¡Muy buenas a todo el mundo! Para compensar haber tardado tanto en escribir el anterior capítulo, os traigo este medianamente rápido. ^^ Espero que os guste. Hoy, Okita ataca (más) y ¡el reencuentro de los dos sádicos! xD Y perdonadme, pero he puesto pequeños detalles del manga, algunos de los arcos más recientes. Demasiados detalles OkiKagu para mi corazoncito… Si alguien se molesta, lo siento muchísimo. .

Pequeñito diálogo de Kyubei arc, episodio 77. /Pequeño detalle manga 465. Detalle manga 505. Detalle manga 528.

El agobiante calor del verano caía como una losa sobre Kabuki-cho, convirtiendo las calles en auténticos hornos. Aquella fatídica mañana, Hijikata-san había incluido a los capitanes en el reparto de patrulla como consecuencia de una situación excepcional: Una epidemia de gripe había dejado en cama, sudorosos y calientes (lo cual no hacía mucha diferencia con cómo eran normalmente), a un cuarto del Shinsengumi. Nueve veces trató Okita Sougo de cargarse al Vicecomandante antes de salir de las instalaciones de la policía, consciente del infierno por el que iba a pasar en las horas posteriores. Cruzó el umbral satisfecho, pese a que las suelas de sus zapatos dejaban pasar, asfixiantes, el calor de la acera. Y es que se había colado en la habitación del obseso por la mayonesa y había rellenado toda su ropa (incluida y a fondo la ropa interior) de ortigas. Dado que el Shinsegumi estaba hasta arriba, no podría delegar tan picajosa tarea ni siquiera a Yamazaki.

Por todos los alienígenas del universo, menudo calor. Cabía añadir, por descontado, que el pobre y cruel sádico trabajaba con uniforme de manga larga, negro, más negro que el ***** del ****** de Kondo-san. Mientras sus cabellos castaños se asaban, recordó a la China. No por ella, sino por su fantástica sombrilla, por la cual daría toda la mayonesa de un mes del Shinsengumi por tener. Quizá fue este pensamiento, o quizá su carácter puñetero, o tal vez su oportuna entrepierna, la que guió sus pasos hasta el paseo donde se encontraba Snack Otose y la Yorozuya.

- ¡PÁGAME LA RENTA DE ESTE MES, MALDITO PATÁN, O TE ECHO A LA CALLE!

- Ma, ma, no deberías exaltarte. Cuando hace mucho calor los primeros en caer son los niños y los anc- ¡Auch! ¡Eso duele, kusobaba!

- ¡YA ESTÁS HACIENDO LAS MALETAS, VAGO DE MIERDA!

- ESTA ES UNA ÉPOCA COMPLICADA, ¿SABES? NADIE VIENE A OFRECER TRABAJOS CON ESTE CALOR.

- ¡ESE NO ES MI PROBLEMA, PÁGAME LO QUE ME DEBES!

Okita pasó delante del cartel de la Yorozuya justo cuando Gintoki salía escopetado, cerrando la puerta tras de sí y sujetándola para que su casera no pudiera salir. Bum, bum, resonaba tras la puerta deslizante mientras Gintoki se afanaba por sujetarla con los dos brazos y una pierna. Quiso la suerte, entonces, que detectara al castaño por el rabillo del ojo. Volvió la cabeza para verle y en su rostro apareció una media sonrisa nada amable. El castaño se dio cuenta, se detuvo y le devolvió una mirada impertérrita.

- ¿Qué eres, - preguntó el plateado, con la voz algo tensa por el esfuerzo- el nuevo cobrador del frac?

Esta vez el sádico sí sonrió, enseñando los dientes con su cara inocente.

- Danna, ¿no se cansa de estar siempre hasta el cuello de deudas?

Gintoki regresó su atención a la puerta por un momento y gruñó:

- ¿No te cansas tú de molestar?

- Para nada.

- Ya, ya lo suponía. Bueno...

Saltó hacia atrás al mismo tiempo que soltaba la puerta. Con una tremenda agilidad, cayó del balcón y aterrizó con la suela de sus botas. Sin perder tiempo echó a correr como alma que lleva el diablo, dejando una estela de polvo tras sus pies. Otose siguió gritando un poco más, pero no tardó en limitarse a refunfuñar por lo bajo mientras daba una calada a su cigarrillo. Okita, que había observado la escena con un evidente visaje de satisfacción, casi parecía que quería participar en meter en un lío al "Danna".

Silencioso, subió las escaleras de la Yorozuya. La entrada estaba cerrada de nuevo, por lo que tuvo que llamar al timbre. La diligente voz de Shinpachi se oyó a pocos pasos y no tardó en abrir la puerta.

- ¡Ah, Okita- san! Buenos días. -saludó- ¿Qué te trae por aquí?

Desde el soportal el castaño revisó el interior con una rápida ojeada. No vio a nadie.

- ¿La inmigrante ilegal que mantenéis está aquí? -preguntó. Por algún motivo, le repelía la idea de llamarla por su nombre delante de otros, incluso por su mote. No se paraba a meditar el por qué.

- ¿J-Ja? ¿K-Kagura-chan, dices? -el moreno asintió- Ahora está durmiendo... ¿Quieres que la despierte?

Las comisuras de Okita hicieron un movimiento apenas visible, que el Megane no percibió. Le seducía bastante el mal gesto de interrumpir su sueño para nada, pero se contuvo. No era eso lo que tenía que hacer. Venga, no es tan difícil cumplir lo planeado, Sougo.

- No es necesario. -Rechazó sacudiendo la cabeza. Tendió un papel doblado a Shinpachi- ¿podrías darla esto cuando despierte? Es importante, que no se te olvide, por favor.

El instinto de responsabilidad del de la Yorozuya se activo al momento, y aceptó el encargo con una sonrisa y unas palabras alentadoras sobre su compromiso con todo aquello que se le encargaba. Okita asintió, aunque poco o nada le importaba lo que fuera que dijese. Se despidió levantando la palma y se marchó, otra vez pendiente de la fatigosa temperatura. Se quitó la chaqueta y resopló, alejándose con cada pisada de los trabajos raros.

- ¡Kagura-chaan, ya es hora de levantarse! Mo, ¿me estás escuchando?

Debido a malas experiencias, Shimura Shinpachi evitaba acercarse a Kagura cuando tenía un despertar involuntario. No porque la joven tuviera un humor horrible en esos momentos (lo cual, un poco sí) si no porque en ese estado de somnolencia no controlaba la fuerza con la que, por ejemplo, daba un manotazo para que la dejasen en paz. Sí, señores, para despertar a la pelirroja era aconsejable llevar armadura y un palo de metal de diez metros de largo. O ser una mala bestia como Gintoki.

El procedimiento a seguir era el siguiente: Pam, pam, dos golpes en el portón deslizante del armario de la Yato, apartarse cual gato tocando agua y esconderse tras el sillón. Ningún sonido como respuesta. Repetir el procedimiento hasta que destroce algo.

Kagura abrió la puerta con un pie, reticente a levantarse todavía. Gruñó molesta por la luz y remoloneó un poco más. Shinpachi se irguió de su escondite, como si no hubiera perdido ni pizca de dignidad, e insistió:

- ¡Lo digo en serio, Kagura-chan! ¡Es bastante tarde! -suspiró- ¿Es que no has oído todo el jaleo que han montado Gin-san y Otose-san?

La chica respondió algo inteligible. Bajó del estante sin mucho equilibrio, con los ojos cerrados y el flequillo levantado. Vestía su tradicional pijama rosa chicle.

- Ah, Okita-san te ha dejado una nota.

Kagura se frotó un ojo y se dirigió al baño sin prestarle atención a nada ni a nadie. El de gafas hizo un mohín, irritado, pero tuvo la delicadeza de esperar a que saliera del aseo para repetirlo. Ella frunció el ceño. No, no había oído bien. Quería dormir. Detestaba admitir que le había costado horrores coger el sueño. ¿Que el sádico había estado ahí hacía unos minutos? Menuda paparrucha. El acosador era el Gorilla, él sólo era un niñato sádico, pensó. Mas fue fácil convencerla, tan fácil como entregarle el pedazo de papel que le había dado el capitán del Shinsengumi. Kagura lo abrió más recelosa que extrañada. El contenido era el siguiente:

"China:

Anoche encontré helado de chocolate en el suelo de la calle. Pensé que era tu estilo, así que aproveché las dos tarrinas que habías olvidado para cogerlo y lo dejé en el río para que no se calentase. Aún no se han derretido ni tiene pinta de que vayan a hacerlo. ¿No querrás un poco?

Estoy seguro de que te gustará. "

El crujido del papel sonó entre sus dedos, tensos, furiosos, hervientes. Dejó escapar un grito y corrió, corrió con todas sus fuerzas, salió dejando la puerta abierta y obcecada cual toro embistiendo. La arena candente de la calle acariciaba la planta de sus pies descalzos, los viandantes a su paso, alucinando por ver a una chica desaliñada, en pijama y con una mueca diabólica en la cara, avanzar a la velocidad de un cohete a reacción.

La suerte, ah bendita suerte, fue benévola con ella y la hizo correr en la dirección en que había partido el joven, caminando, harto de la patrulla casi sin haber empezado a realizarla. Okita Sougo sintió sus pasos como un terremoto, se detuvo y chasqueó el aire con diversión.

"Viene; viene a mi", disfrutaba su orgullo de sádico dominador. Se volvió, ansioso por ver su rostro en aquel momento... Y no la vio. Parpadeó, una sombra cubrió su cabeza. Sus reflejos reaccionaron por él y retrocedió con una amplia zancada. Kagura pisó suelo, tembló la tierra, y se lanzó a por él sin perder continuidad. El placaje lo tiró al suelo.

Abrió los ojos, entrecerrados por el brillo del sol. Como si algo hubiera oído su petición muda, una figura que no pudo definir se movió sobre él y le puso a la sombra. Observó más cómodamente, Los ojos de la China le devolvieron una mirada enfurecida. Escrutó la situación en un parpadeo: Estaba tumbado entre las piernas de ella, sus pálidos brazos apoyados a ambos lados de su cabeza castaña. Tenía el flequillo levantado y desigual, lo que le infundía un matiz bastante cómico que le hizo sonreír antes de que pudiera evitarlo. Su pelo caía como una cascada anaranjada, tan largo que casi podía tocarlo. Ni siquiera se había quitado el pijama, lo cual le enorgullecía de alguna manera extraña. Ah, por dios. ¿Cómo era posible que aquella bruta le hiciera rebosar así?

-Aaarg - Exclamó la pelirroja como un gato bufando- Te voy a matar, puto kusog-

- Sal conmigo.

Las facciones de Kagura cambiaron drásticamente.

- ¿Qué?

- Sal conmigo. Ahora. Vamos a cualquier parte, te dejo escoger. Pero vámonos.

- ¿Has perdido todas tus neuronas de pronto, Sadist?

-Urusai. Estoy hablando en serio, China.

Ella arqueó una ceja, le miraba fíjamente

- ¿Qué estás planeando?

- Te lo he dicho. -El joven tenía el rostro serio y directo. Parecía sincero- ¿Tan difícil de entender es?

Silencio. El rubor cubrió las mejillas de la joven, quien desvió la mirada y apretó los labios. No tardó en responder.

- No quiero pareja, Y menos contigo, Sadist. -Concluyó tajante- Yo... tengo mis propios planes.

- ¿Cúales son?

- ¿Y a ti qué te importa? -repuso.

- Acabo de sugerirte salir juntos, ¿no denota eso algo de interés por mi parte? Dímelo y ya está.

- Quiero irme del planeta. Viajar. Ir de aquí para allá, cazar monstruos, ayudar a la gente que no puede defenderse de ellos. ¿De qué me sirve una pareja si lo que quiero es eso?

- Pues vete.

Ella abrió los ojos de par en par.

-¿Qué?

- Que te vayas, ¿por qué iba a decir que te quedes? Romperías todas mis cadenas. -Sonrió- pero no te preocupes, para cuando vuelvas tendré una correa "anti-brutas estúpidas"perfecta para ti. Y no podrás escapar.

- Yo no quiero eso.

- Yo sí. Te daré una casa bonita donde podrás llevar una vida simple y tranquila, además de tener tres comidas al día. Detrás de los barrotes, eso sí.

- Será mejor -comenzó ella, picada, sonriendo- que te busques a otra que pueda darte hijos y ser una buena perra fiel.

- ¿Are? Pero si no hay mejor perra que tú, China.

- No vas a conseguir nada conmigo. No quiero novio, ni quiero hijos.

- Pregunto: ¿Jamás has pensado en casarte?

- Sí, alguna vez. Pero te repito: No quiero novio ni hijos.

- ¿Por qué?

- Por que no. Son una responsabilidad enorme, ¿sabes? Mucha gente piensa que es algo sin importancia, pero... -apretó los labios de nuevo y apartó la mirada una milésima de segundo. Okita escuchaba- son una gran responsabilidad. Además, ¿te estás oyendo? ¿Crees que vas a salir vivo saliendo con un Yato?- la joven sonrió con picardía, pero su rostro no reflejaba júbilo- No has pensado nunca en ello, ¿eh? Acabaría contigo. El primer día. Sin darme cuenta.

- No esperaba que tuvieras tantos miedos.

Ella frunció el ceño.

- No he dicho eso. Simplemente prefiero evitar problemas. Hay muchas cosas que quiero hacer, y muchas cosas que necesito para conseguir hacer otras muchas cosas. Ahora no puedo atarme a nada.

Silencio. Él la observaba, ella le observaba a él. Finalmente el sádico suspiró.

- Está bien, vive tu vida. Haz lo que te salga del culo. Hazte más fuerte, mata por dinero, ayuda a otros amanto. Yo mientras me haré más fuerte, mataré por dinero, ayudaré a los terrícolas. ¿Que no voy a salir vivo, dices? - De nuevo sus comisuras se levantaron- Me ofendes, China. ¿Aún no entiendes qué clase de hombre soy? He visto cómo sois, -recordó- aquel tipo tenía los mismos ojos que yo, ambos seguíamos el olor de la sangre. No pretendas darme miedo con eso, lo entiendo muy bien. -Dejó de sonreír- Mírame. Sigo aquí, vivo. Enajénate con el aroma de la batalla si quieres. No vas a tirarme por esa minucia. Me estás menospr-

Como empujada por un latido, Kagura amordazó sus labios con los suyos. Un beso afectuoso, simple, cargado de sentimiento. Okita respiró su olor, sintió su pelo en la cara. Disfrutó de la suavidad y calor de sus labios, levantó las manos y acarició su cintura. Escuchó cuchicheos a su alrededor, pero no podía importarle menos. Cuando ella se separó, le supo a poco.

Contempló su sonrisa, pequeña, sin dientes; sus ojos entrecerrados brillantes de azul como el mar en un día soleado le observaban henchidos; sus mejillas tenían el color de una fruta madura. Habló.

- No te menosprecio. -Su voz era ligera, tranquila y bonita- Te lo dije, ¿no? Sé que eres mi policía. -Mantuvo su sonrisa durante unos segundos, mirándole con, incluso, dulzura. Mas de pronto, dejó de sonreír e hizo una mueca fea con la boca. Se arrastró un poco más hacia delante, de su cintura al pecho- Oye. No te acomodes tanto, qué asco.

- No he podido evitarlo -respondió él.

- Oe, oe, que estáis en plena calle, cortáos un poco. -saltó una voz.

Kagura sintió un tirón en el cuello de su camisa. Le levantó del suelo.

- ¡Gin-chan!

- Joder, Danna. -se quejó el castaño dejando caer la nuca sobre el suelo- ¿No se cansa de molestar?

- Para nada -respondió el albino, que arrugaba levemente el ceño- Kagura, hay trabajo y tú no estás ni vestida.

Ni la soltó ni esperó respuesta, se limitó a cargar con ella a la espalda cual saco de patatas viejo. Kagura se quejó repetidas veces, pero terminaron marchándose igual, dejando allí a Okita. Resultaba evidente que no le hacía maldita gracia.


El trasiego de gente creaba ruido y descontrol. Aquel era un lugar de paso, en el que cada persona se preocupaba por sí misma, para coger las aeronaves, facturar sus maletas y así no perder el dinero de los pasajes (nada baratos, en realidad). El hombre bajó de su avión y caminó decidido hacia la recepción. Durante el camino escuchó decenas de idiomas, dialectos y acentos, la mayoría reconocibles para él. Estaba acostumbrado. También estaba acostumbrado a las miradas nada disimuladas de los viajeros, quienes observaban su enorme paraguas verde y se ponían a cuchichear cuales marujas.

Alcanzó el mostrador.

- Cuánto tiempo, Sakura-chan. ¿Mucho trabajo por aquí?

La encargada levantó la vista del ordenador y sonrió al reconocerle.

- Oh. Cuánto tiempo. Bueno, lo normal. ¿Y usted?

- Meh, tranquilo, tranquilo. Demasiada calma hay últimamente. A este paso terminaré en el paro.

La joven se rió educadamente.

- ¿Algo para mí?

- Ah, sí -Buscó en varios cajones- Ha llegado una carta. De la tierra.

El hombre sonrió al instante.

- Ah, me alegro, me alegro. Seguro que es de mi preciosa Kagura.

Tomó la carta y se dispuso a leerla sin perder tiempo, ilusionado. Mas sus esperanzas cayeron rápido en el vacío: No reconocía la letra irregular y tosca de la carta.

Señor calvorota.

Ohayo. Seguramente espere una carta de Kagura. No se preocupe, está bien. Que por cierto, le recuerdo que menudo pastizal me gasto en alimentarla a ella y a su perro. Alguna recompensa estaría bien, alguna vez. En fin, escribo porque creo que debería saber cierta cosa que creo que debería saber...


En fin, espero que os haya gustado. Cualquier cosa, ya sabéis, a los reviews. Ah, quisiera saber ¿Están bien los personajes? Me gustaría plasmarlos lo más realistas posible . En fin. Muchísimas gracias por seguir la serie y por leer :D Y gracias por los maravillosos comentarios que dejáis, de verdad. A todos los que leéis esto: Sois geniales. ¡Matta nee~!