Lummus, Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas ;)

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, La trama Collen Hoover.


"It won't take long for me

To tell you who I am.

Well you hear this voice right now

Well that's pretty much all I am."1

-The Avett Brothers, Gimme a kiss.

2

A la tarde siguiente, estoy eligiendo qué ponerme, pero parece que no puedo encontrar ropa limpia y adecuada para el clima. No tengo muchas camisas de invierno, además de las que ya he llevado esta semana. Elijo una color púrpura manga larga y la huelo, decidiendo que está lo suficientemente limpia. Sin embargo, rocío un poco de perfume por si acaso no lo está. Me cepillo los dientes, retoco mi maquillaje, me lavo los dientes de nuevo y dejo abajo mi cola de caballo. Rizo algunas secciones de mi cabello y saco unos pendientes de plata de mi cajón cuando escucho un golpe en la puerta del baño.

Mi madre entra con un puñado de toallas. Ella abre el gabinete al lado de la ducha y las coloca en el interior.

— ¿Vas a alguna parte? —Pregunta. Se sienta en el borde de la bañera mientras yo sigo preparándome.

—Sí, a alguna parte —trato de ocultar mi sonrisa mientras me pongo mis pendientes—. Honestamente, no estoy segura de lo que estamos haciendo. Realmente nunca acepté la cita.

Ella se pone de pie y camina hacia la puerta, apoyándose contra el marco mientras me mira en el espejo. Ha envejecido mucho en el poco tiempo transcurrido desde la muerte de mi padre. Sus brillantes ojos verdes contra su piel de porcelana lisa solían ser impresionantes.

Ahora, sus pómulos se destacan por encima de los huecos en sus mejillas. Los círculos oscuros bajo los ojos dominan su color esmeralda. Se ve cansada. Y triste.

—Bueno, tienes dieciocho años. Has tenido suficiente de mis consejos de citas para toda la vida —dice—. Pero voy a darte un resumen rápido por si acaso. No pidas nada con cebolla o ajo, nunca dejes tu bebida desatendida y utiliza siempre protección.

— ¡Uf, mamá! —Pongo los ojos en blanco—. Sabes que sé las reglas, y sabes que no tengo que preocuparme por la última. Por favor, no le des a Edward un resumen de las reglas. ¿Me lo prometes?

—Háblame de Edward. ¿Trabaja? ¿Está en la universidad? ¿Cuál es su especialidad? ¿Es un asesino en serie? —Dice esto con tanta sinceridad.

Camino la corta distancia del baño hasta mi dormitorio y me agacho para buscar entre mis zapatos. Ella me sigue y se sienta en la cama.

—Honestamente mamá, no sé nada de él. Ni siquiera sabía cuántos años tenía, hasta que te lo dijo.

—Eso es bueno —dice ella.

— ¿Bueno? —Le echo un vistazo—. ¿Cómo no saber nada de él es bueno? Estoy a punto de estar a solas con él durante horas. Podría ser un asesino en serie. —Agarro mis botas y camino hacia la cama para ponérmelas.

—Les va a dar mucho que hablar. Eso es para lo que son las primeras citas.

—Tienes razón —le digo.

Al crecer, mi madre daba buenos consejos. Ella siempre supo lo que quería oír, pero me decía lo que necesitaba oír. Mi padre fue su primer novio, así que siempre he estado curiosa de cómo ella parece haber mucho acerca de citas, chicos y relaciones. Ha estado sólo con una persona, y parece que ese conocimiento viene más de experiencias de vida. Ella es la excepción, supongo.

— ¿Mamá? —Digo mientras me deslizo en mis botas. —Sé que tenías sólo dieciocho años cuando conociste a papá. Quiero decir, eso es muy joven para conocer a la persona con la que pasaras el resto de tu vida. ¿Alguna vez te arrepientes?

Ella no responde inmediatamente. En cambio, se acuesta sobre mi cama y junta las manos detrás de la cabeza mientras reflexiona sobre la pregunta.

—Nunca me he arrepentido. ¿Cuestionado? Claro. Pero nunca arrepentido.

— ¿Hay alguna diferencia? —Pregunto.

—Por supuesto. El arrepentimiento es contraproducente. Es mirar hacia atrás a un pasado que no puedes cambiar. Cuestionar las cosas tal como se presentan puede evitar sentir arrepentimiento en el futuro. Me cuestionaba mucho acerca de mi relación con tu padre. La gente toma decisiones espontáneas basadas en su corazón todo el tiempo. Hay mucho más en las relaciones que sólo el amor.

— ¿Es por eso que siempre me dices que siga mi cabeza, no mi corazón?

Mi madre se sienta en la cama y toma mis manos entre las suyas mientras habla. — ¿Bella, quieres un consejo real que no incluye una lista de alimentos que debes evitar?

¿Me ha estado ocultando algo? —Por supuesto —le respondo.

Su voz perdió el tono autoritario de todo padre, haciéndome consciente de la perspectiva de que esta conversación es menos de madre a hija y más de mujer a mujer. Ella cruza sus piernas al estilo indio en la cama, quedando frente a mí.

—Hay tres preguntas que toda mujer debe ser capaz de responder afirmativamente antes de comprometerse con un hombre. Si tu respuesta es no a alguna de las tres preguntas, corre como el infierno.

—Es sólo una cita —me río—. Dudo que vayamos a hacer algún compromiso.

—Sé que no lo harás, Bella. Hablo en serio. Si no puedes responder sí a estas tres preguntas, ni siquiera pierdas el tiempo en una relación.

Cuando abro mi boca, siento como que estoy reforzando el hecho de que soy su niña. No la interrumpo de nuevo.

— ¿Él te trata con respeto en todo momento? Esa es la primera pregunta. La segunda pregunta es, si es exactamente la misma persona dentro de veinte años que es hoy, ¿todavía querrías casarte con él? Y por último, ¿hace que quieras ser una mejor persona? Si encuentras a alguien que te haga responder afirmativamente a las tres, entonces has encontrado un buen hombre.

—Guau, esas son unas preguntas intensas —tomo una respiración profunda mientras me remojo aún más en sus sabios consejos—. ¿Fuiste capaz de responder afirmativamente a todas? ¿Cuándo estabas con papá?

—Por supuesto. —No duda—. Cada segundo que estuve con él.

Veo la tristeza entrar en sus ojos mientras termina la frase.

Amaba a mi padre. Empiezo a lamentar haber tocado el tema. Pongo mis brazos alrededor de ella y la abrazo. Ha pasado tanto tiempo desde que la he abrazado, una punzada de culpabilidad se levanta dentro de mí. Besa mi pelo, y luego se aleja y sonríe.

Me pongo de pie y paso mis manos por mi camisa, alisando los pliegues.

— ¿Y bien? ¿Cómo me veo? —Le pregunto.

—Como una mujer —suspira.

Son las siete y media en punto, así que voy a la sala de estar, agarro la chaqueta que Edward insistió en prestarme el día anterior y me dirijo hacia la ventana. Está saliendo de su casa, así que salgo y me detengo en la entrada. Levanta la mirada y me ve mientras abre la puerta de su auto.

— ¿Estás lista? —grita.

— ¡Sí!

— ¡Bueno, vamos entonces!

No me muevo. Solo me quedo allí y cruzo mis brazos sobre mi pecho.

— ¿Qué estás haciendo? —Levanta sus brazos en derrota y se ríe.

— ¡Dijiste que me recogerías a las siete y media! ¡Estoy esperando a que me recojas!

Sonríe mientras se mete en el coche. Retrocede directamente de la entrada de su casa a la mía para que la puerta del acompañante esté más cerca de mí. Salta fuera del coche y corre alrededor para abrirla.

Antes de entrar le doy una rápida mirada. Lleva pantalones vaqueros sueltos y una camisa negra de manga larga que marca sus brazos. Son brazos definidos que me impulsan a devolverle la chaqueta.

—Eso me recuerda —digo mientras le entrego su chaqueta—. Traje esto para ti.

Él agarra la chaqueta y desliza sus brazos en el interior. —Guau, aún huele a mí —dice entre risas.

Espera hasta que me haya abrochado el cinturón antes de cerrar la puerta. Mientras él está caminando hacia su lado, noto que el coche huele a... queso. No es queso viejo, rancio, sino queso fresco, queso cheddar tal vez. Mi estómago gruñe. Tengo curiosidad por dónde vamos a comer.

Cuando entra, mete la mano en el asiento de atrás y agarra una bolsa. —No tenemos tiempo para comer, así que nos hice queso a la parrilla. —Me entrega un bocadillo y una botella de soda.

—Guau. Es una primera vez —le digo mientras miro las cosas en mis manos—. ¿Y dónde vamos exactamente con tanta prisa? —Giro la tapa para abrirla—. Obviamente no a un restaurante.

Desenvuelve su bocadillo y le da un mordisco. —Es una sorpresa —dice con la boca llena de pan. Mueve el volante con la mano libre mientras simultáneamente conduce y come—. Conozco un montón más de ti de lo que sabes acerca de mí, así que esta noche quiero mostrarte todo lo que soy.

—Bueno, estoy intrigada —le digo. Realmente estoy intrigada.

Ambos terminamos nuestros sándwiches y ponemos la basura en la bolsa dejándola en el asiento trasero. Trato de pensar en algo que decir para romper el silencio, así que le pregunto por su familia.

— ¿Cómo son tus padres?

Respira profundo y exhala lentamente. —No soy bueno en pequeñas charlas, Bella. Podemos descubrir todo eso más tarde. Vamos a hacer esta conducción interesante —dice mientras se relaja más en su asiento.

Conducción, no hablar, mantenerlo interesante. Estoy repitiendo lo que dijo en mi cabeza y espero estar entendiendo mal su intención. Se ríe cuando ve la vacilación en mi cara y se da cuenta de que he tomado lo que dijo fuera de contexto.

—Bella, ¡No! —se ríe—. Sólo quería decir que hablemos de algo más de lo que se espera que hablemos.

Doy un suspiro de alivio. Pensé que había encontrado su defecto.

—Bueno —me río.

—Conozco un juego que podemos jugar. Se llama "Preferirías." ¿Lo has jugado antes?

Niego con la cabeza. —No, pero sé que prefiero que tú comiences.

—Está bien —se aclara la garganta y hace una pausa durante unos segundos—. Está bien, ¿prefieres pasar el resto de tu vida sin brazos, o prefieres pasar el resto de tu vida con brazos que no puedes controlar?

¿Qué demonios? Honestamente puedo decir que esta cita definitivamente no ha iniciado de la misma forma que ninguna de mis citas anteriores alguna vez lo han hecho. Aunque es agradablemente inesperado.

—Bueno... —No me atrevo. — ¿Creo que preferiría pasar el resto de mi vida con brazos que no puedo controlar?

— ¿Qué? ¿En serio? ¡Pero no los puedes controlar! —Dice, moviendo sus brazos alrededor del coche—. ¡Podrían estar agitándose a tu alrededor y estarías constantemente golpeándote en la cara! O peor, ¡podrías agarrar un cuchillo y apuñalarte!

—No sabía que había respuestas correctas e incorrectas —le digo.

— ¡Apestas en esto! —Bromea—. Tu turno.

—Está bien, déjame pensar.

— ¡Hay que tener una lista! —Comenta.

— ¡Por Dios, Edward! Apenas oí hablar de este juego por primera vez hace treinta segundos. Dame un segundo para pensar en una.

Él se acerca y me aprieta la mano. —Te estaba tomando el pelo.

Vuelve a colocar su mano debajo de la mía y entrelaza nuestros dedos. Me gusta lo fácil que es la transición, como si hubiésemos estado tomándonos de las manos durante años. Hasta ahora, todo lo relacionado con esta cita ha sido fácil. Me gusta el sentido del humor de Edward. Me gusta que me resulte tan fácil reírme en torno a él después de haber pasado tantos meses sin reír. Me gusta que estemos cogidos de la mano. Me gusta mucho que estemos cogidos de la mano.

—Bueno, tengo una —le digo—. ¿Prefieres hacerte pis en ti mismo una vez al día en momentos aleatorios y desconocidos? ¿O prefieres hacerlo en alguien más?

—Depende de en quién tendría que hacer pis. ¿Puedo hacer pis en gente que no me guste? ¿O es en gente al azar?

—Gente al azar.

—Pis en mí mismo —dice sin dudarlo—. Me toca a mí ahora. ¿Preferirías tener 1.20 metros de altura, o 2 metros de altura?

—2 metros de altura —le respondo.

— ¿Por qué?

—No tienes permitido el preguntar por qué —le digo—. Está bien, vamos a ver. ¿Prefieres beber un galón entero de grasa de tocino para el desayuno todos los días? ¿O prefieres comer cinco libras de palomitas de maíz para la cena todas las noches?

—Cinco libras de palomitas de maíz.

Me gusta el juego que estamos jugando. Me gusta que no se preocupe por impresionarme con la cena. Me gusta no tener ni idea de a dónde nos dirigimos. Incluso me gusta que no me hiciera un cumplido por lo que estoy usando, cosa que parece ser la primera línea estándar para las citas. Hasta el momento, me gusta todo lo de esta noche. En lo que a mí respecta, podríamos conducir alrededor por dos horas jugando "preferirías" y sería la cita más divertida que he tenido jamás.

Pero, no lo hacemos. Finalmente llegamos a nuestro destino y de inmediato me tenso cuando veo el letrero en el edificio.

Club N9NE

—Uh, ¿Edward? Yo no bailo. —Espero que sea empático.

—Uh, yo tampoco.

Salimos del vehículo y nos encontramos en la parte delantera del coche. No estoy segura de quien se movió primero, pero una vez más nuestros dedos encuentran a los del otro en la oscuridad y sostiene mi mano mientras me guía hacia la entrada. A medida que nos acercamos a la entrada, veo un cartel en la puerta.

Cerrado por Slam

Jueves

8:00 - Cuando sea.

Entrada: Gratuita

Cuota para slam: $ 3

Edward abre la puerta sin necesidad de leer el letrero. Empiezo a informarle que el club está cerrado, pero parece como si supiera lo que está haciendo. El silencio es interrumpido por la energía de la multitud mientras lo sigo a través de la entrada a la habitación. Hay un escenario vacío a la derecha de nosotros, con mesas y sillas por todas partes en la pista de baile. El lugar está lleno. Veo una mesa hacia el frente con un grupo que parecen niños más pequeños, en torno a los catorce años más o menos. Se gira a la izquierda y se dirige a una cabina vacía en el fondo de la sala.

—Es más tranquilo aquí atrás —dice. — ¿Cuántos años debes tener para poder entrar en los clubes de aquí? —Pregunto, todavía observando el grupo de niños fuera de lugar.

—Bueno, esta noche no es un club —formula mientras nos deslizamos dentro de la cabina.

Es una cabina de medio círculo frente al escenario así que me deslizo hasta el centro para obtener la mejor vista. Se mueve a mi lado.

—Es la noche de slam —expone—. Cada jueves se cierra el club y la gente viene aquí a competir en el slam.

— ¿Y qué es el slam? —Pregunto.

—Es poesía —dice mientras me sonríe. —Eso es todo lo que soy.

¿Es de verdad? ¿Un chico ardiente que me hace reír y le gusta la poesía? Que alguien me pellizque. O no, prefiero no despertar.

—Poesía, ¿eh? —Digo yo—. ¿La gente escribe uno propio o lo obtienen de otros autores?

Se inclina hacia atrás en el asiento y mira hacia el escenario. Puedo ver la pasión en sus ojos cuando habla de esto. —La gente se levanta allí y vierte todo su corazón sólo con sus palabras y el movimiento de sus cuerpos —declara—. Es increíble. No vas a oír a ningún Dickinson o Frost aquí.

— ¿Es como una competencia? —Pregunto.

—Es complicado —dice—. Difiere entre cada club. Normalmente, durante un slam, los jueces son elegidos al azar entre el público y se asignan puntos a cada actuación. Gana el que tenga más puntos al final de la noche. Así es como lo hacemos aquí, de todos modos.

—Entonces, ¿haces slam? —Intuyo.

—A veces. A veces juzgo, a veces miro.

— ¿Te vas a presentar esta noche?

—Nah. Sólo una noche como observador. Realmente no tengo nada preparado.

Estoy decepcionada. Sería increíble verlo actuar en el escenario. Sigo sin tener ni idea de lo que es la poesía slam, pero estoy realmente curiosa por verlo hacer algo que requiera una interpretación.

—Charlatán —le digo.

— ¿Quieres algo de beber? —Ofrece.

—Claro. Voy a tomar un poco de leche achocolatada.

— ¿Leche achocolatada? ¿En serio?

—Con hielo.

—Está bien —dice mientras se desliza hacia afuera de la cabina—. Una leche achocolatada en las rocas viene enseguida. Mientras que él se ha ido, el maestro de ceremonias llega a la escena y trata de darle vida a la multitud.

Nadie está en la parte de atrás de la habitación donde estamos sentados, así que me siento un poco tonta cuando grito "¡Sí!" con el resto de la multitud. Me hundo más en mi asiento y decido ser una espectadora por el resto de la noche.

El maestro de ceremonias anuncia que es hora de elegir a los jueces y la multitud entera ruge, casi todo el mundo quiere ser elegido. Toman cinco personas al azar y pasan a la mesa de jueces. Mientras Edward regresa a la cabina con las bebidas, el maestro de ceremonias anuncia que es hora del "sac", y elige a alguien al azar.

— ¿Qué es el sac? —pregunto mientras me entrega mi bebida.

—El sacrificio... Es lo que utilizan para preparar los jueces — responde mientras se desliza hacia atrás en la cabina. De alguna manera, se desliza aún más cerca esta vez.

—Alguien lleva interpretado algo que no forma parte de la competencia para que los jueces puedan calibrar su puntuación.

— ¿Así que pueden llamar a cualquiera? ¿Y si me llaman a mí? —pregunté, de repente nerviosa.

—Bueno, supongo que deberías haber tenido algo preparado —dice mientras me sonríe.

Él toma un sorbo de su bebida y luego se recuesta contra la cabina, buscando mi mano en la oscuridad. Sin embargo, nuestros dedos no se entrelazan en esta ocasión. En cambio, coloca mi mano en su pierna y con los dedos comienza a trazar el contorno de mi muñeca. Suavemente traza cada uno de mis dedos, siguiendo las líneas y curvas de mi mano entera. Sus dedos se sienten como pulsos eléctricos que penetran en mi piel.

—Bella —murmura en voz baja mientras continúa trazando hasta mi muñeca y vuelve a la punta de los dedos con un movimiento fluido—. No sé qué hay en ti... pero me gustas.

Sus dedos se deslizan entre los míos cuando él toma mi mano en la suya y vuelve su atención de nuevo al escenario. Aspiro y alcanzo mi leche achocolatada con mi mano libre, apurando el vaso entero. El hielo se siente bien contra mis labios. Me enfría.

Llaman a una joven que parece estar alrededor de los veinticinco años. Ella anuncia que está interpretando una pieza que escribió titulada: "Suéter Azul". Las luces se bajan mientras un reflector se sitúa sobre ella. Levanta el micrófono y camina hacia delante, mirando hacia el suelo. Un silencio se apodera de la audiencia y el único sonido en toda la habitación es el sonido de su respiración, amplificada por los altavoces.

Ella levanta la mano al micrófono, sin dejar de mirar hacia el suelo. Comienza a golpear ligeramente el dedo contra él en un movimiento repetitivo, el sonido resuena como un latido de corazón. Me doy cuenta de que estoy conteniendo mi propio aliento cuando ella comienza su obra.

Bom Bom...

Bom Bom...

Bom Bom...

¿Oyes eso?

(Su voz persistente en la palabra oyes)

Ese es el sonido de los latidos de mi corazón...

(Golpea el micrófono de nuevo)

Bom Bom...

Bom Bom...

Bom Bom...

¿Oyes eso? Ese es el sonido de los latidos de tu corazón.

(Ella comienza a hablar más rápido, más fuerte que antes.)

Era el primer día de octubre. Yo llevaba mi suéter azul, ¿sabes cuál, el

que compré en Dillard? El que tiene un dobladillo de doble punto y

agujeros en los extremos de las mangas por los que podía meter mi

pulgar a través cuando hace frío, ¿pero no sentía ganas de usar

guantes? Era el mismo suéter que decías hacia que mis ojos se vieran

como reflejos de las estrellas en el océano.

Prometiste amarme para siempre esa noche…

Y chico

¡lo hiciste alguna vez!

Era el primer día de diciembre esta vez. Yo llevaba mi suéter azul,

¿sabes cuál, el que compré en Dillard? El que tiene un dobladillo de

doble punto y agujeros en los extremos de las mangas por los que podía

meter mi pulgar a través cuando hace frío, ¿pero no sentía ganas de

usar guantes? Era el mismo suéter que decías hacia que mis ojos se

vieran como reflejos de las estrellas en el océano.

Te dije que tenía tres semanas de retraso

Dijiste que era el destino

Prometiste amarme por siempre esa noche…

Y chico

¡lo hiciste

alguna vez!

Era el primer día de mayo. Llevaba mi suéter azul, aunque esta vez el

dobladillo de doble costura estaba gastado y la fuerza de cada hilo

probada mientras se apretaba contra mi vientre en crecimiento. Sabes

cuál. ¿El mismo que compré en Dillard? El que tiene agujeros en los

extremos de las mangas por los que podía meter mi pulgar a través

cuando hace frío, ¿pero no sentía ganas de usar guantes? Era el mismo

suéter que decías hacia que mis ojos se vieran como reflejos de las

estrellas en el océano.

El MISMO suéter que ARRANCASTE de mi cuerpo mientras me

empujabas al suelo,

Llamándome zorra

Diciéndome

Que no me querías

Nunca más.

Bom Bom...

Bom Bom...

Bom Bom...

¿Oyes eso? Es el sonido de mi corazón latiendo.

Bom Bom...

Bom Bom...

Bom Bom...

¿Oyes eso? Es el sonido de tu corazón latiendo.

(Hay un largo silencio mientras junta las manos sobre su estómago, las

lágrimas corrían por su rostro)

¿Oyes eso? Por supuesto que no. Ese es el silencio de mi vientre.

Debido a que tu

¡ME

ARRANCASTE

MI

SUETER!

Las luces se encienden de nuevo y el público ruge. Tomo una respiración profunda y limpio las lágrimas de mis ojos. Estoy fascinada por su capacidad de hipnotizar a una audiencia completa con palabras tan poderosamente representadas. Sólo palabras. Inmediatamente soy adicta y quiero oír más. Todavía estoy inmóvil cuando Edward pone su brazo alrededor de mis hombros y se recuesta en el asiento conmigo, volviéndome a la realidad.

— ¿Y bien? —Pregunta.

Acepto su abrazo y muevo la cabeza en su hombro mientras ambos miramos a la muchedumbre. Él apoya su barbilla en la parte superior de mi cabeza.

—Eso fue increíble —le susurro. Su mano toca el lado de mi cabeza, me inclina ligeramente hacia delante mientras sus labios rozan mi frente. Cierro los ojos y me pregunto cuánto más mis emociones pueden ser probadas. Hace tres días, estaba devastada, amargada y sin esperanza. Hoy me desperté sintiéndome feliz por primera vez en meses.

Me siento vulnerable. Trato de ocultar mis emociones, pero me siento como si todo el mundo supiera lo que estoy pensando y sintiendo. No me gusta. No me gusta ser un libro abierto. Me siento como que estoy en el escenario, derramando mi corazón a él, y eso asusta el infierno fuera de mí.

Nos sentamos allí en el mismo abrazo mientras varias personas más interpretan sus obras. La poesía es tan vasta y electrizante como el público. Nunca me he reído y llorado tanto. La forma en que estos poetas eran capaces de atraerte a un mundo totalmente nuevo, hacerte ver las cosas desde un punto de vista que nunca has visto antes, es increíble. Hacen que te sientas como si fueras la madre que perdió a su bebé, o el chico que mató a su padre, o incluso el hombre que se colocó por primera vez y se comió cinco platos de tocino. Siento una conexión con estos poetas y sus historias. Más aún, siento una profunda conexión con Edward. No puedo imaginarme que él sea lo suficientemente valiente para subirse al escenario y desnudar su alma como estas personas lo están haciendo. Tengo que verlo. Tengo que verlo hacer esto.

El maestro de ceremonias hace un último llamado para los artistas.

—Edward, no puedes traerme aquí y no presentarte. Por favor haz una. Por favor, por favor ¿por favor?

Inclina la cabeza hacia atrás contra la cabina. —Me estás matando, Bella. Como he dicho, no tengo nada nuevo.

—Haz algo viejo entonces —le sugiero—. ¿O es que toda esta gente te pone nervioso?

Inclina la cabeza hacia mí y sonríe. —No todos ellos. Sólo una persona.

De repente tengo la necesidad de besarlo. Reprimo el impulso, por ahora, mientras continúo suplicando. Junto mis manos bajo la barbilla. —No me hagas rogar —digo.

— ¡Ya lo estás haciendo! —se ríe—. Está bien, está bien. Pero te lo advierto, tú lo pediste.

Saca su billetera del bolsillo justo cuando el maestro de ceremonias anuncia el inicio de la segunda ronda. Se pone de pie, sosteniendo sus tres dólares en el aire. — ¡Estoy dentro!

El maestro de ceremonias escuda sus ojos con la mano, entrecerrándolos hacia el público para ver quien tomó la palabra. — ¡Señoras y señores, uno de los nuestros, el Sr. Edward Cullen! Muy amable de su parte el unírsenos finalmente —bromea en el micrófono.

Edward se abre paso entre la multitud y camina hacia el escenario, hacia el centro de atención.

— ¿Cuál es el nombre de tu pieza esta noche Edward? —Pregunta el maestro de ceremonias.

—La Muerte —responde Edward, mirando más allá de la multitud y directamente a mí. La sonrisa se desvanece de sus ojos cuando comienza su actuación.

La Muerte. La única cosa inevitable en la vida.

La gente no quiere hablar de la muerte porque

los pone tristes.

No quieren imaginar cómo la vida seguirá adelante sin ellos,

todaslas personas que aman se afligirán brevemente,

pero continúan respirando.

No quieren imaginar cómo la vida seguirá adelante sin ellos.

Sus hijos seguirán creciendo.

Casándose

Volviéndose viejos

No quieren imaginar cómo la vida seguirá adelante sin ellos,

Sus cosas materiales se venderán.

Sus archivos médicos dirán "cerrado".

Sus nombres se convertirán en un recuerdo para todos sus conocidos.

No quieren imaginar cómo la vida seguirá adelante sin ellos, así que en lugar de aceptarlo, hacerle frente, evitan el tema por completo,

esperandoy rezando que de alguna manera

los dejen pasar.

Se olviden de ellos,

moviéndose hacia el siguiente en la línea.

No, no quieren imaginar cómo la vida seguirá adelante...

sinellos.

Pero la muerte

no

olvida.

En su lugar, se encontraron de frente con la muerte,

disfrazadade dieciocho ruedas

detrás de una nube de niebla.

No.

La muerte no se olvidó de ellos.

Si sólo se hubieran preparado, aceptado lo inevitable, dejado sus planes, entendido que no eran sólo sus vidas las que estaban en riesgo.

Puede que haya sido considerado legalmente un adulto a la edad de diecinueve años, pero todavía me sentía muy

todo

de tan sólo diecinueve años.

Desprevenido

y abrumado

para de repente tener toda la vida de un niño de siete años de edad,

en mis manos.

La Muerte. La única cosa inevitable en la vida.

Edward caminó fuera del centro de atención, y del escenario, antes ver sus puntajes. Me encuentro esperando que se pierda en su camino de regreso a nuestra cabina para tener tiempo de absorber esto. No tengo ni idea de cómo reaccionar. No tenía ni idea de que esto era su vida. Que Caulder era toda su vida. Estoy sorprendida por su presentación, pero devastada por sus palabras.

Me seco las lágrimas con el dorso de la mano. No sé si estoy llorando por la pérdida de los padres de Edward, las responsabilidades que vinieron con esa pérdida o por el simple hecho de que decía la verdad. Habló de un lado de la muerte y la pérdida que nunca parece ser considerado hasta que es demasiado tarde. Un lado con el que estoy, por desgracia, demasiado familiarizada.

El Edward que vi subir al escenario no es el mismo Edward que estoy viendo caminar hacia mí. Estoy en conflicto, confundida, y por sobre todas las cosas, estoy desconcertada. Él es hermoso.

Se da cuenta de que seco las lágrimas de mis ojos. —Te lo advertí —sonríe mientras se desliza de nuevo en la cabina.

Alcanza su copa y bebe un sorbo, removiendo los cubitos de hielo con la pajilla. No tengo ni idea de qué decirle. Puso todo ahí, justo en frente de mí.

Mis emociones toman el control de mis actos. Me inclino hacia adelante y tomo su mano en la mía. Él pone su copa sobre la mesa. Me mira y sonríe cuando alcanza mi rostro y traza un lado de mi mejilla. No entiendo la conexión que siento con él. Todo parece tan rápido. Me giro hacia su mano y suavemente beso el interior de su palma mientras nos sostenemos mutuamente las miradas. De repente nos convertimos en las únicas dos personas en toda la sala, todo el ruido externo se desvanece en la distancia.

Toma mi rostro entre sus manos y cierro los ojos. Siento su aliento acercarse mientras acerca mi cara hacia la suya. Cuando toca sus labios con los míos, él vacila. Lentamente me besa el labio inferior, luego el superior. Sus labios son cálidos, aún húmedos de su bebida. Trato de devolverle el beso, pero se retira cuando mi boca responde. Abro los ojos y está sonriéndome, todavía sujetando mi rostro entre sus manos.

—Paciencia —susurra. Se inclina y me besa en la mejilla. Mueve su boca a mi otra mejilla y me besa de nuevo. Cierro los ojos e inhalo mientras trato de calmar el impulso abrumador que tengo de envolver mis brazos alrededor de él y besarlo otra vez. No entiendo cómo tiene tanto autocontrol. Aprieta su frente contra la mía y desliza sus manos hasta mis brazos. Nuestros ojos se encuentran a medida que abro los míos. Es en este momento que por fin entiendo por qué mi madre aceptó su destino a la edad de dieciocho años.

—Guau —exhalo.

—Sí —está de acuerdo—. Guau.

Sostenemos nuestras miradas unos segundos más cuando el público empieza a rugir de nuevo. Están anunciando la fase de clasificación para la segunda ronda cuando Edward me agarra la mano y susurra—: Vamos.

Mientras salgo de la cabina, todo mi cuerpo se siente como que está a punto de renunciar a mí. Nunca he experimentado nada como lo que acaba de suceder. Nunca.

Salimos de la cabina y nuestras manos permanecen entrelazadas mientras me dirige a través la multitud cada vez mayor y el estacionamiento. No me di cuenta lo caliente que estaba hasta que el frío aire de Michigan toca mi piel. Se siente emocionante. O me siento eufórica. No puedo decir cuál. Todo lo que sé es que me gustaría que las dos últimas horas de mi vida se repitieran por toda la eternidad.

— ¿No quieres quedarte? —Le pregunto.

—Bella, has estado mudándote y desempacando durante días. Necesitas dormir.

—Dormir suena bien —digo mientras bostezo.

Él abre mi puerta, pero antes de que entre, envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y me tira a él en un apretado abrazo. Pasa la mano por mi cabello mientras me pierdo en su aroma. Trato de tirar de él más cerca, pero no parecemos poder acercarnos lo suficiente. Varios minutos pasan mientras nos quedamos ahí parados, aferrándonos al momento. Siempre he sido muy reservada. Esta nueva faceta que Edward saca es una parte de mí que no sabía que existía.

Finalmente nos separamos y entramos en el coche. Mientras nos alejamos del estacionamiento inclino mi cabeza contra la ventana y veo que el club ya se minimiza en el espejo retrovisor.

— ¿Edward? —Le susurro sin dejar de ver cómo el edificio desaparece detrás de nosotros—. Gracias por esto.

Toma mi mano en la suya y me quedo dormida con una sonrisa.

Me despierto cuando él está abriendo la puerta y nos encontramos en mi camino de entrada. Alcanza y agarra mi mano mientras salgo del coche. No puedo recordar la última vez que me quedé dormida en un vehículo en movimiento. Edward tenía razón, estoy cansada.

Me froto los ojos y bostezo de nuevo mientras él camina conmigo hacia la puerta principal. Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y yo hago lo mismo alrededor de sus hombros, para abrazarnos de nuevo.

Me aprieta la cintura más fuerte y me acerca más. Nuestros cuerpos se ajustan perfectamente.

—Bella, ya te extraño —susurra en mi oído. Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando su respiración calienta mi cuello. No puedo creer que sólo nos conocimos hace tres días, parece que hemos estado haciendo esto durante años.

—Sólo piensa —digo—. Vas a estar fuera tres días. Esa es la misma cantidad de tiempo que te he conocido.

No creía que fuera posible, pero él tira de mí más cerca. —Estos van a ser los tres días más largos de mi vida —anuncia.

Si conozco del todo a mi madre, entonces tenemos audiencia, así que me siento aliviada de que su último beso no sea más que un rápido beso en la mejilla. Camina lentamente hacia atrás en dirección a su coche, sus dedos deslizándose fuera de los míos, dejándome ir. Mi brazo se cae flácido a mi lado mientras lo veo entrar en su auto. Arranca el motor y baja la ventana. —Bella, tengo un largo camino a casa —bromea—. ¿Qué tal uno para el camino?

Camino al coche y me inclino en la ventana, esperando otro beso en la mejilla. En cambio, desliza su mano detrás de mi cuello y suavemente me presiona hacia él, separando los labios cuando encuentra los míos. Ninguno de los dos detiene este momento. Alcanzo a través de la ventana y paso mis dedos por la parte de atrás de su cabello a medida que nos seguimos besando. Me toma todo lo que tengo no abrir la puerta del coche y sentarme en su regazo. La puerta entre nosotros se siente como una barricada.

Finalmente llegamos a una parada, nuestros labios se siguen tocando, ya que ambos dudamos en parte. Nuestro aliento se eleva en pequeñas olas de niebla cuando se encuentran con el aire frío.

—Maldición —susurra—. Se pone mejor cada vez.

Planto un pequeño beso en su boca. Él hace lo mismo. Seguimos de ida y vuelta hasta que me pongo a reír. —Te veré en tres días —sonrío—. Ten cuidado conduciendo a casa esta noche. —Le doy un beso final y me alejo de la ventana.

Se retira de la calzada y va directamente hacia la suya. Estoy tentada a correr tras él y besarlo de nuevo para probar su teoría. En su lugar, evito la tentación y me voy a casa.

— ¡Bella!

Me doy la vuelta justo cuando cierra la puerta del coche y corre al otro lado de la calle, hacia mí. ¿Dejé algo en su auto? Espero que diga algo más para explicar lo que está haciendo, pero en lugar de eso sólo sonríe mientras se acerca.

—Me olvidé de decirte algo —dice mientras envuelve sus brazos alrededor de mí otra vez—. Te ves hermosa esta noche.

Me besa en la parte superior de mi cabeza, libera su agarre y se vuelve hacia su casa.

Tal vez me equivoqué antes, sobre que me gustaba el hecho de que él no me haya halagado esta noche. Definitivamente estaba equivocada. Cuando llega a la puerta principal, se da vuelta y sonríe antes de entrar.

Como lo había imaginado, mi madre está sentada en el sofá con un libro, tratando de parecer indiferente mientras camino por la puerta principal. —Bueno, ¿cómo te fue? ¿Es un asesino en serie? —Pregunta.

Mi sonrisa es incontrolable ahora. Camino hacia el sofá frente a ella, me lanzo sobre él como un muñeco de trapo y suspiro. —Tenías razón, mamá. Me encanta Michigan.


1―No pasará mucho tiempo para mí Para decirte quién soy. Pues escuchas esta voz ahora mismo Bueno, eso es más o menos todo lo que soy.


Bueno, aqui les dejo el segun capitulo ¿Qué les pareció? Yo quiero tener una cita así, Edward fue taaaaan lindo.

Espero sus Reviws, ;)

Travesura realizada, Nox

Paula!