Los niños buenos no comen con las manos

Sirius introduce un enorme trozo de tarta de melaza en la boca al mismo tiempo que alcanza un gigantesco cuenco con pudding. Remus, sentado justo delante de él le observa con cierto recelo, incapaz de comprender cómo es posible que un ser humano normal y corriente pueda engullir tal cantidad de alimentos en tan poco tiempo, a veces Sirius no parece humano. El propio Lupin tiene el plato (vajilla de plata), ocupado por una loncha de pavo relleno y patatas; el niño intenta probar un trozo pero quema demasiado, así que con calma coloca los cubiertos sobre la mesa, cruza los dedos y observa cómo sus dos amigos engullen, ahora, un pastel de carne, con ferocidad. Peter parece a punto de reventar cuando una capa ondea al lado del joven hombre-lobo y James se sienta en el banco. Sorprendentemente no hace ademán de lanzarse sobre los platos y en su lugar comienza a desmigar un trozo de pan de forma distraída.

-¿Cómo ha ido tu cita con McGonagall?-Sirius se detiene un segundo para preguntar con mala intención.

-Cállate.

-¿Ha pasado algo malo?-interviene Remus sonando apaciguador.

-No, bueno, que el contador de Gryffindor habrá bajado unos cuantos puntos…

-¿Tan mal besas?

-Sirius-la amenaza en el tono de Lupin es más que evidente hay que saber cuando cerrar la boca, amigo-, ¡no importa! Siempre perdemos puntos, todos.

James asiente y de golpe coge un ala de pollo y la muerde, con tal entusiasmo que casi se levanta del banco.

-¡LAS PRUEBAS DE QUIDDITCH SON PRONTO!

-¿Y ese cambio de humor?-Remus no sabe si reír o preocuparse de verdad James cambia de humor mucho más que de calzoncillo, pero supongo que es lo habitual.En realidad los tres están acostumbrados a los cambios bruscos de actitud del joven Potter. Hay pocas cosas en el mundo que ponen triste a James, se podría decir que casi ningún hecho es capaz de borrarle esa sonrisa permanente y brillante, pero cuando algo le preocupa, sus ojos habitualmente rebosantes de luz se apagan, se sumen en las tinieblas y simplemente finge estar bien. Remus es experto en heridas internas, y Merlín sabe que a construirme una máscara de falsa felicidad no me gana nadie y como experto, sabe de sobras que James siente más de lo que muestra. Pero a veces es complicado comprender que el niño más feliz del planeta (aproximadamente) que es James Potter, pueda sentir algo parecido a la tristeza: James no se enfada casi nunca, jamás se preocupa por sacar una mala nota, tampoco se sume en la miseria por recibir docenas de castigos, incluso por cosas que él no ha hecho. Nunca nadie verá al niño de gafas perder la compostura en una discusión "está bien, si tú quieres, así será" o "cada uno opina lo que quiere". Y son reacciones tan maduras que a veces Remus Lupin se pregunta qué clase de persona es su amigo y quién es ese niño que sonríe con un simple "hoy hay empanadilla de queso para cenar". Hay veces que esa máscara parece resquebrajarse, y es entonces cuando Lupin intenta ver más allá, intenta echar un vistazo a través de las grietas, pero nunca lo consigue. Y hasta Circe es consciente de lo mucho que me molesta.

Desde que Remus tiene memoria ha sido capaz de realizar análisis bastante detallados de las personas con solo mirarles a los ojos. No tiene ninguna duda de cómo es Sirius: desde el primer momento supo que tras esa montaña de confianza y ganas de llevar la contraria hay un niño que lo que más desea en el mundo es sentir cariño. Sirius no lo dice, pero Remus lo sabe. Los abrazos de James provocan en el joven Black un sentimiento que jamás ha experimentado en su vida. Y es que Lupin sabe que Sirius desea una familia, y desde luego, él, día a día hace todo lo posible para cumplir ese deseo.

Por otro lado está Peter, el licántropo jamás ha conocido a nadie tan fácil de leer.Amigos. Peter quiere conseguir amigos loca y desesperadamente, y es tal la simpleza de su felicidad que un "Buenos días, Peter" por parte de James, un "Ey" de Sirius o un "¿Cómo estás, Peter?" de él mismo, hacen un efecto calcado al de las mejores fórmulas mágicas que existen.

Pero ahí está James. Mimado, egocéntrico, noble y cariñoso. Y sin embargo hay algo que se le escapa.

-Es porque se cree que le van a coger de buscador…-brama Sirius-Cuando es evidente que no puedes ser buscador porque eres ciego.

-¡Voy a ser el primer buscador miope de la Historia de Hogwarts!-exclama James con los ojos encendidos-Todo el mundo hablará de mí y de que nunca jamás nadie me quitó una Snitch.

-Creo que lo harás bien, James.-murmura Peter casi con la boca cubierta por una copa de oro.

-Claro que lo harás bien-Remus sonríe-. Sirius también cree que lo conseguirás, pero es demasiado orgulloso para admitirlo.

-¿Y tú qué sabes, Remus?-el niño se indigna-No soy un libro de los tuyos que puedas manosear y leer de arriba abajo.

Lupin no contesta, baja la vista a su plato y se atreve a probar un poco ya no quemay continúa con la lenta y pausada tarea que es para él comer. James tamborilea con los dedos sobre la madera y luego coge un tenedor, chasquea la lengua y habilidosamente pincha una patata del plato de Remus.

-¡Eh!

-¿No me das?

-Pero si está esa bandeja de ahí llena de patatas.

-Ya, pero yo quiero esas.

Remus suspira e inclina el plato para verter el contenido en el de su amigo, que sonríe ampliamente y ataca como si no hubiese comido en meses; después vuelve a alcanzar al fuente ¡y ahora quema otra vez! y se sirve su propia comida, cruzando los dedos para que a James no se le antoje volver a alimentarse de su plato.

-Remus, ¿te presentarás a las pruebas del equipo?-pregunta Sirius como quien le dice "Oye, Remus, ¿te has leído La Divina Comedia?" o "Remus, ¿esta blusa pega con este pantalón?".

-¿Bromeas?-casi ríe-¿De verdad crees que voy a subirme al palo de un objeto que sirve para barrer el suelo?

-¡Fa, Guemus!-James interviene con la boca llena de mis patatas, te estás comiendo mis patatas-Ci quiefres podembos ensegñarte.

-No, gracias.

-¿Le tienes miedo a las alturas?-pregunta Peter tímidamente.

-No.

-¿Te has enfadado?-James se inclina a él con dramatismo y pone pucheros.

-Quita esa cara Potter, o tendré que partírtela.-bufa Sirius.

-Ah, ¿eso crees?-James le pasa el brazo por el hombro a Remus-Ey, Remus, en una pelea entre Sirius y yo ¿quién crees que ganaría?

Se quedan los cuatro en silencio, tres pares de ojos fijos en el rostro tenso del niño rubio, que entrecierra los ojos, parece que va a hablar, pero después cambia de idea. Cruza los dedos sobre la mesa. Mira primero a James, después a Sirius, en un segundo echa un fugaz vistazo al cielo sobre su cabeza, que torna anaranjado creo que hay veces que Dumbledore manipula lo que vemos para que el cielo sea más bonito visto desde el interior, y ¡vaya! ¡Qué buen gusto tiene este hombre!seguidamente tose para aclararse la garganta e incluso parece que su voz suena más potente cuando decide hablar por fin.

-La humanidad.

Remus ha leído muchas veces sobre las bombas atómicas, sabe que son probablemente el invento muggle más terrorífico que se pueda imaginar. También sabe que durante la II Guerra Mundial que libraron los muggles se emplearon dos bombas de ese calibre. Leyó que cuando una bomba atómica cae, los oídos no escuchan nada, los ojos quedan ciegos e incluso el alma se desintegra en el interior del cuerpo. Aquel día, el pequeño Lupin siente algo parecido: Sirius agarra un cuenco lleno de arroz con leche y como el tirador más experto, vacía su contenido en el aire. El es líquido pero con cierto espesor vuela sobre la mesa y empapa a Remus por completo. James a su lado ríe como un energúmeno y lo hago en defensa de Remus, no es que quiera buscar problemas en un gesto parecido al de su mejor amigo hace que en un par de segundos Sirius "me paso diez minutos acicalándome cada mañana" Black, pasa a convertirse en Sirius "mi pelo está lleno de zumo de calabaza" Black. Todo el comedor se vuelve hacia ellos cuando Sirius incapaz de contenerse más tiempo grita cosas como "POTTER ACABARÉ CON TU VIDA" o "JIMMY NO VERÁS SALIR EL SOL MAÑANA". Remus boquea incapaz de moverse, con la túnica manchada y el pelo pegajoso me han manchado. Me han llenado de comida. Estoy sucio. Solamente Peter lo ve venir, porque los otros dos están demasiado ocupados restregándose comida por el pelo. Remus, con su habitual calma, se pone de pie en el banco, coge con una mano un plato con tarta de melocotón y otro con tarta de plátano y como quien deposita un suave jarrón de la dinastía Ming en una mesa de cristal, las impacta contra las cabezas de sus dos amigos.

Los dos niños no se mueven. James se quita restos de tarta no puede ser que sea melocotón de los cristales de las gafas y Sirius plátano, es asqueroso plátanoobserva cómo el bizcocho húmedo se desliza por su mejilla derecha.

Al instante, James empieza a reír, con tantas ganas que es imposible no contagiarse, así que Remus se le une y segundos después se tienen que llevar las manos a la tripa, doblándose sobre sí mismos porque me hace daño se queja el niño de gafas. Sirius tarda un poco más, pero su risa de perro no tarda en atronar en todo el Gran Comedor Remus Lupin, eres un ser despreciable por su parte y Remus, te juro que necesito que crees un club de fans para poder firmar el primero por parte de James.

Peter intenta avisar, levanta el brazo, e incluso balbucea algunas palabras sueltas, pero evidentemente es imposible evitar que una mano como una garra se clave en los hombros de Remus y James.

-Voy a dejar de ser jefa de esta casa simplemente para que dejen de incordiarme.

-Profesora, yo… Lo siento, profesora.-Remus se pone rígido, como siempre que huele el castigo. Pero esa vez es diferente. Ve a Sirius delante de él, con el pelo oscuro lleno de zumo de calabaza y las mejillas llenas de tarta y la risa vuelve a su garganta. Clara. Cristalina.

-¡Señor Lupin!-McGonagall abre los ojos completamente impresionada ante la reacción de su mejor alumno.

-Yo…-Remus jadea-No… No puedo evit…evitarlo, profe… profesora.

-Jo, Remus, reírte delante de una profesora tan genial como la señorita McGonagall…-James entra en acción-Esto tiene que costar un castigo por lo menos, ¿verdad?

-Potter…-Minerva tuerce la boca y observa a los tres niños cubiertos de comida. Sirius desviando la mirada como si la cosa no fuese con él. James sonriente y con ojos tímidos a mí no me engañas, delincuente. Y Remus, riendo como si no hubiera mañana-¿Algún día aprenderá a mantener esa bocaza suya cerrada? Vayan a lavarse ahora mismo y que no se repita.

Con ojos como platos observan cómo la bruja se marcha hacia la mesa de los profesores. Remus se fija, a través de las lágrimas que perlan sus ojos, en la mirada de Albus Dumbledore ¿Está sonriendo?

-¡Increíble!-Sirius se estira-Remus se ríe en la cara de McGonagall y ni se lleva un castigo, llego a ser yo y estaría en el Bosque Prohibido siendo ejecutado por centauros o algo así.

-No es cierto…-Lupin parece calmarse mientras se levantan, pero Peter se queda sentando, con ojos anhelantes que vacilan entre el plato de comida y las espaldas de sus tres amgos-Me ha entrado la risa tonta. Es humanamente entendible.

-No le quieras robar la novia a James…

-Yo no le quitaría a Lily Evans nunca.

-¿Evans? ¿Lily? ¿Qué pasa con ella?-James parece empezar a prestar atención a la conversación y los otros dos niegan con la cabeza exasperados.

-Que nos ha dicho que no te quiere ni ver porque eres un gafotas, Jimmy.

-¡Sí, claro!-exclama molesto-¿Sabes qué? ¡Slytherin el último que llegue a las duchas!

-¡NO!-Remus vacila y coge a James de la capa, tropezando con sus propios pies y en un segundo caen los dos al suelo, uno encima del otro-Perdón…

-De verdad que nunca entenderé por qué narices sois mis amigos.-Sirius les mira desde su altura, con los brazos cruzados y medio sonríe.

Remus no se levanta, apoya los brazos sobre el pelo revuelto de James, que se queja"Remus, quita, quita, que pesas" y sonríe.

-Porque no puedes vivir sin nosotros.