás imagino que un arma que es tan común como lo es la suya propia fuera tan hipnótica, pero ésta sin duda no dejaba de cautivarlo… pareciera que tuviera alma propia… porque de ella veía que se desprendía el suplicio de los que fueron cortados bajo su filo… incluso… incluso podía escuchar que de ahí salían los desgarradores gritos de las victimas… era algo abismal, no supo porque Battosai dejo su arma tendida allí… pero en sus cavilaciones imaginó que tal vez sería su bandera de retirada…

Después de ello no volvió a saber de él en once largos años…


La silueta de ambos seres era apenas notable entre la torrencial lluvia y el frío.

Las imágenes de los hechos de aquel día eran muy nítidas para Kenshin, incluso podía recordar que tan dispersa era la nieve que caía, pero lo único que era un poco borroso… eran las caras de sus víctimas… porque fueron tantas que no ya cabían en su memoria, ni siquiera en lo que fue de sus espejismos mentales.

Observó el cielo gris y lluvioso por unos instantes, suspiró y volvió su mirada al cementerio.

De pronto le pareció que el lugar era muy similar a ese campo de batalla de hace once gélidos y solitarios inviernos…porque ambos eran los recipientes que contenían cadáveres, algo que para la vida de muchos o tal vez para todos, era una desgracia.

Y más cuando es un constante recuerdo.

Con la lluvia vino una ventisca considerable, Hiroto frotó un poco sus manos sintiendo más frío a pesar de usar prendas gruesas.

-la lluvia y la nieve no son tan diferentes después de todo…-comentó susurrante.

Kenshin se inclinó un poco.

-en ambos se siente la soledad, supongo- respondió éste.

-…Y mucho frío…- terminó Hiroto encogiéndose un poco buscando calor.

Con un sonoro carraspeo, continuó con su relato.


Me separé de mi hermano cuando terminó esa guerra, ambos queríamos tomar rumbos distintos y por mi estaba muy bien… Después de aquello pensé que todo volvería a mejorar… o por lo menos, en lo que yo creía que sería lo mejor.

-Esto no puede ser cierto- susurró Hiroto.

-pues es mejor que empiece por creerlo.

Hiroto vio como el reciente nombrado subalterno del superintendente de la policía imperial subía a su caballería y galopaba con calma sin que él pudiera aun comprender por completo lo que sucedió.

Los samuráis habían sido desterrados y prohibidos del templo Horyuji, el templo de la ley floreciente.

-¡ha sido el refugio de muchos de nosotros! – protestó un samurái momentos antes.

-ya no lo es, la ley de la casa de shibune se levanta a partir de hoy, este templo será removido y se convertirá en una estación comercial aunque se larguen o se queden, aunque es preferible que se larguen si no quieren sufrir consecuencias.

Había muchos ronin errantes que se refugiaban en el templo y alimentaban su espíritu para continuar con una lucha, después de todo, un gran terrateniente hace ya un par de siglos, veneró a los guerreros de élite en el templo siendo una poderosa fuente de Ego para ellos mismo, Para cualquiera que no fuese un guerrero de honor podría sorprenderse de cuanto se podía deformar la visión de una persona con la influencia espiritual de una sinagoga… para ellos corromperse no era obra de los dioses.

Pero ante la precaria y aterradora situación en la que estaban viviendo los samurais, muchos ya habían cometido el ritual del suicidio.

Parecía ser el fin de una maravillosa cultura casi milenaria.

La voz del subalterno sonó fuertemente autoritaria, más de uno se sintió fastidiado.

-¡¿así que eso quiere el emperador?¡ ¡destruir la clase samurái que tanto dio su sangre para que tomara de nuevo el mando de la nación solo para complacer a los extranjeros!…-estalló otro guerrero sin medir el contenido de sus palabras- ¡tenían pensado acabar con nosotros desde un principio, igual que Tokugawa¡

El subalterno, impasible, retomó su caminata hacia su caballo queriendo pronto largarse.

Hiroto agitó su cabeza intentando olvidar lo ocurrido momentos anteriores, fijó su vista al templo nuevamente, se inclinó en rezo y pidió por la luz de un nuevo camino y también… porque contuviera al furioso espíritu traicionado de guerrero que se moría de ganas de desenvainar el filo.

Pero antes de marcharse escuchó las palabras de otro colega que lograron detener su empresa.

-fue el decreto que firmó Hashimi…- quien habló parecía estar circunspecto de su situación mientras limpiaba el filo de su espada recargado en un muro del templo.- Pero el bastardo que acaba de irse mintió, Hashimi todavía no ha pasado carta al ministerio del interior, estoy seguro que si nos presentamos en su despacho podríamos… convencerlo.

Su rostro estuvo impasible todo el tiempo mientras sugería una alternativa "interesante" para los demás espadachines mientras que para Hiroto, que aquello le pareció costumbre según sus acontecimientos pasados, comenzaba a molestarle realmente.

Sentía curiosidad del porqué el gobierno quisiera desterrarlos antes de aprobar el decreto, tal vez ya no querían que fuesen vistos.

-¿Cómo sabes que fue él?- preguntó un poco hastiado.

En todo el tiempo en que se concentró en su katana, el espadachín levantó su mirada ante la interrogante de Hiroto.

-le salvé la vida a un idiota del shinsen-gumi en Boshin que ahora trabaja para el emperador, a cambio de ello me proporciona información fidedigna – por primera vez en el día, el tipo promulgó una misteriosa sonrisa que para apreciación de Hiroto, era desagradable.

Hiroto entrecerró sus ojos dándose cuenta de lo mucho que ha cambiado la esencia de un guerrero con el paso de los siglos, aunque la reflexión fue algo descarada si contaba con sus experiencias vividas.

-Entonces no nos queda más que dialogar con el respetado Hashimi antes de que entregue el decreto –secundó otro con la misma oscuridad que el anterior.

La pequeña comunidad no perdió tiempo ni siquiera para considerarlo un poco, pues la idea de evitar el denigre de su privilegiada condición como samuráis parecía ser la más urgente entre la pirámide de sus menesteres.

La marcha no se hizo esperar.

Hiroto decidió estancarse en el sitio mientras los demás caminaban pasando de su lado dejándolo atrás.

Tras quedarse un momento estático, decidió regresar al templo y reposar en uno de los escalones. Cuando lo pensó mejor, decidió entrar al lugar y reflexionar con los dioses.

Soltó un largo suspiro.

¿Qué debería hacer? ¿Entregar nuevamente su voluntad hacia su raza o clan? Tal vez sería mejor que algunas cosas tuviesen su curso, o quizás ¿debería comparecer ante la pequeña pero resonante voz que había empezado a aclamar en contra de sus convicciones e ir a impedir algún posible enfrentamiento?

La idea de actuar en ignorancia de lo cometido hace ya años atrás le era un poco inquietante e impensable.

Juntó sus manos y promulgó una plegaria mental.

Recuerdo muy bien que me pregunte a mí mismo y a los dioses si… realmente fuese tan malo darle un vistazo hacia el lado opuesto del camino que escogí…

El sonido de la meditación se hizo presente en su cabeza, pero nada parecía querer aclararse en su meollo mental, se dijo que era absurdo pensarlo tanto, casi nunca antes había puesto en detrimento alguna decisión… o era negro o era blanco, así de simple.

Pero parece ser que el peso de sus decisiones pasadas estaba comenzando a resentirse con su espalda, si podría decirlo así.

Ya oscureciendo, decidió pasar la noche en una posada cercana del lugar pues estaba agotado y tenía la intención de volver al lugar mañana, todavía tenía cosas que aclarar en su interior.

Ya recostado en un cómodo futon junto con las placenteras atenciones de las geishas y las empleadas que lo alimentaban…No logró descansar lo suficiente como quería.

Al día siguiente, con todo el esplendor del sol sobre él, se vio de pie frente al santuario solitario.

Ahora comenzaba a sopesar que debió acompañar a esos tipos y tal vez… evitar su cometido, es decir, posiblemente solo lo amenazarían pues nada ganaban con matarle si él era quien tuviese el poderío sobre el lugar… pero tal vez debió convencerlos de cambiar de opinión.

Aunque ni siquiera sabía porque estaba considerándolo, después de todo él también saldría afectado.

Tal vez quería ver un cambio en la nación… el cambio podría ser una opción aceptable… tal vez las cosas podrían mejorar después de todo… ¿no eran siempre cambiantes las épocas para los samuráis?

La era Kofun, la era Asuka, la era Nara, la era Heian… todas trajeron grandes cambios muy productivos y favorables para su raza guerrera, tal vez la era Meiji sería la mejor de todas ¿no?

¿No era la afamada época del cambio? El país necesitaba un cambio… los aldeanos necesitan un cambio… los niños, las mujeres… los guerreros…o tal vez…él necesitase un cambio.

Hiroto, quien se había quedado congelado en la entrada del lugar, soltó una sonora carcajada producto de la frustración, ¿en qué maldito momento empezó a considerar aquella idea?

Después de pensarlo tanto, incluso más que el día anterior, lo único que puede pedir en el templo fue simplemente una señal, solo una señal… y casi al instante sentí que el viento pululaba con fuerza sobre mí… no pensé que me respondieran tan pronto.

Sintió como el aire provenía desde muy dentro del lugar y luego golpeaba con fuerza en su humanidad, algo que para él, era simplemente mágico. No podía ignorar este hecho.

Volvió su mirada atrás y vio que pequeñas hojas de árboles eran arrastradas revoloteantes por la ventisca de una forma un poco peculiar.

Es como si indicasen un camino. Una señal.

Sin ningún escepticismo salió del templo dispuesto a ser guiado por el aliento de los dioses; A algún lado debería llevarle.

Por un momento imagino que el viento se detendría y que él terminaría en un camino sin nada relevante que mostrar y que tan solo fue como una medida de escape o de salida a la pequeña desesperación creciente que arraigaba en él.

Pero se equivocó…

A cada paso que andaba el aire continuaba golpeando en aquella dirección y siguió así por mucho tiempo, Hiroto imaginó que de tanto tiempo estar siguiendo el viento fuese imposible que no lo llevase a ningún lado.

De repente algo le alarmó.

El viento comenzó a soplar más fuerte como si le gritase que ya estaban cerca y cuando todo le pareció incluso más extraño... Un fuerte olor comenzó a llenar sus fosas nasales.

El putrefacto olor a sangre…

Más allá del camino notó una gran muchedumbre de personas discutiendo y a algunos oficiales que intentaban calmarlos. Entre los murmullos y algunas exclamaciones fuertes, varios de los presentes remilgaban en contra de criminales invisibles.

Se abrió paso entre ellos, y su campo de visión logró captar algo que ya se imaginaba pero aun así lo descolocó.

De entre el tumulto de policías, salieron cuatro de ellos llevando un cuerpo cubierto que aun chorreaba de sangre, era el legislador Hashimi.

Se alejó rápidamente y se adentró entre los árboles que estaban por el rededor de los hechos. Cansado, se sentó bajo la copa de uno intentado pensar calmadamente.

Le era muy extraño pensar que él había podido evitarlo… de igual forma como él pudo haber evitado centenares de muertes antes… pero no podía dejar de creer que había algo muy mal, mal en cada decisión que tomó… no podía cambiar nada y no debería de arrepentirse de nada. Con ese sencillo pensamiento pareció reponerse un poco aunque no del todo.

Solo fue supervivencia a una vida mejor, la vida que él merece, una vida llena de gloria y de todo lo que pudiese desear un hombre.

Pero no podía dejar de creer que le faltaba algo. Ante tanto revoloteo mental la fatiga le llegó muy rápido.

Durante toda la noche soñó con los rostros de los muertos…

No recuerdo cuantos años pasaron después de eso… sé que fueron tantos pero no me importaron, durante ese tiempo no conseguí lo que quería… al final solo pensaba en seguir con vida para saber cómo terminaría con ella…

-es un pueblo olvidado… tanto que cualquiera puede ser dueño de esa tierra.

Hiroto levantó su rostro ante el interesante comentario del que murmuraban varios hombres seniles en el hostal.

Decidió escuchar el resto de la conversación observando su pescado ahumado que le sirvieron. Comió un pedazo y agudizó su sentido del oído.

-cualquiera no, solo un desalmado y poderoso tirano como Makoto Shishio.

Bebió un trago de sake.

Con ello había confirmado que se estaba rumoreando sobre un muerto viviente y nada más ni nada menos que el grandioso y macabro Makoto Shishio. Terminó pronto y pago la cuenta.

Escuchaba sin tanto interés las advertencias de los aldeanos cada que pedía indicaciones para llegar a ese tal pueblo fantasma gobernado por el diablo.

Tenía demasiada curiosidad e interés en acercarse al lugar y comprobar que el tipo en verdad estuviese vivo. Muchas advertencias sobre derrocar al gobierno y el reclutamiento de un gran ejército fueron echadas con miedo.

-no me sorprendería si quisiera vengarse… - murmuró para sí mismo.

Pasó un día entero viajando, algo en el que ya se había acostumbrado, en todos estos años había recorrido tantas tierras sin nombre, curiosamente imaginó que todavía tendría muchos años más para desgastar sus pies.

Sospechó que estaba cerca del lugar mencionado cuando la tierra comenzaba a ser más y más infértil y muerta y el ambiente apestaba…

Llegó al comienzo de una aldea en destrucción… varios escombros aquí y allá… animales muertos y otros quemados… escombros y madera muerta de lo que alguna vez fueron el hogar de gente trabajadora, humo rebosante por todo casi todo el lugar… pero lo que más estaba presente en el pueblo era el fuego.

El fuego quemante igual al que fue usado en Shishio.

El fuego se había convertido en otra extensión del asesino.

Daba pasos tranquilos, pero pisando tan tremenda sequía, se volvían muy ruidosos, podía ver las miradas indeseables que brillaban en la oscuridad de los restos de aquella pequeña civilización. Poco le importó, podría acabar con ellos.

Parecía no encontrar nada interesante hasta que se topó con un joven.

Un niño que parecía imperturbable a pesar del entorno y además… tenía una sonrisa inquietante…

Lo observó por unos segundos y vio que el chico que seguramente no pasaría de los 14 años no dejaba de sonreír mientras lo miraba fijamente.

Le recordó mucho a Battosai…

Jamás en la vida imagine que la sonrisa de un niño pudiera ser tan amenazadora…

-me alegra saber que ha venido a nosotros por su propia cuenta.- el chico comentó con una considerable voz amistosa.

Hiroto entrecerró sus ojos, no se esperaba aquello, pero solo hizo la situación más interesante de lo que era, eso sin contar que el niño era un completo enigma pero al mismo tiempo, muy peligroso. Escondía muchas cosas.

La corriente de viento entre ellos creció.

-hay alguien que lo está esperando, dice que hacía mucho tiempo no lo veía y tiene algo de qué hablar con usted.

El chico le hizo una seña para que lo siguiera. Hiroto sin decir nada, decidió seguirlo apoyando su mano en su katana, quería estar listo y alerta por si se llegase a presentar un altercado.

Durante todo el trayecto ninguno dijo nada, el chico era muy impredecible para Hiroto que todavía le inquietaba de sobremanera que el niño despidiera un aura tan misteriosa.

Llegaron a una casona considerablemente grande y lujosa, incluso el aire en este lugar era más limpio que en el resto de la aldea, un lugar muy cómodo y apacible.

Una sensación extraña en el espadachín le había dicho que estaba justo en el centro del huracán.

Siguió al chico por unos cuantos pasillos y vio que se detuvo frente a una llamativa puerta.

-por favor espérelo en esta habitación. Las damas del lugar le servirán comida y sake, siéntase cómodo- dicho esto, se retiró sin dejar de sonreír.

Dudando un poco, Hiroto entró.

Encontró una habitación bastante peculiar, un gran escritorio occidental, una biblioteca rebosante de conocimiento extranjero y local, un sillón considerablemente grande, muy fino, podía jurar que su estructura era de oro, una decoración que podía jurar no era para nada del estilo nipón. Del techo colgaba un enorme candelabro que solo era visto en los edificios importantes del nuevo gobierno Meiji, la occidentalización.

Por ultimo un extraño y curioso stand de pequeños y medianos rifles… todos provenientes de américa e Inglaterra.

Podría sospechar de la actividad principal del negocio de esta gente. No le sorprendía.

Momentos después entraron mujeres del servicio, sirviéndole comida japonesa en una mesa inglesa ubicada al lado de un ventanal, con delicadeza le indicaron que se sentara y disfrutara del menú mientras que el hombre que quería verlo llegara.

Notó que frente a él servían un plato de comida extranjero y a su lado los extraños cubiertos con el que el tipo comería, claramente el bastardo no era muy japonés.

Eso le molestó.

Jamás estuvo de acuerdo con que una cultura tan vacía y hueca como la occidental inmigrase a tierra sagrada y mitológica como la de su país.

No tenía ganas de comer, por ende decidió esperar al sujeto calladamente imaginando quien que pudiese estar metido en este embrollo lo conocía y que era lo que quería de él. Repaso una lista mental de los conocidos que más pudiese recordar o si le debía algún favor a alguien, pero su mente no alumbraba su respuesta logrando incomodarlo, no era amante del misterio.

Escuchó la puerta abrirse a sus espaldas y al sujeto entrar.

-lamento la tardanza, pero tenía que arreglar algunos negocios.

La voz del hombre sonaba neutral, Hiroto no la reconocía de ningún lado aunque tenía un pequeño matiz familiar. No dijo nada y espero a que el tipo se hiciera presente frente a él.

Cuando el sujeto se sentó en su puesto, Hiroto pareció entrar en shock.

Sus ojos se abrieron con tal sorpresa… no… jamás lo imagino.

No pudo articular ninguna palabra y espero unos momentos a que se le pasara.

El sujeto lo miró atentamente y decidió cortar la carne que le habían servido esperando que no estuviese frio.

-es bueno verte de nuevo Hiroto, no has cambiado mucho a lo que recuerdo – le habló después de comer dos bocados.

Tras sentir que podía hablar, Hiroto decidió abrir la boca.

-…Yusei? – su voz sonaba atribulada.

Tras beber un sorbo de vino, la sonrisa nefasta del sujeto se amplió considerablemente.

-No no, hace mucho tiempo que deje de llamarme asi…

Volvió a tomar un sorbo y Hiroto trago con fuerza.

-Ahora me llamo Hoji, Hoji Sadojima.

"….Maldito bastardo…"


Notas de la Autora:

Oigan de verdad lamento la tardanza, desde la última actualización habían pasado demasiadas cosas como para tenerme concentrada, logre mi título, cuide a mi madre en el hospital, estar casi dos semanas enteras sola en casa haciendo de todo, aunque si tuve tiempo para escribir, pues como ya he admitido a algunas amigas, me desconcentro con mucha facilidad frente al computador XD

Sin embargo trate de mantenerme activa en mi grupo de Facebook, al que por cierto sigo haciendo la invitación, cualquiera que quiera ser parte de este grupo dedicado a este hermoso fandom, por favor háganmelo saber, entre más mejor¡

Sobre este capítulo y este fic… no sé cuántas veces he dicho que el siguiente será el último jajaja la cuestión de haberlo alargado es porque quería darle más motivos a Hiroto para caer duro contra el suelo, si podría decirlo así… no quiero poner a un tipo sin ninguna profundidad o sin ningún acontecimiento fuerte del pasado que pasase por alma en pena en el primer cap… quería hacer a alguien como kenshin, que tuviera de que arrepentirse y encontrar la razón de algo…

Yo entiendo que puede ser muy aburrido hablar de alguien que no es del manga o dedicarle un cap tan largo (el más largo de este fic hasta ahora) pero creo que fue divertido desarrollar a alguien nuevo, yo entenderé si les aburre, pero prometo que en el siguiente cap ya podremos ver la relación que éste tiene con Kaoru y su padre… espero que puedan tenerme paciencia.

Por último, el nombre del fic fue cambiado desde antes llamarse "corazón ingenuo" ahora será llamado "el coraje de vivir" un título mucho más adecuado para la temática de esta historia, además de que es el título de una historia de un escritor colombiano que no recuerdo bien el nombre ahora XD (no, no es García Marques) los capítulos anteriores serán actualizados con el nuevo nombre.

Espero de corazón que este cap les guste en verdad, Hiroto es algo complicado. Nuevamente me disculpo por la tardanza, espero que comenten también, me gustaría saber que les ha parecido hasta ahora.

Les deseo un buen día¡ saludos¡