Echar de menos
Echar de menos
Lily contempla el jardín sentada en el porche de su casa; la madera es bastante antigua, al fin y al cabo, el terreno perteneció a sus abuelos y a sus bisabuelos y a los padres de estos. Lily no conoce un lugar diferente de ese pequeño pueblo de Gran Bretaña, o al menos eso era así hasta el curso anterior, tiempo que pasó en el maravilloso colegio de Hogwarts. Pero ahora no está en Hogwarts, no puede usar magia, hace calor y los pétalos de la flor que tiene entre las manos hace rato que han salido volando hacia el cielo, completamente despejado.
-Lily, mamá dice que la comida ya está lista.
Una niña un poco más alta y delgada que la propia Lily la mira con expresión seria desde la puerta de entrada a la casa.
-Voy, Tuney.-la pelirroja se levanta sacudiéndose el vestido y con paso lento sigue a su hermana hasta un pequeño comedor con cuatro sillas.
La habitación no es muy grande, pero sí acogedora; las paredes están llenas de fotos de las dos niñas en todos los años de su vida: Petunia y Lily en su primera excursión a la montaña (Lily descubrió que los pájaros no le tenían miedo y que era capaz de establecer una conexión especial con ellos), el primer día de colegio de ambas, vestidas con uniforme azul oscuro, el cumpleaños once de Petunia y una Lily sonriente con su túnica de Hogwarts. En la mesa humean varios platos de sopa y un señor de cabello corto y rojo oscuro las mira, sonriente, a través de sus gafas de montura de carey.
-Niñas, tendréis que decirnos si necesitáis algo para el próximo curso, no quedan muchos días de vacaciones.
-Hablé con Sev y me dijo que si podríamos llevarle al Callejón; su padre está muy ocupado con el trabajo y el pobre no tiene tiempo para nada.
-¿No puede ir volando?-ironiza Petunia mientras sopla su cuchara llena de sopa.
-¡Petunia!-la señora Evans entra en ese momento con una bandeja repleta de chuletas de cerdo y reprende a su hija mayor-No quiero que digas esas cosas.
-¡Es que no entiendo por qué tenemos que aguantar a ese niño raro! ¿No tenemos suficiente con Lily?
-¡Yo no soy rara!
-¡Sí lo eres! ¡Eres una rara! Tú y todos tus amiguitos raros.
-¡Eso no es cierto! ¡Deja de ser tan cruel!-Lily se limpia los ojos repletos de lágrimas y antes de que nadie pueda detenerla sale corriendo de la casa, escuchando un último Petunia, a tu cuarto por parte de su padre.
Odia a Tuney, la odia con toda su alma. Yo no tengo la culpa de ser como soy, ojala ella pudiese venir conmigo a Hogwarts… Todo sería mucho más fácil. Lily no es el tipo de persona que se permite llorar en público, al menos en Hogwars no lo hace, no importa que se metan con ella o que insulten a Severus, ella es siempre la pared, el muro, la protección. Pero en casa es distinto, Petunia es más mayor, sus padres son muggles y ninguno de ellos entiende lo frustrante que es estar encerrada en casa durante tres meses y completamente incomunicada. Es cierto que Lily no tiene muchas amigas, pero está Sabine, que le mandó una carta la semana anterior "¿Qué tal, Lily?", "¡He visitado muchos países, Lily!", "¡Había muchos chicos guapos, Lily!". Y cientos y cientos de anécdotas. Pero a veces, la niña siente que son palabras vacías y escritas por compromiso.
Sus pasos la llevan a la orilla de un pequeño lago de agua cristalina en la que bucean varios peces de colores. Los observa un rato mientras las lágrimas desaparecen y su pecho se tranquiliza.
-Hola, Lily.
-¡Severus!-la niña esboza una amplia sonrisa a ver al chico de pelo negro y largo, de nariz "un poco" grande sentarse a su lado-¿Cómo estás?
-Bien, he estado repasando los libros del año pasado mientras mi padre trabajaba en el sótano.
-Yo también he repasado, pero tengo ganas de comprar los nuevos… Tengo ganas de volver.
-¿Sí?-Snape tira una pequeña piedrecita al agua-Yo no estoy seguro, aquí podemos hablar tranquilamente sin que nos molesten. Este sitio es más nuestro que cualquier rincón de Hogwarts.
-Pero…-Lily duda-Pero Hogwarts es más divertido; hay magia por todas partes y las clases… ¡Este año todo será diferente, Sev!
-¿Diferente?-el niño suspira cansado-Iremos a clase, aprenderemos cuatro hechizos estúpidos y los mismos imbéciles de siempre nos molestarán, ¿de verdad crees que va a ser diferente? Puede que sí, si él se ha muerto. Puede ser.
-¡Severus!-Lily le mira enfadada-No se dicen esas cosas, no importa lo mal que te caiga una persona, no puedes desear nunca su muerte.
-Yo no he deseado nada…
Lily asiente poco convencida y luego se tumba sobre la hierba, con las piernas cruzadas y las manos sobre el regazo. Snape hace lo mismo y juntos miran el cielo que hay sobre sus cabezas. Se quedan en silencio; los pensamientos de Lily están perdidos en los enormes corredores de Hogwarts, en sus clases, en el dormitorio e incluso en el terrorífico Bosque Prohibido. Añora su Biblioteca, con todos los libros perfectamente ordenados. Echa de menos la comida, el bullicio…. Echa de menos las clases de Slughorn y poder levantar la mano cuando sabe algo. ¡Qué demonios! Echa de menos sentarse en la Sala Común con un libro entre las manos, incluso si eso implica tener al repelente de Remus Lupin en el sillón de enfrente, perdido por completo en una lectura que ella finge que no le interesa porque es uno de ellos, es idiota, no puede gustarle leer cosas bonitas. Creo.
Por el contrario, Snape simplemente maldice por tener que volver a Hogwarts; no quiere apartarse de Lily otra vez. Cuando están juntos en el colegio parece que todo está mal, no es lo mismo, no pueden hablar de cosas sin importancia, no pueden ser… amigos.
De repente, siente un vuelco al estómago cuando la mano de Lily, cálida, atrapa la suya y entrelaza sus pequeños y finos dedos con los suyos. Los ojos de la niña, verdes esmeralda le perforan y Severus se estremece, siente que se derrite por dentro. Pasan varios minutos, tal vez media hora, los dos inmóviles, con el suave crujido de los árboles sobre ellos. Finalmente, Lily cabecea y cierra los ojos. Snape se atreve entonces a mirarla, mirarla durante mucho rato y sin miedo a que ella le descubra. No puede ser que todo sea tan perfecto. No puede ser que por una vez en mi vida algo me salga bien. Pero es un hecho que Lily es su mejor amiga, está tumbada a su lado, tienen las manos cogidas y no existe nadie más que ellos dos. Sólo ellos dos.
La mañana del 1 de septiembre de 1972, Lily Evans se levanta con la anaranjada luz del sol. Baja las escaleras en pijama y con la varita en la mano es incapaz de contener su emoción cuando salta por el salón porque no me ve nadie. A Lily le gusta bailar, pero nunca tiene con quién; Severus no tiene ningún ritmo. Pero a ella le gusta dejarse llevar por la música, mover los pies y en ocasiones desearía que alguien la cogiese de una mano, pusiese la otra en su cintura y dieran vueltas hasta marearse. La persona que la sostiene nunca tiene rostro en su imaginación. Una de las cosas que se le dan bien a Lily es reproducir canciones en su cabeza "I can't stop loving you" del maravilloso Ray Charles resuena con la misma claridad que si un vinilo estuviese dando vueltas en el gramófono, ahora apagado sobre la mesa del salón. La niña danza con su pareja imaginaria, incluso se atreve a entonar la última frase de la canción y abrazar a alguien invisible cuando pronuncia "yesterday" con voz suave.
Cuando sus padres bajan a las ocho de la mañana a preparar el desayuno, Lily se ha vuelto a quedar dormida. El señor Evans la coge en brazos y la vuelve a meter en la cama, apartándole el pelo rojo de la frente y depositando un suave beso en su mejilla que hace que la niña sonría en sueños.
No es hasta dos horas después que Lily vuelve a despertar ¡¿Por qué no me habéis llamado?! Se viste tan rápido como puede y por alguna estúpida razón su cabeza se hace una pregunta que nunca jamás se había hecho "¿Esto me quedará bien?". Decide no pensarlo demasiado y arrastra el baúl escaleras abajo, con el pelo revuelto y los cordones de los zapatos sin atar.
-Lilian, queda tiempo suficiente-la reprende su madre-, no vamos a perder el tren.
- ¡Nunca se sabe! Imagínate que llego tarde… Qué vergüenza…
La señora Evans pone los ojos en blanco.
-¡Petunia!-grita escaleras arriba-¡Baja ya!
La niña desciende las escaleras con paso lento; lleva un vestido de flores verdes y el cabello rubio, cuidadosamente recogido, en lo alto de la cabeza y adornado con un pasador en forma de la flor que le da su nombre.
Lily no puede evitar compararse Merlín, si parece que me he tirado a la cesta de la ropa sucia… Pero no tiene tiempo. Ya me pondré la túnica en la estación.
Los cuatro salen al exterior y las dos niñas se sientan en la parte trasera del automóvil. El señor Evans enciende la radio y canciones comerciales que no conoce les acompañan durante todo el viaje a King's Cross.
-¿Has quedado con alguna amiga?-sonríe la señora Evans.
-¿Quedar?-Lily tuerce la boca. No, en realidad no se ha mantenido en contacto con ninguna de las chicas de su dormitorio. No porque no quisiera. Lily no tiene lechuza y si no le escriben primero no puede iniciar la conversación-No… Supongo que estarán todas en el andén.
Aparcan el coche y es el padre de Lily el que coge el baúl y lo coloca en uno de los carritos metálicos de la estación. Los cuatro siguen el camino que el año anterior les costó tanto encontrar. Lily reconoce más de una cara; chicas y chicos de cursos superiores y a una niña de Ravenclaw de su curso que levanta la mano amablemente, a pesar de que nunca han cruzado media palabra.
Finalmente, la familia se detiene delante de un muro que para Lily respira todo lo que más ama en el mundo. La niña se vuelve y casi se cuelga de los hombros de su padre la abrazarle; después le da un beso a su madre en la mejilla y mira a Petunia con súplica, vamos, Tuney, despídete de mí, pero la niña se cruza de brazos y murmura un suave "que te vaya bien".
Lily suspira y arrastra su baúl directo a la pared, echando un último vistazo a la estación, por fin, por fin murmura mientras deja que la magia la invada, y es que Lily siente un cosquilleo entre los dedos similar al que experimenta cuando sostiene la varita, pero en esta ocasión surge del fondo de su pecho. Cuando abre los ojos sonríe ampliamente entre la humareda y el ruido de campanas y carritos que transportan maletas y jaulas llenas de lechuzas.
Busca con la mirada alguna señal de su grupo de compañeras de habitación y divisa a Sabine cerca de una de las puertas de entrada al Expreso.
-¡Lily!-la chica sacude la mano en el aire mientras da pequeños saltitos de emoción-¡Por fin llegas! Llevo esperándote un buen rato.
-¿Han llegado todas?
-Bueno, falta Lucy, pero… ¡Mírala, allí está!
Una chica de pelo largo y rubio recogido en un par de trenzas emite un chillido parecido al de una rata siendo aplastada y se lanza a los brazos de Sabine "te he echado de menos", "yo a ti mucho más". Lily simplemente observa, con cierta inexpresividad, hasta que nota una mano suave en el hombro.
-Lily, voy a subir al compartimento, ¿te espero?-Severus está serio y su voz suena más grave de lo habitual, pero la pelirroja asiente con una sonrisa amplia, asintiendo con la cabeza.
Snape sube los dos escalones con rapidez y desaparece entre las cabezas de los niños.
-Oye, tú-Sabine se acerca a Lily con esa mirada que la chica tanto odia y que dice "quiero saberlo todo sobre ti"- ¿entre Severus Snape y tú hay algo?
-¿Qué?-Lily se sonroja un poco y retrocede intimidada-¡Claro que no! Sev es mi amigo. No me interesan los chicos.
-¡Oh, vamos!-Lucy parece aburrida-Este verano conocí a un chico y… ¡nos besamos!
-¿En los labios?-Sabine parece exageradamente interesada-¡Eso lo hice yo el curso pasado con el chico de tercero de Hufflepuff…
Lily lo recuerda, dos semanas seguidas hablando de cómo el estúpido de Rob Stevenson le había llenado de babas la boca. Sinceramente, prefiero besar a un sapo antes que a un tío tan horroroso como ese…
-Sí, en los labios-sonríe la niña-, y ¿sabéis qué? Se parecía a… Él.
Lily se vuelve esperando encontrarse a un Romeo en todo su esplendor, tal vez incluso a un Fitzwilliam Darcy embutido en un precioso traje negro y un pañuelo bordado al cuello, pero en su lugar, sus ojos verdes se estrechan al descubrir al idiota de Sirius Black riendo sonoramente en el anden.
-¡Ya te gustaría a ti que se pareciese a Sirius Black!-exclama Sabine mirando al grupito de chicos en el que se encuentra el niño de pelo largo y negro-Merlín, ha crecido mucho este verano.
-Supongo que el cerebro lo seguirá teniendo igual de pequeño.-bufa Lily.
Los cuatro niños se acercan a ellas (en realidad a la entrada del expreso) conversando alegremente. Lily no les quiere mirar, oh, vamos, Lily, piensa en pájaros, piensa en hechizos, pero no te enfades antes de que empiece el curso. Pero es inevitable.
-Hola…-la voz del chico la perfora y en sus recuerdos brillan palabras relacionadas con escobas y amor que quedarán grabadas para siempre en su cerebro como "El peor día de San Valentín de mi vida"-Lily.
-Cierra la boca, Jimmy, que se te cae la baba.-berrea el tonto de Black.
Lily levanta la cabeza y observa a los cuatro chicos; James no ha crecido casi, está igual de delgado, con el pelo tan desordenado como siempre y esa mueca de chulería que le pone tan nerviosa en boca cerrada no entran moscas, Potter; Sirius tiene su brazo izquierdo apoyado en el hombro de su mejor amigo y sonríe de forma pícara tienes el cerebro lleno de paja, Black; Peter parece concentrado en un hilo de su capa y por último, Remus qué raro que no vaya leyendo Lupin se queda un poco más atrás y simplemente la mira. Sí, la mira a ella. Y Lily se sorprende a sí misma correspondiéndole la larga mirada, en una conversación que podría ser telepática. "Salúdale y no podrá dormir en tres meses" parece decir. La perspectiva de hacer que James pase tres meses en vela le resulta horriblemente tentadora, así que con todo el desprecio del mundo mira al chico de gafas.
-Hola, Potter.
Sirius se ríe como un perro y empuja a su mejor amigo al tren. Lily alcanza a escuchar "me ha saludado, tío, ¿lo has oído?" y un "no te mees en los pantalones de gusto, Jimmy". Peter les sigue jadeante y un par de segundos después, Remus levanta su pierna izquierda, luego la derecha y casi con dificultad consigue impulsarse hasta el expreso. Se tambalea un poco y Lily alcanza a ver una sonrisa leve entre una cicatriz que le cruza el labio.
-Es tan mono…-Lucy lloriquea en el hombro de Sabine.
-¿Habéis visto a Potter?-responde la chica-¿Creéis que se presentará a Quidditch? El año pasado lo hizo muy bien en las clases de vuelo… Iré a los partidos solamente a mirarle.
-Seguro que Sirius también juega…
Lily no les hace caso; se despide con la mano y también sube los dos escalones. En el interior del Expreso mira a izquierda y derecha, buscando a Severus con la mirada, pero antes echa un vistazo a través del cristal de uno de los compartimentos, en el que parece que hay demasiado ruido.
Sirius tiene cogido a Peter de los brazos y se los retuerce en la espalda ¡y he aprendido a hacer esto!; Remus está sentado en el lado de la ventanilla, con las piernas cruzadas y un libro de cubierta blanca como la nieve entre las manos. Solamente levanta la cabeza cuando James se coloca a su lado y le pregunta algo. El niño rubio sonríe y gesticula mucho cuando le explica con entusiasmo.
Lily continúa andando, pensando, siempre pensando. Al final encuentra un compartimento en el que Snape ya ha esparcido todas sus cosas para que nadie más lo ocupe. El niño la saluda sonriente y ella ocupa el asiento a su lado. Con detenimiento rebusca entre sus cosas y saca un ejemplar de un libro de tapas blancas y completamente lisas. Le da vueltas entre las manos y finalmente se sumerge en la lectura.
Dos compartimentos más lejos, unos dedos largos se deslizan por exactamente la misma página. Ojos azules y ojos verdes devoran las líneas y sus voces internas reproducen la misma frase con unos segundos de diferencia.
"Lo que hace estremecer al hombre es casi siempre lo que más le conviene."
