Peter entró a la casa, dejó caer la mochila junto a la puerta y se deshizo de sus zapatos antes de pasar a la sala, donde sus padres lo esperaban sentados en el sofá, de brazos cruzados y mirada furibunda, con una vena a punto de reventar en la frente, mientras observaban una representación holográfica de la pequeña escena en la habitación de Wade, el día que se marchó… uno de ellos pausó la escena y ambos voltearon a verle, lo suficientemente lento como para que Peter tuviera tiempo de asimilar qué tan muerto estaba.
-¡Peter! ¡¿Qué, con mil demonios, se supone que acabamos de ver?!- Tony Stark solía ser comprensivo y hasta un tanto permisivo con su hijo, le prestaba el auto, le permitía usar su laboratorio, volver tarde a casa… era por eso que no podía comprender el hecho de que su hijo hubiese traicionado su confianza de esa manera, revolcándose por la mansión con un asqueroso y vil mercenario como Wade Wilson.
Peter sintió que el aire escapaba lentamente de sus pulmones para no volver; la sangre dejó de fluir por sus venas y el suelo desapareció debajo de sus pies. Ése era el día, moriría joven y a manos de su propio padre, y lo peor era que en realidad no le importaba, lo que sentía en ese momento no era miedo, ni vergüenza; sus ojos estaban fijos en la imagen del holograma, donde Wade lo abrazaba con ternura y pasión, segundos antes de decirle que le amaba, cuando aún estaba a su lado, antes de perderle para siempre… una daga afilada atravesó su corazón y las lágrimas comenzaron a fluir lentamente por su rostro mientras a lo lejos escuchaba el eco de los gritos de su padre.
-…mil veces que estaba prohibido bajar al sótano!- Tony continuaba gritando hasta que su esposo lo detuvo.
-Tony, basta. Es suficiente… Peter… ¿Estás bien cariño?
-yo… -Peter trataba, pero las palabras simplemente no lograban formarse en su cerebro, lo único que escuchaba en su mente una y otra vez era el nombre de la persona que amaba.-Wade… Papá, por… por favor, ayúdame a encontrarle…- las lágrimas seguían fluyendo por su rostro mientras el capitán Steve se arrodillaba en el suelo junto a su hijo, abrazándole fuertemente y tratando de darle un poco del consuelo que necesitaba.
-Shhh… todo estará bien cariño, tranquilo…- Peter no podía dejar de llorar, cuanto más lo intentaba más fuerte fluían las lágrimas; dios, sentía que su alma se fragmentaba en mil pedazos tan solo de recordar su rostro, su voz…
Peter manejaba el jet de su padre mientras sobrevolaba lo más profundo de los bosques en algún lugar entre el fin del mundo y la nada total, buscando en el radar formas de vida humana, sería capaz de buscar bajo cada roca en el planeta si existía la más mínima posibilidad de encontrar al mercenario. Un sonido en la maquinaria comenzó a escucharse de manera fuerte y constante dentro de la cabina, pero no era el radar, sino una de las múltiples fallas que el motor había estado sufriendo como consecuencia de lo accidentado de su expedición; había pensado que el trasto resistiría un poco más, pero a juzgar por la forma en que perdían altitud, ya no había más que hacer.
Fue necesaria toda su destreza como piloto para poder controlar el avión lo suficiente como para hacer un aterrizaje de emergencia en medio de dios sabe dónde, en un pequeño claro rodeado de árboles lo suficientemente altos como para competir con algunos de los edificios de su ciudad.
-Jarvis, control de daños, señal de emergencia con coordenadas y salvaguarda de la caja negra en caso de ser requerida; conteo de suministros y localización geográfica, por favor.- mencionó cada una de las indicaciones lentamente, tratando de mantener una calma que se balanceaba al borde del precipicio.
-En seguida señor.- se escuchó el acento inglés del A.I. mientras Peter caminaba por la cabina. Necesitaba encontrar a Wade lo más pronto posible, y estos contratiempos solo lo desesperaban más y más, solo dios sabía en qué clase de problemas podía estar metido el mercenario.
-Jarvis?
-Señor?- respondió el A.I. a la espera de la siguiente indicación.
-Saldré a explorar un poco la zona.- anunció Peter, antes de tomar una mochila con suministros del compartimiento de emergencias y saliendo al gélido aire de montaña que se respiraba en el exterior.
-¿Escuchaste eso, Wormtail?- Preguntó Wade, dirigiéndose a la pequeña rata albina que, muy tarde, descubrió que se había colado en su equipaje al escapar de la mansión Stark. El pequeño roedor le miró inquisitivamente mientras dejaba su pequeña galleta del almuerzo, segundos después agitó levemente las orejas y continuó comiendo.- Quédate aquí, Wormtail, hay bichos malos afuera.- Wade acarició suavemente la cabeza del roedor mientras tomaba una de sus katanas y se dirigía afuera de la pequeña y acogedora cabaña, dispuesto a proteger a la única forma de vida que por ahora le hacía compañía, deseoso de combatir contra cualquiera que fuese el origen del estrépito anteriormente escuchado a unos cuantos kilómetros de ahí.
