Lummus, Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas ;)

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, La trama Collen Hoover.


"I am sick of wanting

And it's evil how it's got me

And every day is worse

Than the one before."

-The Avett Brothers, Ill With Want[1]

4

Edward se da la vuelta y apoya la espalda en los casilleros. Sus piernas están cruzadas por los pies y sus brazos cruzados sobre su pecho mientras mira al suelo. Los acontecimientos me han atrapado fuera de guardia, apenas puedo soportarlo. Voy a la pared opuesta a él y me apoyo en ella.

— ¿Yo? —Dudo—. ¿Cómo el hecho de que eres un profesor no fue mencionado? ¿Cómo eres profesor? Sólo tienes veintiún años.

—Isabella, escucha —dice mientras ignora mis preguntas. Él no me llamó "Bella" —. Aparentemente ha habido un gran malentendido entre nosotros —no hace contacto visual conmigo mientras habla—. Necesitamos hablar de esto, pero ahora definitivamente no es el momento.

—Estoy de acuerdo —digo.

Quiero decir más, pero no puedo.

Tengo miedo de llorar.

La puerta de la clase de Edward se abre y Alice emerge. Egoístamente rezo para que ella también se haya perdido. Esta no puede ser mi optativa.

—Isabella, venía a buscarte —sonríe—. Te guardé un asiento —Mira a Edward, luego a mí y se da cuenta de que interrumpió una conversación—. Oh, lo siento Sr Cullen. No sabía que estaba aquí.

—Está bien, Alice. Sólo estaba viendo los horarios de Isabella con ella —dice mientras camina hacia la clase y sostiene la puerta para ambas.

De mala gana sigo a Alice a través de la puerta, en torno a Edward, y al único asiento vacío en la habitación; directamente en el frente de la mesa del profesor. No sé cómo espero pasar, con éxito, toda una hora sentada en esta clase. Las paredes no dejan de bailar cuando intento centrarme, así que cierro los ojos. Necesito agua.

— ¿Quién es el bombón? —Pregunta el chico que ahora conozco como Michael.

— ¡Cállate, Mike! —dice Edward bruscamente mientras camina hacia su escritorio, recogiendo un montón de papeles. Muchos estudiantes soltaron un pequeño jadeo ante su reacción. Supongo que Edward no es el mismo de siempre en estos momentos, tampoco.

— ¡Relájese, Sr. Cullen! Le estaba haciendo un cumplido. ¡Ella está buena! ¡Mírela! —Opina Mike mientras se recuesta en su silla, mirándome.

—Mike, ¡fuera! —Ordena Edward mientras señala la puerta de la clase.

— ¡Sr. Cullen! ¡Jesús! ¿Qué pasa con el temperamento? Como dije, sólo estaba…

—Como yo dije, ¡fuera! ¡No le faltarás el respeto a las mujeres en mi clase!

Mike grita de vuelta mientras agarra sus libros—: ¡Bien! ¡Iré a faltarles el respeto en el pasillo!

Después de que la puerta se cerrara detrás de él, el único sonido en la sala era el distante segundo del tic-tac del reloj por encima de la pizarra. No me doy la vuelta, pero puedo sentir la mayoría de los ojos de la clase en mí, esperando por algún tipo de reacción. No es tan fácil mezclarme en este momento.

—Clase, tenemos una nueva estudiante, ella es Isabella Swan —dice Edward, tratando de romper la tensión—. El análisis ha terminado. Guarden sus notas.

— ¿No va a hacer que se presente? —Alice pregunta.

—Llegaremos a eso en otro momento —Edward levanta una pila de papeles—. Exámenes.

Me alivia que Edward me haya librado de tener que pararme en frente de la clase y hablar. Es la última cosa que podría hacer ahora mismo.

Se siente como si hubiera una bola de algodón en mi cuello cuando trato sin éxito de tragar.

—Bella —vacila, y luego se aclara la garganta, notando su desliz—. Isabella, si tienes algo más en que trabajar, siéntete libre. La clase está realizando un capítulo de prueba.

—Creo que prefiero tomar el examen —digo. Tenía que concentrarme en algo.

Edward me da una prueba, y en el momento que necesito para completarla, hago mi mejor esfuerzo en concentrarme en las preguntas, esperando encontrar un respiro momentáneo de mi nueva realidad.

Termino aunque con bastante rapidez, pero borro y reescribo las preguntas sólo para evitar tener que hacerle frente a lo obvio: el hecho de que el chico del que estoy enamorada es ahora mi profesor.

Cuando suena el timbre de salida, observo cómo el resto de la clase va al escritorio de Edward, dejando sus papeles boca abajo en una pila. Alice se pone de pie y camina hacia mi escritorio.

—Oye, ¿recibiste el almuerzo cambiado?

—Sí, lo hice —le digo.

—Genial. Te guardaré un asiento —asegura mientras se da vuelta. Se detiene en el escritorio de Edward y él la mira. Ella saca un envase rojo de su bolso, saca un puñado de caramelos de menta y los coloca en el escritorio de Edward—. Altoids[2] —le dice mientras mira inquisitivamente las mentas—. Estoy haciendo suposiciones aquí — susurra lo suficientemente fuerte para que yo la oyera—. Pero he oído que las altoids hacen maravillas con las resacas —y empuja las mentas hacia él.

Y otra vez, así como así, ella se ha ido.

Edward y yo somos los únicos que quedamos en la clase. Necesito demasiado hablar con él. Tengo muchas preguntas pero sé que no es buen momento. Agarro mi papel y camino hacia su escritorio, colocándolo en la parte superior de la pila.

— ¿Mi estado de ánimo es obvio? —Pregunta mientras sigue mirando las mentas en su escritorio.

Agarro dos de las altoids y salgo de la habitación sin responder. Mientras navego por los pasillos en busca de mi cuarto período de clases, veo un cuarto de baño y rápidamente entro. Me decido a pasar el resto del cuarto período y el período de comida en el cuarto de baño. Me siento culpable sabiendo que Alice me está esperando pero no puedo enfrentarme a nadie ahora mismo. En cambio, paso todo el tiempo leyendo y re-leyendo lo escrito en las paredes del baño, haciendo todo lo posible para, de alguna manera, pasar el resto del día sin echarme a llorar.


Mis últimas dos clases son un borrón. Por suerte, ninguno de los otros profesores parecen interesados en que me presente tampoco. No hablo con nadie y nadie habla conmigo. No tengo idea si alguna vez me asignaron tareas. Mi mente está consumida por toda esta situación.

Camino hacia mi coche mientras busco en mi bolso las llaves. Las saco y agito la cerradura pero mis manos están temblando tanto que se me caen. Cuando me subo no me doy tiempo para reflexionar y hago marcha atrás y me dirijo a casa. Lo único en lo que quiero pensar ahora mismo es mi cama.

Llego a mi entrada y apago el motor. No quiero hacerle frente a Seth o mi madre todavía, así que pateo mi asiento hacia atrás y protejo mis ojos con mis brazos mientras comienzo a llorar. Reproduzco todo en mi cabeza. ¿Cómo pasé tanto tiempo con él y no me enteré que era profesor? ¿Cómo algo tan grande como su trabajo no surgió en la conversación? O mejor aún, ¿cómo hice para hablar tanto y no mencionar el hecho de que seguía en secundaria? Estoy enfadada con toda la situación. Le dije demasiado sobre mí. Siento que es lo que merezco por dejar caer, finalmente, mis muros.

Me limpio los ojos con mi manga, tratando fuertemente de ocultar mis lágrimas. Estaba volviéndome muy buena en eso. Hasta hace seis meses, casi no tenía razón para llorar. Mi vida en Texas era simple. Tenía una rutina, un gran grupo de amigos, una escuela que amaba e, incluso, un hogar que amaba. Lloré un montón en las semanas siguientes de la muerte de mi padre hasta que me di cuenta que Seth y mi madre no serían capaces de seguir adelante hasta que lo hiciera.

Comencé a hacerme consciente del esfuerzo de participar más en la vida de Seth. Nuestro padre también era su mejor amigo y sentía que Seth perdió más que cualquiera de nosotras. Me involucré en béisbol juvenil, sus lecciones de karate e incluso hasta los Scouts; todas las cosas que mi padre solía hacer con él. Eso nos mantuvo a Seth y a mí ocupados y la pena poco a poco comenzó a disminuir.

Hasta hoy.

Un golpecito en la ventana del pasajero me trae de vuelta a la realidad. No quiero reconocerlo. No quiero ver a nadie, y mucho menos hablar con alguien. Reviso y veo alguien de pie allí, la única cosa visible era su torso… y el ID de la facultad. Doy vuelta el espejo y limpio la máscara de mis ojos. Desvío mi atención hacia el lado del conductor mientras presiono el botón de desbloqueo automático, centrando mi mirada en los rotos gnomos de jardín, los cuales me miran con sus sonrisitas de suficiencia.

Edward se desliza en el asiento del pasajero y cierra la puerta. Él se recuesta en el asiento unos centímetros y suspira, pero no dice nada. No creo que ninguno de los dos sepa qué decir en este punto. Lo miro cuando finalmente comienza a hablar. Su pie está apoyado en el salpicadero y él está rígido en su asiento con los brazos cruzados sobre el pecho. Está mirando directamente la nota que escribió esta mañana y que sigue estando en mi consola. Supongo que lo hizo a las cuatro después de todo.

— ¿Qué estás pensando? —pregunta.

Me siento y me doy la vuelta hacia él, tirando de mi pierna derecha hacia el asiento, abrazándola con mis brazos. —Estoy confundida como el infierno, Edward. ¡No sé qué pensar!

Él suspira y se da vuelta para mirar por la ventana del pasajero.

—Lo siento. Esto es mi culpa —dice.

—No es la culpa de nadie —No estoy de acuerdo—, para que haya algún fallo, tiene que haber una decisión consciente. No lo sabías, Edward.

Se sienta y se da vuelta para enfrentarme.

—De eso se trata, Bella. Debería haberlo sabido. Tengo un trabajo que no sólo requiere la ética dentro de clases, se aplica a todos los aspectos de mi vida. No era consciente porque no estaba haciendo mi trabajo. Cuando me dijiste que tenías dieciocho años, sólo asumí que estabas en la universidad.

—Tengo dieciocho años desde hace sólo dos semanas —respondo.

No sé por qué sentí la necesidad de clarificar eso. Después de decirlo me doy cuenta de que suena como si lo estuviera culpando. Él ya está culpándose; no necesita que esté enfadada con él, además. Este fue un resultado que ninguno de nosotros podría haber predicho.

—Soy un estudiante de maestría —dice mientras comienza a explicar—. Más o menos.

— ¿Más o menos? —remarco.

—Después de que mis padres murieran, doblé todas mis clases. Tengo créditos suficientes para graduarme un semestre antes. Ya que la escuela estaba escasa de personal, me ofrecieron un contrato por un año. Me quedan tres meses para terminar. Después de eso estoy bajo contrato hasta junio del próximo año.

Escucho mientras asumo todo lo que dice. Aunque realmente todo lo que escucho es: "No podemos estar juntos… blablabla… no podemos estar juntos."

—Bella, necesito este trabajo. Es en lo que he estado trabajando durante tres años. Estamos arruinados. Mis padres me dejaron con un montón de deudas y ahora la matrícula universitaria. No puedo abandonar ahora.

¿Él cree que le estoy pidiendo que renuncie a su trabajo?

—Edward, lo entiendo. Nunca te pediría que pusieras en peligro tu carrera. Has trabajado duro. Sería estúpido que tiraras todo por alguien que sólo conoces hace tres días.

—No estoy diciendo que me estás pidiendo esto. Sólo quiero que entiendas de dónde vengo —expresa.

—Lo entiendo —argullo—. Es ridículo suponer incluso que tenemos algo que vale la pena arriesgar.

Sus ojos miran la nota en la consola otra vez mientras titubea.

—Ambos sabemos que es más que eso.

Sus palabras me hacen estremecer, porque en el fondo sé que tiene razón. Lo que sea que estuviera ocurriendo entre nosotros, era algo más que un capricho. No puedo comprender este momento que debe ser así lo que se siente con el corazón roto. Si duele incluso un uno por ciento más que el dolor que estoy sintiendo ahora, renunciaré al amor. No vale la pena.

Intento detener las lágrimas brotando otra vez, pero el esfuerzo es inútil. Él saca su pierna y me empuja hacia él. Entierro mi cara en su camisa y él me rodea con los brazos y gentilmente masajea mi espalda.

—Lo siento mucho —expresa—. Ojalá hubiera algo que pudiera hacer para cambiar las cosas. Tengo que hacer esto bien, por Caulder.

No estoy seguro de dónde iremos a partir de aquí, o como lo pasaremos.

— ¿Pasaremos? —Articula. De repente empiezo a caer en pánico ante la idea de perderlo—. Pero, ¿qué pasa si tú hablas en la escuela? Decirles que no lo sabíamos. Preguntarles cuáles son nuestras opciones… —me doy cuenta, mientras las palabras salen de mi boca, que me estoy agarrando a un clavo ardiendo. No hay ninguna situación en la que nuestra relación sería factible en este momento.

—No puedo, Bella. —Su voz es pequeña—. No funcionará. No puede funcionar.

Escuchamos un portazo y Seth y Caulder vienen por el camino de entrada. Nosotros inmediatamente nos apartamos y volvemos a nuestros asientos. Descanso mi cabeza en el reposacabezas y cierro los ojos, tratando de evocar alguna escapatoria en nuestra situación. Tiene que haber una.

Cuando los niños cruzaron la calle y estaban a salvo dentro de la casa de Edward, él se da la vuelta hacia mí.

— ¿Isabella? —llama nerviosamente—. Hay una cosa más que necesito hablar contigo.

Oh Dios, ¿qué más? ¿Qué otra cosa podía ser relevante en este momento?

—Necesito que vayas a la administración mañana. Quiero que te retires de mi clase. No creo que debamos estar más alrededor del otro.

Siento la sangre corriendo por mi cara. Mis manos empiezan a sudar y el coche lentamente se está volviendo demasiado pequeño para nosotros. Él realmente se refiere a eso. Cualquier cosa que tuviéramos en este punto se ha terminado. Me está dejando fuera de su vida por completo.

— ¿Por qué? —No hago ningún esfuerzo por disimular el dolor en mi voz.

Se aclara la garganta.

—No te estoy pidiendo hacer esto porque quiero evitarte. Te lo estoy pidiendo porque lo que tenemos es inapropiado. Tenemos que separarnos.

¿Separarnos? Mi dolor rápidamente sucumbe a la furia que crece dentro de mí.

— ¿No es apropiado? ¿Separarnos? ¡Vives en frente de mí!

Él abre la puerta y sale del coche. Hago lo mismo y le doy un portazo a mi puerta.

—Ambos somos lo suficientemente maduros para saber qué es apropiado, Edward. Eres la única persona que conozco aquí. Por favor no me pidas que actúe como si ni siquiera te conociera —pido.

— ¡Vamos, Bella! No estás siendo justa —coincide su tono con el mío, y sé que he golpeado un nervio—. No puedo hacer esto. No podemos sólo ser amigos. Es la única opción que tenemos.

No podía evitar sentirme como si estuviéramos atravesando una horrible ruptura, y ni siquiera tenemos una relación. Estoy tan enfadada con él. Con toda la situación. No puedo discernir si estoy realmente molesta sobre lo que pasó hoy, o toda mi vida este año.

La única cosa que sé con certeza es que la única vez que he sido feliz últimamente ha sido con Edward. Escucharlo decirme que ni siquiera podemos ser amigos duele. Me asusta que volveré a ser quien he sido durante los últimos seis meses: alguien del cual no estoy orgullosa.

Abro la puerta del coche y agarro mi bolso y las llaves.

—Entonces, ¿estás diciendo que es todo o nada, cierto? ¡Y es obvio que no podemos ser todo! —Golpeo la puerta del coche otra vez y me dirijo a la casa—. ¡Estarás liberado de mí el tercer período mañana! —Afirmo mientras, a propósito, pateo un gnomo con mi bota.

Camino en la casa y tiro las llaves en la barra de la cocina con tal fuerza que se deslizan completamente a través de la superficie y golpean el suelo.

Empiezo a sacar el talón de mi bota con los dedos del pie y los pateo en la entrada cuando mi madre entra.

— ¿Qué era todo eso? —Pregunta—. ¿Estabais gritando?

—Nada —Farfullo—. De eso es lo que se trata. ¡Absolutamente nada! —recojo mis botas y camino a mi habitación, cerrando con un portazo la puerta.

Cierro la puerta de mi dormitorio y me dirijo directamente al cesto de ropa. Lo recojo y vuelco todo el contenido al suelo, buscando a través de ellos hasta que encuentro lo que estoy buscando. Mi mano se desliza en el bolsillo de mis jeans, quito el broche morado para el pelo y camino hacia la cama, aparto las mantas y me meto dentro. Aprieto el broche en mi puño, mientras me llevo las manos a la cara, y lloro hasta dormirme.

Cuando despierto, es medianoche. Me quedo allí un momento, esperando llegar a la conclusión de que es un mal sueño pero la claridad nunca viene. Cuando aparto las mantas, mi broche cae de mis manos y aterriza en el suelo. Esa pequeña pieza de plástico, tan vieja que probablemente esté pintado con plomo. Pienso sobre cómo me sentí el día en que mi padre me lo dio, y cómo toda la tristeza y el miedo fueron eliminados tan pronto como él lo puso en mi pelo.

Me inclino hacia delante y lo recojo del suelo, presionando en el centro para que se abra. Muevo una sección de mi flequillo al lado opuesto y lo aseguro en un lugar de mi cabeza. Espero que la magia surta efecto, pero, efectivamente, todo sigue doliendo. Me quito el broche del pelo y lo tiro al otro lado de la habitación mientras subo de nuevo a la cama.


[1]Estoy enfermo de deseo

Y es malvada la forma en que me tiene

Y cada día es peor

Que el anterior.

[2] Marca de pastillas/caramelos de menta.


Ay por dios! Lo siento muchisimoooooooo, tuve las dos semanas más raras de mi vida, no se si ustedes en sus paises tengan la semana santa (pregunta tonta, lo se, no me juzguen) pero bueno, yo durante la semana santa viaje a Perú, lo que fue genial, excepto por el hecho de que no pude llevar mi computador :/ y al regresar a Colombia (y la triste y dura realidad)tuve que estudiar como loca para varios parciales, pero bueno, ya estoy un poco más libre así que les traigo, dos capítulos nuevos, como recompensa por hacerlos esperar. y prometo que tratare de no volver a ausentarme tanto :/

Gracias a anapatts por su Review...Estoy un poco decepcionada de que no hubo mas, pero no importa, espero les este gustando la historia :D

No siendo más ya mismo les subo el quinto capítulo ;)

Travesura Terminada, Nox

Paula ;)