Lummus, Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas ;)
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, La trama Coollen Hoover.
"With paranoia on my heels
Will you love me still
When we awake and you see that
¿The sanity has gone from my eyes?"[1]
-The Avett Brothers, Paranoia in B Flat Major
12
Alice nunca antes ha estado en mi casa. Ella no parecía saber que estaba observándola entrar a través de la puerta, mientras tiraba de mí cuando caminábamos dentro de la casa. Mi madre estaba sentada en el sofá, mirándonos con aquella extraña sonrisa en su rostro, mientras que su hija era arrastrada hacia ella. Tengo que admitir que ante la sorpresa, el rostro de mi madre era gratificante.
Alice me tira al sofá y empuja mis hombros hasta que estoy sentada al lado de mi madre. Ella procede a tomar asiento en la mesa que está frente a nosotros, con una postura recta y la cabeza bien alta. Ella sabe que está a cargo.
—Soy Alice, la mejor amiga de tu hija —se presenta ante mi madre—. Y ahora que todos nos conocemos, vamos a ir al grano.
Mi madre me mira y luego a Alice, sin responder. En realidad no tenía nada qué decir tampoco. No sé hasta dónde puede llegar Alice con esto, lo único que puedo hacer es dejar que continúe.
— ¿Renné, verdad? ¿Ese es tu nombre?
Mi madre asiente.
—Renné, Isabella tiene preguntas, muchas preguntas y tú tienes las repuestas —Alice me mira—. Isabella, pregunta y tu madre te responderá —nos mira a las dos simultáneamente—. Esta es la única forma de hacerlo. ¿Alguna pregunta? ¿Para mí, quiero decir?
Mi madre y yo sacudimos la cabeza.
Alice se levanta. —Bien entonces, mi trabajo está hecho. Llámame más tarde.
Alice se levanta de la mesa y se dirige a la puerta, pero gira sobre sus pies y vuelve hacia nosotras. Y abraza a mi madre, ella mira hacia mí con los ojos muy abiertos antes de que mi madre le devuelva el abrazo.
Alice continúa apretando a mi madre por un largo tiempo antes de que ella finalmente la suelte. Sonriendo, avanza por la mesa y sale por la puerta. Y se fue, así como así.
Nos sentamos en silencio, mirando fijamente la puerta, confundidas acerca de cómo estaban las cosas o a donde iban y lo mal que se pusieron. Era algo difícil de decir. Eche un vistazo a mi madre y las dos reímos.
—Caray, Bella. Sí que sabes cómo escogerlas.
—Lo sé. ¿Ella es genial, eh?
Ambos nos sentamos en el sofá y mi madre se acercó, acariciándome la mano.
—Mejor hacemos lo que dice. Hazme una pregunta y responderé lo mejor que pueda.
Fui directo al grano. — ¿Vas a morir?
— ¿No lo hacemos todos? —Respondió ella.
—Es una pregunta, se supone que solo debes responder.
Ella suspiró como si estuviera dudando, no queriendo responder.
—Posiblemente, probablemente —admitió ella.
— ¿Que tanto? ¿Qué tan malo es?
—Bella, tal vez primero debería explicarlo. Esto te dará una idea mejor sobre a qué nos enfrentamos.
Ella se levanta y se va a la cocina, tomando asiento en la barra. Me señala para que me siente al lado de ella y tomando una pluma junto con una hoja de papel, comienza a escribir algo.
—Hay dos tipos de cáncer de pulmón. De células no-pequeñas y células pequeñas. Desafortunadamente, tengo el de células pequeñas, el cual se propaga más rápido —está dibujando un diagrama—. Las de células pequeñas pueden ser limitadas o extensivas —apunta a un área en un par de pulmones dibujados—. El mío era limitado. Lo que significa que estaba contenido en esta área —Circula el área en el pulmón y hace un punto—. Aquí es donde encontraron el tumor, había tenido algunos síntomas unos meses antes de que tu padre falleciera. Él me había llevado para una biopsia y allí fue cuando encontramos que era maligno. Consultamos doctores por algunos días y finalmente decidimos que nuestra mejor elección es un doctor que encontramos aquí en Michigan, Detroit. Es especialista en SCLC[1]. Decidimos en hacer la mudanza antes de que tu padre muriera. Nosotros.
—Mamá, ve lento.
Ella bajó la pluma.
—Necesito un minuto —anuncio—. Dios, se siente como si estuviera en clase de ciencias.
Descansé mi cabeza sobre mis manos. Ella tenía meses pensando en esto. ¡Ella hablaba de esto como si estuviera enseñándome cómo hornear un pastel!
Ella me espera pacientemente mientras me levanto y voy al baño. Me salpico agua en la cara y miro mi reflejo en el espejo. Lucía como basura.
Ni siquiera me había mirado en un espejo antes de salir con Jasper y Alice anoche. Mi rímel estaba manchado bajo mis ojos y estos se encontraban hinchados. Mi cabello está desordenado. Limpié el maquillaje y cepillo mi cabello antes de volver a la cocina y escucharla decirme cómo va a morir.
Me mira cuando entro a la cocina y asiento, dándole un visto bueno.
—Una semana después de que decidimos mudarnos a Michigan para estar cerca del doctor, tu padre murió. Estaba tan consumida con ello, con su muerte y los arreglos y todo. Solo traté de alejar lo que me estaba pasando. No volví al doctor durante tres meses y para ese tiempo el tumor ya se había extendido. Ya no era una célula pequeña, era extensa.
Ella mira a lo lejos, avergonzada. Su voz bajó. — Me culpé a mi misma por el ataque cardiaco de tu padre. Sabía que era por el estrés que los diagnósticos causaban.
Se levantó y caminó hacia la sala de estar, mirando por la ventana.
— ¿Por qué no me lo dijiste? Podría haberte ayudado, mamá. No necesitabas lidiar con todo esto por tu cuenta.
—Ahora lo sé. Estaba en estado de negación, estaba enojada, esperando por un milagro, supongo. No lo sé. Los días se convirtieron en semanas, luego meses. Ahora estamos aquí. Comencé la quimioterapia de nuevo hace tres semanas.
— ¿Eso es bueno, verdad? Si ellos te dan quimio entonces hay posibilidades que se vaya —negó con la cabeza—. No es tratable, Bella. Es para manejar mi dolor. Es todo lo que pueden hacer por ahora.
Dejo caer mi cabeza entre mis manos y lloro. Es impresionante cuantas lágrimas puede tener una persona. Una noche después de que mi padre murió, había llorado tanto que comencé a convertirme paranoica, le estaba haciendo daño a mis ojos, así que busqué en google. Google ¿puede una persona llorar demasiado? Aparentemente todo el mundo finalmente se duerme y deja de llorar para que su cuerpo pueda procesar los períodos normales de descanso. Así que no, no puedes llorar demasiado.
Tomo un pañuelo y respiro hondo varias veces en un intento de contener el resto de mis lágrimas. Estoy realmente harta de llorar. Siento a mi madre abrazarme, así que me giro hacia ella y le devuelvo el abrazo. Me duele el corazón por ella. Por nosotros. Eventualmente comienza a toser y tiene que alejarse. La miro mientras ella continua tosiendo, dificultándole respirar. Ella está tan enferma. ¿Cómo no lo noté? sus mejillas están más profundas que antes. Su cabello está débil. Apenas la reconocía. He estado tan concentrada en mi propia miseria que ni siquiera he notado a mi propia madre ser arrastrada por la enfermedad delante de mis ojos.
El ataque de tos pasó y mi madre vuelve a su asiento en la barra.
—Tenemos que decirle a Seth esta noche. Carmen estará aquí a las siete, quiere estar presente ya que será su tutor.
Me reí. ¿Por qué ella está bromeando, cierto?
— ¿Qué quieres decir con su tutor?
—Bella. Tú aun estás en la preparatoria, pronto estarás en la universidad. No espero que te encargues de todo. Carmen ha criado hijos antes. Ella quiere hacerlo y a Seth le agrada.
De todas las cosas que me han pasado este año. Este momento, estas palabras que acaban de salir de su boca me pusieron tan furiosa como nunca lo he estado. Me levanté y agarré el respaldo de la silla tirándola al piso con tanta fuerza que el asiento se salió de la base. Ella se estremeció, cuando corrí hacia ella y le apunté con mi dedo en su pecho.
— ¡Ella no tendrá a Seth! ¡Tú no le darás a mi hermano! —Grité tan fuerte que mi garganta ardió.
Intentó calmarme poniendo sus manos en mis hombros pero me giré caminando lejos de ella.
—Bella, ¡basta! ¡Detente! ¡Tú aun estás en la preparatoria! Ni siquiera has comenzado la universidad aun, ¿qué esperas que haga? No tenemos a nadie más —ella camina tras de mí mientas me dirijo hacia la puerta —. No tengo a nadie más, Bella —y llora.
Abro la puerta y giro hacia ella ignorando sus lágrimas a medida de que continúo gritando.
— ¡No le dirás nada esta noche! Él no necesita saberlo aun. ¡Será mejor que no le digas!
—Tenemos que decirle, él necesita saberlo —dice ella, mientras me está siguiendo por el camino fuera de la casa.
— ¡Ve a casa, madre! ¡Solo ve a casa! He terminado de hablar de ello y si quieres volver a verme, tú no se lo dirás.
Oigo sus sollozos desvanecerse a medida que cierro la puerta de la sala de Edward detrás de mí. Corro hacia su dormitorio y me tiro en la cama.
No solo lloro, sollozo, lamento y grito.
Nunca he usado drogas antes. Si no se tiene en cuenta el sorbo de vino que mi madre me dio cuando tenía catorce años, aunque nunca he tenido gusto por el alcohol. No sentía demasiado miedo por cómo me comportaría. Honestamente, nunca me habían ofrecido algo. Nunca fui a las fiestas en Texas.
Nunca me pasé la noche con alguien tratando de obligarme a hacer algo ilegal. Francamente nunca he estado en una situación en la que podría caer en una presión de grupo. Pasaba los viernes por la noche en partidos de futbol. Los sábados por la noche mí papá por lo general nos llevaba al cine y a cenar. El domingo hacía tarea. Esa era mi vida.
Hubo una excepción cuando la prima de Ángela tenía una boda y ella me invitó a ir. Tenía dieciséis años, ella acababa de conseguir su licencia y la recepción acababa de terminar. Nos quedamos hasta tarde para ayudar a limpiar. Estábamos pasándola bien. Bebimos ponche, comimos el pastel que sobró, bailamos y bebimos más ponche. Pero nos dimos cuenta rápidamente de que alguien había mezclado el ponche, cuando notamos lo bien que la estábamos pasando. No sé cuánto bebimos, pero fue demasiado ya que estábamos muy borrachas como para detenernos y notar que estábamos ebrias. Ni siquiera lo pensamos dos veces cuando llegamos al coche para irnos a casa. Llevábamos un kilómetro en la carretera antes de que girar bruscamente y chocar contra un árbol. Tuve un desagarre en mi frente y ella se rompió el brazo. Ambas terminamos estando bien. De hecho, el auto aún se podía manejar. En vez de hacer lo más inteligente y esperar por ayuda, le dimos vuelta al coche y conducimos de vuelta a la recepción para llamar a mi papá. El problema que tuvimos al día siguiente es una historia diferente.
Pero hubo un momento, justo antes de que chocar contra el árbol. En el que habíamos estado riéndonos hasta que ella empezó a decir burbuja de una manera muy chistosa. Seguíamos diciéndola una y otra vez hasta que el auto empezó a deslizarse fuera de la carretera… vi el árbol, y sabía que estábamos a punto de chocarnos. Pero fue como si el tiempo se hubiera detenido y el árbol podría estar a cinco millones de metros de distancia. Eso es lo que tomó para que al auto realmente golpeara el árbol. La única cosa en la que pensé fue en Seth. Lo único. No pensé en la escuela, los chicos, la universidad que perdería si estaba muerta. Pensé en Seth, y en como él era la única cosa importante para mí. La única cosa que importaba segundos antes de que yo estuviera a punto de morir.
De alguna manera caí dormida en la cama de Edward de nuevo. Lo sé, porque cuando abrí mis ojos, no estaba llorando. ¿Ves? La gente no puede llorar por siempre. Eventualmente todos nos quedamos dormidos.
Esperé a que las lágrimas regresaran otra vez, pero una vez que la niebla se despejó de mi mente, instantáneamente me sentí motivada y renovada. Como si estuviera en algún tipo de misión. Salí de la cama, con un deseo extraño de limpiar y cantar. Necesitaba música. Me dirigí hacia a la sala e inmediatamente encuentro lo que estoy buscando. La radio. No tengo que buscar por música cuando lo enciendo, está con un C.D de Avett Brothers. Subí el volumen porque era uno de mis favoritos y me puse a trabajar.
Desafortunadamente la casa de Edward es sorprendentemente limpia para dos habitantes masculinos, así que tengo que buscar por algo para mantenerme ocupada. Llegué al baño, lo que es bueno. Sabía que los niños de nueve años de edad no tenían muy buena puntería, así que comencé a limpiar el inodoro, la ducha y el lavabo. Todo limpio.
Fui hacia los cuartos donde había organizado todo, haciendo las camas y re-haciéndolas. Después, llegué a la sala donde había polvo y lo aspiré. Trapeé el piso del baño y limpié todas las superficies que pude encontrar. Terminé en el fregadero de la cocina donde lavo solo dos platos sucios, el vaso de Alice y el mío.
Son casi las siete cuando oigo estacionarse el auto de Edward. Él y los dos chicos caminaron a la casa y se detuvieron cuando me vieron sentada en el piso de la sala.
— ¿Qué estás haciendo? —Preguntó Caulder.
—Ordenando —contesté.
— ¿Ordenando qué? —Edward cuestiona.
—Todo, primero hice las películas, luego con los Cd's. Caulder, hice los libros de tu habitación, también unos de tus videojuegos, pero algunos comienzan con numero así que primero puse por números y luego por nombre —apunté a la pila frente a mí—. Estas son tarjetas de recetas que encontré arriba de la nevera. Las estoy ordenado por categoría primero carne, cordero, cerdo, aves. Después de categoría las estoy ordenando por...
—Chicos, vayan a casa de Seth y háganle saber a Renné que regresaron —dice Edward mientras continua mirándome.
Los chicos no se mueven y solo miran las tarjetas de las recetas que están frente a mí.
—Ahora —grita Edward. Ambos giran los ojos y empiezan a ir hacia la puerta.
—Tu hermana es rara —oí a Caulder decir al salir.
Edward se sienta en el sofá frente a mí, mientras continúo ordenado las recetas.
—Ya que tú eres el maestro —digo—. ¿Dónde debería poner ―Sopa de papa al horno‖ detrás de patata o sopa?
—Detente —dice él. Luce malhumorado.
—No puedo parar tonto, estoy a la mitad de terminar esto. Si me detengo ahora tú no sabrás donde encontrar... —Agarro una carta al azar del suelo—. ¿Pollo? —Tiro la tarjeta de nuevo a la pila.
Edward mira la sala, luego se levanta y entra en la cocina. Lo veo correr su dedo a lo largo del rodapié. Lo bueno es que pensé en ellos. Camina por el pasillo y vuelve un par de minutos más tarde.
— ¿Un código de color en mi armario?
Él no está sonriendo. Pensé que iba a estar feliz.
—Edward, no era tan difícil. Tú vistes como tres colores diferentes de camisa.
Él se deslizó a través de la sala de estar y se inclinó hacia abajo, arrebatándome las tarjetas de recetas que había organizado en pilas.
— ¡Edward! ¡Detente! ¡Eso me tomó mucho tiempo!
Me arrebató las que tenía en mis manos demasiado rápido, que por último los arroja al piso, agarrándome de mis muñecas intentando ponerme de pie. Pero empiezo a dar patadas a sus piernas.
— ¡Déjame ir! ¡No he terminado!
Él suelta mis manos y caigo al piso. Tomo las tarjetas de recetas y comienzo a reorganizarlas en pilas. Él me lleva de vuelta al punto de partida. No puedo siquiera encontrar la tarjeta de carne. Le doy vuelta a dos tarjetas que están boca abajo pero…
— ¡Qué diablos! —Gritó, de repente estoy empapada en agua.
Levanto la mirada y Edward está parado junto a mí con una jarra vacía entre sus manos. Me lanzo hacia adelante y comienzo a golpear sus piernas. Él trata de alejarse mientras lo golpeo, tratando de pararme.
¿Por qué diablos acaba de hacer eso? Voy a darle un puñetazo en la cara. Me levanto, trato de pegarle pero me esquiva y atrapa mi brazo. Lo envuelve contra mi espalda, mientras con el otro brazo me empuja del pasillo hacia el baño. La siguiente cosa que hace es poner sus brazos alrededor de mí, levantándome. Tiro hacia un lado la cortina de la ducha y me mete en ella. Todavía estoy tratando de golpearlo pero sus brazos son más largos que los míos. Me pone contra la pared con un brazo mientras gira la llave con el otro y una corriente de agua helada cruza por mi cara.
Jadeo.
— ¡Tonto! ¡Idiota! ¡Imbécil!
El continúa sujetándome mientras gira la otra llave y el agua se vuelve cálida.
—Toma una ducha, ¡Isabella! ¡Toma una maldita ducha! —Él me deja ahí y cierra de golpe la puerta del baño. Salí de la ducha con toda mi ropa empapada. Traté de abrir la puerta del baño pero no pude ya que él puso el seguro del otro lado.
—Déjame ir, ¡Edward! ¡Ahora!
Estoy golpeando la puerta y trato de girar el pestillo pero no se mueve.
—Isabella —responde con calma desde el otro lado de la puerta—. No te voy a dejar salir del baño hasta que te quites la ropa, te des un baño, laves tu cabello y te calmes.
Le di el dedo medio ya que no podía verme, pero me hacía sentir bien. Me quité la ropa mojada y la arrojé al piso, esperando que se ensuciara. Entré a la ducha y el agua caliente viajaba sobre mi piel. Cerré los ojos y dejé correr el agua por mi cabello y por mi cara.
Diablos. Edward tenía la razón, de nuevo.
—Necesito una toalla —le grité. He estado en la ducha por más de media hora. Abrí la ducha y centré el chorro de agua por la parte posterior de mi cuello, la mayoría del tiempo. Realmente me aliviaba de la tensión.
—Está en el lavabo y también está tu ropa —gritó desde afuera del baño.
Tiré la cortina hacia atrás y definitivamente había una toalla allí y ropa. Mi ropa. Ropa que obviamente acaba de conseguir de mi casa y de alguna manera la puso en el baño. Mientras estaba en la ducha.
Cerré el agua, salgo de la ducha y me seco. Enrosco la toalla alrededor de mi cabeza y me pongo mi ropa.
Me trajo pijamas. Tal vez eso significa que voy a dormir de nuevo en su cómoda cama. Dudo cuando giro el picaporte. Suponiendo que aún no será capaz de abrirse pero se abre. Cuando él oye que abro la puerta del baño, salta sobre del sofá y corre hacia mí. Retrocedo hasta la pared, temiendo a que me empuje de nuevo al baño cuando pone sus brazos rodear mi cintura y me abraza.
—Lo siento, Bella. Lamento lo que hice, estabas perdiendo el control.
Le regresé el abrazo. Por supuesto que lo haría —Está bien. No estaba teniendo un buen día —digo.
Se aleja de mí y coloca sus manos sobre mis hombros. — ¿Así que somos amigos? ¿No vas a tratar de golpearme otra vez?
—Amigos —le digo a regañadientes. Esa es la última cosa que quiero ser para él en este momento. Su amiga.
— ¿Cómo estuvo el cine? —Pregunto, mientras caminamos por el pasillo.
— ¿Has hablado con tu madre? —Ignora mi pregunta.
—Por Dios. ¿Mucho desvío?
— ¿Hablaste con ella? Por favor, no me digas que pasaste el día entero limpiando.
Entro a la cocina y saco dos vasos de la alacena.
—No, no todo el día. Nosotras hablamos.
— ¿Y?
—Y… ella tiene cáncer —respondí francamente.
Él me mira y frunce el ceño. Le ruedo los ojos y pongo mis codos sobre la mesa, apretando mi frente con mis manos. Mis dedos rozan la toalla que está en mi cabeza y me inclino lejos de la barra, jalando la toalla y tiro mi cabeza hacia delante, rozando las hebras enredadas con mis dedos para alisarlas.
Después de desenredarlo, levanto mi cabeza justo cuando Edward aleja su mirada de mí hacia la copa, que ahora está desbordándose de leche.
Finjo no darme cuenta del derrame, y continúo jugando con mi pelo mientras él seca la leche con un trapo.
Saca algo de la alacena y agarra una cuchara del cajón. Me estaba haciendo chocolate con leche.
— ¿Estará bien? —Pregunta.
Suspiro. Él es grandioso.
—No. Probablemente no.
—Pero ¿está recibiendo un tratamiento?
He sido capaz de pasar todo el día sin pensar en ello. Estando confortablemente adormecida desde que me desperté de mi siesta. Sé que esta es su casa, pero estoy empezando a desear dejarla de nuevo.
—Está muriendo, Edward. Muriendo. Probablemente estará muerta dentro de un año, tal vez menos que eso. Solo están haciéndole quimioterapia para aliviar el dolor mientras ella muere. Porque estará muerta, debido a que se está muriendo. ¿Es eso lo que querías oír?
Su expresión se suaviza cuando pone la leche en frente de mí. Agarrando un puñado de hielo de la nevera y lo deja caer en mi taza.
—Con hielo —dice.
Es bueno desviando temas, incluso es mucho mejor ignorando mis comentarios sarcásticos.
—Gracias —digo. Bebo mi leche con chocolate y callo. Se siente como si él de alguna manera ganó nuestra pelea.
The Avett Brothers siguen tocando lejos en lo fondo cuando termino mi leche achocolatada. Camino a la sala de estar y pongo la canción en repetición. Me tumbo en el suelo y mirando hacia el techo con las manos estiradas por encima de mi cabeza. Es relajante.
—Apaga las luces —le digo —. Solo quiero escuchar por un rato.
Apaga las luces y tengo la sensación que se acuesta a mi lado en el suelo. Un resplandor verde de las ondas de sonido bailaba en el equipo de música iluminando las paredes como The Avett Brothers ponen en un espectáculo de color. Mi pensamiento se desvía de la música cuando nos quedamos inmóviles allí. Después de que la canción termina y vuelve a empezar, le digo lo que realmente está en mi mente.
—Ella no quiere que críe a Seth. Quiere dárselo a Carmen.
Es lo único que se habla durante la hora que estaba en el suelo y encuentra mi mano en la oscuridad, sosteniéndola Dejándolo solo ser mi amigo.
Las luces golpean mi cara e inmediatamente cubro mis ojos. Todavía estamos acostados en el medio de la habitación. Me incorporo y veo a Edward a mi lado, profundamente dormido.
—Hola —susurra Alice —. Golpeé la puerta, nadie respondió —
Camina a través de la puerta y se sienta en el sofá. Observa cómo Edward ronca, tendido en el suelo del salón.
—Es sábado por la noche —dice mientras rueda los ojos—. Te dije que era un aburrido.
Río. — ¿Qué estás haciendo aquí?
—Comprobando que estás bien. No has contestado tu teléfono o devuelto los mensajes. Tu mamá tiene cáncer ¿así que decides renunciar a la tecnología? No tiene sentido.
—No sé dónde está mi teléfono.
Las dos miramos fijamente a Edward por un momento. Está roncando muy fuerte. Los chicos lo deben haber desgastado hoy.
—Así que, ¿Imagino que las cosas no van bien con tu madre? Ya que estás aquí durmiendo en el maldito suelo.
Parece molestarle que nosotros no estuviéramos haciendo nada más que dormir.
—No, hablamos.
— ¿Y?
Me levanto y me estiro antes de sentarme en el sofá junto a ella mientras se saca sus botas. Supongo que pasar tanto tiempo sin un hogar permanente te hace sentir como si estuvieras en casa a donde quiera que vayas. Pongo mis pies en alto y me recuesto sobre el brazo del sofá, frente a ella.
—La semana pasada en el patio cuando me estabas contando acerca de tu madre y lo que pasó cuando tenías nueve…
— ¿Qué pasa con eso?
—Bueno, estaba agradecida. Estaba tan agradecida de que nunca nada de eso le pasaría a Seth. Estaba agradecida de que él era capaz de vivir una vida normal de un niño de nueve años de edad. Pero ahora, es como si Dios lo tiene para nosotros. ¿Por qué a los dos? ¿No era mi padre suficiente? Es como que la muerte vino y nos golpeó en el medio de la cara.
Alice aparta su mirada de Edward y me mira.
—No fue la muerte la que te golpeó, Isabella. Fue la vida y la vida pasa. La mierda pasa. Y le sucede a mucha gente.
Ni siquiera me molesto con el peor de los detalles. Estoy demasiado avergonzada para admitirle que mi propia madre no me quiere criando a su hijo. Edward susurra en el suelo.
Alice se inclina, me da un apretón y agarra sus botas —Maestro despertando, será mejor que salga de aquí. Solo quería ver cómo estabas.
Ah, y ve a buscar tu teléfono —me recuerda mientras camina hacia la puerta.
La observo mientras se va. Ella está en una habitación por tres minutos y su energía es contagiosa. Me volteo de nuevo para ver a Edward sentado en el suelo. Él me mira como si estuviera a punto de darme una detención.
— ¿Qué demonios estaba ella haciendo aquí?
Puede ser intimidante cuando quiere serlo.
—Visitando —murmuro—. Comprobando que esté bien —si lo hago sonar como que no es la gran cosa, tal vez él tampoco lo hará.
— ¡Maldita sea, Isabella!
Nop. Él piensa que es un gran problema. Se levanta y lanza sus manos al aire. — ¿Estás tratando de hacer que me despidan? ¿Eres tan egoísta que no te importa una mierda los problemas de alguien más? ¿Sabes lo que pasaría si cuenta que pasaste la noche aquí? —Un foco de luz se prende en su cabeza y da un paso hacia mí—. ¿Ella sabe que pasaste la noche aquí?
Presiono mis labios en una tirante delgada línea y miro mi regazo, evitando sus ojos.
—Isabella, ¿qué es lo que sabe? —Pregunta, su voz cada vez más baja. Se puede ver por mi lenguaje corporal que le he contado todo.
—Cristo, Isabella. Vete a casa.
Mi madre ya está en cama. Seth y Caulder están sentados en el sofá mirando la televisión.
—Caulder, tu hermano quiere que vayas a tu casa. Seth y yo tenemos planes mañana, así que no estaremos en casa en todo el día.
Caulder agarra su chaqueta y se dirige a la puerta.
— ¡Nos vemos, Seth! —Se desliza en sus zapatos y se va.
Camino a la sala de estar y me tiro en el asiento al lado de Seth.
Agarro el control remoto y empiezo a pasar a través de los canales, tratando de poner fuera de mi mente el hecho de que acabo de cabrear a Edward.
— ¿Dónde estabas? —Pregunta Seth
—Con Alice.
— ¿Qué estuvieron haciendo?
—Conduciendo por ahí.
— ¿Por qué estabas en casa de Caulder cuando volvimos del cine?
—Edward me pagó para limpiar su casa
— ¿Por qué mamá está triste?
—Porque, ella no tiene suficiente dinero para pagarme por limpiar su casa.
— ¿Por qué? Nuestra casa no está sucia.
— ¿Quieres ir a patinar sobre hielo mañana?
— ¡Sí!
—Entonces deja de hacer tantas preguntas.
Pulso el botón de apagado en el control remoto y mando a Seth a la cama.
Cuando subo a mi cama, pongo el despertador a las seis en punto. Quiero estar fuera de esta casa antes de que mi madre se despierte. Seth y yo pasamos todo el día domingo soplando cada centavo de mi cuenta de ahorros.
Lo llevé a desayunar donde ordenamos dos comidas cada uno del menú. Fuimos a patinar sobre hielo y los dos apestábamos en eso así que no nos quedamos mucho tiempo. Lo llevé a almorzar a un puesto de comida en el interior de una galería comercial donde nos quedamos durante cuatro horas. Después de la galería, lo llevé a una película a la tarde donde tuvimos una cena que consistió en más alimentos del puesto de concesión. Lo habría llevado a tomar el postre, pero ahora se está quejando que le duele el estómago.
Mi madre está en el trabajo en el momento que llegamos a casa. Mi tiempo no es nada accidental. Tomo una ducha, elijo la ropa para la escuela y guardo una parte en el lavadero. Estoy tan cansada que soy capaz de conciliar el sueño, sin hacer frente a cualquier cosa.
[1]"Con la paranoia sobre mis talones
Aun me amarás
Cuando despertemos y veas que
¿La cordura ha pasado de mis ojos? "
[2]SCLC: siglas del Small celllungcancer que al español es Cáncer de pulmón microcítico.
¡Lo logré! ¡Lo hice! *haciendo baile de felicidad* aunque nadie me dejó Review *Insertar puchero* Está bien, lo acepto, no me lo merecía :( Pero les dije que lo iba a acordarme, ¡Y lo hice! Okey ya, mucha emoción :D
¿Qué les pareció? Este capítulo estuvo muy largo ¡15 hojas de word! pero lastimosamente es el único así de largo, sólo el primer capítulo de la historia le hace competencia :/ ¡Pero que eso no nos deprima! aun nos queda bastante de esta historia ;) en este capítulo hubieron muchas emociones, yo personalmente lloré, grité, reí, uff fui al cielo y al infierno en un segundo y que Zeus y Hades me perdonen pero no son lugares muy bonitos :$
Aunque no hubo reviews, si encontré nuevas lectoras, así que ¡Bienvenidas! espero les ahya gustado a ustedes y a todas las personas, cazadores, vampiros, brujos, hechiceras, syrenas, criaturas de otro planeta, etc que leen esta historia...Espero saber de ustedes por medio de un Review *Puchero* :)
No siendo más l s dejo, nos leemos en una semana.
Pd: ¡Lo logré! ¡I did it! ¡Eu obtive sucesso! ¡J'ai réussi! ¡Sed postero! :D
Travesura realizada, Nox ;)
Paula
