¡Muy buenas a todo el mundo! Perdonadme por tardar en actualizar ^^' En fin, aquí os traigo otro capítulo. Pensaba poner un montón de detalles del manga, pero al final ha salido tal como veis. Ya los pondré, me los reservo para otros capítulos o fics (porque tengo pensados más fics~). Igualmente, espero que os guste. Cualquiero cosa, como siempre, a los reviews. Se admiten sugerencias, quejas, tomates, y mordiscos (¿?)

Kurogoma Aisukurimu: Helado de Sésamo Negro/ Pocky: wiki/Pocky

Anteriormente...

El padre calvorota permaneció en la Tierra durante dos días más. En ese tiempo no permitió que ningún uniformado del Shinsengumi se aproximara a la Yorozuya, mucho menos a su niña. Acabó, también, a tiros con Gintoki, alegando que no se había esforzado lo suficiente en cuidar los conocidos de su hija (aunque también alegó por lo bajini que pretendía quitarle el papel de padre).

No obstante, partió como siempre había hecho, dejando a Kagura atrás. Y trece horas, cuarenta minutos y cincuenta y seis segundos después, la joven Yato escuchó:

- Oe, China. Tengamos una cita.


- Oe, China. Tengamos una cita.

Cualquier chica cuyo objeto de sentimientos dijera esas palabras se habría sonrojado, aceptado con timidez o tal vez puesto de los nervios al imaginarse cómo sería realmente una cita. ¡Gran palabra es esa! Mas como todos sabemos, Kagura no entraba en la categoría de "cualquier chica". Se detuvo tras oírle, y como tenía el paraguas abierto y apoyado sobre su hombro se giró hacia el joven castaño. Este esperaba ¡qué menos! una cara de sorpresa, confusión o incluso vergüenza. Pero se encontró con una mueca fea en la boca de ella.

- ¿Ha?

Si bien Kagura sacaba a flote sensaciones de Okita de lo más diversas e incontrolables, su maestría ininterrumpida era molestarle. Y aquella, como siempre, no fue una excepción.

- ¿Qué pasa? - masculló él dibujando en sus labios una cruel sonrisa- ¿Eres demasiado niña para entenderlo, Ojou-san? Cita. Salir. Noche. Esas cosas de adultos... ¿O es que Danna no te deja volver tarde?

La joven arqueó una ceja. Supo que la había picado porque en vez de recular o explicarse, arremetió.

- Hm - río para sí misma- Claro que lo entiendo, Sadist... -Enseñó los dientes de forma muy similar a como había hecho él hacía unos segundos- Pídemelo de rodillas y lo pensaré.

El Capitán de Primera División bajó el mentón, exhalando aire inaudiblemente. Lamentaba haber olvidado la correa en casa. Cuando volvió a levantar la vista, dio un paso hacia ella.

- Como esperaba, no sabes jugar a esto.

Tras un momento de vacilación, la pelirroja apretó los dientes y reaccionó de forma explosiva.

- ¿¡Qué estás diciendo, bastardo!?

El joven se dio la vuelta, la observó de soslayo. Después, resuelto, echó a andar en dirección contraria y se despidió con la mano de espaldas.

- Pensándolo mejor, avísame cuando te crezcan más los pechos, China.

Okita Sougo sintió la amenaza tras de sí, pero no se apartó. Permaneció erguido incluso cuando oyó el silbido cortando el aire y dedujo la trayectoria del golpe. Las varillas del paraguas (por suerte ya cerrado) se estrellaron en su oído. El impacto fue tan brutal que le levantó del suelo y lo mandó a volar; se estrelló en el escaparate de la tienda de comestibles de la que Kagura acababa de salir. Mareo. Escuchaba sonidos taponados como si los oyera a través del agua. Aunque sólo tardó un instante en orientarse y despajar la cabeza, no contraatacó ni se levantó. Y eso que notaba algunos cristales rotos bajo su espalda. Los gritos e improperios de la dependienta por el destrozo de su tienda le crisparon y obligaron a ponerse en pie para no oírlos desde tan cerca. Vio a la Yato justo enfrente del mismo, aún en la pose de "bateador de béisbol" con su paraguas. Basándose en su rostro, Okita dedujo que estaba muy satisfecha con su bateo, y tuvo que contenerse para no sonreír también. Ah, él sí que estaba satisfecho.

-¡Alley oop~~! -gritó ella exultante.

- Eso es de baloncesto, estúpida.

Salió con cautela de los restos del lugar, se sacudió el polvo de los pantalones y prosiguió su marcha con las manos en los bolsillos. La joven Yato relajó su postura.

- ¿Por qué no atacas?

Okita no respondió ni se detuvo. Tampoco parecía herido. Observando su espalda alejarse, más extrañada que preocupada, Kagura apretó los dientes de nuevo y pateó el suelo levantando una nubecilla de arena. Estúpido sádico. ¿Qué tripa se le había roto ahora? No pudo evitar notar una incomodidad creciente, profunda y serpenteante en el centro del pecho. Genial, se sentía un poco culpable. ¡Ella, la heroína de la Jump, la reina de Kabuki-cho, sintiéndose culpable por un mocoso sádico que no dudaría estando en su lugar! Aún le quedaba mucho por aprender. Mal que le pesase, pasó el resto del día dándole vueltas a aquello. ¡Qué le iba a hacer, en el fondo era buena persona! ¿Y es que había sido, quizá, demasiado borde con él? Aunque sabía que ella era así y no iba a actuar como una chiquilla tonta, la duda le inquietaba. No tenía muy claro cuáles eran las intenciones de él, pero... ¿No debería pensar de la misma manera?


Ocurrió en la mañana siguiente, tan temprano que ni el responsable de Shimpachi se había levantado. Kagura dormía a pierna suelta, había dejado la puerta medio abierta y su pierna derecha colgaba del armario. A Gintoki se le caía la baba mientras roncaba, aún afectado por el alcohol que había tomado antes de acostarse. Sadaharu, por su parte, dormía plácidamente en el salón. La única despierta a esas horas se encontraba un piso más abajo, echando agua frente a la puerta de "Snacks Otose". Los suaves rayos del amanecer calentaban su piel artificial. Como todas las mañanas, la diligente y hermosa Tama terminó la tarea, y se disponía a regresar al bar cuando vio al grupo en la lejanía de la calle. Escasos eran los transeúntes que circulaban a esas horas, por lo que indudablemente llamaban la atención. Quizá fuera la idiosincrasia escrita en su código, pero le entró curiosidad. Tama no descartaba ningún tipo de información, por risible que fuera; nunca sabía cuándo la podía necesitar. Para su sorpresa, el grupo subió las escaleras de la Yorozuya. Tama reconoció al momento el uniforme negro de ribetes dorados, más no tuvo tanta suerte con las personas que lo vestían. Uno de los hombres se adelantó y aporreó la puerta tan fuerte que parecía que intentaba desencajarla del marco. Al otro lado no se escuchó el menor ruido. Continuó insistiendo hasta que se oyó la voz del Megane: "Ya va, ya va", decía. El hombre dio un paso hacia atrás, se irguió y apoyó la mano sobre la empuñadura de su katana. Un muy somnoliento Shimpachi que apenas abría los ojos y tenía el cabello despeinado deslizó la puerta y vio a los visitantes. Parpadeó como si no los pudiera ver bien.

- ¿S-Shinsengumi? ¿Quieren algo? - No contuvo el bostezo.

El hombre juntó los talones y respondió con voz firme:

- Buscamos a alguien. - El hombre sacó un papel doblado de su bolsillo y leyó- Sus señas son: Alienígena pálida, de cabellos naranjas y acento chino. Poco más podemos decir. Tenemos orden de detenerla.

El soldado no esperó respuesta, empujó a Shimpachi y entró en el lugar seguido por sus compañeros.

- ¡E-Eh! ¡Oiga! -Con ayuda del golpe, el de gafas despertó del todo e intentó hacer retroceder a los policías, en vano- ¡Chotto matte, kudasai! ¿A Kagura? Pero... ¡Gin-san!

El líder del escuadrón alcanzó el salón y lo examinó de una rápida mirada. Hizo un gesto con la mano y sus compañeros se dispersaron por las instalaciones de la Yorozuya, inspeccionando. Shimpachi aprovechó para ir a buscar apoyo en Gintoki, pero nada más entrar en su habitación recibió un cojinazo en la cara y varias quejas por parte del albino sobre "sus irritantes gritos". El Megane se disponía a echarle la bronca cuando cambió de idea y regresó con los policías.

- Un momento, por favor. Tiene que tratarse de un error. ¿Por qué buscan a Kagura?

- ¡Capitán, -gritó un subordinado tras abrir el armario donde dormía la susodicha- aquí hay una chica que corresponde con las indicaciones!

Rápido como sólo podía ser alguien acostumbrado a huir, Shimpachi se interpuso entre el policía y la durmiente Kagura. Ofrecía la misma planta protectora que un chigua gua ante un ladrón, pero consiguió que el subordinado se apartara.

- Esperen, esperen, por favor. -insistía una y otra vez el de gafas- ¿Cómo que tienen orden de detenerla? ¿Por qué?

- Agresión a la autoridad -respondió con simpleza el jefe- Órdenes de arriba.

- ¡Kagura nunca...! -Shimpachi comenzó la frase con mucho coraje, pero mientras la pronunciaba, recapacitó- Bueno, es posible, pero... Mo, no... No la pueden juzgar por eso ahora. Después de tantas temporadas... ¿A quién ha atacado? -Miró las caras de todos los policías- ¿Es a Kondo-san?

- No puedo facilitarte esa información -respondió el cabecilla, levantando ligeramente el mentón., Dio otro aspaviento con la mano y sus subordinados apartaron a Shimpachi.

A su favor cabe decir que quien quiera que fuese el que había dado la orden de arrestar a Kagura, les había advertido sobre su peligrosidad. Por ello el policía se acercó a ella con cautela, alerta a cualquier signo de peligro. El pobre no hacía más que pensar en que la chica iba a abrir los ojos de pronto, inyectados estos en sangre y sedienta de guerra. Tal era su idea de los Yato. ¡Ay, infeliz! ¿Cómo iba a esperar él que Kagura balbucease en sueños y que al sentir que la tocaban diera tal patada en la cara al policía que lo estrellase en el escritorio de Gin-chan?

- ¡A-Ah, mi sukombu! -gritó Kagura, estiró los brazos. Como el armario era más bien pequeñito, chocó con las paredes y eso la despertó- Ah... ¿Ah? ¿Are? - Se incorporó, se frotó un ojo y al ver a los presentes murmuró:- ¿Quiénes sois vosotros?

Los policías dieron un paso hacia atrás, inseguros. Shimpachi se había llevado las manos a la cabeza, horrorizado tanto o más que los guardias.

- ¡Kagura-chan, haz el favor de no estropear más las cosas! ¡Estas personas quieren arrestarte!

- ¡E-Eso! -se atrevió a decir uno de ellos, en un arranque de valor- ¡Estás detenida! ¡Si tomas alguna acción violenta contra nosotros lo entenderemos como una actitud hostil!

- ¿Hostil yo? -repuso ella, más despierta, deslizándose por su futón saltó al suelo. Tenía un mechón de pelo levantado y tieso como una rama, y le picaba la planta del pie izquierdo, del que dedujo que el uniformado que sobresalía de los restos del escritorio de Gin-chan tendría algo que ver. Merecido, sin duda. Se puso derecha, tenía las manos en jarra. El destello de la soberbia brilló en sus ojos, su labio superior se alzó y escupió:

- ¿Se puede saber de qué se me acusa, ja?

Parecía uno de esos criminales callejeros que son arrogantes con la gente. Y aunque actitud tenía, su aspecto desaliñado y el pijama rosa le hacían perder puntos. Uno de los uniformados recuperó la seguridad.

- Agrediste a un oficial de policía durante su ronda, niña. - Los ojos de Kagura se entrecerraron, rabiosos, enérgicos, fulgentes de luz azul. Le intimidó- Si no... Si no quieres empeorar las cosas, -continuó a duras penas- tienes que acompañarnos al cuartel... Sin dar problemas.

- ¡CALLAOS DE UNA VEZ!

Todos dieron un brinco al escuchar la voz de Gintoki, quien no dejaba de murmurar sobre su dolor de cabeza pero que no parecía tan molesto como para levantarse e intervenir en el tinglado. "Ya podrías ayudar, permanentado inútil", pensó la pelirroja, cada vez más cabreada. Y es que, a pesar de encontrarse recién despierta, su cerebro ya había empezado a funcionar. Se lo olía, sabía, sospechaba el motivo de ese "arresto" tan absurdo a esas alturas de serie. Vaya si se lo olía.

- Kagura-chan, ¿No deberías acompañarles? -medió Shimpachi, siempre conciliador- Para aclarar el malentendido. También podemos hablar con Kondo-san o con Hijikata-san...

"¿Hablar? -pensó entonces ella- Yo no necesito hablar. Lo que necesito es partir caras, una muy en especial. - Escrutó la cara de los presentes y se dio cuenta de que ninguno tenía intenciones de tomar la iniciativa e intentar arrestarla.- Está bien, sigamos el juego."

- A ver, panda de cobardes -zanjó en voz alta con voz de mando. Apoyó una mano en su cadera y con la otra se hurgó la nariz- Sed hombres de una vez, llevadme a donde sea que me tengáis que llevar. Y deprisita, antes de que se me acabe la paciencia.


Tarareaba una canción que había escuchado en una tienda. No sabía de qué era, pero resultaba tan pegadiza que no se le quitaba de la cabeza. Cuando el carro que llevaba tropezó con un bache, el contenido de la mesa tembló con un sonido agudo. No paró, siguió con su música, haciendo eco en el pasillo de piedra. Su sombra titilaba a la luz de las antorchas, colgadas en las paredes cada varios metros. Una escenografía fantástica, muy de su estilo. Aquella planta además, estaba mayormente desierta, motivo por el cual había indicado que la llevaran allí.

Ah, estaba feliz y emocionado.

A medida que se acercaba, sin dejar de tararear, agudizó el oído. Nada escuchaba, ni una ligera tos ni un roce ni una maldición. Y aun así, cuanto más avanzaba, más nervioso se sentía. Su mano temblaba empujando el carro.

Y entonces, llegó.

Vio su sombra en el fondo de la celda. Estaba tumbada en el suelo, de espaldas a las rejas. Le habían proporcionado un pijama gris. No era precisamente bonito ni sexy, pero poco importaba. Detuvo el carro. El preso no se movió ni un milímetro. El joven sonrió, apoyando el antebrazo en las rejas metálicas. No perdía de vista la figura.

- Ojou-sama -dijo con voz melosa- Su comida está lista. - Esperó, pero la aludida parecía una estatua de piedra, muda y sorda. Él no perdió su sonrisa. Regresó al carrito, decorado este con un mantel azul, cubre platos y cubertería de plata y copas de cristal. En una de las esquinas colgaba una cubitera que tenía una botella de vino.- ¿Qué tenemos aquí? -Resuelto, levantó una de las tapas- Vaya, vaya. Abrí la del postre. Kurogoma Aisukurimu, ni más ni menos. Qué afortunada eres, China. No todos aquí disfrutan de estos privilegios. -Observó a la chica con sus brillantes ojos rojos por la luz de las teas. Tenía el pelo suelto, caía en cascada por su espalda. Okita cogió un tenedor y probó un trozo de helado volviendo a tararear. - Mmm... No está mal. Podría ser mejor, pero... En fin, ¿qué esperas? Te doy lo mejorcito que puedo encontrar.

Silencio. Sólo se oía el goteo cadencioso de la gotera que había en la celda de la chica, el cual iba ya había casi llenado el cubo que tenía colocado debajo.

- ¿No es de tu agrado, quizás? -continuó el sádico- ¿O es que no te gusta la cita que te he preparado?

De nuevo sin respuesta.

- Ah, también te he traído un regalo... -Tranquilo, buscó en el bolsillo de su pantalón- Es más simple que la comida, pero tampoco es que seas una reina. -Sacó tres tiras negras y las enseñó- ¿Y bien? ¿Hacemos la versión pocky con tu amado sukombu?

La figura se movió, cayó de un lado y se tumbó boca arriba en el suelo. El castaño distinguió sus curvas dibujadas incluso en aquel pijama tan antiestético. Pero lo que de verdad le llamó la atención fue la burbuja de mocos saliendo de su nariz. Kagura tenía los ojos cerrados. Y empezó a roncar.

- Oe, oe. -La sonrisa de Okita Sougo hizo titilar las antorchas, siniestra como un cuervo en un bosque.- Me vas a hacer llorar, China.

En un alarde de fantástica puntería, lanzó uno de los cubreplatos entre los barrotes y lo estrelló en la cara de la Yato. Kagura gruñó, se revolvió, sacudió la cabeza y, por fin, se despertó.

- Hm, ¿otra vez buscando mi atención como un perrito, Sadist? -murmuró frotándose un ojo, tras incorporarse- Voy a tener que castrarte.

- ¿Desde cuándo una señorita- respondió el castaño- se duerme en su primera cita?

- ¿Qué te hace pensar que es mi primera cita? -repuso ella, doblando una pierna- Y más importante, ¿qué te hace pensar que esto es una cita?

- Estas aquí y yo estoy aquí, ¿no? -Okita enseñó los dientes- Tenemos alimento, luz de ambiente y vino de las reservas del Shinsengumi. Es extranjero, ¿sabes? Y bueno. Seguro que ni siquiera has empezado a beber.

- No tengo esa afición. Por cierto, ¿no podía haberme quedado con mi ropa? A saber quién se habrá puesto este pijama mohoso antes que yo. Puede que incluso tú.

- Es posible -terció el Capitán de primera división. Volvió a partir un trozo de helado, pero esta vez acercó el tenedor a los barrotes.- ¿No tienes hambre? El mediodía ha pasado ya. Ven. ¿Te prometí tres comidas al día, verdad?

Kagura se levantó y empezó a caminar hacia él muy lentamente, mirándole con sus hermosos fragmentos de cielo azul. Él no retrocedió.

- Lo prometiste, sí. -admitió ella. Llegó hasta los barrotes y los asió con ambas manos- ¿Prometí yo quedarme tras las rejas, Sadist? Sabes bien que puedo quitar esto de en medio con sólo tirar un poco.

- Ajá -Okita acercó el bocado a ella, empezaba a derretirse- ¿Y a qué esperas, Ojou-san? Hazlo.

En un movimiento fugaz la Yato asió la muñeca de Okita, apretándola entre sus dedos. El rostro de él ni siquiera tembló. Ella lo aproximó más a sí, comió el helado. Y, cuando aún no se había apartado, se lanzó hacia delante y mordió los dedos del castaño, que no pudo retroceder.

Ella se deslizó hacia atrás en cuando él contraatacó, escondiéndose tras las mismas rejas en las que él la había metido. Se lamió el labio manchado con una gota de sangre.

- Mucho mejor así.

Okita recuperó la compostura rápido, pese a que su dedo índice goteaba sin parar. La sonrisa de ambos era igual de macabra.

- No muerdas la mano que te da de comer. ¿Nunca oíste eso? -dijo él.

- Debí perderme esa lección del colegio. -contestó ella, se apartó el pelo de la cara con un movimiento de cabeza- ¿Qué esperabas, Sadist? ¿Que me comportara como una perrita obediente? ¿Quieres eso?

- En absoluto- repuso él- Por favor, resístete. Grúñeme, muérdeme, grita y pégame. Lamentaría mucho que dejaras de hacerlo. - El chico bajó el mentón, cerró los ojos mientras sonreía- ¿Qué gracia tendría? Lo mejor de la domesticación es el proceso.

Ella puso las manos en jarra, río por lo bajo.

- ¿"Grita y pégame"? Ja. ¿Quién es el sádico aquí? - Se dirigió hacia la puerta de la celda. Okita se hizo a un lado. Justo a tiempo, porque ella la mandó volar de una tremenda patada.- Has de saber que yo nunca me voy a domesticar.

- Me gustan los retos.

Kagura salió de la celda. Fue hacia él.

- Es gracioso que seas tan tonto como para creer que algún día cederé, Sadist.

- Oh, eso es porque aún no has puesto al sádico adecuado en tu vida.

Ella le levantó el mentón con el dedo índice de su mano.

- ¿Insinúa este mocoso cruel que es digno de mí?

Okita dio un manotazo a su mano, le agarró el brazo con el mismo movimiento y la atrajo hacia él.

- Ah, China. Dame diez minutos y verás.

Y entonces, sólo entonces, ambos cedieron a la vez.

Yyyyy, c'est fini! Os podéis imaginar, ¿no? ¬u¬ En fin, porfa, dejadme vuestras opiniones en reviews, sobre todo si algún personaje no os ha parecido que estaba en su carácter. Como colofón final, os quiero recomendar un foro de Gintama, de fanfiction: Yorozuya Soul. Está empezando, pero puede convertirse en algo realmente interesante. Se puede comentar, shippear y, en algunos post que advierten del spoiler, hablar de lo que está sucediendo en el manga. ¡Gintamards, unidos! xDDDD Os dejo aquí el enlace. ¡Animáos, venga~~! forum/Yorozuya-Soul/157860/ (Con poner en el buscador de fanfiction, por forum, Yorozuya Soul, aparece)

Matta nee!