Noche de Sortilegios
Las pupilas verdes de Anthonie Brower se clavaron fijamente en las mías mientras podía sentir la firmeza del apretón de su mano.
Los tres años, que probablemente, Anthonie difería de mi edad, en este momento, nos colocaban visiblemente entre la juventud y la adolescencia. No era momento para intimidarme.
-Así es, Terrence Grandchester
-He escuchado muchas cosas acerca de ti
-Deseo que todas sean buenas
Sonrió y soltó mi mano – Sí, hasta ahora sí… sé que tienes un gran talento musical y que también tienes una banda…
-Creo que sabes muchas cosas de mi – Candy se aferró a mí recargando su cabeza en mi pecho
-Bienvenido, Terrence, a nuestro grupo íntimo de amigos
Levanté una ceja ante la incomprensión de sus palabras y me limité a decir –Gracias
Stear se acercó risueño con un vaso en las manos – Chicos! Qué bueno que han llegado – Me saludó con un golpe ligero en el hombro y con un fuerte abrazo a Candy – Mi padre ha preguntado por ustedes, vengan conmigo…
Le seguimos dejando a Anthonie solo.
Entrelacé mis dedos con los dedos de Candy, quería infundirle fortaleza pero en realidad era yo quien la necesitaba. Cada paso reflejaba mi incertidumbre, mi desconfianza, mi inseguridad de estar en el lugar correcto.
Pude comprender en mucho a Candy cuando llegó a este país; lo sola e insegura quee debió sentirse sin su círculo de amigos. Todos ellos a un nivel mayor de madurez y economía que los míos. Comprendí el por qué Candy se refugió en la privacidad de la soledad en lugar de intentar ser parte de nosotros; creo que lo que a nosotros nos unía para ella era sinónimo de inmadurez.
Sus amigos son universitarios, con énfasis definidos y nosotros tuvimos que participar en un campamento para ser orientados en nuestras futuras decisiones.
Terrence, ¡Qué bueno que puedes acompañarnos! – El señor Conrwell sostenía una copa de vino en su mano –Candy ¿Recuerdas a Martin? – Era un señor regordete pero elegante que también sostenía una copa en su mano.
Abrazó a Candy y susurró algo al oído, ella negó con la cabeza mientras permanecía en el afectivo saludo. –Ven acá muchacho, me han expresado buenas cosas de ti – Me envolvió en un brazo mientras tenía a Candy en el otro… Esto fue algo súper americano considerando que, aparte de mí, los Conrwell son los únicos de este país.
Todos sabían de mí, menos yo… yo no sabía lo que ellos decían conocer de mí. Quisiera saber todas las cosas que Candy ha dicho de mí. ¿Quién más sino ella?
Tomamos nuestro lugar en una hermosa pieza rústica, con olor a leña.
Mencionaron temas de música, proyectos de sonorización, de la carrera de Anthonie… el señor Martin era su representante y estaba aquí por un objetivo claro.
Patricia llegó a la hora en que se servía la comida… se disculpó por la demora.
De alguna manera sentí que ella quería que Candy estuviera con Anthonie y no conmigo –Candy ¿Te agradó la sorpresa?
Candy respondió con una expresión facial
-No te dijimos que Anthonie estaba aquí porque deseábamos que fuera una grata sorpresa – Dijo con doble intensión
Candy lo agradeció con un movimiento de su cabeza, como haciendo una cortesía, y apretó mi mano que se mantenía entrelazada con la suya
-Patty, cariño, Terry está presente y no es grato lo que acabas de mencionar
Stear la reprendió cariñosamente y ella rió.
-Candy se mira feliz, Patty; gracias porque no le mencionaron que me encontraba aquí en América… siempre será un placer coincidir con ella en cualquier lugar.
-Eso es precisamente lo que estoy buscando de ustedes dos – Captó la atención la voz gruesa del señor Martin – Que Candy y Anthonie estén juntos nuevamente en el escenario, aprovecharemos que ambos están en este continente… lo manejaremos así, "concierto de casualidad" No… ya sé "la casualidad es un concierto"
Pasé mi vista entre Candy y Anthonie quienes se miraban y ella negó con la cabeza
No me respondas ahora, hija, tómate tu tiempo
Candy respondió con las manos y Martin achicó la mirada
-¿En Londres?
Candy negó
Patty tomó la palabra –Candy menciona que regresará a Londres, pronto
-Seguro por las fiestas decembrinas, pero Anthonie estará aquí en América, aunque viene por otros motivos, podemos aprovechar su estancia
Candy negó nuevamente aunque nunca dejó de sonreír.
-Piénsalo y no me des una respuesta ahora, sería algo grato y afortunado
Asintió.
Pasamos a otro acceso de la Mansión y se organizó una tertulia.
Deseaba que mis amigos pudieran estar en este momento conmigo, pero me daba cuenta que ahora yo estaba en la misma postura que Candy, como lo mencioné anteriormente, entre dos mundos…
Stear tocó una guitarra acústica y Patty entonó una canción de su composición.
El señor Conrwell parecía disfrutar momentos como este. Mecía en su gran copa contenido líquido. El señor Martin cerraba los ojos y mecía su cuerpo al son de la música.
Anthonie ocupó el piano y deleitó con una hermosa sinfonía clásica, sin errores… dominaba a la perfección sus manos sobre las teclas de aquel gran instrumento en el medio del salón.
Candy recargaba su cabeza en el hueco de mi brazo y nuestras manos permanecían unidas.
Cuando Anthonie concluyó su participación, el señor Martin animó a Candy –Es tu turno
Ella sonrió y se dirigió hacia la guitarra que tocó Stear, pero el señor Martin sorprendió a todos, metió su mano en un bolsillo de su cazadora y sacó una armónica plateada, los ojos de Candy vidriaron, vaciló entre tomarla o no.
No sé si puedo decir que fue consciente o no, pero buscó mi mirada o mi aprobación, le respondí asintiendo con mi cabeza y una sonrisa.
Tomó el pequeño instrumento, inhaló y lo colocó en su boca; cerró los ojos y disfrutó cada nota, cada expresión musical. Parecía que Candy nos había dejado y se había marchado al lugar de su felicidad, pequeñas lágrimas escurrían por sus mejillas, sin embargo ella no dejaba de tocar.
Ese fue el mejor momento, después todos tocamos covers… al principio me sentí intimidado por Anthonie Brower; tanto Candy como él son profesionales, Stear me dio mucha confianza y Archie se limitó a escuchar, juntamente con el señor Conrwell y Martin, él fue nuestra audiencia.
Era momento de despedirnos, mañana nos tocaba ir al colegio.
Por indicaciones de Martin, Anthonie no podía aparecerse en público, eso me dejó un tanto tranquilo. Era tiempo de confiar en Candy.
Las cosas entre mis amigos y yo no volvieron a ser las mismas desde que Candy se integró a mi vida.
-No puedes decirme que no me acompañarás a Canadá, Terry… amigo…
-Neil, comprende…
-Solo sé que nos das la espalda…
-Harías lo mismo
-No, no te equivoques, yo sí conozco la lealtad
-Amigos, luego hablan de sus problemas, es tiempo de ensayar
-¿Aún quieren seguir con esta farsa?
-Neil, vuelve- Mark salió tras Neil y tuve que aguantar la mirada inquisidora de las chicas.
-Si quieres ensayamos a capela la canción – Ofreció Susy. No tenía ánimos de hacer nada sino de salir y correr hacia donde se encontraba Candy; pero no lo hice. La experiencia vivida en días pasados me había dejado la enseñanza de la constancia y perseverancia para lograr lo que deseamos.
-Sí, Susy… gracias por tu apoyo.
Después de un rato Mark y Neil ingresaron y ensamblamos la canción.
Noté la mirada triste de Karen y su sonrisa como una fina línea en su rostro.
Me senté junto a mamá en la sala de estar y solté el aire que tenía en los pulmones, por un momento deseé ser nuevamente un niño pequeño que corría a su regazo y podía externar sin pena lo que le acontecía.
Permanecí así en silencio disfrutando, mientras ella gozaba de su lectura.
Papá ingresó después de un día de oficina y posterior Karen – Papá, emm… quiero acompañar a Elisa y Neil a Canadá, para vacaciones.
-Creí que viajaríamos a ver a los abuelos
-No quiero ir a Londres – Me miró –Quiero hacer cosas con mis amigos, cosas de amigos… todos nos hemos puesto de acuerdo para viajar a Canadá.
Papá me miró -¿Qué está pasando?
-Terry ha cambiado, quiere aferrarse al mundo que le ofrece Candy, y eso es perderlo… bien pues si él se hace a un lado de nosotros, nosotros podemos seguir sin él
-Karen, las cosas no son así… comprende que Candy es mi novia, mis planes han cambiado pero no mis sentimientos hacia ustedes… sigo siendo el mismo
-Te irás, Terry… creí que estaríamos juntos hasta la universidad, dejamos a un lado la loca idea de ir al San Pablo…. Y tú – Rompió en llanto – No quieres pasar las últimas fechas con tus amigos, conmigo, con tu única hermana
Karen no asimilaba que tarde o temprano nos tendríamos que separar. Tal vez para ella era más temprano que tarde pero para mí era el momento indicado.
Papá la abrazó y mamá dejó su libro sobre la mesa de centro.
-Karen, nunca dejaremos de ser hermanos, en mis planes y proyectos siempre estarás… siempre serás mi cómplice en mis metidas de pata… - Intenté acercarme a ella.
-Todo era increíble, todo era juntos… y ¿ahora? Te has apartado tanto de todos, de mí…
-Para ti es fácil, Karen, porque Mark y tú tienen a los mismos amigos, para Candy y para mí es difícil porque ustedes no aceptan a mi novia.
-¿Por qué tenías que enamorarte de ella? Con Susy las cosas eran mejor… Odio a Candy
-Eso no es cierto, tú no odias a Candy porque odiarla es como si me odiaras a mí, y soy tu hermano
-Entonces, te odio… te odio Terrence – Se echó a correr a su habitación y papá sujetó mi brazo cuando intenté darle alcance.
-Dale tiempo, han estado juntos por muchos años, deja que se le pase y comprenda que en algún momento harían sus vidas, tendrán sus propios hogares y familia…
-No es solamente eso, papá… Karen y yo siempre hemos sido unidos… también me duele nuestra separación… sé cómo se siente porque me he sentido como ella… extraño a mis amigos… extraño meterme en problemas con ellos, hacer las cosas sin medir las consecuencias… reír, ser cómplice de mi hermana, de mis amigos, no pensar en el futuro…
-Terry – Mamá habló con ternura – Estás creciendo y con ello viene la madurez, ya no corresponde a hacer cosas de niños…
-Aún no, mamá; habíamos planeado reunirnos de vez en vez durante la universidad para ir a antros, fiestas, disfrutar antes de comprometernos con nuestras responsabilidades futuras
-Terry, si te está doliendo dejar todo por Candy, tal vez no estés preparado para estar en su vida
-No digas eso, papá… ella es mi vida.
-Medítalo bien antes de herir sus sentimientos, ella es una buena chica
-Lo sé y no hay nada que meditar…
Karen no me dirigió la palabra y papá le permitió realizar su viaje a Canadá junto con nuestros amigos.
Viajamos en la aerolínea del papá de Annie… Me sentía emocionado, nostálgico, enamorado, ilusionado… mis padres viajarían con dos días de diferencia…
Llegamos a una enorme Mansión que tenía un escudo de armas en la verja principal; tenía una cantidad numerosa de sirvientes.
Todos recibieron gustosos a Candy.
Me asignaron una habitación enorme con una decoración estilo Luis XV. Después de instalarme busqué a Candy y me enseñaron su habitación, dirigí mis pasos y ella me invitó a pasar…
La decoración era diferente, Candy estaba diferente.
Tenía una falda color magenta con unas mallas negras y blusa sin tirantes negra, el cabello lacio con unas líneas rojas… los ojos completamente maquillados en tonos oscuros… -Candy
Sonrió… ella y toda su habitación era oscura.
Pasó una capa de piel por sus hombros y salimos…
El clima frío y lluvioso era para estar en casa, y el lugar que visitamos parecía un bar de mala muerte. Mi corazón latía con un poco de preocupación pero ella estaba tranquila, con su aspecto sombrío.
No nos pidieron identificación, ella conocía a la gente que permitía el ingreso.
Me sentía fuera de lugar, mi aspecto era de un casual chico americano.
En un momento tomó mi mano y subimos por unos peldaños como si fuéramos a una segunda planta, pero en realidad nos quedamos en el descanso de la escalera de madera, se acomodó entre mis brazos y nos mecimos al ritmo de una música escalofriante. Sin sentido ni coherencia en la letra, en la música… para mis oídos era como ruido estridente…
Caminamos bajo la fina lluvia fría mientras rogaba mentalmente no coger un resfriado.
Corrimos colina abajo como dementes, ella era feliz, yo me sentía feliz…
Corríamos a una fuerte velocidad y de pronto ella detuvo su paso tirando de mi mano, nos besamos bajo la luz de un faro en una calle sola, fue mágico.
Llegamos a la Mansión Andry y creí escucharla reír… por un momento creí que su voz había vuelto…
Le dejé a la puerta de su habitación y nos despedimos con un cálido beso.
Mi cuerpo comenzaba a ponerse rígido por la falta de calor. Quise hacer mi camino hacia mi habitación para tomar una ducha caliente pero ella detuvo mi andar tiernamente sin soltar mi mano.
Accedí a su invitación introduciéndome en su recámara. Una luz tenue nos indicó el cuarto de baño en donde había una tina con agua humeante.
Me zafó mi ropa mientras tímidamente y excitado hice lo mismo con la de ella.
Fue la primera en meter los pies dentro de la tina y extendió su mano para que yo le siguiera.
Nos besamos pero no con inocencia, nuestras caricias comenzaron a tomar matices románticos y eróticos… era la primera vez que estaba frente a una chica desnuda… mi instinto me decía lo que iba a pasar pero mi cerebro no sabía con exactitud qué señales enviar a mi cuerpo…
Nos sumergimos y ella se sentó entre mis piernas pegando su espalda a mi pecho.
Con las manos nos echábamos agua en nuestros cuerpos para atemperarlos y no temblar de frío… que no creo que el frío era responsable del temblor de mis extremidades.
Pasé su cabello por su hombro para mirar su tatuaje, formé las líneas de sus alas con mis dedos índices de ambas manos y contemplé el diseño de las "eses" a sus costados, como las "eses" caladas en la parte frontal del violín y por su columna tenía tatuajes como si la piel estuviera expuesta revelando sus discos vertebrales.
Éramos dos adolescentes jugando juegos de adultos…
Sentía terminar únicamente mientras tocaba sus senos, mientras mis labios se deleitaban en su piel.
Su cama era suave y cómoda…
Candy me guió en mi primera experiencia sexual y puedo decir que mis fantasías quedan distantes de la realidad, no hay nada más sublime que el sentir el suave y erótico interior de una mujer…
Dormimos juntos esa noche y yo me sentía más que amado.
No quería preguntarle por su pasado amoroso ni tampoco quería saber quién fue el primer hombre en su vida, lo único que deseaba era ser el último y el único.
La abracé lo más cerca de mi pecho, creyendo que esta sería nuestra vida y futuro.
A la tarde siguiente, me dijo que iríamos a la noche de Sortilegio… me sentía emocionado pero también atemorizado.
No sabía qué ropa debía ponerme y no quería preguntarle, hacía mucho tiempo que mi madre dejó de opinar en mis gustos al vestirme y Karen dejó de hacerlo en cuanto se lo pedí. Así que mi orgullo y criterio sobre el bien vestir no estarían al alcance de una mujer… - Stear! Habla Terry
-Hola Terry… ¿Listos para la Noche de Sortilegio?
-Amm… respecto a eso, tengo una duda
-¿Te puedo ayudar?
-Necesito saber cómo debo vestirme
Después de escucharlo reír fuerte respondió – Como desees ir… de eso se trata "sortilegio" cada quien usa y hace lo que cree que le puede dar suerte…
-Ok, entonces… ¿No me veré extraño si visto de manera formal?
-¿Formal americano o formal…?
-Traje, camisa y corbata…
-Pasaré por ti, le diré a Patty que se encargue de recoger a Candy
-Te lo agradezco.
Agradecí el plástico dorado de crédito bancario que papá me había dado y los ahorros que había juntado por algún tiempo…
Caminamos por algunos centros comerciales y Stear escogió mi atuendo… qué puedo decir… era una copia de Van Helsing… mejor que ellos que parecían Drácula y más…
Esperamos a las chicas a la entrada del lugar en el que se llevaría a cabo la noche de sortilegios… parecía un castillo viejo por las gárgolas a la entrada, las escasas luces de colores no alumbraban mucho.
Sonreí al mirar a Candy descender del auto junto con Patty.
Tenía un corsé negro ceñido atenuando su esbelto torso, sus hombros estabas desnudos y tenía un sujetador diminuto del cual se podía percibir la parte superior de sus senos, tenía muchos aros en las manos y anillos a la mitad de los dedos, se había tenido el cabello de negro y lo llevaba en un moño alto y flojo del cual descendían mechones y descansaban sobre su piel desnuda.
Una falda roja y corta con una crinolina que le daba alce, botas como las que usan en el ejército, grandes y toscas hasta media pantorrilla unas mallas negras, labios rojos y una cruz medieval en el pecho, su capa la llevaba en el brazo.
Se había colocado sus piercings y tenía uñas largas pintadas de negro con glitter… -No haremos ningún tipo de rito satánico ¿O sí? Dime que tampoco beberemos sangre
Sonrió y negó con la cabeza, tomó mi mano y nos introdujimos a una especie de circo.
Había hombres vestidos de arlequines en altos zancos, mujeres que descendían en largos lienzos de tela que colgaban desde el techo, con diferentes tipos de disfraces…
Algunos iban descalzos, otros elegantes…
Quería preguntar de qué trataba estar aquí y qué se suponía que podíamos hacer…
Bailamos, bebimos licor… participamos en improvisaciones y a todos los presentes les daba alegría lo que hacían los demás, no existían los abucheos sino las ovaciones…
El ambiente era embriagador y podía perder mis sentidos en cualquier momento.
Sortilegio trataba de permanecer, de aceptar gustoso la suerte y el destino que te había tocado al nacer o intentar cambiarla… Había muchas pitonisas por todos lados intentando seducirte para saber tu suerte a futuro…
Encantadores ofreciéndote el elíxir del amor para la persona que no te corresponde.
Bailarines sensuales atrayendo tus deseos…
Sortilegio era exponerse a los placeres del mundo pero sin caer en ellos… El deseo de conocer tu vida… era la tentación y la salida. Vivir en la tranquilidad de que eres el único responsable de tu propio destino y sus consecuencias o vivir en la preocupación de la suerte echada… Stear mencionó que la suerte expuesta es algo que no se puede cambiar, lo mejor era no saber.
-Anthonie! – Exclamé con sorpresa al mirarlo dirigirse hacia nosotros, ¿no se suponía que estaría en América?
Ignoró a todos los presentes y le ofreció a Candy una copa con contenido rojo – Bebe esto, Candy
Ella lo tomó en sus manos y le sostuvo la mirada de manera desafiante… mi corazón latía porque este ambiente revelaba lo oscuro de nuestro ser… llevó la copa a sus labios y en un solo trago bebió el contenido e inmediatamente me besó de manera apasionada.
Anthonie inhaló profundo y frunció el entrecejo; la arrebató de mis brazos por la cintura y pegó sus labios a los de ella… le empujé por los hombros -Deja tranquila a mi novia, no tienes ningún derecho
-Candy es la única que puede decidir a quién quiere
-Bien, pues ya lo hizo, ¿No te quedó claro que ella me prefiere a mí?
-No estés tan seguro
-Lo que existe entre ella y yo es más fuerte que la suerte porque nace de aquí – Señalé mi pecho – No depende de lo que puedas manipular en ella…
-La recuperaré, Terry… te lo puedo asegurar
-Candy no es un objeto, es una persona… déjala tranquila – Tomé a Candy de la mano y nos alejamos de sus amigos.
Ardía en celos… mi mente quería gritarle pero mi entendimiento, el pedazo de cerebro que no estaba embrutecido por el ambiente, me decía que no debía darle gusto a Anthonie de enojarme con ella, a él le bastaba una oportunidad para acercarse de nueva cuenta a ella, yo sabía que él encontraría la forma de obtenerla sin importarle arrebatar para conseguir su objetivo.
La noche aún era joven… Candy estaba entre mis brazos mirándome fijamente… No quería mencionar cosa alguna que iniciara entre nosotros una separación… pero ¿Qué rayos debía hacer? Estaba en un lugar desconocido, mi atuendo no era mi estilo, este lugar distaba mucho de los lugares que mis amigos y yo frecuentábamos… Sé que ellos me dirían que no era yo mismo si me miraban en este instante.
Las pupilas de Candy no reflejaban lo mismo que en América y me sentí estúpido… fuera de lugar… pero quería permanecer así con ella, sin palabras, sin reclamos, sin explicaciones… intentando unir nuestros mundos o forjando uno propio.
Después de unos instantes de lo acontecido y pasadas las horas desde que arribamos al Sortilegio Annie llegó en compañía de Archie. Abrazó a Candy y también a mí – Terry, estoy agradecida que cuidaras de Candy durante el campamento y también porque estás con ella – Dijo sonriente y creí notar sinceridad en sus palabras.
-No tienes qué agradecerme, amo a Candy
-Y ella a ti, nos ha mencionado cuán feliz es contigo.
Después de un gran rato de convivencia me encontraba nuevamente a solas con Candy. Dirigimos nuestros pasos entre las atracciones que ofrecía sortilegio, de pronto una mujer tomó mi mano y miró las líneas de vida, trazó con su dedo índice dos de ellas y Candy se enfureció.
Arrebató mi mano de la mano de la mujer y tiró de mí.
La mujer me siguió – Tengo el remedio para evitar que sufras – Tomó la mano de Candy sin previo aviso, le bastaron unos cuantos segundos para determinar sus palabras – No puedes herir un alma noble como la de él – Me señaló y se dirigió a mí – Este no es tu sitio, ven conmigo
La joven adivina era bella y sus palabras, debo admitirlo, me asustaron; pero la actitud de Candy me sorprendió más…
Había intentado tirar nuevamente de mí, pero no logró moverme y apresuró sus pasos para alejarse de mí…
En mi mente existía una sola posibilidad: "Anthonie Brower" él no perdería ninguna oportunidad.
Muchas gracias por leer y por sus comentarios
Bonita tarde
