Literatura
El Expreso de Hogwarts se detiene en la estación de King's Cross y su locomotora, humeante, se reúne con los cientos de estudiantes de los que, hace unos meses y con la llegada del verano, se despidió en aquel mismo lugar. Algunos son ahora más altos, más maduros, aunque no siempre; la ausencia de aquellos que ese año ya no volverán flota en el ambiente, entremezclada con las ilusiones de los que por primera vez van a embarcarse en la aventura fantástica del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y las conversaciones animadas de la mayoría que, una vez más, vuelven a ver a sus compañeros tras las vacaciones. Es día uno de septiembre de 1976 y el andén nueve y tres cuartos, una vez más, rebosa bullicio: La alegría de los reencuentros y la tierna melancolía de las despedidas conviven al mismo tiempo en el pequeño lugar.
Sirius Black camina con desgana arrastrando el carrito metálico que contiene el pesado baúl y la jaula de su lechuza por el asfalto de la estación. En ese mismo momento, no tiene ni la menor idea de qué es la alegría, ni la ternura, ni nada que se le parezca. La ilusión por reencontrarse con James, Peter y Remus que llevaba conservando todo el estío parecía ahora remota y lejana, como si solo hubiese existido en sus sueños. Ni siquiera la visión del colorido tren al cruzar la barrera mágica que separa el andén del mundo muggle consigue animarle y sacar de dentro de él el odio y la ira asesina que siente en ese momento.
Los causantes de que Sirius camine con la cabeza gacha, la mirada concentrada en sus zapatillas deportivas de color rojo que asoman bajo los tejanos oscuros, el puño que tiene libre fuertemente tensado y muchas, muchísimas ganas de pegar o patear algo (o a alguien) con tanto ímpetu que se rompa en dos, en efecto, caminan a su derecha.
El primero, un año menor que él, de piel pálida y con el pelo negro, idéntico al suyo pero meticulosamente peinado y colocado detrás de las orejas, es su hermano Regulus. El imbécil de Regulus avanza por el andén con pasos certeros y una amplia sonrisa, orgulloso de su flamante túnica nueva no podía esperar a ponérsela en el Expreso, claro. No podían confundirle con un muggle. Tenía que ir el más guapo de todos desde el primer momento, mi hermanito, observando cada detalle, cada objeto o persona de aquel lugar. La expectativa de tener que compartir su lugar favorito del mundo con su hermano menor hace que a Sirius se le revuelva el estómago. No considera estar mentalmente preparado para que su presencia arruine la enorme sensación de libertad que siente cada vez que cruza el umbral de la puerta del vestíbulo de Hogwarts y los relojes de arena llenos de pequeñas joyas (rubíes para Gryffindor, topacios para Hufflepuff, zafiros para Ravenclaw y esmeraldas para Slytherin) que cuentan los puntos de las casas brillan con la luz del sol y se siente como en casa; los cientos de retratos, los fantasmas, incluso Peeves, el molesto poltergeist, le dan la bienvenida, y el delicioso olor procedente de las cocinas lo impregna todo y él cree que si realmente tiene un hogar, ha de ser ese. No puede, de ninguna forma, encontrarse cerca de ningún miembro de la familia Black, especialmente de su madre, que también camina a un lado.
Bellatrix se deshace en halagos hacia Regulus. Lleva siendo así desde el día en el que recibió la carta. Cientos de "serás el mejor Slytherin de tu curso", "te queda tan bien tu nuevo uniforme" "no nos decepcionarás". Sirius no puede decir que esté celoso, ni nada por el estilo, porque lo cierto es que no lo está; ni siquiera le resultaría agradable que aquella bruja (y mentalmente ha dejado de pensar en ella como "su madre", aunque aún no es consciente de ello) le mimase y tratase de aquella forma. Pero a veces, de vez en cuando, y aunque nunca se lo reconocerá a nadie, se pregunta si realmente hay algo que está mal en él. Si debería ser un Slytherin, cortarse el pelo, negarse a hablar con Peter y Remus por no ser "sangre limpia". Quizás se está rebelando hacia el lado equivocado; a lo mejor sería todo mucho más fácil si pudiera simplemente creer, aceptar, que él es mejor que todos los demás por su apellido. Que ser hijo de quien es, la omnipresente "sangre Black" que le persigue allá donde va, realmente es motivo suficiente para considerarse una especie de noble o aristócrata, alguien a quien todos los demás deberían admirar y respetar. Pero Sirius no cree que sea mejor que nadie, en realidad. Al menos, no por la familia a la que pertenece.
Después reconoce, entre la multitud, un pelo negro y despeinado (casi podría asegurar que a propósito), y a un chico rubio, alto y pálido con cicatrices en la cara, y a otro más bajito que ríe con una vocecilla aguda y sostiene un ratón entre las manos.
Y ya no le preocupa absolutamente nada.
Corre hacia ellos. Una última mirada hacia Bellatrix y Regulus, que ni siquiera le están prestando atención y, sin despedirse, comienza a avanzar en gigantes zancadas hacia… Hacia mis únicos amigos de verdad.
El reencuentro no es como en las películas, ni como en los libros que lee Remus a veces. No se funden los cuatro en un efusivo abrazo, ni insisten en remarcar cuánto se han echado de menos, ni el tiempo se para a su alrededor cuando se ven por primera vez después de las vacaciones. Simplemente Sirius da un toquecito en el hombro de James, que en ese momento se encuentra molestando a la rata de Peter de espaldas a él, y éste se sobresalta y da media vuelta para encontrarse allí a su mejor amigo, de pie y sonriente. Sin pensarlo un segundo, el chico de pelo oscuro exclama "¡Sirius!" y le abraza con todas sus fuerzas; Sirius, que no es demasiado propenso a dar muestras de cariño hacia nadie, se deja hacer y le rodea con sus brazos, igualmente. Remus les observa y sonríe, y él le devuelve la sonrisa, del mismo modo que saluda a Peter con un gesto de cabeza. En realidad, no hay palabras, porque no les hace falta; en unos segundos es como si el enorme lapso de tiempo entre la última vez que se vieron no hubiese existido.
- Tío, Sirius, ¡tienes barba! – exclama James, mientras le señala como si acabase de ver un fantasma o algo así. – ¡Eres un señor mayor!
- ¿Qué? – replica éste, e inconscientemente se lleva la mano hacia el mentón – ¡No tengo barba, cállate, Jimmy!
- ¡NO VUELVAS A LLAMARME JIMMY, ESTÚPIDO! Y tienes barba. Que lo sepas.
- Quizás sí que tiene razón, Sirius. – le concede Remus – Te has hecho todo un hombrecito.
- ¿¡Eres mi abuela o algo así, Remus!?
Bromean, hacen como que discuten un rato. James le pega un puñetazo amistoso a Sirius y no se da cuenta de que su fuerza ha aumentado considerablemente durante el verano y realmente le hace daño, pero qué más da, si le echaba de menos más que a nada en el mundo, joder.
Peter les comunica que "su nueva compañera", como él llama al pequeño roedor que sostiene entre las manos, se llama Susan. Mientras caminan hacia el tren, James y Sirius le ponen unos cincuenta y siete motes alternativos a la mascota de su amigo, entre los que se encuentran "Apestosa" y "Putrefacta" (este último hace reír especialmente a Sirius). Los cuatro están alegres y sonrientes, hasta que James, que va el primero, para en seco y el color de su piel se desvanece. Está ahí, pálido, quieto, con los ojos abiertos como platos, ante la intrigada mirada de sus amigos.
- La he visto, chicos. Está ahí. – murmura, embelesado.
Peter, Remus y Sirius se giran y tratan de mirar en la misma dirección que él. Remus distingue una cabellera pelirroja entre el gentío. Por supuesto, la reacción de James no se podía deber a nada más: Lily Evans estaba allí, sentada sobre una de sus maletas y entre un par de chicas más, que hablan entre ellas. Pero no parece escucharlas, más bien mira al infinito con aquellos sobrenaturalmente enormes ojos verdes, mientras el cabello anaranjado cae delicadamente sobre sus hombros. Lleva un sencillo jersey de color azul celeste y una falda plisada de color gris; en realidad, no necesita mucho más para ser la chica más guapa que hay en todo el andén.Remus no puede evitar pensar en que Lily es muy bonita cada vez la ve. No en el sentido en el que lo hace James, claro; simplemente ve en ella un tipo de belleza poética: sencilla, pero muy delicada.
- Oye, Jimmy – el inconfundible tono malicioso de Sirius interrumpe sus pensamientos. – Salúdala, ¿no?
- Q… ¿Qué?
- Que la saludes, ¡venga! – Sirius le da a James un empujón hacia donde se encuentra la chica pelirroja.
James comienza a andar hacia ella, aunque no parece demasiado decidido, seguido de cerca por Sirius y, un poco más atrás, Peter y Remus, que si bien no creen que sea para nada buena idea acercarse así, de repente, a alguien que es más que evidente que les odia a los cuatro, no quieren quedarse atrás.
- Hola… Lily. – el joven Potter, normalmente decidido, seguro de sí mismo, incluso un poco arrogante, emite las dos palabras como si le costase un mundo pronunciarlas.
- Cierra la boca, Jimmy, que se te cae la baba. – Sirius encuentra tremendamente divertida la cara de bobo de su mejor amigo frente a la chica que le gusta.
Y después se hace un silencio extraño en el que las dos partes de la conversación se observan mutuamente. James mira a Lily y no piensa; no porque no quiera pensar, sino porque sus ojos se encuentran por un segundo y son tan grandes y tan brillantes que podrías caerte en ellos y vivir allí dentro para siempre, y tiene pequeñas pequitas sobre la nariz que, por algún motivo, le hipnotizan. Sirius también la observa, con esa cara suya que dice "yo no te gusto, y tú no me gustas", pero en el fondo comprende que James esté completamente obsesionado con ella y su pelo rojo y la curva de su cuello y su piel pálida. Peter también opina que es muy guapa, pero no quiere centrar mucho su atención en ella por si James se molesta. Remus, interiormente, reza para que la chica conteste a su amigo y no le cause una enorme decepción. Y piensa que si tuviese que compararla con algo, sería con los versos de Shelley. Lily es literatura.
- Hola, Potter.
Esa es toda la respuesta que obtiene, y sin embargo, James se siente como si acabara de proponerle matrimonio y ella hubiese aceptado. Finalmente, mientras suben al tren, Remus aguanta la risa ante la conversaciónes de los dos chicos: "Me ha saludado, tío, ¿lo has oído?" "No te mees en los pantalones del gusto, Jimmy" "¿Crees que significa algo? ¿Crees que me ha echado de menos?" "Tanto como yo a Benedict Snape, tío."
- Se llama Severus, Sirius.
- ¿Qué?
- Nada.
