¡Muy buenas a todo el mundo! Espero que os guste, muchas gracias por leerlo :3 En este capítulo he incluido algunos detalles, insinuaciones o frases de ciertos capítulos de Gintama, tanto de manga como de anime. Respecto a la insinuación del manga, es lo suficientemente sutil como para no ser spoiler. Si alguien que no sigue el manga lo entiende y se molesta, lo siento mucho. Que me informe y pensaré si modificarlo o cambiarlo.
Anime: Episodio 142 (Arco Yoshiwara en llamas) / Episodio 187 (Kirie Arc)/ Episodio 77 (Yagyuu Arc) / Capítulo manga 505 / Ending 10 del anime. / Episodio 1 de Gintama 2015.
La joven bostezó sin taparse la boca. Distraída, apoyaba los brazos sobre la balaustrada del puente, oteando el lecho del río brillante por los rayos del sol. Sadaharu descansaba a su lado, tan alto como ella. El día discurría tranquilo, como muchos otros antes que él. Aún con los años que llevaba en la Tierra, el sofocante calor del verano la asfixiaba como el primer día. Procuraba protegerse bajo su paraguas morado, pero ni así atenuaba su aplastamiento.
Y el día, por lo que escuchó a continuación, estaba por mejorar.
- Tu giga-mascota obstruye el tráfico, ojou-san -dijo una voz tan llana como aburrida de la que percibió un deje de burla en la última palabra.
Kagura hizo una mueca, mas no desvió la mirada del frente.
- Tsk, ¿la policía no tiene otra cosa que hacer aparte de molestar a una chica que pasea con su perro?
A sus espaldas, distinguió el sonido de un tecleo.
- ¿Moshi moshi? -dijo la voz- ¿Es la perrera? Aviso para que retiren un obstáculo canino de la calzada. Seguramente tenga la rabia, así que vengan con la inyección letal.
El estallido de un disparo resonó cerca de la oreja del castaño. El teléfono móvil cayó al suelo, un orificio de bala atravesaba la pantalla.
- Vete por ahí, bastardo -gruñó la pelirroja. Con un movimiento de muñeca, volvió a abrir su paraguas (aún humeante en la boquilla) y a apoyarlo sobre su hombro.
Sus cualidades Yato mejoraban por momentos. En un instante, había cerrado el parasol, apuntado sin mirar y disparado hábilmente entre los dedos del chico. Okita recogió el móvil, mirándolo con un visaje de insatisfacción.
- ¿Estás con la regla?
Kagura suspiró inaudiblemente, relajando los hombros. Se irguió y echó a andar para salir del puente; Sadaharu la siguió. No fue el único. Silenciosa, bajó por la pendiente hasta la orilla del río. Sonrió suave y acarició el cuello de su peludo amigo, paseando fiel a su lado. El castaño caminaba varios pasos por detrás, con las manos en los bolsillos.
Cierto era que Kagura no estaba en esa época del mes, mas su irascibilidad era tan real como la suciedad en los calzoncillos de Shimpachi. Y es que la joven ardía en intenciones de salir de la Tierra. El motivo era bien simple: Su culo inquieto. Tenía diecinueve años, y aunque adoraba Kabuki-cho, a sus amigos, a la Yorozuya y demás, sentía la necesidad inherente de los Yato para viajar y ver mundo. O tal vez se trataran de sus genes calvo-paternales, que la instaban a "imitar" el ritmo de vida de su progenitor. Salvando las distancias, por supuesto; su caso sería diferente. Había llegado a desarrollar un autocontrol excelente, a pesar de que sus endemoniados instintos seguían ahí, bajo su piel, a cada segundo, en cada movimiento, durante sus sueños y cada vez que tomaba aire. Era como transportar un vaso de agua lleno hasta el borde. En fin, ya estaba acostumbrada. Confiaba en sí misma y sabía que se contendría llegado el momento crítico. Había aprendido mucho de la última vez...
El problema principal residía en su Papi. Existían dos posibilidades: O bien ese calvorota no confiaba en su capacidad, o bien no encontraba hueco para disponer de una compañera. O ambas, quién sabía. Maldito fuera el momento en que le prometió que no partiría sola a vivir de cazafortunas. Año tras año, aquel era el tercero, su padre le decía: "El año que viene". Una vez llegada la fecha, repetía la frase, y en ese toma y daca se encontraban todavía. Ella, servil e ilusionada, esperando a que su Papi se dignara a hacer acto de aparición, que le dijera "ven conmigo" y viviesen aventuras juntos. ¿Acaso había vuelto a tener ocho años?
Su orgullo se resentía, atado por esa promesa. Kagura sólo pertenecía a Kagura. Ni Gin-chan, ni Shinpachi, Onee, Aniki o Papi tenían potestad sobre su persona.
- ¿Has pasado -comenzó ella, sin mirarle- tanto tiempo con el Gorila que te has vuelto un stalker tú también? Deja de seguirme.
Okita miró hacia el río. Tardó un poco en contestar.
- ¿Estás tan deprimida que vas a lanzar piedras al agua o qué? -Se la devolvió.
La joven exhaló aire, jocosa, riendo de medio lado. Dio un par de pasos, soltó su sombrilla y abrazó una colosal roca que casualmente estaba por allí. Gruñó al levantarla y la lanzó con toda su mala gana (que era mucha) hacia el río. La consecuente ola empapó a ambos de la cabeza a los pies.
- Ah, ah~, -suspiró- No ha botado...
Observó a Okita por el rabillo del ojo mientras sonreía como sólo los de la Yorozuya saben hacerlo. El joven le devolvió una mirada entornada y fastidiada. Varias gotas de agua resbalaban por los mechones de su pelo, calado por completo. Luego, abrió ligeramente los ojos y sonrió perverso.
- Oe, China -Sacó una mano del bolsillo y, extendiendo el dedo índice, dio varias vueltas con él- ¿Puedes girarte?
- ¿Hm?
Kagura siguió la dirección en que miraban los ojos del sádico, y se percató de que el pecho de su vestido, empapado, marcaba demasiado su... voluptuosidad.
Se puso de derecha y resopló.
- Qué simples sois los hombres.
- Deberías sentirte avergonzada, al menos- repuso el castaño. Sonrió y sacudió la cabeza- Tan joven y ya eres una p***.
Ella mostró los dientes.
- No tengo nada que no tengan otras mujeres. ¿Por qué me iba a avergonzar? ¿O es -añadió lentamente- que el avergonzado eres tú?
-¿Por un marimacho como tú, China? - La sonrisa de Okita se oscureció, demoníaca- Ponte a cuatro patas y veremos quién avergüenza a quien.
- Oblígame, Sadist.
La respuesta del joven vino en forma de silbido, el de su espada al deslizarse por la vaina. Kagura esquivó un tajo horizontal con una voltereta hacia atrás, repitiéndola varias veces para sortear el insistente acero. Sadaharu ladró, la pelirroja reculó, saltó y apoyó la mano en la cabeza de Okita para llegar a su espalda.
Llegó hasta su paraguas justo a tiempo para bloquear un envite. Salieron chispas. Ella sacudió el parasol y se lo quitó de encima. Siseó; la piel le ardía bajo el calor veraniego.
- ¿Qué rollo extraño tenéis con el sol? -preguntó el otro, retrocediendo algunos pasos. Su espada reflejaba la luz.
Kagura arqueó una ceja, abrió el paraguas y se ocultó bajo él, en la sombra.
- Ya lo sabes, nos afecta. No te hagas el tonto conmigo.
- Sólo no entiendo por qué. Podéis curaros una bala, pero el sol os jode vivos. Sois absurdos.
Ella se encogió de hombros. Después desvió la vista, como recordando.
-En mi planeta siempre está nublado y llueve. Quizá es por eso.
- Hm. Estaréis hasta arriba de turistas.
Volvió a encogerse hombros; le miró.
- Nosotros tampoco somos dados a quedarnos en casa.
El castaño se estiró, bostezando.
- Ma, así estáis molestando en todos lados. Toda la gente que lleva sombrillas las 24 horas del día en un buen clima está jodidamente loca.
Ella frunció un poco el ceño y le miró.
- Lo sé. Pero yo no voy a ser igual.
Okita la contempló con una sonrisa inocente en sus labios.
- ¿Vas a ser el Yato pacífico y flojo que marque la diferencia?
- Chigau. - Contestó fijando sus ojos azules en los suyos. Su voz sonó firme. – Ellos son imbéciles que dejan que la sangre Yato les controle, vagando por el campo de batalla. Yo elijo mis propios campos de batalla. No con mi sangre, si no con mi corazón.
Okita no apartó la vista de sus orbes azulados. Después añadió.
- Bueno, tú también estás loca, China.
Ella sonrió, suave y complacida.
- ¿Y tú no, Sadist?
- Mucho más que tú- respondió el joven, devolviéndole un sonrisa pícara.
Resultaba curioso, pensó Kagura, la facilidad con que cambiaban de tema de conversación. Con la misma espontaneidad con la que decían estupideces, hablaban de asuntos más serios. La pelirroja no sentía ningún problema a la hora de charlar con él, y, pensó, él tampoco parecía tenerlo con ella.
"Los sádicos no soportamos la presión", recordó.
- Ahora que lo pienso... - continuó el castaño, sacándola de sus pensamientos. Miraba al cielo- Hay un ending en el que corrías por la playa, bajo el sol, y estabas tan pancha.
Ella hizo una mueca.
-Urusai. Eso fue idea del estúpido productor.
- Deberías disculparte como el Danna por aquello. No te preocupes, -su sonrisa se tornó siniestra- yo te ayudaré con tu penitencia.
Kagura le imitó el gesto y corrió hacia él. Reanudaron la lucha con más ganas que antes, lesionando el margen del río con las potentes estocadas de ella. Sadaharu se hizo a un lado y se recostó, relajado. El tiempo pasó entre golpe y golpe.
Cuando hicieron un descanso, la tarde caía sobre ellos. Permanecían en pie, jadeando y sucios de barro, más sin soltar sus respectivas armas.
- Das más asco que normalmente, China. -sacudió la cabeza para apartarse un mechón sucio de la cara.
Kagura sonrió. Sin decir nada, tuvo una arcada y vomitó.
- … Pues esto es lo que me provocas tú – respondió limpiándose la boca.
Okita no dijo nada, aunque no la perdió de vista. A punto estuvo de lanzarse a un nuevo ataque cuando escuchó un gruñido: La tripa de Kagura. Ella se tocó el vientre, manchándose la mano con el barro de su vestido. Ignorándole, tiró la sombrilla, se dirigió al río y ¡pum! se sumergió. Pasaron unos instantes, tras los cuales salió a la superficie cual Úrsula Andrews en James Bond. Se soltó los recogidos y lavó un poco su pelo, indiferente. Okita la observó atentamente; tiró también su espada y se dirigió hacia el río cerca de ella. Se quitó la chaqueta del uniforme, la corbata y el chaleco y se dedicó a adecentarlas.
La noche cayó del todo, las farolas se iluminaron. La luz que les llegaba era escasa y amarillenta, pero suficiente para lo que estaban haciendo. Ambos se ignoraban, como si estuvieran solos, limpiándose como podían las manchas y los rasguños.
Ah, curiosidad, amante secreta. Cuando Okita no miraba, ya fuera para lavarse el cabello o dándose la vuelta, la joven le observaba. De reojo, por supuesto. No todos los días veía el cuerpo desnudo de un hombre (por suerte Gin-chan y Shinpachi eran prudentes al salir de la ducha), y qué podía decir, sentía curiosidad. Él estaba bien desarrollado, por descontado.
La luna les saludó desde el agua, reflejada del cielo índigo. Era llena y brillante, como la que transforma a los hombres-lobo. La joven volvió a mirar su vestido y suspiró en silencio. Detestaba verlo hecho un asco, era su favorito. ¿Podría Aneue ayudarla a lavarlo?
Escuchó un chapoteo y detectó un movimiento a su lado. Okita avanzó, acortando la distancia entre ambos. Ella levantó la vista. Sin mirarla, como si no existiera, pasó detrás de ella. No desprendía ningún aura hostil ni agresiva. Pese a ello, Kagura se sintió tensa. Hizo bien. Desde su espalda, Okita rodeó su cintura con el brazo, inmovilizando uno de los de ella, mientras que con la mano restante alzó su mentón, giró su cara y la besó en los labios.
Sí, hermosos míos, acaba ahí. No me matéis, por favor. Agradecería mucho que alguien me dijera si reflejo bien o no a los pjs. En qué fallan y tal. Espero que os haya gustado y, repito, muchas gracias por leer. Ya sabéis, cualquier cosa (halagos, insultos o tomates), a los reviews. Matta nee~~
