Reformas

Reformas

Los sábados por la mañana, los alumnos de Hogwarts suelen emplear su tiempo libre en charlar animadamente, dormir hasta tarde o pasear por los pasillos del colegio disfrutando de las sorpresas, a veces buenas y otras malas, que ofrece el castillo. Esa mañana, en uno de los pasillos del tercer piso hay demasiado alboroto: varios alumnos ríen y otros se pegan a las paredes asustados, al mismo tiempo que un renqueante Argus Filch llega con sobrealiento "¡Peeves! ¡Te atraparé!" y el poltergeist hace una mueca de burla y desparece, dejando caer los últimos botes de moco de troll robados de una de las mazmorras de Pociones minutos antes sobre las cabezas de una Hufflepuff que chilla escandalosamente. En el quinto piso uno de los baños se estropea y el profesor Flitwick resbala provocando carcajadas entre las chicas más jóvenes que lo presencian "No se rían muchachitas…" Pero todo esto no son más que susurros apagados que apenas llegan a la enfermería del primer piso: cuatro niños duermen a pierna suelta en las camas blanco impoluto. James Potter es el primero en desperezarse y bostezar con tanta fuerza que cree haberse roto el hueso de la mandíbula como quiera que se llame, se frota los ojos bajo las gafas y lo primero que piensa es en cambiarse el pijama. Al instante se da cuenta de que ya lleva puesto el uniforme y que la noche anterior a los cuatro (bueno, puede que solamente a Sirius y a él) les pareció que no era tan mala idea evitar subir a la destrozada habitación a buscar sus pertenencias "si yo que soy noble puedo dormir vestido vosotros también", había dicho Sirius.

El primer blanco de James es Remus; no porque tenga un orden de preferencia sino porque es el que ha dormido en la cama contigua, así que se levanta con calma y observa al niño rubio respirar pausadamente, probablemente perdido en algún sueño con música sin letras o tal vez sueñe con profesores, seguro que Remus sueña con profesores.

James estira el brazo y coloca el dedo en la nariz de su amigo, lo hace varias veces seguidas con una sonrisa maligna en los labios y cuando se da cuenta de que es inútil decide que es el momento de pasar a la segunda fase. Con maldad tapona la nariz de Remus, que los primeros segundos continúa en su posición de "Remus durmiente", pero que a los siete tics del reloj que adorna la pared más cercana Merlín, pero este tipo no respira o qué empieza a boquear y a revolverse como un pez. Al final se levanta de golpe con un suspiro exagerado y empieza a toser con fuerza.

-¿Q… qué? – Consigue articular.

-¡Buenos días por la mañana, Remus!

-¡Casi me ahogo, James!

-Pero mira que eres exagerado eh…

El niño de gafas le da la espalda y corretea hacia la cama de Peter, en la que repite el mismo proceso hasta que le pequeño Pettigrew berrea en sueños y se echa a llorar pataleando. Cuando abre los ojos se encuentra a un desternillado James y a un Remus exasperado que ya ha empezado a recolocarse la corbata que dejó bien plegada el día anterior sobre una silla porque los dos idiotas no quisieron subir a la habitación a coger nuestras cosas y se ata los zapatos a conciencia.

La siguiente víctima es Sirius sin duda la bestia más peligrosa y James sabe que tiene que andarse con cuidado si no quiere recibir un buen puñetazo, así que piensa durante seis segundos (porque James Potter nunca piensa más de diez segundos seguidos su próxima actuación) y con la certeza de que lo que va a hacer es la mejor idea de su vida coge el florero en el que sobresalen unas margaritas un poco marchitas y con un movimiento brusco vierte el contenido sobre la cara de su mejor amigo.

Remus murmura un suave "ay", Peter se lleva la mano a la boca sorprendido y James da un paso hacia atrás con precaución. Pero toda precaución es poca cuando Sirius Black se incorpora sobre la cama con el pelo empapado y los puños tan fuertemente cerrados que parece que va a atravesarse la piel.

-Corre sabandija. Corre tan rápido como puedas y no trates de esconderte, porque te encontraré, te arrancaré el pelo de la cabeza y me haré un abrigo de visón.

A todos les sorprende la calma con la que el chico habla, pero James no parece querer jugársela porque en un par de zancadas ya está al lado de Remus, con las manos en su espalda y utilizándolo como escudo (para variar).

-James… – Remus entra en pánico cuando ve a Sirius caminar hacia él con la fuerza de un búfalo – James, a mí no me metas en esto yo…

-¡HE DICHO QUE CORRAS!

El chico de gafas agarra al desconcertado Lupin y lo interpone entre su enemigo y él y entonces la batalla se convierte en un "no puedo pegarte porque no quiero hacer daño a Remus pero en cuanto te descuides te partiré las piernas" por parte de Sirius y un "pienso cubrirme con Remus el resto de mi vida" por parte de James.

-¿Se puede saber qué son estos gritos? – La señora Pomfrey, de brazos cruzados y con los labios tan tensos que apenas son nada más que una suave línea sobre la piel les mira con desagrado.

-¡Señorita! – James solloza arrodillándose delante de la mujer – Sirius Black me quiere pegar y yo no entiendo por qué, por favor…

-¡PERO SERÁS…! – empieza a gritar Sirius.

-¡Señor Black! –La señora Pomfrey coge a James de los brazos y le obliga a levantarse – Haga el favor de dejar de meterse con los más pequeños que usted. Recojan y márchense, quiero esto libre en cinco minutos.

Sin apenas mediar palabra, Remus asiente con la cabeza y se dirige a la salida, susurrando un suave "muchas gracias por su atención y sus cuidados una vez más" y les lanza una larga mirada a sus amigos que no dudan en escabullirse antes de que la enfermera acabe perdiendo la paciencia y es Sirius el último que sale por la puerta, todavía colocándose los pantalones y gritando "¡Oye, malditos, esperadme!"

Por supuesto, no le esperan y el niño tiene que ir a la carrera sintiendo las miradas del resto de alumnos que se cruza por los pasillos a cada larga zancada que da; consigue alcanzarles cuando se disponen a subir las escaleras hacia la Sala Común y, evidentemente, no pretende quedarse callado.

-¿Sabéis? Me voy a buscar unos amigos mejores que vosotros… Tampoco es que me vaya a costar mucho. Seguro que las mazmorras están llenas de sucios Slytherin más simpáticos.

-Pero no tan guapos. – Se encoge de hombros James como si fuera la mayor evidencia del mundo.

-Ni tan listos. – Corrobora Peter señalando inconscientemente a Remus.

-Ni tan modestos. – El propio Remus pone la putilla mientras murmura el santo y seña del cuadro de la Dama Gorda y los cuatro se encuentran en la acogedora estancia que es la Sala Común de Gryffindor.

Los cuatro están cansados, y tal vez por eso mismo, porque están cansados, apenas se dan cuenta de que todos los ojos de los chicos de la habitación se posan sobre ellos; viven ajenos al hecho de que durante toda la noche anterior corrió el rumor de que "Potter, Black y sus amigos se están muriendo en la enfermería" y que al verles aparecer sanos y salvos, la montaña de mentiras que se había creado "dicen que Potter y Black se pegaron y se quedaron los dos sin brazos", "yo he escuchado que el chico ese gordo que va con ellos les atrapó a traición y…" o "pues a mí me han dicho que ha sido el tal Remus, y mira que parece una mosquita muerta…" se derrumba por completo.

Sirius, que camina el último detecta la mirada de uno de Merlín, como estos críos sigan siendo cada vez más pequeños los voy a confundir con gnomos de jardín los niños de Primero, que observa, debatiéndose entre dejarse llevar por el miedo que le provoca el joven de pelo oscuro y largo o la fascinación que siente por saber la verdad.

-¿Qué miras? – Brama Sirius con esa expresión que James suele decir "¡podría asustar hasta a un dragón!"

-N… Nada, señor.

-¿SEÑOR?

James empieza a reír y murmura algo que suena como "la barba, Sirius… La barba…"; pero no es eso lo que más le molesta, de hecho la estupidez de James parece tener menos importancia que la mirada que le dirige Remus, serio, con los brazos cruzados sobre el pecho cuando dice "La verdad es que llevas algún pelo en la barbilla que deberías arreglar, amigo". Sirius se pone tan blanco que cree que se va a volver transparente no puede ser que Remus también lo piense y entonces, justo en ese momento, delante de toda la Sala Común de Gryffindor y una pelusa que se posa sobre su cabeza, Sirius Black jura y perjura que "antes de mañana habré acabado con esto para siempre".

Suben por las escaleras, primero Remus, después James, seguido de Peter y por último Sirius, que todavía murmura cosas como "pues no es para tanto" o "me vengaré por esto algún día". Lo siguiente que ocurre puede que sea uno de los mejores recuerdos que los chicos recordarán durante su vida.

-¡Zambomba! – James es el primero en exclamar, al mismo tiempo que coloca las manos sobre los hombros de Remus para poder ver mejor.

-Esto es…

-¡Esto es genial! – Sirius les empuja a ambos pero más a James, porque en realidad no puedo empujar a Remus, no sé, es como si me dedicase a matar conejos por placer y se tira, con una fuerza equivalente a la de un toro sobre una de las camas oh, Merlín, nos preciosas nuevas que alguien y no les importa quién, ha colocado en su habitación, completamente renovada.

El dormitorio parece mucho más pequeño, casi se podría decir que provoca una sensación de agobio, sin apenas espacio para moverse pero por los pensamientos de los cuatro cruza una única idea: "¿Qué demonios importa que no haya sitio ni para respirar si vamos a estar los cuatro juntos?". Las dos literas que dejaban un pasillo en medio han desaparecido y han sido sustituidas por cuatro camas de medio tamaño, con edredones de rojo intenso; dos pegadas a la pared de la ventana y las otras dos en el extremo opuesto, pero el espacio entre una y otra es mínimo. Como comprueba Remus en un vistazo inicial, sus baúles han sido colocados bajo los colchones. James pasa también por delante de él y se tumba en la cama contigua a Sirius.

-¡Eh! Quiero esa, ¡necesito dormir a la derecha!

-Me la refanfinfla, Potter. Me quedo con esta cama y si no te gusta te comes los mocos que seguro que te entretiene.

Empiezan una pelea amistosa, pero esta vez es James el que toma la delantera, enredando sus brazos alrededor del cuello de Sirius, que atrapado lo único que puede hacer es recitar todas y cada una de las palabras malsonantes que aprendió de Kreacher en su infancia y que por extensión su madre odiaba que pronunciase en voz alta. El enfrentamiento dura varios minutos, entre jadeos, mientras Remus y Peter se sientan sobre sus respectivas camas; Remus en la más cercana a la puerta y Peter en la del fondo "quiero dormir cerca de James", musita. Lo único que interrumpe el forcejeo entre los amigos no es otra cosa que unos golpecitos en el cristal de la ventana: una lechuza les mira con ojos enormes desde el exterior.

-¡Mi lechuza! – James olvida a Sirius por completo y se lanza a recibir a su pequeña mascota con emoción contenida – Es una carta de mi padre – y comienza a leer en voz alta.

Hijo mío:

Tu noticia nos sobresaltó mucho a tu madre y a mí, ¿seguro que estás bien? Si ocurre algo no tenéis mas que comunicárselo al Profesor Dumbledore; siempre ha sido un hombre muy tolerante y creo que podría ayudarte si lo que necesitas es protección. En cuanto recibimos tu carta, tu madre y yo salimos corriendo a comprar unas camas, no puedo imaginar lo mal que lo has tenido que pasar durmiendo a saber dónde durante una noche… Esperamos que os gusten, ha sido tu madre la que ha elegido el diseño y ella dijo que era adecuado para cuatro muchachos como vosotros de los que esperamos grandes cosas. James, no te olvides de divertirte; sabemos que los estudios son lo primero para ti, pero después de los maravillosos resultados del año pasado lo mínimo que te mereces es disfrutar de tiempo con tus amigos. Un saludo a todos de nuestra parte y ya sabes que si necesitas algo no tienes mas que mandarnos una carta y contestaré al instante. Si es demasiado urgente ya sabes que puedes mandarla al Ministerio y a nadie le importará.

Te queremos:

Papá y mamá

-¿Por qué demonios te sale todo siempre bien? – pregunta Remus mientras da suaves golpecitos en la almohada con lo que me había costado que tomase una forma cómoda.

-¡Porque me llamo James Potter! Y a James Potter nunca le sale nada mal.

-Excepto los exámenes de Historia de la Magia, y toda Poción existente… – empieza Sirius.

-Y no nos olvidemos de que no sabes pronunciar ciertas palabras correctamente, además de confundir significados y tener una ortografía tan mala que asusta. – completa Remus.

-¡Y por supuesto no podemos obviar el mayor fracaso de tu vida que tiene nombres y apellidos y se llama Lily Evans!

-Y tampoco cantas bien, o sea, supongo que si practicas un poco… – Peter participa con cierto temor.

James frunce el ceño, se tuerce las gafas, hace un sonido parecido a "pts" y simplemente se encoge de hombros.

-Es evidente que os corroe la envidia.

Debaten durante más de media hora; es un enfrentamiento que comienza con James en un bando y los otros tres contra él y que acaba convirtiéndose en un Remus cansado leyendo, tumbado en la cama, un Peter con Susan en el regazo a la que le hace carantoñas y un Sirius insistiendo con obsesiva convicción que él, sin duda, como ley universal, es el más guapo de todo Hogwarts.

-Sirius, lamento decirte que no es cierto, quiero decir, te lo he explicado muchas veces, careces de mi encanto, lo siento.

-Tendrían que pasar millones de años para que me llegaras a los talones, Potter.

-¡Mírate bien al espejo!

-Está bien… Está bien, James – Sirius esboza la expresión más seria que le es posible –. Si tan seguro lo tienes vamos a hacer un trato. Es más guapo el que bese a una chica antes. Y… Y tenemos de plazo hasta Halloween.

-¿B… Besar? ¿En los labios? – Tartamudea el niño.

-Exacto – la sonrisa de Sirius se hace mucho más amplia –. Besar. En los labios. Boca con boca, ¿estás asustado, Jimmy?

-N… No – James tartamudea pero traga saliva y extiende la mano –. Vas a perder, Black.

-Eso ya lo veremos…

Remus lleva un rato sin leer nada, sus ojos están fijos en las páginas del libro, Cumbres Borrascosas el cual ya ha leído varias veces pero del que no puede dejar de estar "enamorado" ¿la gente se puede enamorar de los libros? Remus a veces piensa que sí, por eso, cuando sus ojos ya no prestan atención a la escena en la que Catherine le cuenta al ama de llaves que está enamorada del joven Heathcliff, tiene que dejar que su cabeza se vacíe de esos pensamientos ardientes y sensaciones demasiado adultas que, a los doce años, ignorante total de lo que significa amar con mayúsculas, todavía no comprende por completo.

No puede evitar sonreír cuando James y Sirius compiten por quién es más guapo, tal vez por la sencillez de la discusión o simplemente porque considera que es un hecho irrelevante, o simplemente porque él podría darles una respuesta contundente a ambos. Pero Remus calla. Calla y simplemente suspira cuando los dos amigos se estrechan las manos para cerrar la apuesta. Cuando los dedos de los dos niños se entrelazan y Sirius aprovecha para empujar a James, revolverle el pelo y meterle las manos bajo la camisa para buscarle las cosquillas, Remus Lupin ya sabe quién va a ganar. No es cuestión de físico, ni tampoco por razones de confianza (considera que James y Sirius están a la par), es simplemente el hecho de que cuando Sirius grita a voces que conseguirá el beso de una chica antes de Halloween hay libertad y curiosidad en sus palabras probablemente se pregunte quién será la afortunada, pero cuando James le contesta, con un tono de voz aún más alto es demasiado obvio, casi tanto como que el azúcar es dulce, que el niño de gafas solamente tiene un rostro en mente.

Remus vuelve a la lectura y se lleva un dedo a la boca con un largo suspiro.