Después de media hora de caminar en círculos concéntricos alrededor del accidente, Peter realmente se estaba cansando de vagar por el espeso bosque, la constante y helada brisa invernal se colaba por entre las ramas de los inmensos árboles, sus pies se hundían en el húmedo musgo que cubría el suelo, podía ver su aliento pintando el aire frente a sí mismo, cada paso costaba un poco más que el anterior y no se observaban signos de civilización o vida humana por ningún lado; al encontrar una conífera especialmente elevada decidió subir a la copa para tratar de ubicarse un poco mejor, pero kilómetros y kilómetros de frondosos árboles cubiertos de escarcha eran casi la totalidad del paisaje que lo rodeaba, sin contar las enormes montañas coronadas en nieve.
Bajó de nuevo y continuó andando, los minutos y las horas comenzaron a transcurrir más lentamente, la temperatura comenzaba a descender considerablemente y estaba a punto de volver a la nave cuando las vio. Delgadas y profundas marcas en la corteza de uno de los árboles más gruesos del lugar, no eran garras de oso o algún otro animal salvaje, no eran marcas de hacha o motosierra de algún leñador, no, estas eran las huellas inconfundibles de una afilada y mortal hoja de acero, una katana.
Continuó su camino por entre los árboles, siguiendo el rastro de las marcas en los troncos, cada vez más frecuentes y más profundas; una sensación dentro de su pecho comenzó a despertar lentamente, creciendo con cada latido de su acelerado corazón; ¿quién más podía ser sino él? Después de todo, el último rastro, aunque poco preciso, lo había guiado directamente a ese desolado rincón del mapa.
Wade caminaba despreocupadamente por el bosque, conocía cada centímetro del territorio como la palma de su mano, y era capaz de recorrerlo con los ojos cerrados; se dirigió al lugar de donde había venido el poderoso estruendo escuchado, al juzgar por el eco producido en las montañas no estaba a más de un par de kilómetros de la cabaña; fuera lo que fuera, debía asegurarse de que su pequeño y tranquilo refugio permaneciese libre de intrusos. Mientras caminaba, notó con cierta indiferencia que se había vuelto terriblemente silencioso, tanto como el bosque que lo rodeaba; en otro tiempo y lugar había llegado a ser realmente ruidoso pero ahí… en realidad no había nada que lo inspirase a abrir la boca, a decir estupideces, a tararear canciones absurdas y dejar salir automáticamente cada uno de sus pensamientos… estaba muerto, por dentro, tan frío como la nieve que justo comenzaba a caer; quería regresar a como solía ser antes, daría su alma mortal por desprender de su piel aquellas caricias, por borrar de sus labios la dulzura de sus besos, por desterrar de sus noches los sueños invariablemente invadidos por él, por su sonrisa, por sus hermosos ojos; daría cada gota de su sangre por evitar despertar cada mañana gritando su nombre en un gemido estrangulado por el dolor… era algo realmente extraño de ver, un mercenario sufriendo de amor, una pequeña risa psicótica brotó de sus labios, algo corría por su rostro y al zar una mano para removerlo notó que eran lágrimas… ¿cuánto tiempo llevaba llorando? Daba igual, eso pasaba cada vez que pensaba en él, más o menos cada maldita hora del día, y ahora recordaba por qué se había vuelto tan silencioso… sólo ahí, en medio de ése gélido pedazo de infierno, sólo una palabra brotaba de sus labios…
-Peter…
Peter caminaba a pasos apresurados entre los árboles del bosque, siguiendo sin descanso el rastro de cortes, un único pensamiento cruzaba su mente, y este tenía nombre y rostro; su corazón latía apresuradamente ante la idea de poder verle de nuevo, estaba tan cerca que podía sentirlo, como un ligero estremecimiento dentro de su pecho que le hacía avanzar automáticamente, aún sin saber dónde estaba o a donde iba; el ligero crujido de una rama lo hizo detenerse por completo, girando su cabeza hacia el lugar de donde provenía; permaneció en completo silencio, sosteniendo la respiración mientras trataba de averiguar qué había sido ese ruido… Entonces lo vio, había oscurecido más rápido de lo que pensaba y la luz de la luna resaltaba un traje tan rojo como la sangre misma y tan negro como la noche; su corazón se detuvo, sus ojos se cruzaron y la sangre dejó de fluir por sus venas el segundo en que su cerebro trataba de asimilar lo que estaba sucediendo; era él, frente a sus ojos, estaba vivo y estaba bien, y lo único que Peter deseaba, lo que más necesitaba en el mundo era correr a sus brazos, que Wade le sostuviera en los suyos, que le mirara a los ojos y le dijera de nuevo que le amaba, porque Peter también le amaba, demasiado, al punto que era doloroso para él, y necesitaba decirlo ahora mismo o moriría de dolor, sepultado en esos sentimientos. Pero el momento terminó demasiado rápido, en un segundo Peter estaba listo para correr hacia él y decirlo todo lo que sentía y al siguiente Wade se daba la media vuelta y comenzaba a andar tratando de ganar distancia entre él y el joven héroe. Peter sintió como su corazón se rompía por segunda vez, desgarrado por el intenso dolor de ver al hombre que amaba alejarse de él nuevamente.
Era él… Wade no podía creerlo, no quería creerlo. El pequeño arácnido estaba ahí, en el bosque, parado frente a él, observándolo fijamente como si esperase algo… no podía creer que se atreviera a seguirlo después de lo que había pasado…-No… no-no-no-no-no…- Wade susurraba casi inaudiblemente mientras su corazón comenzaba a latir tan fuerte que pensó que su pecho estallaría en cualquier momento. No era posible, él no podía estar ahí, él no lo quería, nunca lo quiso y nunca lo haría… y no lo culpaba, después de todo ¿Quién podría? ¿Quién en el universo sería capaz de amar a un ser tan dañado y deforme como él?
Dicen que los mercenarios nunca se rinden, que no retroceden jamás ante un enemigo, pero la única gota de sentido común que le restaba le gritaba desesperadamente que se fuese de ahí, que pusiera la mayor distancia posible entre él y la persona que estaba frente a él en ese momento. A Wade lo habían torturado en el pasado, de formas que llenaría de horror a cualquiera dispuesto a escuchar, estaba acostumbrado a increíbles cantidades de dolor más allá de la capacidad de resistencia de cualquier ser humano, pero lo que había sentido ésa noche en los brazos de Peter, lo que sentía cada noche que soñaba con él, cada vez que pensaba en él… iba mucho más allá de cualquier dolor, era agonía en estado puro, tan indescriptible como el amor que aún sentía por el menor y que lo mataba lentamente, un poco más con cada latido de su corazón…
Dicen que los mercenarios son capaces de enfrentarse a cualquier cosa, pero no era así, no con Wade al menos, porque ya había sufrido suficiente a causa del pequeño héroe que se encontraba de pie frente a él, porque su corazón ya había sangrado lo suficiente por su causa y porque habría que ser estúpido para querer revivir el infierno en que se sumió después de como terminó su último encuentro; así que no, Wade no tenía la más mínima intención de enfrentarse a Peter en ese momento, y la prueba era que sus pies había comenzado a moverse sin pedir su autorización y cuando se dio cuenta, ya se había dado media vuelta y comenzado a caminar de regreso a la cabaña, tratando de huir no solo de Peter sino del insoportable dolor que el hermoso y angelical rostro le provocaba.
Peter permaneció de pie, como si le hubiesen clavado al lugar en el que se encontraba, sus ojos escocían por las lágrimas que no dejaban de fluir, corriendo por su rostro hasta desplomarse fundiendo la fría nieve a sus pies… había recorrido medio mundo dispuesto a entregar su corazón al mercenario y lo único que tenía ahora era un vacío profundo y una herida tan dolorosa que dudaba que algún día pudiera sanar; automáticamente llevó su mano a su boca, tratando de ahogar el agónico gemido que escapó de sus labios al verle partir… -Wade…
