Segundos, minutos, horas, años, siglos… una cálida lágrima cayó sobre su rostro, seguida de otra y otra más; no entendía por qué Wade había dicho eso, y con sus sentimientos atrapados en una confusa vorágine, no tenía idea de lo que sentía él, o de si podía o no corresponder a sus sentimientos, así que calló, permaneció en silencio mientras Wade le decía que le amaba, mientras las lágrimas del mercenario caían sobre su rostro, mientras sentía la perdida y el hueco que Wade dejaba al alejarse de él, mientras la desesperación lo embargaba al saber que una vez más le perdía, mientras Wade dejaba la habitación y la casa con la firme intención de no volver jamás.

Wade suspiró profundo mientras sacaba su zaherida humanidad de la cama, levantándose pesadamente para dirigirse al baño. Sonrió de forma psicópata mientras una de sus acostumbradas crisis existenciales lo torturaba; El objetivo de un mercenario en la vida es matar por dinero, matar mucho, por mucho dinero, pero eso en realidad había perdido todo el interés y la emoción hacía varios meses, así que, ¿qué se supone que hace un mercenario retirado? [En realidad no tenía idea de que los mercenarios se retiraban, morir en combate parecía mucho más… digno].

Una cabaña, o más bien una fortaleza, en medio del bosque, solo con su compañía y la de nadie más, sin humanos cerca para molestarlo, sin misiones cerca para tentarlo, sin… pequeños héroes arácnidos cerca para torturarle con la verdad de aquello a lo que nunca podría aspirar, aquello que anhelaba más que cualquier otra cosa en el mundo, el amor y la calidez de la compañía de otro ser humano. Era gracioso, en algún momento pensó que el rechazo del joven héroe bastaría para destrozar lo poco de humano que aún quedaba en él, aniquilar hasta la más pequeña señal de emociones y sentimientos, pero se encontró con que estos, antes bien morir, se multiplicaban como una plaga, torturándolo a cada hora de cada maldito día.

-Peter…- El mercenario suspiró su nombre una vez más, abrazando al dolor de su ausencia como una segunda piel, sabedor de que éste no desaparecería. Wade se desnudó lentamente y entró a la ducha, abriendo el grifo del agua fría, dejando que los escalofríos recorrieran su cuerpo y terminaran de despertarlo un poco, porque era en ésos momentos de la mañana, cuando aún no despertaba del todo, cuando más le pensaba.

Peter suspiró mientras observaba la cartilla con sus notas; ahí, entre todos esos números, se encontraban tres sietes y un hermoso y adorable seis que amenazaba en convertirse en cinco. La verdad era que podías ser un genio cuanto quisieras, pero cuando lo único que ocupaba tu mente las 24 horas del día eran un par de ojos azul índigo enmarcados por cientos de cicatrices, tus notas simplemente no podían sostenerse, sus padres lo notarían, estaba más que muerto y lo sabía perfectamente.

Caminó lentamente hacia su casa, pasando del automóvil que lo esperaba todos los días frente a la universidad, contando los pasos, las líneas en la acera, las hojas caídas de los árboles y prácticamente cualquier cosa que le privara de pensar en Wade más de lo que ya lo hacía, aunque sabía que realmente nada de eso funcionaría, porque no había forma de sacar de tus pensamientos algo que se había incrustado tan profundamente en tu ser.

Cada día que pasaba se odiaba un poco más, por haber sido tan cobarde , por no haber sido capaz de decirle al mercenario lo que de verdad sentía, por haberle dejado marchar cuando toda su alma le rogaba que se quedase a su lado, que no importaba si era un mercenario, si era mayor que él o si sus padres lo odiaban, que tenía que decirle lo que sentía… pero cuando pudo finalmente decir todo esto, Wade ya se había marchado, y no había esperanza alguna de que fuese a volver. Una amarga sensación se instaló de nuevo en su pecho mientras continuaba caminando, una soledad que le helaba la sangre y le instaba a encerrarse en su habitación y no salir nunca más.

-Wade… lo siento…- palabras tan suavemente susurradas al viento, que difícilmente serían percibidas por alguien más. -Wade… también te amo… por favor, vuelve…