Lummus, Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas ;)

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, La trama Coollen Hoover.


"Your heart says not again

What kind of mess have you got me in?

But when the feeling's there

It can lift you up and take you anywhere."[1]

-The Avett Brothers, Living of Love.

6

Las próximas tres semanas pasan volando mientras mi tarea se vuelve más intensa, junto con el aislamiento en el salón de Edward. No hemos hablado desde el día en que el hombre de nieve fue asesinado. Tampoco hemos tenido contacto con los ojos desde entonces.

Me evita como la peste.

No me he estado ajustando muy bien a Michigan. Tal vez todo lo que sucedió con Edward terminó de hacer la mudanza más dura. Todo lo que siempre me apetece hacer es dormir. Supongo que es porque nada duele tanto cuando estás dormido.

Alice sigue trayendo posibles rellenos para el obvio agujero en mi departamento de novio, pero los he rechazado todos. Ella finalmente ha recurrido a cambiar de lugar en la clase de Edward con Tyler, con la esperanza de que algo florezca allí.

No lo hará.

—Hola, Isabella. —Tyler sonríe mientras se sienta en su nuevo espacio más cercano a mí—. Tengo otro para ti. ¿Quieres oírlo?

En la última semana, he tenido que soportar por lo menos tres bromas de Chuck Norris al día por Tyler. Asume, erróneamente, que como soy de Texas tengo que estar obsesionada con Walker, Texas Ranger[2].

—Por supuesto. —Ya no trato de negarle ese privilegio, no funciona.

—Chuck Norris recibe una cuenta de g-mail hoy. Es gmail

Me toma un segundo procesarlo. Normalmente soy rápida con las bromas, pero mi mente ha estado lenta últimamente, y con razón.

—Divertido —contesto rotundamente a fin de apaciguarlo.

—Chuck Norris cuenta hasta el infinito. Dos veces.

Por mucho que no tuviera ganas de reír, lo hice. Tyler a veces me molestaba un poco, pero su ignorancia era simpática. Cuando Edward entra al salón, sus ojos se mueven a Tyler. A pesar de que aún no se fija en mí, me gusta imaginar una punzada de celos acumulándose dentro de él. He estado haciéndolo un poco recientemente, una vez que Edward entra en el salón, volviéndome más atenta hacia Tyler.

Odio este nuevo deseo que me ha superado; el deseo de poner celoso a Edward. Sé que tengo que parar antes de que Tyler comience a tener una idea equivocada, pero no puedo. Siento que este es el único aspecto de toda esta situación sobre el que tengo algún control.

—Saquen sus cuadernos, estamos haciendo poesía hoy —dice Edward mientras se sienta en su escritorio. La mitad de la clase gime. Oigo a Alice aplaudir.

— ¿Podemos tener compañeros? —pregunta Tyler mientras comienza a acercar su escritorio al mío.

Se le queda mirando. —No.

Tyler se encoge de hombros y escabulle su escritorio a su lugar.

—Cada uno de ustedes tiene que escribir un poema corto que recitará en frente de la clase mañana.

Empiezo a tomar notas de la tarea, sin estar dispuesta a mirarlo mientras habla. Permanecer en su clase fue una muy mala idea. No puedo concentrarme en nada de lo que está diciendo. Estoy constantemente preguntándome qué está pasando dentro de su cabeza, si está pensando en nosotros, lo que hace dentro de su casa por la noche. Incluso en casa él ha sido la única cosa en la que puedo pensar. Me encuentro robando miradas a través de la calle a cualquier oportunidad que tengo.

Honestamente, si hubiera cambiado las clases probablemente no habría hecho una diferencia. Sólo quiero correr a casa y golpearlo en la entrada para poder ver desde la ventana cuando él se detiene en la casa. Este juego que estoy jugando conmigo misma es tan agotador. Me gustaría poder encontrar una manera de dejar de lado el agujero que tiene en mí.

Parece que ha hecho un trabajo bastante bueno siguiendo adelante.

—Sólo tienen que empezar con una decena de frases para la presentación de mañana. Podemos ampliarlo durante el próximo par de semanas, dándoles algo para prepararse para el slam —dice Edward—. Y no crean que lo he olvidado. Hasta ahora nadie de aquí ha aparecido en el slam. Hicimos un trato.

Toda la clase empieza a protestar.

— ¡Ese no era el trato! Usted dijo que sólo teníamos que observar. ¿Ahora tenemos que actuar? —protestó Jasper.

—No. Bueno, técnicamente no. Todos aquí tienen que asistir a un slam. No están obligados a actuar, solo quiero que observen. Sin embargo, hay una posibilidad de que pudieran ser elegidos para ser el sacrificio, así que no estaría de más tener algo preparado.

Varios estudiantes preguntan qué es el sacrificio al unísono. Edward explica el término y la forma en que cualquier persona puede ser elegida al azar. Por lo tanto, todo el mundo quiere tener un pedazo listo antes de la noche que vayan a asistir, por si acaso.

— ¿Qué pasa si queremos actuar? —pregunta Alice.

—Te diré qué. Vamos a hacer un trato más. Quien voluntariamente actúe en el slam, estará exento del examen final.

—Dulce, estoy dentro —anuncia Alice.

— ¿Qué pasa si no voy? —pregunta Mike.

—Entonces te estarás perdiendo de algo asombroso. Además, obtendrás una F por la participación —responde.

Mike pone los ojos en blanco y gime por la respuesta de Edward.

—Entonces, ¿qué tipo de cosas podemos escribir? —pregunta Alice.

Edward se mueve hacia el frente del escritorio y se sienta, a sólo unos centímetros de mí.

—No hay reglas, pueden escribir sobre cualquier cosa. Pueden escribir sobre el amor, la comida, su afición, algo importante que ha pasado en su vida. Pueden escribir sobre lo mucho que odian a su profesor de Poesía. Escriban sobre cualquier cosa, siempre y cuando sea algo que les apasione. Si la audiencia no siente su pasión, no los sentirá a ustedes, y eso nunca es divertido, créanme. —Lo dice como si hablara por experiencia.

— ¿Y sexo? ¿Se puede escribir sobre eso? —pregunta Mike. Es obvio que está tratando de presionar los botones de Edward. Él se mantiene frío.

—Lo que sea. Siempre y cuando no los meta en problemas con sus padres. Voy a enviar las boletas de permiso a casa para el slam al final de la semana.

— ¿Y si no nos dejan ir? Quiero decir, es un club —argumenta un estudiante de la parte posterior de la sala.

—Entiendo si tienen dudas. Si hay algunos padres que no se sientan cómodos, voy a hablar con ellos al respecto. Tampoco quiero que el transporte sea un problema. Este club es algo así como una unidad, así que si es un problema, tomaré un vehículo escolar. Sea cual sea el obstáculo, trabajaremos en él. Soy un apasionado de la Poesía Slam y no me siento haciendo justicia como su maestro si no les doy la oportunidad de experimentar esto en persona. Voy a responder las preguntas durante la semana con respecto al requisito de semestre. Pero por ahora, vamos a volver a la tarea de hoy. Tienen todo el período de clase para completar el poema. Vamos a empezar su presentación mañana. Manos a la obra.

Abro mi cuaderno y lo dejo sobre mi escritorio. Fijo la mirada en él, no teniendo la primera pista sobre qué escribir. Lo único que ha estado en mi mente últimamente es Edward y no hay manera de que haga un poema sobre él.

Al final del período de clase, lo único que está escrito en mi cuaderno es mi nombre. Echo un vistazo a Edward que está sentado en su escritorio, mordiéndose la comisura de su labio inferior. Sus ojos se centran en mi escritorio, abajo en el poema que aún tengo que escribir. Él levanta la mirada y me ve observándolo. Es el primer contacto visual que hemos tenido en tres semanas. Sorprendentemente, no mira inmediatamente hacia otro lado. Si él tenía alguna idea de cómo morderse el labio me afectaba, tenía que dejarlo. La intensidad de sus ojos me hace enrojecer mientras el salón de repente se vuelve caliente. Su mirada es impenetrable por nada salvo el timbre de salida del final de clase.

Se pone de pie y camina hacia la puerta, manteniéndola abierta para los estudiantes que salen. Inmediatamente pongo a un lado mi cuaderno y tiro mi mochila sobre mi hombro. No hago contacto visual cuando salgo de la sala de clase, pero puedo sentirlo observándome.

Justo cuando creo que se ha olvidado de mí, él va y hace algo como esto.

Todo el resto del día estoy muy tranquila mientras trato de analizar sus acciones. Finalmente he llegado a una sola conclusión: Está tan confundido como yo.


Estoy aliviada al sentir el calor del sol cayendo sobre mi cara mientras me acerco a mi jeep. El tiempo ha sido increíblemente frío entrando en octubre. Las predicciones son que las próximas dos semanas serán un descanso agradable de la nieve antes que la temporada de invierno comience por completo. Inserto la llave en el encendido y giro.

No ocurre nada.

Genial, mi jeep está muerto. No tengo ni idea de lo que estoy haciendo, pero subo el capó del jeep y echo un vistazo. Hay un montón de cables y metal, eso es todo lo que puedo comprender desde un punto de vista mecánico. Sé cómo se ve la batería, por lo que agarro una barra de hierro de la cabina y la golpeo contra la batería. Después de un intento fallido de conseguir que encienda de nuevo, recurro a golpear un poco más fuerte la batería para sacar la frustración.

—Esa no es una buena idea.

Edward camina a mi lado, la correa de su mochila sobre su pecho, pareciéndose mucho a un profesor y menos como Edward.

—Has dejado claro que no mucho de lo que hago es una idea muy buena —digo mientras vuelvo mi atención de nuevo al capó.

— ¿Qué pasa, no arranca? —Se inclina hacia adelante bajo el capó y empieza a meterse con los cables.

No entiendo lo que está haciendo. Un día me dice que no quiere hablar conmigo, al minuto siguiente me miraba en clase y ahora está bajo mi capó tratando de ayudarme. No soy una fan de la inconsistencia.

— ¿Qué estás haciendo, Edward?

Se levanta de debajo del capó y ladea la cabeza hacia mí. — ¿Qué te parece que estoy haciendo? Estoy tratando de averiguar lo que está mal con tu jeep. —Camina hacia el lado del conductor y entra, tratando de girar el encendido.

Lo sigo hasta la puerta. —Quiero decir, ¿por qué estás haciendo esto? Has dejado muy claro que no quieres que te hable.

—Isabella, eres una estudiante parada en el estacionamiento. No voy a entrar en mi coche e irme —su comparación, aunque precisa, duele. Se da cuenta de su mala elección de palabras y suspira mientras sale del coche y mira nuevamente bajo el capó—. Mira, eso no es lo que quería decir —dice mientras juguetea con más cables.

Me inclino debajo del capó junto a él en un intento de parecer natural a medida que continúo mi punto.

—Sólo es muy difícil, Edward. Fue tan fácil para ti aceptar esto y avanzar más allá. No ha sido tan fácil para mí. Es todo lo que pienso.

Edward agarra el borde del capó con las manos mientras gira la cabeza hacia mí.

— ¿Crees que esto es fácil para mí? —susurra.

—Bueno, así es como lo haces parecer.

—Bella, nada de esto ha sido fácil. Es una lucha diaria para mí venir a trabajar, a sabiendas de que este trabajo es lo que nos mantiene separados. —Se aleja del coche y se apoya en el—. Si no fuera por Caulder, lo habría dejado el primer día que te vi en el pasillo. Podría haber tomado el año sabático... esperar hasta que te graduaras para volver. —Se vuelve hacia mí, su voz más baja que antes—. Créeme, pasé a través de todos los escenarios posibles en mi mente. ¿Cómo crees que me hace sentir el saber que yo soy la razón por la que estás sufriendo? ¿Que yo soy la razón por la que estás tan triste?

La sinceridad en su voz es sorprendente. No tenía ni idea. Durante el último par de semanas, me había convencido de que ni siquiera le importaba, para empezar.

—L-lo siento. Sólo pensé…

Me corta a mitad de la frase y se vuelve hacia el coche. —La batería está muy bien, parece que podría ser tu alternador.

— ¿El coche no arranca? —Pregunta Tyler a medida que camina a nuestro lado, explicando la razón detrás del comportamiento reservado de Edward.

—No, el Sr. Cullen cree que necesito un alternador nuevo.

—Eso apesta —comenta Tyler mientras se asoma bajo el capó—. Te daré un aventón a casa si lo necesitas.

Empiezo a declinar cuando Edward interrumpe.

—Eso sería genial, Tyler —dice Edward mientras cierra el capó del jeep.

Disparo un vistazo a Edward y hace caso omiso a mi protesta silenciosa.

Edward se aleja y me deja con Tyler y no hay otra opción para un aventón a casa.

—Estoy estacionado aquí —Tyler anuncia mientras se abre camino hacia su coche.

—Déjame agarrar mis cosas primero. —Busco mi mochila y mi mano sube para encontrar el contacto vacío. Edward debe haber tomado accidentalmente mis llaves. Dejo la puerta abierta por si acaso no las tiene. No quiero añadir un cargo de cerrajero en lo alto de nuestra deuda.

—Guau. Bonito coche —alago mientras alcanzamos el vehículo de Tyler. Se trata de un pequeño coche deportivo negro. No estoy segura de qué tipo, pero no hay ni un poco de suciedad en él.

—No es mío —dice mientras subimos—. Es de mi papá. Me deja conducir cuando está fuera del trabajo.

—Aun así, es bueno. ¿Te importa si hacemos un desvío por la Primaria Chapman? Se supone que debo recoger a mi hermano pequeño.

—No hay problema —dice mientras gira a la izquierda del estacionamiento—. Entonces, Chica Nueva. ¿Aún extrañas Texas? —Aunque ha pasado un mes, todavía me llama chica nueva.

—Sí —respondo brevemente.

Él intenta hacer algo más de charla, pero trato sus preguntas como si fueran retóricas, incluso si no lo son. No puedo dejar de pensar en las cosas que Edward me dijo antes de que Tyler nos interrumpiera.

Tyler finalmente capta la idea de que no estoy en un estado de ánimo tan hablador así que enciende la radio.

Nos detenemos en la escuela de Seth y salgo del coche para que él me pueda ver, ya que no estoy en mi jeep. Cuando Seth me ve, viene corriendo hacia mí, seguido de Caulder. —Hola, ¿dónde está tu jeep?

—No arranca. Súbete, Tyler nos está dando un aventón a casa.

—Oh. Bueno, se supone que Caulder debe ir con nosotros hoy.

Abro la puerta de atrás mientras los dos suben en los pequeños asientos traseros. De inmediato comienzan sorprenderse y maravillarse. El resto del corto viaje consiste en comparaciones entre los Transformers y el coche de Tyler.

Cuando llegamos a la casa, Seth y Caulder saltan del coche y corren al interior. Doy las gracias a Tyler y sigo los chicos hacia la casa cuando escucho que Tyler abre la puerta.

—Isabella, espera —llama Tyler detrás de mí.

Uf. Casi en el claro. Me giro para verlo de pie en mi camino, luciendo nervioso.

—Más tarde esta semana, Alice, Jasper y yo vamos a Getty. ¿Quieres venir?

Definitivamente debería haber dejado el coqueteo obvio con Tyler. Me siento culpable, sabiendo bien que le he enviado las señales equivocadas.

—No lo sé. Tendría que verlo con mi mamá. Te lo haré saber mañana, ¿de acuerdo? —Veo la esperanza llenar sus ojos y ojalá hubiera seguido adelante y haber parado esto. No quiero darle más esperanzas falsas de las que ya le he dado.

—Sí. Mañana. Nos vemos. —Tyler regresa a su auto y se aleja.

Cuando entro en la casa, Seth y Caulder están en el bar con su tarea.

—Caulder, ¿vives con nosotros ahora o qué?

Me mira con sus ojos grandes, verdes y parecidos a los de Edward. —Puedo ir a casa, si quieres.

—No. Sólo estaba bromeando. Me gusta que estés aquí, mantiene a este pequeño hablador lejos de mí. —Aprieto los hombros de Seth y luego camino a la cocina y tomo una bebida.

— ¿Así que ese chico, Tyler, es tu novio? Pensé que mi hermano iba a ser tu novio.

Escupo el jugo de mi boca mientras Caulder me pilla con la guardia baja con su observación. —No, ninguno de ellos es mi novio. Tu hermano y yo sólo somos amigos, Caulder.

—Pero Bella —Seth le da a Caulder una sonrisa maliciosa—, Te vi besándolo esa noche que todos vinieron a casa. En el camino de entrada.

Estaba mirando desde la ventana de mi dormitorio. Mi corazón salta a mi garganta. Me acerco a ellos y coloco mis manos firmemente en la barra delante de ellos.

—Seth, no vuelvas a repetir lo que acabas de decir, ¿me oyes?

Sus ojos se hacen grandes, y él y Caulder se inclinan hacia atrás en sus sillas, me inclino hacia delante a través de la barra.

—Lo digo en serio. No viste lo que pensabas. Edward puede meterse en un montón de problemas si repites lo que dijiste. Lo digo en serio.

Los dos asienten mientras yo salgo de la habitación. Saco mi cuaderno de la mochila y lo tiro en la cama, sentándome junto a él para empezar mi tarea, pero no puedo. La idea de que cualquier cosa se divulgase sobre Edward y yo, me distrae. Por mucho que odio el hecho de que no podemos estar juntos, odio aún más la idea de que lo despidan.

Necesita el trabajo. Edward era sólo un año mayor que yo cuando sus padres murieron, y él esencialmente se convirtió en un padre. Por más que lo pienso, más culpable me siento por ser tan dura con Edward y la decisión que ha tomado. El dolor que estoy sintiendo como resultado de no estar juntos palidece en comparación con lo que Edward debe estar pasando. Cada día me siento menos como amiga de Edward y más como su estudiante.

Decido trabajar en el poema que aún debo empezar, pero después de media hora sigo mirando fijamente la hoja en blanco cuando mi mamá entra.

— ¿Dónde está tu jeep?

—Oh, olvidé decirte. No arranca, el alternador o algo así. Está aparcado en la escuela.

— ¿Cómo puedes olvidar mencionar eso? —dice ella, obviamente frustrada.

—Lo siento. Estabas durmiendo cuando llegué a casa. Sé que has estado enferma esta semana así que no quise despertarte.

Ella suspira y se sienta en la cama. —No sé cuándo voy a poder arreglarlo. Trabajo los próximos días. ¿Te importa sólo dejarlo en la escuela por un par de días hasta que lo pueda resolver?

—Preguntaré mañana. Dudo que incluso noten que está allí.

—Está bien. Bueno, tengo que ir a trabajar. —Se pone de pie y se va.

—Espera. Tu turno no comienza hasta dentro de dos horas.

—Necesito hacer unos mandados. —Cierra la puerta, dejándome cuestionando la validez de su respuesta.


Estoy secando mi cabello después de mi ducha cuando creo que escucho el timbre. Apago la secadora y escucho por un momento, eventualmente suena de nuevo.

— ¡Seth, abre la puerta! —Ordeno mientras me pongo mis pantalones.

Tomo mi cabello aún húmedo, lo amarro con una banda y lo doblo sobre mi cabeza mientras me pongo una camiseta sin mangas. El timbre suena de nuevo.

— ¡Seth! —grito mientras camino hacia la puerta principal. Reviso la mirilla y veo a Edward de pie afuera, con los brazos cruzados mientras tiembla. Mi corazón se detiene al verlo y me doy la vuelta para ver mi reflejo en el espejo de la entrada. Efectivamente, me veo como si acabara de salir de la ducha. Al menos no estoy usando las pantuflas de Seth.

Ugh.

¿Por qué me importa?

Abro la puerta y le hago un gesto para que entre. Da un paso lo suficientemente adentro para que yo pueda cerrar la puerta detrás de él, pero no entra más.

—Sólo necesito a Caulder. Hora del baño.

Sus brazos siguen cruzados y su discurso es seco. Tomo esto como una señal de que no voy a obtener ninguna otra confesión de él ahora, así que le digo que me dé un segundo mientras voy a buscar a Caulder.

Reviso en la habitación de Seth, la habitación de mi mamá y, eventualmente, mi habitación cuando me quedo sin lugares para revisar.

—No están aquí, Edward. —Anuncio mientras camino de nuevo hacia la sala.

—Bueno, tienen que estar. No están en mi casa. —Camina por el pasillo y revisa las habitaciones mientras los llama. Abro la puerta del patio, enciendo el interruptor externo y hago una rápida búsqueda en el pequeño patio trasero.

—No están atrás —aviso cuando nos encontramos de nuevo en la sala.

—Iré a revisar mi casa de nuevo —dice.

Edward cruza la calle mientras yo lo sigo. Está oscuro afuera y la temperatura ha bajado desde temprano. Me preocupo cada vez más cuando entramos en la casa de Edward. Sé que Seth y Caulder no estarían afuera a esta hora de la noche. Si no están en una de las casas, no sé dónde podrán estar.

Edward hace una búsqueda rápida en la casa. No me siento cómoda caminando dentro de ella ya que nunca he ido más allá de la cocina, así que me quedo en la puerta y espero.

—No están aquí —dice, incapaz de esconder la inquietud en su voz.

Mis manos van a mi boca mientras jadeo, dándome cuenta de la seriedad de la situación. Edward puede ver el miedo en mis ojos y coloca sus brazos alrededor de mí.

—Los encontraremos. Sólo están jugando en algún lugar —su tranquilidad es breve mientras me suelta y camina hacia fuera de la puerta delantera—. Revisa el patio trasero; nos vemos en el frente —dice.

Los dos estamos gritando el nombre de los chicos cuando el pánico crece en mi pecho. Me recuerda una vez que estaba cuidando a Seth cuando él tenía cuatro años, y creí que lo había perdido. Busqué en la casa entera por veinte minutos antes de darme por vencida y llamar a mamá. Ella inmediatamente llamó a la policía, que llegó en minutos. Ellos estaban buscándolo cuando ella finalmente llegó a la casa, pánico en sus ojos cuando entró a través de la puerta hasta mí y las dos comenzamos a llorar. Después de buscar por quince minutos, un oficial encontró a Seth dormido en las toallas dobladas en el cajón del baño. Aparentemente, él se había estado escondiendo de mí cuando se quedó dormido.

Tengo la esperanza de tener la misma sensación de alivio cuando miro a través del patio trasero de Edward, pero ellos no están aquí. Hago mi camino por un lado de la casa y veo a Edward de pie en la entrada, mirando el interior de su auto.

Cuando me ve corriendo hacia él, su dedo se acerca a su boca, pidiéndome que haga silencio. Me asomo al asiento trasero donde Seth y Caulder están acurrucados en el piso, sus dedos y manos sujetadas juntas en forma de armas, ambos están dormidos.

Suspiro de alivio.

—Ellos serían guardias terribles —susurra.

—Sí, seguramente lo serían.

Los dos nos quedamos allí, mirando a nuestros pequeños hermanos. El brazo de Edward va alrededor de mí y le da a mi hombro un rápido apretón. Sin embargo, su abrazo no dura mucho, así que sé que no es nada más que un gesto expresando alivio de que nuestros hermanos están a salvo.

—Oye, antes de despertarlos, tengo algo que es tuyo adentro. —Camina hacia la casa, así que lo sigo adentro y a la cocina.

Mi corazón sigue golpeando contra mi pecho, aunque no puedo distinguir si es el resultado de la búsqueda de nuestros hermanos o si es la sola presencia de Edward.

Él saca de su bolso algo y me lo da. —Son tus llaves —dice mientras las deja caer sobre mi mano.

—Oh, gracias —digo, de alguna manera decepcionada. No sé qué esperaba obtener de él, pero estaba fantaseando que tal vez era su carta de renuncia.

—Ahora está funcionando bien. Deberías poder manejarlo a casa mañana. —Camina hacia el sofá y se sienta.

— ¿Qué? ¿Lo arreglaste? —Cuestiono.

—Bueno, yo no lo arreglé. Conozco a un tipo que podía ponerle un alternador esta tarde.

Su comparación en el estacionamiento me viene a la mente. De alguna manera dudo que él hubiera hecho que pusieran un alternador en el auto de algún otro estudiante.

—Edward, no tenías que hacerlo —digo mientras me sentaba junto a él en el sofá—. Gracias de todas formas. Te devolveré el dinero.

—No te preocupes por eso. Ustedes me han ayudado mucho con Caulder últimamente, es lo menos que puedo hacer.

Y una vez más, estoy perdida sobre qué decir a continuación. Se siente como aquel primer día que estaba de pie en su cocina, contemplando mi siguiente movimiento después de que me ayudó con mi vendaje. Sé que debería levantarme e irme, pero me gusta estar aquí sentada junto a él. Incluso si me doy cuenta de que de nuevo estoy en deuda con él. Finalmente encuentro la confianza para hablar de nuevo.

—Entonces, ¿podemos terminar nuestra conversación de antes?

Se acomoda en el sofá y apoya sus pies en la mesa de café frente a nosotros. —Eso depende —dice—. ¿Se te ocurrió una solución?

—Bueno, no —respondí, justo cuando una posible solución se me viene a la mente. Inclino mi cabeza contra el respaldo del sofá y humildemente sugiero mi idea—. Supongamos que estos sentimientos que tenemos se hacen más… complicados.

Hago una pausa por un momento. No estoy segura de cómo va a tomar esta nueva sugerencia mía, así que avanzo con cuidado. —No me opondría a la idea de tomar un G.E.D.[3]

—Eso es ridículo —dice, mirándome bruscamente—. Ni se te ocurra algo así. No hay forma de que dejes la escuela, Bella.

Soy Bella de nuevo.

—Era sólo una idea —contesto.

—Bueno, fue una idea tonta.

Ambos pensamos silenciosamente, ninguno de los dos con alguna otra solución. Mi cabeza sigue apoyada en el respaldar del sofá mientras lo miro. Sus brazos cruzados detrás de su cabeza mientras mira fijamente el techo. Su mandíbula se aprieta fuertemente y está distraído sonando sus nudillos.

Ya no lleva la ropa que usa como profesor. En lugar de esa, tiene una camiseta blanca a la medida y unos pantalones verdes de correr que son casi idénticos a los que estoy usando. Por primera vez esta noche, noto que su cabello está mojado. No había estado así de cerca de él en semanas; estaba comenzando a olvidar cómo huele. Inhalo mientras capto la esencia de su colonia. Huele como al aire de Texas justo antes de que empiece a llover. Si el trueno tuviera olor, imagino que Edward olería igual.

Hay una pequeña cantidad de crema de afeitar debajo de su oreja izquierda. Mi mano instintivamente se mueve hacia su cuello para limpiarla. Él se estremece y se gira hacia mí y yo defensivamente levanto mi dedo para probarle mi razón para tocarlo. Él tira de mi mano hacia él y frota mi dedo a través de su camisa, limpiando el exceso de crema de afeitar.

Nuestras manos se detienen sobre su pecho mientras seguimos mirándonos el uno al otro en silencio. Mi palma queda plana contra su corazón y puedo sentirlo latir rápidamente contra mi mano. Sé que este intercambio entre nosotros está mal, pero se siente increíblemente bien.

Él permite que mi mano permanezca en su pecho mientras se mueve hacia arriba y hacia abajo al ritmo de su respiración. La mirada en sus ojos es la misma mirada que él tenía cuando me estaba observando en clase hoy. Aunque esta vez, mi respuesta física es más intensa y lucho por controlar el impulso poderoso de inclinarme y besarlo. He querido hablar con él así durante más de un mes. Todavía tenía mucho que decir antes de que él comenzara a fingir que yo no existía. Temo que tan pronto como salga de su casa esta noche, la soledad volverá. Decido decirle lo que he querido decirle por semanas.

— ¿Edward? —Susurro—. Esperaré por ti, hasta que me gradúe.

Él exhala y cierra sus ojos mientras acaricia con su pulgar el dorso de mi mano.

—Esa es una larga espera, Bella. Muchas cosas pueden pasar en un año. —Su pulso aumenta contra mi palma.

No sé qué se apodera de mí, pero me inclino más cerca y giro su rostro hacia el mío. Sólo necesito que me mire.

Él no me mira. En cambio, sus ojos se concentran en su mano mientras lentamente la mueve por mi brazo. Todas las mismas sensaciones que fluyeron a través de mí la primera noche que nos besamos vienen de golpe. He extrañado tanto su contacto.

Lo observo mientras mueve su mano sobre mi hombro. Desliza sus dedos debajo del tirante de mi blusa mientras lo recorre a lo largo de los bordes. Sus movimientos son lentos y metódicos mientras quita sus piernas de la mesa en frente de él y gira su cuerpo hacia mí. Su expresión parece estar llena de conflicto mientras se inclina lentamente y presiona sus labios contra mi hombro. Lo rodeo con mis brazos mientras inhalo. Su respiración se vuelve más pesada cuando sus labios se mueven a través de mi hombro y hacia mi cuello. La sala comienza a girar, así que cierro mis ojos. Sus labios se abren camino hacia mi mandíbula y cerca de mi boca.

Cuando siento que se aleja abro mis ojos de nuevo y él me está mirando. Hay un leve momento de duda en sus ojos antes de que sus labios se cierren sobre los míos.

En el pasado, sus besos habían sido muy delicados y suaves. Ahora hay un hambre distinta en él mientras desliza su mano debajo de mi blusa y toma mi cintura. Devuelvo sus besos con la misma pasión febril. Paso mis manos por su cabello y tiro de él hacia mí mientras me recuesto en el sofá. Tan pronto como comienza a acomodar su cuerpo sobre el mío, sus labios se apartan y se sienta de nuevo.

—Tenemos que parar —dice—. No podemos hacer esto. —Cierra los ojos, los aprieta, y apoya su cabeza contra el sofá.

Me siento e ignoro su protesta cuando deslizo mis manos hacia su cuello y a través de su cabello. Presiono mis labios en los suyos y me coloco sobre su regazo. Sus manos se envuelven alrededor de mi cintura y tira de mí hacia él mientras devuelve mi beso con mucha más intensidad que antes. Tiene razón: mejoran cada vez.

Mis manos encuentran el borde inferior de su camiseta y la deslizo hacia arriba. Nuestros labios se separan por un breve momento mientras su camiseta pasa entre nosotros. Coloco mis manos en su pecho y las muevo sobre los contornos de sus músculos mientras seguimos besándonos. Sus manos agarran mis brazos y me empuja sobre el sofá.

Estoy esperando a que encuentre su camino de vuelta a mi boca, pero en lugar de eso se aleja de mí y se pone de pie.

— ¡Isabella, levántate! —Demanda mientras toma mi mano y tira de mí fuera del sofá.

Me pongo de pie, aún atrapada en el momento e incapaz de recuperar el aliento.

— ¡Esto-esto no puede pasar! —Está tratando de recuperar el aliento también—. Soy tu profesor ahora. Todo ha cambiado, no podemos hacer esto.

Su sentido del tiempo apesta. Mis rodillas están débiles así que me siento de nuevo en el sofá para apoyarme.

—Edward, no diré nada. Lo prometo. —No quiero que él se arrepienta de lo que acaba de pasar entre nosotros.

Por un momento, se sintió como si hubiéramos vuelto a donde pertenecíamos. Ahora, segundos más tarde, estoy confundida de nuevo.

—Lo siento, Isabella, pero no es correcto —dice mientras se pasea por el piso—. Esto no es bueno para ninguno de los dos. Esto no es bueno para ti.

—Tú no sabes lo que es bueno para mí —espeté. Estoy a la defensiva nuevamente.

Deja de pasearse y se vuelve hacia mí. —No vas a esperarme. No dejaré que renuncies al año que debería ser el mejor año de tu vida. Yo tuve que madurar mucho más rápido. No voy a quitarte eso a ti, también. No es justo. No quiero que me esperes, Isabella.

El cambio en su comportamiento y la manera en la que mi nombre completo fluye de su boca causa que el oxígeno se agote en la sala. Estoy mareada.

—No voy a renunciar a nada —respondí con voz débil. Habría gritado si hubiera podido reunir energía suficiente.

Toma su camiseta y tira de ella sobre su cabeza mientras se aleja de mí. Camina hacia el lado opuesto de la sala y agarra el respaldo del sofá, con la cabeza caída entre sus hombros.

—Mi vida no es más que responsabilidades. Estoy criando a un niño, por el amor a Dios. No podría poner tus necesidades primero. Demonios, ni si quiera sería capaz de ponerlas en segundo. Te mereces algo mejor que un tercer puesto.

Me pongo de pie y camino hacia él, arrodillándome en el sofá frente a él. Coloco mis manos sobre las suyas.

—Tus responsabilidades deben estar antes que yo, y por eso es que quiero esperar por ti, Edward. Eres una buena persona. Esta cosa sobre ti que crees que es tu defecto, es la razón por la que me estoy enamorando de ti.

Mis últimas palabras salieron poco a poco como si hubiera perdido el poco control sobre mí misma que me quedaba. Sin embargo, no me arrepiento de decirlas.

Saca sus manos de debajo de las mías y las coloca firmemente en cada lado de mi rostro. Me mira directamente a los ojos. —No estás enamorándote de mí —dice como si fuera una orden—. No puedes enamorarte de mí. —Su rostro es duro cuando aprieta la mandíbula de nuevo. Siento las lágrimas comenzar a liberarse de mis ojos cuando me suelta y camina hacia la puerta delantera.

—Lo que pasó está noche —señala hacia el sofá cuando habla—, no puede volver a ocurrir. Eso no va a suceder de nuevo —dijo esto como si estuviera tratando de convencerse más que sólo a mí.

Después de que sale, cierra la puerta de golpe detrás de él y me quedo sola en la sala. Mis manos se aferran a mi estómago cuando la náusea se intensifica. Me temo que si no recupero la compostura pronto, no seré capaz de seguir de pie lo suficiente para poder salir de la casa. Inhalo por la nariz y exhalo por la boca mientras cuento al revés desde diez.

Es una técnica que aprendí de mi padre cuando era más joven. Yo solía tener lo que mis padres conocían como "sobrecarga emocional". Mi papá envolvería sus brazos alrededor de mí y me apretaría tan fuerte como pudiera mientras contábamos hacia atrás. A veces yo fingiría mis rabietas sólo porque él tendría que apretarme. ¿Qué no daría yo por el abrazo de mi padre en este momento?

La puerta principal se abre y Edward reaparece cargando a Caulder dormido en sus brazos. —Seth se despertó, ahora está caminando hacia la casa. Deberías irte también —dice en voz baja.

Me siento completamente avergonzada. Avergonzada sobre lo que pasó entre nosotros y el hecho de que él me está haciendo lucir desesperada; más débil que él. Tomo las llaves de la mesa de café y me doy vuelta hacia la puerta, deteniéndome frente a él.

—Eres un idiota —le digo. Me doy la vuelta y me voy, cerrando la puerta de golpe detrás de mí.

Tan pronto como llego a mi habitación, colapso en mi cama y lloro. Aunque es negativo, finalmente tengo inspiración para mi poema. Tomo una pluma y simultáneamente comienzo a escribir mientras seco las lágrimas manchadas en el papel.


[1] "Tu corazón dice no otra vez

¿En qué clase de lío me has metido?

Pero cuando el sentimiento está ahí

Te puede levantar y llevar a cualquier lugar."

[2] Serie de televisión norteamericana donde aparece Chuck Norris.

[3] General Educational Development Test (Examen de Desarrollo de Educación General) es tomado por personas quienes no consiguieron un diploma de preparatoria.


Hola! Casi me olvido de ustedes :/ no he tenido un bueno día, pero no podía volver a fallarles así que aqui tiene un nuevo capítulo. ¿Qué les pareció? La verdad es que estoy un poco de acuerdo con Bella, Edward es un idiota, pero sé que en el fondo sus miedos son acertados, pero no se a usteds, pero a mi me da mucha rabia la situación de estos dos -.-

Muchas gracias a Ana Patts por su Review, y pues como ves, al parecer Tyler va a ser el pretendiente de Bella :D Vamos a ver como reacciona Edward ante eso.

No siendo más, espero sus Reviews...Por favor, al menos una carita feliz, algo...lo que seaaaaa.

Travesura realizada, Nox

Paula ;)