Lummus, Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas ;)

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, La trama Collen Hoover.


"I keep tellin' myself

That it'll be fine.

You can't make everybody happy

All of the time."

-The Avett Brothers, Paranoia in B flat Major[1]

5

Mi pulso golpea contra mi sien al levantarme de la cama. Necesito desesperadamente mi propia caja de mentas. Todo mi cuerpo se siente exhausto por alternarse entre llanto y sueño insuficiente.

Preparo una rápida taza de café y me siento en el mostrador para tomarlo en silencio, mientras siento la aprehensión del día que me espera. Al final, Seth entra a la concina, usando su pijama y sus pantuflas de Darth Vader.

—Buenos días —dice somnoliento mientras toma una taza limpia del fregadero. Camina hasta la cafetera y comienza a verter café en la taza del Mejor Papá del Mundo.

— ¿Qué crees que estás haciendo? —pregunto.

—Oye, no eres la única que tuvo una mala noche —Seth se sube a un taburete al otro lado del mostrador—. Cuarto grado es difícil. Tuve dos horas de deberes —dice al llevar la taza hasta su boca.

Quito la taza de sus manos y vierto el contenido en la mía, luego lanzo la taza a la basura. Camino al refrigerador, tomo un zumo y lo coloco frente a él.

Seth rueda sus ojos y abre el hoyo en la cima del envase, llevándoselo a la boca.

— ¿Viste que ayer trajeron el resto de nuestras cosas? Por fin llegó la furgoneta de mamá. ¿Sabes? Tuvimos que desempaquetar todo nosotros solos —expresa, obviamente intentando hacerme sentir culpable.

—Ve a vestirte —ordeno—. Salimos en media hora.

De nuevo comienza a nevar justo cuando dejo a Seth en la escuela.

Espero que Edward tenga razón y se vaya pronto. Odio la nieve. Odio Michigan.

Cuando llego a la escuela, me dirijo directamente a la oficina administrativa. La Sra. Cope se encuentra encendiendo su computadora cuando me ve y sacude la cabeza.

—Déjame adivinar, ¿ahora quieres ver el almuerzo?

Debí haberle traído el café de Seth.

—De hecho, necesito una lista de las optativas de tercero. Quiero cambiarme de clases.

Me lanza una mirada intrigante.

— ¿No estás en Poesía con el Sr. Cullen? Esa es una de las optativas más populares.

—Sí, esa —confirmo—. Quisiera retirarme.

—Bueno, tienes hasta el término de la semana antes de que entregue tu horario final —dice al tomar una hoja y tendérmela—. ¿Qué clase prefieres?

Miro a la pequeña lista de optativas disponibles.

Botánica

Literatura Rusa

Mis opciones son limitadas.

—Tomaré Literatura Rusa por doscientos, Alex.

Rueda los ojos y guarda la información en la computadora. Supongo que eso ya lo había escuchado. Me entrega otro "nuevo" nuevo horario y un formulario amarillo.

—Haz que el Sr. Cullen firme esto, tráemelo antes de la tercera clase y estarás lista.

—Genial —murmuro al salir de la oficina.

Cuando encuentro con éxito el camino hasta la clase de Edward, me siento aliviada al encontrarme la puerta cerrada y las luces apagadas.

Verlo de nuevo no estaba en mi lista de cosas por hacer, así que decido tomar el asunto con mis propias manos. Busco en mi mochila y saco un bolígrafo, presiono el papel amarillo contra la puerta de la clase y comienzo a falsificar el nombre de Edward.

—Esa no es una buena idea.

Me giro para encontrar a Edward de pie, a mis espaldas, con una mochila negra colgada de su hombro y llaves en mano. Mi estómago da vueltas cuando lo miro. Lleva puestos unos pantalones kaki y una camisa negra, metida por la cintura. El color de su corbata combina perfectamente con el verde de sus ojos, lo que hace difícil retirar la mirada. Se ve tan… profesional.

Me aparto cuando pasa a mi lado e introduce la llave en la puerta.

Entra en la clase y enciende la luz mientras coloca su mochila en el escritorio. Todavía me encuentro de pie en la entrada cuando me indica que entre.

Golpeo la hoja contra el escritorio.

—Bueno, aún no habías llegado, así que pensé en evitarte el mal rato —argumento, defendiendo mis acciones altaneramente.

Edward recoge el formulario y hace una mueca.

— ¿Literatura Rusa? ¿Eso fue lo que escogiste?

—Era eso o Botánica —respondí secamente.

Edward saca su silla y se sienta. Toma una pluma y coloca el papel boca arriba, presionando la punta de la pluma sobre la línea. Aunque está a punto de firmar, vacila y coloca la pluma encima del papel sobre la mesa, sin firmar su nombre.

—Anoche pensé bastante… en lo que ayer dijiste —dice—. No es justo por mi parte pedirte que te transfieras de clase simplemente porque me incomode. Vivimos a pocos metros de distancia; nuestros hermanos se están convirtiendo en mejores amigos. Más que nada, ésta clase sería buena para nosotros, para ayudarnos a descifrar cómo actuar alrededor del otro. Además —articula esto mientras saca un papel de su mochila y lo coloca sobre la mesa—. Obviamente encajas bien.

Miro el examen que había presentado el día anterior, y tiene un 100 como nota.

—No me importa cambiarme —digo—. Entiendo tu posición.

—Gracias, pero a partir de ahora, todo debe ser más sencillo, ¿verdad?

—Sí —mentí. Está completamente equivocado. Definitivamente, estar cerca de él todos los días no sería nada fácil. Hoy mismo podría mudarme a Texas y aun así, me sentiría cerca de él. Sin embargo, con todo y eso, no puedo inventar una excusa lo suficientemente buena para que mi conciencia me permita cambiarme de clases.

Arruga mi formulario de transferencia y lo lanza a la basura. Cae a menos de un metro de distancia de la papelera. Lo recojo mientras camino hasta la puerta y lo tiro.

—Supongo que lo veré en el tercer periodo, Sr. Cullen.

Al salir, lo veo fruncir el ceño por el rabillo del ojo.

En parte me siento algo aliviada. Odiaba cómo habíamos dejado las cosas ayer. Aunque haría cualquier cosa para arreglar la incómoda situación en la que nos encontrábamos, aún con todo lo sucedido, él encuentra una forma de traerme tranquilidad.

— ¿Qué te sucedió ayer? —Pregunta Alice al entrar en la clase de segunda hora—. ¿Te perdiste de nuevo?

—Sí, siento eso. Tuve problemas con administración.

—Debiste haberme escrito —me dice con sarcasmo—. Estaba preocupada.

—Oh, lo lamento, cariño.

— ¿Cariño? ¿Estás intentando robarme a mi chica? —Un chico que aún no he conocido, coloca un brazo alrededor de Alice y besa su mejilla.

—Isabella, este es Jasper —presenta—. Jasper, este es Isabella, tu competencia.

Jasper tiene el cabello rubio y largo, sus ojos son avellana en comparación a los azules de ella. Luce una sudadera con capucha y vaqueros, y cuando mueve su brazo del hombro de Alice para sacudir mi mano, noto un tatuaje de corazón en su muñeca… el mismo que en la de Alice.

—He oído mucho hablar de ti —dice al extender su mano.

Lo miro con curiosidad, preguntándome lo que pudo haber escuchado.

—En realidad no —admite, sonriendo—. No he escuchado absolutamente nada de ti. Sólo que, normalmente, eso es lo que las personas dicen al conocerse —se gira hacia Alice y le da otro beso en la mejilla—. Te veo en la próxima clase, nena. Tengo que llegar a clase.

Los envidio.

El Sr. Jenks entra a la clase y anuncia que hay un examen del capítulo leído. No me opongo cuando me tiende uno, y pasamos el resto de la hora en silencio.

En mi estómago se forma un nudo al seguir a Alice entre la masa de estudiantes. Ya estoy retractándome de no haber elegido Literatura Rusa.

No entiendo cómo cualquiera de los dos pensó que esto haría las cosas más simples.

Llegamos a la clase de Edward, y él está sosteniendo la puerta abierta, saludando a los estudiantes que van llegando.

—Sr. Cullen, hoy tiene mejor cara. ¿Necesita una menta? —dice Alice al caminar a su asiento.

Mike entra y le lanza una mala mirada a Edward mientras se desliza en su asiento.

—De acuerdo —habla Edward al cerrar la puerta tras de sí—. Los felicito por esforzarse en el examen de ayer. Elementos de la Poesía es una sección bastante mundana así que sé que deben estar felices de haber terminado con eso de una vez. Creo que encontrarán la sección de presentaciones mucho más interesante, lo cual será nuestro enfoque durante el resto del semestre. La Interpretación de Poesías se asemeja a la poesía tradicional, pero con un elemento extra: la interpretación en sí.

— ¿Interpretación? —Pregunta Mike con desdén—. ¿Se refiere como en esa película sobre los poetas muertos? ¿Dónde tenían que leer tonterías frente a toda la clase?

—No exactamente —dice Edward—. Eso es poesía simple.

—Se refiere al slam —Añade Jasper—. Como lo hacen en el Club N9NE los jueves.

— ¿Qué es el slam? —Pregunta una chica al fondo de la clase.

Jasper se gira hacia ella.

— ¡Es increíble! Alice y yo vamos a veces. Tienes que verlo para poder entenderlo de verdad —añade.

—Es una forma —dice Edward—. ¿Alguien más ha asistido a un slam?

Otro par de estudiantes levantan la mano. Yo no.

—Muéstreselo, Sr. Cullen. Presente una de las suyas —propone Jasper.

Puedo ver la duda en los ojos de Edward. Por experiencia sé que no le gusta ser expuesto.

—Les diré qué haremos. Haremos un trato. Si muestro una de mis piezas, todos deben aceptar ir por lo menos a un slam en el Club N9NE este semestre.

Nadie se opone. Me gustaría oponerme, pero para eso tendría que levantar mi mano y hablar. Así que no lo hago.

— ¿No hay objeciones? De acuerdo entonces. Haré una corta que escribí. Recuerden, la poesía slam se trata de la poesía en sí y la interpretación.

Edward se mueve hasta el frente y mira a los estudiantes. Sacude los brazos y estira su cuello a cada lado, intentado relajarse. Cuando aclara su garganta, no suena como cuando se está nervioso; es el tipo de aclarado que se hace justo antes de comenzar a gritar.

Expectativas, evaluaciones, evasiones internas

Vuelan de mí como pozos de sangre saliendo de una herida

Como un feto saliendo del vientre de un cuerpo en sepultura

Desastroso y marchito como sábanas rojas sobre la cama

De una habitación inmaculada.

No puedo respirar,

No puedo ganar,

Gracias a esta indeleble posición en la que me encuentro

Controla la única pieza de mi desgraciada alma

Olvidada para defenderse a sí misma en este hoyo sin fondo del que excavo para salir

Como un prisionero encerrado en la celda a lo más profundo del infierno

Aliviado de no sentirse sofocado

Podía abrir la puerta si quisiera, ya que no necesita una jodida llave

Pero entonces, ¿por qué debería tenerla?

La circunlocución es su revolución.

El silencio en la clase es ensordecedor. Nadie habla, nadie se mueve, nadie aplaude. Nos encontramos sorprendidos. ¿Cómo espera cambiar cuando continúa haciendo cosas como estas?

—Ahí lo tenéis —dice con naturalidad al caminar de vuelta a su asiento.

Continuamos hablando de la poesía slam durante el resto de la clase. Intento seguir el ritmo con todas mis fuerzas cuando comienza a explicar con más profundidad, pero todo el tiempo solamente me encuentro concentrada en el hecho de que no ha hecho contacto visual conmigo. Ni una sola vez.

En el almuerzo, reclamo mi asiento al lado de Alice y colocamos nuestras bandejas en la mesa. Noto que un chico que se sienta a dos filas detrás de mí en la clase de Edward comienza a caminar hacia nosotros.

Balancea dos bandejas con su brazo izquierdo, y su mochila y una bolsa de patatas en el derecho. Se sienta frente a mí y comienza a combinar la comida en una sola bandeja. Cuando termina esa tarea, saca una botella de soda de dos litros de su mochila y la coloca en la mesa, abre la tapa y bebe directamente de la botella. Mientras está bebiendo, me mira y baja la botella, limpiando su boca.

— ¿Te beberás esa leche con chocolate, Chica Nueva?

Asiento.

—Por eso la compré.

— ¿Qué me dices del pan? ¿Te lo comerás?

—También compré el pan por una razón.

Se encoje de hombros y alcanza la bandeja de Jasper y toma su pan, justo cuando Jasper se gira y golpea su mano, un momento demasiado tarde.

— ¡Oye, Tyler! No hay forma de que subas cinco kilos para el viernes. ¡Ríndete ya! —Grita Jasper.

—Cuatro —lo corrige Tyler en medio de un bocado de pan. Alice toma su pan y se lo lanza. Tyler lo atrapa en el aire y le regala un guiño.

—Tu chica tiene fe en mí —le dice Tyler a Jasper.

—Tyler levanta pesas —Alice dirige su comentario hacia mí—. Tiene que tener cuatro kilos más para poder competir en su clase de pesas y no le ha estado yendo muy bien.

Con eso, tomo mi pan y lo lanzo a la bandeja de Tyler. Me guiña al introducirlo en una montaña de mantequilla.

Estoy agradecida con Alice por haberme aceptado en su grupo de amigos con tanta facilidad. Aunque no fuese mi decisión, y ella me haya forzado. En Texas había veintiún personas en mi clase de último año. Tuve amigas, pero con un grupo tan limitado, nunca había considerado a nadie como mi mejor amiga. Principalmente, pasaba el rato con mi amiga Ángela, pero no he hablado con ella desde la mudanza.

Por lo que he visto de Alice hasta ahora, me intriga lo suficiente como para no poder evitar esperar que nos volvamos más cercanas.

—Así que, ¿cuánto tiempo lleváis saliendo tú y Jasper? —Le pregunto.

—Desde segundo año. Lo atropellé con mi auto —lo mira y sonríe—. Fue amor a primer golpe. ¿Qué hay de ti? ¿Tienes novio?

Desearía poder hablarle de Edward. Quiero contarle que cuando nos conocimos, inmediatamente sentí algo que nunca antes había sentido con otro chico. Quiero contarle lo de nuestra cita y cómo durante toda la noche sentí como si nos conociésemos de años. Quiero hablarle de su poesía, de nuestros besos, de todo. Aunque más que nada, quiero contarle sobre lo que sentí cuando lo vi en el pasillo y nos dimos cuenta de que nuestro destino no era decisión de nosotros. Quiero decirle lo mucho que me duele el saber que no puedo hablarle. Pero sé que no puedo. No puedo contárselo a nadie. Así que no lo hago. Simplemente respondo—: No.

— ¿En serio? ¿No tienes novio? Bueno, podemos arreglar eso —dice.

—No es necesario. No hay nada que arreglar.

Alice se ríe y gira su atención a Jasper, para discutir posibles pretendientes para su nueva y solitaria amiga.

Finalmente llega el fin de semana, y nunca antes en toda mi vida me he sentido tan aliviada de salir de un aparcamiento. Aunque vive frente a mí, me siento mucho más segura cuando estoy dentro de mi casa que cuando estoy en una clase a sólo unos metros de distancia de él. Ha conseguido con éxito pasar una semana entera sin hacer ningún tipo de contacto visual. Y no se podría decir que yo no intentara con todas mis fuerzas lograr que me mirara aunque fuera una sola vez, prácticamente lo miraba fijamente.

Planeo contarle a mi madre todo lo que sucedió. Es sólo que aún no he encontrado el momento indicado. Todas las noches se ha estado yendo al trabajo antes de la cena, así que en verdad aún no hemos tenido la oportunidad de hablar sobre Edward.

Durante el viaje a casa, tomo un desvío para formular con más precisión mi plan de mantenerme dentro de la casa durante todo el fin de semana. Se llama películas y comida basura.

Mamá está sentada en la mesa de la cocina cuando entro. Puedo darme cuenta, por la tensa mirada en sus ojos, que no se siente particularmente contenta de verme. Camino hasta la cocina y coloco las películas y las bolsas de comida basura en la mesa frente a ella.

—Voy a pasar el fin de semana con Johnny Depp —anuncio, intentando parecer indiferente a su actitud.

No sonríe.

—Hoy traje a Caulder de la escuela —dice—. Mencionó algo muy interesante.

— ¿Oh, sí? Pareces enferma, mamá. ¿Estás resfriada? —Intento parecer inocente, pero por el tono de su voz puedo darme cuenta de que en realidad lo que intenta decir es: Gracias al hermanito de tu amigo me enteré de algo que debí haberme enterado por ti.

— ¿No hay nada que quieras contarme? —Pregunta, lanzándome puñaladas con sus ojos.

Tomo un sorbo de una botella de agua y me siento en el mostrador. Había planeado contarle todo esta noche, pero al parecer sucederá más pronto de lo esperado.

—Mamá. Iba a decírtelo. Lo juro.

— ¡Es maestro en tu escuela, Bella! —Comienza a toser y toma un pañuelo al levantarse de la barra. Después de recuperar su compostura, baja la voz al continuar hablando, intentando evitar atraer la atención de los chicos de nueve años que deben estar en algún rincón de la casa—. ¿No crees que eso sea algo que debiste haber mencionado antes de que te permitiese salir de la casa con él?

— ¡No lo sabía! ¡Y él tampoco! —Me defiendo.

Ladea la cabeza y rueda sus ojos, como si la hubiese insultado.

— ¿Qué estás haciendo, Bella? ¿No te das cuenta que está criando a su hermanito menor? Esto puede arruinar su...

Nuestras miradas vuelan hacia la puerta cuando escuchamos el auto de Edward detenerse en la entrada de su casa. Inmediatamente me dirijo hacia la puerta, para intentar bloquearla y forzarla a que me permita explicarle. Me gana, así que la sigo hasta afuera, suplicándole.

—Mamá, por favor. Sólo deja que te lo explique todo. Por favor.

Se dirige a la casa de Edward, mientras él se da cuenta de que vamos a bombardearlo. Sonríe cuando ve a mamá, pero su sonrisa se desvanece cuando ve que estoy justo detrás de ella.

Se ha dado cuenta de que esta no es una visita amistosa.

—Renné, por favor. ¿Podemos discutir esto adentro?

Ella no responde, simplemente camina hasta su puerta y entra sin invitación.

Edward me mira con intriga.

—Tu hermano mencionó que eres profesor. No he tenido la oportunidad de explicárselo todo —expreso. Él suspira y nos dirigimos adentro.

Es la primera vez que entro a su casa desde que me enteré de la muerte de sus padres. Nada ha cambiado, y al mismo tiempo todo es diferente. Ese primer día que me senté en su cocina, asumí que todo en la casa le pertenecía a sus padres; que la situación de Edward no era como la mía. Ahora, cuando miro bien a mí alrededor, su ser muestra una luz diferente. Una luz de responsabilidad. De madurez.

Mi madre está sentada en el sofá. Edward camina en silencio por la sala y se sienta en el mueble frente a ella. Se inclina hacia adelante y une sus manos frente a él, con los codos reposando sobre sus rodillas.

—Le explicaré todo —dice en tono serio y respetuoso.

—Sé que lo harás —responde secamente.

—Básicamente el meollo del problema es que hice muchas suposiciones. Creí que ella era mayor. Parecía mayor. Cuando me dijo que tenía dieciocho años, asumí que ya estaba en la universidad. Es sólo septiembre, la mayoría de los estudiantes no tienen dieciocho cuando comienzan su último año.

—La mayoría. Sólo cumplió los dieciocho hace dos meses.

—Sí, me doy cuenta de eso… ahora —tartamudeó, lanzándome una mirada—. No fue a la escuela la primera semana que se mudaron, así que supongo que simplemente lo supuse. De alguna manera, el tema no surgió en ningún momento en que estuvimos juntos.

Mi madre comienza a toser de nuevo. Edward y yo esperamos, pero la tos se intensifica, así que ella se levanta y comienza a respirar profundamente. Pensaría que está teniendo un ataque de pánico si no supiera que se había contagiado algún virus. Edward va hacia la cocina y regresa con un vaso de agua, ella toma un sorbo y se gira hasta la ventana de la sala que da hacia el patio delantero. Ahora Caulder y Seth se encuentran afuera, y puedo escucharlos riéndose. Mi madre camina hasta la puerta y la abre.

— ¡Seth, Caulder! ¡No os tiréis en la calle! —Tose de nuevo, cierra la puerta y se gira hacia nosotros—. Decidme, ¿cuándo surgió el tema? —pregunta, ahora mirándonos a los dos.

No puedo responderle. De alguna manera, en presencia de ambos, me siento pequeña. Dos adultos discutiendo frente a los niños. Así es como se siente.

—No nos enteramos hasta que ella apareció en mi clase —responde Edward.

Mi madre me mira y su boca se abre de par en par.

— ¿Estás en su clase? —Mira a Edward y repite lo que dijo—: ¿Está en tu clase?

Dios, suena horrible viniendo de su boca. Se levanta y camina de arriba a abajo por la sala, mientras Edward y yo le damos tiempo para que procese todo.

— ¿Me estáis diciendo que ninguno de los dos sabía nada de esto antes del primer día de clase?

Ambos asentimos.

— ¿Y qué demonios sucederá ahora? —Cuestiona. Tiene ambas manos descansando sobre sus caderas. Edward y yo permanecemos en silencio, esperando que mágicamente encuentre la solución que ambos hemos estado buscando durante toda la semana.

—Bueno, Bella y yo estamos intentando tomarnos esto con calma —respondió al final.

Le lanza una mirada acusatoria.

— ¿Bella? ¿La llamas Bella?

Edward mira al suelo y aclara su garganta. Mi madre suspira y toma asiento al lado de Edward.

—Ambos tenéis que aceptar la seriedad de la situación. Conozco a mi hija, y a mi hija le gustas, Edward. Mucho. Si compartes al menos una fracción de esos sentimientos, harás lo que puedas para distanciarte de ella. Eso incluye dejar los apodos. Esto puede poner en peligro tu carrera, y su reputación. —Se levanta y camina hasta la puerta, manteniéndola abierta para que la siga. No nos estaba permitiendo ningún tiempo a solas.

Seth y Caulder pasan corriendo a nuestro lado, dirigiéndose a la habitación de Caulder. Los ojos de mamá los siguen, y se queda mirando fijamente el pasillo por donde los dos chicos acaban de pasar.

—Seth y Caulder no tiene por qué verse afectados por esto —observa, volviendo su atención a Edward—. Sugiero que inventemos algo ahora que el contacto entre tú y Bella debe ser minimizado.

—Por supuesto. Estoy completamente de acuerdo —dice.

—Yo duermo por las mañanas. Si quieres llevarlos a la escuela, Bella o yo los recogeremos después de clase. A dónde vayan a partir de allí puede depender de ellos. Parece funcionarles bastante bien eso de ir de acá para allá.

—Eso suena bien. Gracias.

—Él es un buen chico, Edward.

—En serio, Renné. Está bien por mí. No he visto a Caulder tan feliz desde que… —La voz de Edward disminuye y no termina su oración—. ¿Renné? —Pregunta—. ¿Irás a hablar con la escuela sobre esto? Es decir, lo comprendo completamente si es lo que tienes que hacer. Sólo me gustaría estar preparado antes.

Ella lo mira, luego a mí y mantiene mi mirada al hablar.

—No hay nada ocurriendo en estos momentos que necesite notificarles, ¿cierto?

—Para nada. Lo juro —respondo rápidamente. Quiero que Edward me mire para que pueda ver la disculpa en mis ojos, pero no lo hace. Tan pronto como cierra la puerta detrás de nosotras, no puedo mantener la boca cerrada por más tiempo.

— ¿Por qué hiciste eso? —Grito—. ¡Ni siquiera me diste la oportunidad de explicártelo!

Cruzo la calle, y no vuelvo a mirarla mientras corro dentro de la casa hasta la soledad de mi cuarto, donde me quedaré encerrada hasta que se vaya al trabajo.


—Bella, ¿tenemos paquetes de Kool-Aid? —Seth está en la entrada, cubierto de nieve.

No es la cosa más extraña que me ha pedido, así que no le pregunto al tomar un paquete sabor a uva de la encimera de la cocina y entregárselo.

—Morado no, necesitamos del rojo —pide. Le quito el paquete morado y regreso con uno rojo—. ¡Gracias!

Cierro la puerta detrás de él y tomo una toalla para ponerla frente a la puerta. Ni siquiera son las nueve de la mañana, y Seth y Caulder ya han estado afuera jugando con la nieve durante dos horas.

Tomo asiento en la barra y termino mi taza de café, mirando a la pila de comida basura que ya no estoy tan emocionada de comer. Mamá llegó a casa alrededor de las siete y media de la mañana, y se arrastró hasta la cama, donde permanecerá hasta alrededor de las dos de la tarde. Todavía estoy molesta con ella y no me siento con ganas de enfrentarme a ella para nada, así que al parecer tengo otras cinco horas antes de tener que encerrarme de nuevo en mi habitación. Tomo una película del mostrador y, a pesar de mi falta de apetito, una barra de chocolate. Si existe algún hombre que puede apartar a Edward de mi mente, ese definitivamente es Johnny Depp.

A mitad de película, Seth entra en casa todavía cubierto en nieve, toma mi mano y comienza a arrastrarme hacia afuera.

—Seth, detente. ¡No voy a salir! —Suelto.

— ¿Por favor? Sólo un minuto. Tienes que ver el muñeco de nieve que hicimos.

—De acuerdo. Déjame al menos ponerme unos zapatos.

Me pongo mis zapatos y Seth toma de nuevo mi mano y me arrastra por la puerta. Continúo permitiendo que Seth me empuje mientras cubro mis ojos. Les toma tiempo ajustarse al reflejo del sol en la nieve.

—Está por aquí. —Escucho decir a Caulder, pero no es a mí. Subo la mirada para ver a Caulder arrastrando a su hermano de la misma forma en que Seth me está arrastrando a mí. Nos dirigen a ambos a la parte trasera del Jeep, donde nos colocan a centímetros de distancia, directamente delante de un accidente.

Ahora conozco el propósito detrás del Kool-Aid. Frente a nosotros, acostado en el suelo debajo del Jeep, se encuentra un muñeco de nieve. Sus ojos son pequeños pedazos de ramitas, formando una expresión de desconsuelo. Sus brazos son dos ramas a cada lado, con una de ellas rota por la mitad debajo de mi llanta trasera. Su cabeza y su cuello brillan con un rastro de Kool-Aid rojo que lleva hasta un pozo de brillante nieve roja como a un metro del muñeco.

—Estuvo en un terrible accidente —murmura Seth con seriedad antes de que él y Caulder suelten un par de risotadas.

Edward y yo nos miramos, y por primera vez en una semana, me sonríe.

—Guau, necesito mi cámara —expresa.

—Buscaré la mía —digo al dirigirme adentro.

¿Así que será de esta manera a partir de ahora? ¿Conversaciones falsas frente a nuestros hermanos, y evitarnos en público? Odio esta transición.

Cuando regreso con la cámara, los chicos aún se encuentran admirando la escena del crimen, mientras yo tomo un par de fotos.

—Seth, ahora matemos a un muñeco de nieve con el auto de Edward —dice Caulder antes de que ambos salieran corriendo a la calle de enfrente.

La tensión es densa mientras Edward y yo miramos con exceso al muñeco frente a nosotros, sin saber a dónde más mirar. Al final, gira la mirada hacia nuestros hermanos frente a su casa.

—Tienen suerte de tenerse el uno al otro, ¿sabes? —comenta con suavidad.

Analizo lo que dice y me pregunto si lo dice con alguna doble intención, o si simplemente hizo una observación.

—Sí, la tienen.

Ambos nos quedamos allí, mirando cómo apilan más nieve, mientras Edward respira hondo y estira el brazo sobre su cabeza.

—Bueno, mejor regreso dentro —dice. Y se dirige a su casa.

—Edward, espera. —Se gira y coloca sus manos dentro de sus bolsillos, pero no dice nada más.

—Lamento lo de ayer. Con mi madre —digo mirando al suelo entre nosotros. No puedo mirarlo a los ojos por dos razones. Una, la nieve aún me tiene ciega; dos, me duele mirarlo.

—No pasa nada, Isabella —y regresamos a los oficiales primeros nombres. Mira el suelo fijamente, y toca con su zapato donde "la sangre" ha teñido la nieve—. Sólo está cumpliendo con su trabajo de madre, ya lo sabes. —Al hablar la tristeza recae sobre su rostro—. No te molestes tanto con ella. Eres afortunada de tenerla.

Se gira y camina de vuelta a su casa. La culpa me envuelve cuando pienso en cómo debe ser para ellos solamente tenerse uno al otro, y yo aquí quejándome del único padre que hay entre los cuatro. Me siento avergonzada de haber mencionado el tema. Y me siento aún más avergonzada de estar molesta con mi madre por lo que hizo. Fue mi culpa por no habérselo dicho antes. Edward tiene razón, como siempre.

Soy muy afortunada de tenerla.


Después del almuerzo, escucho la ducha de mamá sonando, así que le caliento una parte del desayuno y le preparo una taza de té. Los coloco en su sitio de costumbre sobre el mostrador y la espero.

Cuando al final emerge por el pasillo y ve la comida, me regala una pequeña sonrisa y toma asiento.

— ¿Esta es una oferta de paz o envenenaste mi comida? —Pregunta mientras desdobla una servilleta sobre sus piernas.

—Supongo que tendrás que comerla primero para saberlo.

Me mira con cautela y toma un mordisco de la comida. Mastica durante un minuto y toma otro mordisco después de que no le pasó nada.

—Lo lamento, mamá. Debía habértelo contado antes. Sólo estaba bastante molesta.

Me mira con lástima en los ojos, así que me alejo de ella y mantengo mis manos ocupadas con los platos sucios.

—Bella, sé lo mucho que te gusta, de verdad. A mí también me gusta. Pero como dije ayer, esto no puede suceder. Debes prometerme que no harás nada estúpido.

—Lo juro, mamá. Él ya aclaró que no quiere nada conmigo, así que no tienes nada de qué preocuparte.

—Espero que sea así —concluye, y comienza a comer de nuevo.

Termino de lavar los platos y regreso a la sala, para continuar mi amorío con Johnny Depp.


[1]Continúo diciéndome a mi misma

que estará bien.

No puedes hacer felices

a todos todo el tiempo.


Chic s una aclaracion que se me olvido en el capítulo anterior, en el capitulo dos cuando Bella y Edward se dan cuenta de la cruda realidad los interrumpe un alumno llamado Javier, me equivoqué ese alumno es Mike, ya está corregido, lamento mucho el error :/

Espero sus reviews por favor!

Travesura termindad, Nox.

Paula ;)