Es viernes por la tarde, y como es lógico, los alumnos de primero de Hogwarts tienen el día libre. Mientras el resto de sus compañeros de colegio asisten a las clases, los más pequeños invierten su tiempo en preparar los deberes del lunes siguiente. O al menos eso es lo que deberían hacer.

Remus está tumbado en la cama, los brazos rígidos y sujetando su manual de Pociones con el ceño fruncido. Es marzo, quedan todavía dos meses y medio para que comiencen los exámenes y sin embargo, la sombra de las notas se cierne sobre la cabeza del joven licántropo. Lupin asistió desde los seis años a un colegio muggle a dos manzanas de su casa; en realidad no se le daba mal, pero se aburría, no le interesaban las Matemáticas, la Física o la Química ni todos esos números que se mezclaban unos con otros. Tampoco es que le gustase asistir a clase, los niños muggles le miraban raro, como una presa que huele a su cazador. Nunca jamás tuvo amigos; simplemente llegaba, ocupaba una mesa y dejaba que las horas pasasen. Los niños muggles eran crueles de vez en cuando. No es que Remus se tomase en serio sus palabras, ni siquiera entendía muy bien el porqué de que se lo llamaran, pero cuando tenía ocho años y por primera vez alguien se dirigió a él como "mariquita" comenzó a preguntarse qué era lo que le hacía diferente del resto de los niños. Mariquita.Afeminado. Niña. Y dolía, claro que dolía, hacía tanto daño que muchas noches Remus se acurrucaba en su cama, hecho un ovillo y leía con los ojos húmedos, conteniendo las lágrimas. Porque no encajaba. No encajaba en el colegio del mismo modo que Alicia no encajaba en el mundo real. Pero él era un niño normal, no existía ningún País de las Maravillas y desde luego él no iba a ir persiguiendo conejos por la calle para comprobarlo.

Pero más allá de esos motes, y de las risas a su espalda, había algo que cruzaba la línea que era el límite que Remus podía soportar. El vacío.

Lupin hubiera preferido cientos de veces ser "el marica", "la niña" o loquefuera antes de ser "ese". Ese del que nadie se acuerda cuando hay que hacer equipo en Deporte. Ese al que los profesores siempre llaman "tú" porque son incapaces de recordar su nombre. Ese.

- ¿Otra vez estudiando, Remus?-James entra en la habitación con el pelo mojado. Acaba de salir de la ducha-Se te van a secar los ojos.

El chico se sienta en la cama y le observa, y no dice nada. Se miran. James siempre es así; te perfora con la mirada, como si realmente no fuese de mala educación. A Lupin no le importa. El hecho de que desde el primer momento James se dirigiese a él con un sencillo "Remus" provocó en él una alegría infantil incapaz de describir. Me llama por mi nombre.

- En realidad no-niega con la cabeza Remus, y se incorpora para colocarse al lado de su amigo. Los pies de los dos cuelgan hacia el suelo sin tocarlo, pero los de Lupin llegan más lejos-. Estaba pensando.

- Siempre estás pensando-y el chico sacude el pelo como si fuese un perro y las gotas heladas caen sobre Remus, que contiene un suspiro cuando entran en contacto con su piel. Y James se ríe-, ¿en qué piensas?

- En Alicia.

- ¿Alicia?-James se echa casi encima de él, con los ojos muy abiertos-¿Qué Alicia? ¿Te gusta? ¿Es guapa? ¿Quién es? ¡¿Quién es?!

- Es una niña pequeña que un día se cayó por una madriguera y llegó a un mundo de fantasía en el que una Reina malvada le quería cortar la cabeza y acabar con ella.

- ¿Pero ha salido de la madriguera? ¿Estudia aquí?

- Sí…- Remus duda-En realidad no creo que Alicia saliese nunca de la madriguera, ¿sabes? creo que hay veces que no es tan fácil olvidar las cosas ni tan sencillo marcharte de un lugar. Siempre queda algo de ti allí y algo de allí en ti.

- ¿Está muerta? - el pánico en James es evidente. Y Remus le mira con curiosidad.

- No, no está muerta porque no existe-explica-. Alicia es el personaje de uno de mis libros.

- ¡Pues vaya! - el chico de gafas se deja caer sobre su colchón y Remus le imita, quedándose los dos mirando el techo de la litera donde duerme Peter-Pensaba que podría reírme de ti porque te gustaba alguna chica.

- El hecho de que Sirius se ría de ti porque te gusta Lily no quiere decir que tú puedas hacer lo mismo.

- ¡Pero a mí no me gusta Lily!-se queja-Solamente opino que es guapa y que es muy lista, y oh, Remus, ¿has visto cuando sonríe? Eso sí que es magia.

Remus. De nuevo el nombre.

- Te gusta Lily.

- ¿Sabes qué?

- Qué.

- Que si tú lo dices entonces será verdad. Creo que me gusta Lily, Remus-James se lleva los brazos tras la cabeza-. Porque tú siempre tienes razón… Pero tengo que pedirte un favor.

- Soy todo oídos.

- Que no se lo cuentes a Sirius…-suplica-Si se entera me llamará de todo.

- Te juro que no se lo contaré a Sirius.-sonríe Remus ampliamente.

James se vuelve hacia él y extiende la mano; Lupin la mira y luego la estrecha con fuerza.

- ¿Lo juras?-repite James con los ojos encendidos.

- Solemnemente.

En ese momento, un fuerte portazo les hace a los dos girar la cabeza en dirección al ruido. Sirius, con el pelo empapado, largo cayéndole sobre los hombros les mira con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

- ¿Qué parte de "James, espérame" no has entendido? ¿La de "James" o la de "espérame"?

- Uy, perdona, es que a veces se me olvida cómo me llamo.

- Más vale que te alejes de ese idiota, Remus, quién sabe si la estupidez se puede contagiar.

- Remus no se alejará de mí nunca-James canturrea ¿cómo es posible que lo pueda hacer tan mal con una frase de siete palabras?-, ¿verdad?

Y le pasa los brazos por los hombros. En definitiva. Le abraza. Y todo el cuerpo de Remus se pone rígido; porque no se lo espera. La mejilla de James roza la suya y lo único que puede hacer es sonreír. Sirius parece que va a echar humo por la nariz; da un paso al frente y luego se detiene. Los mira a los dos si las miradas matasen… y vacila. Sirius "siempre estoy seguro de todo" Black duda un segundo, dos, tres y luego cuatro antes de gruñir. Finalmente entrecierra un ojo, con los labios presionados; esa expresión que Lupin definirá unos cuantos años después como "quiero pero no debo porque no va acorde con mi personalidad". Se agacha para poder mirarles a los dos a los ojos y extiende el brazo hasta que su dedo se coloca sobre la nariz de Remus.

- Que Remus no se aleje de ti no quiere decir que no haya Remus para todos.

Lupin traga saliva y se le queda mirando atentamente, tan fijamente que podría ver a través de él, a través de esa mata de pelo fino y oscuro, porque Sirius, que me caiga un rayo si es mentira, acaba de demostrar que me aprecia. Porque Sirius es su compañero de habitación, es su amigo, pero en la cabeza de Remus siempre es "James y Sirius" esto y "Sirius y James" lo otro. Y en ese momento, con el dedo de Sirius en su nariz adornada de cicatrices y la mejilla de James sobre su piel sabe que ambos le están diciendo algo que con palabras serían incapaces de expresar: Que no soy "ese", que no soy "tú", que para ellos soy Remus.

- ¿Habéis estado estudiando, malditos empollones?-el momento se rompe cuando Sirius ve el libro de Pociones sobre el colchón-¿Es que no tengo amigos normales?

- Es que…- Lupin suspira - Os recuerdo que por vuestra culpa tenemos que hacer una redacción sobre una poción usada "en las grandes obras de la historia de la literatura".

- ¿Nuestra culpa?-James parece sorprendido-¿Redacción?

- Snape.

Y se ríen. ¡Es verdad, le metimos el pelo en el caldero! Sirius y ¡Yo lo hice pensando que así se le limpiaría! James.

- Admite que fue gracioso.- exige Sirius.

- No, no lo fue, y encima no puedo hacer la redacción de lo que quiero porque en este libro no hay información suficiente sobre el Filtro de los Muertos en Vida.

- ¿La qué?-preguntan al mismo tiempo.

- El Filtro de Muertos en Vida; supuestamente fue la poción que se tomó Julieta para simular su muerte y que finalmente la sumió en un sueño eterno.

- ¿A quién? - y otra vez al unísono.

- Julieta. Romeo y Julieta, Shakespeare.

Y James y Sirius asienten porque no tengo ni idea de qué rayos está hablando este tío, Sirius y a veces creo que Remus es de otro planeta.

- ¿Y no sale en el libro?-pregunta James interesado. Demasiado.

- No, no sale en nuestro libro; tal vez en la Sección Prohibida haya algo, pero claro, no puedo pedir permiso para consultar una poción de ese nivel.

- Sí, es una pena.-admite Sirius, mientras sube a su litera con pesadez. Allí se sienta y espera a que James se levante y finja rebuscar entre el montón de ropa sucia que acumula desde hace semanas encima de su cama. Remus se tumba cansado, enterrando la cara en la almohada y no se da cuenta cuando Sirius le susurra en el oído a su mejor amigo esta noche, Potter y el aludido sonríe de una forma que en unos años asustará a cualquiera y murmura esta noche toca merodear, Black.

James se despierta primero; se incorpora sobre la cama y observa a Lupin respirar agitadamente a su lado. Remus siempre se mueve demasiado en sueños. También escucha a Peter respirar con la nariz taponada y los cada vez más fuertes ronquidos de Sirius. Se pone en pie con cuidado de no tropezarse con nada y sorprendentemente lo consigue. Tiene que colocarse de puntillas para poder ver el rostro de Sirius dormido.

-Eh - susurra -, Sirius, despierta.

- Mñkjmmñmvete a la mierklgjlsñda.

- ¡Vamos!

- Maldito gafotas…- murmura con voz ahogada - Vete…

- Tenemos que hacer lo de Remus.

Y Sirius abre un ojo, le mira y lo cierra, y luego parece que se arrepiente y lo vuelve a abrir.

- Está bien.

No se visten, no hace falta; Sirius baja la escalerilla con cuidado y apoya los pies en el suelo. Alcanza su varita y bosteza en silencio. James contento le sigue y en cuanto da un paso sus pies se enredan con el bajo de sus sábanas y tiene que apoyarse en la espalda de su amigo para no tragarse el suelo.

- En serio, tío, ¿cómo se puede ser tan torpe?-casi berrea Sirius.

- Shhhhh…-James contiene la risa (porque siempre le resulta divertido cuando alguien se tropieza, no iba a ser diferente consigo mismo)-No podemos despertarles.

En el tramo que no supera los dos metros de distancia que hay entre las literas y la puerta, Sirius Black esquiva dos pares de zapatos y un baúl y James Potter se tropieza con ambos, incluso se pincha en el pie con la esquina de un libro de Pociones maldito sea quien haya dejado esta mierda aquí a propósito que es respondido con un es tuyo.

Consiguen bajar a la Sala Común sin causar ningún incidente y es en ese momento en el que James saca del bolsillo de su pijama de color rojo a rayas grises la Capa de Invisibilidad. Los dos se cubren con ella y Sirius murmura un suave Lumos que les proporciona la luz suficiente como para poder ver a un par de palmos de distancia.

- ¿Quién anda ahí? - Susurra la señora Gorda cuando abren el retrato desde el interior y se deslizan sigilosamente por la escalera. Bajan tres pisos "porque está en la cuarta planta ¿no?" murmura Sirius "no lo sé, solamente sé que Remus y Lily siempre bajan por aquí".

En realidad no les resulta complicado encontrar la entrada, porque a su favor, en la puerta hay un enorme cartel que dice "Biblioteca" junto a una placa más pequeña que indica que "los alumnos y profesores que maltraten los libros serán castigados, que hay que guardar silencio y que no se puede comer en el interior".

- Algún día tenemos que comer chocolate a voz de grito y dejar las huellas en todas las páginas-susurra James-. Seguro que la señora se volvía loca.

- Y seguro que no nos pillarían. - contesta con sarcasmo Sirius.

Moverse bajo la capa es fácil, sobre todo porque James sujeta la goma del pantalón de Sirius con la intención de no caerse y es el primero el que guía; Sirius tiene buen olfato, a veces se siente como un auténtico perro rastreador, capaz de orientarse fácilmente y con una capacidad pasmosa para encontrar cosas o lugares. Y en efecto, no se equivocan cuando pasan con un poco de miedo bajo un letrero que indica "Sección Prohibida".

- Por lo que sé la Sección Prohibida guarda información sobre magia oscura, o hechizos muy muy poderosos.

- También libros muy antiguos.-Sirius señala un tomo que tiene el lomo completamente destrozado.

- Igual alguno de estos libros es el diario secreto de Dumbledore - susurra James en el oído de su amigo -, ¿te lo imaginas? Hoy me he levantado, tenía un par de arrugas más, soy tan listo que me duele. La profesora McGonagall me miraba de forma juguetona, pero yo he preferido ordenar mi colección de calcetines de lana. Me pregunto qué habrá mañana para comer… Seguro que los elfos preparan el chocolate caliente que tanto me gusta…

- ¿Pero te quieres callar, bocazas?

- Soso. - gruñe James mirando entre las estanterías, mientras en su cabeza todavía resuena la voz del anciano director diciendo que "las meigas fritas ya no son lo que eran antes".

-El libro que busca Remus tiene que ver con pociones avanzadas o algo así, ¿no?

- Eso creo.

- No sé qué le pasa a ese chico, con lo sencillo que sería escribir sobre una poción para hacer que los mocos no se queden secos o algo así.

- ¿Mocos secos?

- Sí, mocos secos.

- Yo no tengo mocos secos.

- Pero porque tú eres la brillante y perfecta señorita Potter.

- Oh, cállate.

Se quedan en silencio y sin quitarse la capa recorren las filas de libros. En alguna ocasión tienen que ponerse de puntillas para mirar en las estanterías más altas, pero las que llegan casi al techo quedan fuera de su alcance. Los minutos pasan y sus corazones empiezan a agitarse si nos pillan se nos cae el pelo.

- ¡Mira! - Sirius coge un libro que parece no querer salir y que finalmente se da por vencido. Tiene las tapas duras, cubiertas en terciopelo y hay un caldero dibujado, bordado en hilo de oro.

- ¿Servirá?

- A ver… - los dos niños se inclinan sobre el tomo y con ojos lectores buscan (cruzando los dedos) entre las páginas algo que les indique que no se han equivocado-¡Sí! Mira, el Filtro de Muertos en Vida es un somnífero muy potente, que envía al bebedor en un sueño mortal.

- ¿Perfecto no?

- ¡Perfecto!

Sirius se lo guarda bajo el pijama y se ríe cuando el frío le toca la piel. Después, simplemente caminan por los pasillos hablando en voz baja la próxima vez podríamos intentar entrar en la Sala Común de Slytherin y meterle chizpurfles a Snape en la cama.

Cuando llegan al dormitorio los otros dos siguen durmiendo, así que no notan cuando se deslizan bajo las mantas, ni cuando Sirius pone el libro bajo su almohada a modo de protección. James se acurrucará y empezará a babear a los pocos segundos, con las gafas encima de la cara y medio cuerpo fuera de la cama. Sirius tardará un poco más, porque no puedo esperar a ver la cara que pone Remus cuando lo vea.

Cuando Remus Lupin dejó de ser un niño de costumbres fijas

Remus se despereza en la cama; un débil rayo de luz entra por la ventana e ilumina las sábanas rojas. Estira las piernas y piensa en ponerse el uniforme, pero entonces recuerda que lo dejó en una esquina para lavar (los elfos domésticos suelen aparecerse en la habitación y recogen la ropa que los chicos amontonan en una zona concreta del dormitorio y luego se marchan. Esa es la razón por la que la ropa de James siempre está sucia, porque la tira debajo de la cama y pasan días hasta que se acuerda de depositarla en el montón) y que no es necesario llevarlo en fin de semana, así que se agacha sobre su baúl y saca unos vaqueros claros, una camisa de tonos morados y un jersey viejo y desgastado. Con lentitud se viste y después se ata los zapatos antes de escabullirse fuera de la habitación.

Es sábado y por lo tanto no le queda otra que deambular por el castillo durante todo el día al final acabaré leyendo en la Biblioteca, pero lo primero es lo primero y no hay día en la vida de Remus Lupin que no se componga de un buen desayuno. Remus es un niño de costumbres; del mismo modo que un periódico se empieza a leer por el final y los cordones del zapato derecho se abrochan antes que los del izquierdo, los desayunos empiezan con una taza de café (esta vez con leche), seguido de un par de galletas y si el día lo sugiere tal vez una tostada, y si Remus está caprichoso, probablemente atacará una de esas onzas de chocolate no sé de dónde sacan esto pero seguro que están hechas con magia que suelen desaparecer a la velocidad de la luz de las bandejas.

Esa mañana, la mesa de Gryffindor está muy vacía; a excepción de un chico de tercero con el pelo largo y rubio y que Remus sabe que casi siempre unta sus tostadas con mermelada de cereza (pero verde, siempre verde) y se toma un vaso de leche bien caliente. Y cómo no, Lily Evans ocupa un sitio en el banco, con el pelo rojo recogido en una trenza juraría que se ha cortado el pelo y saboreando el poco jugo que puede sacar de una manzana amarilla intensa. Lupin sabe que la niña comparte muchas de sus costumbres o como dice Sirius "manías, Remus, lo que tú tienes son manías", casi siempre desayunan a la misma hora, después ella se va a arreglar y acude a las clases con puntualidad; en sus ratos libres deambula por la Biblioteca con algún que otro libro gigantesco entre los brazos y el chico cree que más de una vez la ha visto leer en la Sala Común algún libro "no mágico". Se sorprende completamente perdido en sus movimientos; se da cuenta de que ella sopla siempre en el vaso antes de beber la leche, independientemente de si esté caliente o no, también observa que suele tamborilear sobre la madera mientras lee un pergamino a su derecha, y no puede ser Lily Evans tararea. Canturrea.¡Y no lo hace nada mal! Tiene la voz aguda, y canta tan bajito que apenas se escucha, pero Remus no podría no reconocer la canción, no si se trata de una canción de Ella, con mayúsculas, Ella Fitzgerald. Y los labios de Lily se mueven pronunciando suavemente un "Night and day, you are the one" e inconscientemente Remus mueve los suyos en un débil "Only beneath the moon and under the sun". Y ella se da cuenta, le mira con los ojos verdes sorprendidos, y después presiona los labios sonrojándose, como si realmente no hubiera esperado que nadie estuviera escuchando. Se levanta rápidamente, olvidándose por completo la leche, su manzana y un bollo a medio comer. Lily lleva una falda a cuadros y un jersey un poco grande no es suyo, Lily hereda la ropa de alguien y Remus piensa que le queda realmente bien y casi sin pararse a meditar, comprende que si James estuviese ahí no podría apartar la mirada de ella hasta que sale por la puerta. Pero James no está, sólo está él y sólo él sabe que Lily Evans esconde muchas cosas, entre ellas un buen gusto musical y rayos, no voy a quedarme con las ganas de saber más cosas sobre ella. Por primera vez el pecho de Lupin arde con curiosidad, y mientras sube las escaleras de nuevo hacia la Sala Común de Gryffindor por su cabeza pasan millones de ideas, cientos de formas de conseguir hacerse amigo de Lily, pero ninguna de ellas se acerca ni por asomo a lo que ocurrió en realidad.

Chocolate. Mucho chocolate, y está tan rico… Sirius se relame en sueños. Pero hay algo que no encaja. ¿Qué es eso? Dumbledore le mira a través de sus gafas de media luna y comienza a hablar a voz de grito, pero no es su voz, es la voz de… ¿Peter? ¿Qué demonios le pasa al mundo? Sirius se sube a su escoba y sobrevuela unas montañas nevadas hasta que finalmente consigue ver una diminuta casita fabricada con galleta y aterriza al lado de la puerta. Con cuidado gira el pomo y la oscuridad se le traga. Y se despierta.

Se sienta en la cama, junta las palmas de las manos y se estira haciendo que todos los huesos de su espalda crujan. Mira a la litera de al lado y ve a Peter envuelto en mantas, con las orejas asomando tímidamente entre las sábanas y hecho un ovillo. Se descuelga por el lateral y cae sin hacer ruido. James también duerme; lleva las gafas torcidas, con los cristales llenos de marcas de dedos, la camiseta del pijama se le ha abierto y tiene la boca cerrada alrededor de un trozo de sábana que probablemente esté más mojado que los pantalones de Snape cuando le pegaron con Lucio. Sirius se agacha y estira un dedo para ponérselo a su amigo en el ojo, esquivando la montura de pasta. James gruñe, se queja y da una patada involuntaria. El chico no desiste y comienza a soplarle en el oído, después le mete el dedo en el hueco de la nariz y finalmente el muchacho de gafas le pega un manotazo y se da la vuelta.

- Sirius, eres - bosteza escandalosamente - tonto.

- Va, despierta, que es tarde.

- No quiero.

- Vaaaaaa - Sirius le estira de un mechón de pelo -, va, James…

- Que te vayas…

- No quiero - y acto seguido se mete en la cama de su amigo, con descaro, sin pensarlo. James intenta evitarlo, pero Sirius echa el brazo por sus hombros y le acorrala contra la pared-, y si no te levantas no pienso salir de tu cama.

- ¡Sirius! - su voz suena como la de una niña a la que un matón le ha robado su muñeca preferida - Que quiero dormir…

- ¡Yo no te lo impido!

Y se pelean. Las piernas de James se enredan en las de Sirius mientras le mete el codo en el costado para intentar que se aparte, pero el mayor es más fuerte y a mí no me gana nadie, así que resiste y se las arregla para colocar al joven de gafas encima de él y luego empujarle contra el suelo. James cae con un golpe sordo y se queda inmóvil.

- Te odio.

- Me quieres.

- Perdonad, chicos… - una voz aguda llega de lo alto de las literas - No he dormido bien, ¿os importaría no hacer tanto ruido? Por favor.

- ¡Claro Peter! - James sonríe con una maldad perturbadora si yo no duermo aquí no duerme ni el mismísimo Merlín y alcanza la varita que dejó tirada en el suelo (para variar) la noche anterior, levanta el brazo y apunta a las sábanas del pobre Pettigrew que en ningún momento se espera que todo salga volando. Incluido él.

Peter vuela, se eleva, no toca el suelo… O al menos durante los tres segundos que el hechizo consigue mantenerle en el aire; después se precipita como una piedra contra el armario y el golpe es tan fuerte que los otros dos incluso se preocupan.

- ¿Estás bien, Peter? - Sirius se muerde el labio, porque ve de reojo que James está aguantándose la risa tío, no tiene gracia, se podría haber matado.

-Sí… - Peter se toca la cabeza - ¿Qué ha pasado?
- Los vientos de marzo, que son muy fuertes…- murmura James mientras esconde la varita detrás de la espalda, un segundo antes de que la puerta se abra y un despreocupado Remus entre y se quede quieto mirando el desastre.

- ¿Merece la pena que pregunte?

- Mejor no lo hagas. - dice Sirius sentándose, todavía envuelto en las sábanas de James.

- La Sala Común está llena de gente y hablan en alto. No lo entiendo, si quieren hacer el idiota que se vayan a los jardines, o mejor, al Bosque Prohibido y que no vuelvan, ¿qué les cuesta respetar el silencio que necesitamos los demás?

- Yo diría "el silencio que necesitas ", ¡es sábado! y sábado es una palabra en un idioma significa que no hay que hacer nada.-explica Sirius.

- ¿En cuál? - gruñe Lupin.

- En uno que tú no conoces, por supuesto.

Peter se levanta en ese momento, todavía desconcertado y con lentitud vuelve a subir a su cama, con cierto temor se atreve a apoyar la cabeza sobre el colchón y entrecierra los ojos.

- ¡James! - Remus le pega una patada a lo que parece un montón de ropa azul - Estos son tus calzoncillos del miércoles pasado y no veo la necesidad de que estén en mitad del dormitorio.

- ¿Cómo sabes que son los del miércoles, eh? - James le vacila - ¿Te gusta mirarme los calzoncillos?

-No. Me refería a que son los mismos que llevabas desde el miércoles pasado y que al fin te cambiaste ayer.

- ¡Y Remus Lupin anota diez puntos a favor de Gryffindor!-grita Sirius como un poseso, ganándose un empujón de un derrotado James.

- Por ese comentario no tendría que darte mi regalo.

- Nuestro.- recalca Sirius.

- ¿Regalo?

- Sí. - dicen los dos a la vez.

Con ojos brillantes, Sirius se levanta y rebusca bajo su almohada hasta encontrar algo duro que se guarda tras la espalda. Los dos chicos se ponen delante del joven hombre lobo y sonríen ampliamente. En serio, ¿qué traman?

-¡Para ti! -exclaman al mismo tiempo.

Es un libro. Un libro grueso. Con dedos temblorosos, Lupin lo coge y siente el cálido tacto bajo su piel.

- ¿Qué es esto? - pregunta con curiosidad.

- Ábrelo - le insta James -.Ábrelo por la página… cuarenta y cuatro.

-¡Salamandras!- exclama Remus con los ojos muy abiertos-¡Chicos! ¡Son los ingredientes del filtro de los Muertos en Vida! Pero…-no le sale la voz-Rebusqué por todas las estanterías de la Biblioteca y no había ningún ejemplar en el que apareciesen los pasos y… ¡Esto es genial!

-Y hay muchas otras pociones que no aparecen en los libros de tu (tu porque es de Remus, porque no hay nadie más que se pase tantas horas entre esas paredes infernales) Biblioteca.-añade Sirius con un gran sonrisa.

-¡Pero con esto podré hacer el castigo para Slughorn! ¡Incluso me pondrá buena nota por haber obtenido información adicional y…

La exclamación se interrumpe y de pronto su expresión cambia. Los ojos de Remus se dirigen primero a los grises de Sirius. El pequeño licántropo escudriña el rostro de su amigo, pero en apariencia no hay nada que le indique que se trate de una broma. La respiración de Sirius es normal y su expresión no tiene esa mueca de "te vas a enterar, capullo" que suele caracterizarle cuando le toca las narices a alguien. Pasa a analizar los ojos de James, pero desiste al ver esa máscara perfecta que tardará años en traspasar.

- ¿Qué pasa? -pregunta el muchacho de ojos chocolate.

- Que esto tiene que tener algo malo.

- ¡Qué desconfiado, Remus!-protesta Sirius-Te hemos hecho un favor, hemos encontrado la poción que sale en eso de Raimundo y Julieta que tanto te gusta…

- Raimundo - repite Lupin serio -, ¿en serio, Sirius? ¿RAIMUNDO?

-¿Qué?

-QUE ES ROMEO, ROMEO Y JULIETA, NO RAIMUNDO, ¡POR LAS BARBAS DE MERLÍN!, ¿CÓMO UN PERSONAJE TAN SOFISTICADO COMO ROMEO SE VA A LLAMAR RAIMUNDO?

- Pero no te quejes…-Sirius ignora por completo su indignación-La cosa es que tienes la poción esa.

- Es cierto…- Remus se calma y lee por encima la página-No es de broma, son instrucciones con sentido.

- ¿Pero por qué no te fías de nosotros?-se lamenta James.

- ¿Tengo que contestar a eso?

- ¡Sacamos el libro de una biblioteca!-dice Sirius-Así que no puedes decirnos nada, no es que lo hayamos robado, bueno, técnicamente no se le puede llamar robar.

- Tomar prestado-precisa James-. Se llama tomar prestado.

- ¿A quién se lo habéis robado?-pregunta aterrado Remus-¿No se lo habréis quitado a Slughorn?

- ¡Que es prestado!-miente James-¿En serio me vez capaz de robar? ¿A mí?

- No soy tu madre, Jimmy - contesta sarcásticamente Lupin recalcando el apelativo cariñoso -. Así que me creo que puedas haberle robado un libro a Slughorn de la misma forma que me creería sin dudar que hubieses entrado al despacho de Dumbledore en plena noche y le hubieses robado su gorro de dormir.

- ¿Tiene un gorro de dormir?

- ¿De dónde ha salido esto?

- Bueno…- los dos chicos se miran culpables. Después, Sirius se pone de puntillas y observa a un Peter que ha vuelto a caer en un sueño profundo-Puede que haya salido, pero no estamos seguros, quiero decir, puede que fueran alucinaciones nuestras y… Y no queremos que nos juzgues por esto eh, porque podría haber salido de cualquier otro sitio que no fuera ese y…

- ¿De dónde? - insiste Remus cruzándose de brazos.

- De la Sección Prohibida. - susurra James tan bajito que parece que se lo dice a su propio hombro.

- ¿De la Sección Prohibida?-están de broma; nadie entra en la Sección Prohibida sin permiso de la señora Pince, NADIE, ni siquiera ellos, por mucho que sean…-¿En serio?

- Que sí.

- ¿Cómo? - hay curiosidad en sus palabras. La Sección Prohibida es como dice su nombre prohibida. No se puede entrar. Vetada. No pases. Que no se entra. Toca un libro y te arrancan los brazos. Entonces…-¿Cómo?-repite.

- Puede que… - Sirius vuelve a vacilar y mira a su mejor amigo con expresión culpable y la mirada de James parece decir que continúe-Puede que James tenga una cosita que ayuda un poco.

Los dos niños se dan la vuelta y es James el que se agacha y rebusca entre sus desordenadas cosas en el baúl. Tras varios segundos de tensión se levanta y extiende el brazo con una gigantesca capa vieja y sucia.

- ¿Qué…?-pero Remus no tiene tiempo de preguntarse qué es eso, porque el chico de gafas se la pone sobre el brazo y este desaparece delante de sus ojos ¿qué es esto? No puede ser que sea…-¿Es una capa invisible de verdad?

- Bueno, más bien es La Capa Invisible de James Potter-sonríe Sirius-, es perfecta, Remus, no te ven, solamente hay que cuidarse de no hablar demasiado alto, pero se puede ir por el castillo a tus anchas y el estúpido de Filch no se da cuenta de nada.

- ¡No te puedes ni imaginar cómo es Hogwarts por la noche, Remus!-James se une a la emoción-Es todo completamente distinto, el techo… Tenías razón, no es de verdad, una noche llovió y no nos mojamos y las escaleras no se mueven porque duermen como los demás y los señores de los cuadros tampoco están despiertos y…

- ¡Y encontramos un pasadizo!-continúa Sirius ahora que le hemos contado lo de la Capa tiene que saberlo todo-Acabamos en una habitación llena de chocolate y tienes que verla, está llena de chocolate de todos los sabores y pensamos en traerte algo pero como íbamos con las varitas encendidas no pudimos coger las cajas, pero la próxima vez…

- Coger un libro de la Sección Prohibida es una infracción a las normas del colegio-murmura Remus -, merodear por la noche bajo una Capa de Invisibilidad tiene también que incumplir más de diez normas al mismo tiempo y posiblemente ese pasadizo llevaría a algún sitio prohibido que ocasionaría vuestra expulsión si se enterasen los profesores.

James y Sirius se quedan congelados. La expresión de su amigo es seria, casi dura y la boca se tuerce en una mueca de enfado bastante considerable.

- Remus, nosotros…-James empieza a disculparse ¿y si lo cuenta? ¿y si Sirius y yo tenemos que volver a casa? No, Sirius no puede quedarse con su madre y tendré que llevarle a vivir conmigo; seguro que a mamá no le importará, pero papá…

- James - Remus le corta, le fulmina con la mirada y luego se vuelve hacia Sirius y dice su nombre con la misma autoridad "Sirius" - Considero necesario que…- traga saliva - Que me enseñéis el sitio de los chocolates si no queréis que se lo diga a los profesores y… y que me dejéis merodear por los pasillos con vosotros bajo esa capa siempre que salgáis por la noche porque… Porque yo soy más observador que vosotros y seguro que se os ha pasado algún detalle de Hogwarts.

Se hace el silencio, roto por los ronquidos de Peter.

-¿Estás diciendo que quieres incumplir cientos de normas escritas por el puño y letra de Albus Dumbledore solamente por merodear con nosotros por el castillo? -repite Sirius anonadado.

- Es posible. - Remus se sonroja y se gira para que no le vean, pero no tiene tiempo para eso, porque los dos niños se lanzan contra él y le abrazan con tanta fuerza que cree que se le van a salir los hígados.

- ¡Eres el mejor, Remus!-exclama James.

- Bienvenido, Remus.

Los meses siguientes, James, Remus y Sirius (en ese orden y no en otro) se colocaran la Capa Invisible sobre la cabeza docenas de veces, traspasarán el cuadro de la señora Gorda entre risas y caminarán con los pies descalzos por todos los pasillos. Sirius y James harán carreras ¡Sirius, corres como una chica! en el Gran Comedor y Remus les observara sonriente sentado encima de una mesa; se asustarán más veces de las que admitirán después y se esconderán en baños ¡Podrían todos los alumnos tener ganas de hacer pis al mismo tiempo y podrían ir al baño todos a la vez! de los que no sabían siquiera su existencia, escapando de los rápidos pasos de Filch; encontrarán otra vez el pasadizo a la habitación llena de deliciosos chocolates; los ojos de Remus brillarán como dos estrellas en el cielo de una noche libre de nubes ¡Aquí hay más chocolate del que he visto en toda mi vida! y se sentarán en el suelo, y James se manchará la boca tanto que Sirius le limpiará con la manga y Remus reirá pareces una madre, Black y Sirius se indignará, pero no le empujará, ni le tocará porque todos sabemos que Remus puede partirse y simplemente le tirará un par de tabletas de chocolate con fresas que el joven licántropo devorará con ansias. Después se tirarán en el suelo, frío, con dolor de tripa y al día siguiente ninguno querrá desayunar; y un niño de costumbres fijas como es Lupin no tomará ni su café, ni sus galletas, ni su tostada ni nada que se le parezca. Es más, Remus Lupin, un niño de costumbres será el último en despertarse, y cuando James y Sirius le miren con los ojos como platos desde sus respectivas camas, cerca de la una del mediodía, Remus simplemente se encogerá de hombros y reirá tan alto que el pecho le vibrará; y los tres bajarán por las escaleras, juntos, y recorrerán los pasillos que parece que ya se saben de memoria, juntos, y compartirán chistes y temas sin importancia, juntos y sobre todo, planearán la noche siguiente, para merodear otra vez y por supuesto, juntos.

Hogwarts tiene memoria

Peter camina con pasos ligeros tras Sirius y James. Los dos niños hablan animados sobre el último partido de los Chudley Cannons ¡El equipo está gafado, tío! Alguien nos ha echado un mal de ojo dice el primero y el segundo se apresura a contestar angustiado que nadie puede tener tan mala suerte, que tiene que ser un complot del Ministerio por lo menos, pero Peter calla, porque no sabe demasiado de Quidditch; sí, le gusta, sabe quiénes son los Chudley Cannons porque son el peor equipo del mundo (eso lo sabe hasta Remus), pero desde luego no sabe nada de técnicas ni estrategias maestras, ni se sabe la talla de ropa interior de todos los jugadores de la Liga como sus dos compañeros. James y Sirius tienen temas de conversación limitados, que se reducen a ¡Sirius, esta empanada está buenísima! o James, ¿has visto mi peine? o Sirius, quiero molestar a Snape pero me da demasiada pereza, insúltale tú o James, ¡los Chudley han marcado! aunque hay veces que les ve a los dos, con las cabezas muy juntas en alguna esquina de la Sala Común, o en el dormitorio susurrando sentados en la cama, casi tan cerca que sus narices se tocan y entonces Peter sabe que hablan de algo que él no tiene permiso para escuchar; pero tampoco le importa, no mientras sigan dejándole ir con ellos. Peter adora la sensación de recorrer los pasillos con los dos chicos delante de él, porque se siente parte de algo; los niños del curso les miran con respeto y rayos, Sirius Black y James Potter me consideran un igual o… algo así.

A veces Peter cree que es invisible, sobre todo cuando Remus hace aparición. Lupin sonríe y no entiendo por qué sonríe si antes no sonreía nuncay les habla y les saluda e incluso bromea con ellos, pero sólo con ellos, no con él. Los tres Gryffindor le dan la espalda, y entonces Peter tiene que tocarle suavemente en el hombro a James y este se vuelve ¡Oh, Peter! y le deja un hueco a su lado. Y si Peter Pettigrew está al lado de James Potter, entonces todo se arregla. Y más aún, si Sirius mueve la cabeza en señal de aceptación y si Remus le saluda con la mano, es entonces cuando se siente verdaderamente parte de "el grupo". En la cabeza de Peter ellos son una pandilla, un grupo, un equipo, los mejores: Está Remus, el chico más listo del curso no hay nada en el mundo que no sepa; luego cuentan con Sirius, fuerte, con carácter y caracoles, el tipo más duro que he visto en mi vida; también está James, que a su punto de ver reúne todas las características de líder: Simpático y agradable no entiendo por qué Remus suele llamarle cretino; James no hace nada malo, en realidad es Sirius el que le incita. James es bueno. Y luego está él, Peter. Simplemente Peter.

-… y luego me dijo que tenía que poner en orden mis preferencias, que no podía ir por ahí merodeando todo el día y tenía que cumplir con mis obligaciones y que si no lo hacía que mandaría una carta a mis padres-dice James-, y sabes que no puede hacer eso, soy capaz de interceptar la lechuza y comérmela antes de que ese pergamino llegue a su destino.

-Es que tío, es lógico que McGonagall se enfade; llevas dos clases seguidas sin aparecer, y créeme que tu ausencia se nota.

-¿Pero tú escuchas cuando hablo? ¡Que le va a mandar una carta a mis padres! Que me echarán de casa o me encerrarán en el ático y me moriré ahí y Sirius, que yo no quiero morirme tan pronto. Un par de años más, por lo menos.

-Si te encerrasen en el ático podrías fabricar comida con la varita.-sugiere Peter con voz ronca. Lleva demasiado tiempo con la boca cerrada y los sonidos quedan atrapados en su garganta.

-En realidad no-susurra una voz pausada a su espalda-, según la Ley de Gamp de Transfiguración Universal se puede usar la magia para cocinar, puedes transformar, aumentar y mover la comida, pero en ningún caso puedes hacerla aparecer de la nada.

-¡Repelente!-exclama James dándole un empujón a Remus que medio sonríe y tropieza antes de estabilizarse.

-Es una información básica que todo mago debería saber y…

-Que alguien le meta un calcetín en la boca…-gruñe Sirius.

-¿A qué ha venido lo de James muriéndose en su ático?

-A que McGonagall le va a mandar una carta a mis padres si vuelvo a hacer algo malo.

-Y encerrarán a James en el ático y le matarán de hambre.-explica Peter.

-Mmmm… ¿Pero por qué no vienes a clase? Creía que Transformaciones te interesaba.

-¿A mí?-James vacila y mira a su mejor amigo con expresión que dice "no tengo ni idea de lo que dice este tío, te lo juro"-¿James Potter interesado en una asignatura? ¡Ja! No, Remus, no, no… Yo soy un alma libre, sólo me gusta el Quidditch. Y no he ido a clase porque tengo sueño y me quedo durmiendo. Los elfos me despiertan a mitad de mañana y son grandes conversadores.

-Pero si te duermes pronto todos los días-murmura Peter confuso-, te oigo respirar.

-¿Ves? Este es el tipo de cosas que son… Raras.-dice Sirius con desagrado.

-Pero…-Peter vacila y luego se mira los zapatos no es que me preocupe de si James duerme o no, pero me cuesta dormir, y ellos siempre cierran los ojos antes, sólo eso.

-Pues creo que deberías ir a clase, James. No es por nada pero creo que se te da bastante bien, en realidad mejor que a la media y es la única asignatura en la que estás consiguiendo resultados positivos sin prestar ningún tipo de atención.-Lupin le mira con seriedad y en esa mirada hay un deje de tú y yo vamos a hablar después que nadie más que ellos dos detecta.

-¿Pero queréis cerrar la boca?-Sirius camina con pesadez, el pelo no demasiado bien peinado (algo raro en él) y las mangas de la camisa ajustadas a las muñecas (algo aún más raro).

-¿Qué te pasa?

-Que Sirius tiene dolor de-James se pone de puntillas para pegarle un golpe en la frente-cabeza.

-¡Te mataré!

Y echan a correr, y James se escabulle entre dos chicas de séptimo que los miran con ojos brillantes, y Sirius va tras él todo lo rápido que puede, que nunca es suficiente para atrapar a su amigo.

-Voy a ir a la Biblioteca-dice Remus sin prestar atención a la escena que acaba de desarrollarse siempre tan tranquilo, siempre tan pausado, ¿dónde se hará esas cicatrices?-, como estos dos inútiles no me quieren acompañar, ¿te apetece a ti?

-C…Claro.

Los dos niños caminan con lentitud, Peter siempre se adecua a los que tiene alrededor y del mismo modo que Sirius y James suelen dar pasos que parecen cortos saltos porque cuando uno no corre es el otro, Remus camina tranquilo, perdiendo la vista en los cuadros de las paredes, en las velas, en ese hilo de la alfombra que no debería ser tan largo y esa armadura que está demasiado sucia.

-Peter-le llama Lupin-. Deberías dejar de intentar impresionar a eso dos.

-¿Q…Qué?-tartamudea.

-Que deberías ser tú mismo cuando estás con ellos; James y Sirius no son nada del otro mundo si les conoces bien,-¿insinúas que yo no les conozco bien, eh?- no es que sean dioses, no tienes que besar sus pies. A veces se equivocan, por no decir siempre.

-Si te caen mal no entiendo qué haces con ellos.

Remus se detiene y le mira con los ojos muy abiertos.

-No he dicho que me caigan mal, te he dicho que dejes de pisar la sombra de James a todas horas.

-P…Pero…-Peter nota que sus ojos lloriquean-Eso no es cierto, Remus.

-Es lo que me parece a mí, por cierto, esta noche pondrán bizcocho de chocolate blanco con arándanos, lo tienes que probar-se distrae-y bueno, que no creo que ninguno de los dos vayan a valorar tus esfuerzos. Cuando James te mira a los ojos se ve a sí mismo, eso que te quede claro.

-Pero Remus….

-Tienes que ser tú mismo, Peter-repite el chico con pesar-. Estoy seguro de que te harán más caso si te enfadas con ellos cuando te atrapan en las sábanas por las mañanas para que no llegues a clase o cuando te escondieron las zapatillas de conejitos y aparecieron en el Gran Comedor colgadas de una lámpara.

-Pero… Son ideas graciosas.

-Graciosas para ellos, pero no para ti, ¡enfádate, Peter! Y así empezarán a verte.

Peter traga saliva. Observa el rostro serio de Remus; ojos azules cristalinos, con pestañas espesas y un par de cicatrices gigantescas que los parten por la mitad. ¿Qué sabe él de James y Sirius si se pega el día entero en la Biblioteca? ¿Quién se cree para decir que no estoy siendo yo mismo? ¿Quién? Peter jadea y en un movimiento torpe pero rápido da media vuelta y echa a correr, dejando a un sorprendido Remus con la palabra en la boca.

-Parece mentira, pero cuánto tacto, Remus.-la suave voz de Lily Evans surge cerca de él y entonces el chico se da la vuelta. No se dicen nada, el joven hombre lobo sujeta la puerta porque los caballeros sujetan las puertas y luego ambos entran en su "pequeño" gran santuario y se sumergen en su actividad favorita.

El pecho de James se agita cuando se esconde tras una armadura, lleva más de cinco minutos esquivando alumnos y escapando de Sirius tampoco sé por qué se enfada el muy idiota y necesita pararse para recuperar el aliento.

-¡Imbécil!

El ruido es seco y el dolor intenso, veo luces, veo luces, tío y el ojo derecho de James empieza a lagrimear mientras se lleva la mano a la dolorida cabeza. Sirius le observa con los brazos cruzados.

-Jo, me has hecho daño.

-Te aguantas.-gruñe el otro.

-¿No sabes que hay gente que se muere por golpes fuertes en la cabeza?-pregunta James con pánico-He escuchado que hay enderrames cerebreales que pueden hacer que te mueras de golpe, así sin más.

-¡Pues no estás muerto!

-Será porque tengo suerte…-el niño suspira, se sienta en el suelo y al momento su amigo hace lo mismo.

-No sé si es por el dolor de cabeza, tío, pero hoy Peter estaba más insoportable que habitualmente.

-No es insoportable…-James coloca la lengua en el lateral de la boca, buscando las palabras adecuadas-Peter es simpático, pero no le has dado oportunidad. Lo que pasa es que es tímido y no se atreve a hablarnos.

-¡Pero si no muerdo!

-A veces sí…

-Sí y como me toques las narices otra vez te arrancaré los brazos a mordiscos.

-¿Y cómo voy a ser el mejor buscador de la historia si me arrancas los brazos?

-Pero James, que eres ciego, que no puedes jugar a Quidditch.

-¡Que no soy ciego!-y le empuja, y los dos ruedan por el suelo entre patadas y risas, porque son así, porque nunca jamás dejarán de ser así y si Sirius provoca James este responde y viceversa. Evidentemente es Sirius el que gana ¡Algún día esto cambiará! exclama James con la cara contra el suelo y el brazo retorcido a su espalda pero James, si no pesas más de treinta kilos ¿cómo pretendes ganarme? y se insultan y gafotas y creído y Sirius me cago en tu madre y por mí puedes cagarte en ella y todo lo que te venga en gana.

Los alumnos les ignoran "son los estúpidos de Black y Potter haciendo el mendrugo, como siempre" y sí, son ellos y siempre ellos. ¿Pero qué importa? Son niños, dos críos con mucho tiempo libre en el lugar más maravilloso y mágico del mundo. Tal vez sean los mejores años de su vida, ¿quién en su sano juicio desperdiciaría una oportunidad cómo esa? Durante el día son el centro de atención, son escandalosos, son insoportables, son "otra vez esos críos impertinentes", pero por la noche son los dueños del castillo, son silenciosos, son sigilosos, son "esos críos que siguen siendo impertinentes pero a los que nadie escucha". Y sobre todo; son felices.

Años después, Remus, Sirius, James y Peter estarán de pie en ese mismo pasillo: ellos serán más altos, con el pelo un poco más largo o un poco más corto, ropa nueva y en mayor o menor medida tendrán pelos en la barbilla (y en otras partes del cuerpo); años después observarán ese mismo pasillo con sobria melancolía porque será la última vez que lo pisarán como alumnos y entonces, Remus se encogerá sobre sí mismo entre James y Sirius; el primero le cogerá de la túnica como un niño que dice "papá, por favor, no podemos irnos todavía, quiero más vacaciones", el segundo simplemente le rozará con el hombro, pero será más que suficiente. Peter a su lado se enjugará una solitaria lágrima impregnada de cierto miedo. No serán niños; no lo serán nunca más. Pero en sus recuerdos siempre quedarán esos momentos en los que sí lo fueron y en los que la única preocupación era ser feliz, divertirse, apostar quién corría más rápido o hacer travesuras.

Así que cuando James y Sirius se levantan con la ropa arrugada y corren hacia el Gran Comedor aún quedará algo de empanada no lo saben, pero Hogwarts tiene memoria y sus pies (zapatillas de día, calcetines o descalzos por la noche) quedarán grabados para siempre en las aterciopeladas alfombras. Y el castillo, esperará, esperará que esos pequeños pies inquietos que lo patearon mil veces durante siete años vuelvan, como un abuelo que recibe a sus nietos con nuevos caramelos y un nuevo puzzle por resolver. Pero será un puzzle que nunca llegará a ser completado y miles de caramelos que quedarán sin abrir ni saborear.

Al caer la tarde, en la Sala Común de Gryffindor no hay nadie, así que James y Sirius suben las escaleras hacia el dormitorio con los estómagos llenos de empanada de calabaza y patatas crujientes con miel. Abren la puerta y (por supuesto) interrumpen a sus dos compañeros que llevan poco más de una hora sumidos en un absoluto silencio.

-¡Pam, pam, pam!-James saca la varita y golpea a Sirius en el hombro, cubierto por la camisa que se llena de pequeños hongos-¡Te reto a un duelo!

-Acepto.-pero no saca la varita, ni siquiera hace amago, simplemente intenta pegarle un codazo en el costado a su amigo, que se aparta y se golpea la cabeza con la cama en la que Peter juega silenciosamente con una cajita llena de piedras (ninguno de ellos entiende el sentido de ese objeto: el niño se limita a contar las piedrecitas de colores una y otra vez y luego lo guarda).

-Podríais dejar de hacer el bestia, para variar-dice con voz chirriante-. La gente se harta de vuestros jueguecitos de gamberros.

Remus levanta la nariz de su libro no puede ser y centra toda su atención en la escena.

-¿Y tú vas a obligarnos?-brama Sirius con el pecho hinchado-¿Vas a rodar hacia nosotros o es demasiado esfuerzo para ti?

-Sirius…-Remus bufa desde su posición.

-¡No!-exclama Peter con las mejillas encendidas-¡Pero dejad de molestar a los demás! No tiene gracia y no me insultes, Black.

James se da la vuelta y el muy desgraciado se está partiendo de risa piensa Sirius mientras intenta comprender por qué una bola de sebo con cara de ratón se ha atrevido a llamarme por mi apellido.

-Es que es demasiado fácil meterse contigo, Pettigrew.

-¿Y por eso tienes que insultarme?-casi berrea el niño con los puños apretados contra el regazo-No os he hecho nada a ninguno de vosotros y siempre me estáis vacilando delante de todo el mundo, si os molesto lo podéis decir-sus ojos se llenan de lágrimas-, no tenéis que mandar a Remus a que me diga que os caigo mal.

-¿Eh?-Lupin se levanta de su cama con expresión de desconcierto.

-¡Remus!-James le mira entre divertido y sorprendido-¿Por qué le dices esas cosas al chico?

-¡Pero que yo no le he dicho eso!

-¡SÍ LO HAS HECHO!-Peter grita con la cara tan roja que parece que va a estallar-Me has dicho que deje de ir con James, supongo que porque lo quieres todo para ti, y está bien porque no pienso ir con vosotros nunca más, nunca de los jamases.

-¡Pero yo no te he dicho que te odiemos!-se defiende Remus sobrecogido-Yo intentaba hacerte ver que si eres tú mismo estos dos imbéciles no se meterán contigo. Peter, en ningún momento quería que pensaras que no te queremos como amigo.

-Igual al que no queremos de amigo eres tú, ¿eh?-Sirius ladra-¿Imbéciles?

-Hay que ser objetivo, Black.-y lo dice tanta soltura y naturalidad que los dos Gryffindor se encogen de hombros porque como siempre si Remus lo dice será así, pero si alguien más nos llama imbéciles se comerá el palo de una escoba.

-A ver…-James recupera la compostura y levanta las manos pacíficamente-Aquí ha habido un malentendido, ¿qué es eso de que Remus me quiere para él, Peter? Yo no soy de nadie, eso para empezar y además, creía que había quedado claro que éramos un equipo. No tengo preferencias por ninguno de vosotros.

Mentiroso… murmura Sirius tan bajo que nadie le escucha; pero es habitual, Sirius Black siempre murmura, siempre gruñe por lo bajo. Le hace sentir mejor.

-Pero Remus dijo…

-Remus dijo que no tenías que intentar ser quien no eres. A mí me gustas como eres, Peter-y sonríe-; me gustáis como sois. Me gusta que Sirius sea una bestia, me gusta que Remus sea el tío más repelente del planeta y me gusta que tú seas tú, Peter. No tienes que intentar parecerte a nadie. Sois mis mejores amigos tal y como sois.

Remus en su sitio se sorprende, porque el niño que tiene delante ahora mismo no es el James Potter que conoce, no es ni siquiera una sombra del James Potter que conoce. Es… ¿buena persona? Incluso parece alguien de fiar.

Sirius también tiene la boca abierta y el ceño fruncido una bestia dice, pero será cretino.

-Y no te olvides de que tenemos que convivir contigo y con tu ego, James-apunta Lupin-. A veces en la habitación no cabemos los cinco.

-Gracias-el niño pone los ojos en blanco-. Lo que quería decir, Peter, es que no te odiamos ni nada por el estilo. Créeme que probablemente no tendrías pelo en la cabeza si te tuviésemos manía.

-¿De verdad?-solloza Peter limpiándose la nariz sonoramente.

-De verdad.-asiente Remus.

-Y… ¿Sirius?

El apelado mira a su espalda como si hubiese otro Sirius Black en el dormitorio y luego se señala con confusión. ¿Esperan que haga un discursito de santo como acaba de hacer el Cuatrojos este? ¡Van claros!

-Sirius opina lo mismo.-explica James.

-Yo… Gracias, y perdón… No quería decir nada de lo que he dicho…

-Supongo que no pasa nada-admite James-, ¡vale por todas las veces que te hemos insultado nosotros a tu espalda!

Remus se levanta en un impulso y a una velocidad que nadie espera su mano golpea la cabeza de James entre uno y otro vais a hacer que me quede tonto, en serio, tíos y pero que tú ya eres tonto de nacimiento, Potter.

-Y…-James se toca la cabeza con gesto malhumorado-Como muestra definitiva de que no te estamos tomando el pelo vamos a enseñarte una cosa ¿verdad, chicos?

-Vale.

-Si no hay más remedio…

-¿Qué es?-Peter casi da saltos encima de su cama de la emoción.

James no se mueve, simplemente pone las manos en la espalda; se balancea Merlín, cómo odio que haga eso Sirius se contiene para no darle otro porrazo, y con una sonrisa tan brillante como cien soles, susurra.

-Mi Capa de Invisibilidad.

Sucias alimañas

Una pequeña bolita de papel de pergamino sobrevuela el aula desde las filas traseras hasta los primeros asientos, en los Remus ha escogido sentarse deliberadamente aquel día, lejos de sus amigos, para poder atender aunque sea un poco durante aquella clase de Encantamientos, que el profesor Flitwick decía que era "la más importante de todo el curso".

Entre tabletas de chocolate, vinilos de los Rolling Stones y Bruce Springsteen y travesuras realizadas bajo la preciada Capa Invisible de James, el invierno ha terminado y las hojas del calendario se han deslizado rápidamente hasta mediados del mes de abril, en el que el calor y el buen tiempo comienzan a aparecer tan rápido como la enorme presión sobre los hombros de los jóvenes magos debida a la cercanía de los exámenes. Presión que, por supuesto, no supone nada para Peter, James y Sirius; y, sin embargo, es una carga incluso demasiado significativa para Remus, que apenas piensa en otra cosa durante, aproximadamente, tres cuartos de cada día. Los tres chicos tratan frecuentemente de hacerle olvidar aquel problema para ellos carente de importancia pero si aún queda un mes, Remus, ¡vamos a bañarnos al lago un rato! Y de vez en cuando, Remus accede y observa a sus tres amigos jugar en el agua mientras él, tumbado en la hierba, disfruta de sus poetas favoritos con el agradable sonido de sus risas de fondo. A veces, mientras James y Peter compiten por ver quién es capaz de aguantar durante más rato la respiración bajo el agua, Sirius se desliza fuera de ésta y se sienta junto a Lupin, que suele estar siempre en la misma posición: Medio recostado sobre una roca o un árbol, con las piernas estiradas y el libro que esté leyendo en ese momento sobre ellas, mirando cada cinco o seis minutos hacia donde se encuentran los otros chicos y sonriendo sin quererlo ni querer evitarlo, tampoco. Y entonces Sirius se coloca a su derecha, completamente empapado y con la piel de gallina por la diferencia de temperatura entre el agua y el exterior y, mientras se retira el cabello, que aún gotea, hacia atrás, le pregunta por qué nunca quiere probar y bañarse y jugar con ellos. Remus, incapaz de admitir que es su propio aspecto físico y su enorme cantidad de cicatrices distribuidas por todo el cuerpo pero especialmente el torso y la espalda el que le hace incapaz de desvestirse delante de nadie, amigo o no, esboza una media sonrisa y le confiesa que no sabe nadar y el Lago Negro es demasiado profundo para alguien tan carente de habilidades físicas como él. El joven Black, entonces, le mira fijamente y le dice que "un día te enseñamos a nadar, Remus, verás como con nosotros lo consigues" y el aludido asiente y Sirius se levanta y vuelve con los otros dos sin darle más importancia. Como si todo aquello que él considera un defecto o una cualidad negativa careciese completamente de relevancia para sus tres amigos.

El proyectil aterriza con enorme precisión sobre el pupitre que Remus ocupa y sobre el que toma apuntes frenéticamente pero sin descuidar un milímetro su curvada caligrafía. No le hace falta ni un segundo para saber que aquel pergamino escrito con tinta emborronada proviene de James, y lee.

He oído que hoy de madrugada hay clase de Astronomía.

Sin perder una sola palabra de la explicación, contesta rápidamente.

Me alegro mucho de este repentino interés por aprender, James. ¿Qué quieres decirme?

En cuanto termina de escribir, el pergamino vuelve a doblarse sobre sí mismo y vuela de nuevo hasta James. Remus, como tantas otras veces, se sorprende del enorme potencial mágico que tienen sus amigos para cualquier propósito no académico. La respuesta no tarda más de un minuto.

Que podemos estar de noche en el castillo sin que nadie nos diga nada.

La lección termina y los cuatro chicos se reúnen en la puerta del aula para bajar al Gran Comedor, hambrientos tanto de comida como de aventuras.

- Exijo saber que estáis tramando. - murmura Remus, que ha terminado de recoger sus libros y pergaminos el último y aún pelea con el cierre de su mochila, demasiado cargada, mientras sale de la clase.

- Que Sirius y yo hemos apostado a ver quién aguanta más sin dormir esta noche. Y es obvio que seré yo, porque evidentemente soy mej…

- No te está preguntando eso, gafotas.

- ¡Ah! Lo otro… Bueno, se le ha ocurrido a Peter - el aludido sonríe - que, bueno, esta noche, como tenemos una excusa para ir por ahí de noche sin que nos castiguen… Podríamos usar la capa y dar una vuelta, ya sabes. Así Peter podrá probarla. ¡Será tu primera vez, tío!

- ¡S-sí! Podréis llevarme al sitio del chocolate, y a todos esos lugares de los que habláis siempre…

- Pero, Peter… - interrumpe Sirius - Tu sabes que… Para usar la capa… Tienes que pasar la prueba.

- ¿La prueba? - Pregunta Peter.

- La prueba. - afirman James y Sirius al unísono. Es este último el que continúa - Para poder cubrirte con la capa, debes ganarte su confianza, ya sabes… Estos objetos mágicos tan poderosos… Tendrás que pasar una prueba secreta, que consiste en… Bueno, no podemos decírtelo aún, porque es secreto, pero se dice que grandes magos han llegado a morir en ella. ¡Enfréntate a ella bajo tu responsabilidad!

Peter ya no parece tan convencido del plan que él mismo ha ideado y el temor puede observarse en sus ojos a simple vista. Remus gruñe y regaña a los dos amigos, que sonríen ampliamente.

- ¡Potter, Black! Ya está bien. No asustéis a Peter innecesariamente. - Y después se dirige a éste último - No hay ninguna prueba. Simplemente tienes dos amigos descerebrados…

Sirius y James gruñen y de mala gana, ¡eres un aguafiestas, Remus! comienzan a bajar las escaleras hacia la planta principal ¿Es que no has visto la cara que ha puesto? ¡No tenías que haber dicho nada! pero pronto, el dulce olor de la comida les hace olvidar.

La tarde transcurre con tranquilidad. Remus termina los deberes y después juega al ajedrez mágico con Peter en el tablero de James. James, por su parte, intenta dormir la siesta, mientras Sirius lo convierte en tarea imposible, insistiendo en soplarle en la nariz, revolverle el pelo e introducirle la varita en el oído, porque es que si no la apuesta no vale, James, ¡si duermes ahora tienes ventaja! El joven Potter renuncia a su propósito y al final los cuatro se sientan en el suelo, alrededor del "grimófono" (según James) de Remus, y eligen los vinilos por turnos, siendo el dueño del aparato el primero en escoger: Oliver Nelson. El jazz inunda la habitación y James y Sirius piensan que no entiendo por qué Remus escucha este tipo de música sin letra pero no rechistan siquiera. Después, James se decanta por David Bowie, Peter elige a los Bee Gees y Sirius agita la cabeza frenéticamente al ritmo de Black Sabbath. Alrededor de las siete de la tarde, todos los alumnos de primero se acuestan para asistir más tarde a la clase de Astronomía, que comienza a las tres en punto en la cima de la más alta torre del castillo, y les obligan a apagar la música a mitad de Children of the Grave, lo que hace gruñir a Sirius durante toda la hora siguiente. Sin embargo, ni él ni James piensan dejarse vencer por el sueño aquel día.

Argus Filch es el conserje del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. No solo es un hombre cascarrabias y solitario cuyo pelo grisáceo e incipientes arrugas comienzan a denotar enormemente su entrada en la vejez sino que, además, es posiblemente la única persona no mágica de aquella parte de Escocia. Filch es un squib: Un hijo de magos que, a pesar de ello, no posee poderes por sí mismo. Quizás ese es el motivo por el que el celador del castillo odia fervientemente a los alumnos: Por verse rodeado, día a día, por su energía y su poderosa pero para él inalcanzable magia. Nunca piensa en nada que no sea trabajo y nunca hace nada más allá de trabajar; pero, aquella noche, mientras deambula por los pasillos del segundo piso junto a su Señora Norris, un gato con el pelaje del color de la ceniza, Argus Filch está pensando.

Piensa, en concreto, en esos cuatro alumnos que se han convertido en su mayor quebradero de cabeza en los últimos días. En primer lugar, ese James Potter, el pequeño engreído del pelo negro siempre despeinado y las malditas gafas tras las que le mira con arrogancia. Su simple existencia le insulta, hace que la rabia arda dentro de él. Después, está el pequeño niño rechoncho de la voz aguda que siempre sigue al otro mocoso: Peter Pettigrew. La pequeña alimaña parece estúpida pero es endiabladamente escurridiza, y su impertinente risa le pone de los nervios hasta límites insospechados. También está el larguirucho, ese tal Remus Lupin que es la encarnación demoníaca de la repelencia: Siempre con una sonrisa amable en la cara, siempre con esos malditos modales, ese "disculpe, señor Filch", "buenas tardes, profesor Dumbledore". Y el último, el más despreciable de todos: Sirius Black, la oveja negra, demasiada desfachatez y socarronería condensada en su escasa estatura, su sonrisa perruna y sus aires de superioridad. Les odia a los cuatro, sin excepción: Pasa sus horas libres fantaseando con cientos de castigos y torturas que ejercería sobre ellos si tuviera oportunidad. Lo peor es que no la tiene, y comienza a sospechar que nunca la tendrá: Los endemoniados críos saben bien como arreglárselas para esconderse del viejo conserje. Muchas veces les ha escuchado, ha oído sus risas, sus pasos, incluso les ha visto, pero jamás ha podido atraparlos. Siempre, cada vez que cree que los tiene, las sucias alimañas consiguen perderse de su vista unos instantes y después desaparecen, como si se les hubiese tragado la tierra. Como si se hubiesen vuelto invisibles o simplemente se hubiesen esfumado. Comienza a pensar que nunca conseguirá darles su merecido cuando la Señora Norris arquea el lomo y maúlla, y escucha, a lo lejos, cuatro inconfundibles voces.

Filch aprieta el puño con gran fuerza y piensa que quizás puede ser aquella la noche que cambie su suerte, de una vez por todas.

Sirio

La capa es lo suficientemente grande para poder cubrir a James, Peter, Sirius y Remus, que avanzan con pasos pequeños y temblorosos y el máximo sigilo posible.
Claro que el máximo sigilo para cuatro preadolescentes emocionados entre los cuales se encuentran el descuidado James y el torpe Remus no es demasiado, a decir verdad. En varias ocasiones tienen que permanecer parados e inmóviles en una esquina durante largos minutos para no ser descubiertos por Peeves, por unas alumnas de tercero que regresaban de una clase de refuerzo con la profesora McGonagall, por la propia McGonagall. Cuando creen que no hay nadie a la vista que pueda oírles, discuten por quién irá el primero y dirigirá el rumbo de todos los demás. La capa es de James, y por eso nadie considera injusto que sea él el que conduzca el paso al principio; pero Sirius se cansa pronto de ir en segundo lugar y reclama el liderazgo "aunque sea un ratito, Jimmy". Sirius camina más rápido que James y de vez en cuando Peter (que tiene las piernas demasiado cortas para seguir el ritmo) y Remus (cuya escasa forma física y débil salud no les permite mantener el paso) trastabillan y casi caen al suelo; pero nunca del todo. Los otros dos están allí para protegerles.
Le enseñan a Peter el Gran Comedor vacío de noche, la "entrada secreta al paraíso del chocolate", como ellos llaman a la que aún no saben que es la entrada secreta al sótano de Honeydukes; el baño de prefectos abandonado de la quinta planta y todos los demás lugares que poco a poco han ido investigando y descubriendo. Comparten todo esto con él porque al fin y al cabo es su amigo, igual que ellos tres lo son: Ahora es un secreto entre los cuatro, un secreto que nadie podrá siquiera llegar a sospechar nunca y que atesorarán hasta la muerte. La tela mágica que une sus cuerpos y les hace invisibles también unirá más que nunca sus corazones, con el tipo de conexiones que tampoco se ven pero se sienten más intensamente que si pudieras tocarlas. Inauguran, sin saberlo, una tradición que persistirá durante el resto de su estancia en la escuela y que más tarde dará lugar a su apodo: Todo el mundo en Hogwarts sabrá quiénes son los Merodeadores, ellos cuatro, los reyes indiscutibles del colegio.

En uno de los laterales del vestíbulo del castillo hay una puerta que generalmente está cerrada pero que termina por ceder si insistes un poco y posees los hechizos adecuados. La puerta se abre a un corredor de piedra algo estrecho que desemboca en una estancia más grande repleta de cuadros pintados con bodegones. Desde ella, puede escucharse el sonido de un fuego crepitar que parece no venir de ninguna parte.

- No puede ser… - murmura James, abatido.

Son las dos menos cuarto de la madrugada, y la clase de Astronomía empieza a las tres. Sirius y James compiten por ver quién es capaz de aguantar más tiempo sin dormir. Mientras Sirius parece completamente despierto, a James se le escapa algún bostezo esporádico de vez en cuando; los ojos de Peter comienzan a entrecerrarse y Remus es insomne crónico algunas noches del mes, y aquella es una de ellas. Se han encerrado en un aula vacía y están simplemente hablando, de todo y de nada, de sus dulces favoritos, de la Hufflepuff de sexto que el día anterior recibió un vociferador de su exnovio, que estudia en Durmstrang, acusándola de haberle sido infiel. James se acuerda de Lily durante un segundo (no es que él no piense en Lily todo el tiempo, si no que el recuerdo se hace especialmente vívido en ese momento) y les pregunta a sus tres amigos que cómo creen que es besar a una chica. Sirius contesta que "asqueroso, repugnante y mojado", y todos juran nunca jamás abandonarse los unos a los otros por culpa de nadie, y mucho menos alguien del sexo opuesto. James asiente y dice que sí, que a él no le interesan las niñas ni nunca lo van a hacer, pero en el fondo guarda bajo llave en su mente las aproximadamente cincuenta veces que se ha imaginado a la niña pelirroja acercarse a él y darle un beso suave e inocente, como los de las películas. Después atosigan a Peter con preguntas sobre la chica que le pidió salir en San Valentín, y este asegura que se "enrollaron", o lo que él cree que significa "enrollarse": Darse la mano y pasear juntos por los jardines. A Remus le toca explicar el verdadero significado de la palabra (porque cuando se trata de explicar algo, todas las miradas se dirigen a él), y al final todos ríen, aunque el pequeño Pettigrew se sonroja. A los cuatro comienza a rugirles el estómago: Tras unos minutos, James y Sirius deciden que no pueden más y que van a comer algo. Es entonces cuando les asalta la duda "Oye, Remus, ¿tú sabes dónde están las cocinas de Hogwarts?" La mayoría de alumnos del colegio no se han parado a pensarlo ni una sola vez: Remus sí lo ha pensado, pero no lo sabe. "No lo sé, James, debe ser un secreto." Tanto el aludido como Sirius afirman con rebeldía que en el mundo no hay más secretos que los que guardan entre ellos, y que si alguien había escondido las dichosas cocinas del colegio por algún motivo, tenían que encontrarlas. Remus entonces calcula y piensa que si la comida aparece y desaparece tan rápido de las mesas los fogones no pueden encontrarse muy lejos del Comedor, así que se encaminan hacia la planta baja con paso ligero. Es Peter el que se percata de la existencia de la pequeña puerta del vestíbulo, y todos creen ya haber resuelto el misterio que les ocupa: No obstante, aquel pasillo no tiene salida, y ellos no tienen más ideas.

- ¿Te he dicho alguna vez que eres un inútil, James? - pregunta Sirius, mientras se desliza fuera de la capa invisible.

- Quince o dieciséis veces en la última hora.

- Pues que sepas que eres un inútil.

James sabe que Sirius solo está siendo desagradable con él porque está cansado y hambriento, y si está cansado, significa que no está muy lejos de ganar la apuesta, así que también sale de debajo de la capa, que cae al suelo tras él. Y en el suelo se sientan: Es tarde, están exhaustos y sus estómagos suenan como si se hubieran tragado una cría de león.

- Yo también creía que iba a estar aquí, James. - le concede Remus, mientras su cabeza se inunda de fantasías en las que se encuentra rodeado de tabletas de chocolate, comiendo bombones tranquilamente… Y entonces, se le ocurre. - ¿Y si volvemos al sitio del chocolate y comemos un poco? No pasará nada, supongo…

- ¡Perfecto! - Exclama Sirius, al tiempo que se levanta de un salto.

- ¡Genial! - James sonríe y recoge la capa del suelo, pero sin ponérsela aún.

- ¡Fantástico! - A Peter le brillan los ojos.

- Estupendo… - murmura una voz a sus espaldas.

El señor Filch y su Señora Norris les observan desde el pasillo. No lo saben, pero el conserje lleva más de media noche siguiéndoles, guiándose por el sonido de sus voces y el ruido de sus pasos. Ahora que les tiene ahí, no puede evitar esbozar una sonrisa. Ellos se miran los unos a los otros, sin saber qué hacer, pues no hay salida posible. Filch agarra a Sirius y James, cada uno con una mano, y les arrastra fuera de allí; la Señora Norris araña el bajo del pantalón de Remus, quien le propina un puntapié, pero no tiene más remedio que, junto a Peter, seguir a sus dos amigos, que están siendo arrastrados fuera de aquel callejón.

Otra vez en el vestíbulo, permanecen de pie, en fila, y el conserje frente a ellos, mirándoles como si estuviese pensando cuál es el castigo más cruel para ellos cuatro. A sus espaldas, los relojes de arena que cuentan los puntos de las casas observan la escena. Remus mira de reojo los pequeños rubíes en la base del que pertenece a Gryffindor y se pregunta cuántos de aquellos van a desaparecer por su culpa.

- ¡No se puede merodear por los pasillos! - brama Filch - ¡Potter, Black, Lupin, Pettigrew! ¡Caminando a altas horas por el castillo, sin ningún respeto por las normas! ¡Están ustedes castigados!

James se ha escondido la capa bajo el jersey para evitar que el celador se la quite, y contiene la respiración, porque Filch huele peor que un troll que no se ha dado un baño en setenta años. Remus está muy tenso y Peter, asustado; a Sirius, sin embargo y por algún motivo, le entra la risa, y a duras penas puede contener las carcajadas.

- ¿De qué te ríes, condenado niño? ¡Qué se habrá creído! ¡Mocoso! ¡Maleducado! ¡Impertinente!

- Será mejor que no insulte a mis alumnos, Filch.

La profesora McGonagall les observa desde lo alto de la escalinata principal, y ninguno sabe si acaba de aparecer o lleva allí todo el rato, pero lo cierto es que cualquiera de ellos le hubiera dado un abrazo en ese momento, o un beso en los labios, piensa Sirius.

- ¡Alumnos fuera de la cama! ¡A estas horas! ¡Están castigados! - replica el conserje, enfurecido.

- Tienen clase de Astronomía, así que están autorizados a estar fuera de los dormitorios. Simplemente se habrán perdido de camino a la torre

- ¡Sí! - Sirius trata de sonar todo lo convincente que puede - ¡Nos habíamos perdido! Estábamos buscando la torre, pero no debe ser por aquí. Este castillo es tan grande… ¡Alguien debería hacer un mapa o algo así de este sitio!

- Hemos pasado tanto miedo… - Y aquí no habla James, si no la parte de James que solo existe cuando hay padres o profesores delante - Creíamos que íbamos a perdernos la clase…

Filch gruñe y se va, de mala gana y murmurando. La profesora McGonagall se acerca a los cuatro y, cuando el hombre ya está demasiado lejos para oírle, les explica.

- Solo os he salvado porque Gryffindor no puede permitir que Slytherin gane la Copa de las Casas este año, y después de la cantidad de puntos que iban a quitaros iba a ser algo inevitable. Pero no volveré a hacerlo - advierte, con tono serio, y después aprieta los labios - Y estáis castigados. Mañana fregaréis todos los platos de la comida y la cena. Ahora, más vale que vayáis directos hacia clase o me encargaré personalmente de que os expulsen. ¡Andando!

Quizás deberían estar asustados, arrepentidos o sintiéndose culpables, pero lo cierto es que en cuanto McGonagall se da la vuelta no puede verles, y mientras se encaminan hacia la Torre de Astronomía, Sirius, Remus, Peter y James sonríen. Posiblemente no es el momento apropiado para hacerlo, a lo mejor son irresponsables o infantiles por ello, pero sonríen. Con esa sonrisa que nunca se va, ni les abandona jamás cuando están juntos.

La Torre de Astronomía es la torre más demasiado alta de Hogwarts. Cientos no entiendo por qué tantos de escalones ascienden en espiral ni siquiera hacía falta una escalera en espiral, bastaba con una recta y más corta hacia la cima, donde se encuentra el amplio observatorio.

- Por Dios, Sirius, no vamos a llegar antes por mucho que sigas quejándote de lo alto que está esto - Remus se da cuenta de que ha sonado demasiado brusco y trata de corregirlo - aunque ya queda poco, ¿vale? Solo un poquito más.

Pronto se unen al resto de alumnos y despliegan sus telescopios, que por algún motivo (por arte de magia, bromea Peter) ya están allí, amontonados junto a los del resto de alumnos que aún no han llegado, con una pequeña etiqueta escrita en tinta verde - siempre verde - que reza sus nombres y apellidos. No consiguen el mejor sitio, es decir, el central, desde el cual se observa el Bosque Prohibido y los jardines además del enorme cielo; pero igualmente consiguen tener una buena perspectiva. La profesora, Aurora Sinistra, comienza a explicar algo sobre el movimiento de los astros que no escuchan, ni siquiera Remus. El sueño comienza a apremiar y se sienten cansados, pesados, débiles. Después, llega el momento de observar el cielo y, no con demasiado entusiasmo, dirigen la lente del pesado aparato de latón hacia arriba, y pronto y sin quererlo se ven fascinados por la belleza de la bóveda celeste. Cientos, miles y millones de diminutas estrellas parpadean a lo lejos; tan solo un par de nubes cubren parcialmente el cielo por lo demás completamente despejado. Se agrupan en algunas zonas; los hay de todos los tamaños. Juegan a buscar la más grande de todas; Sirius, rápidamente, localiza el lucero más brillante, y lo señala con el dedo. Remus les explica que precisamente aquel, el astro que el joven Black observa embelesado, es la estrella que le da nombre: Sirio, la más brillante de todo el cielo nocturno. Mientras sus amigos se asombran y Sirius sonríe, Remus piensa que aquel nombre encaja realmente bien con él. Y en una esquina, creciente y anaranjada, se encuentra la Luna, y el licántropo la mira, igual que la miran los otros tres. Su luz hace más visibles sus cicatrices, queman y vibran; pero, aquella vez, Remus mira la Luna y no es como siempre que la observa, porque no tiene miedo. Por primera vez siente que ni siquiera ella podrá arrebatarle todo lo que en los últimos meses ha conseguido y ya forma parte de él.