Hay sueños que duran para siempre (dependiendo de lo que entiendas por siempre)

En un principio, la idea de pasar tiempo con Sirius y Remus limpiando inodoros no le pareció tan mala a James. Al menos no tan mala en comparación con lo que les podría haber pasado después de hacer saltar por los aires un dormitorio; pero al tercer día, con las manos mojadas y llenas de jabón y el olor de los productos de limpieza metidos hasta el cerebro, los tres chicos empiezan a plantearse si no habría sido mejor tirarse de la torre antes de que McGonagall hubiera entrado.

- Otra mancha marrón y os juro que me suicidaré y no dejaré nota-gruñe Sirius apartándose el pelo de la cara -, ¿Cómo es posible que los muggles hagan esto todos los días?

- ¿Lo hacen todos los días? - gime James aterrado; lleva el flequillo recogido con una cinta, dejando la frente al descubierto, lo que el segundo día ocasionó comentarios del tipo "pareces un chica James; te saldrán tetas, James; ¿quieres un pintalabios, James?" por parte de Sirius, pero el chico contestó simplemente "no quiero que mi precioso pelo se manche de caca ajena" - Es imposible hacer esto todos los días.

- ¡Claro que no lo hacen todos los días! - Remus pone los ojos en blanco-Esto es un castigo, ni siquiera aquí los limpian todos los días con magia.

- Ay, pues qué asco.

- ¿Te molesta?-Sirius vuelve a la carga con sonrisa socarrona-¿Temes que tu fino culo se manche con sustancias de otros? ¿Quieres que le pidamos a Dumbledore papel más fino, señorita?

- ¡Me tienes harto! - James le tira el estropajo a la cara y Sirius se aparta.

- ¡Así es como lanzan las chicas!

Remus no deja de frotar el suelo; se ha acostumbrado demasiado a las continuas peleas de los dos. En realidad ya ni le molestan porque sabe que en cinco segundos, James se habrá cansado y Sirius estará preparando otra frase ingeniosa (o que él considera ingeniosa) para fastidiarle.

- Hola, chicos, pasaba por aquí y me preguntaba si…-Peter les mira desde la puerta-Si os vendría bien mi compañía…

- Claro, me tranquiliza mucho tenerte plantado en la puerta, de hecho ya me siento mejor, no es como si llevase limpiando mierda tres días seguidos.-gruñe Sirius tan bajo que solamente Remus y James le escuchan. El segundo se ríe, pero Lupin mira a Peter con compasión.

- Sí, está bien que nos hagas compañía, Peter, gracias.

- Remus, -Sirius ladra y se sienta en el suelo mojado- ¿sabías que James es tan repelente como tú cuando está con sus padres?

- ¡Te comerás este guante!

- Mami, te quiero, me voy a mi cuarto a estudiar, pero antes permíteme que recoja la mesa… - Sirius escenifica y Peter ríe, pero capta la mirada de asesino de James y al momento hunde la cabeza en el hombro - Papi, ¿me permites que te sostenga el periódico mientras lo lees? - hace una reverencia.

James no dice nada, está de pie, con una bayeta en la mano y un cubo en la otra, observando fijamente cómo su amigo le imita con demasiado acierto.

-Sirius… - Remus le advierte vacilante.

-¿Qué? - el chico de pelo largo sonríe ampliamente - ¿Tienes miedo de que James te quite el puesto en el grupo?

-¿El grupo? - repite Remus sin comprender.

-Sí, el grupo; James el gafotas, Sirius el fantástico, Remus el repelente y Peter.

Se hace el silencio en el baño; lo único que se escucha es un grifo gotear y la respiración agitada de un Peter al que le brillan los ojos porque ha sido incluido en "el grupo".

- Más bien Sirius el bocazas. - gruñe James.

- Técnicamente tú tienes la boca más grande y…

Nunca sabrán que quiso añadir Sirius, porque James se lanza contra él con todas sus fuerzas y el empujón les estampa a los dos contra los espejos. Los dos chicos agradecerán cientos de veces a Lupin sus reflejos en ese momento.

- ¡WINGARDIUM LEVIOSA!

La habitual suave voz de Remus retumba en las baldosas del baño, pero es ese grito el que impide que el espejo choque contra el suelo y se rompa en mil pedazos.

- ¡Sois unos animales!

- ¡Sirius, eres imbécil!

Y vuelven a la carga; evidentemente Sirius es más fuerte, pero James sabe cómo esquivar los golpes. Se conocen demasiado bien como para no prever los movimientos del contrario. Remus deja suavemente el espejo en el suelo y les mira con el ceño fruncido. En ese momento, el pelo de James vuelve a estar cubriéndole la cara porque Sirius le ha arrebatado la cinta y la ondea en el aire como una bandera a una altura que el otro niño es incapaz de alcanzar.

Y Lupin se harta. No sabe por qué lo hace. No sabe ni cómo se atreve, pero el caso es que camina a paso lento y primero pasa el brazo derecho, después la pierna izquierda, el brazo izquierdo y luego la pierna derecha; y se encuentra ahí, con la cabeza de James en un hombro y la de Sirius un poco más arriba en el otro. Pero el caso es que dejan de pelear.

- Chicos…- susurra Peter desde la puerta. Pero nadie le hace caso.

- ¡No te metas, Remus! - se queja James.

- ¡Aparta, Remus! - pero Sirius no se atreve a tocar a su amigo, ¿y si se rompe en mi pedacitos como las tazas de mi madre aquella Navidad?

- Chicos…

- ¡¿QUÉ?!-gritan los tres al mismo tiempo.

- Que… la… pared…

El lugar que antes había ocupado el espejo es ahora un enorme boquete en la piedra, no es muy grande, pero lo suficiente como para que una persona pueda deslizarse por él.

- ¿Qué es eso?-Sirius se asoma-Hace frío.

- ¡Es un pasadizo! - exclama James mirando hacia la oscuridad - ¿A dónde lleva?

- Eso es fácil de averiguar, - Sirius vacila un segundo, ¿y si hay un dragón al otro lado? ¿Y si me quedo atrapado y no puedo volver? ¿Y si…? - yo me ofrecería voluntario, pero el espacio es demasiado pequeño para mí.

- Sí - James asiente -. Peter, ¿por qué no pasas por ahí y nos dices qué hay al final?

- ¿Y…yo? - el niño les mira con ojos asustados - Pero… Pero James, tú eres más pequeño que yo… Yo… Yo no quepo de ancho y…. Eres más delgado y…- Se sonroja.

- ¡Pero qué voy a ser más delgado que tú! - miente James descaradamente ganándose una larga mirada de Sirius y Lupin que dice "tío, te has pasado."

- A ver - Remus se lleva la mano a la barbilla -, es lógico que Peter no quiera pasar, al fin y al cabo no sabemos lo que hay al otro lado. Es totalmente normal que tengas miedo, Peter; nadie te va a juzgar si te no te atreves a cruzar. De verdad.- No, en serio, te vamos a martirizar por el resto de tu vida si no lo haces.

Sirius abre la boca sorprendido, vaya con Mudito, y parecía una mosquita muerta.

- No, no, no…-Peter corre torpemente hacia ellos y apoya las manos en el hueco, no sin antes tragar saliva-¿Veis? Voy a subirme - por favor, impedidlo - ¿Lo veis? Ya estoy casi dentro - por favor… - N… Nos vemos luego.

Peter gatea en la oscuridad y pronto sus gemidos similares a los de un cerdito desaparecen. Los tres se quedan de pie, en silencio, hasta que (cómo no) Sirius habla.

- Tíos, ¿y si la palma?

- Bueno, tampoco creo que nadie lo notase.-suelta a bocajarro James.

- ¡Tío! - Sirius y Remus abren mucho los ojos.

- Me refería a que se notaría menos si él muriera que si fuéramos uno de nosotros, no es que quiera que se muera ni nada de eso.

- ¡Está bien!-Lupin suspira cansado-Iré tras él por si le pasa algo.

- ¿Qué? - Sirius se coloca delante de la entrada antes de que el joven hombre lobo se acerque - ¡Ni hablar! - si hombre, y que te quedes sin aire ahí dentro o que te hagan algo o que no puedas volver o… - Iré yo y os quedáis los dos aquí.

Finalmente deciden que Sirius irá primero, porque soy el más fuerte y os protegeré a ambos, después Remus que asiente sin rechistar y tras él Jamesno es que vaya el último porque tenga miedo, es más bien cuestión estratégica; si nos atacan por la espalda, defiendo yo.

El túnel es pequeño, pero tampoco demasiado; los tres se arrastran a gatas, lo peor es la oscuridad absoluta y el frío que Sirius siente en el rostro mientras camina.

-Remus ten cuidado, yo no me sentiría muy seguro con la cara pegada al culo de Sirius…-murmura James y su voz hace eco en todo el pasadizo.

-¡Te partiré las gafas en cuanto salgamos de aquí, James!

Y los tres ríen, y por un momento se olvidan del miedo que realmente les da estar recorriendo un camino desconocido, o el hecho de que no saben si tiene final, o simplemente y como dirá Sirius después podríamos haber acabado en la bañera de Dumbledore y eso sí que habría sido horrible.

Pero no acaban en ninguna bañera y no está Dumbledore acicalándose; en su lugar, un sonriente Peter les saluda con entusiasmo ¡Lo he conseguido, chicos, chicos, chicos!, pero ellos no le hacen ningún caso. Remus se envuelve en la capa.

Están en el exterior.

- Eso son los invernaderos de Herbología. - señala Sirius a lo lejos (no por nada odia con toda su alma ese sitio) unos tejados de cristal que se distinguen entre las copas de los árboles.

- Aquí no suele venir gente, la hierba está muy alta. - comenta James mientras le da una patada a una rama caída.

- Es cierto…

Peter se agacha y empieza a amontonar nieve con las manos desnudas; queda poca y las manos se le llenan de tierra, pero no le importa; recoge unas pocas ramitas y continúa con su obra de arte.

Mientras tanto, los tres chicos caminan un poco entre las altas hierbas, y es Sirius el que a voz de grito les llama.

-Mirad.

Una enorme estructura de cristal se alza ante ellos: es un invernadero abandonado. Las ramas de los árboles se han hecho dueñas del lugar y la hierba no respeta la piedra del suelo que lleva desgastada cientos de años. Las mesas de madera, podrida por la humedad se despedazan cuando Lupin pasa la mano por encima.

- Este sitio…

-¡Este sitio es genial!-exclama Sirius pasándole un brazo por los hombros a un sorprendido Remus que todavía no se cree que Sirius siempre quejándose de todo Black le esté rozando. Y se quedan ahí un rato, juntos, hombro con hombro, hasta que una bala llega corriendo y James suelta un larguísimo "guuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaaaau" en un tono extremadamente agudo. Sirius le coge de la capa y le arrastra junto a ellos dos. Los tres se quedan muy juntos, casi sintiendo el latido del que no es su propio corazón. Sirius le revuelve el pelo a su mejor amigo y mira a Remus-porque siempre será Remus, Remus sin más, porque siendo eso, simplemente Remus, es y será siempre más que suficiente-y los dos se sonreirán.

Peter llegará un poco más tarde no me dejéis atrás y se quedará igual de sorprendido.

Y cuando sus estómagos empiecen a rugir será cuando se den cuenta de que es hora de volver al castillo, pero será sólo eso, el hambre, lo que les hará salir de un sueño blanco y salvaje que de un modo u otro duró mucho, mucho tiempo.

Razones por las que odiar San Valentín

Remus camina por el pasillo con rapidez; no es algo habitual en él, siempre calmado, siempre calculando dónde pone el primer pie y dónde pone el segundo, pero ese día es diferente. El ambiente en Hogwarts no es serio, no es tranquilo, ni siquiera produce esa sensación de calma y estabilidad que suele caracterizar al colegio.

Pequeños grupos de chicas cuchichean en las esquinas, riéndose como gallinas mientras miran al grupo que hay delante de ellas, formado por varios chicos que actúan de la misma forma estúpida. Remus no es alguien que juzgue a primera vista (bueno, sí que lo hace, pero al menos intenta comprobar si ha acertado-que generalmente sí-o no), pero la actitud de los alumnos de cursos mayores es tan irritante que se permite el lujo de llamarles internamente "estúpidos".

- Hola, guapo, ¿quieres salir conmigo?

- Muy gracioso, James.

El niño de gafas se coloca delante de él, caminando de espaldas y le mira sonriente.

- ¿No te gusta San Valentín?

- Toda esta fiesta es estúpida, ya te lo explique el otro día.-responde calmadamente.

San Valentín no les ha pillado por sorpresa a ninguno de los dos; una semana antes, un acalorado James entra en el dormitorio con un calendario en la mano y señala el número 14 que alguien previamente ha rodeado con un corazón.

- ¡Es el día de los enamorados, Remus! ¡Lily!

- ¿Estás enamorado de Lily o qué?

- No, no…-James se muerde el labio-No lo sé, pero es guapa ¿no?

- Sí, Lily es guapa.-y lo dice de corazón. Si a Remus le preguntasen por la chica más guapa del curso no dudaría un segundo en nombrar a la niña de cabellos rojos y brillantes ojos verdes. No es que Remus sienta interés en ella, al menos no de esa forma, pero es un tipo objetivo. Las cosas son como son: Lily Evans es preciosa. Por eso, mira al chico que tiene delante; James es guapo no es que lo piense a todas horas, no es que me fije en James de ese modo, simplemente es guapo, es lo que yo no soy, sin más, tiene un pelo acorde con su personalidad y el pequeño licántropo duda que alguna chica pueda resistirse a esa sonrisa cautivadora. En ese sentido, James es probablemente la persona perfecta para Lily Evans, pero por otro lado… James es desordenado, es engreído, no le gusta estudiar (aunque para su suerte tiene buena memoria, igual que Sirius), apenas se preocupa por llevar el uniforme bien puesto, molesta, habla demasiado alto, interrumpe en clase, llama la atención demasiado y sobre todo eso, eso que Remus notó desde el primer momento en que le vio: James Potter es un borrego.

Y como es un borrego y un cretino, Lily Evans no se fijará en él nunca, pero eso (ahora que son amigos) no se lo va a decir.

- Le he escrito un poema y como tú siempre lees poemas y esas cosas había pensado que me podrías dar tu opinión.-le tiende un papel arrugado.

- Está bien… - Remus coge el papel a desgana y empieza a leer, y mientras sus ojos se deslizan por las líneas de letra infantil empieza a reírse-¡Pero James! Hazte un favor a ti mismo y quema esto antes de que lo vea Sirius, por favor.

- ¿Por qué?

- ¡Porque es excesivo hasta para mí!-bien, dejando claro que soy el límite de lo cursi, bien - Quiero decir, que tiene muchas faltas, James. Y los poemas suelen rimar, no tiene mucho sentido que digas "tu pelo es precioso, Lily" y en el siguiente verso pongas "cuando te veo siento que monto en escoba"; primero porque como ya te digo, no rima y segundo porque no sé dónde le ves lo bueno a que una chica te produzca la misma sensación que un palo en el culo.

- ¡Pero el Quidditch es genial! ¡Y Lily es genial!

- ¡Pero que no rima!-Remus se exaspera-Y has escrito escoba con uve y te aseguro que si el señor Bécquer leyese esto se enfadaría mucho contigo.

James coge el papel aterrado y lo tira debajo de su cama, porque evidentemente no quiero que un tipo con un nombre tan siniestro se enfade conmigo.

- No haré nada entonces…

- Regálale chocolate, a todo el mundo le gusta el chocolate.

- En realidad yo también creo que San Valentín es una chorrada, pero a las chicas les gusta…

- ¿Le has dado a Lily los bombones?

- Bueno…- el niño vacila - En realidad no me he atrevido a dárselos y con un hechizo los he dejado en la puerta de su dormitorio con una nota, ¿sabías que las escaleras de las chicas se convierten en rampa cuando intentas subir por ellas?

- No. - miente Remus tampoco es que quiera que piensen que he intentado subir a ese sitio.

- Pues sí - James se remanga el jersey y le enseña el brazo con un montón de arañazos-. Escuece un poco.

-Déjame ver… - Remus se detiene y coloca sus largos dedos sobre la piel de James, que se estremece - ¿Qué pasa?

- Estás frío. - ríe el chico.

Remus pone los ojos en blanco y recorre la herida sin tocarla. No es que sea un experto en medicina ni nada por el estilo, pero si hay algo de lo que Remus Lupin entiende es de heridas, de rasguños y cicatrices; y la de James es bastante superficial, sabe que no le dejará marca, pero prefiere jugar un poco con él.

- Tiene mala pinta…- dice con voz preocupada - De hecho no sé yo si…

-¿Si qué? - James abre los ojos aterrado - ¡Remus!

-El brazo, el brazo… James… No sé yo si el brazo…

- ¡No! - James se pone las gafas en la cabeza y le coloca las manos en los hombros con los ojos marrones, que ahora parecen mucho más grandes brillando llenos de pánico - No me digas eso Remus, no podré jugar a Quidditch sin brazo y…

- Que es broma.

Y se ríe. Lupin empieza a carcajearse y se lleva las manos a la tripa mientras sus mejillas, sonrosadas y adornadas con una cicatriz antigua se inflan como dos globos. James se queda con la boca abierta, y sólo se da cuenta de que tiene cara de idiota cuando él mismo empieza a reírse.

- Remus, no me tomes el pelo o me veré obligado a pegarte.

- Tu cara… - Lupin sigue riéndose y las palabras se ahogan en su garganta - Es que… Tendrías… Que… Haber… Visto tu cara, James… En serio…

Y ahí está, el habitual tranquilo y pacífico Remus Lupin, casi partiéndose en dos. Los papeles se han cambiado y ahora es James el que le mira severamente "Remus, voy a tener que prohibirte que te juntes con nosotros ¿eh? ¿Qué es lo próximo? ¿Escupirle a Snape?" Y Remus se limpia las lágrimas porque no, porque nunca seré tan cretino como vosotros.

- Eh, mira, parece que hay alguien que sí que disfruta de San Valentín.-dice James entonces, levantando el brazo descaradamente.

En el pasillo, Sirius se apoya en la pared y una chica (que si no se equivocan pertenece a Ravenclaw) sí, esa que se llama… Sarah o Sophie o… y Remus suspira Natalie. Se llama Natalie, James.

La niña está sonrojada, se mira los zapatos todo el rato y parece que tartamudea cuando le entrega un pequeño paquetito a Sirius, que se encoge de hombros y lo acepta. El chico parece dudar un segundo, no sabe qué hacer el muy idiota dice James. Exacto. Sirius se debate entre dar "gracias" o simplemente marcharse y finalmente se decide por lo segundo. Ve a sus dos amigos de pie y se acerca con sus andares que dicen "por aquí paso yo y nadie más".

- ¿Entendéis por qué esa niña me ha dado esto?

- ¡Qué más da!-James se lanza sobre él y le coge la caja-¿Es chocolate?

Y sí. Es chocolate. Chocolate blanco, ¡esos para mí! pide Remus metiéndose varios de vez en la boca, chocolate con leche que James engulle como si no hubiera mañana y unos cuantos de chocolate negro, amargos, que Sirius devora, manchándose la comisura de los labios.

- ¡Ojafa todobs los bías juera fan balenfin!-exclama James.

- Y aún no sabes lo mejor de todo…-murmura Sirius por lo bajo.

- ¿Gué?

- Tú espera…

Remus no sabe por qué pero algo le huele mal (y está seguro de que Snape no está cerca). Snape no, pero en ese momento, un muchacho regordete les alcanza con una sonrisa amplia. James le saluda con un "No quedan bombones, Peter, pero si quieres los vomito y…" que Sirius corta con una colleja a veces me sorprende lo asqueroso que puedes llegar a ser para pertenecer a la nobleza. Y se enredan en una pela de quién es más noble y quién es más puro y finalmente acaba ganando Sirius porque tengo elfos que me limpian las suelas de los zapatos.

- Chicos…- Peter no quiere interrumpir la broma, por lo que espera a que se calmen y entonces, con el pecho hinchado y los puños apretados, su voz suena más aguda que de costumbre -¡Me he besado con una chica!

Silencio.

El más absoluto de los silencios.

-¿Peter? - es Remus el primero en poder abrir la boca.

-¿En serio? -James le secunda.

-¿Por qué dentro de todas las cosas asquerosas del mundo ibas a hacer eso?-aporta Sirius.

-Ella me dijo que yo le gustaba y bueno, pues primero fuimos al jardín y no me atrevía pero le cogí de la mano y paseamos y me dijo que se había fijado en mí desde el primer momento y que quería verme y que sus amigas estarían muy orgullosas de ella, que qué envidia-en esta parte de la explicación James da un paso hacia atrás y esconde la cara detrás del hombro de Sirius incapaz de aguantar la risa-y que tenía mucha suerte de estar conmigo porque claro, porque me dijo que en un principio pensó en Sirius pero que luego se fijó en James y que Remus estaba bien pero que yo era el mejor, no os ofendáis ni nada, ella dijo que erais muy guapos todos pero no sé, y luego nos besamos y era húmedo y ella es guapa y…

- ¿Quién es? ¿Quién es ella?-pregunta Sirius con expresión seria, tan seria que no parece él.

- Loreta, Loreta Johnson.

Y entonces el cielo se rompe, las paredes se resquebrajan, o al menos eso parece cuando James y Sirius se ríen tan alto que todo el mundo se gira hacia ellos en el pasillo. Remus entrecierra los ojos aguantándose, pero finalmente es incapaz y se tapa la boca con la mano, sintiéndose extremadamente culpable. Loreta Johnson o "esa tiene que ser hija de un troll y una giganta por lo menos" como dice Sirius, o "¡pero con esos dientes de rata que le rozan la barbilla y ese olor tiene que haber nacido en las cloacas!" como apunta James, o como suele concluir Remus "tampoco es tan fea, simplemente le sobra pelo en el cuerpo".

- ¿Qué pasa? -Peter parece preocupado.

- ¡Qué arrestos los tuyos, Peter! - Sirius respira hondo - No solamente besas a una chica sino que encima a la más fea del colegio; podrías haberte apostado algo con nosotros, que te aseguro que habríamos perdido.

- Pero…

Pero no se llega a escuchar lo que sigue a ese pero, porque un grito femenino inunda el corredor contiguo y los cuatro chicos, curiosos por naturaleza, esquivan a los mayores para estar en el foco del problema. Tan pronto como giran la esquina, James se queda helado y su habitual tono de piel pálido pasa a ser verdoso.

Lily Evans está de pie, con los libros en el suelo, mirando fijamente la pared, con los ojos casi fuera de sus órbitas, donde claramente, con letra infantil y enorme se puede leer:

"Lily Evans, con solo escuchar tu nombre puedo sentir el biento en mi cara; cada vez que te beo por los pasillos mi corazón palpita tan rápido como cuando los Chudley Cannons casi ganaron la Liga hace dos años; tu pelo es precioso, Lily, cuando te veo siento que monto en escova. Oh, Lily Evans, eres tan preciosa que hasta las flores te tienen embidia"

El pasillo se llena de cuchicheos; las chicas del curso intentan ver la firma que hay un poco más abajo y que un segundo después todo el colegio observa: James Potter.

Y James Potter se encoge sobre sí mismo cuando Lily se vuelve hacia él con las mejillas encendidas y los ojos chispeantes de rabia. Abre la boca y parece que va a gritar, pero finalmente se da media vuelta y se escabulle entre las miradas acusadoras y las risas poco disimuladas.

- Me muero. - James se apoya en Sirius, ahora sí que sí, Lily no me hablará nunca más.

- Estás hecho todo un poeta.

- ¿De dónde lo has sacado? - el chico de gafas suspira; no hay que ser un genio para saber que esa es la sorpresa de la que hablaba Sirius minutos antes.

- De debajo de tu cama.

- Esperaré con ganas el día en el que te guste una chica para devolverte esto por cien, ¿me has oído?

- Sí, pero admite que ha sido gracioso.

Y sí, lo admite y pronto recupera el color e incluso le brillan los ojos ¿Y si a Lily le ha gustado? ¿A las chicas les gustan las sorpresas, no? Y Sirius dice que sí, pero que escribir con tinta imborrable en el pasillo del colegio una horterada entra en el cajón de las sorpresas malas y James asiente y asegura que al año siguiente preparará algo mejor. Y Peter les recuerda que ha besado a una chica y los dos le empujan ¡Eres asqueroso, Peter! ¡Seguro que te ha pegado piojos o algo así, Peter! y Remus calla, con la mirada perdida en la pared en la que las letras del poema todavía brillan, ¿qué miras, Remus? y el apelado se cruza de brazos y con esa mirada que todos conocerán más tarde de "estoy analizando una obra de arte", nada, que parece que después de todo la frase del palo no era tan horrible, diría que incluso decente, y ¡No seas pelota, Remus! por parte de Sirius y ¡Lo sabía! ¡Soy cómo el Berner ese! de James.

- Pero… ¿sabéis qué es lo más gracioso de todo esto?-pregunta Sirius con una sonrisa amplia.

- ¿Qué?

- Que el poema está firmado por James Potter y te va a tocar limpiarlo.

Y como almas que les lleva el diablo, Remus, Peter y Sirius comienzan a correr por el pasillo, justo en el momento en que Argus Filch grita algo parecido a ¡POTTER LE VOY A HACER LIMPIAR ESO CON LA LENGUA! y James gruñe por lo bajo mientras asume que pronto va a tener que hacer que los "esprotajos" sean sus mejores amigos, ya que el funeral de Sirius Black, patrocinado por él mismo no está demasiado lejano.

La primera ley del bromista

Sirius se levanta cuando todavía es de noche y con los ojos apenas abiertos lucha por bajar de la litera sin romperse ninguna extremidad importante.Si me caigo puedo apoyarme sobre el brazo izquierdo, que al fin y al cabo no sirve para nada, pero las piernas no, tío, tendría que ir todo el día apoyado en alguien para poder moverme o algo así. No lo soportaría. Generalmente duerme profundamente y sin problemas, salvo cuando está nervioso. Cuando está nervioso se vuelve más inquieto de lo habitual, no puede dejar de moverse bajo las sábanas, de pensar y de rezar para que el tiempo pase lo más rápido posible. Aquel día no lo soporta más y se levanta, con la intención de llegar antes que nadie al Gran Comedor y robar todos los bollitos rellenos de crema y chocolate de la mesa de los Slytherin. También podría encantarlos o algo así, pero eso significaría que dejaría a las sucias serpientes disfrutar de sus bollitos, y sería una tontería… Están deliciosos, así que mejor que sean para mí. ¡Nunca son demasiados bollitos para Sirius Black!Con la ayuda de la tenue luz que ilumina la habitación se guía como puede hasta el suelo. Comienza a vestirse lentamente no entiendo por qué tenemos que llevar uniforme los pantalones primero, después la camisa y el jersey con el logo del león bordado si Hogwarts es nuestra casa y todo eso, ¿por qué rayos no podemos ir a clase en pijama? No se plantea ni un solo segundo anudarse correctamente la corbata y de mala gana se pone, por último, la capa y los zapatos. En el proceso se las arregla para que la tapa de su baúl se le resbale entre las manos y se cierre con un ruido sordo (dos veces, de hecho), para tropezar con un zapato suelto que Peter maldito Ratonejo, verás cuando te pille dejó en el suelo la noche anterior, para dar una patada inintencionada a la litera de James, que hace que este se remueva en sueños; para que el dosel de las camas le haga cosquillas en la nariz y le provoque una serie de estornudos incontenibles y para chocar con el baúl de Remus no puedo ser tan torpe, parezco Cuatrojos, estoy completamente seguro de que esto no estaba aquí cuando me acosté y no poder contener un gemido de dolor.

Cuando se dispone a salir por la puerta del dormitorio, escucha un leve susurro tras de sí.

- Oye, tú, ya que acabas de hacer más ruido que un Galés Verde encerrado en una tienda de calderos - Sirius no lo ve, pero James acaba de incorporarse y busca a tientas sus gafas de entre el montón de ropa bajo su cama - al menos espérame, ¿no?

Sirius maldice en voz baja verás como arruines mi plan pero retrocede, se sienta sobre la cama de su amigo y aguarda, de espaldas, a que se vista.

- ¿Por qué me das la espalda? ¿Me odias? - Pregunta James.

- No, James, pero es que no quiero tener que verte desnudo o me tendrán que poner gafas como a ti. Aunque bueno, si lo piensas, seguro que me quedan endemoniadamente bien.

James se viste deprisa. Siempre tiene esa energía nada más levantarse que no sé de dónde demonios saca.

- Oye, Sirius, ¿qué es lo que te inquieta hoy?

Sirius se sorprende de la pregunta, pero lo cierto es que James empieza a conocerle bastante bien, y sabe que siempre que se levanta temprano es porque algo ronda su mente. No sabe si se siente cómodo o incómodo con ello, pero lo cierto es que no se le ocurre alguien más digno que James para llegar a conocerle a fondo como nadie lo ha hecho antes.

- Bah. Nada. Pensaba gastarles una broma a esos Slytherin, pero tardas tanto en vestirte que supongo que ya no me da tiempo. Por tu culpa me quedaré sin comerme sus bollitos. Mira, ya está amaneciendo.

Pequeños retazos de luz anaranjada comienzan a penetrar en la habitación tras las cortinas y James y Sirius los observan durante unos segundos. Poco a poco, los patios y jardines de Hogwarts dejan atrás la noche y se llenan de vivos colores y de magia.

- No, en serio, Sirius.

- Bueno, es que. Verás… Es que… Hoy es la primera clase de vuelo.

- ¡¿La primera clase de vuelo?! - Un enormemente animado James sonríe con los ojos abiertos como platos y se olvida totalmente de susurrar para no despertar a Peter y a Remus.

- Sí, James. Espero que no te hayas quedado sordo porque como ya eres ciego, solo te faltaría quedarte mudo para ser el peor mejor amigo de la historia.

- ¿¡Cuándo!? ¿¡Tan pronto!? ¡Pensaba que faltarían meses!

- Ahora mismo. Después del desayuno.

Sirius piensa que parece más entusiasmado que si le hubiesen regalado un cargamento de ranas de chocolate o algo así. Es más, está más entusiasmado que si hubiesen puesto su cara en los cromos que vienen con las ranas. Lo cierto es que Sirius también está nervioso porque nunca ha volado en escoba. En una escoba real, al menos. Están esas pequeñas escobas de juguete que fabrican para los niños magos y que no se elevan más de dos metros del suelo. Pero esto es distinto. Son escobas de verdad. Va a volar. Se imagina volando altísimo, serpenteando entre las torres más altas del castillo, sobrevolando el lago y el Bosque Prohibido. La imaginación de James también vuela en la misma dirección, y ambos se imaginan casi rozando las nubes al mismo tiempo.

Después no pueden contenerlo un minuto más y miran a sus otros dos amigos todavía dormidos. Sirius piensa que si no puedo sabotearles el desayuno a los Slytherin al menos puedo sacar algo divertido de esto. James parece captar su intención al segundo.

Remus dormita hecho un ovillo, con la boca entreabierta y cubierto bajo cinco trillones de mantas o algo así. Rodea sus piernas con los brazos y su pelo se extiende de forma descuidada sobre la almohada hacia todas las direcciones. Es extraño ver así al siempre atento Remus, oh-sí-profesor-yo-sé-la-respuesta Remus, claro-que-he-hecho-los-deberes Remus, voy-a-cepillarme-los-dientes Remus. Ni siquiera son conscientes de que se están moviendo pero con una especie de telepatía fraternal, como la que tendrían dos hermanos gemelos, James y Sirius se han colocado cada uno a un lado de la cama de su amigo. La mirada y la sonrisa maliciosa del chico de pelo siempre revuelto dice: "¡Ahora!"

- REEEEEEEEEEEEEEMUS - pronuncian a la vez, con voz de niños pequeños; a Sirius le recuerda a la voz que usa James cuando se dirige a sus padres. Se introducen en su cama y se abalanzan sobre él, primero, y le zarandean, después, mientras gritan - Reeeeeeeemus, despieeeeeeeeeeerta.

- ¡Vamos a llegar tarde a clase! ¡Ya son las once, McGonagall debe estar furiosa! - añade Sirius.

La reacción de Remus no se hace esperar y les hace pensar a los dos chicos que ha merecido la pena completamente quedarse sin sus bollitos de chocolate y crema.

El joven hombre lobo chilla. Se sobresalta enormemente y da un brinco gigantesco que hace que su cabeza choque con el colchón de la litera superior, despertando a Peter, que también se asusta y grita. Los dos chicos están al borde del infarto, y mientras Peter trata de normalizar la respiración, Remus salta fuera de la cama y comienza a vestirse a toda prisa, ignorando el dolor del golpe.

- ¿¡POR QUÉ NO ME HABÉIS DESPERTADO ANTES!? - vocifera, al tiempo que comienza a abrocharse la camisa. - ¡AHORA VOY A LLEGAR TARDE A CLASE!

Parece tan furioso y Peter está tan asustado que James y Sirius no pueden evitar desternillarse, aún dentro de la cama de Remus. Remus les mira, como si fuese incapaz de comprender qué hay de divertido en haberse perdido el desayuno, las dos primeras clases de la mañana y tener que aguantar después un enorme sermón de McGonagall y después, mira de reojo a la ventana, se percata de que apenas ha amanecido y entiende.

Con expresión seria, se da la vuelta lentamente y mira a sus dos amigos, que aún ríen de su reacción ante la broma. Camina hacia ellos poco a poco y, les indica con un gesto que salgan de su litera.

- Jo, Remus - James siente remordimientos ante la expresión de éste - Ha sido divertido, es que… Estabas tan dormido…

- No hay chocolate en el mundo que vaya a hacer que os perdone esto.

- ¡Venga ya! ¡No ha sido para tanto! - murmura Sirius.

Remus vuelve a tumbarse en su cama, a medio vestir, y les sonríe, para alivio de James.

- Solo os voy a decir una cosa. - hace una pausa deliberada, para añadir dramatismo a la situación.

- ¿Qué pasa, Remus?

- La primera ley del bromista.

- ¿La primera…? - Sirius y James parecen desconcertados.

- Tarde o temprano, te la querrán devolver.

Los alumnos de primero, entusiasmados, buscan su sitio entre las dos interminables filas de escobas que reposan sobre la hierba de los jardines de Hogwarts, perfectamente alineadas unas con otras. Gryffindor comparte la primera clase de vuelo con Slytherin y cada casa se coloca a un lado, y la señora Hooch se coloca en medio, con el cabello grisáceo desordenado por el viento y las manos en la cintura, observando con detenimiento a los inquietos niños.

- ¡Todo el mundo colocado al lado de su escoba! ¿A qué esperáis? - la profesora les hace apresurarse. James, Sirius y Peter ya están de pie, sonrientes, en su lugar; Remus no parece tan convencido y arrastra los pies hacia al lado de donde están sus amigos.

- Ese despreciable Sean Snape me está mirando mal desde que ha llegado aquí - masculla Sirius, mirando en dirección a donde se encuentran los Slytherin. Efectivamente, tanto Lucius como Snape les están mirando fijamente. Una mirada que suena a desafío, como siempre.

- Se llama Severus, Sirius.

- ¡Lo que sea!

El agudo silbido del silbato de la profesora Hooch interrumpe sus conversaciones.

- Ahora, colocáis la mano derecha sobre el palo de la escoba, a la altura de la cintura, y exclamáis: "¡Arriba!" con decisión. ¡Que no os tiemble la voz! ¡Vamos!

En unos dos segundos la clase se llena de voces agudas que chillan "¡arriba!" con toda la determinación que pueden. La escoba de James obedece a la primera y, como atraída por un imán, asciende hasta su mano. James observa, con una sonrisa en la cara, que Lucius aún no ha conseguido levantarla. La de Remus no parece tener demasiada intención de moverse, así que con cara seria y enorme dignidad, se agacha levemente y la recoge del suelo con la mano, asegurándose de que la señora Hooch no le ha visto y murmurando que no sirve de nada montar en escoba si hay mejores formas de trasladarse con magia.

Las escobas de Peter y Sirius ruedan por el suelo un par de veces, perezosas, y tras varios intentos ambos consiguen el resultado esperado. No todos los alumnos, tanto de Gryffindor como Slytherin, tienen la misma suerte; algunos, al final, imitan a Remus y cogen la escoba manualmente con expresión distraída, como si no estuviesen haciendo nada malo. La profesora, al ver a todos los chicos con su escoba en la mano, sonríe y decide continuar con la clase.

- ¡Muy bien! ¡Veo que todos lo habéis conseguido! - Remus finge que estas palabras no han herido su orgullo y aferra muy fuerte el palo de la vieja escoba. - Ahora, subid sobre ella, ¡vamos!

La aparentemente fácil tarea de montar sobre la escoba se convierte en un suplicio para algunos - Severus Snape, entre ellos - que no son capaz de colocarse correctamente para no resbalarse hasta el final del palo. Madame Hooch corrige sus posturas, les enseña diversas formas de sujetar el mango, de colocarse sobre él, de distribuir el peso. Y después, llega el momento de volar de verdad. James y Sirius se miran y se sonríen.

- Ahora, dad una fuerte patada al suelo y eleváos. ¡No tengáis miedo! Volad un metro o dos hacia arriba y después retroceded suavemente.

Peter tiene que intentarlo dos veces antes de que la escoba se eleve. Patalea muy fuerte con los ojos cerrados y apretados hasta que los abre y, sin darse cuenta, se encuentra por encima del suelo. Cuando está aproximadamente un metro sobre sus compañeros la altura le aterra y decide retroceder rápidamente y como puede.

Sirius nunca ha montado en escoba pero se ha pasado la mitad de su infancia usando una de juguete, así que cree que tiene que ser lo mismo pero con un aparato más grande. Da una patada desmesurada que le hace flotar rápidamente mucho más alto de lo que la profesora ha recomendado, pero a quién le importan las reglas cuando estás volando en escoba por primera vez, maldita sea. Se mantiene un rato allí, suspendido en el aire, aguardando a sus amigos.

James está visiblemente más emocionado por volar que el resto de la clase, tanto que le tiembla el pulso al sujetar el mango de la vieja Barredora. Su patada no es tanto una patada como una coz o un brinco, y se eleva grácilmente hacia donde está su amigo Sirius. Chocan los cinco simulando ser grandes jugadores de Quidditch que acaban de ganar el último partido del Mundial y James comienza a dar vueltas y piruetas alrededor de su amigo, confiado.

Remus les observa con desencanto. Comprende que volar, al igual que la mayoría de actividades físicas, no es algo que esté pensado para él, y trata de hacer funcionar su escoba con una mezcla de miedo y desgana. Una primera vez. Y no funciona. Tampoco la segunda ni la tercera funcionan. Ni la cuarta, quinta… Está al borde de la desesperación cuando por fin consigue hacer levitar la escoba un poquito, ni siquiera un metro, y después, comienza a dar tumbos, a vibrar y a desviarse hacia la izquierda, hasta que finalmente cae al suelo con un golpe seco sobre la hierba húmeda. Piensa que bueno, tampoco pensaba dedicarme al Quidditch ni nada parecido, finge haberse hecho daño en la muñeca y un compañero de casa rubio y con la cara regordeta le acompaña a la enfermería mientras sus amigos le observan con preocupación. Él, sin embargo, parece más aliviado que nunca.

Remus también se sentirá mejor más tarde cuando Sirius, Remus y Peter le cuenten que la mayoría de la clase no ha conseguido hacer funcionar sus escobas. A aquellos que sí lo han conseguido, la señora Hooch les propone un nuevo juego: Saca de su despacho un cajón lleno de pequeñas pelotas azules encantadas que vuelan, y les reta a cogerlas en el aire la mayor cantidad de veces posibles.

James atrapa seis pelotas seguidas y después, se las lanza a Sirius una a una. De estas seis, Sirius atrapa la mitad y de nuevo simulan ser jugadores profesionales de Quidditch.

- Sirius Black, el aclamado cazador de los Chuddley Cannons atrapa la quaffle. ¡El público enloquece! Hace un fantástico pase a su compañero de equipo… ¡James Potter!

- ¡Y James Potter - exclama el aludido - se dirige a la portería! El pobre portero de los Kenmare Kestrels no tiene nada que hacer contra ese tiro… - Y la supuesta quaffle vuela hacia Peter, quien sorprende a ambos jóvenes atrapando la pequeña pelotita al vuelo.

James atrapa unas cinco pelotas más, una de ellas en el último instante justo antes de que Lucius Malfoy pudiese hacerse con ella. Peter y Sirius ríen descontroladamente.

Sirius observa a su amigo con detenimiento y se pregunta cómo es posible que, siendo miope y enormemente torpe y despistado como es, tenga esa habilidad tan pasmosa cuando se encuentra volando por los aires. Y en ese momento se da cuenta de algo que más tarde todo el mundo sabrá: Cuando James Potter tiene los pies en el suelo, quizás es un cretino, quizás tiene demasiado ego en ocasiones, y es, posiblemente, la persona más descuidada que conozcas; pero, cuando está sobre la escoba, no. Cuando vuela, James es otra cosa. Algo distinto. Algo que hace que Sirius Black sonría y se sienta orgulloso de tenerle como su amigo.

¿Las naranjas son naranjas porque son de color naranja o el color naranja se llama naranja por la fruta?

El Quidditch es ese deporte que se juega sobre escobas; el Quidditch es "eso en lo que hay que meter la bola por unos aros y ganar muchos puntos"; el Quidditch es tambiénese deporte que apasiona a casi todos los magos y brujas del mundo mágico; el Quidditch es lo que hace berrear a prácticamente todo Hogwarts cuando hay partido y el Quidditch es eso por lo que Remus Lupin nunca ha mostrado interés. Lupin no entiende cuando escucha frases como "fue un blurting en toda regla por parte del cazador de los Falcons anoche" tampoco entiende por qué atrapar una pelota brillante y diminuta vale algo así como que cien mil millones de puntos. Contrariamente a todos esos pensamientos, sus tres compañeros de habitación no parecen creer lo mismo; para Remus quedó bastante claro cuando a la vuelta de vacaciones de Navidad, Sirius y James decidieron colocar una pancarta o bandera o cómo sea que queráis llamar a esa cosa naranja tan fea en la pared del dormitorio. Naranja criminal con una bala de cañón en plena carga bordada en hilo negro y una gigantesca C doble. Remus se negó desde el primer momento en que esa cosa horrorosa adornase el lugar en el que pasa la mayor parte del tiempo cuando no está en clase me hace daño a los ojos y James se lleva las manos al pelo y se lo revuelve y parece que se lo va a arrancar cuando dice ¡A mí me duele el alma cuando dices eso, Remus! ¡Son los Chudley Cannons! y a Lupin le da igual que sean los Chudley Cannons o los Chudley Shotguns o cualquier estúpida arma de fuego, porque no soporta el hecho de que Sirius haya encantado las letras para que brillen en la oscuridad. A Peter le parece bien, pero ese es otro tema, a Peter siempre le parece bien todo. Y así no tendrá que encender la vela impertinente por las noches se recuerda. Pero sin duda, el destello naranja cítrico es peor que cualquier vela protectora de monstruos y otras criaturas de la noche de las que perlan los sueños de su miedoso compañero de habitación.

-No me importa lo que digas, James, la Shooting Star seguirá siendo la mejor escoba del mundo.

-¡Pero eso es porque no has probado la Nimbus 1000!

-Hablas como si tú lo hubieras hecho y no voy a dejarme engañar por un diseño llamativo que probablemente sea un truco para incrédulos.

-Pero si la Shooting Star pierde velocidad y altura con el paso de los años…-y James lo vive, y pone cara de pena e incluso parece que siente de verdad tristeza porque un estúpido palo de escoba se levante unos pocos metros del suelo menos que el día de su compra-En serio, tío, dicen que si pruebas la Nimbus no volverás a poner tu culo en uno de esos palos que parece que los haya fabricado un gigante manco.

Mientras siguen hablando de escobas y técnicas y palabras que Remus no comprende, el muchacho se ajusta la bufanda al cuello e intenta colocarse el pelo de forma que no le tape los ojos. Tal vez sea hora de cortármelo un poco o me empezaré a parecer a Jamesy rayos, no quiero que mi pelo parezca el de James.

Sirius parece también cansado de la conversación, porque empuja al chico de gafas a la cama y se tira sobre él mientras empieza a darle suaves golpes en el estómago y en el costado que hacen que James no pueda contenerse la risa.

-S… Sirius-tiene lágrimas en los ojos-P… para… en… serio…

-Cuando acabéis de hacer manitas podemos bajar a desayunar.-Remus les mira con seriedad, con Peter a su lado, envuelto en miles de capas y con los ojos brillantes.

Al instante Sirius se aparta de James como si tuviera la lepra o piojos o seguro que eso que tienes en los ojos que te impide ver como al resto de seres humanos se pega por el contacto y James se indigna en realidad los problemas de vista son hereditarios, imbécil.

Y Remus se contiene para no aplaudir por esa chispa de lucidez en su amigo. Es Peter el que baja las escaleras el primero, asegurando que Gryffindor ganará el partido, que son muy buenos y tienen técnicas de esas que yo me sé muy perfeccionadas. Y James con malicia le pregunta qué tipo de técnicas son esas mientras salta colocando las manos en los hombros de Remus, y Peter calla porque llegaremos tarde al Gran Comedor y…

Porque es el primer partido de la temporada que juega la Casa de Gryffindor.

James y Sirius llevan hablando de eso tantas semanas que Remus cree que si le preguntasen por los ingredientes de una Poción del Sueño probablemente hablaría de lanzamientos y jugadores y puntos y estrategias y todas esas estupideces que no sirven para nada.

En el Gran Comedor se sientan; Sirius ataca ferozmente una bandeja de bollos de nata como si no se hubiera comido un plato de carne en salsa la noche anterior diciendo no volveré a comer en años; James coge tranquilamente un trozo de pan y lo empieza a untar con mermelada de melocotón.

-James, no cojas comida que no te vas a comer.-Remus se siente como una madre, pero le sale solo, es incapaz de contenerse. Si fuera capaz no se llamaría Remus Lupin.

-Y tú qué sabes si me lo voy a comer o no.

-Porque no te gusta el melocotón.

Y es cierto, a James Potter no le gusta el melocotón, pero en ningún momento ha dicho que no le guste; es cierto que cuatro semanas atrás rechazó un pastel porque llevaba melocotón pero es imposible que Remus se acuerde de eso. Pero se acuerda.

-A Lily sí que le gusta el melocotón, Potter-Sirius se relame con gusto y sonríe con superioridad porque he usado tu apellido-. Tendrás que empezar a comer melocotón si quieres caerle bien.

-No es cierto…-James mira la mermelada con cara de asco-En realidad es perfecto que a Lily le guste el melocotón, porque se comerá todos los melocotones que yo no me coma.

Y Remus sonríe. No es un gesto voluntario. Mamá odiaba el queso y papá siempre lo cogía de su plato. Y no sabe por qué recuerda eso. Ni siquiera sabe por qué relaciona el asqueroso queso con el melocotón. En realidad tampoco entiende qué hace sonriendo por una idiotez como esa.

-A mí no me gusta el melocotón, James.-susurra Peter.

-¡Eso es mentira!-Sirius alza la taza de leche y golpea la mesa haciendo que el contenido se desparrame-Ayer comiste melocotón.

Y Peter se sonroja me obligaron… Y James no dice nada; se concentra en una bandeja de galletas que ha aparecido delante de él y coge una entre los dedos, con la vista fija en una niña de cabellos pelirrojos un par de sitios más alejados del de él. Lily está sola, en realidad casi siempre lo está; a veces va con Severus si su nariz fuera más grande caminaría a cuatro patas Snape, otras veces se rodea con las chicas Gryffindor, pero casi nunca habla con ellas. El resto del tiempo lo pasa en la Biblioteca y yo no quiero ir a ese sitio, igual me derrito si cruzo la puerta o en la Sala Común leyendo tranquilamente. En realidad Lily no parece hacer otra cosa que estudiar y estudiar. Es muy lista. James suele observarla así, de lejos es más fácil, cuando ella no se da cuenta, porque en realidad en momentos como ese, en el que Lily se limpia la marca de color chocolate que ha dejado la bebida en sus finos labios y rayos, no tiene unos labios que den asco, en los que realmente ella se muestra tal y como es y no parece tan desagradable "eres irritante, Potter", "estoy estudiando, Potter", ¿no tienes otra cosa que hacer, Potter", "¡Deja de hablarme, Potter!" como el resto del tiempo.

En ese momento una nariz aparece, pero cómo puede dar tanto asco, y Snape sonríe a Lily, y ella le devuelve la sonrisa, y a James no le queda otra que apuñalar el trozo de pan imaginando que es el estúpido, y grasiento, y feo, y empollón y odioso Severus Snape.

-Tío, James, deja de jugar con la comida.-y Remus le quita el pan y James le fulmina con la mirada.

-¡¿Vamos al partido o qué?!-Sirius se estira, y lo hace como un gran oso que se despereza tras largos meses de invernación-¡Quiero estar en primera fila!

Así que se levantan, y casualmente (porque es casualidad, no es que James se haya puesto en pie el primero y les haya seguido) siguen los pasos de Lily y Severus. Y como es de esperar Sirius no deja pasar desapercibida la cercanía de "el tipo asqueroso".

-¿Estás preparado para ver cómo Slytherin cae ante Gryffindor?-y con toda su chulería, Sirius se coloca al lado de Snape. Remus, James y Peter caminan detrás; el primero comenzando a preocuparse, el segundo con una mirada de odio que podría asemejarse a la de un basilisco y el tercero perdido en los cordones de sus zapatos (porque Peter lleva zapatos) que se han aflojado un poco.

-A nosotros no nos interesa el Quidditch, Black.-Lily se pone a la defensiva.

-¿De qué planeta vienes, Evans?

-Del mismo que tú, pero al parecer llegaste tarde a la elección de cerebros y te tocó uno defectuoso.

-No dijo lo mismo el otro día Flitwick cuando alabó mi perfecto encantamientoWingardium Leviosa.-se defiende el chico.

-Sí, fueron unos cinco puntos preciosos para Gryffindor mientras duraron, pero te recuerdo que los perdiste al intentar levantar a ese otro-y lo dice con desprecio y James lo nota, y es incapaz de contenerse y se pone al lado de su mejor amigo con malos humos-por los aires y romper la mesa.

-En realidad creo que fue bastante brillante, Evans-James le da un codazo a Snapeporque sí, porque se lo merece, porque es feo-. Pero a menudo se menosprecia nuestro talento, pero algún día…

-¿Alguna vez me dejarás en paz, Potter?

Eso es cruel, es demasiado cruel, ¿por qué? Sólo quiero ser su amigo, sin más, no es que le haya hecho nada ni…

-Oye, Evans, no le hables así a James-el vozarrón de Sirius le saca de sus pensamientos-, en realidad no entiendes el esfuerzo que hacemos por estar cerca de ti, sobre todo cuando caminas al lado de esa sabandija apestosa.

-Sirius, las sabandijas se podrían ofender si las comparas con eso.

Snape calla, intenta caminar más rápido, pero Lily les mira con los ojos verdes chispeantes.

-Sois unos críos, madurad.

-¡Jamás!-exclama Sirius tengo doce años, no es que tenga que empezar a aplaudir con dos dedos como hace Dumbledore.

Y es Sirius el que vuelve a empujar a Snape, y es Sirius el que le dice "¿tu madre había tomado poción multijugos cuando naciste, Kurt? Lo digo por tu deformidad." Y es Remus el que susurra "es Severus, Sirius" y es también Sirius el que gruñe "¡lo que sea!" y es él quien le pisa la capa a Snape poco antes de que salgan a los jardines, y sin embargo, es a James a quien Lily mira con desagrado cuando se gira por última vez antes de perderse de su vista y dice "sois odiosos".

Ninguno hace comentario alguno; Remus murmura varias veces que si por favor le pueden dejar volver al dormitorio a leer, que Yeats me espera y Sirius le arrastra de la capa, porque no sé quién es ese tipo ni por qué has quedado con él pero más vale que no toque mis cosas. Y juntos, los cuatro (como siempre) alcanzan el campo de Quidditch.

Las escaleras son de madera, amplias, crujen cuando las suben a saltos, pero no les preocupa mucho, porque al instante corren sobre las gradas de piedra para ocupar unos sitios en los que puedan ver algo más que las cabezas peludas de alumnos de los cursos superiores.

El campo de Quidditch es gigantesco, de forma ovalada y coronado por enormes columnas decoradas con los colores de las cuatro casas: amarillo para Hufflepuff, rojo para Gryffindor, azul para Ravenclaw y verde para Slytherin. La hierba recién cortada inunda el campo con una fragancia fresca que invita a levantar la nariz y así poder ver los gigantescos postes de gol; uno más alto en cada extremo del campo y dos más bajos a ambos lados. Ahí es donde se marcan los puntos, Remus explica Sirius emocionado y Lupin le mira con cara de "no soy idiota, Sirius Black".

La señora Hooch ya está en el centro, sobre una marca blanca diminuta que señala la mitad del campo. A sus pies una caja marrón se mueve ansiosa y los ojos de los cientos de alumnos están fijos en ella.

En realidad ese es el único punto llamativo hasta que una profunda voz inunda el campo.

-¡Bienvenidos! ¡Estamos aquí presenciando el partido por la Copa de Sssssssssssssssssssssslytherin contra Gryffindoooooooooooooooooooooor!

Remus mira hacia arriba; la voz procede de una cabina en la parte superior del campo, en la que distingue a un tipo que está seguro de que se llama Martin, y si no se equivoca, su apellido es Smith. No es que a Lupin se le den muy bien los nombres, pero recuerda que el muchacho tropezó con él dos semanas después de empezar el curso y le devolvió los libros que se cayeron al suelo y que tenían la firma.

El chico, Martin, grita algo incomprensible y catorce escobas entran volando como centellas de colores en el campo. Chilla los nombres de los alumnos y todo suena tan profesional que Sirius, James y Peter saltan a su lado.

En realidad Remus no se entera cuando empieza el partido, en realidad nunca se enterará jamás de cuándo empieza un partido de Quidditch, ni siquiera cuando le guste ver a sus amigos volar sobre su cabeza, ni siquiera cuando lo considere el deporte más "curioso" de mundo; ni siquiera entonces, sabrá el momento en el que los jugadores giran sobre sí mismos y se ponen de acuerdo para comenzar a volar.

Reconoce la bola marrón, roja, Remus gruñe James a su lado. ¡Vale, roja! ¡Qué más da!

-¡Y DIEZ PUNTOS PARA GRYFFINDOR!

Y gritos, saltos y más de un taco que resuenan en el estadio.

-¡Y qué ven mis ojos!-Martin alza la voz de nuevo-Lissa Thayson, cazadora de Gryffindor roba la quaffle de nuevo y se lanza contra el guardián de Slytherin, ¡eso sí que es valor!

Y acierta. Y ya son 20-0.

Sirius no deja de mover los brazos en el aire, como si fuese él mismo el que intenta atrapar la pelota roja, incluso en alguna ocasión golpea algo invisible. ¡Le metía una bludger por el culo a ese! grita. Peter no cabe en sí de gozo y sus pies se mueven nerviosos cada vez que el brazo de Sirius pasa rozando su cabeza. James por el contrario está inmóvil, con los ojos perdidos en algún punto del cielo y la boca en una expresión extraña (la lengua sobre los labios y el ceño fruncido, levantando graciosamente la nariz) que más tarde todo Hogwarts conocerá como "la ha visto".

Pero será Remus Lupin el primero que descubra el talento del chico miope, el mismo que suele entrecerrar los ojos cada vez que tiene que copiar algo apuntado en la pizarra, el mismo que tropieza todas las mañanas con las zapatillas que dejó tiradas el día anterior en el suelo, o el mismo que en la ducha ve sus rostros tan borrosos como si hubiese niebla en los baños. Porque James se inclina hacia la oreja de Lupin y susurra con emoción.

-Está ahí.

Y Remus no ve nada; no ve nada más que cielo y más cielo y alguna nube, pero desde luego no sabe el qué está ahí.

-¿Qué?

-La snitch, que está justo ahí.

Y levanta el brazo, señala un punto fijo en el firmamento y entonces, con mucho detenimiento, Remus consigue verla. Pequeña, dorada, aletea, se escapa, se burla de todos los jugadores y tintinea como una pequeña estrellita. Y sabe que en ese momento solamente James y él la ven. Y es un minuto. Un minuto de diferencia entre que alza la mano con dedo acusador hasta que el buscador de Gryffindor da una pirueta y se lanza a toda velocidad hacia algo.

-¿SERÁ LA SNITCH?

Claro que es la snitch. Remus la ve. La ve como si la tuviera delante, y simplemente deja de verla cuando la mano del chico de Gryffindor se cierra sobre ella y deja de aletear. Y no escucha nada, no escucha nada más que el berrido de Sirius cuando le pasa el brazo por los hombros y grita tan alto que podrían oírle en toda Escocia. Y entonces, el pequeño y desgarbado Remus siente por primera vez algo que durante mucho tiempo experimentará en esas mismas gradas. La victoria. La euforia. Las risas. La emoción de haber ganado un partido a un juego que considera estúpido. Y sí, el juego es estúpido, pero comprende en ese momento, con el olor de Sirius en la nariz (que le hace sentirse como en casa), el pulgar levantado de Peter en señal de victoria y la sonrisa de James, tan amplia y brillante como siempre que tal vez el juego en sí sea lo más estúpido del mundo, pero que todo parece menos estúpido cuando lo disfrutas con los mejores amigos que pueden existir.

Por qué la torpeza es la mejor virtud de James Potter, por Sirius Black.

A veces, cada dos o tres semanas, aproximadamente una vez al mes y sólo cuando cae el Sol, Sirius y James se embarcan en su pequeña aventura particular bajo la Capa Invisible y recorren el castillo de punta a punta, ocultos a los ojos de todos por el mágico objeto. Guardan estas noches en secreto como si fuesen un codiciado tesoro.

Todo empezó tras la vuelta de Navidades, cuando ambos se sentían todopoderosos por tener la capa en sus manos. El primer día de la tercera semana tras su regreso al colegio llovía con fuerza, y las gotas colisionaban a gran velocidad contra el tejado y las ventanas del castillo, repiqueteando incesantemente. El sonido no dejaba dormir a James, que no podía evitar preguntarse, una vez más, por el fascinante techo del Gran Comedor.

- Oye, Sirius, ¿estás dormido?

Sirius tampoco lograba pegar ojo aquel día. Frente a él, Remus estaba sumido en un sueño intranquilo que le hacía gemir y removerse bajo las sábanas constantemente. Sirius no sabía entonces que la inquietud del joven hombre lobo se debía al incipiente plenilunio, para el que sólo faltaban unos días. Si hubiese sido consciente de ello, posiblemente no le hubiese molestado lo más mínimo que Lupin no dejase de girar sobre sí mismo y murmurar; pero, desconociéndolo, el sonido de la fricción de las sábanas contra su delgaducho cuerpo y los continuos quejidos penetraban en su cabeza de forma tan intensa que dolía. Siempre había tenido el oído muy fino, y los ruidos continuos y repetitivos tenían la capacidad de desquiciarle hasta límites insospechados.

- No, pero posiblemente me hubieses despertado si lo hubiera estado, cabezahueca. ¿Qué pasa?

- Que no puedo dormir - Sirius gruñe - Y que tengo un plan.

El plan de James consiste en utilizar la capa para deslizarse a hurtadillas hacia el Gran Comedor y comprobar si realmente el techo al aire libre no dejaba pasar el agua cuando llovía o lo cubrían de algún modo para que la sala no se empapase. Sirius no entiende qué maldito amor le tienes al estúpido techo del Gran Comedor, James pero la idea de vagar por el colegio cuando no hay nadie en los pasillos, con el castillo entero para ellos solos, le resulta tan atractiva que no puede evitar aceptar sin pensárselo dos veces.

Ambos comienzan a vestirse para darse cuenta, minutos después, de que nadie va a verles, así que pueden pasear por ahí en pijama sin que nadie ponga ninguna objeción. Esto entusiasma a Sirius aún más sobre lo que van a hacer. Solo Merlín sabe cómo odio ponerme el dichoso uniforme.

Descalzos y emocionados se cubren con la Capa Invisible. Es lo suficientemente grande para cubrirles a los dos, incluso cabría más gente debajo, y no demasiado gruesa como para no poder ver a través de ella. Su primer destino es el baño de los chicos del sexto piso, porque no es que desconfíe de la capa de James, pero es que supongo que deberíamos asegurarnos de que realmente somos invisibles debajo de ella y eso.

Después de comprobar que, efectivamente, nadie puede verles, bajan despacio, sintiendo escalofríos por el contacto de la planta de los pies con las frías escaleras de mármol, hacia el comedor, en el primer piso. El hechizo Lumos, hecho por James les indica el camino. Los personajes dentro de los retratos dormitan, y ven su sueño interrumpido por el sonido de las pisadas y las risas de los dos niños, a quienes, sin embargo, no pueden localizar. Desconcertados, murmuran y se susurran unos a otros; esto solo hace reír más a Sirius y James. Ese día, descubren que las escaleras mágicas, igual que los fantasmas y los cuadros, también descansan por las noches; permanecen inmóviles mientras ambos las recorren con agilidad y pericia. Esto les obliga, no obstante, a cambiar varias veces de ruta hasta lograr llegar hasta abajo. Aprenden que la escalera que conecta el tercer y segundo piso desaparece por las noches desde las once a las dos de la mañana, y tienen que vagar por los pasillos hasta que encuentran un aula abierta y vacía que parece no haber sido utilizada en siglos y que contiene una trampilla que conecta con la planta inferior: Concretamente, con la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Sirius no puede contenerlo y escribe en la pizarra, en letras grandes e irregulares "Argus Snape huele peor que los pedos de un troll". James se ríe y considera divertido no decirle a su amigo, satisfecho con su travesura, que el tal "Argus Snape" se llama en realidad Severus y que escrito así, es obvio que todo el mundo va a saber que ha sido él quien lo ha puesto; hace caso omiso y salen de la clase para llegar por fin a su destino.

La enorme puerta del Gran Comedor está cerrada con llave y Sirius tiene que intentarlo varias veces hasta que su Alohomora sale bien y consigue abrir el enorme candado metálico, que cae al suelo. James es más precavido; lo recoge y lo guarda en el bolsillo para colocarlo de nuevo en su sitio cuando se marchen.

El Gran Comedor está vacío y, tan solo iluminado por las velas que flotan a varios metros sobre el suelo, tiene un aspecto incluso siniestro. Las cuatro mesas, correspondientes a las cuatro casas, parecen ahora lúgubres y solitarias sin la actividad y el bullicio que generalmente suele poblarlas. Incluso el sitio donde los cuatro suelen desayunar parece extraño visto de ese modo.

Sirius se escabulle por debajo de la capa y camina hacia aquel lugar, hacia su sitio. En lugar de sentarse en los bancos, como habitualmente, se tumba directamente sobre la mesa, que por primera vez ve sin cientos de vasos, platos y bandejas cubriéndola. James sigue su ejemplo y se tumba a su lado: Hay suficiente hueco para los dos. Con los brazos reposando sobre el estómago, miran hacia arriba. El cielo nocturno está cubierto de nubes y levemente iluminado tras éstas por la luna creciente. Algunas pequeñas estrellas rebeldes brillan con fuerza en los pequeños trozos en los que el cielo no está encapotado. Sigue diluviando; las gotas de agua avanzan caen con gran velocidad y James cierra los ojos inconscientemente, creyendo que van a llegar hasta él y a mojarle, pero eso no sucede, como si hubiese un escudo invisible que lo impidiese. Los dos chicos permanecen allí durante un largo rato.

- Este sitio es lo más mágico que hay en Hogwarts, te lo juro, Sirius.

Juntos descubrirán también que aquel edificio que lleva meses siendo su hogar esconde más misterios y maravillas de los que cualquiera podría esperarse. Cientos de pasadizos y escondrijos secretos aguardan en cada esquina al curioso visitante que quiera descubrirlos. A Remus, más tarde, le gustará pensar que el verdadero poder del castillo es que guarda entre sus muros toda la magia de aquellos que han residido y crecido en él; que detrás de cada escondrijo y cada pasillo oculto a ninguna parte hay una pequeña historia y un joven mago que, como ellos, nunca supo someterse a esas normas que no permitían disfrutar completamente de aquel lugar tan fantástico.

Aquella noche de Marzo, James y Sirius se deslizan silenciosamente por las aulas del pasillo del tercer piso. Todo ha comenzado aquella tarde, cuando Peter, inocentemente, ha preguntado: "Oye, ¿y los profesores, donde duermen? ¿Os lo habéis preguntado alguna vez?". La cuestión, a primera vista insignificante, desemboca en una acalorada discusión entre James, que dice que tienen un dormitorio colectivo donde todos pueden deleitarse con la visión de Dumbledore en pijama y pantuflas; Sirius, que opina que "los profesores no duermen, tío, son seres sobrenaturales"; y Remus, que considera que lo más lógico es que duerman en sus propios despachos. Deambulan por allí un rato en busca del despacho del profesor Flitwick para comprobar si la opción de Remus, que es la que suena más coherente, es correcta, cuando James tropieza y cae sobre Sirius, que maldice en voz alta y después ambos ruedan por el suelo, chocando con una estatua de una especie de bruja tuerta y con chepa. La estatua hace un ruido metálico como producto de la colisión. Sirius aprieta fuerte los ojos porque teme que vaya a caerse o algo así y tenga que matar al estúpido Cuatrojos como nos descubran.

No sucede nada, sin embargo. Nada más allá de que, cuando consiguen volver a incorporarse, la Bruja Tuerta parece haberse desplazado como activada por un resorte y ven en la pared un estrecho pero profundo pasadizo que no estaba allí antes.

Los dos chicos se miran y, sin mediar palabra, deciden que no está en su carácter dejar un solo rincón de su castillo sin explorar, así que se adentran en el pequeño túnel, con las varitas en la mano y en posición de defensa solo por si acaso, no es que tenga miedo, y seguro que Sirius tampoco tiene miedo, piensa James. El laberíntico corredor serpentea durante interminables metros que recorren casi a tientas y arrastrando la capa tras de sí, y finalmente desemboca en una trampilla que ninguno de los dos se decide a abrir.

- Tú primero, venga, James.

- No, tú primero.

- Va, ¿no eres tan valiente?

- ¡Claro que soy valiente! Por eso te dejo el honor de hacerlo a ti, ¡soy un verdadero Gryffindor!

- Bueno… - Al final Sirius claudica - Yo primero, vale.

Respira hondo y empuja con todas sus fuerzas la pesada losa de piedra, que resulta ser una baldosa móvil del suelo de una especie de… almacén o algo así. Susurran ¡Lumos! a la vez y James insta a su compañero a volver a ocultarse bajo la capa. Sirius gruñe y murmura que "quien demonios va a haber en este sitio a estas horas" pero obedece. No sin cierto temor, exploran la pequeña habitación, haciendo el mínimo ruido posible. En la cabeza de los dos niños, la sala ocultaría enormes dragones que resoplarian fuego, furiosas serpientes venenosas, espantosas bestias marinas; sin embargo, tan solo encuentran un montón de cajas apiladas allá a donde miren y una escalera de madera que cruje al pisarse (y esto disuade a James de tratar de subirla). Sirius, visiblemente decepcionado, da una patada a uno de los arcones que le rodean, con la fuerza suficiente como para volcar su contenido: Cientos de pequeños bombones de chocolate de todas las formas, tamaños y sabores.

- James… - murmura, asombrado.

- ¿Qué pasa?

- Remus va a pedirnos matrimonio en cuanto vea esto. Como mínimo.